Injertos cutáneos en cirugía reconstructiva: indicaciones, técnicas, factores asociados a la integración y complicaciones

1 noviembre 2026

 

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.96.33.001

 

 

 

AUTORES

  1. Mauro Axel Cárdenas Rosales. Residente de Cirugía General, Hospital General Presidente Lázaro Cárdenas ISSSTE, Chihuahua, Chihuahua, México. ORCID: 0009-0006-9586-0637
  2. Sergio Miguel Suárez Fuentes. Residente de Cirugía General, Hospital Regional Valentín Gómez Farías ISSSTE, Zapopan, Jalisco, México. ORCID: 0009-0005-4692-4078
  3. Jazmín Sáenz López. Medicina General, Chihuahua, Chihuahua, México – ORCID: 0009-0001-7166-3480
  4. Arym Paola Preza Estrada. Residente de Cirugía General, Hospital General ISSSTE, La Paz, Baja California Sur, México. ORCID: 0009-0007-2641-8690
  5. Luis Alberto Muñoz Sánchez. Residente de Medicina Interna, Hospital General Dr. Salvador Zubirán Anchondo, Chihuahua, Chihuahua, México. ORCID: 0009-0001-6556-9631
  6. Diana Itzel Escalante Zamora. Residente de Pediatría, Hospital Infantil de Especialidades, Chihuahua, Chihuahua, México. ORCID: 0009-0000-0308-4260

RESUMEN

Los injertos cutáneos constituyen una herramienta fundamental de la cirugía reconstructiva y permiten cubrir una amplia variedad de defectos cutáneos. La selección del tipo de injerto depende de las características del defecto, la localización anatómica, las condiciones del lecho receptor, las necesidades funcionales y estéticas y la disponibilidad de tejido donante. Esta revisión tiene como objetivo analizar la evidencia actual sobre los principales tipos de injertos cutáneos, sus indicaciones, técnicas de obtención y fijación, mecanismos de integración, factores asociados al prendimiento y complicaciones. Los injertos de espesor parcial ofrecen ventajas para la cobertura de superficies extensas y pueden expandirse mediante técnicas de mallado, mientras que los injertos de espesor total proporcionan una cobertura con mayor contenido dérmico y menor contracción secundaria. El éxito del procedimiento depende de una adecuada preparación del lecho receptor, una técnica quirúrgica cuidadosa y una fijación estable. Entre las estrategias complementarias se encuentran la terapia de presión negativa, los apósitos y sistemas de compresión, el plasma rico en plaquetas y las técnicas de expansión como la técnica de Meek. La selección debe individualizarse de acuerdo con las características del defecto y los objetivos reconstructivos, considerando las posibles complicaciones tanto del sitio receptor como del sitio donante.

PALABRAS CLAVE

Trasplante de piel, procedimientos de cirugía plástica, cicatrización de heridas, quemaduras, heridas y lesiones.

ABSTRACT

Skin grafts are a fundamental tool in reconstructive surgery and allow coverage of a wide variety of cutaneous defects. Graft selection depends on defect characteristics, anatomical location, recipient-bed conditions, functional and aesthetic requirements, and donor-site availability. This review aims to analyze current evidence regarding the main types of skin grafts, their indications, harvesting and fixation techniques, mechanisms of graft integration, factors associated with graft take, and complications. Split-thickness skin grafts offer advantages for covering extensive surfaces and can be expanded using meshing techniques, whereas full-thickness skin grafts provide coverage with greater dermal content and less secondary contraction. Successful grafting depends on adequate recipient-bed preparation, careful surgical technique, and stable fixation. Complementary strategies include negative-pressure wound therapy, dressings and compression systems, platelet-rich plasma, and expansion techniques such as the Meek micrograft technique. Graft selection should be individualized according to defect characteristics and reconstructive goals, while considering potential complications at both the recipient and donor sites.

KEY WORDS

Skin transplantation, plastic surgery procedures, wound healing, burns, wounds and injuries.

DESARROLLO DEL TEMA

Los injertos cutáneos constituyen una herramienta fundamental de la cirugía reconstructiva y permiten la cobertura de defectos cutáneos mediante la transferencia de tejido desde un sitio donante hacia un lecho receptor adecuadamente preparado. Su utilización comprende múltiples escenarios clínicos, entre ellos quemaduras, traumatismos, heridas complejas, defectos posteriores a resecciones tumorales y otras pérdidas de cobertura cutánea. La elección del injerto debe individualizarse de acuerdo con las características del defecto, la localización anatómica y los objetivos funcionales y estéticos de la reconstrucción¹.

Los injertos cutáneos pueden clasificarse según su origen y, en el caso de los autoinjertos, según el espesor de tejido transferido. Los injertos de espesor parcial contienen epidermis y una cantidad variable de dermis, mientras que los de espesor total incluyen la totalidad de la dermis. Estas diferencias condicionan características como la capacidad de expansión, la contracción secundaria, la calidad de la cobertura y la morbilidad del sitio donante, aspectos que deben considerarse al seleccionar la modalidad reconstructiva más apropiada²˒³.

El éxito de un injerto depende de la adecuada interacción entre las características del lecho receptor, las condiciones del paciente y los factores técnicos relacionados con su obtención, colocación y fijación. La vascularización del lecho, la adecuada adaptación del injerto y la prevención de colecciones entre ambas superficies son elementos esenciales para favorecer el prendimiento. Por el contrario, determinadas comorbilidades, características de la herida y condiciones locales pueden incrementar el riesgo de falla y retrasar la cicatrización⁴. La fijación adecuada también resulta fundamental para mantener el contacto entre el injerto y el lecho receptor durante las primeras etapas de integración, y se han descrito diversas estrategias, entre ellas suturas, sistemas de fijación y terapia de presión negativa⁵.

El objetivo de esta revisión es analizar la evidencia actual sobre los injertos cutáneos en cirugía reconstructiva, con énfasis en sus principales indicaciones, la selección del tipo de injerto, las técnicas de obtención y fijación, los mecanismos de integración, los factores asociados al prendimiento y las principales complicaciones.

Clasificación de los injertos cutáneos:

Los injertos cutáneos pueden clasificarse de acuerdo con diferentes criterios, principalmente según su origen y el espesor del tejido transferido. Esta clasificación tiene importancia práctica, ya que las características estructurales de cada modalidad condicionan su comportamiento durante la integración, sus posibilidades de utilización y sus resultados funcionales y estéticos¹˒⁶.

Según su origen:

De acuerdo con su procedencia, los injertos pueden clasificarse en autoinjertos, aloinjertos y xenoinjertos. Los autoinjertos corresponden al tejido obtenido del propio paciente y constituyen la principal modalidad de cobertura cutánea definitiva cuando existe disponibilidad suficiente de tejido donante. Al proceder del mismo individuo, no presentan los fenómenos inmunológicos asociados con los tejidos provenientes de otros organismos y pueden proporcionar una cobertura permanente¹˒⁶.

Los aloinjertos proceden de otro individuo de la misma especie, mientras que los xenoinjertos proceden de una especie diferente. Ambas modalidades pueden utilizarse como alternativas temporales para la cobertura de determinadas heridas, particularmente cuando la extensión del defecto limita la disponibilidad inmediata de tejido autólogo o cuando se requiere una cobertura provisional⁶˒⁷.

Dentro de las variantes reconstructivas también se encuentran los injertos compuestos, que incorporan piel junto con otros tejidos, como cartílago. Su utilización está dirigida a defectos específicos en los que se requiere simultáneamente cobertura cutánea y soporte estructural, por lo que sus indicaciones dependen de la localización anatómica y de las características del defecto⁶.

Según su espesor:

En los autoinjertos cutáneos, la clasificación según el espesor constituye uno de los criterios de mayor utilidad para la planificación reconstructiva. Desde esta perspectiva, se distinguen principalmente los injertos de espesor parcial o split-thickness skin grafts (STSG) y los injertos de espesor total o full-thickness skin grafts (FTSG)¹˒².

Los STSG están constituidos por la epidermis y una porción variable de la dermis. De acuerdo con la cantidad de dermis incluida, pueden clasificarse en injertos delgados, intermedios y gruesos. Esta variabilidad permite adaptar sus características a las necesidades del defecto y facilita su utilización para cubrir superficies relativamente extensas cuando la disponibilidad de tejido donante es limitada².

Los FTSG incluyen la epidermis y la totalidad de la dermis. La mayor cantidad de tejido dérmico transferido determina características diferentes respecto a los STSG, particularmente en relación con la contracción secundaria, la textura y la apariencia de la cobertura³.

El espesor del injerto también tiene implicaciones sobre el sitio donante. Los sitios utilizados para obtener STSG conservan una porción de la dermis que permite la reepitelización a partir de estructuras cutáneas remanentes, mientras que la obtención de un FTSG requiere generalmente el cierre del defecto residual del sitio donante²˒³. Estas diferencias deben considerarse durante la planificación reconstructiva, especialmente cuando se requiere una cobertura extensa o cuando existen limitaciones en la disponibilidad de tejido donante.

Injertos de espesor parcial frente a injertos de espesor total:

Las diferencias entre STSG y FTSG tienen implicaciones directas en la selección reconstructiva. Los STSG pueden utilizarse para cubrir superficies amplias y pueden expandirse mediante técnicas de mallado, lo que permite aumentar el área de cobertura obtenida a partir de una cantidad determinada de tejido donante². Los FTSG, por su parte, suelen emplearse en defectos de menor extensión debido a sus características biológicas y a la necesidad de un lecho receptor adecuadamente vascularizado para favorecer su integración³.

Una diferencia relevante entre ambas modalidades corresponde a su comportamiento frente a la contracción. Los STSG presentan una mayor tendencia a la contracción secundaria durante la cicatrización, mientras que los FTSG tienden a conservar mejor sus dimensiones y presentan menor contracción secundaria²˒³. Esta diferencia adquiere especial importancia en regiones en las que una contractura puede producir limitación funcional o afectar el resultado estético.

Los FTSG conservan una mayor cantidad de estructuras dérmicas y anexiales, lo que puede favorecer una apariencia más semejante a la piel circundante en determinadas localizaciones. Por ello, pueden resultar particularmente útiles en defectos pequeños y en áreas anatómicas en las que la calidad de la cobertura y la estabilidad de sus dimensiones son relevantes³.

Los STSG, en contraste, ofrecen ventajas relacionadas con su disponibilidad y capacidad para cubrir defectos amplios. Sin embargo, pueden presentar mayor contracción secundaria y cambios de textura y pigmentación durante la evolución². La elección entre ambas modalidades debe considerar, por tanto, no solo el tamaño del defecto, sino también su localización, profundidad, demandas funcionales y estéticas y disponibilidad de tejido donante.

La evidencia comparativa disponible también muestra que las diferencias entre STSG y FTSG pueden variar según el escenario reconstructivo. En el cierre del sitio donante de un colgajo radial, una revisión sistemática y metaanálisis comparó ambas modalidades y encontró diferencias en las tasas de complicaciones y falla del injerto, lo que demuestra que la elección debe interpretarse de acuerdo con el contexto anatómico y clínico específico⁸.

En consecuencia, la clasificación de los injertos cutáneos constituye más que una descripción morfológica: proporciona un marco para orientar la selección de la estrategia reconstructiva. La elección entre un STSG, un FTSG u otra modalidad debe integrar las características del defecto, las condiciones del lecho receptor, la localización anatómica, las demandas funcionales y estéticas y las posibilidades del sitio donante.

Indicaciones en cirugía reconstructiva:

Los injertos cutáneos se utilizan para proporcionar cobertura a una amplia variedad de defectos en los que existe pérdida de la cubierta cutánea y un lecho receptor con condiciones adecuadas para la integración. Su indicación debe establecerse después de valorar la extensión y profundidad del defecto, las características del lecho receptor, la localización anatómica, las necesidades funcionales y estéticas y la disponibilidad de tejido donante⁹. La versatilidad de esta técnica permite emplearla tanto en defectos agudos como en reconstrucciones posteriores a procedimientos quirúrgicos, aunque su utilidad y elección frente a otras alternativas reconstructivas dependen de las características particulares de cada lesión.

Quemaduras:

Las quemaduras constituyen una de las principales indicaciones de los injertos cutáneos, particularmente aquellas lesiones profundas que no pueden lograr una epitelización adecuada en un periodo razonable. En las quemaduras dérmicas profundas y de espesor total, la escisión del tejido desvitalizado seguida de cobertura mediante autoinjerto permite restaurar la continuidad de la cubierta cutánea y reducir el tiempo durante el cual permanece expuesta la superficie de la herida¹⁰.

Los injertos de espesor parcial constituyen la modalidad utilizada con mayor frecuencia en este contexto debido a su capacidad para cubrir superficies extensas y a la posibilidad de expandir el tejido obtenido mediante mallado¹⁰. En pacientes con quemaduras extensas, sin embargo, la disponibilidad de sitios donantes puede convertirse en una limitación importante. En estas circunstancias pueden emplearse estrategias de expansión del injerto, entre ellas la técnica de Meek, que permite obtener una mayor superficie de cobertura a partir de una cantidad limitada de piel donante¹¹.

La elección de la estrategia de cobertura en pacientes con grandes quemaduras debe considerar la extensión de la superficie corporal afectada, la disponibilidad de sitios donantes y las condiciones generales de la herida. La evidencia disponible muestra que las diferentes modalidades de cobertura pueden presentar resultados variables y que la calidad metodológica de los estudios comparativos sigue siendo heterogénea¹⁰. Por ello, las técnicas de expansión y los sustitutos cutáneos deben considerarse como herramientas complementarias dentro de una estrategia individualizada de cobertura, particularmente cuando la disponibilidad de autoinjerto es limitada¹⁰˒¹¹.

Traumatismos:

Los traumatismos con pérdida de cobertura cutánea constituyen otra indicación frecuente de los injertos, especialmente cuando existe un defecto superficial o de espesor parcial con un lecho adecuadamente vascularizado. En estos pacientes, el injerto puede proporcionar una cobertura relativamente rápida y evitar la necesidad de procedimientos reconstructivos de mayor complejidad cuando no existe exposición de estructuras que requieran cobertura especializada¹².

En el contexto de lesiones traumáticas, la indicación del injerto debe establecerse después de la valoración del tejido desvitalizado, la contaminación de la herida y la viabilidad del lecho receptor. Los defectos con exposición de estructuras profundas, compromiso vascular o pérdida significativa de tejidos blandos pueden requerir otras estrategias reconstructivas, por lo que el injerto cutáneo no debe considerarse como una alternativa universal para toda pérdida traumática de cobertura¹².

La disponibilidad de tejido donante y la extensión del defecto también influyen en la elección de la técnica. En defectos amplios, los STSG ofrecen la posibilidad de obtener una mayor superficie de cobertura a partir de una zona donante relativamente limitada, mientras que los FTSG pueden ser considerados en defectos más pequeños en los que se busca una cobertura con características estructurales y estéticas más cercanas a la piel circundante²˒³.

Defectos posteriores a resección tumoral:

La resección de lesiones cutáneas benignas o malignas puede generar defectos que requieren cobertura posterior. Los injertos constituyen una alternativa reconstructiva particularmente útil cuando el defecto es superficial, el lecho presenta una vascularización adecuada y no existe una necesidad importante de aportar volumen o tejido estructural adicional⁹.

La elección entre un STSG y un FTSG depende de las características del defecto y de la región anatómica involucrada. Los FTSG pueden ser especialmente útiles en defectos pequeños y en áreas visibles en las que la calidad de la cobertura, la conservación de las dimensiones y la similitud con la piel circundante son relevantes²˒³. En cambio, los STSG pueden ser preferibles cuando se requiere cubrir una superficie mayor o cuando las características del defecto hacen más conveniente disponer de una mayor cantidad de tejido donante².

En cirugía dermatológica y reconstructiva, los injertos pueden emplearse después de la resección de diferentes lesiones y forman parte de un espectro de alternativas que también incluye la cicatrización por segunda intención y los colgajos locales⁹. La elección debe individualizarse considerando el tamaño y profundidad del defecto, su localización, la calidad de la piel circundante y los objetivos funcionales y estéticos de la reconstrucción.

Heridas complejas:

Los injertos también pueden utilizarse en heridas complejas cuando, después del tratamiento de la causa subyacente, existe un defecto que no puede cerrarse de manera primaria y presenta condiciones adecuadas para recibir un injerto. En este contexto, el objetivo inicial debe ser conseguir un lecho viable, libre de tejido desvitalizado y con condiciones locales que permitan la integración del tejido transferido.

Las características de la herida tienen una importancia particular en la indicación. La presencia de infección activa, tejido necrótico, vascularización insuficiente o exposición de estructuras profundas puede limitar la utilidad de un injerto y hacer necesaria una estrategia reconstructiva diferente o una preparación adicional del lecho⁹˒¹³.

En las extremidades inferiores, por ejemplo, los defectos posquirúrgicos pueden verse condicionados por insuficiencia arterial o venosa, alteraciones de la calidad de la piel y un mayor riesgo de infección. Una revisión de las alternativas disponibles para estos defectos señala que la elección entre cicatrización por segunda intención, injertos de espesor parcial, injertos de espesor total y sustitutos cutáneos debe considerar factores como la vascularidad, el tamaño del defecto, las características de la piel y los antecedentes médicos del paciente¹³.

Defectos de tejidos blandos:

Los injertos cutáneos pueden proporcionar una cobertura eficaz en determinados defectos de tejidos blandos cuando la pérdida se limita principalmente a la cubierta cutánea y existe un lecho receptor capaz de favorecer la integración. Su utilización permite evitar procedimientos más complejos cuando no se requiere reemplazo de volumen, cobertura muscular o aporte de tejido con vascularización propia.

Sin embargo, la indicación debe establecerse de acuerdo con la profundidad y localización del defecto. La exposición de hueso, tendón, cartílago, nervios o estructuras vasculares sin una cobertura adecuada puede limitar el prendimiento de un injerto y favorecer la elección de un colgajo u otra modalidad reconstructiva⁹˒¹³.

En este contexto, la decisión reconstructiva debe considerar conjuntamente las características del defecto y las demandas de la región anatómica. El tamaño, la profundidad, la movilidad, las necesidades funcionales y el resultado estético esperado son elementos que condicionan la elección entre un injerto y otras técnicas de cobertura⁹.

En conjunto, las indicaciones de los injertos cutáneos abarcan desde la cobertura de grandes superficies quemadas hasta defectos traumáticos, oncológicos y posquirúrgicos de menor extensión. No obstante, la indicación debe basarse en una evaluación individualizada del defecto y del paciente. La existencia de un lecho receptor adecuado constituye un requisito fundamental, mientras que la profundidad, la localización, la extensión y las demandas funcionales y estéticas orientan la elección del tipo de injerto y permiten determinar cuándo resulta necesario recurrir a alternativas reconstructivas de mayor complejidad.

Selección del tipo de injerto:

La selección del tipo de injerto debe realizarse a partir de una valoración integral del defecto y de las condiciones del paciente. Entre los principales elementos que deben considerarse se encuentran la localización anatómica, el tamaño y profundidad del defecto, las características del lecho receptor, la disponibilidad del sitio donante y las necesidades funcionales y estéticas de la reconstrucción²˒³.

Localización anatómica:

La localización del defecto constituye uno de los principales factores para seleccionar el tipo de injerto. Las regiones anatómicas con mayor movilidad, exposición o demanda estética requieren una cobertura que permita mantener una adecuada función y una integración aceptable con los tejidos circundantes. En estas situaciones, los FTSG pueden ofrecer ventajas por su mayor contenido dérmico, menor contracción secundaria y características de textura y apariencia más cercanas a la piel normal³.

En regiones como la cara, las orejas, los párpados, las manos y otras áreas funcionalmente relevantes, la elección debe considerar tanto la calidad de la cobertura como la posibilidad de desarrollar contracturas durante la cicatrización. Los FTSG pueden ser especialmente útiles en defectos pequeños en los que se dispone de un sitio donante apropiado y se busca una cobertura estable²˒³.

En contraste, los STSG pueden ser particularmente útiles en superficies extensas o cuando existe una disponibilidad limitada de tejido donante. Su capacidad de expansión mediante mallado permite cubrir áreas mayores con una cantidad relativamente pequeña de tejido².

Tamaño y profundidad del defecto:

El tamaño del defecto influye directamente en la elección del injerto. Los defectos extensos suelen favorecer el empleo de STSG debido a que pueden obtenerse superficies mayores de tejido y, cuando es necesario, pueden expandirse mediante técnicas de mallado. Los FTSG, por su mayor espesor y la necesidad habitual de cerrar primariamente el sitio donante, suelen reservarse para defectos de menor extensión²˒³.

La profundidad también debe considerarse. Los injertos son apropiados cuando existe un lecho capaz de proporcionar vascularización suficiente para la supervivencia del tejido transferido. Cuando el defecto compromete estructuras profundas o carece de una superficie receptora adecuadamente vascularizada, puede ser necesario recurrir a técnicas reconstructivas que proporcionen tejido adicional o una vascularización propia⁹˒¹³.

Características del lecho receptor:

La calidad del lecho receptor es fundamental para el éxito del injerto. Antes de su colocación debe realizarse un desbridamiento adecuado del tejido necrótico o desvitalizado y controlarse, cuando corresponda, la infección o contaminación de la herida. La presencia de tejido de granulación viable, fascia, músculo u otras superficies adecuadamente vascularizadas puede proporcionar las condiciones necesarias para la integración del injerto¹³.

La vascularización insuficiente constituye uno de los principales factores asociados con la falla. Los defectos con exposición de hueso, tendón, cartílago o estructuras vasculares sin una cobertura vascular adecuada pueden presentar una capacidad limitada para mantener un injerto cutáneo. En estos escenarios debe considerarse la preparación adicional del lecho o una modalidad reconstructiva diferente⁹˒¹³.

Consideraciones funcionales:

Las demandas funcionales de la región deben formar parte de la decisión reconstructiva. En áreas cercanas a articulaciones, manos, pies, párpados o estructuras sometidas a movimiento constante, la contracción secundaria puede generar alteraciones funcionales. Debido a su mayor contenido dérmico, los FTSG presentan menor contracción secundaria que los STSG y pueden ser preferibles cuando la estabilidad dimensional tiene especial importancia²˒³.

En defectos amplios, sin embargo, la extensión de la superficie a cubrir puede hacer que los STSG sean la alternativa más práctica. En estos casos, la selección debe acompañarse de una adecuada planificación de la orientación del injerto, su fijación y los cuidados posteriores para reducir el riesgo de contractura y pérdida de cobertura.

Consideraciones estéticas:

El resultado estético depende de factores como el grosor del injerto, la textura, el color, la pigmentación, la contracción y la relación entre el tejido transferido y la piel circundante. Los FTSG conservan una mayor cantidad de dermis y estructuras cutáneas, por lo que pueden proporcionar una cobertura con características más semejantes a la piel adyacente en determinadas localizaciones³.

Los STSG pueden presentar cambios de pigmentación, textura y contracción durante la evolución. Estas características no necesariamente limitan su utilización, pero deben considerarse cuando el defecto se encuentra en una región expuesta o en una zona en la que las diferencias entre el injerto y la piel circundante pueden resultar más evidentes².

En consecuencia, la selección del injerto debe integrar simultáneamente las características anatómicas del defecto, su tamaño y profundidad, la calidad del lecho receptor, las demandas funcionales y estéticas y la disponibilidad de tejido donante. Este enfoque permite seleccionar la modalidad que proporcione una cobertura adecuada sin incrementar innecesariamente la complejidad reconstructiva. Este proceso de decisión se resume en la Figura 1.

Técnica quirúrgica:

Preparación del lecho receptor:

La preparación del lecho constituye el primer paso para favorecer la integración del injerto. Debe realizarse un desbridamiento adecuado del tejido necrótico o desvitalizado y conseguirse una superficie limpia y viable. Cuando existe infección activa, contaminación significativa o una vascularización insuficiente, la colocación inmediata del injerto puede no ser apropiada y puede ser necesario realizar tratamiento adicional antes de proceder a la cobertura⁹˒¹³.

La hemostasia también es fundamental. El sangrado persistente puede generar hematomas entre el injerto y el lecho receptor, mientras que una superficie excesivamente seca o traumática puede interferir con el contacto inicial. Por ello, la preparación debe buscar una adecuada hemostasia sin comprometer la viabilidad del lecho.

Obtención del injerto:

Los STSG pueden obtenerse mediante dermatomo, ajustando el espesor de acuerdo con las características del defecto y los objetivos reconstructivos. El grosor seleccionado influye sobre la capacidad de supervivencia, la contracción y las características del sitio donante²˒⁵.

Los FTSG se obtienen incluyendo la totalidad de la dermis. Posteriormente, el defecto del sitio donante suele requerir cierre primario, lo que limita la cantidad de tejido que puede obtenerse y condiciona la elección del sitio donante³.

La selección del sitio donante debe considerar la similitud de color, textura y grosor con respecto al área receptora. En determinados defectos, particularmente aquellos localizados en regiones visibles, la elección apropiada del sitio donante puede contribuir significativamente al resultado estético final.

Mallado y fenestración:

Los STSG pueden someterse a mallado para aumentar la superficie que puede cubrirse con una determinada cantidad de tejido. El grado de expansión debe seleccionarse de acuerdo con la extensión del defecto y la disponibilidad de piel donante².

Además de incrementar la superficie de cobertura, la fenestración permite la salida de sangre y exudado desde el espacio situado entre el injerto y el lecho. Esto puede disminuir la formación de colecciones que interfieran con la integración. Sin embargo, un grado excesivo de expansión puede producir una apariencia de malla más evidente y debe utilizarse de acuerdo con las características clínicas del defecto.

Colocación del injerto:

Después de obtener el injerto, debe colocarse sobre el lecho receptor procurando una adecuada orientación y un contacto estrecho entre ambas superficies. Deben evitarse pliegues, espacios muertos y desplazamientos que puedan generar áreas de separación.

La manipulación del injerto debe realizarse cuidadosamente para reducir el traumatismo del tejido. Una vez colocado, la adaptación adecuada permite favorecer el intercambio inicial de nutrientes y posteriormente el establecimiento de conexiones vasculares entre el injerto y el lecho receptor.

Fijación:

La fijación tiene como objetivo mantener el injerto en contacto estable con el lecho durante las primeras etapas de integración. Se han descrito diferentes métodos, entre ellos suturas, grapas, adhesivos, apósitos de contacto, sistemas de presión y dispositivos de tipo tie-over¹⁴˒¹⁵.

La elección del método depende de la localización, tamaño y movilidad del defecto, así como de las características del injerto. Los sistemas de fijación deben disminuir el movimiento y evitar la formación de espacios entre el injerto y el lecho.

Una revisión de la literatura sobre técnicas de fijación de FTSG identificó múltiples estrategias, aunque señaló que gran parte de la evidencia disponible procede de estudios observacionales y series pequeñas¹⁴. De manera similar, una revisión sistemática de los sistemas tie-over encontró evidencia limitada para establecer diferencias claras entre esta técnica y otras modalidades de fijación¹⁵.

Curación inicial:

Después de la fijación debe colocarse una cobertura que proteja el injerto y permita mantener un ambiente adecuado durante las primeras fases de integración. La selección del apósito debe considerar el grado de exudado, la localización y la posibilidad de realizar una vigilancia apropiada del injerto.

En determinadas situaciones, los apósitos compresivos o los sistemas de presión negativa pueden utilizarse como parte de la estrategia de fijación y protección. El objetivo fundamental es evitar el desplazamiento y disminuir la acumulación de sangre o líquido debajo del injerto.

Biología del prendimiento:

La supervivencia inicial de un injerto depende de su capacidad para obtener nutrientes y posteriormente establecer una circulación sanguínea funcional. El proceso de integración se desarrolla de manera progresiva e incluye fenómenos conocidos como imbibición plasmática, inosculación y revascularización¹⁶˒¹⁷.

Imbibición plasmática:

Durante las primeras horas después de la colocación, el injerto carece de una circulación sanguínea funcional propia. En esta etapa, la supervivencia celular depende de la difusión de nutrientes y oxígeno desde el lecho receptor hacia los tejidos del injerto. Este proceso se conoce como imbibición plasmática¹⁶.

La adecuada proximidad entre el injerto y el lecho resulta esencial durante esta fase. Cualquier elemento que interfiera con el contacto, como hematomas, seromas o desplazamientos, puede comprometer el intercambio de nutrientes y aumentar el riesgo de pérdida del injerto.

Inosculación:

Posteriormente se produce la inosculación, mediante la cual los vasos presentes en el injerto establecen conexiones con los vasos del lecho receptor. Este fenómeno representa una etapa fundamental para la transición desde la nutrición por difusión hacia una circulación vascular más estable¹⁶.

La evidencia experimental ha permitido observar directamente la recuperación del flujo sanguíneo en los injertos cutáneos y respaldar el papel de la inosculación durante las primeras etapas de la integración¹⁶.

Revascularización:

La revascularización representa la etapa en la que se establece una red vascular funcional capaz de mantener la viabilidad del injerto. La calidad de este proceso depende de las características del lecho receptor y de las condiciones locales y sistémicas del paciente¹⁷.

La vascularización adecuada del lecho es, por tanto, un requisito esencial. Los injertos colocados sobre superficies con aporte sanguíneo insuficiente presentan mayor riesgo de falla, mientras que la preparación apropiada del lecho puede favorecer la formación de una nueva red vascular¹⁷.

Remodelación:

Después de la revascularización se desarrolla una fase progresiva de remodelación y maduración del tejido. Durante este periodo pueden producirse cambios en la pigmentación, textura, elasticidad y dimensiones del injerto. La magnitud de estos cambios depende del tipo de injerto, la localización anatómica y las características individuales del proceso de cicatrización²˒³.

La contracción secundaria resulta particularmente relevante. Los STSG presentan una mayor tendencia a la contracción durante la cicatrización, mientras que los FTSG suelen conservar mejor sus dimensiones debido a su mayor contenido dérmico²˒³.

Factores asociados al prendimiento:

El prendimiento del injerto es un fenómeno multifactorial. Su éxito depende de la interacción entre las características del lecho receptor, las condiciones del injerto, los factores sistémicos del paciente y los aspectos técnicos relacionados con la obtención y colocación.

Factores relacionados con el lecho receptor:

La vascularización constituye uno de los factores locales más importantes. Un lecho bien vascularizado favorece la nutrición inicial y la posterior revascularización del injerto, mientras que la presencia de tejido necrótico, infección, isquemia o estructuras profundas expuestas puede incrementar el riesgo de pérdida⁹˒¹³.

La acumulación de sangre o líquido entre el injerto y el lecho también puede interferir con el contacto necesario para la integración. Por ello, la hemostasia, la adecuada adaptación y la fijación son elementos fundamentales para prevenir estas complicaciones.

Factores relacionados con el injerto:

El espesor del injerto influye sobre su comportamiento durante la cicatrización. Los STSG, al contener una cantidad menor de dermis, presentan una mayor capacidad de expansión y una mayor tendencia a la contracción secundaria, mientras que los FTSG proporcionan una cobertura con mayor contenido dérmico y menor contracción secundaria²˒³.

El tamaño del injerto, la adecuada manipulación del tejido y la ausencia de traumatismo durante su colocación también pueden influir sobre el resultado.

Factores sistémicos:

Las condiciones generales del paciente pueden modificar la capacidad de cicatrización. En un estudio de cohorte publicado en 2026, la enfermedad arterial periférica, la diabetes, el uso de medicamentos inmunosupresores y la localización de la herida en el pie se asociaron con un mayor riesgo de falla de STSG⁴.

La identificación preoperatoria de pacientes con mayor riesgo permite establecer estrategias destinadas a optimizar las condiciones locales y sistémicas antes de la reconstrucción. En pacientes con heridas complejas, esta valoración debe formar parte de la planificación global del tratamiento⁴.

Factores técnicos:

La adecuada preparación del lecho, la obtención uniforme del injerto, la hemostasia, la correcta adaptación y la fijación estable son factores directamente relacionados con la técnica quirúrgica. Los errores en cualquiera de estas etapas pueden favorecer la formación de colecciones, el desplazamiento o la pérdida parcial del injerto.

La fijación adquiere especial importancia en áreas sometidas a movimiento o cizallamiento. Diferentes estrategias han sido desarrolladas para disminuir estas fuerzas y mantener el contacto entre las superficies¹⁴˒¹⁵.

La terapia de presión negativa constituye una de las estrategias complementarias con mayor evaluación en este contexto. Una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados encontró que su utilización se asocia con un mayor porcentaje de prendimiento y una reducción del tiempo hasta el alta y de la necesidad de reintervención, aunque los datos sobre eventos adversos y la presión óptima siguen siendo limitados¹⁸.

Complicaciones:

Las complicaciones de los injertos cutáneos pueden afectar tanto al sitio receptor como al sitio donante. Su aparición depende de factores relacionados con el paciente, la herida, el tipo de injerto y la técnica utilizada.

Pérdida parcial o total del injerto:

La pérdida puede ser parcial o completa y constituye una de las complicaciones más relevantes. Los mecanismos involucrados incluyen insuficiente vascularización del lecho, hematoma o seroma, infección, desplazamiento del injerto y alteraciones sistémicas que interfieren con la cicatrización⁴.

La magnitud de la pérdida determina el tratamiento. Las áreas pequeñas pueden manejarse mediante curaciones y cicatrización secundaria, mientras que pérdidas más extensas pueden requerir desbridamiento y una nueva cobertura.

Hematoma y seroma:

La acumulación de sangre o líquido debajo del injerto puede impedir el contacto adecuado con el lecho y comprometer la nutrición durante las primeras etapas del prendimiento. La prevención depende de una adecuada hemostasia, adaptación del injerto y fijación estable.

La fenestración, el drenaje apropiado y determinadas estrategias de fijación pueden contribuir a disminuir la acumulación de líquido. La evidencia disponible sobre diferentes técnicas de fijación ha evaluado específicamente su relación con el hematoma, seroma y prendimiento¹⁴˒¹⁵.

Infección:

La infección puede comprometer la integración del injerto y favorecer la pérdida parcial o total del tejido transferido. Su prevención depende de un adecuado manejo de la herida, control de la contaminación, preparación apropiada del lecho y cuidados posoperatorios.

La utilización de presión negativa como método de fijación también ha sido evaluada desde el punto de vista infeccioso. Un metaanálisis reciente analizó específicamente la incidencia de infecciones del sitio quirúrgico en áreas receptoras de injertos tratadas con presión negativa, lo que permite considerar este desenlace dentro de la valoración de esta estrategia¹⁹.

Contractura:

La contractura constituye una complicación particularmente relevante cuando el injerto se coloca sobre articulaciones o regiones funcionalmente importantes. Los STSG presentan mayor tendencia a la contracción secundaria debido a su menor contenido dérmico²˒³.

La selección apropiada del tipo de injerto, la orientación de la reconstrucción y el seguimiento durante la maduración de la cicatriz son elementos importantes para reducir el impacto funcional de esta complicación.

Alteraciones pigmentarias:

Los cambios de pigmentación pueden presentarse durante la evolución de los injertos, especialmente en los STSG. La magnitud de estas alteraciones depende de factores individuales, del grosor del injerto, de la localización anatómica y de la exposición solar.

En áreas visibles, estas modificaciones pueden tener un impacto estético significativo. Por ello, la selección del sitio donante y del tipo de injerto debe considerar la similitud de color y textura con respecto a la piel circundante.

Morbilidad del sitio donante:

El sitio donante constituye una segunda herida quirúrgica y puede presentar dolor, sangrado, infección, retraso de la cicatrización, alteraciones de pigmentación, cicatrices y prurito. Una revisión sistemática de la morbilidad asociada con los sitios donantes de STSG documentó una amplia variedad de complicaciones y puso de manifiesto la importancia de su manejo dentro del proceso reconstructivo²⁰.

Las estrategias dirigidas al manejo del sitio donante incluyen diferentes tipos de apósitos y materiales de cobertura. Una revisión sistemática y metaanálisis encontró que los apósitos biológicos pueden favorecer una epitelización y cicatrización más rápidas que los apósitos no biológicos, aunque no se observaron diferencias claras en infección, exudado o dolor durante los cambios de apósito²¹.

En los últimos años también se han desarrollado nuevas estrategias para optimizar el manejo del sitio donante, incluyendo diferentes materiales de cobertura y protocolos destinados a favorecer la epitelización y reducir la morbilidad asociada con esta segunda herida quirúrgica²².

Estrategias complementarias:

El desarrollo de estrategias complementarias ha permitido optimizar diferentes etapas del proceso de injerto. Estas intervenciones pueden utilizarse para mejorar la fijación, disminuir la formación de colecciones, favorecer el prendimiento o reducir la morbilidad del sitio donante.

Terapia de presión negativa:

La terapia de presión negativa puede utilizarse como método de fijación y protección del injerto. Sus efectos incluyen la estabilización del tejido transferido, la eliminación de líquido del espacio entre el injerto y el lecho y la reducción de las fuerzas de cizallamiento.

La evidencia disponible respalda su utilización en determinados escenarios. Un metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados encontró un mayor porcentaje de prendimiento con presión negativa respecto a métodos convencionales y una menor necesidad de reintervención¹⁸. De manera similar, un metaanálisis en red de diferentes métodos de fijación identificó la presión negativa como la modalidad con mejor desempeño para el porcentaje de prendimiento entre las estrategias comparadas⁵.

A pesar de estos resultados, la selección de la presión y la duración del tratamiento deben individualizarse. La evidencia disponible presenta variabilidad entre los protocolos y no permite establecer un único esquema aplicable a todos los pacientes¹⁸.

Apósitos y compresión:

Los apósitos tienen como objetivos proteger el injerto, controlar el exudado y mantener un contacto adecuado con el lecho. Su selección depende de la localización, tamaño y características de la herida.

La compresión puede contribuir a reducir el movimiento y la acumulación de líquido debajo del injerto. Sin embargo, la evidencia específica sobre su eficacia para mejorar el prendimiento de STSG sigue siendo limitada. Una revisión de alcance identificó pocos estudios y señaló la necesidad de investigaciones prospectivas de mayor tamaño para establecer su utilidad²³.

Plasma rico en plaquetas:

El plasma rico en plaquetas se ha estudiado como tratamiento complementario en los STSG con el objetivo de favorecer la integración y la cicatrización. Los mecanismos propuestos incluyen la liberación local de factores de crecimiento y otros mediadores involucrados en la reparación tisular.

Una revisión sistemática identificó estudios que evaluaron el uso de plasma rico en plaquetas en diferentes resultados relacionados con los injertos, incluyendo el prendimiento, el tiempo de cicatrización, la formación de hematomas y otros parámetros clínicos²⁴.

A pesar del interés en esta estrategia, la heterogeneidad de los protocolos utilizados y el número limitado de estudios disponibles deben considerarse al interpretar la evidencia. Por ello, su utilización debe considerarse complementaria y no sustituye la adecuada preparación del lecho, la técnica quirúrgica y la fijación del injerto²⁴.

Estrategias regenerativas y sustitutos cutáneos:

El desarrollo de sustitutos cutáneos y estrategias destinadas a favorecer la vascularización y regeneración tisular representa un campo de investigación en expansión. Estas alternativas buscan superar algunas de las limitaciones asociadas con la disponibilidad de tejido donante y mejorar la cobertura de heridas extensas o complejas²⁵.

Aunque estas tecnologías pueden ampliar las opciones reconstructivas, la evidencia disponible todavía presenta heterogeneidad y muchas de estas estrategias permanecen en etapas de desarrollo o evaluación clínica. Por ello, deben considerarse como complementarias a las técnicas convencionales y seleccionarse de acuerdo con las características de cada paciente.

Técnica de Meek:

La técnica de Meek constituye una estrategia de expansión de STSG especialmente útil en pacientes con grandes superficies que requieren cobertura y disponibilidad limitada de piel donante. Mediante la fragmentación controlada del injerto se obtiene una mayor superficie de cobertura respecto al área originalmente cosechada.

Su principal aplicación se encuentra en pacientes con quemaduras extensas, en quienes la disponibilidad de sitios donantes representa una de las principales limitaciones para lograr una cobertura definitiva. Una revisión de sus resultados identificó su utilidad potencial para aumentar la superficie de cobertura, aunque también señaló que la calidad metodológica de los estudios disponibles es limitada y que todavía se requieren investigaciones comparativas de mayor calidad¹¹.

La técnica de Meek debe considerarse dentro de un conjunto de estrategias destinadas a maximizar la superficie de cobertura disponible y no como sustituto universal de otras modalidades de expansión o cobertura.

Consideraciones según localización anatómica:

La selección y manejo del injerto deben adaptarse a las características de cada región anatómica. El mismo tipo de injerto puede presentar resultados diferentes dependiendo de las demandas funcionales, movilidad, exposición y características de la piel circundante.

En la cara, la prioridad suele ser obtener una cobertura con características estéticas adecuadas, particularmente en relación con color, textura, grosor y contracción. Los FTSG pueden ser útiles para defectos pequeños y bien delimitados, mientras que los STSG pueden emplearse en defectos de mayor superficie cuando las condiciones del lecho lo permiten²˒³.

En las manos, la función adquiere especial importancia. La contracción secundaria puede afectar la movilidad de los dedos o las articulaciones, por lo que debe considerarse cuidadosamente el tipo de injerto y la estrategia de cobertura. En defectos seleccionados, los FTSG pueden proporcionar una cobertura estable con menor tendencia a la contracción²˒³.

En las extremidades inferiores, las condiciones vasculares y la calidad de los tejidos pueden representar factores determinantes. La insuficiencia arterial o venosa, el edema, la infección y las características de la herida pueden comprometer el prendimiento. En estos pacientes, la evaluación vascular y la preparación adecuada del lecho deben preceder a la colocación del injerto¹³. Asimismo, determinados factores sistémicos y la localización en el pie se han asociado con un mayor riesgo de falla de STSG⁴.

En las áreas cercanas a articulaciones, la prevención de la contractura constituye un objetivo fundamental. La selección del grosor del injerto, su orientación y el manejo posterior deben plantearse considerando el movimiento de la región y el riesgo de pérdida funcional²˒³.

En las áreas extensas de quemadura, los STSG ofrecen ventajas por la posibilidad de obtener mayores superficies de cobertura y expandir el tejido mediante mallado. Cuando la disponibilidad de piel donante es limitada, pueden utilizarse técnicas de expansión como la técnica de Meek¹¹.

En términos generales, la localización anatómica no debe considerarse de manera aislada. La elección final debe integrar la profundidad y extensión del defecto, las demandas funcionales y estéticas y la disponibilidad de tejido donante.

CONCLUSIONES

Los injertos cutáneos continúan siendo una herramienta fundamental de la cirugía reconstructiva debido a su versatilidad, disponibilidad y capacidad para proporcionar cobertura definitiva de una amplia variedad de defectos. Su utilización comprende escenarios tan diversos como quemaduras, traumatismos, defectos posteriores a resecciones tumorales y heridas complejas.

La elección entre injertos de espesor parcial (STSG) y de espesor total (FTSG) debe individualizarse de acuerdo con la localización, extensión y profundidad del defecto, las características del lecho receptor, las necesidades funcionales y estéticas y la disponibilidad de tejido donante. Los STSG ofrecen ventajas para la cobertura de superficies extensas y permiten una mayor expansión del tejido, mientras que los FTSG pueden ser particularmente útiles en defectos pequeños y en regiones donde la estabilidad dimensional, la calidad de la cobertura y la menor contracción secundaria son relevantes.

El éxito del procedimiento depende de una adecuada preparación del lecho receptor, una técnica cuidadosa de obtención y colocación, una fijación estable y la prevención de complicaciones como hematomas, seromas e infección. La integración del injerto constituye un proceso progresivo que depende de la adecuada interacción entre el tejido transferido y el lecho receptor.

En definitiva, los resultados dependen de un enfoque integral que incluya la valoración del defecto, la selección del injerto, la preparación del lecho, una técnica precisa, una fijación apropiada y un seguimiento dirigido a las complicaciones.

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