AUTORES
- Lorena Cano González. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
- Cristina Georgiana Ungureanu Ungureanu. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
- Virginia Ortiz Castán. Enfermera. Clínica Viamed Montecanal, Zaragoza, España.
- Alba Bernad Notivol. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
- Clara Belenguer Pascual. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
RESUMEN
El dolor torácico constituye un motivo de consulta frecuente en los servicios de urgencias y exige una valoración sistemática, ya que puede corresponder tanto a procesos benignos como a enfermedades potencialmente graves. Se presenta el análisis monográfico de un caso atendido en urgencias hospitalarias: varón de 67 años con antecedente de hipertensión arterial que consultó por dolor torácico fijo, localizado en región costal izquierda e irradiado hacia la espalda, de aproximadamente una semana de evolución, sin relación con el esfuerzo y sin clínica respiratoria acompañante. La valoración incluyó anamnesis, exploración física, electrocardiograma, analítica sanguínea con troponina, radiografía de tórax y radiografía abdominal. No se identificaron alteraciones electrocardiográficas agudas, elevación de biomarcadores de daño miocárdico ni hallazgos radiológicos torácicos relevantes. Tras tratamiento sintomático intravenoso se observó mejoría clínica, estableciéndose como impresión diagnóstica un dolor torácico de probable origen osteomuscular y procediéndose al alta con analgesia, medidas locales, seguimiento en Atención Primaria y educación sobre signos de alarma. El caso permite revisar la importancia del diagnóstico diferencial, la estratificación del riesgo y la participación del personal de Enfermería en la vigilancia, el control del dolor, la seguridad farmacológica y la educación sanitaria al alta.
PALABRAS CLAVE
Dolor torácico, urgencias, dolor musculoesquelético, electrocardiografía, troponina, cuidados de Enfermería, seguridad del paciente.
ABSTRACT
Chest pain is a frequent reason for consultation in emergency departments and requires systematic assessment, as it may stem from either benign conditions or potentially serious diseases. This paper presents a case study of a patient treated in the hospital emergency department: a 67-year-old male with a history of hypertension who presented with persistent chest pain localized to the left rib area and radiating to the back. The pain had been present for approximately one week, was unrelated to exertion, and was not accompanied by respiratory symptoms. Assessment included medical history, physical examination, electrocardiogram, blood tests (including troponin), and chest and abdominal X-rays. No acute electrocardiographic abnormalities, elevated myocardial damage biomarkers, or significant thoracic radiological findings were identified. Following intravenous symptomatic treatment, the patient’s clinical condition improved; a diagnosis of chest pain of probable musculoskeletal origin was established, and the patient was discharged with analgesia, local care measures, a plan for primary care follow-up, and education regarding warning signs. This case highlights the importance of differential diagnosis, risk stratification, and the role of nursing staff in monitoring, pain management, medication safety, and patient education at discharge.
KEY WORDS
Chest pain, emergency services, musculoskeletal pain, electrocardiography, troponin, nursing care, patient safety.
INTRODUCCIÓN
El dolor torácico supone un reto clínico porque una misma manifestación puede aparecer en enfermedades cardiovasculares, respiratorias, digestivas, musculoesqueléticas o incluso en determinados cuadros de origen psicógeno. En urgencias, la prioridad inicial no consiste únicamente en identificar la causa más probable, sino en descartar de forma razonada aquellas entidades en las que un retraso diagnóstico podría tener consecuencias graves. Entre ellas destacan el síndrome coronario agudo, la disección aórtica, el tromboembolismo pulmonar, el neumotórax y otras afecciones cardiopulmonares relevantes1,2.
Las guías contemporáneas recomiendan integrar las características del dolor, los antecedentes y factores de riesgo, la exploración física, el electrocardiograma y la determinación de troponina cardiaca cuando existe sospecha de síndrome coronario agudo. Un electrocardiograma sin cambios isquémicos, por sí solo, no excluye un evento coronario; del mismo modo, la interpretación de la troponina debe realizarse teniendo en cuenta la presentación clínica y el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas1-4. La radiografía de tórax puede resultar útil cuando se pretende valorar diagnósticos alternativos, como neumonía, neumotórax o edema pulmonar3.
Cuando la evaluación no muestra datos de isquemia miocárdica ni otra enfermedad grave y las características clínicas son compatibles, el origen musculoesquelético adquiere mayor probabilidad. Este tipo de dolor suele relacionarse con estructuras de la pared torácica y puede presentar localización precisa, persistencia o características mecánicas, aunque ningún dato aislado debe sustituir una valoración clínica completa5. En este contexto, el personal de Enfermería desempeña un papel relevante en la valoración inicial, monitorización, administración segura del tratamiento, reevaluación del dolor y preparación del alta.
OBJETIVOS
Objetivo general: analizar el proceso de valoración, diagnóstico diferencial, tratamiento y cuidados asociados a un episodio de dolor torácico de probable origen osteomuscular atendido en un servicio hospitalario de urgencias.
Objetivos específicos: describir los hallazgos clínicos y las pruebas complementarias realizadas; relacionar la actuación asistencial con las recomendaciones disponibles para la evaluación del dolor torácico; identificar elementos que apoyan un origen no coronario del cuadro; y destacar las intervenciones del personal de Enfermería orientadas a la vigilancia clínica, el alivio sintomático, la seguridad y la educación sanitaria al alta.
MÉTODOS
Se realizó una revisión monográfica descriptiva a partir de un informe de alta de urgencias fechado el 25 de julio de 2026. Para preservar la confidencialidad, se omitieron del artículo los datos identificativos de la persona atendida y del personal sanitario. Se extrajeron únicamente los datos clínicos necesarios para comprender el episodio: antecedentes, motivo de consulta, características del dolor, exploración, constantes, pruebas complementarias, tratamiento, evolución, impresión diagnóstica y recomendaciones al alta.
La discusión se apoyó en guías de práctica clínica y documentos científicos de referencia sobre dolor torácico y síndrome coronario agudo. La información del caso se contrastó con las recomendaciones de la American Heart Association y el American College of Cardiology, la European Society of Cardiology, el National Institute for Health and Care Excellence y la definición universal de infarto de miocardio, además de literatura clínica sobre dolor musculoesquelético de la pared torácica1-5. El trabajo tiene finalidad académica y descriptiva y no pretende sustituir la valoración clínica individual.
RESULTADOS
El caso corresponde a un varón de 67 años que acudió por dolor torácico fijo en región costal izquierda, situado inmediatamente por debajo de la región mamaria y con irradiación hacia la espalda. El cuadro llevaba aproximadamente una semana de evolución y no se relacionaba con traumatismo ni esfuerzo físico. Había sido valorado previamente en Atención Primaria y había recibido paracetamol, con mejoría únicamente transitoria. El dolor aumentaba en decúbito y no se acompañaba de disnea, síntomas catarrales, fiebre ni cambios relevantes del ritmo intestinal. Refería náuseas sin vómitos.
Entre sus antecedentes constaban hipertensión arterial, epigastralgia, hernia de hiato, neumonía previa no relacionada con enfermedad por coronavirus, urticaria inmediata a amoxicilina y antecedentes quirúrgicos de colecistectomía y apendicectomía. En la medicación habitual figuraban, entre otros tratamientos, amlodipino, omeprazol, budesonida nasal, broncodilatadores y otros fármacos de uso crónico. Se documentaban alergias a penicilina y amoxicilina.
A la llegada se registró una presión arterial de 189/81 mmHg, frecuencia cardiaca de 71 latidos por minuto, temperatura de 36,7 °C y saturación de oxígeno del 97 %. La persona se encontraba consciente y orientada, con puntuación 15 en la escala de Glasgow. La auscultación cardiaca mostró tonos rítmicos sin soplos audibles y la exploración respiratoria describió crepitantes finos en la base derecha. En la exploración abdominal se observaron molestias a la palpación en hipocondrio y flanco izquierdos, sin defensa ni signos de irritación peritoneal. No se objetivaron edemas ni signos clínicos de trombosis venosa profunda.
El electrocardiograma mostró ritmo sinusal a 60 latidos por minuto, sin alteraciones agudas de la repolarización. En la analítica destacaron glucosa de 139 mg/dL, urea de 31 mg/dL, creatinina de 1,07 mg/dL, sodio de 142,5 mmol/L, potasio de 4,3 mmol/L y filtrado glomerular estimado de 71 mL/min. La troponina T fue de 5,6, sin datos consignados de elevación compatible con lesión miocárdica aguda. La proteína C reactiva fue inferior a 0,1 y la procalcitonina de 0,03. El hemograma no mostró anemia ni alteraciones relevantes y el estudio de coagulación se encontraba dentro de parámetros descritos como normales en el informe. El equilibrio ácido-base tampoco mostró alteraciones significativas.
La radiografía de tórax no evidenció alteraciones pleuroparenquimatosas y la radiografía abdominal mostró luminograma intestinal inespecífico. Durante la estancia se administraron paracetamol intravenoso y metoclopramida intravenosa, con mejoría clínica posterior. Ante la evolución favorable y la ausencia de alteraciones relevantes en las pruebas realizadas, se estableció como impresión diagnóstica dolor torácico de probable origen osteomuscular. Se indicó alta domiciliaria con dexketoprofeno durante cinco días alternado con paracetamol, aplicación de calor seco local, control por Atención Primaria y retorno a urgencias ante aparición de signos o síntomas de alarma.
DISCUSIÓN
La valoración del caso muestra un enfoque dirigido, en primer lugar, a descartar causas potencialmente graves. La edad y el antecedente de hipertensión arterial justificaban mantener una adecuada sospecha cardiovascular, aunque el patrón descrito presentaba elementos menos característicos de angina: dolor fijo de una semana de evolución, ausencia de relación con el esfuerzo y falta de síntomas vegetativos o disnea significativa. Las recomendaciones actuales insisten en no clasificar el dolor únicamente como “típico” o “atípico”, sino en describir sus características y estimar la probabilidad de etiologías amenazantes para la vida mediante la integración de todos los datos disponibles1,2.
La realización de electrocardiograma y determinación de troponina resulta coherente con la evaluación de una posible etiología coronaria. El diagnóstico de infarto de miocardio requiere evidencia de lesión miocárdica aguda, habitualmente demostrada mediante un ascenso o descenso de troponina con al menos un valor por encima del percentil 99, junto con datos clínicos, electrocardiográficos o de imagen compatibles con isquemia4. En el caso analizado no se describieron alteraciones agudas de repolarización ni elevación de troponina sugestiva de lesión miocárdica. Además, el tiempo de evolución aproximado de una semana aporta un contexto relevante para interpretar el biomarcador, aunque la decisión diagnóstica siempre debe integrar el conjunto de la presentación clínica2-4.
La radiografía de tórax sin alteraciones pleuroparenquimatosas disminuyó la probabilidad de algunas causas respiratorias evidentes, especialmente en ausencia de fiebre, hipoxemia o clínica respiratoria acompañante. Las guías contemplan la radiografía como una prueba útil para explorar diagnósticos alternativos cuando el contexto lo requiere, pero no como herramienta para excluir por sí sola un síndrome coronario agudo3. Los crepitantes finos descritos en la base pulmonar derecha no se acompañaron de hipoxemia ni de hallazgos radiológicos agudos, por lo que no modificaron la orientación final reflejada en el informe.
El diagnóstico de probable origen osteomuscular debe entenderse como una conclusión clínica tras valorar el patrón del dolor y descartar razonablemente otras causas. Los cuadros musculoesqueléticos de la pared torácica son frecuentes y pueden producir dolor localizado, persistente o relacionado con determinadas posiciones y movimientos. Sin embargo, la reproducibilidad o las características mecánicas no deben utilizarse de manera aislada para excluir una causa cardiovascular, especialmente en personas con factores de riesgo5. En este caso, la combinación de una evolución prolongada, ausencia de desencadenante por esfuerzo, pruebas cardiacas sin hallazgos agudos, radiografía torácica no patológica y mejoría con analgesia favoreció la orientación recogida al alta.
Desde la perspectiva enfermera, el episodio presenta varios puntos de interés. La primera responsabilidad es una valoración ordenada que permita reconocer cambios en el estado general, intensidad y características del dolor, frecuencia cardiaca, presión arterial, saturación de oxígeno y aparición de nuevos síntomas. El control evolutivo es particularmente importante porque la presentación clínica puede modificarse durante la estancia. El National Institute for Health and Care Excellence recomienda monitorizar a las personas con dolor torácico agudo atendiendo a la evolución del dolor, constantes, ritmo cardíaco, saturación y respuesta a la analgesia mientras se establece el diagnóstico3.
También resulta relevante la seguridad farmacológica. El informe registra alergia a penicilina y amoxicilina, información que debe verificarse y mantenerse visible durante el proceso asistencial. Tras administrar medicación intravenosa, el personal de Enfermería debe valorar tolerancia, efecto terapéutico y posibles reacciones adversas. En el alta, la explicación de la pauta analgésica debe ser comprensible, especialmente cuando se alternan medicamentos, para reducir errores de dosificación. La educación sanitaria debe incluir asimismo las medidas locales prescritas, el seguimiento en Atención Primaria y la identificación de síntomas que requieran una nueva valoración urgente.
La presión arterial inicial, de 189/81 mmHg, constituye otro dato que merece seguimiento. Una cifra aislada elevada en un contexto de dolor no permite establecer por sí misma una descompensación hipertensiva con lesión aguda de órgano diana; no obstante, en una persona con hipertensión conocida debe favorecer la reevaluación y el control posterior. El propio informe recomendó seguimiento por Atención Primaria, medida coherente con la necesidad de revisar la evolución del dolor y el control de los factores de riesgo cardiovascular.
Como limitación, este trabajo se basa en un único informe clínico y, por tanto, depende de la información consignada en él. No se dispone de seguimiento posterior, escala cuantitativa del dolor ni de una estratificación de riesgo formal documentada. Tampoco puede inferirse que el mismo proceso diagnóstico sea aplicable de forma idéntica a otras personas con dolor torácico. Su utilidad reside en analizar de manera crítica un episodio asistencial real y relacionarlo con principios actuales de evaluación y seguridad clínica.
CONCLUSIONES
El dolor torácico requiere una valoración estructurada que priorice la exclusión de enfermedades tiempo-dependientes antes de atribuir los síntomas a una causa benigna. En el caso analizado, la anamnesis, la exploración física, el electrocardiograma, la analítica con troponina y las pruebas radiológicas no mostraron datos que orientaran hacia un síndrome coronario agudo u otra causa cardiopulmonar evidente, mientras que la evolución y la respuesta al tratamiento apoyaron el diagnóstico de dolor torácico de probable origen osteomuscular.
El alta domiciliaria debe formar parte del proceso asistencial y no considerarse un mero trámite. La explicación de la pauta terapéutica, la comprobación de la comprensión, el seguimiento por Atención Primaria y la información sobre signos de alarma contribuyen a una atención segura. El personal de Enfermería ocupa una posición esencial en este proceso mediante la vigilancia clínica, la administración y reevaluación del tratamiento, la prevención de errores y la educación sanitaria individualizada.
BIBLIOGRAFÍA
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NOTAS EXTRAÍDAS DEL INFORME CLÍNICO:
Página 1. Motivo de consulta: dolor torácico sin especificar. Antecedentes relevantes: hipertensión arterial, epigastralgia, hernia de hiato, neumonía previa, urticaria inmediata a amoxicilina, colecistectomía y apendicectomía. Dolor fijo en región costal izquierda con irradiación dorsal, de una semana de evolución, sin relación con esfuerzo o traumatismo; empeoramiento en decúbito; náuseas sin vómitos; ausencia de disnea, clínica catarral, fiebre o cambios deposicionales relevantes. Constantes iniciales: presión arterial 189/81 mmHg, frecuencia cardiaca 71 latidos por minuto, temperatura 36,7 °C y saturación de oxígeno 97 %. Persona consciente y orientada, Glasgow 15. Se omiten deliberadamente datos identificativos.
Página 2. Electrocardiograma: ritmo sinusal a 60 latidos por minuto, sin alteraciones agudas de repolarización. Analítica sin hallazgos que orienten a lesión miocárdica aguda; troponina T consignada en 5,6. Proteína C reactiva inferior a 0,1 y procalcitonina 0,03. Radiografía de tórax sin alteraciones pleuroparenquimatosas; radiografía abdominal con luminograma intestinal inespecífico. Tratamiento en urgencias: paracetamol intravenoso y metoclopramida intravenosa. Evolución favorable. Impresión diagnóstica: dolor torácico de probable origen osteomuscular. Alta con dexketoprofeno durante cinco días alternado con paracetamol, calor seco local, control por Atención Primaria y recomendaciones de retorno ante signos de alarma.