AUTORES
- Jorge Azanza Pardo. Fisioterapeuta. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Dabi Anquela Gracia. Fisioterapeuta. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Natalia Nerín Buen. Fisioterapeuta. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Salomé Fernández Fernández. Fisioterapeuta. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Cristina Montaner Allué. Fisioterapeuta. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Teresa Audina Bentué. Fisioterapeuta. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El trastorno del espectro autista (TEA) forma parte de los trastornos de desarrollo neurológico del niño. Descrito por Kanner y Asperger en los años 40 con el tiempo se ha ido denominando de determinadas maneras. La fisioterapia desempeña un papel esencial en la mejora de habilidades motoras y calidad de vida. Programas de ejercicio estructurado han demostrado reducir patrones estereotipados y mejorar habilidades motoras. El tratamiento debe ser precoz, multidisciplinar y con apoyo familiar.
PALABRAS CLAVE
Trastorno del espectro autista, neurodesarrollo, fisioterapia.
ABSTRACT
Autism spectrum disorder (ASD) is part of the neurodevelopmental disorders in children. Described by Kanner and Asperger in the 1940s, its terminology has evolved over time. Physiotherapy plays an essential role in improving motor skills and quality of life. Structured exercise programs have been shown to reduce stereotyped patterns and enhance motor skills. Treatment should be early, multidisciplinary, and supported by family involvement.
KEY WORDS
Autism spectrum disorder, neurodevelopment, physical therapy.
DESARROLLO DEL TEMA
A comienzos de los años 40 Hans Asperger y Leo Kanner comenzaron a realizar estudios. En 1943, Leo Kanner definió el siguiente cuadro clínico para el autismo: no podían construir relaciones, presentaban dificultad en el lenguaje para establecer comunicación social, obsesión para no realizar cambios en el ambiente, posibilidad de tener alguna habilidad especial, potencial cognitivo centrado en sus centros de interés, aspecto físico normal, presentación de los primeros síntomas desde el nacimiento.
Mientras que, en 1944, Hans Asperger describió a los niños con conductas diferentes y capacidades muy altas. A lo largo del tiempo, las denominaciones hacia estos pacientes fueron cambiando, pero no fue hasta 1987 en el “Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM III-R)” cuando comienzan a nombrarlo como lo conocemos hoy en día, trastorno del espectro autista. Posteriormente, se siguió actualizando sin grandes cambios hasta que, en el año 2000, la DSM IV-TR, identificó cinco categorías de autismo:
- Trastorno autista.
- Trastorno de Asperger.
- Trastorno de Rett.
- Trastorno desintegrativo infantil.
- Trastorno generalizado del desarrollo no especificado1.
La American Psychiatric Association define los trastornos del espectro autista (TEA) como “un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por dificultades en la interacción social, la comunicación y en la presencia de comportamientos repetitivos y restrictivos”2.
Este trastorno se presenta en los primeros años de vida, aunque no se suele diagnosticar hasta cumplir los 3 años. En los últimos años, se ha obtenido un aumento de los casos diagnosticados. Este trastorno afecta a 1/700-1.000 personas, siendo más frecuente en niños que en niñas con una proporción de 3-4:13.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS:
Es un trastorno neurobiológico del desarrollo que afecta principalmente la comunicación, la interacción social y el comportamiento del individuo. Dado que se considera un «espectro», sus manifestaciones pueden variar ampliamente de una persona a otra, desde síntomas leves hasta más graves.
Podemos citar las siguientes manifestaciones clínicas en los pacientes diagnosticados con TEA:
- Alteración de la comunicación, tanto verbal como no verbal: hay pacientes diagnosticados con TEA que no utilizan el lenguaje verbal o el no verbal para comunicarse. Dificultad para iniciar y mantener conversaciones. Uso repetitivo del lenguaje (ecolalia). En los casos más graves puede llegar a existir el mutismo. Además, presentan también alteración en la comprensión.
- Dificultades en la interacción social, se caracteriza por dificultades en el empleo del lenguaje no verbal, como el contacto ocular y la postura, pueden tener dificultades para reconocer y responder a las emociones de los demás, o mostrar poco o ningún interés por las interacciones, lo que puede llevar a comportamientos socialmente inapropiados o aislados.
- Comportamientos repetitivos y estereotipados: Los patrones de conducta a menudo son repetitivos, suelen realizar siempre las mismas rutinas ya que los cambios en ellas no los toleran. La gran mayoría de niños fracasan en el desarrollo del juego normal de simulación, ficción o fantasía. Pueden realizar movimientos complejos de todo el cuerpo o manierismos motores estereotipados. Estos comportamientos pueden tener un propósito regulador para el niño o simplemente ser una forma de expresar ansiedad o excitación.
- Trastorno sensorial: este problema aparece como respuesta al déficit perceptual, es decir, es secundario a los defectos de atención, cognitivo o motivación. Pueden tener respuestas anómalas a determinados estímulos sensoriales.
- Desarrollo cognitivo: no todos presentan dificultades en la cognición, pero muchos tienen dificultades para procesar información, lo que puede afectar su aprendizaje. Pueden presentar habilidades avanzadas en áreas específicas (como memoria, matemáticas, o habilidades de memoria visual) mientras tienen dificultades significativas en otras áreas como la comunicación o la socialización.
- Crisis epilépticas: entre el 30-40% de los pacientes con TEA pueden padecerlas. Suelen ser antes de los 5 años y a partir de la adolescencia, aunque son más frecuentes cuando existe discapacidad intelectual grave.
- Alteraciones del control motor: Pese a que las anomalías del control motor no son usuales en el autismo (la mayoría de los niños tienen una maduración motora adecuada), nos podemos encontrar en edades tempranas con un tono muscular anómalo, hipotonía y ataxia, y con el tiempo pueden desarrollar trastornos de la marcha y tosquedad de movimientos, dificultad para la coordinación y equilibrio, baja conciencia corporal4.
ABORDAJE FISIOTERAPÉUTICO:
Los fisioterapeutas desempeñan un papel clave en el manejo del TEA al trabajar en el desarrollo físico y motor, con un enfoque individualizado según las necesidades de cada niño. Antes de comenzar cualquier intervención, el fisioterapeuta realiza una evaluación exhaustiva para comprender las necesidades motoras, posturales y de integración sensorial del paciente. La evaluación incluye la observación de la motricidad gruesa y fina, el equilibrio, la coordinación, la postura y la movilidad.
Atendiendo a las características que pueda presentar el niño con TEA, aquellas susceptibles de poderse trabajar desde la fisioterapia son:
- Actividad motora: podemos encontrar pacientes tanto apáticos (posturas de reposo con poca modificación y actividad reducida) como pacientes hiperactivos (elevada actividad sin interés por las personas y/u objetos). Además, en un mismo paciente puede haber alternancia de estos estados.
- Alteración del tono muscular: nos podemos encontrar pacientes con hipotonía. La cual puede llegar a ser causa de escoliosis. O, por otro lado, pacientes con hipertonía. Así mismo, al igual que en la actividad motora, en un mismo paciente podemos observar la alternancia de ambas variables.
- Actitudes y posturas mal equilibradas y que no son confortables.
- Marcha: los pacientes con autismo pueden presentar patrón diferente de marcha. Los movimientos sincronizados pueden estar ausentes o ser precarios.
- Torpeza psicomotora: los pacientes diagnosticados con TEA presentan un retraso en la adquisición de movimientos naturales, además de complicación en la adquisición de la motricidad fina, ya sea en la escritura, vestirse…
- Estereotipias: responden a la necesidad del paciente con TEA de expresar emociones mediante el movimiento, provocan sensación de relajación. Varían y evolucionan en un mismo paciente, y pueden afectar negativamente al aparato locomotor, además de alterar la relación social.
- Relación de los fármacos con la motricidad: deberemos conocer los fármacos que toma el paciente ya que pueden influir en la motricidad. En especial los antipsicóticos que pueden producir disquinesias y rigidez en los movimientos, y los antiepilépticos, que pueden producir temblores5,6.
Las herramientas con las que cuenta el fisioterapeuta son muy variadas, y podemos citar algunas para trabajar las diferentes problemáticas que con mayor frecuencia se encuentran en niños con TEA, como ya se ha dicho, adaptadas individualmente a cada persona.
Ejercicios para mejorar el tono muscular: realizar movilizaciones, masaje, estiramientos, trabajo con métodos como Bobath o Kabat, movimiento rítmico de Bloomberg, hidroterapia, ejercicio físico dirigido por el fisioterapeuta.
Ejercicios sobre patrones motores: Imitación, trabajo ante espejo, estimulación propioceptiva y exteroceptiva, trabajo por descomposición del patrón en fases.
Ejercicios para mejorar la amplitud articular: movilizaciones articulares, estiramientos musculares, ejercicios funcionales, hidroterapia.
Trabajo de la alineación corporal: ejercicios de flexibilización o potenciación selectiva, métodos como Klapp o Schroth, trabajo frente al espejo, ortesis.
Trabajo en las alteraciones del patrón respiratorio: mediante ejercicios de conciencia respiratoria. Ejercicios de inspiración y espiración nasal y bucal. Ejercicios de retención del aire durante la inspiración y la expiración. Nos puede ayudar a trabajar con incentivos visuales como soplar por una pajita para que haga burbujas o a un papel para que se mueva.
Ejercicios para perfeccionar la marcha: mediante el trabajo en diferentes superficies, planas, terrenos irregulares, superficies inestables, obstáculos, transferencias, escaleras, marcha en piscina, caminar descalzo sobre diferentes texturas, observación de sí mismo cuando camina frente a un espejo.
Trabajo del esquema corporal: por medio de ejercicios de identificación y movilización de las diferentes partes del cuerpo, trabajo exteroceptivo de estimulación de la sensibilidad de diferentes partes del cuerpo mientras se nombran, trabajo frente al espejo, en parejas, ejercicios de propiocepción, etc.
Trabajo de la lateralidad: se puede trabajar de forma específica o mediante actividades como lanzar, chutar, buscando siempre la funcionalidad.
Trabajo de nociones espaciotemporales: ejercicios en los que se tenga que identificar la posición con respecto a otras personas u objetos, ejercicios con desplazamientos variando las dimensiones de la superficie por la que nos movemos, ejercicios en los que tengan llegar a objetos a partir de nuestras indicaciones verbales, trabajar la ubicación a través de la propiocepción y ojos cerrados, localización de los materiales en el aula7.
En otros espacios de trabajo, el fisioterapeuta puede participar en una serie de actividades con fines terapéuticos como pueden ser la terapia asistida con animales (caballos, perros, etc.), terapia en piscina, musicoterapia, o programas de entrenamiento basados en el juego para niños con trastorno autista. Se han realizado estudios acerca de estas actividades, que ponen de manifiesto los aspectos beneficiosos que tiene para los pacientes8,9,10,11.
La actividad física, como programa intervención terapéutica, también ha mostrado beneficios para las personas con TEA, presentando una disminución importante de sus rasgos autistas, incluida, en particular, una reducción de sus patrones de conducta estereotipados y mejoras en las habilidades de comunicación social verbal y no verbal12.
Debemos tener en cuenta que el tratamiento de los pacientes con TEA debe ser precoz y multidisciplinar. Además, debe ser esencial el apoyo de las familias y trabajar tanto con psicólogos como con educadores bien entrenados4.
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