AUTORES
- Elena Gay Fernández. Graduada en Enfermería. Hospital Miguel Servet. Cardiología. Zaragoza, España.
- Julia Aranda Pascual. Graduada en Enfermería. Centro de Salud Delicias Sur, Zaragoza, España.
- María del Pilar Galochino Azores. Graduada en Enfermería. Hospital Miguel Servet. Consultas Externas de Oftalmología. Zaragoza, España.
- Pablo Abad Marín. Graduado en Enfermería. Hospital Royo Villanova. Pool. Zaragoza, España.
- Julia Arranz Barrio. Graduada en Enfermería. Hospital Miguel Servet, Quirófano, Zaragoza, España.
- Lucía Gálligo Andrea. Graduada en Enfermería. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Urgencias. Zaragoza, España.
RESUMEN
La mucositis oral es una complicación frecuente y debilitante en pacientes sometidos a quimioterapia o radioterapia, especialmente en tratamientos intensivos o de trasplante de médula ósea. Se caracteriza por inflamación y ulceración dolorosa de la mucosa oral, afectando funciones básicas como la alimentación, el habla y la calidad de vida. Además, puede interferir con la continuidad del tratamiento oncológico y aumentar el riesgo de infecciones sistémicas.
Su fisiopatología implica una cascada de eventos que comienza con daño celular directo, seguido de liberación de radicales libres, inflamación mediada por citocinas y ulceración. El abordaje clínico se centra tanto en la prevención como en el tratamiento. Las estrategias preventivas incluyen una higiene bucal rigurosa, crioterapia oral, uso de factores de crecimiento como palifermina y suplementos como glutamina. En casos establecidos, el tratamiento se orienta al alivio del dolor (con anestésicos tópicos y opioides), la protección de la mucosa (sucralfato, enjuagues), el control de infecciones (antifúngicos, antivirales, antibióticos) y el soporte nutricional (dietas blandas, suplementos o nutrición enteral).
Terapias emergentes como el láser de baja intensidad han mostrado buenos resultados en la reducción del dolor y la aceleración de la cicatrización. El manejo de la mucositis debe ser integral y multidisciplinario, enfocado en preservar la funcionalidad oral, reducir complicaciones y mejorar la calidad de vida del paciente oncológico.
PALABRAS CLAVE
Mucositis, quimioterapia, cáncer, cuidado paliativo.
ABSTRACT
Oral mucositis is a common and debilitating complication in patients undergoing chemotherapy or radiotherapy, particularly in high-intensity treatments or bone marrow transplantation. It is characterized by inflammation and painful ulceration of the oral mucosa, impairing basic functions such as eating, speaking, and overall quality of life. Moreover, it can interfere with the continuity of cancer treatment and increase the risk of systemic infections.
Its pathophysiology involves a cascade of events starting with direct cellular damage, followed by the release of free radicals, cytokine-mediated inflammation, and ulceration. Clinical management focuses on both prevention and treatment. Preventive strategies include strict oral hygiene, oral cryotherapy, the use of growth factors such as palifermin, and supplements like glutamine. In established cases, treatment aims to relieve pain (using topical anesthetics and opioids), protect the mucosa (sucralfate, rinses), control infections (antifungals, antivirals, antibiotics), and provide nutritional support (soft diets, supplements, or enteral nutrition).
Emerging therapies such as low-level laser therapy have shown promising results in reducing pain and accelerating healing. Management of mucositis must be comprehensive and multidisciplinary, focusing on preserving oral function, minimizing complications, and improving the quality of life of cancer patients.
KEY WORDS
Mucositis, antineoplastic agents, neoplasms, palliative care.
DESARROLLO DEL TEMA
La mucositis oral es una complicación frecuente, dolorosa e incapacitante que afecta a una proporción significativa de pacientes sometidos a tratamiento oncológico, en particular aquellos que reciben quimioterapia mieloablativa, radioterapia de cabeza y cuello, o esquemas combinados. Se manifiesta clínicamente como una inflamación aguda y ulceración de la mucosa oral, comprometiendo funciones esenciales como la alimentación, el habla y la deglución. Esta condición no solo deteriora la calidad de vida del paciente, sino que también puede limitar la intensidad y continuidad del tratamiento antineoplásico, generando retrasos, reducciones de dosis o incluso la suspensión total del protocolo terapéutico1,2.
La incidencia de mucositis varía según el tipo de tratamiento y paciente, pero puede alcanzar hasta el 100% en protocolos de quimioterapia de alta intensidad, como los usados en trasplantes hematopoyéticos, y cerca del 75% en aquellos que reciben radioterapia en áreas orales. En tratamientos estándar, la incidencia ronda el 30–40%, aunque algunos agentes como el 5-fluorouracilo (5-FU), la doxorrubicina o el melfalán son conocidos por su elevada mucotoxicidad4,5.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la mucositis no es simplemente una lesión mecánica o inflamatoria superficial, sino el resultado de una cascada compleja de eventos biológicos que incluyen daño directo al ADN de las células epiteliales, liberación de especies reactivas de oxígeno (ROS), activación de vías inflamatorias mediadas por citocinas (como TNF-α, IL-1 e IL-6), apoptosis celular y eventual ulceración con riesgo de sobreinfección. La mucosa oral, debido a su alta tasa de recambio celular, es especialmente vulnerable a este proceso3,5.
Clínicamente, la mucositis se evalúa mediante escalas validadas, siendo la más utilizada la de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que clasifica su gravedad de 0 a IV, en función del dolor, la ulceración visible y la capacidad del paciente para alimentarse por vía oral. En estadios severos, la mucositis puede conducir a hospitalizaciones prolongadas, requerimiento de analgesia con opioides, nutrición parenteral y profilaxis o tratamiento antimicrobiano intensivo, lo que incrementa sustancialmente los costos asistenciales y la carga sobre el sistema de salud2,6.
La prevención y el tratamiento de la mucositis oral representan un reto clínico importante. A pesar de que se han propuesto numerosas intervenciones —como la crioterapia oral, el uso de factores de crecimiento como palifermina, terapias con láser de baja intensidad, y diversos enjuagues o tratamientos tópicos—, no existe aún una estrategia universalmente efectiva. El abordaje ideal debe ser personalizado y multidisciplinario, involucrando oncólogos, enfermeros, nutricionistas, odontólogos y especialistas en cuidados paliativos3.
Abordaje terapéutico de la mucositis oral:
Prevención:
Una prevención adecuada y sistemática es clave para reducir el riesgo de aparición de mucositis o, al menos, minimizar su intensidad. Entre las estrategias más relevantes destaca la implementación de una higiene oral intensiva. Esta debe iniciarse antes del comienzo del tratamiento oncológico e incluir el cepillado suave con cepillos de cerdas blandas, el uso de colutorios sin alcohol —como la clorhexidina diluida—, la eliminación de posibles focos infecciosos y la educación del paciente y su entorno sobre el cuidado bucal durante el tratamiento⁴,⁶.
Otra medida preventiva eficaz es la crioterapia oral, que consiste en mantener hielo en la cavidad bucal durante la administración de determinados agentes quimioterápicos, como el 5-fluorouracilo o el melfalán. Este procedimiento provoca una vasoconstricción local que reduce el flujo sanguíneo en la mucosa oral, lo cual disminuye la exposición del epitelio a las sustancias citotóxicas y, en consecuencia, la incidencia de mucositis¹,⁴.
El uso de palifermina, un factor de crecimiento queratinocítico humano recombinante (KGF-2), también ha demostrado ser eficaz en la prevención de la mucositis, especialmente en pacientes sometidos a trasplante autólogo de células madre hematopoyéticas. Esta molécula actúa estimulando la regeneración del epitelio oral. Sin embargo, su alto coste económico continúa siendo una barrera para su utilización rutinaria³,⁶.
Entre las terapias complementarias, se ha propuesto la administración de L-glutamina por vía oral, un aminoácido que favorece la regeneración celular. Algunos estudios indican que su uso puede reducir la duración y la severidad de la mucositis, aunque todavía no se ha establecido un protocolo estándar para su aplicación clínica⁴.
Tratamiento de la mucositis establecida:
Manejo del dolor
El tratamiento del dolor asociado a la mucositis requiere un enfoque individualizado y escalonado, según la intensidad de los síntomas y el grado de afectación del paciente. En los casos leves, el uso de analgésicos tópicos es una opción eficaz. Enjuagues con lidocaína viscosa, benzocaína u otros anestésicos locales permiten un alivio temporal del dolor, lo cual resulta especialmente útil para facilitar la ingesta de alimentos y la hidratación en pacientes con molestias orales moderadas.
En situaciones donde el dolor es más persistente o no cede con el tratamiento tópico, puede ser necesario recurrir a analgésicos sistémicos. El paracetamol y los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) se indican generalmente para el manejo del dolor leve a moderado. Sin embargo, en casos de mucositis severa con dolor incapacitante, puede ser imprescindible la administración de opioides, ya sea por vía oral o intravenosa, con el fin de garantizar el confort del paciente y mantener una adecuada calidad de vida durante el tratamiento oncológico⁶.
Cuidados locales:
Entre las medidas coadyuvantes para el manejo de la mucositis, el sucralfato se ha utilizado por su capacidad de formar una película protectora sobre las úlceras orales, lo que contribuye a reducir la irritación local y aliviar el dolor. Asimismo, los enjuagues salinos o con bicarbonato sódico desempeñan un papel importante en el mantenimiento de la higiene bucal, ayudando a neutralizar el pH ácido de la cavidad oral y a prevenir infecciones secundarias. En casos refractarios al tratamiento convencional, se ha empleado el uso de enjuagues con morfina o clonidina, terapias que han demostrado beneficios sintomáticos crecientes según la evidencia disponible²,⁴.
Control de infecciones:
Para las infecciones fúngicas, especialmente la candidiasis oral, frecuentes en estos pacientes inmunocomprometidos, se utilizan antifúngicos tópicos como la nistatina o sistémicos como el fluconazol. En situaciones en las que se sospecha una infección bacteriana secundaria, se debe iniciar tratamiento antibiótico, ya sea de forma empírica o guiada por los resultados de un cultivo, según la gravedad del cuadro clínico. Asimismo, cuando existe evidencia o sospecha de reactivación de infecciones virales como el herpes simple (HSV), está indicada la administración de antivirales específicos, como aciclovir o valaciclovir, para limitar la extensión de las lesiones y acelerar la recuperación⁴, ⁶.
Soporte nutricional e hidratación:
Uno de los principales riesgos relacionados con la mucositis oral grave es la reducción de la ingesta oral, que puede provocar desnutrición, deshidratación y, posteriormente, peores resultados de salud. La evaluación multidisciplinaria de los pacientes que experimentan mucositis es esencial para evitar estas complicaciones, particularmente a través de evaluaciones periódicas por parte de dietistas para garantizar que se cumplan los requisitos nutricionales. A medida que la mucositis oral aumenta en gravedad y la ingesta oral de alimentos o incluso suplementos nutricionales se vuelve intolerable, puede ser necesaria la alimentación enteral y se debe tener cuidado para evitar un posible síndrome de realimentación. El apoyo nutricional temprano reduce el riesgo de desnutrición, lo que ayuda al paciente a lograr mejores resultados de salud en general, así como reduce el riesgo de mucositis oral grave.
Algunas de las modificaciones dietéticas a tener en cuenta incluyen: dieta blanda, fría, sin ácidos ni especias. Además, suplementos nutricionales líquidos, que aumentan la ingesta calórica sin necesidad de masticación. En mucositis grado IV o en pacientes con pérdida de peso significativa nutrición enteral o parenteral2,6.
Terapias emergentes:
Dentro de las terapias complementarias para la prevención y tratamiento de la mucositis, el uso del láser de baja intensidad (LLLT) ha demostrado beneficios relevantes, incluyendo la reducción del dolor, la aceleración del proceso de cicatrización y la prevención de nuevas lesiones. Esta técnica resulta particularmente útil en pacientes sometidos a radioterapia en regiones de cabeza y cuello, donde el riesgo de mucositis es elevado³. Por otro lado, se encuentran en fase de investigación diversas terapias biológicas e inmunomoduladoras, como los enjuagues con factores de crecimiento, citocinas recombinantes o agentes inmunoestimulantes, que han mostrado resultados prometedores en estudios preliminares, aunque aún no forman parte del tratamiento estándar⁷.
CONCLUSIÓN
La mucositis oral inducida por quimioterapia representa una de las complicaciones más relevantes y desafiantes en el tratamiento del paciente oncológico. Su impacto va más allá del dolor físico, afectando la nutrición, la adherencia terapéutica, la salud emocional y el pronóstico general del paciente. Si bien no existe una estrategia universalmente eficaz, el abordaje preventivo combinado con un tratamiento sintomático agresivo y el soporte nutricional adecuado son fundamentales. El desarrollo de nuevas terapias, como el láser de baja intensidad y los factores de crecimiento, ofrece una esperanza significativa en la reducción del impacto clínico de esta entidad. Un enfoque integral y coordinado entre profesionales de distintas disciplinas es esencial para mejorar los resultados clínicos y la calidad de vida de quienes enfrentan esta complicación.
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