AUTORES
- Mª Eugenia Rodríguez Arto. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza. España.
RESUMEN
Introducción: La perimenopausia constituye la etapa de transición entre el periodo reproductivo y la menopausia y se caracteriza por cambios progresivos en la función ovárica, fluctuaciones hormonales y modificaciones del patrón menstrual. Durante este periodo pueden aparecer síntomas vasomotores, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, síntomas genitourinarios, dificultades sexuales y modificaciones metabólicas y musculoesqueléticas, con posible repercusión sobre la calidad de vida.
Objetivo: Revisar la evidencia científica disponible sobre las principales manifestaciones clínicas de la perimenopausia, su diagnóstico y las opciones terapéuticas disponibles, destacando el papel de la educación sanitaria y del abordaje enfermero.
Metodología: Se realizó una revisión bibliográfica narrativa mediante la consulta de literatura científica indexada en PubMed/MEDLINE y de guías y documentos de consenso de organismos y sociedades científicas. Se priorizaron revisiones, guías clínicas y documentos de posicionamiento publicados entre 2020 y 2026, incorporando asimismo una publicación fundamental para la clasificación de las etapas del envejecimiento reproductivo. Finalmente se seleccionaron 11 referencias consideradas relevantes para los objetivos de la revisión.
Resultados: La transición menopáusica presenta una elevada variabilidad clínica. Los síntomas vasomotores, las alteraciones del sueño, los síntomas genitourinarios y las modificaciones del estado de ánimo se encuentran entre las manifestaciones más relevantes. En mujeres sanas de 45 años o más, el diagnóstico de perimenopausia es fundamentalmente clínico y no requiere determinaciones hormonales rutinarias. El tratamiento debe individualizarse e incluye medidas de estilo de vida, educación sanitaria, terapia hormonal cuando esté indicada y alternativas no hormonales.
Conclusiones: La perimenopausia debe considerarse una etapa relevante para la salud de la mujer y no únicamente como el periodo previo al cese de la menstruación. La detección precoz de síntomas, la información adecuada, la promoción de hábitos saludables y la toma de decisiones compartida pueden contribuir a mejorar la calidad de vida. Enfermería desempeña un papel fundamental en la educación sanitaria, el acompañamiento y el seguimiento de estas mujeres.
PALABRAS CLAVE
Perimenopausia, menopausia, síntomas vasomotores, terapia hormonal, calidad de vida, enfermería.
ABSTRACT
Introduction: Perimenopause is the transition between reproductive life and menopause and is characterized by progressive changes in ovarian function, hormonal fluctuations and changes in menstrual patterns. During this period, women may experience vasomotor symptoms, sleep disturbances, mood changes, genitourinary symptoms, sexual difficulties and metabolic and musculoskeletal changes that may affect quality of life.
Objective: To review the available scientific evidence on the main clinical manifestations of perimenopause, its diagnosis and therapeutic options, with particular emphasis on health education and the role of nursing care.
Methods: A narrative literature review was conducted using scientific literature indexed in PubMed/MEDLINE, together with clinical guidelines and consensus documents from scientific organizations and societies. Recent reviews, clinical guidelines and position statements published between 2020 and 2026 were prioritized, while a key publication defining the stages of reproductive aging was also included. Eleven relevant references were finally selected.
Results: The menopausal transition is characterized by substantial clinical variability. Vasomotor symptoms, sleep disturbances, genitourinary symptoms and mood changes are among the most relevant manifestations. In healthy women aged 45 years or older, perimenopause is mainly diagnosed clinically and routine hormonal testing is not recommended. Management should be individualized and may include lifestyle interventions, health education, hormone therapy when indicated and nonhormonal alternatives.
Conclusions: Perimenopause should be considered an important stage of women’s health rather than simply the period preceding cessation of menstruation. Early identification of symptoms, adequate information, healthy lifestyle promotion and shared decision-making may improve quality of life. Nursing professionals play an important role in health education, support and follow-up.
KEY WORDS
Perimenopause, menopause, vasomotor symptoms, hormone therapy, quality of life, nursing.
INTRODUCCIÓN
La perimenopausia constituye una etapa de transición del envejecimiento reproductivo femenino que precede a la menopausia. Se caracteriza por una pérdida progresiva de la función ovárica, fluctuaciones de las concentraciones de hormonas sexuales y cambios en el patrón menstrual. El sistema STRAW+10 permite establecer diferentes etapas del envejecimiento reproductivo mediante criterios principalmente basados en los cambios menstruales y, en determinados contextos, endocrinos¹.
La transición menopáusica no debe considerarse exclusivamente como un proceso relacionado con la desaparición de la menstruación. Durante esta etapa pueden aparecer síntomas vasomotores, trastornos del sueño, modificaciones del estado de ánimo, síntomas genitourinarios, cambios en la función sexual y modificaciones de la composición corporal y de la salud musculoesquelética²,³.
La intensidad y duración de los síntomas son variables. Algunas mujeres presentan una transición con escasa sintomatología, mientras que otras experimentan manifestaciones que afectan de manera importante a su descanso, actividad laboral, relaciones sociales y calidad de vida³.
Los síntomas vasomotores, fundamentalmente sofocos y sudoración nocturna, constituyen una de las manifestaciones más características. Pueden asociarse a alteraciones del sueño y cansancio diurno. Asimismo, los síntomas genitourinarios pueden progresar con el tiempo y repercutir sobre la función sexual y la calidad de vida³,⁴.
La salud mental merece también especial atención. La transición menopáusica puede coincidir con una etapa de importantes cambios personales, familiares y laborales. La evidencia disponible no permite atribuir de manera universal los trastornos psicológicos a la menopausia, pero determinados grupos de mujeres pueden presentar mayor vulnerabilidad a síntomas depresivos, especialmente cuando existen antecedentes de depresión, síntomas vasomotores intensos, alteraciones del sueño o factores psicosociales⁵.
Por otra parte, la transición menopáusica representa una oportunidad para valorar factores de riesgo cardiovascular, metabólico y óseo y reforzar las intervenciones preventivas. La menopausia forma parte de un proceso biológico complejo cuyos efectos pueden extenderse más allá de los síntomas inmediatos⁶.
El abordaje actual debe alejarse tanto de la infravaloración de los síntomas como de la medicalización indiscriminada. La valoración debe ser individualizada y considerar los síntomas, los antecedentes clínicos, los factores de riesgo, las preferencias de la mujer y su repercusión sobre la calidad de vida.
OBJETIVO
El objetivo principal de esta revisión es analizar la evidencia científica disponible sobre la perimenopausia, sus principales manifestaciones clínicas, los criterios diagnósticos y las alternativas terapéuticas actuales.
Como objetivos secundarios se pretende destacar la importancia de la educación sanitaria, la promoción de hábitos saludables, la toma de decisiones compartida y el papel de Enfermería en la atención integral de las mujeres durante esta etapa.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa de la literatura científica relacionada con la perimenopausia y la transición menopáusica.
La búsqueda bibliográfica se realizó mediante la consulta de PubMed/MEDLINE y de documentos de organismos y sociedades científicas relacionados con la salud de la mujer y la menopausia.
Se utilizaron combinaciones de términos relacionados con perimenopause, menopause transition, menopausal symptoms, vasomotor symptoms, genitourinary syndrome of menopause, hormone therapy, nonhormonal therapy, mental health y nursing care.
Se priorizaron revisiones bibliográficas, guías clínicas, documentos de posicionamiento y publicaciones de consenso. Se dio preferencia a publicaciones recientes, principalmente del periodo 2020-2026, aunque se incluyó el documento STRAW+10 de 2012 por su relevancia para la clasificación de las etapas del envejecimiento reproductivo.
Como criterios de inclusión se consideraron publicaciones en inglés o español relacionadas directamente con la fisiología, diagnóstico, sintomatología, tratamiento o atención sanitaria de la transición menopáusica. Se excluyeron publicaciones no relacionadas directamente con los objetivos de la revisión.
Finalmente se seleccionaron 11 referencias bibliográficas por su relevancia, actualidad y aplicabilidad clínica.
RESULTADOS
Fisiología y etapas de la transición menopáusica:
La transición menopáusica es consecuencia de la disminución progresiva de la actividad folicular ovárica. Durante este proceso se producen cambios en la interacción entre el ovario y el eje hipotálamo-hipófisis, acompañados de fluctuaciones hormonales importantes²,⁶.
El sistema STRAW+10 permite clasificar el envejecimiento reproductivo en diferentes etapas. Durante la transición menopáusica temprana puede aparecer una mayor variabilidad en la duración de los ciclos menstruales, mientras que en fases posteriores se producen periodos de amenorrea progresivamente más prolongados¹.
La variabilidad hormonal característica explica en parte por qué una determinación aislada de hormonas sexuales puede no reflejar adecuadamente la situación reproductiva de la mujer durante la perimenopausia.
La transición tampoco implica necesariamente una pérdida inmediata de la fertilidad. Mientras persista la ovulación, aunque sea irregular, existe posibilidad de embarazo. Por ello, las necesidades anticonceptivas deben ser valoradas individualmente.
Manifestaciones clínicas:
La sintomatología de la transición menopáusica es amplia y variable. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran los síntomas vasomotores, las alteraciones del sueño, los cambios del estado de ánimo, los síntomas genitourinarios y las dificultades sexuales²,³.
Los síntomas vasomotores incluyen principalmente sofocos y sudoraciones nocturnas. Pueden presentarse de forma ocasional o repetida y variar considerablemente en intensidad. Cuando aparecen durante la noche pueden contribuir a la fragmentación del sueño y al cansancio durante el día³.
Las alteraciones del sueño pueden manifestarse como dificultad para conciliarlo, despertares nocturnos o sueño no reparador. Es importante valorar si los trastornos del sueño se relacionan con síntomas vasomotores, pero también considerar otras causas, como ansiedad, depresión, síndrome de piernas inquietas, apnea del sueño o hábitos inadecuados.
Los cambios en el estado de ánimo requieren una valoración cuidadosa. La transición menopáusica no debe considerarse por sí misma una causa universal de depresión. Sin embargo, determinadas mujeres presentan mayor vulnerabilidad, especialmente cuando existen antecedentes de trastornos depresivos, síntomas vasomotores intensos, alteraciones del sueño o factores psicosociales adversos⁵.
También pueden aparecer dificultades de concentración y cambios subjetivos de memoria. Estos síntomas deben valorarse dentro del contexto clínico y no atribuirse automáticamente al envejecimiento reproductivo.
Síntomas genitourinarios:
El síndrome genitourinario de la menopausia engloba diferentes síntomas relacionados con los cambios producidos en los tejidos vulvovaginales y urinarios asociados al déficit estrogénico. Entre ellos se incluyen sequedad vaginal, irritación, dispareunia, molestias urinarias y alteraciones de la función sexual⁴.
Estos síntomas pueden afectar significativamente a la calidad de vida y a las relaciones sexuales. Además, suelen estar infradiagnosticados porque algunas mujeres no los comunican durante la consulta por vergüenza, desconocimiento o porque consideran que forman parte inevitable del envejecimiento.
La atención sanitaria debe facilitar un espacio de comunicación en el que puedan abordarse de manera normalizada la sexualidad, la sequedad vaginal y las molestias genitourinarias.
Las intervenciones pueden incluir lubricantes e hidratantes vaginales y, en mujeres seleccionadas, tratamientos hormonales locales u otras opciones terapéuticas⁴,⁷.
Diagnóstico de la perimenopausia:
El diagnóstico debe comenzar con una adecuada anamnesis. Es importante conocer la edad, las características del ciclo menstrual, la fecha de la última menstruación, la presencia de sofocos o sudoraciones, las alteraciones del sueño, los síntomas genitourinarios, las manifestaciones psicológicas y la repercusión de los síntomas sobre la vida cotidiana.
La guía NICE, actualizada en abril de 2026, recomienda identificar clínicamente la perimenopausia en mujeres sanas de 45 años o más que presentan síntomas vasomotores de reciente aparición junto con cambios en el ciclo menstrual⁸.
En este grupo de edad no se recomienda utilizar de forma rutinaria determinaciones de hormona foliculoestimulante, estradiol, hormona antimülleriana u otras pruebas hormonales para establecer el diagnóstico⁸.
La razón principal es la importante fluctuación hormonal característica de la transición menopáusica, que puede hacer difícil interpretar una determinación aislada.
El FSH puede tener utilidad en determinadas situaciones, especialmente en mujeres de 40 a 45 años con síntomas y cambios menstruales o en mujeres menores de 40 años cuando existe sospecha de insuficiencia ovárica prematura⁸.
La valoración clínica debe permitir también identificar situaciones que requieran estudio adicional. El sangrado uterino anormal, por ejemplo, no debe atribuirse automáticamente a la perimenopausia y puede requerir valoración ginecológica.
Tratamiento hormonal:
La terapia hormonal de la menopausia constituye una de las intervenciones más eficaces para los síntomas vasomotores. También puede contribuir al tratamiento de determinados síntomas genitourinarios y a la prevención de pérdida ósea en mujeres seleccionadas⁷.
El posicionamiento de The North American Menopause Society señala que el balance beneficio-riesgo suele ser favorable en mujeres menores de 60 años o dentro de los 10 años posteriores al inicio de la menopausia que presentan síntomas molestos y no tienen contraindicaciones⁷.
La indicación debe individualizarse considerando edad, tiempo desde la menopausia, antecedentes personales y familiares, factores de riesgo cardiovascular y tromboembólico, antecedentes de cáncer hormonodependiente y preferencias de la mujer.
En mujeres con útero que reciben estrógenos sistémicos se requiere protección endometrial mediante un progestágeno u otra estrategia adecuada.
La terapia hormonal no debe plantearse como tratamiento universal para prevenir enfermedades crónicas en mujeres asintomáticas. Su indicación debe responder a objetivos clínicos concretos y revisarse periódicamente⁷.
Tratamiento de los síntomas genitourinarios:
Cuando los síntomas genitourinarios son leves pueden utilizarse medidas locales como lubricantes e hidratantes vaginales. Cuando existe sintomatología persistente o moderada-intensa, pueden considerarse tratamientos locales con estrógenos u otras alternativas, dependiendo de las características clínicas y preferencias de la mujer⁴,⁷.
La decisión terapéutica debe contemplar antecedentes personales y, cuando proceda, coordinación con otros profesionales sanitarios.
La comunicación es especialmente importante en este ámbito. La enfermera puede favorecer que la mujer identifique y verbalice síntomas que de otro modo podrían permanecer ocultos.
Tratamientos no hormonales:
Los tratamientos no hormonales constituyen una alternativa especialmente importante para mujeres con contraindicaciones para la terapia hormonal o para aquellas que prefieren evitarla.
The North American Menopause Society considera que existe evidencia favorable para determinadas intervenciones, entre ellas la terapia cognitivo-conductual, la hipnosis clínica, determinados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o serotonina-noradrenalina, gabapentina y fezolinetant. También existe evidencia para oxibutinina, aunque su utilización debe valorarse según el contexto clínico⁹.
La guía NICE actualizada en 2026 recomienda considerar la terapia cognitivo-conductual específica para menopausia como opción para síntomas vasomotores, sola o junto a terapia hormonal, y contempla fezolinetant para síntomas vasomotores moderados o graves cuando la terapia hormonal no resulta adecuada⁸.
No todas las intervenciones populares disponen del mismo nivel de evidencia. Los suplementos y preparados herbales presentan resultados variables y no deben considerarse equivalentes a los tratamientos con evidencia clínica consolidada⁹.
Estilo de vida y promoción de la salud:
La promoción de hábitos saludables constituye una parte esencial del abordaje de la mujer durante la transición menopáusica.
Debe fomentarse la realización regular de actividad física, incluyendo ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza, una alimentación equilibrada, el mantenimiento de un peso saludable, el abandono del tabaco y un consumo responsable de alcohol.
Estas medidas tienen importancia más allá del control de los síntomas, ya que contribuyen a mantener la salud cardiovascular, metabólica, musculoesquelética y psicológica⁶.
La intervención debe adaptarse a las características individuales de cada mujer. No existe una estrategia universal para todas las personas que atraviesan la perimenopausia.
PAPEL DE ENFERMERÍA:
La atención enfermera puede desempeñar un papel relevante en la identificación y seguimiento de las mujeres durante la transición menopáusica.
En primer lugar, la consulta de Enfermería constituye una oportunidad para proporcionar información sobre los cambios esperables durante esta etapa. La educación sanitaria puede ayudar a diferenciar las manifestaciones propias de la transición de aquellas que requieren una valoración clínica específica.
La enfermera puede realizar una valoración sistemática de síntomas, incluyendo sofocos, alteraciones del sueño, estado de ánimo, síntomas genitourinarios, sexualidad y repercusión sobre las actividades de la vida diaria.
También puede promover hábitos saludables y establecer objetivos realistas relacionados con alimentación, actividad física, descanso, abandono del tabaco y autocuidado.
Otro aspecto fundamental es la detección de signos de alarma. Los cambios menstruales pueden formar parte de la transición menopáusica, pero los sangrados anormales, síntomas intensos o persistentes y determinadas manifestaciones clínicas requieren valoración médica.
La enfermera también puede contribuir al seguimiento de las mujeres que reciben tratamiento, identificando efectos adversos, dificultades de adherencia y cambios en la sintomatología.
El modelo de atención debe estar basado en la persona y favorecer la toma de decisiones compartida. Las recomendaciones actuales de las principales guías destacan la necesidad de individualizar la atención y proporcionar información comprensible sobre beneficios, riesgos y alternativas terapéuticas⁸,¹⁰.
DISCUSIÓN
La evidencia disponible confirma que la perimenopausia es una etapa compleja y heterogénea. La variabilidad de las manifestaciones clínicas hace que algunas mujeres necesiten únicamente información y seguimiento, mientras que otras requieren intervenciones terapéuticas específicas.
Uno de los aspectos más relevantes es el reconocimiento de la perimenopausia como una etapa clínica diferenciada. La revisión de las principales guías internacionales realizada por Hemachandra et al. evidenció que las recomendaciones específicamente dirigidas a mujeres perimenopáusicas son todavía escasas¹⁰.
Esta limitación resulta especialmente importante porque gran parte de la investigación sobre menopausia agrupa a mujeres en diferentes etapas reproductivas, lo que dificulta extrapolar determinados resultados directamente a la perimenopausia.
El diagnóstico clínico recomendado actualmente para mujeres de 45 años o más puede simplificar el proceso asistencial y evitar pruebas hormonales innecesarias⁸. La anamnesis y la valoración de los síntomas adquieren así un papel central.
El tratamiento de los síntomas vasomotores dispone de diferentes alternativas. La terapia hormonal presenta la mayor eficacia para estos síntomas, pero no todas las mujeres son candidatas⁷,⁹.
Las opciones no hormonales permiten individualizar aún más la atención. La incorporación de nuevos tratamientos, como los antagonistas del receptor de neuroquinina 3, ha ampliado las posibilidades terapéuticas para mujeres en las que la terapia hormonal no resulta adecuada⁹.
Los síntomas genitourinarios representan otro ámbito en el que existe una importante necesidad asistencial. Su carácter progresivo y el frecuente infradiagnóstico hacen necesario preguntar activamente por ellos durante la consulta⁴.
La salud mental también requiere una valoración individualizada. La evidencia reciente aconseja evitar tanto la atribución automática de cualquier síntoma psicológico a la menopausia como la ignorancia de la posible vulnerabilidad de determinadas mujeres durante esta transición⁵.
Desde el punto de vista de Enfermería, la atención debe centrarse en la educación, prevención, detección de síntomas, promoción del autocuidado y seguimiento. Este enfoque puede facilitar que las mujeres reciban información fiable y participen de manera activa en las decisiones sobre su salud.
Otro aspecto relevante es la necesidad de combatir la desinformación. La elevada presencia de información comercial y de productos no regulados en medios digitales puede generar expectativas poco realistas. La educación sanitaria basada en evidencia constituye, por tanto, una herramienta esencial.
LIMITACIONES
La principal limitación de esta revisión es su carácter narrativo. No se realizó una revisión sistemática con metaanálisis ni una evaluación cuantitativa de la calidad de todos los estudios disponibles.
Asimismo, existe heterogeneidad en las definiciones de perimenopausia utilizadas en la literatura y una menor disponibilidad de estudios específicamente diseñados para mujeres durante esta etapa frente a estudios centrados en la menopausia en general¹⁰.
Finalmente, algunas recomendaciones terapéuticas pueden modificarse a medida que aparezca nueva evidencia, especialmente en relación con tratamientos no hormonales.
CONCLUSIONES
La perimenopausia es una etapa fisiológica de transición que puede producir una amplia variedad de síntomas y afectar significativamente a la calidad de vida de algunas mujeres.
Los síntomas vasomotores, las alteraciones del sueño, las modificaciones del estado de ánimo, los síntomas genitourinarios y las dificultades sexuales constituyen algunas de las manifestaciones clínicas más relevantes.
En mujeres sanas de 45 años o más, el diagnóstico es fundamentalmente clínico y no requiere pruebas hormonales rutinarias.
La terapia hormonal continúa siendo el tratamiento más eficaz para los síntomas vasomotores en mujeres adecuadamente seleccionadas, mientras que las alternativas no hormonales permiten ofrecer opciones a aquellas mujeres que presentan contraindicaciones o prefieren evitarla.
La atención de los síntomas genitourinarios debe integrarse en la valoración habitual y abordarse de forma normalizada.
La educación sanitaria y la promoción de hábitos saludables deben constituir elementos fundamentales del cuidado durante esta etapa.
En este contexto, enfermería puede desempeñar un papel relevante mediante la identificación de síntomas, educación sanitaria, promoción del autocuidado, detección de factores de riesgo, seguimiento y coordinación con otros profesionales.
Es necesario continuar desarrollando investigaciones específicamente centradas en la perimenopausia para mejorar la evidencia disponible y desarrollar recomendaciones clínicas más precisas.
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