AUTORES
- Adrián Cubas Esteban. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Ines Gracia Abril. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Mari Mar Marco Martín. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Iratxe Goded Navarrete. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Jennifer Polo Soriano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Cristina Hernández Romano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El consumo crónico y elevado de alcohol constituye un factor que puede afectar negativamente al estado nutricional. Su relación con la desnutrición se explica por diferentes mecanismos, como una ingesta alimentaria insuficiente, la sustitución de alimentos nutritivos por bebidas alcohólicas y las alteraciones en la absorción y utilización de nutrientes. Además, las personas con un consumo mantenido de alcohol pueden presentar déficits de vitaminas y minerales, pérdida de masa muscular y deterioro progresivo de su estado nutricional.
La valoración del consumo mediante gramos de alcohol y Unidades de Bebida Estándar (UBE), junto con herramientas como el cuestionario AUDIT, permite identificar patrones de consumo de riesgo. Por otro lado, la valoración nutricional debe tener en cuenta la evolución del peso, la ingesta, la masa muscular y otros factores relacionados con la desnutrición, ya que un peso aparentemente normal no descarta la existencia de déficits nutricionales.
Enfermería desempeña un papel fundamental en la detección precoz del riesgo nutricional y en el seguimiento de las personas con consumo crónico de alcohol. La educación sanitaria, la valoración de los hábitos alimentarios, el control de la evolución nutricional y el apoyo para reducir el consumo de alcohol, junto con la coordinación con otros profesionales, permiten desarrollar una atención individualizada orientada a prevenir la desnutrición y sus posibles complicaciones.
PALABRAS CLAVE
Alcoholismo, consumo de bebidas alcohólicas, desnutrición, deficiencias nutricionales, estado nutricional, evaluación nutricional, cuidados de enfermería y trastornos relacionados con sustancias.
ABSTRACT
Chronic and heavy alcohol consumption is a factor that can negatively affect nutritional status. Its relationship with malnutrition can be explained by different mechanisms, such as inadequate food intake, the replacement of nutritious foods with alcoholic beverages, and alterations in the absorption and utilization of nutrients. In addition, people with sustained alcohol consumption may experience vitamin and mineral deficiencies, loss of muscle mass, and progressive deterioration of their nutritional status.
Assessing alcohol consumption in terms of grams of alcohol and Standard Drink Units (SDUs), together with tools such as the AUDIT questionnaire, helps identify patterns of risky alcohol use. On the other hand, nutritional assessment should take into account changes in body weight, dietary intake, muscle mass, and other factors related to malnutrition, as apparently normal body weight does not rule out the presence of nutritional deficiencies.
Nursing plays a key role in the early detection of nutritional risk and in the follow-up of people with chronic alcohol consumption. Health education, assessment of dietary habits, monitoring of nutritional status, and support to reduce alcohol consumption, together with coordination with other healthcare professionals, allow for individualized care aimed at preventing malnutrition and its potential complications.
KEY WORDS
Alcoholism, alcohol drinking, malnutrition, nutritional deficiencies, nutritional status, nutrition assessment, nursing care, and substance-related disorders.
INTRODUCCIÓN
El consumo de alcohol constituye un importante problema de salud pública. En España, según los últimos datos disponibles de la encuesta EDADES, el alcohol continúa siendo una de las sustancias psicoactivas más consumidas por la población adulta. La elevada frecuencia de consumo y la presencia de patrones de consumo de riesgo hacen que sus consecuencias sobre la salud tengan una importante repercusión tanto a nivel individual como sanitario1.
El consumo mantenido y elevado de alcohol puede afectar al estado nutricional a través de diferentes mecanismos. Puede desplazar el consumo de alimentos nutritivos, disminuir el apetito, alterar la digestión y absorción intestinal y modificar el metabolismo y la utilización de diferentes nutrientes. Como consecuencia, las personas con un consumo crónico y elevado presentan mayor riesgo de desarrollar déficits de vitaminas y minerales, pérdida de masa muscular y desnutrición2,3.
Este problema adquiere especial importancia desde Enfermería, ya que el deterioro nutricional puede aparecer de forma progresiva y pasar desapercibido. La valoración de la cantidad y frecuencia del consumo de alcohol, junto con el seguimiento del peso, la ingesta, la pérdida de masa muscular y otros indicadores nutricionales, permite identificar precozmente a las personas en riesgo y establecer medidas preventivas4,5.
OBJETIVOS
General:
Analizar la relación entre el consumo crónico de alcohol y el riesgo de desnutrición, destacando el papel de Enfermería en su prevención y detección precoz.
Específicos:
- Identificar cómo el consumo crónico de alcohol puede favorecer el desarrollo de desnutrición.
- Describir los principales métodos utilizados para valorar el consumo de alcohol y el estado nutricional.
- Determinar las principales intervenciones de Enfermería dirigidas a detectar y prevenir el deterioro nutricional en personas con consumo crónico de alcohol.
MATERIAL Y MÉTODO
Se ha llevado a cabo una revisión bibliográfica sistemática sobre la relación entre el consumo crónico de alcohol y el riesgo de desnutrición, prestando especial atención a la valoración nutricional y al papel de Enfermería. Las bases de datos consultadas fueron PubMed, Scielo, CINAHL y Dialnet.
La pregunta de investigación se formuló mediante la estrategia PICO:
- P (Paciente/población): adultos con consumo crónico de alcohol.
- I (Intervención/exposición): consumo crónico y elevado de alcohol.
- C (Comparación): adultos sin consumo crónico de alcohol.
- O (Resultados): riesgo de desnutrición y aparición de déficits nutricionales.
Pregunta de investigación: En adultos con consumo crónico de alcohol, ¿el consumo mantenido y elevado de alcohol, en comparación con adultos sin consumo crónico, se relaciona con un mayor riesgo de desnutrición y déficits nutricionales?
Las palabras clave utilizadas, presentes en DeCS, fueron: alcoholismo, consumo de bebidas alcohólicas, desnutrición, deficiencias nutricionales, estado nutricional, evaluación nutricional, cuidados de enfermería y trastornos relacionados con sustancias. Se combinaron mediante los operadores booleanos AND y OR.
La búsqueda se limitó a los últimos cinco años (2021-2026). Se incluyeron artículos publicados en español o inglés, con texto completo y acceso gratuito, relacionados con el consumo de alcohol, el estado nutricional, la desnutrición o las intervenciones de Enfermería. Se excluyeron artículos duplicados, estudios exclusivamente pediátricos, publicaciones que no abordaran la relación entre alcohol y nutrición y documentos sin acceso al texto completo
RESULTADOS
Conceptos relacionados con el consumo de alcohol y la desnutrición:
El consumo crónico de alcohol hace referencia a un consumo mantenido en el tiempo que puede producir consecuencias perjudiciales para la salud. Sin embargo, no existe una cantidad concreta de alcohol que permita, por sí sola, establecer que una persona es un “consumidor crónico”. Por ello, es necesario valorar tanto la cantidad y frecuencia del consumo como la existencia de consecuencias relacionadas con este 1,6.
Para cuantificar el consumo se utilizan los gramos de alcohol puro o las Unidades de Bebida Estándar (UBE). En España, el consumo de alcohol puede expresarse en Unidades de Bebida Estándar (UBE), correspondiendo cada UBE a unos 10 gramos de alcohol puro. Como referencia, una UBE corresponde aproximadamente a un vaso de vino o cava de 100 ml, una cerveza de 300 ml o 30 ml de una bebida destilada. La cantidad real depende de la graduación y del volumen consumido2,5,6.
El contenido de alcohol puede calcularse mediante la fórmula:
Gramos de alcohol = volumen de bebida (ml) × graduación alcohólica (%) × 0,8 / 100
Por ejemplo, una copa de vino de 100 ml con una graduación del 13 % contiene aproximadamente 10,4 g de alcohol, es decir, alrededor de 1 UBE. De esta manera, la cantidad de alcohol puede cuantificarse independientemente del tipo de bebida consumida6.
En España, las recomendaciones de consumo de bajo riesgo se sitúan actualmente en un máximo de 20 g de alcohol al día en hombres y 10 g al día en mujeres, aunque estos límites no deben interpretarse como niveles completamente seguros, ya que el riesgo no desaparece por debajo de ellos1,2,7.
Para detectar un posible consumo de riesgo puede utilizarse el cuestionario AUDIT (Alcohol Use Disorders Identification Test), desarrollado por la Organización Mundial de la Salud. Consta de 10 preguntas relacionadas con la frecuencia y cantidad de consumo, la pérdida de control, las consecuencias del consumo y algunos indicadores de dependencia. Una puntuación elevada indica la necesidad de realizar una valoración más completa5,6.
La desnutrición, por su parte, es un estado producido por una ingesta o utilización inadecuada de nutrientes que provoca alteraciones en la composición corporal y en la función del organismo. Los criterios GLIM proponen valorar tres características fenotípicas —pérdida de peso, bajo índice de masa corporal y disminución de masa muscular— y dos características etiológicas —reducción de la ingesta o malabsorción y presencia de inflamación o enfermedad—. Para establecer el diagnóstico debe existir al menos un criterio fenotípico y uno etiológico4,8.
Relación entre consumo crónico de alcohol y riesgo de desnutrición:
Los resultados muestran que existe una relación entre el consumo crónico y elevado de alcohol y el deterioro del estado nutricional. El alcohol puede aportar una cantidad considerable de energía, pero proporciona pocos nutrientes esenciales. Cuando su consumo desplaza a los alimentos de la dieta, disminuye la ingesta de proteínas, vitaminas y minerales necesarios para mantener una adecuada composición corporal2,3.
Además, el alcohol puede alterar la función gastrointestinal y la absorción y utilización de determinados nutrientes. Estos efectos pueden favorecer la aparición de déficits nutricionales incluso cuando la persona no presenta inicialmente un peso bajo. Por este motivo, el estado nutricional no debe valorarse únicamente mediante el peso o el índice de masa corporal1,3,5.
La situación puede agravarse cuando el consumo de alcohol se acompaña de pérdida de apetito, vómitos, problemas gastrointestinales, dificultades económicas, aislamiento social o falta de autocuidado. La combinación de estos factores puede provocar una ingesta insuficiente y favorecer progresivamente la pérdida de peso y masa muscular4,5,6.
Principales déficits nutricionales asociados al consumo de alcohol:
Entre los déficits más frecuentes en personas con consumo elevado de alcohol destacan los relacionados con tiamina (vitamina B1), folato, vitamina B6, vitamina B12, zinc y otros micronutrientes. La deficiencia de tiamina adquiere especial importancia por su relación con complicaciones neurológicas como la encefalopatía de Wernicke3.
El deterioro nutricional también puede manifestarse mediante pérdida de masa muscular, debilidad y disminución de la capacidad funcional. Estas alteraciones pueden aparecer incluso sin una pérdida de peso muy llamativa, por lo que resulta necesario valorar los cambios recientes y la composición corporal. [3,8]
Por tanto, una persona con consumo crónico de alcohol puede presentar riesgo nutricional, aunque tenga un peso aparentemente normal o incluso elevado. Esta situación refuerza la necesidad de realizar una valoración completa que tenga en cuenta la evolución del peso, la ingesta, la masa muscular y los posibles déficits nutricionales4,7.
Valoración del consumo de alcohol y del estado nutricional:
La valoración de enfermería debe comenzar por conocer el patrón de consumo: tipo de bebida, cantidad, frecuencia, duración del consumo y presencia de episodios de consumo intensivo. El cálculo de las UBE permite cuantificar el consumo, mientras que herramientas como el AUDIT ayudan a detectar patrones de riesgo y posibles problemas relacionados con el alcohol1,6.
En relación con la nutrición, es importante registrar el peso y su evolución, valorar la ingesta alimentaria y observar signos de pérdida de masa muscular o debilidad. Las herramientas de cribado nutricional pueden ayudar a identificar a las personas que necesitan una valoración más completa. Posteriormente, si existe sospecha de desnutrición, pueden aplicarse criterios diagnósticos como los establecidos por GLIM. [4,5,8]
Esta valoración debe realizarse de manera continuada, especialmente cuando existen factores que pueden empeorar el estado nutricional. El seguimiento permite detectar cambios que podrían pasar desapercibidos en una única valoración y facilita la intervención precoz5.
Papel de Enfermería en la prevención y abordaje:
Enfermería desempeña un papel fundamental en la identificación precoz del riesgo nutricional. La valoración del consumo de alcohol y del estado nutricional permite detectar situaciones de riesgo y establecer objetivos individualizados junto con el resto del equipo sanitario5.
Las intervenciones pueden incluir educación sanitaria sobre los efectos del alcohol, promoción de una alimentación equilibrada, seguimiento del peso y la ingesta y refuerzo de la importancia de mantener una adecuada aportación de proteínas, vitaminas y minerales. Cuando existe un deterioro nutricional establecido, es necesaria la coordinación con otros profesionales para establecer el tratamiento nutricional más adecuado2,3,5.
También es importante abordar el consumo de alcohol desde una perspectiva no culpabilizadora. La relación terapéutica establecida por Enfermería puede facilitar que la persona exprese sus dificultades y acepte ayuda. El seguimiento continuado permite reforzar los cambios, detectar recaídas y mantener la continuidad de los cuidados6,7.
DISCUSIÓN
Los resultados muestran que sí existe una relación entre el consumo crónico y elevado de alcohol y un mayor riesgo de desnutrición. Esta relación es multifactorial y se explica tanto por una ingesta alimentaria insuficiente como por alteraciones en la absorción y utilización de nutrientes. Por ello, no debe considerarse que el problema nutricional dependa únicamente de la cantidad de alcohol consumida2,3.
Un aspecto especialmente importante es diferenciar entre cantidad de alcohol consumida, consumo de riesgo y trastorno por consumo de alcohol. Utilizar únicamente un número de gramos para definir a una persona como “consumidor crónico” sería una simplificación. El consumo debe valorarse en función de su frecuencia, duración, cantidad y consecuencias, pudiendo emplearse herramientas de cribado como el AUDIT para completar la valoración1,6.
Del mismo modo, la desnutrición no debe identificarse exclusivamente mediante el peso. Los criterios GLIM incorporan la pérdida de peso, el índice de masa corporal y la masa muscular junto con la disminución de la ingesta, la malabsorción y la inflamación. Este enfoque resulta especialmente útil en personas con consumo crónico de alcohol, ya que pueden existir déficits nutricionales y pérdida de masa muscular sin presentar necesariamente bajo peso4,8.
Enfermería tiene una función relevante tanto en la detección precoz como en la prevención. La valoración sistemática del consumo de alcohol, la ingesta y los cambios en el estado nutricional permite identificar situaciones de riesgo antes de que aparezcan complicaciones más graves. Además, el seguimiento continuado facilita comprobar la evolución y adaptar las intervenciones a las necesidades de cada persona5,6.
Por tanto, el abordaje debe ser integral y multidisciplinar. La intervención enfermera no consiste únicamente en recomendar una alimentación adecuada, sino también en acompañar a la persona en el proceso de cambio, favorecer la reducción del consumo cuando sea necesario, detectar barreras sociales o personales y coordinar los cuidados con otros profesionales6,7.
CONCLUSIONES
- El consumo crónico y elevado de alcohol se relaciona con un mayor riesgo de desnutrición, debido a la combinación de una alimentación insuficiente, alteraciones en la absorción y utilización de nutrientes y aparición de déficits de vitaminas y minerales.
- La cuantificación del consumo mediante gramos de alcohol y UBE, junto con herramientas de cribado como el AUDIT, permite realizar una valoración más objetiva del patrón de consumo. Por otro lado, la valoración nutricional debe incluir la evolución del peso, la ingesta y la masa muscular, pudiendo utilizarse los criterios GLIM cuando exista sospecha de desnutrición.
- Los principales déficits nutricionales asociados al consumo elevado de alcohol incluyen los de tiamina, folato, vitamina B6, vitamina B12 y zinc, aunque pueden existir otras alteraciones dependiendo de la situación individual.
- Enfermería desempeña un papel fundamental mediante la detección precoz del consumo de riesgo y del deterioro nutricional, el seguimiento, la educación sanitaria y la coordinación de los cuidados, contribuyendo a prevenir la progresión hacia la desnutrición y sus posibles complicaciones.
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