- Elena Gay Fernández.Graduada en Enfermería. Hospital Miguel Servet. Cardiología. Zaragoza, España.
- Julia Aranda Pascual. Graduada en Enfermería. Centro de salud Delicias Sur, Zaragoza, España.
- María del Pilar Galochino Azores. Graduada en Enfermería. Hospital Miguel Servet. Consultas Externas de oftalmología. Zaragoza, España.
- Pablo Abad Marín. Graduado en Enfermería. Hospital Royo Villanova. Pool. Zaragoza, España.
- Julia Arranz Barrio. Graduada en Enfermería. Hospital Miguel Servet, Quirófano, Zaragoza, España
- Lucía Gálligo Andrea. Graduada en Enfermería. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Urgencias. Zaragoza, España.
RESUMEN
La enfermedad de Lyme es una infección multisistémica causada por la espiroqueta Borrelia burgdorferi, transmitida por garrapatas del género Ixodes. Representa la zoonosis transmitida por garrapatas más común en el hemisferio norte, con una creciente incidencia global. Se manifiesta en tres fases clínicas: localizada temprana, diseminada temprana y tardía o crónica, con síntomas que incluyen desde eritema migratorio hasta artritis, afectación neurológica y cardíaca. El diagnóstico combina criterios clínicos, epidemiológicos y serológicos, con limitaciones en las fases iniciales. El tratamiento se basa en antibióticos como doxiciclina o ceftriaxona, siendo más eficaz en fases tempranas. También se describen formas clínicas en animales, especialmente perros. La prevención incluye medidas físicas, ambientales y vacunación veterinaria. El trabajo subraya la importancia del reconocimiento clínico temprano, la vigilancia epidemiológica y la educación sanitaria para reducir su impacto.
PALABRAS CLAVE
Picaduras de garrapata, zoonosis, Borrelia burgdorferi, artritis.
ABSTRACT
Lyme disease is a multisystemic infection caused by the spirochete Borrelia burgdorferi, transmitted by ticks of the Ixodes genus. It is the most common tick-borne zoonosis in the Northern Hemisphere and is increasingly prevalent worldwide. The disease progresses through three clinical stages—early localized, early disseminated, and late or chronic—with symptoms ranging from erythema migrans to arthritis, neurologic, and cardiac involvement. Diagnosis relies on clinical, epidemiological, and serological criteria, with limited utility of testing in early stages. Treatment primarily involves antibiotics such as doxycycline or ceftriaxone, with best outcomes in early intervention. Clinical manifestations in animals, particularly dogs, are also noted. Prevention focuses on personal protection, environmental control, and veterinary vaccination. This work highlights the importance of early clinical recognition, epidemiological surveillance, and health education in mitigating the disease’s burden.
KEY WORDS
Tick bites, zoonoses, Borrelia burgdorferi, arthritis.
DESARROLLO DEL TEMA
La enfermedad de Lyme (EL), o borreliosis de Lyme, representa una de las enfermedades infecciosas emergentes de mayor relevancia en el ámbito de la salud pública mundial. Causada por la espiroqueta Borrelia burgdorferi sensu lato, su distribución está vinculada a la presencia de garrapatas del género Ixodes, vectores obligados cuya ecología define la geografía de la enfermedad. Su diagnóstico y tratamiento oportunos resultan fundamentales para prevenir complicaciones crónicas1,2.
En Estados Unidos, se notifican oficialmente más de 30,000 casos anuales, aunque se estima que la cifra real supera los 300,000. En Europa se registran alrededor de 65,000 casos por año, con una distribución ligada al hábitat del vector Ixodes ricinus2. Otros vectores relevantes incluyen I. scapularis en Norteamérica, I. persulcatus en Asia y I. pacificus en la costa oeste de EE.UU. Las zonas endémicas se amplían debido a cambios climáticos, la urbanización, la reforestación y el crecimiento de poblaciones de hospedadores como ciervos. Existe un patrón bimodal de incidencia por edad, afectando con mayor frecuencia a niños de 5 a 14 años y adultos de 45 a 541,3.
En cuanto a la patogenia y transmisión, el ciclo de vida de las garrapatas comprende cuatro etapas: huevo, larva, ninfa y adulto. La transmisión a humanos ocurre principalmente durante la fase de ninfa, al presentar un tamaño pequeño que dificulta su detección. Para que la transmisión sea efectiva, la garrapata debe estar adherida entre 36 y 72 horas (2) (3). Durante la alimentación, las espiroquetas migran desde el intestino medio de la garrapata hacia sus glándulas salivales, siendo inyectadas en el hospedador. La bacteria puede diseminarse vía sanguínea o linfática hacia tejidos como piel, articulaciones, corazón y sistema nervioso. Su patogenicidad se basa en su capacidad de evadir la inmunidad mediante el cambio antigénico y el mimetismo molecular, lo que también podría explicar fenómenos autoinmunes4.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS:
En humanos, la enfermedad de Lyme se clasifica en tres fases clínicas progresivas: enfermedad localizada temprana, enfermedad diseminada temprana y enfermedad tardía o crónica. A pesar de que un pequeño porcentaje de pacientes (1,6% a 7%) puede permanecer asintomático, la mayoría desarrolla síntomas clínicos, siendo el eritema migratorio (EM) la manifestación inicial más frecuente1.
Localizada temprana: Ocurre de 3 a 30 días postpicadura. El signo clásico es el eritema migratorio (EM), una lesión cutánea en expansión con centro aclarado. Se acompaña de fiebre, mialgias y cefalea. Suele desaparecer espontáneamente, aunque puede haber recurrencias2,5.
Diseminada temprana: Aparece semanas después. Puede incluir EM múltiples, parálisis facial, meningitis linfocitaria, miocarditis o bloqueos auriculoventriculares. En articulaciones, se observa artritis migratoria. La afección ocular y el linfocitoma borrelial también son posibles2,3.
Tardía o crónica: Meses o años después de la infección. Se caracteriza por artritis crónica, encefalopatía, trastornos cognitivos, depresión y acrodermatitis crónica atrófica (ACA), especialmente en mujeres mayores en Europa2,3.
En animales: Los perros son los animales domésticos más afectados. Presentan fiebre, letargo, poliartritis y linfadenopatía. En casos raros, desarrollan glomerulopatía. En gatos, no hay evidencia de enfermedad clínica natural1.
DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico se basa en criterios clínicos y antecedentes de exposición. La serología sigue un protocolo de dos pasos: ELISA y Western Blot. Las IgM aparecen en fases tempranas, pero son poco específicas; las IgG predominan en fases tardías. En casos de neuroborreliosis, la detección de anticuerpos intratecales es clave. La PCR y el análisis del líquido sinovial pueden ser útiles en casos de artritis. El diagnóstico diferencial incluye enfermedades virales, reumáticas y otras infecciones bacterianas1,3,5.
TRATAMIENTO:
El tratamiento debe iniciarse lo antes posible. En fases tempranas, se recomienda doxiciclina (100 mg cada 12 h por 10 a 21 días) o amoxicilina. En casos graves, ceftriaxona IV (2 g/día por 2 a 3 semanas). A pesar del tratamiento, entre el 10-20% de los pacientes puede desarrollar síndrome post-tratamiento de Lyme (fatiga persistente, dolor musculoesquelético y alteraciones cognitivas). Es importante vigilar la reacción de Jarisch-Herxheimer al iniciar antibióticos1,2.
PREVENCIÓN:
La prevención de la enfermedad de Lyme en humanos y animales se fundamenta en la reducción de la exposición a garrapatas, principales vectores de Borrelia burgdorferi. En humanos, las medidas preventivas incluyen evitar zonas con alta infestación de garrapatas, utilizar ropa protectora adecuada —como mangas largas y pantalones metidos en los calcetines—, y aplicar repelentes acaricidas, principalmente aquellos que contienen dietiltoluamida (DEET). La inspección minuciosa del cuerpo, la ropa y las mascotas para detectar y remover garrapatas dentro de las primeras 36 a 48 horas tras la exposición es crucial para reducir el riesgo de transmisión, dado que la transmisión de la infección se considera poco probable si la extracción se realiza antes de las 48 horas. Además, se recomienda bañarse dentro de las dos horas posteriores a actividades al aire libre en zonas endémicas1.
En cuanto a la prevención química, no se aconseja la quimioprofilaxis rutinaria después de una picadura, enfatizando la importancia de la educación sanitaria para minimizar el riesgo de picaduras, fomentar la consulta temprana ante síntomas compatibles y promover la adherencia a los tratamientos recomendados. Se debe informar a los pacientes sobre la naturaleza prolongada del curso clínico en ausencia de un tratamiento adecuado y la ausencia de inmunidad duradera tras un episodio de eritema migratorio2.
En el ámbito veterinario, la vacunación contra la enfermedad de Lyme está disponible para perros, utilizando bacterinas inactivadas o vacunas recombinantes dirigidas a la proteína OspA, con formulaciones específicas para distintas regiones, como B. garinii y B. afzelii en Europa y B. burgdorferi en Estados Unidos. La eficacia de estas vacunas depende de mantener niveles elevados de anticuerpos contra OspA, que actúan principalmente dentro de la garrapata para prevenir la transmisión. Por ello, se recomienda un esquema de vacunación que incluye dos dosis iniciales con intervalo de 3 a 4 semanas, un refuerzo a los seis meses y dosis anuales subsecuentes1.
Complementariamente, las medidas ambientales son fundamentales para el control de las poblaciones de garrapatas y la reducción de su contacto con humanos y animales. Entre estas, se incluyen la instalación de cercas para limitar la intrusión de ciervos y otros animales hospedadores, la limpieza de áreas con hojarasca y leña, y la aplicación de acaricidas como carbaryl o deltametrina en zonas de riesgo3.
CONCLUSIÓN
La enfermedad de Lyme es una patología infecciosa compleja cuya incidencia va en aumento. Su manejo efectivo requiere diagnóstico clínico temprano, tratamiento oportuno y estrategias preventivas adecuadas. La conciencia sanitaria, tanto en la población general como en el ámbito clínico y veterinario, es esencial para limitar su propagación y reducir la carga de enfermedad crónica asociada.
BIBLIOGRAFÍA
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