Prevención de úlceras por presión en pacientes encamados

29 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Daniel Nadal Bintaned. Graduado en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Centro de Salud de Cariñena (Zaragoza, Aragón, España).
  2. Sandra Pérez Calahorra. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Centro de Salud de Cariñena (Zaragoza, Aragón, España).
  3. Susana Sánchez Zalabardo. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Centro de Salud de Cariñena (Zaragoza, Aragón, España).

RESUMEN

Las úlceras por presión constituyen un problema de salud pública debido a su elevada prevalencia, impacto sobre la calidad de vida y aumento de los costes sanitarios. Los pacientes encamados presentan un riesgo elevado de desarrollar lesiones cutáneas derivadas de la presión mantenida, la fricción y el cizallamiento, especialmente en prominencias óseas como sacro, talones y caderas. El objetivo de este trabajo es analizar las principales estrategias de prevención de úlceras por presión en pacientes encamados desde la perspectiva de enfermería, destacando la importancia de la valoración integral del riesgo, los cambios posturales, el cuidado de la piel, la nutrición y el uso de superficies especiales para el manejo de la presión.

Se realizó una revisión científica en bases de datos biomédicas y documentos de referencia relacionados con la prevención de úlceras por presión. Los resultados evidencian que la aplicación sistemática de escalas de valoración del riesgo, como la escala de Braden, junto con protocolos de movilización y educación sanitaria, reduce significativamente la incidencia de estas lesiones. Asimismo, el trabajo multidisciplinar y la formación continuada del personal sanitario resultan esenciales para garantizar cuidados seguros y eficaces.

La prevención de úlceras por presión debe considerarse una prioridad asistencial en pacientes encamados. El personal de enfermería desempeña un papel fundamental mediante la identificación precoz de factores de riesgo, la implementación de medidas preventivas y la evaluación continua del estado cutáneo del paciente. La adopción de prácticas basadas en la evidencia contribuye a disminuir complicaciones, mejorar la calidad de vida y optimizar los recursos sanitarios.

PALABRAS CLAVE

Úlcera por presión, prevención de enfermedades, paciente encamado, atención de enfermería, seguridad del paciente.

ABSTRACT

Pressure ulcers represent a major public health problem due to their high prevalence, negative impact on quality of life, and increased healthcare costs. Bedridden patients are at high risk of developing skin injuries caused by sustained pressure, friction, and shear forces, especially over bony prominences such as the sacrum, heels, and hips. The aim of this study is to analyze the main strategies for preventing pressure ulcers in bedridden patients from a nursing perspective, highlighting the importance of comprehensive risk assessment, repositioning, skin care, nutrition, and the use of pressure-relieving support surfaces.

A narrative review of the scientific literature published in biomedical databases and reference documents related to pressure injury prevention was carried out. The findings show that the systematic use of risk assessment scales, such as the Braden scale, together with repositioning protocols and health education, significantly reduces the incidence of these injuries. Furthermore, multidisciplinary teamwork and continuous training of healthcare professionals are essential to ensure safe and effective care.

Pressure ulcer prevention should be considered a healthcare priority in bedridden patients. Nursing professionals play a key role through early identification of risk factors, implementation of preventive measures, and continuous evaluation of skin integrity. The adoption of evidence-based practices contributes to reducing complications, improving quality of life, and optimizing healthcare resources.

KEY WORDS

Pressure ulcer, disease prevention, bedridden persons, nursing care, patient safety.

INTRODUCCIÓN

Las úlceras por presión (UPP), también denominadas lesiones por presión, son áreas localizadas de daño en la piel y tejidos subyacentes producidas generalmente por presión prolongada o presión combinada con cizallamiento sobre prominencias óseas1. Constituyen un problema frecuente en pacientes con movilidad reducida, especialmente en personas encamadas y pacientes hospitalizados de larga estancia2.

Las UPP representan un importante indicador de calidad asistencial debido a que, en gran medida, son prevenibles mediante cuidados adecuados3. Su aparición se asocia con dolor, infecciones, aumento de la estancia hospitalaria, incremento de los costes sanitarios y deterioro de la calidad de vida4.

El personal de enfermería desempeña un papel esencial en la prevención de estas lesiones, ya que mantiene un contacto continuo con el paciente y es responsable de la valoración del riesgo, vigilancia cutánea y aplicación de medidas preventivas5. Entre las estrategias más relevantes destacan la movilización frecuente, el uso de superficies especiales de alivio de presión, la higiene adecuada de la piel y el mantenimiento de un adecuado estado nutricional6.

Las úlceras por presión constituyen una de las complicaciones más frecuentes en pacientes encamados y su aparición está estrechamente relacionada con factores como la inmovilidad, la humedad, la desnutrición, la incontinencia urinaria o fecal y la disminución del nivel de conciencia7. La presión mantenida sobre los tejidos blandos produce una disminución del flujo sanguíneo capilar, generando hipoxia tisular y necrosis celular8. Las zonas anatómicas más afectadas suelen localizarse en prominencias óseas como el sacro, talones, trocánteres y codos. La identificación precoz de pacientes con riesgo elevado resulta fundamental para instaurar medidas preventivas eficaces y reducir la incidencia de úlceras por presión. En este sentido, el personal de enfermería desempeña un papel esencial mediante la valoración continua del estado del paciente y la aplicación de cuidados individualizados. Una de las herramientas más utilizadas para la valoración del riesgo es la escala de Braden9, la cual evalúa seis parámetros: percepción sensorial, humedad, actividad, movilidad, nutrición y fricción o cizallamiento. Una puntuación baja en esta escala indica un mayor riesgo de desarrollar úlceras por presión y permite establecer intervenciones preventivas específicas desde el inicio de la hospitalización. Además de la escala de Braden, existen otras herramientas como la escala de Norton y la escala de Waterlow, empleadas también para detectar precozmente a los pacientes vulnerables10.

Entre las principales medidas preventivas destacan los cambios posturales periódicos, considerados una de las intervenciones más eficaces para disminuir la presión mantenida sobre las prominencias óseas11. Se recomienda movilizar al paciente cada dos o tres horas, evitando arrastrarlo sobre la cama para reducir la fricción y el cizallamiento. Las posiciones más utilizadas son el decúbito supino y el decúbito lateral a 30 grados, limitando la sedestación prolongada en pacientes de alto riesgo12. La movilización precoz y la actividad física, siempre que la situación clínica lo permita, contribuyen a mejorar la circulación sanguínea y disminuir las complicaciones derivadas de la inmovilidad.

Los cuidados de la piel también representan una medida preventiva fundamental. La vigilancia diaria permite detectar cambios tempranos como eritema, maceración o pérdida de integridad cutánea13. La piel debe mantenerse limpia, seca e hidratada mediante productos suaves que no alteren la barrera cutánea. La humedad asociada a la incontinencia favorece la maceración y aumenta significativamente el riesgo de lesión, por lo que resulta necesario utilizar productos barrera y realizar cambios frecuentes de absorbentes14. Asimismo, la aplicación de ácidos grasos hiperoxigenados ha demostrado beneficios en la protección de la piel en pacientes de riesgo15.

La nutrición constituye otro aspecto esencial en la prevención de las úlceras por presión. La malnutrición y la deshidratación afectan negativamente a la regeneración tisular y aumentan la vulnerabilidad cutánea16. Por ello, es necesario realizar una valoración nutricional integral desde el ingreso hospitalario y garantizar un adecuado aporte proteico, vitamínico e hídrico. En pacientes con riesgo nutricional se recomienda la utilización de suplementos hiperproteicos y la colaboración multidisciplinar entre enfermería, medicina y nutrición17.

Las superficies especiales para el manejo de la presión, como colchones de espuma de alta densidad, colchones y cojines antiescaras, ayudan a redistribuir la presión y disminuir el riesgo de aparición de lesiones18. Sin embargo, estas medidas no sustituyen los cambios posturales, sino que actúan como complemento dentro de un plan integral de cuidados preventivos.

La educación sanitaria dirigida a pacientes, familiares y cuidadores resulta imprescindible para favorecer la continuidad de los cuidados y prevenir complicaciones19. El personal de enfermería debe proporcionar información relacionada con la movilización, los cuidados higiénicos, la alimentación y la identificación precoz de signos de alarma. La implantación de protocolos basados en la evidencia científica y la formación continuada de los profesionales han demostrado disminuir la incidencia de úlceras por presión y mejorar la calidad asistencial20.

OBJETIVOS

Objetivo general:

  • Analizar las principales estrategias de prevención de úlceras por presión en pacientes encamados desde la perspectiva de enfermería, destacando las intervenciones basadas en la evidencia científica para disminuir la incidencia de estas lesiones y mejorar la calidad asistencial.

Objetivos específicos:

  • Identificar los principales factores de riesgo asociados al desarrollo de úlceras por presión en pacientes encamados.
  • Describir las escalas de valoración utilizadas para detectar precozmente a los pacientes con mayor riesgo de desarrollar lesiones por presión.
  • Analizar la eficacia de las medidas preventivas de enfermería, como los cambios posturales, los cuidados de la piel y el soporte nutricional.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica relacionada con la prevención de úlceras por presión en pacientes encamados. Para ello se consultaron bases de datos biomédicas como PubMed, Scielo, Cuiden y Google Scholar, así como guías clínicas y documentos de organismos especializados.

Los criterios de inclusión fueron artículos publicados en español e inglés entre 2014 y 2025, relacionados con cuidados de enfermería, prevención de lesiones por presión y pacientes encamados. Se excluyeron estudios duplicados, artículos sin acceso al texto completo y publicaciones no relacionadas directamente con el objetivo del trabajo.

Las palabras clave utilizadas fueron: “úlceras por presión”, “prevención”, “enfermería”, “paciente encamado”, “lesiones por presión” y “cuidados de enfermería”. Posteriormente se realizó una lectura crítica y análisis de la información obtenida.

RESULTADOS

La revisión científica evidenció que la prevención de las úlceras por presión requiere una valoración precoz y continua del riesgo en pacientes encamados. Las escalas de valoración como Braden, Norton y Waterlow permiten identificar de forma temprana a los pacientes más vulnerables y facilitan la aplicación de cuidados preventivos individualizados.

Los estudios revisados destacan que las medidas preventivas más eficaces son los cambios posturales frecuentes, el mantenimiento de una adecuada higiene e hidratación de la piel y el uso de superficies especiales para el alivio de la presión. Asimismo, un adecuado soporte nutricional contribuye a mantener la integridad cutánea y disminuir el riesgo de aparición de lesiones.

En conjunto, la aplicación de protocolos de prevención basados en la evidencia científica disminuye la incidencia de úlceras por presión y mejora la calidad de los cuidados de enfermería en pacientes encamados.

CONCLUSIÓN

La prevención de las úlceras por presión continúa siendo un importante reto para los sistemas sanitarios debido al envejecimiento poblacional y al incremento de pacientes dependientes y crónicos21. No obstante, la mayoría de estas lesiones pueden prevenirse mediante una adecuada valoración del riesgo y la aplicación sistemática de medidas preventivas. Diversos estudios destacan que la formación continuada del personal sanitario y el cumplimiento de protocolos específicos disminuyen significativamente la incidencia de lesiones por presión22. La utilización de escalas de valoración como Braden, Norton o Waterlow facilita la detección precoz de pacientes vulnerables y permite establecer cuidados individualizados desde el ingreso.

Los cambios posturales, el cuidado de la piel, el soporte nutricional y las superficies especiales para el manejo de la presión constituyen pilares fundamentales en la prevención. Asimismo, la educación sanitaria y el trabajo multidisciplinar favorecen la continuidad de los cuidados y mejoran los resultados clínicos. En este contexto, el personal de enfermería desempeña un papel clave en la vigilancia continua del paciente, la identificación de factores de riesgo y la aplicación de intervenciones basadas en la evidencia científica.

Las úlceras por presión representan una complicación prevenible que afecta negativamente a la calidad de vida de los pacientes y aumenta los costes sanitarios. Por ello, resulta imprescindible fomentar estrategias preventivas eficaces, promover la formación continuada de los profesionales y garantizar cuidados integrales y humanizados orientados a la seguridad del paciente.

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