AUTORES
- Miren Baqué Artuch. Enfermera. Pamplona, Navarra, España.
Antecedentes: La enfermería desempeña un papel fundamental en el acompañamiento de pacientes que reciben un mal diagnóstico, especialmente en contextos de cuidados paliativos y enfermedades terminales. El profesional de enfermería es responsable de la identificación temprana y el manejo integral del dolor, síntomas físicos y sufrimiento psicosocial, constituyendo un pilar esencial en la atención centrada en la persona y su familia.
Objetivo: Sintetizar la evidencia científica disponible sobre el acompañamiento enfermero ante un mal diagnóstico, identificando las intervenciones clave, estrategias de comunicación, apoyo emocional y aspectos de la relación terapéutica que definen la práctica clínica de excelencia.
Metodología: Se realizó una revisión exhaustiva de la literatura científica mediante búsquedas en múltiples bases de datos (SciSpace, Google Scholar, PubMed, Mendeley) durante el período 2015-2026. Se recuperaron 227 artículos únicos tras eliminación de duplicados y reordenamiento por relevancia. Se analizaron los 30 estudios más relevantes que abordan intervenciones de enfermería, comunicación de malas noticias, apoyo psicoemocional y relación terapéutica en contextos de diagnósticos adversos.
Resultados: Las intervenciones enfermeras clave incluyen el manejo temprano del dolor mediante escalas validadas y medidas farmacológicas, control de síntomas (náuseas, vómitos, estreñimiento, disnea), prevención de úlceras por presión, apoyo psicológico y espiritual, y educación al paciente y familia. Las estrategias de comunicación identificadas combinan enfoques humanitarios (diálogo empático, escucha activa, respeto a la autonomía) con estrategias científicas (protocolos estructurados como SPIKES, NURSE, trabajo interdisciplinario). El apoyo emocional se fundamenta en la presencia terapéutica, el establecimiento de vínculos de confianza, la reducción de ansiedad y miedo, y el acompañamiento en el proceso de duelo. La relación terapéutica requiere continuidad asistencial, adaptación al contexto domiciliario y formación específica en comunicación de malas noticias.
Conclusiones: El acompañamiento enfermero ante un mal diagnóstico debe ser integral, holístico, centrado en la persona y coordinado interdisciplinariamente. Se identifica una necesidad urgente de implementar programas de formación práctica en comunicación de malas noticias y consolidar protocolos institucionales que apoyen las intervenciones sintomáticas y relacionales. La evidencia señala carencias en estudios de alta calidad metodológica sobre comunicación de noticias difíciles, lo que representa una oportunidad para futuras investigaciones.
PALABRAS CLAVE
Enfermería; cuidados paliativos; comunicación de malas noticias; relación terapéutica; apoyo emocional; diagnóstico terminal; acompañamiento enfermero.
Background: Nursing plays a fundamental role in accompanying patients who receive a poor diagnosis, especially in palliative care and terminal illness contexts. Nurses are responsible for early identification and comprehensive management of pain, physical symptoms, and psychosocial suffering, constituting an essential pillar in person-centered and family-centered care.
Objective: To synthesize available scientific evidence on nursing accompaniment after a poor diagnosis, identifying key interventions, communication strategies, emotional support, and therapeutic relationship aspects that define excellence in clinical practice.
Methods: A comprehensive literature review was conducted through searches in multiple databases (SciSpace, Google Scholar, PubMed, Mendeley) during the period 2015-2026. A total of 227 unique articles were retrieved after deduplication and relevance ranking. The 30 most relevant studies addressing nursing interventions, breaking bad news, psycho-emotional support, and therapeutic relationships in adverse diagnosis contexts were analyzed.
Results: Key nursing interventions include early pain management using validated scales and pharmacological measures, symptom control (nausea, vomiting, constipation, dyspnea), pressure ulcer prevention, psychological and spiritual support, and patient and family education. Identified communication strategies combine humanitarian approaches (empathetic dialogue, active listening, respect for autonomy) with scientific strategies (structured protocols such as SPIKES, NURSE, interdisciplinary teamwork). Emotional support is based on therapeutic presence, establishment of trust bonds, reduction of anxiety and fear, and accompaniment through the grieving process. The therapeutic relationship requires continuity of care, adaptation to home contexts, and specific training in breaking bad news.
Conclusions: Nursing accompaniment after a poor diagnosis must be comprehensive, holistic, person-centered, and interdisciplinary coordinated. An urgent need is identified to implement practical training programs in breaking bad news and consolidate institutional protocols supporting symptomatic and relational interventions. Evidence indicates gaps in high-quality methodological studies on difficult news communication, representing an opportunity for future research.
KEY WORDS
Nursing, palliative care, breaking bad news, therapeutic relationship, emotional support, terminal diagnosis, nursing accompaniment.
El acompañamiento enfermero ante un mal diagnóstico constituye una dimensión esencial de los cuidados de salud contemporáneos, especialmente en contextos de enfermedades crónicas avanzadas, oncología y cuidados paliativos. La comunicación de un diagnóstico adverso representa un momento crítico en la trayectoria de enfermedad del paciente, generando impactos profundos en su bienestar físico, emocional, social y espiritual1,2,3.
La enfermería, por su proximidad constante al paciente y su rol de coordinación en el equipo interdisciplinario, se posiciona como actor fundamental en el proceso de acompañamiento. Los profesionales de enfermería son responsables no solo del manejo técnico de síntomas y complicaciones, sino también de la provisión de apoyo emocional, facilitación de la comunicación terapéutica y promoción de la dignidad y autonomía del paciente en momentos de vulnerabilidad extrema4,5,6.
La literatura internacional reconoce que el acompañamiento efectivo requiere competencias específicas que van más allá de la formación técnica tradicional. Se necesitan habilidades avanzadas en comunicación interpersonal, manejo de emociones propias y ajenas, comprensión de aspectos culturales y espirituales, y capacidad para trabajar en equipos interdisciplinarios7,8,9. Sin embargo, múltiples estudios evidencian que los profesionales de enfermería frecuentemente se sienten insuficientemente preparados para estas tareas, particularmente en lo referente a la comunicación de malas noticias y el manejo de conversaciones sobre la transición hacia la muerte2,10,11.
En el contexto hispanohablante, existe una necesidad creciente de sistematizar el conocimiento sobre las mejores prácticas de acompañamiento enfermero, considerando las particularidades culturales, organizacionales y formativas de nuestros sistemas de salud. La presente revisión busca contribuir a esta necesidad, sintetizando la evidencia disponible sobre intervenciones, estrategias comunicativas y aspectos relacionales que definen el acompañamiento enfermero de calidad ante un mal diagnóstico.
El cuidado paliativo, entendido como un enfoque que mejora la calidad de vida de pacientes y familias que enfrentan problemas asociados con enfermedades amenazantes para la vida, constituye el marco conceptual principal de esta revisión12,13. Dentro de este marco, la enfermería desarrolla intervenciones específicas orientadas al control de síntomas, la comunicación efectiva, el apoyo psicosocial y espiritual, y la coordinación de cuidados14,15,16.
La relevancia de este tema se ha intensificado en años recientes debido al envejecimiento poblacional, el aumento de enfermedades crónicas complejas y la creciente demanda de cuidados al final de la vida en diversos contextos asistenciales, incluyendo hospitales, unidades de cuidados intensivos y domicilios17,18,19. Adicionalmente, la pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la importancia crítica de las competencias enfermeras en comunicación, pronóstico y cuidados paliativos en situaciones de crisis20,21.
OBJETIVOS
Sintetizar la evidencia científica disponible sobre el acompañamiento enfermero ante un mal diagnóstico, identificando las dimensiones clave que definen la práctica clínica de excelencia.
- Identificar y describir las intervenciones de enfermería específicas para el acompañamiento de pacientes con mal diagnóstico.
- Analizar las estrategias de comunicación de malas noticias utilizadas por profesionales de enfermería en diferentes contextos asistenciales.
- Caracterizar las formas de apoyo emocional y psicológico que la enfermería proporciona a pacientes y familias.
- Examinar los aspectos de la relación terapéutica enfermera-paciente-familia que facilitan un acompañamiento efectivo.
- Identificar las necesidades de formación y las barreras que enfrentan los profesionales de enfermería en el acompañamiento ante malos diagnósticos.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión exhaustiva de la literatura científica sobre acompañamiento enfermero ante mal diagnóstico, siguiendo un enfoque sistemático de búsqueda, selección y síntesis de evidencia.
Se realizaron búsquedas en múltiples bases de datos durante el período comprendido entre enero de 2015 y febrero de 2026:
- SciSpace: Búsqueda profunda (490 artículos), búsqueda básica con tres estrategias diferentes (300 artículos), y búsqueda de texto completo en inglés y español (200 artículos).
- Google Scholar: Tres estrategias de búsqueda específicas (56 artículos).
- PubMed: Tres estrategias de búsqueda con filtro temporal 2016-2026 (26 artículos).
- Mendeley Library: Búsqueda en biblioteca institucional (0 resultados).
Los términos de búsqueda incluyeron combinaciones de: «nursing», «enfermería», «palliative care», «cuidados paliativos», «bad news», «malas noticias», «terminal diagnosis», «diagnóstico terminal», «accompaniment», «acompañamiento», «therapeutic relationship», «relación terapéutica», «emotional support», «apoyo emocional», «end-of-life care», «cuidados al final de la vida».
Tras la eliminación de duplicados y el reordenamiento por relevancia mediante algoritmos de ranking, se obtuvieron 227 artículos únicos. Para el análisis en profundidad, se seleccionaron los 30 estudios más relevantes según criterios de pertinencia temática, calidad metodológica y contribución al conocimiento sobre acompañamiento enfermero.
- Estudios publicados entre 2015 y 2026.
- Artículos en español, inglés o portugués.
- Investigaciones que aborden intervenciones de enfermería, comunicación de malas noticias, apoyo emocional o relación terapéutica en contextos de diagnósticos adversos.
- Estudios empíricos (cualitativos, cuantitativos, mixtos) y revisiones de literatura.
- Artículos no relacionados con enfermería como disciplina principal.
- Estudios centrados exclusivamente en aspectos médicos sin componente de cuidados de enfermería.
- Publicaciones sin acceso a texto completo o resumen estructurado.
Se realizó un análisis temático de los estudios seleccionados, organizando la información en cuatro dimensiones principales:
- Intervenciones de enfermería específicas.
- Estrategias de comunicación de malas noticias.
- Apoyo emocional y psicológico.
- Aspectos de la relación terapéutica.
Para cada dimensión, se extrajeron datos sobre técnicas específicas, modelos teóricos, contextos de aplicación, resultados reportados y recomendaciones para la práctica.
RESULTADOS
Intervenciones clave de enfermería:
El análisis de la literatura revela un conjunto amplio y diversificado de intervenciones enfermeras específicas para el acompañamiento de pacientes con mal diagnóstico. Estas intervenciones se organizan en torno a dimensiones físicas, psicológicas, sociales y espirituales del cuidado.
Manejo del dolor y control de síntomas:
El manejo del dolor constituye una prioridad fundamental en el acompañamiento enfermero. Los profesionales de enfermería son responsables de la evaluación sistemática del dolor mediante escalas validadas y anamnesis detallada, así como de la aplicación de medidas farmacológicas según prescripción médica, con conocimiento profundo de propiedades farmacológicas y efectos adversos1. La educación al paciente sobre el reconocimiento y descripción del dolor, así como sobre la administración correcta de medicamentos analgésicos, forma parte integral de esta intervención1,22.
El control de síntomas se extiende a múltiples manifestaciones clínicas. Para el manejo del estreñimiento, se aplican medidas dietéticas con incremento de fibra y se fomenta la actividad física adaptada1. En el caso de náuseas y vómitos, las intervenciones incluyen asegurar un ambiente tranquilo, mantener una posición cómoda, adaptar la alimentación y administrar antieméticos según indicación1,5. La disnea, síntoma particularmente angustiante, requiere intervenciones específicas de posicionamiento, oxigenoterapia y técnicas de relajación3,6.
La prevención de úlceras por presión mediante cambios posturales regulares, masajes, y mantenimiento de la ropa de cama limpia y seca constituye otra intervención esencial, especialmente en pacientes con movilidad reducida1,18.
Cuidados integrales y holísticos:
Los cuidados de enfermería en contextos de mal diagnóstico trascienden el manejo sintomático para abarcar dimensiones psicosociales y espirituales. Los profesionales de enfermería proporcionan cuidados integrales que no solo se centran en el cuerpo, sino también en los aspectos emocionales, sociales y espirituales del individuo y sus familiares 20,24. Este enfoque holístico prioriza la calidad de vida y el cuidado humanístico sobre la curación, reconociendo que el objetivo principal es el confort y el bienestar integral3,5,18.
Las intervenciones específicas incluyen la valoración continua de necesidades físicas, emocionales y espirituales, la facilitación de rituales religiosos o espirituales significativos para el paciente, y el apoyo en la resolución de asuntos pendientes y la preparación para la muerte4,13,15.
La educación al paciente y familia constituye una intervención transversal de gran relevancia. Los profesionales de enfermería educan sobre la naturaleza de la enfermedad, la evolución esperada, el manejo de síntomas en el domicilio, el uso correcto de medicamentos y dispositivos, y los recursos disponibles1,5,22. Esta educación busca empoderar a pacientes y familias para participar activamente en el cuidado y tomar decisiones informadas7,14.
Coordinación y continuidad de cuidados:
La enfermería desempeña un rol crucial en la coordinación del equipo interdisciplinario y en asegurar la continuidad de cuidados entre diferentes niveles asistenciales (hospital, domicilio, hospicio)2,17,25. Esta coordinación incluye la comunicación efectiva con médicos, trabajadores sociales, psicólogos, capellanes y otros profesionales, la planificación anticipada de cuidados, y la facilitación de transiciones suaves entre contextos asistenciales10,14,21.
Intervenciones específicas según contexto:
En unidades de cuidados intensivos, las intervenciones enfermeras para pacientes con criterios de paliatividad se enfocan en proporcionar confort y respeto, priorizando la calidad de vida sobre medidas invasivas y ofreciendo apoyo continuo en el proceso de duelo 20. En contextos domiciliarios, las intervenciones se adaptan a las particularidades del hogar, incluyendo la capacitación de cuidadores familiares y la gestión de recursos comunitarios2,17,30.
En oncología pediátrica, las intervenciones requieren adaptaciones específicas considerando las necesidades del niño y el impacto en la familia, incluyendo técnicas de comunicación adaptadas a la edad y apoyo intensivo a los padres9. Para pacientes con enfermedades neurodegenerativas como esclerosis lateral amiotrófica, las intervenciones se centran en el manejo de la progresión de síntomas, apoyo en la comunicación alternativa y preparación para decisiones sobre soporte vital16.
Estrategias de comunicación de malas noticias:
La comunicación de malas noticias constituye una de las tareas más desafiantes y cruciales en el acompañamiento enfermero. La literatura identifica tanto estrategias humanitarias como científicas para abordar estas conversaciones difíciles.
Las estrategias humanitarias se fundamentan en principios éticos y valores profesionales. Incluyen el diálogo empático, la escucha activa, el respeto a la autonomía del paciente, la honestidad compasiva y la presencia terapéutica6,7,17. Los profesionales de enfermería deben poseer habilidades comunicativas sutiles para transmitir información difícil de manera sensible, adaptando el mensaje al nivel de comprensión y disposición emocional del paciente1,9.
El respeto al derecho del paciente y su familia a conocer el diagnóstico y estar adecuadamente informados sobre todos los aspectos del tratamiento constituye un principio ético fundamental 1,23. Sin embargo, este derecho debe equilibrarse con la sensibilidad a las preferencias individuales sobre cuánta información desea recibir y cuándo2,13.
Las estrategias científicas incluyen el uso de protocolos estructurados que guían el proceso de comunicación. El protocolo SPIKES (Setting, Perception, Invitation, Knowledge, Emotions, Strategy/Summary) es ampliamente referenciado como marco para la comunicación de malas noticias, proporcionando una estructura paso a paso que incluye la preparación del entorno, la evaluación de la percepción del paciente, la invitación a recibir información, la transmisión del conocimiento, el manejo de emociones y la planificación de estrategias7,17.
El modelo NURSE (Naming, Understanding, Respecting, Supporting, Exploring) se utiliza específicamente para responder a las emociones del paciente durante conversaciones difíciles17. Otros protocolos mencionados incluyen el modelo VALUE para comunicación con familias en cuidados intensivos21.
La comunicación efectiva de malas noticias requiere coordinación interdisciplinaria. Los miembros del equipo de cuidados paliativos deben establecer relaciones de confianza y comprensión con el paciente y su familia, lo cual es fundamental para el funcionamiento eficaz del equipo 1,25. Las reuniones familiares interdisciplinarias, donde enfermeras, médicos y otros profesionales participan conjuntamente, facilitan una comunicación coherente y completa14,21.
Las estrategias de comunicación deben adaptarse al contexto específico. En el entorno domiciliario, las enfermeras de distrito enfrentan desafíos particulares como la falta de apoyo inmediato de colegas, las respuestas impredecibles de pacientes y familias (negación, ira), y las complejidades del ambiente del hogar 2. En unidades de cuidados intensivos, la comunicación debe considerar las limitaciones de tiempo, la presencia de tecnología invasiva y la necesidad de decisiones urgentes20,21.
Durante la pandemia de COVID-19, las estrategias de comunicación tuvieron que adaptarse a restricciones de visitas, uso de equipos de protección personal que dificultan la comunicación no verbal, y necesidad de comunicación remota con familias21.
A pesar de la importancia reconocida de la comunicación de malas noticias, múltiples estudios identifican barreras significativas. Los profesionales de enfermería frecuentemente reportan sentirse insuficientemente preparados para iniciar conversaciones sobre la transición a la muerte2,10,11. Las barreras incluyen falta de formación específica, temor a causar daño emocional, incertidumbre sobre el pronóstico, dificultades para interpretar señales de disposición del paciente, y falta de tiempo en entornos clínicos sobrecargados2,7,28.
La literatura evidencia una escasez de estudios de alta calidad metodológica sobre comunicación de malas noticias en enfermería, lo que limita la disponibilidad de guías basadas en evidencia robusta9,17.
Apoyo emocional y psicológico:
El apoyo emocional y psicológico constituye una dimensión central del acompañamiento enfermero ante un mal diagnóstico. Los profesionales de enfermería proporcionan este apoyo tanto a pacientes como a familias, reconociendo que el impacto del diagnóstico adverso se extiende al sistema familiar completo.
La presencia terapéutica se define como el acto de estar plenamente presente con el paciente, ofreciendo atención genuina, escucha activa y acompañamiento en el sufrimiento4,13,19. Esta presencia va más allá de la mera proximidad física para incluir disponibilidad emocional, apertura a las experiencias del paciente y voluntad de permanecer presente incluso en situaciones de intenso dolor emocional14,15.
Los estudios destacan que la presencia terapéutica reduce la sensación de aislamiento y abandono que frecuentemente experimentan los pacientes con diagnósticos adversos3,18,23. La enfermera, mediante su presencia constante, transmite el mensaje de que el paciente no está solo en su sufrimiento20.
Establecimiento de vínculos de confianza
El establecimiento de relaciones de confianza entre enfermera, paciente y familia constituye un fundamento esencial del apoyo emocional efectivo1,7,25. Esta confianza se construye mediante la consistencia en el cuidado, el cumplimiento de promesas, la honestidad compasiva, el respeto a la privacidad y la demostración de competencia profesional13,14.
Los vínculos de confianza facilitan que pacientes y familias expresen sus temores, preocupaciones y necesidades emocionales, permitiendo a la enfermera proporcionar apoyo más específico y efectivo5,8,19.
Los profesionales de enfermería apoyan a pacientes y familias en el manejo de emociones intensas como ansiedad, miedo, tristeza, ira y desesperanza4,5,8. Las intervenciones específicas incluyen:
- Validación de emociones: reconocer y normalizar las respuestas emocionales del paciente 17,19.
- Técnicas de relajación: enseñar y facilitar ejercicios de respiración, relajación muscular progresiva y mindfulness3,15.
- Facilitación de la expresión emocional: crear espacios seguros donde pacientes y familias puedan expresar libremente sus sentimientos9,13.
- Intervenciones cognitivas: ayudar a identificar y modificar pensamientos distorsionados que intensifican el sufrimiento19.
El apoyo en el duelo anticipatorio (duelo que comienza antes de la muerte) constituye una intervención crucial. Los profesionales de enfermería ayudan a pacientes y familias a procesar la pérdida inminente, facilitando conversaciones sobre despedidas, resolución de asuntos pendientes y preparación emocional para la muerte1,20,24.
El apoyo se extiende al período posterior a la muerte, incluyendo el acompañamiento inmediato a la familia en el momento del fallecimiento y, en algunos contextos, seguimiento de duelo en las semanas posteriores13,18,29.
El apoyo espiritual, entendido en sentido amplio como atención a las necesidades de significado, propósito, trascendencia y conexión, forma parte integral del apoyo emocional1,4,12. Las intervenciones incluyen facilitar prácticas religiosas significativas para el paciente, explorar cuestiones existenciales, apoyar la búsqueda de sentido en el sufrimiento y respetar las creencias y valores individuales15,18,20.
El apoyo emocional a la familia es tan importante como el apoyo al paciente. Las familias enfrentan múltiples desafíos: ajuste al diagnóstico, asunción de roles de cuidadores, toma de decisiones difíciles, anticipación de la pérdida y reorganización familiar2,9,30. Los profesionales de enfermería proporcionan información, orientación, validación emocional y apoyo práctico a los familiares, reconociendo su rol crucial en el cuidado y su propia necesidad de apoyo5,8,19.
La literatura reconoce que proporcionar apoyo emocional intenso puede generar desgaste emocional en los profesionales de enfermería. Se identifican necesidades de apoyo institucional, supervisión, espacios de reflexión y estrategias de autocuidado para prevenir el burnout y la fatiga por compasión7,10,28.
Aspectos de la relación terapéutica:
La relación terapéutica enfermera-paciente-familia constituye el contexto dentro del cual se desarrollan todas las intervenciones de acompañamiento. La calidad de esta relación determina en gran medida la efectividad del cuidado.
Características de la relación terapéutica efectiva:
La literatura identifica múltiples características de relaciones terapéuticas efectivas en contextos de mal diagnóstico:
- Empatía: capacidad de comprender y resonar con las experiencias emocionales del paciente sin perder la perspectiva profesional1,4,13.
- Autenticidad: ser genuino y congruente en la interacción, evitando respuestas automáticas o superficiales14,15.
- Respeto incondicional: valorar la dignidad inherente del paciente independientemente de sus circunstancias, decisiones o comportamientos5,18,20.
- Flexibilidad: adaptar el enfoque de cuidado a las necesidades cambiantes del paciente y las circunstancias evolutivas1,25.
- Competencia profesional: demostrar conocimientos, habilidades y juicio clínico sólidos que generen confianza7,22.
La continuidad en la relación terapéutica es particularmente valorada por pacientes y familias. La asignación consistente de las mismas enfermeras facilita el desarrollo de confianza, reduce la necesidad de repetir información dolorosa y permite un conocimiento profundo de las preferencias y necesidades individuales2,13,24.
En contextos domiciliarios, las enfermeras de distrito desarrollan relaciones longitudinales que abarcan meses o años, lo que les permite acompañar al paciente a través de múltiples transiciones y ajustes2,17. Esta continuidad es especialmente valiosa en enfermedades crónicas progresivas donde las necesidades evolucionan gradualmente16,24.
Equilibrio entre liderar y seguir:
Un aspecto complejo de la relación terapéutica es el equilibrio entre liderar (proporcionar guía, información y estructura) y seguir (respetar el ritmo, las preferencias y la autonomía del paciente). Los estudios muestran que las enfermeras expertas navegan este equilibrio de manera dinámica, adaptándose a las señales del paciente sobre cuánta dirección desea y cuánta autonomía prefiere ejercer25.
Este equilibrio es particularmente delicado en conversaciones sobre transición de cuidados curativos a paliativos, donde la enfermera debe facilitar la comprensión de la situación sin imponer decisiones ni abrumar al paciente con información no deseada2,10,25.
Inclusión de la familia en la relación terapéutica:
La relación terapéutica en contextos de mal diagnóstico típicamente incluye a la familia como unidad de cuidado. Los profesionales de enfermería desarrollan relaciones con múltiples miembros familiares, navegando dinámicas familiares complejas, diferencias de opinión y necesidades divergentes9,14,19.
La literatura destaca la importancia de identificar al cuidador principal y otros miembros clave de la familia, comprender los roles y relaciones familiares, y facilitar la comunicación y toma de decisiones familiares5,8,30.
Adaptación al contexto cultural:
La relación terapéutica debe ser culturalmente sensible, reconociendo que las creencias sobre enfermedad, muerte, comunicación y roles familiares varían significativamente entre culturas. Los profesionales de enfermería necesitan competencia cultural para adaptar su enfoque a los valores y preferencias culturales de cada paciente y familia12,13,23.
Desafíos en la relación terapéutica:
Los estudios identifican múltiples desafíos en el establecimiento y mantenimiento de relaciones terapéuticas efectivas:
- Limitaciones de tiempo: en entornos clínicos sobrecargados, el tiempo insuficiente dificulta el desarrollo de relaciones profundas 7,28.
- Rotación de personal: la alta rotación de enfermeras interrumpe la continuidad relacional 24.
- Barreras comunicativas: diferencias de idioma, deterioro cognitivo del paciente o uso de tecnología que interfiere con la comunicación 21.
- Respuestas emocionales intensas: la ira, negación o desesperanza del paciente pueden dificultar la conexión terapéutica 2,10.
- Límites profesionales: mantener límites apropiados mientras se proporciona cuidado compasivo requiere equilibrio delicado 13,15.
Formación para la relación terapéutica:
La literatura enfatiza que las habilidades relacionales no son innatas sino que requieren formación específica y práctica reflexiva. Se identifican necesidades de educación en comunicación terapéutica, manejo de emociones, autoconciencia, y navegación de situaciones relacionales complejas7,10,28.
La presente revisión sintetiza evidencia sustancial sobre el acompañamiento enfermero ante un mal diagnóstico, revelando un campo de práctica complejo que requiere competencias técnicas, comunicativas, emocionales y relacionales avanzadas. Los hallazgos permiten identificar tanto fortalezas como áreas de mejora en la práctica actual.
Integralidad del cuidado enfermero:
Un hallazgo consistente es el reconocimiento de que el acompañamiento efectivo requiere un enfoque integral que trasciende el manejo sintomático para abarcar dimensiones psicológicas, sociales y espirituales1,4,12,18,20. Este enfoque holístico es coherente con la filosofía de cuidados paliativos y con los modelos contemporáneos de enfermería centrada en la persona. Sin embargo, la implementación práctica de este ideal enfrenta barreras organizacionales significativas, incluyendo cargas de trabajo elevadas, tiempo limitado y sistemas de salud orientados predominantemente a la curación más que al cuidado7,24,28.
Comunicación de malas noticias: brecha entre importancia y preparación
Existe una paradoja notable en la literatura: mientras se reconoce universalmente la importancia crítica de la comunicación de malas noticias, múltiples estudios documentan que los profesionales de enfermería se sienten insuficientemente preparados para esta tarea2,10,11,28. Esta brecha entre importancia reconocida y preparación real representa una oportunidad clara para intervenciones educativas.
Los protocolos estructurados como SPIKES y NURSE proporcionan marcos útiles7,17, pero su efectividad depende de la práctica supervisada y la reflexión sobre experiencias reales. La formación en comunicación de malas noticias debería incluir simulaciones, role-playing, análisis de casos y oportunidades de práctica con retroalimentación constructiva28.
Es importante notar que la literatura evidencia una escasez de estudios de alta calidad metodológica específicamente sobre comunicación de malas noticias por parte de enfermeras9,17. La mayoría de los protocolos y guías se han desarrollado en contextos médicos y requieren adaptación al rol y contexto específico de enfermería.
Apoyo emocional: competencia central de enfermería
El apoyo emocional emerge como una competencia distintiva de enfermería, facilitada por la proximidad constante y las relaciones longitudinales que las enfermeras desarrollan con pacientes y familias3,5,13,19. La presencia terapéutica, aunque difícil de operacionalizar y medir, es consistentemente valorada por pacientes y familias como elemento crucial del cuidado de calidad4,14,15.
Sin embargo, proporcionar apoyo emocional intenso tiene costos para los profesionales. La literatura reconoce riesgos de desgaste emocional, fatiga por compasión y burnout7,10. Las instituciones de salud tienen la responsabilidad de proporcionar apoyo adecuado a los profesionales, incluyendo supervisión, espacios de reflexión, acceso a apoyo psicológico y políticas que promuevan el autocuidado.
Relación terapéutica: fundamento del acompañamiento efectivo:
La calidad de la relación terapéutica enfermera-paciente-familia emerge como el contexto fundamental dentro del cual todas las intervenciones específicas adquieren significado2,13,14,25. Las características de empatía, autenticidad, respeto y competencia profesional son consistentemente asociadas con relaciones terapéuticas efectivas1,4,5,15,18.
La continuidad de cuidados, aunque altamente valorada, es difícil de lograr en sistemas de salud con alta rotación de personal y modelos organizacionales que priorizan la eficiencia sobre la continuidad relacional24. Explorar modelos alternativos de organización del trabajo de enfermería que faciliten la continuidad podría mejorar significativamente la calidad del acompañamiento.
Contextos específicos de práctica:
Los hallazgos revelan que el acompañamiento enfermero debe adaptarse a contextos específicos. En unidades de cuidados intensivos, el desafío es proporcionar cuidado paliativo de calidad en un entorno tecnológico orientado a la curación20,21. En contextos domiciliarios, las enfermeras deben trabajar con recursos limitados y apoyar a cuidadores familiares con niveles variables de preparación2,17,30. En oncología pediátrica, se requieren adaptaciones específicas considerando las necesidades del niño y el impacto familiar9.
Esta diversidad de contextos sugiere que la formación en acompañamiento debe incluir tanto principios generales como competencias específicas de contexto.
El acompañamiento efectivo requiere coordinación interdisciplinaria1,14,21,25. Los profesionales de enfermería desempeñan un rol crucial como coordinadores del equipo, facilitando la comunicación entre diferentes profesionales y asegurando la coherencia del plan de cuidados. Sin embargo, la colaboración interdisciplinaria efectiva requiere claridad de roles, respeto mutuo y sistemas de comunicación eficientes, elementos que no siempre están presentes en la práctica clínica actual.
Es importante reconocer limitaciones en la base de evidencia actual. Muchos estudios son descriptivos o exploratorios, con limitada evidencia de ensayos controlados que evalúen la efectividad de intervenciones específicas9,17. Existe predominio de estudios en contextos anglosajones, con menor representación de contextos hispanohablantes y otras culturas. La mayoría de los estudios se centran en oncología, con menor atención a otras enfermedades crónicas avanzadas.
Adicionalmente, la medición de resultados en este campo es compleja. Mientras que el control de síntomas puede medirse con escalas validadas, dimensiones como calidad de la relación terapéutica, efectividad del apoyo emocional o impacto de la comunicación son más difíciles de operacionalizar y evaluar.
Implicaciones para la formación:
Los hallazgos tienen implicaciones claras para la formación de enfermería. Los currículos de pregrado deberían incluir contenidos sustanciales sobre cuidados paliativos, comunicación de malas noticias, apoyo emocional y desarrollo de relaciones terapéuticas, con énfasis en práctica supervisada y reflexión7,10,28. La formación continua para profesionales en ejercicio debería abordar estas competencias mediante talleres prácticos, simulaciones y programas de mentoría.
Necesidades de investigación futura:
Se identifican múltiples necesidades de investigación:
- Estudios de efectividad de intervenciones específicas de comunicación y apoyo emocional.
- Investigación sobre modelos organizacionales que faciliten la continuidad de cuidados.
- Estudios en contextos culturales diversos, particularmente en países hispanohablantes.
- Investigación sobre apoyo a profesionales y prevención de desgaste emocional.
- Desarrollo y validación de instrumentos para medir calidad del acompañamiento enfermero.
- Estudios sobre experiencias de pacientes y familias para identificar elementos del acompañamiento que más valoran.
El acompañamiento enfermero ante un mal diagnóstico constituye una dimensión esencial y compleja de los cuidados de salud contemporáneos. La evidencia sintetizada en esta revisión permite formular las siguientes conclusiones:
- El acompañamiento efectivo requiere competencias múltiples: Los profesionales de enfermería necesitan no solo competencia técnica en manejo de síntomas, sino también habilidades avanzadas en comunicación, apoyo emocional y desarrollo de relaciones terapéuticas.
- El enfoque debe ser integral y holístico: El acompañamiento de calidad abarca dimensiones físicas, psicológicas, sociales y espirituales, reconociendo al paciente y su familia como unidad de cuidado.
- La comunicación de malas noticias es una competencia crítica que requiere formación específica: Existe una brecha significativa entre la importancia reconocida de esta competencia y la preparación real de los profesionales. Los protocolos estructurados como SPIKES y NURSE proporcionan marcos útiles, pero su efectividad depende de la práctica supervisada.
- El apoyo emocional es una competencia distintiva de enfermería: La presencia terapéutica, el establecimiento de vínculos de confianza y el acompañamiento en emociones difíciles son elementos centrales del cuidado enfermero que son altamente valorados por pacientes y familias.
- La relación terapéutica es el fundamento del acompañamiento efectivo: La calidad de la relación enfermera-paciente-familia determina en gran medida la efectividad de todas las intervenciones específicas. La continuidad de cuidados facilita el desarrollo de relaciones terapéuticas profundas.
- El acompañamiento debe adaptarse a contextos específicos: Las intervenciones efectivas en unidades de cuidados intensivos, contextos domiciliarios, oncología pediátrica u otras situaciones requieren adaptaciones específicas manteniendo principios generales.
- La coordinación interdisciplinaria es esencial: El acompañamiento efectivo requiere trabajo en equipo, con la enfermería desempeñando un rol crucial de coordinación.
- Existen necesidades urgentes de formación: Tanto la educación de pregrado como la formación continua deben fortalecer competencias en comunicación de malas noticias, apoyo emocional y desarrollo de relaciones terapéuticas, con énfasis en práctica supervisada y reflexión.
- Se requiere apoyo institucional a los profesionales: Proporcionar acompañamiento intenso genera riesgos de desgaste emocional. Las instituciones deben proporcionar apoyo adecuado, incluyendo supervisión, espacios de reflexión y políticas de autocuidado.
- La base de evidencia requiere fortalecimiento: Existe necesidad de estudios de mayor calidad metodológica, particularmente ensayos controlados que evalúen la efectividad de intervenciones específicas, y de investigación en contextos culturales diversos.
Implicaciones para la práctica clínica de enfermería:
Los hallazgos de esta revisión tienen implicaciones concretas para la práctica clínica de enfermería en diferentes niveles:
Nivel individual del profesional:
- Desarrollar competencias en comunicación de malas noticias: Los profesionales deben buscar activamente oportunidades de formación en comunicación terapéutica, familiarizarse con protocolos estructurados como SPIKES y NURSE, y practicar estas habilidades con supervisión y retroalimentación.
- Cultivar la presencia terapéutica: Desarrollar la capacidad de estar plenamente presente con el paciente, incluso en situaciones de intenso sufrimiento, requiere práctica consciente y reflexión sobre las propias respuestas emocionales.
- Priorizar la continuidad relacional: Cuando sea posible, buscar modelos de asignación de pacientes que faciliten la continuidad de cuidados y el desarrollo de relaciones terapéuticas longitudinales.
- Practicar el autocuidado: Reconocer los riesgos de desgaste emocional y implementar estrategias personales de autocuidado, incluyendo límites saludables, apoyo de colegas y acceso a supervisión o apoyo psicológico cuando sea necesario.
- Mantener competencia técnica: Asegurar conocimientos actualizados sobre manejo de dolor y síntomas, farmacología paliativa y otras competencias técnicas esenciales.
- Establecer protocolos de comunicación: Desarrollar protocolos institucionales para la comunicación de malas noticias que incluyan preparación del entorno, participación interdisciplinaria y seguimiento posterior.
- Facilitar reuniones interdisciplinarias: Implementar reuniones regulares del equipo para discutir casos complejos, planificar cuidados y asegurar coherencia en la comunicación con pacientes y familias.
- Crear espacios de reflexión: Establecer espacios regulares donde el equipo pueda reflexionar sobre casos difíciles, procesar emociones y aprender de las experiencias colectivas.
- Desarrollar mentoría: Implementar programas de mentoría donde enfermeras experimentadas apoyen el desarrollo de competencias en profesionales menos experimentados.
- Implementar programas de formación continua: Desarrollar programas institucionales de formación en comunicación de malas noticias, apoyo emocional y cuidados paliativos, con énfasis en práctica supervisada y simulaciones.
- Revisar modelos organizacionales: Explorar modelos de organización del trabajo de enfermería que faciliten la continuidad de cuidados, como asignación primaria de enfermeras o equipos estables.
- Proporcionar apoyo a profesionales: Establecer servicios de apoyo psicológico para profesionales, supervisión clínica, y políticas que promuevan el equilibrio trabajo-vida personal.
- Desarrollar guías clínicas: Crear guías institucionales basadas en evidencia para el manejo de síntomas comunes, comunicación de malas noticias y otras intervenciones clave.
- Asegurar recursos adecuados: Proporcionar ratios enfermera-paciente apropiados, tiempo suficiente para conversaciones terapéuticas y recursos materiales necesarios para cuidados de calidad.
- Promover la investigación: Facilitar la participación de enfermeras en proyectos de investigación sobre acompañamiento y cuidados paliativos.
- Fortalecer la formación de pregrado: Asegurar que los currículos de enfermería incluyan contenidos sustanciales sobre cuidados paliativos, comunicación terapéutica y acompañamiento al final de la vida.
- Regular ratios enfermera-paciente: Establecer regulaciones que aseguren ratios apropiados que permitan tiempo suficiente para el acompañamiento de calidad.
- Financiar servicios de cuidados paliativos: Asegurar financiamiento adecuado para servicios de cuidados paliativos en todos los niveles asistenciales, incluyendo atención domiciliaria.
- Promover la investigación: Financiar investigación sobre efectividad de intervenciones de acompañamiento enfermero y modelos organizacionales que faciliten cuidados de calidad.
Recomendaciones específicas para la práctica:
Basándose en la evidencia revisada, se formulan las siguientes recomendaciones específicas:
- Evaluación sistemática del dolor y síntomas: Implementar evaluaciones regulares utilizando escalas validadas y documentar sistemáticamente las intervenciones y sus resultados1,22.
- Planificación anticipada de conversaciones difíciles: Preparar cuidadosamente las conversaciones sobre malas noticias, incluyendo revisión de información clínica, coordinación con el equipo, preparación del entorno y anticipación de posibles respuestas emocionales7,17.
- Inclusión de la familia como unidad de cuidado: Evaluar sistemáticamente las necesidades de la familia, proporcionar información y apoyo, y facilitar su participación en el cuidado según sus deseos y capacidades5,8,19,30.
- Documentación de preferencias del paciente: Documentar sistemáticamente las preferencias del paciente sobre información, toma de decisiones, cuidados al final de la vida y otros aspectos relevantes14,21.
- Coordinación de transiciones: Asegurar comunicación efectiva y transferencia de información completa en transiciones entre niveles asistenciales2,17,25.
- Atención a la dimensión espiritual: Evaluar necesidades espirituales, facilitar prácticas significativas para el paciente y coordinar con servicios de capellanía cuando sea apropiado4,12,15.
- Evaluación y apoyo a cuidadores familiares: Evaluar la carga del cuidador, proporcionar educación y apoyo, y coordinar recursos de respiro cuando sea necesario2,30.
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