AUTORES
- Javier Sierra Cremallé. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. FITA – Fundación de Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón, Zaragoza, España.
- Lucía Romeo Arnal. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. FITA – Fundación de Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón, Zaragoza, España.
- Diego Moliner Manada. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
- Aroa Calvo Sanjuan. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
- Joan Marín Egea. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
- Marta Fernández Marín. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza, España.
RESUMEN
El cáncer de próstata es una de las neoplasias más frecuentes en el varón y su diagnóstico plantea el reto de identificar enfermedad clínicamente significativa evitando sobrediagnóstico y sobretratamiento. El antígeno prostático específico constituye el principal biomarcador sérico utilizado ante la sospecha de cáncer de próstata y desempeña además un papel central en el seguimiento después del tratamiento y durante la vigilancia activa. Sin embargo, el PSA es órgano-específico pero no cáncer-específico y puede aumentar por hiperplasia benigna, prostatitis y otras situaciones. El objetivo de este trabajo es revisar la utilidad del PSA y de otros biomarcadores en el diagnóstico y seguimiento del cáncer de próstata. Se realizó una revisión narrativa basada en las recomendaciones de la European Association of Urology y en literatura científica reciente. En hombres asintomáticos con PSA moderadamente elevado, la repetición de la determinación puede evitar investigaciones innecesarias. Cuando persiste la sospecha, la resonancia magnética multiparamétrica y las calculadoras de riesgo permiten seleccionar mejor a los pacientes candidatos a biopsia. Biomarcadores sanguíneos como PHI y 4Kscore pueden aportar información adicional y reducir biopsias innecesarias, aunque su recomendación continúa dependiendo del contexto clínico. Stockholm3, IsoPSA y otros paneles se encuentran en evaluación o tienen disponibilidad más limitada. Tras el tratamiento radical, el PSA constituye el principal marcador de seguimiento y una elevación confirmada puede preceder a la recurrencia clínica. En pacientes sometidos a vigilancia activa, las variaciones del PSA deben interpretarse junto con resonancia magnética, exploración clínica y biopsia, ya que el PSA aislado no debe determinar por sí mismo un cambio terapéutico. La evidencia actual apoya un uso individualizado y combinado de biomarcadores, evitando interpretar el PSA como una prueba diagnóstica definitiva.
PALABRAS CLAVE
Cáncer de próstata, antígeno prostático específico, biomarcadores, diagnóstico, vigilancia activa, seguimiento.
ABSTRACT
Prostate cancer is one of the most common malignancies in men, and diagnosis must balance the detection of clinically significant disease against overdiagnosis and overtreatment. Prostate-specific antigen is the main serum biomarker used when prostate cancer is suspected and also plays a central role in post-treatment follow-up and active surveillance. However, PSA is organ-specific rather than cancer-specific and may increase because of benign prostatic hyperplasia, prostatitis and other conditions. The aim of this paper is to review the usefulness of PSA and other biomarkers in prostate cancer diagnosis and follow-up. A narrative review was performed based on European Association of Urology recommendations and recent scientific literature. In asymptomatic men with moderately elevated PSA, repeating the measurement may avoid unnecessary investigations. If suspicion persists, multiparametric magnetic resonance imaging and risk calculators can improve selection of patients for biopsy. Blood biomarkers such as PHI and 4Kscore may provide additional information and reduce unnecessary biopsies, although their use remains context-dependent. Stockholm3, IsoPSA and other panels are under evaluation or have more limited availability. After radical treatment, PSA is the main follow-up biomarker and a confirmed rise may precede clinical recurrence. In active surveillance, PSA changes should be interpreted together with magnetic resonance imaging, clinical examination and biopsy because PSA alone should not determine treatment change. Current evidence supports individualized and combined use of biomarkers rather than interpreting PSA as a definitive diagnostic test.
KEY WORDS
Prostate cancer, prostate-specific antigen, biomarkers, diagnosis, active surveillance, follow-up.
INTRODUCCIÓN
El cáncer de próstata representa una de las neoplasias malignas más frecuentes en el varón. La detección precoz pretende identificar enfermedad clínicamente significativa en pacientes que pueden beneficiarse del tratamiento, reduciendo al mismo tiempo el sobrediagnóstico de tumores indolentes¹,².
El PSA es una glucoproteína producida por las células epiteliales prostáticas y constituye la principal prueba sérica cuando existe sospecha de cáncer de próstata. Sin embargo, es órgano-específico y no cáncer-específico, por lo que puede aumentar también en hiperplasia benigna, prostatitis y otras situaciones¹.
La concentración de PSA debe interpretarse como una variable continua y en relación con la edad, antecedentes, exploración clínica, volumen prostático y otros factores de riesgo. No existe un único valor que permita separar de forma perfecta a los hombres con cáncer de quienes no lo presentan¹,².
Las recomendaciones actuales han reforzado el papel de la repetición del PSA cuando la elevación es moderada. En hombres asintomáticos con concentraciones de 3-10 ng/mL, la EAU recomienda repetir la determinación antes de realizar otras investigaciones, debido a la variabilidad biológica y analítica del marcador¹.
El desarrollo de biomarcadores adicionales responde a la necesidad de mejorar la discriminación entre cáncer clínicamente significativo y enfermedad indolente. Entre los marcadores sanguíneos destacan PHI, 4Kscore, Stockholm3 e IsoPSA, mientras que también se investigan marcadores urinarios y tisulares¹,³.
En el seguimiento, el PSA mantiene un papel central. Después del tratamiento local, un aumento confirmado puede preceder a la recurrencia clínica, mientras que durante la vigilancia activa debe combinarse con resonancia magnética, exploración clínica y biopsia⁴,⁵.
OBJETIVO
Revisar la utilidad del PSA en el diagnóstico y seguimiento del cáncer de próstata, analizar el papel de PHI, 4Kscore, Stockholm3, IsoPSA y otros biomarcadores, y describir su integración con resonancia magnética, calculadoras de riesgo y biopsia¹,³,⁴.
MATERIAL Y MÉTODO
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa centrada en biomarcadores séricos y otras pruebas de laboratorio empleadas en el diagnóstico y seguimiento del cáncer de próstata. Se consultaron las guías de cáncer de próstata de la European Association of Urology, incluida la actualización de 2026, y literatura científica reciente sobre PSA y biomarcadores complementarios¹,⁴.
La información se organizó en cinco áreas: utilidad del PSA; repetición y densidad del PSA; biomarcadores complementarios; integración con resonancia magnética y biopsia; y seguimiento después del tratamiento y durante vigilancia activa¹,³,⁴.
RESULTADOS
1. PSA como biomarcador principal:
El PSA es actualmente el principal marcador sérico utilizado ante la sospecha de cáncer de próstata. Su concentración aumenta la probabilidad de detectar cáncer, pero no permite distinguir por sí sola entre enfermedad clínicamente significativa y otras causas de elevación¹.
La hiperplasia benigna de próstata y la prostatitis pueden aumentar el PSA, por lo que un resultado elevado requiere contextualización. La EAU señala que el PSA debe considerarse un parámetro continuo y que no existen umbrales universales capaces de definir por sí solos un resultado anormal¹.
En hombres con PSA moderadamente elevado, repetir la determinación puede reducir intervenciones innecesarias. La guía EAU 2026 recomienda repetir el PSA en hombres asintomáticos con valores de 3-10 ng/mL antes de continuar con otras investigaciones¹.
Esta estrategia resulta especialmente importante en el laboratorio, donde pequeñas variaciones pueden modificar la clasificación de riesgo. La estandarización analítica y la utilización del mismo método cuando sea posible facilitan la comparación longitudinal¹,².
2. PSA libre y densidad de PSA:
El porcentaje de PSA libre puede aportar información adicional en hombres con PSA total elevado, ya que una proporción menor de PSA libre se asocia con mayor probabilidad de cáncer en determinados rangos de PSA. Su utilización debe integrarse con el resto de factores clínicos²,³.
La densidad de PSA relaciona la concentración sérica con el volumen prostático y puede mejorar la estratificación del riesgo. En vigilancia activa, una densidad de PSA inferior a 0,15 ng/mL/cc se utiliza como uno de los parámetros que pueden apoyar un seguimiento menos invasivo en pacientes seleccionados⁵.
La densidad de PSA no debe utilizarse de forma aislada para excluir cáncer. Su utilidad aumenta cuando se combina con resonancia magnética, hallazgos clínicos y características histológicas¹,⁵.
3. PHI y 4Kscore:
El Prostate Health Index combina PSA total, PSA libre y la isoforma [-2]proPSA para generar una puntuación asociada al riesgo de cáncer de próstata clínicamente significativo. Su objetivo principal es ayudar a decidir qué hombres con PSA elevado pueden beneficiarse de una biopsia¹,³.
El 4Kscore utiliza un panel de calicreínas que incluye PSA total, PSA libre, PSA intacto y hK2, junto con variables clínicas. Su finalidad es estimar el riesgo de cáncer de próstata de alto grado y reducir biopsias innecesarias¹,³.
La EAU 2026 reconoce PHI y 4Kscore como biomarcadores sanguíneos disponibles comercialmente que pueden utilizarse para mejorar la selección de pacientes, aunque la fuerza de recomendación continúa siendo débil y deben interpretarse dentro de una estrategia de riesgo individualizada¹.
Estos biomarcadores no sustituyen la biopsia cuando existe una indicación clínica clara. Su función es mejorar la selección previa y reducir el número de procedimientos innecesarios¹,³.
4. Stockholm3, IsoPSA y otros marcadores:
Stockholm3 combina diferentes biomarcadores séricos con variables clínicas y genéticas para estimar el riesgo de cáncer de próstata clínicamente significativo. Estudios de cribado han investigado su utilización antes de la resonancia magnética para reducir el número de exploraciones¹,³.
IsoPSA utiliza características estructurales de las isoformas del PSA para diferenciar potencialmente cáncer de próstata de cambios benignos. Aunque existen resultados prometedores, su disponibilidad y validación no son equivalentes a las del PSA convencional¹,³.
La evidencia disponible indica que los biomarcadores séricos y urinarios pueden contribuir a evitar biopsias innecesarias, pero su eficacia no está validada de manera uniforme para todos los contextos clínicos. Por ello, las guías recomiendan su uso selectivo¹.
5. Integración con resonancia magnética:
El diagnóstico moderno del cáncer de próstata integra PSA, evaluación clínica, calculadoras de riesgo y resonancia magnética multiparamétrica. En hombres con PSA entre 3 y 20 ng/mL, la EAU 2026 recomienda utilizar resonancia magnética, una calculadora de riesgo adecuadamente calibrada o un biomarcador sérico o urinario adicional para orientar la indicación de biopsia¹.
La resonancia magnética permite identificar lesiones sospechosas y orientar biopsias dirigidas, aumentando la capacidad para detectar cáncer clínicamente significativo y reducir algunas biopsias innecesarias¹.
La combinación de PSA o biomarcadores con resonancia magnética puede mejorar la selección de pacientes. Sin embargo, un resultado negativo de una única prueba no elimina completamente el riesgo y debe interpretarse según la probabilidad clínica global¹, ³.
6. PSA en vigilancia activa:
La vigilancia activa se utiliza principalmente en hombres seleccionados con cáncer de próstata de bajo riesgo y algunos casos de riesgo intermedio favorable. El objetivo es evitar tratamiento innecesario mientras se mantiene la posibilidad de intervención curativa si aparecen signos de progresión⁵.
La estrategia de vigilancia activa debe incluir PSA al menos cada seis meses, exploración digital periódica y biopsias repetidas con o sin resonancia magnética. La EAU señala que un cambio aislado de PSA, incluido un tiempo de duplicación inferior a tres años, no debería determinar por sí mismo el cambio de tratamiento⁵.
Un aumento del PSA debe actuar como señal para realizar una evaluación adicional, como nueva resonancia magnética o biopsia. La decisión terapéutica debe basarse fundamentalmente en la progresión histológica y en la integración de todos los datos clínicos⁵.
7. PSA después del tratamiento radical:
Después de la prostatectomía radical, se espera que el PSA sea indetectable. La EAU considera la determinación de PSA el elemento central del seguimiento y señala que la recurrencia bioquímica suele preceder a la recurrencia clínica⁴.
Tras prostatectomía radical, el PSA suele determinarse cada seis meses durante los primeros tres años y posteriormente de forma anual, aunque la evidencia sobre el intervalo óptimo es limitada. Un aumento confirmado debe valorarse en función del riesgo individual y de la posibilidad de tratamiento de rescate⁴.
Después de radioterapia, el PSA no tiene por qué alcanzar valores indetectables y se interpreta en relación con el nadir. La EAU utiliza como referencia para recurrencia bioquímica un aumento superior a 2 ng/mL respecto al nadir⁴.
Los ensayos ultrasensibles de PSA pueden detectar concentraciones extremadamente bajas, pero su utilización rutinaria continúa siendo controvertida. Los pequeños cambios deben interpretarse con precaución para evitar ansiedad y decisiones terapéuticas prematuras⁴.
8. PSA y seguimiento durante tratamiento hormonal:
Durante el tratamiento de privación androgénica, el PSA es un marcador fundamental de respuesta en el cáncer de próstata sensible a hormonas. Sin embargo, una concentración estable de PSA no garantiza por sí sola ausencia de progresión⁴.
En pacientes con sospecha de progresión durante tratamiento hormonal debe determinarse también la testosterona. La definición de cáncer de próstata resistente a la castración requiere progresión de la enfermedad a pesar de niveles de testosterona de castración⁴.
La función hepática y renal, hemoglobina, fosfatasa alcalina, perfil lipídico y HbA1c pueden formar parte del seguimiento de pacientes sometidos a tratamiento hormonal prolongado, de acuerdo con las recomendaciones clínicas y las características del tratamiento⁴.
9. Limitaciones de los biomarcadores:
La principal limitación del PSA es su falta de especificidad para cáncer. La elevación puede deberse a enfermedades benignas y procesos inflamatorios, mientras que algunos cánceres pueden presentarse con concentraciones relativamente bajas¹,².
Los biomarcadores complementarios tampoco eliminan completamente la incertidumbre diagnóstica. Sus resultados dependen de las poblaciones estudiadas, los puntos de corte y las características clínicas de los pacientes, por lo que deben utilizarse en contextos en los que hayan sido validados¹,³.
Otra limitación es la heterogeneidad entre sistemas sanitarios y la disponibilidad desigual de determinadas pruebas. La selección debe considerar también coste, accesibilidad, experiencia del laboratorio y capacidad para realizar resonancia magnética o biopsia cuando sea necesario¹,³.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
El PSA continúa siendo el biomarcador sérico fundamental en el diagnóstico y seguimiento del cáncer de próstata, pero no debe interpretarse como una prueba específica de cáncer. La repetición de una determinación moderadamente elevada puede evitar investigaciones innecesarias y mejorar la selección inicial¹.
Los biomarcadores como PHI y 4Kscore pueden aportar una estimación adicional del riesgo y ayudar a reducir biopsias innecesarias. Stockholm3, IsoPSA y otros paneles representan alternativas prometedoras, aunque la evidencia y disponibilidad son más variables¹, ³.
La incorporación de resonancia magnética multiparamétrica ha transformado el proceso diagnóstico, permitiendo integrar PSA, biomarcadores y hallazgos radiológicos antes de la biopsia. Esta estrategia mejora la selección de pacientes y permite orientar biopsias hacia lesiones sospechosas¹.
En vigilancia activa, el PSA es esencial para el seguimiento, pero un cambio aislado no debe determinar por sí mismo la modificación del tratamiento. La progresión debe confirmarse mediante la integración de PSA, resonancia magnética, exploración clínica y biopsia⁵.
Después del tratamiento radical, el PSA constituye el principal marcador de seguimiento y la recurrencia bioquímica puede preceder a la clínica. Durante el tratamiento hormonal también es fundamental, aunque debe acompañarse de testosterona y valoración clínica e imagen cuando exista sospecha de progresión⁴.
En conclusión, el PSA sigue siendo indispensable, pero su mayor utilidad se alcanza cuando se integra con otros marcadores, resonancia magnética y variables clínicas. El futuro del diagnóstico y seguimiento se orienta hacia estrategias individualizadas de riesgo que permitan detectar cáncer clínicamente significativo y reducir el sobrediagnóstico y el sobretratamiento¹, ⁴, ⁵.
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