Actuación de enfermería ante una disección aórtica aguda complicada con hemorragia masiva: presentación de un caso clínico

22 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Clara Belenguer Pascual. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
  2. Cristina Georgiana Ungureanu Unguereanu. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
  3. Virginia Ortiz Castán. Enfermera. Clínica Viamed Montecanal. Zaragoza, España.
  4. Lorena Cano González. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
  5. Alba Bernad Notivol. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.

RESUMEN

La disección aórtica aguda constituye una emergencia cardiovascular potencialmente mortal que requiere un reconocimiento precoz y una actuación rápida y coordinada. El papel de enfermería adquiere especial relevancia desde el primer contacto con el paciente en el servicio de urgencias, especialmente durante el triaje, donde la identificación de signos y síntomas de alarma permite establecer una adecuada prioridad asistencial.

Se presenta el caso clínico de un paciente varón de 49 años que acude al servicio de urgencias por dolor torácico de aparición súbita y desgarrador, con una puntuación de 9/10 en la Escala Visual Analógica (EVA). Durante el triaje se objetivan cifras de presión arterial de 195/110 mmHg, frecuencia cardiaca de 100 latidos por minuto, saturación de oxígeno del 96 % y asimetría de pulsos en miembros superiores. Ante estos hallazgos, enfermería establece una prioridad II, realiza electrocardiograma en el control de triaje y comunica el caso al médico responsable de vitales. Tras la valoración médica precoz se procede al traslado al box de vitales, donde se inicia monitorización continua, canalización de dos accesos venosos periféricos de gran calibre, extracción de muestras analíticas, analgesia, activación del protocolo de posible hemorragia masiva y preparación de hemoderivados. El angio-TC urgente confirma la disección aórtica complicada. Tras la estabilización hemodinámica mediante control del dolor, presión arterial y reposición sanguínea, el paciente es trasladado al servicio de Cirugía Vascular para tratamiento quirúrgico, quedando prevista su recepción posterior en la Unidad de Cuidados Intensivos.

El caso pone de manifiesto la importancia del reconocimiento precoz de los signos de alarma por parte de enfermería y de la actuación coordinada durante todo el proceso asistencial.

PALABRAS CLAVE

Disección aórtica, triaje, servicio de urgencia hospitalario, atención de enfermería, hemorragia, choque hemorrágico.

ABSTRACT

Acute aortic dissection is a potentially life-threatening cardiovascular emergency requiring early recognition and rapid, coordinated management. Nursing care plays a particularly important role from the patient’s first contact with the emergency department, especially during triage, where identification of warning signs and symptoms allows appropriate prioritization of care.

We present the case of a 49-year-old male patient who attended the emergency department because of sudden-onset, severe, tearing chest pain, scoring 9/10 on the visual analogue scale. During triage, blood pressure was 195/110 mmHg, heart rate 100 beats per minute, oxygen saturation 96%, and asymmetry of upper-limb pulses was identified. Based on these findings, nursing staff assigned priority II, performed an electrocardiogram and communicated the case to the physician responsible for the resuscitation area. Following medical assessment, the patient was transferred to the resuscitation bay, where continuous monitoring, placement of two large-bore peripheral intravenous accesses, blood sampling, analgesia, activation of the possible massive hemorrhage protocol and preparation of blood products were initiated. Urgent computed tomography angiography confirmed complicated acute aortic dissection. After hemodynamic stabilization through pain and blood pressure control and blood replacement, the patient was transferred to the Vascular Surgery department for definitive surgical treatment, with subsequent admission to the Intensive Care Unit planned.

This case highlights the importance of early recognition of warning signs by nursing staff and coordinated management throughout the care process.

KEY WORDS

Aortic dissection, triage, emergency service, hospital, nursing care, hemorrhage, shock, hemorrhagic.

INTRODUCCIÓN

La disección aórtica aguda constituye una emergencia cardiovascular potencialmente mortal en la que el reconocimiento precoz y la instauración rápida de medidas diagnósticas y terapéuticas son fundamentales. Los síndromes aórticos agudos pueden presentar manifestaciones clínicas variables y compartir síntomas con otras patologías frecuentes en los servicios de urgencias, lo que puede dificultar su identificación inicial1.

En el servicio de urgencias, enfermería constituye una de las primeras líneas de atención al paciente mediante el proceso de triaje. Esta valoración inicial permite realizar una aproximación rápida al estado clínico, identificar signos de alarma y establecer la prioridad asistencial. En este contexto, resulta fundamental que el profesional de enfermería conozca las manifestaciones clínicas que pueden orientar hacia una emergencia aórtica y sea capaz de reconocerlas desde el primer contacto con el paciente2.

Entre los hallazgos que deben aumentar la sospecha clínica se encuentra el dolor torácico de aparición súbita y elevada intensidad, descrito clásicamente como desgarrador o transfixiante. También pueden encontrarse diferencias de presión arterial o de pulsos entre las extremidades, especialmente cuando existe compromiso del flujo arterial secundario a la extensión de la disección1,2. Estos hallazgos pueden acompañarse de mareo, náuseas, vómitos, síncope, disnea, sudoración, alteraciones neurológicas o signos de hipoperfusión, dependiendo de la localización y extensión del proceso1.

Ante un paciente que consulta por dolor torácico, la realización precoz de un electrocardiograma constituye una actuación fundamental dentro de la valoración inicial. Las recomendaciones internacionales establecen que el ECG debe obtenerse y revisarse para detectar una posible elevación del segmento ST dentro de los primeros 10 minutos desde la llegada del paciente3.

Una vez identificada la sospecha de una situación potencialmente grave, la actuación enfermera continúa en la zona de vitales: monitorización, establecimiento de accesos vasculares, extracción de muestras y vigilancia clínica continua. En los síndromes aórticos agudos, el tratamiento médico inicial se dirige al control del dolor y a la reducción del estrés de la pared aórtica mediante el control de la presión arterial y la frecuencia cardiaca, mientras se determina la necesidad de tratamiento quirúrgico o endovascular urgente1,2.

El presente caso clínico tiene como objetivo describir el proceso de atención de enfermería ante un paciente con disección aórtica aguda complicada con hemorragia, desde su identificación inicial durante el triaje hasta su estabilización en la unidad de vitales y posterior traslado para tratamiento quirúrgico.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Actuación inicial en triaje:

Paciente varón de 49 años que acude al servicio de urgencias por dolor torácico de aparición súbita, de elevada intensidad y carácter desgarrador, acompañado de mareo, náuseas, sudoración y malestar general.

A su llegada al servicio de urgencias, el paciente es recibido en la unidad de triaje, donde la enfermera realiza una valoración rápida dirigida a determinar la gravedad del cuadro y establecer la prioridad asistencial dentro del sistema de triaje.

El paciente refiere dolor torácico de elevada intensidad, que cuantifica mediante la Escala Visual Analógica (EVA) con una puntuación de 9/10. En la toma inicial de constantes presenta una presión arterial de 195/110 mmHg, frecuencia cardiaca de 100 latidos por minuto y saturación periférica de oxígeno del 96 %. Durante la valoración rápida se objetiva además asimetría de los pulsos entre ambas extremidades superiores.

Ante la intensidad y las características del dolor, las cifras elevadas de presión arterial y la asimetría de pulsos, la enfermera identifica signos de alarma compatibles con una posible emergencia cardiovascular.

Como parte de la valoración inicial del paciente con dolor torácico, se realiza un electrocardiograma de 12 derivaciones dentro de los primeros 10 minutos desde la llegada del paciente al servicio de urgencias, siguiendo el circuito establecido para la atención precoz del dolor torácico3.

Tras la valoración inicial, la enfermera establece una prioridad II en el sistema de triaje. Debido a los hallazgos clínicos, considera necesario contactar de forma inmediata con el médico de vitales para comunicar los datos obtenidos y solicitar la valoración del electrocardiograma, que respalda la necesidad del paso urgente a la zona de vitales para valoración intensiva y atención urgente.

Atención en la zona de vitales:

Una vez en el box de vitales, el médico realiza la exploración física y la valoración clínica del paciente junto con sus antecedentes, mientras el equipo de enfermería inicia simultáneamente el protocolo de atención al paciente potencialmente crítico.

En la atención participan dos profesionales de enfermería y una técnica en cuidados auxiliares de enfermería (TCAE). Las enfermeras comienzan la monitorización continua del paciente mediante electrocardiografía, presión arterial y pulsioximetría.

De forma simultánea, se canalizan dos accesos venosos periféricos de gran calibre, preferentemente 16G o 18G (o vía intraósea si fuera preciso), con el objetivo de disponer de vías adecuadas para la administración de medicación, fluidoterapia y hemoderivados.

Se realiza extracción de muestras para bioquímica, hemograma y estudio de coagulación, además de gasometría venosa. Ante la sospecha de una posible complicación hemorrágica, se realizan asimismo pruebas cruzadas para facilitar la disponibilidad urgente de concentrados de hematíes en caso de ser necesarios.

Mientras enfermería realiza estas actuaciones, el médico efectúa la exploración clínica del paciente, establece las indicaciones diagnósticas y terapéuticas y realiza una valoración sistemática del estado general del paciente aprovechando su movilización y la realización de las técnicas. Se observa la coloración cutánea, la temperatura de la piel y extremidades, la presencia de sudoración, el tiempo de relleno capilar y las características y simetría de los pulsos periféricos, especialmente en ambas extremidades superiores. Asimismo, se comprueba la presencia de edemas y se mantiene vigilancia activa ante la aparición de nuevos signos de alarma.

La TCAE colabora con el equipo de enfermería mediante la preparación y suministro del material necesario para las diferentes técnicas, la colaboración en el posicionamiento del paciente y el apoyo durante los procedimientos realizados.

Debido a la elevada intensidad del dolor, el médico prescribe la administración de cloruro mórfico (15 mg/3 ml) cargado en jeringa de 20 ml a concentración 1:1, en bolos de 3 mg, pudiendo repetirse según respuesta clínica hasta una dosis máxima acumulada de 15 mg. Asimismo, se administran hasta 12 mg de midazolam.

Activación del protocolo de posible hemorragia masiva:

Ante la sospecha de una posible complicación hemorrágica, el médico activa el protocolo de posible hemorragia masiva y establece las medidas terapéuticas correspondientes.

Se indica la administración de 4 ampollas de ácido tranexámico (500 mg/5 ml), diluido en 100 ml de suero salino fisiológico (SSF) al 0,9 %, para administrar mediante perfusión intravenosa: el primer gramo en 100 ml de SSF a pasar en 15 minutos, y el segundo gramo, también diluido en 100 ml de SSF, a administrar en las siguientes 8 horas.

Se prescribe cloruro cálcico (100 mg/10 ml), dos ampollas diluidas en 50 ml de SSF 0,9 %, en administración lenta.

Asimismo, se prescribe una ampolla de vitamina K (10 mg/ml), diluida en 50 ml de SSF 0,9 %, para administrar mediante perfusión intravenosa durante 20 minutos.

Las enfermeras preparan y administran los tratamientos prescritos, realizando las comprobaciones correspondientes y manteniendo la monitorización continua del paciente durante su administración.

De forma paralela, se contacta con el Banco de Sangre para solicitar de forma urgente dos concentrados de hematíes de grupo O negativo. Una vez se recepcionen los concentrados en la unidad de urgencias, se procede a su administración inmediata siguiendo el protocolo transfusional establecido.

Antes de iniciar la transfusión, enfermería verifica la identificación del paciente y de los concentrados, así como la documentación y las condiciones necesarias para garantizar la seguridad del procedimiento.

Uno de los accesos venosos queda destinado a la administración de los concentrados sanguíneos una vez confirmado el diagnóstico, mientras que el segundo permanece disponible para la administración de medicación intravenosa y otras actuaciones necesarias durante la estabilización.

Confirmación diagnóstica mediante angio-TC:

Se establece la necesidad urgente de un angio-TC para confirmar el diagnóstico y determinar la localización y extensión de la lesión, iniciándose de forma paralela la transfusión sanguínea.

El angio-TC confirma la sospecha de disección aórtica aguda complicada con hemorragia, precisándose tratamiento definitivo urgente.

Se inicia la transfusión con monitorización continua y vigilancia de posibles signos de reacción transfusional, además del control de la evolución hemodinámica.

Las recomendaciones internacionales sobre transfusión de hematíes establecen que la indicación debe individualizarse según la situación clínica, aunque en escenarios de hemorragia aguda la decisión transfusional no debe basarse exclusivamente en una cifra aislada de hemoglobina4.

La realización urgente de técnicas de imagen, especialmente la tomografía computarizada, constituye una parte fundamental del proceso diagnóstico ante una sospecha elevada de disección aórtica1,2.

Estabilización hemodinámica:

Una vez confirmada la disección aórtica y mientras se mantiene la atención en la zona de vitales, uno de los objetivos prioritarios es conseguir un adecuado control hemodinámico y del dolor antes del tratamiento quirúrgico.

Ante las cifras elevadas de presión arterial, el médico prescribe labetalol intravenoso (5 mg/ml, ampolla de 20 ml), administrándose inicialmente 20 mg en bolo y pudiendo repetirse según respuesta hasta una dosis máxima acumulada de 200 mg, de acuerdo con la pauta establecida para el caso.

En este paciente fue necesaria la administración de un total de 60 mg de labetalol intravenoso para conseguir el control de las cifras tensionales, alcanzándose posteriormente una presión arterial inferior a 140/90 mmHg.

El control de la presión arterial constituye uno de los objetivos fundamentales del tratamiento médico inicial del síndrome aórtico agudo, junto con el control de la frecuencia cardiaca y del dolor, con el propósito de reducir el estrés de la pared aórtica1,2.

Una vez controlada la presión arterial, se valora la frecuencia cardiaca mediante monitorización continua, objetivándose una frecuencia de 76 latidos por minuto, por lo que no se considera necesaria la administración adicional de fármacos destinados específicamente al control de la frecuencia cardiaca.

En caso de presentar una frecuencia cardiaca elevada que requiriera tratamiento adicional y según valoración médica, podrían emplearse fármacos con efecto cronotrópico negativo, como diltiazem o verapamilo (5 mg/2 ml), cuando los betabloqueantes estuvieran contraindicados o no fueran tolerados1,2.

Durante la estabilización, enfermería mantiene la monitorización continua, controla la respuesta a la analgesia y al tratamiento antihipertensivo, y vigila de forma estrecha el nivel de conciencia, la frecuencia respiratoria, la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la saturación de oxígeno, la perfusión periférica y la evolución del dolor.

Traslado para tratamiento quirúrgico:

Una vez conseguido el control de las cifras tensionales, controlada la intensidad del dolor y realizada la reposición sanguínea indicada, el paciente se mantiene hemodinámicamente estable dentro de la gravedad del proceso.

El médico responsable de la unidad de vitales contacta con el servicio de Cirugía Vascular, que recibe y valora al paciente para la realización del tratamiento quirúrgico urgente. Asimismo, se establece comunicación con la Unidad de Cuidados Intensivos, que queda informada de la situación clínica y preparada para la recepción del paciente tras la intervención quirúrgica.

Se prepara el traslado manteniendo la monitorización, los accesos venosos permeables y las medidas de soporte necesarias, garantizando la continuidad de los cuidados hasta la recepción del paciente por el equipo quirúrgico.

VALORACIÓN DE ENFERMERÍA A PARTIR DE LAS NECESIDADES BÁSICAS DE VIRGINIA HENDERSON

Necesidad 1. Respirar normalmente:

El paciente presenta una saturación periférica de oxígeno inicial del 96 %. Se mantiene monitorización continua mediante pulsioximetría y vigilancia de la frecuencia y el patrón respiratorio durante la administración de analgesia y el proceso de estabilización.

Necesidad 2. Comer y beber adecuadamente:

Necesidad alterada de forma temporal. El paciente permanece en dieta absoluta ante la sospecha de una emergencia quirúrgica y la necesidad de realización de pruebas diagnósticas y posterior intervención.

Necesidad 3. Eliminar por todas las vías corporales:

Necesidad susceptible de alteración secundaria al compromiso hemodinámico. Se mantiene vigilancia de la eliminación urinaria como indicador de perfusión renal y de evolución clínica.

Necesidad 4. Moverse y mantener una postura adecuada:

Alterada por el dolor intenso y la situación de inestabilidad potencial. Se mantiene reposo y posicionamiento adecuado, evitando esfuerzos innecesarios.

Necesidad 5. Dormir y descansar:

Alterada debido al dolor intenso, la ansiedad y la situación de emergencia vital.

Necesidad 6. Escoger ropa adecuada, vestirse y desvestirse:

Necesidad temporalmente alterada por la situación de urgencia y la necesidad de monitorización y realización de procedimientos invasivos.

Necesidad 7. Mantener la temperatura corporal:

Se mantiene vigilancia de la temperatura corporal, especialmente durante la administración de concentrados de hematíes y ante el riesgo de alteraciones térmicas asociado a una situación hemorrágica grave.

Necesidad 8. Mantener la higiene corporal e integridad de la piel:

Se realiza vigilancia de la coloración, la temperatura cutánea, la sudoración y la perfusión periférica. Se mantienen medidas encaminadas a preservar la integridad cutánea.

Necesidad 9. Evitar peligros:

Necesidad gravemente alterada debido al riesgo vital asociado a la disección aórtica, la hemorragia y el deterioro hemodinámico. Precisa vigilancia continua y actuación coordinada del equipo multidisciplinar.

Necesidad 10. Comunicarse:

El paciente permanece consciente y puede expresar sus síntomas. Refiere dolor torácico intenso, cuantificado inicialmente como EVA 9/10. Se proporciona información adaptada sobre las actuaciones realizadas y se mantiene comunicación continua con el paciente.

Necesidad 11. Vivir según sus valores y creencias:

No se identifican alteraciones relevantes durante la atención inicial.

Necesidad 12. Ocuparse y sentirse realizado:

No valorable durante la situación de emergencia.

Necesidad 13. Participar en actividades recreativas:

No valorable durante la atención urgente.

Necesidad 14. Aprender:

Necesidad temporalmente alterada debido a la situación clínica. Se proporciona información clara y adaptada al paciente sobre las actuaciones y procedimientos realizados, favoreciendo la comprensión dentro de las posibilidades de la situación.

PLAN DE CUIDADOS DE ENFERMERÍA

1. Dolor agudo:

Relacionado con: agente lesivo biológico secundario al proceso de disección aórtica.

Manifestado por: verbalización de dolor torácico intenso, EVA 9/10, inquietud y malestar.

NOC:

  • Nivel del dolor.
  • Control del dolor.
  • Estado de comodidad.

NIC:

  • Manejo del dolor.
  • Administración de analgésicos.
  • Monitorización de signos vitales.
  • Vigilancia.

Las intervenciones se orientan a valorar periódicamente la intensidad y las características del dolor, administrar el tratamiento analgésico prescrito y valorar su eficacia y posibles efectos adversos.

2. Riesgo de shock:

Relacionado con: posible pérdida sanguínea secundaria a complicación de la disección aórtica.

NOC:

  • Estado circulatorio.
  • Perfusión tisular.
  • Estado hemodinámico.

NIC:

  • Prevención del shock.
  • Monitorización hemodinámica.
  • Manejo de la hipovolemia.
  • Administración de hemoderivados.
  • Monitorización de signos vitales.

Enfermería mantiene monitorización continua y vigilancia de la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la saturación de oxígeno, el nivel de conciencia, el relleno capilar, la temperatura y coloración de las extremidades y las características de los pulsos periféricos.

3. Disminución del gasto cardíaco:

Relacionado con: alteración de la función cardiovascular secundaria al proceso aórtico agudo y al compromiso hemodinámico.

Manifestado por: alteraciones de la presión arterial y signos de compromiso de la perfusión periférica.

NOC:

  • Estado cardiovascular.
  • Perfusión tisular: cardíaca.
  • Efectividad de la bomba cardíaca.

NIC:

  • Cuidados cardíacos.
  • Monitorización cardíaca.
  • Monitorización hemodinámica.
  • Control de signos vitales.

Se mantiene monitorización electrocardiográfica continua y vigilancia de la presión arterial y la frecuencia cardiaca, valorando la respuesta al tratamiento antihipertensivo.

4. Ansiedad:

Relacionado con: amenaza percibida para la vida, dolor y situación de emergencia.

Manifestado por: inquietud, preocupación y malestar asociados al cuadro clínico.

NOC:

  • Nivel de ansiedad.
  • Autocontrol de la ansiedad.
  • Afrontamiento.

NIC:

  • Disminución de la ansiedad.
  • Apoyo emocional.
  • Escucha activa.
  • Información preparatoria.

Se proporciona información clara y adaptada al paciente, favoreciendo un entorno de seguridad y confianza.

5. Riesgo de perfusión tisular periférica ineficaz:

Relacionado con: posible compromiso del flujo arterial secundario a la disección aórtica.

NOC:

  • Perfusión tisular: periférica.
  • Estado circulatorio.
  • Integridad tisular.

NIC:

  • Monitorización de la circulación periférica.
  • Vigilancia.
  • Monitorización de signos vitales.

Se valoran de forma periódica los pulsos periféricos, su simetría, la coloración, la temperatura cutánea y el relleno capilar de las extremidades, comunicando de inmediato cualquier modificación.

DISCUSIÓN

La disección aórtica aguda constituye una emergencia cardiovascular tiempo-dependiente en la que el reconocimiento precoz permite iniciar de manera rápida las medidas diagnósticas y terapéuticas necesarias. La presentación clínica puede ser variable, aunque determinados hallazgos, como el dolor torácico de inicio súbito e intenso y las alteraciones de pulsos o presión arterial entre extremidades, deben aumentar la sospecha clínica1,2.

En este contexto, el triaje enfermero adquiere especial relevancia. La valoración rápida de la intensidad y características del dolor, las constantes vitales y determinados signos vasculares puede permitir identificar precozmente a pacientes que requieren una atención prioritaria. En el caso presentado, la combinación de dolor torácico súbito e intenso, hipertensión arterial y asimetría de pulsos en las extremidades superiores motivó la sospecha de una situación cardiovascular potencialmente grave.

La realización precoz del electrocardiograma permite valorar de forma inmediata posibles causas cardiovasculares del dolor torácico y orientar la priorización asistencial. Las recomendaciones para pacientes con dolor torácico agudo establecen la obtención y revisión del ECG dentro de los primeros 10 minutos de la llegada3.

La actuación posterior requiere una coordinación estrecha entre medicina, enfermería y el resto del personal sanitario. La canalización de accesos venosos adecuados, la obtención de muestras, la monitorización continua y la valoración sistemática de la perfusión periférica permiten disponer de información dinámica sobre la evolución del paciente y facilitan la instauración rápida de las medidas terapéuticas necesarias.

El control del dolor constituye un elemento fundamental del tratamiento inicial del síndrome aórtico agudo, ya que la respuesta simpática asociada al dolor puede contribuir al incremento de la presión arterial y del estrés sobre la pared aórtica. El tratamiento médico inicial incluye analgesia y control de la presión arterial y frecuencia cardiaca1,2.

El control hemodinámico tiene como finalidad reducir el estrés de la pared aórtica y limitar la progresión de la lesión. Los betabloqueantes intravenosos forman parte de las estrategias de tratamiento inicial cuando están indicados, mientras que otros fármacos con efecto cronotrópico negativo pueden emplearse en situaciones determinadas1,2.

En el caso presentado, la actuación de enfermería se desarrolla de manera transversal durante todo el proceso asistencial. Desde la identificación inicial en triaje hasta la preparación para la cirugía, las intervenciones enfermeras permiten mantener una vigilancia continua del estado del paciente, administrar los tratamientos prescritos, controlar la respuesta clínica, detectar cambios en la perfusión y garantizar la seguridad durante procedimientos como la transfusión de hemoderivados.

La valoración mediante las necesidades básicas de Virginia Henderson y la formulación de diagnósticos enfermeros permiten estructurar el proceso de atención y establecer objetivos e intervenciones dirigidos principalmente al control del dolor, el mantenimiento de la perfusión tisular, la vigilancia hemodinámica, la prevención del shock y la reducción de la ansiedad.

La coordinación entre enfermería, medicina, Banco de Sangre, Cirugía Vascular y Cuidados Intensivos permitió completar de forma rápida y organizada el circuito asistencial, desde la sospecha diagnóstica hasta la estabilización y el traslado para tratamiento quirúrgico.

CONCLUSIONES

La disección aórtica aguda constituye una emergencia cardiovascular que requiere una identificación y actuación precoz. El profesional de enfermería desempeña un papel fundamental desde el triaje, donde una valoración rápida y dirigida permite reconocer signos de alarma y establecer la prioridad asistencial.

En el caso presentado, la identificación de un dolor torácico súbito e intenso, asociado a hipertensión arterial y asimetría de pulsos en miembros superiores, permitió sospechar precozmente una posible emergencia aórtica y comunicar la situación al médico responsable de la zona vitales.

La continuidad de los cuidados enfermeros en el box de vitales permitió mantener una monitorización permanente, establecer accesos vasculares, obtener muestras analíticas, administrar analgesia y tratamiento antihipertensivo, colaborar en la activación del protocolo de posible hemorragia y administrar los hemoderivados prescritos.

La valoración sistemática de la coloración y temperatura cutánea, el relleno capilar, los pulsos periféricos, la presencia de sudoración, los edemas y otros signos de alarma constituye una herramienta fundamental para detectar cambios en la perfusión y en la evolución hemodinámica del paciente.

La coordinación entre enfermería, medicina, Banco de Sangre, Cirugía Vascular y Cuidados Intensivos permitió completar de forma rápida y organizada el circuito asistencial, desde la sospecha diagnóstica hasta la estabilización y el traslado para tratamiento quirúrgico.

Por todo ello, este caso pone de manifiesto la importancia de una actuación enfermera protocolizada, sistemática y fundamentada en la valoración clínica desde el primer contacto con el paciente, especialmente ante patologías tiempo-dependientes y potencialmente mortales como la disección aórtica aguda.

CONDICIONES ÉTICAS

Para la publicación de este caso clínico se ha garantizado en todo momento la confidencialidad y el anonimato del paciente. No se han incluido datos identificativos ni iniciales. El paciente ha sido informado de que su caso iba a ser tratado de manera confidencial y presentado para publicación, y se dispone de su consentimiento informado por escrito para la publicación del mismo, de acuerdo con las normas de la Revista Sanitaria de Investigación.

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