Actualidad del melanoma. Un trabajo monográfico

16 mayo 2024

AUTORES

  1. Paula Pastor Morales, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  2. Erica Victoria Delgado Hynes, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  3. Marina Pisonero Rivero, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  4. Sonia López Abia, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  5. Ana Belén García Garrido, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  6. Ángela Molina Sierra, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).

 

RESUMEN

El melanoma constituye el tipo de cáncer de piel más común, y se sabe que su incidencia va en aumento en todo el mundo debido en gran parte por la adopción de conductas de riesgo por parte de la población, como la exposición prolongada a la radiación ultravioleta, que es capaz de alterar a los melanocitos de la piel hasta el punto de malignizarse. La prevención, el diagnóstico temprano y el seguimiento del melanoma confirmado son objetivos fundamentales dentro de este tema que pueden ayudar a salvar muchas vidas. A continuación, se redacta un trabajo monográfico con información actual que trata los aspectos más importantes de la enfermedad, desde la epidemiología a las recomendaciones principales pasando por el tratamiento o el diagnóstico, entre otros puntos clave.

PALABRAS CLAVE

Melanoma, melanocitos, cáncer de piel, rayos ultravioletas, factores de riesgo, prevención.

ABSTRACT

Melanoma is the most common type of skin cancer, and its incidence is known to be increasing throughout the world, largely due to the adoption of risk behaviors by the population, such as prolonged exposure to ultraviolet radiation, which is capable of altering the melanocytes of the skin to the point of becoming malignant. Prevention, early diagnosis and follow-up of confirmed melanoma are fundamental objectives within this topic that can help save many lives. Next, a monographic work is written with current information that addresses the most important aspects of the disease, from epidemiology to the main recommendations, including treatment or diagnosis, among other key points.

KEY WORDS

Melanoma, melanocytes, skin neoplasm, ultraviolet rays, risk factors, prevention.

DESARROLLO DEL TEMA

El concepto melanoma se atribuye a René Laennec, que en el año 1812 describió un caso de metástasis de este tipo de cáncer1,2. Dentro de los tipos de cáncer de piel, el melanoma constituye el más agresivo, y produce más del 70% de los fallecimientos por cáncer cutáneo, y representa también alrededor del 5% de todos los nuevos diagnósticos de cáncer en general4,6.

Los melanomas surgen a raíz de alteraciones malignas de unas células llamadas melanocitos, encargados de producir un pigmento (melanina) en la epidermis. Cuando se produce un daño al ADN de estas células, generalmente ocasionado por la radiación ultravioleta, tienen lugar las mutaciones o alteraciones genéticas que hacen que los melanocitos se reproduzcan rápidamente formando tumores malignos2,6,7.

Aunque los melanomas principalmente aparecen en la piel, existen otras localizaciones donde podemos encontrarlos como, por ejemplo, en el sistema gastrointestinal o urinario, ojos, meninges, etc.2,6,7. Las principales zonas de la piel donde los encontramos coinciden con aquellas que están más expuestas a los rayos ultravioleta de forma continua, por ejemplo, la cabeza, los brazos o el cuello, mientras que en el tronco y las piernas aparecen menos3.

Se estima que solo en el año 2020 aparecieron 325000 casos nuevos7. La incidencia y prevalencia de este tipo de tumor han incrementado en los últimos años en los países más desarrollados con una rapidez mayor que otros tipos de cáncer. Australia y Nueva Zelanda cuentan con las tasas más altas, mientras que Estados Unidos y Europa se sitúan en segundo puesto y el centro de Asia y la zona meridional tienen las tasas de incidencia más bajas. Dentro del continente europeo, Suecia y Dinamarca parecen ser los países donde más número de casos de melanoma aparecen, al contrario que en Grecia, donde se localizan la incidencia más baja. Esto se debe a las diferencias genéticas poblacionales y a una mayor o menor exposición solar según la zona geográfica1,6.

El intervalo de edad entre el que se diagnostican más casos son los 40-60 años, y la edad media a la que se diagnostica el melanoma y se fallece por el mismo son los 57 y 67 años, respectivamente. El rango de edad en el que se identifica el 65,7% de los diagnósticos es entre los 55 y 84 años6,7. La incidencia tiende a incrementarse a partir de los 40 años, unos 10 años antes que en otro tipo de tumores como el de mama o colon. Entre los años 1953 y 2008, un estudio encontró que la tendencia de la incidencia del melanoma, incrementaron en gran parte del continente europeo, sobre todo al sur y al este. No obstante, en países como Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos, se observó una tendencia a la estabilización o disminución, sobre todo entre los 25 y 44 años. Este suceso puede deberse a la efectividad de los programas de prevención frente a la exposición al sol para los niños de estos países1,6.

Si ajustamos la incidencia por sexo y edad, encontramos que adolescentes y las mujeres jóvenes, al llevar a cabo conductas de riesgo para el melanoma como el uso de cabinas de bronceado o la exposición solar prolongada para mantener un tono de piel socialmente determinado como una necesidad estética, es el grupo de población donde aparece con más frecuencia este tipo de cáncer. Sin embargo, a edades más avanzadas, la incidencia se invierte, y resulta incrementar en el subgrupo poblacional de hombres mayores, esto se debe posiblemente, a que los hombres se autoexaminan la piel con menos frecuencia o no acuden a consultas dermatológicas1,6.

Desde la década de los 80, la tasa de mortalidad ha ido en aumento en Estados Unidos y Europa, pero a un ritmo más lento que la incidencia6. Solo en el año 2020 fallecieron 57000 personas a causa del melanoma7.

A cualquier edad se observa que la tasa de mortalidad es mayor en el hombre. Un análisis de varios ensayos de la Organización Europea para la Investigación y el Tratamiento del Cáncer, muestra que las mujeres presentan ventajas en algunos criterios relacionados con el curso de la enfermedad y la supervivencia a la misma. Estas ventajas parece que tienen que ver con los caracteres sexuales biológicos y las conductas de prevención primaria (protección frente al sol) y secundaria (examen de la piel)6.

La primera tasa de supervivencia a 5 años registrada para el melanoma es del 81,9% en el año 1975, frente a la más reciente encontrada (2011-2017), del 93,3%. Esta tasa aumenta hasta el 99,4% para los pacientes que son diagnosticados por primera vez en los estadios I y II y cae hasta el 68% para el estadio III y casi al 30% para el estadio IV. La buena noticia es que la gran mayoría de los diagnósticos se identifican en fases tempranas (I-II), el 83% concretamente, frente a un 4% que lo hacen en las fases más tardías (IV)7.

Los pacientes que padecen melanoma son susceptibles de tener recurrencias tras el tratamiento, que puede cursar con metástasis, que afecta gravemente a las tasas de supervivencia. Sin embargo, con la aparición de nuevos tratamientos para el melanoma en fase de metástasis, es posible que la tasa de supervivencias aumente, sobre todo si se detecta en una etapa temprana4.

-Tipos de melanoma

El melanoma se clasifica según la presentación, la demografía y el perfil molecular. El melanoma de extensión superficial es el más habitual en la población europea, sobre todo en personas con la piel clara y, además, cuenta con un pronóstico favorecedor, más aún si se diagnostica en etapas tempranas. El melanoma lentiginoso acral, aparece en las zonas menos expuestas al sol, como las palmas de las manos, las plantas de los pies y lecho ungueal de las uñas, más comúnmente en la población de raza negra. El melanoma uveal (ojo) es menos común y quizá independiente a la exposición solar. Este tipo tiene especialmente mal pronóstico, pues más de la mitad de los pacientes lo desarrollan en etapas tardías6,7.

Factores de riesgo:

-La exposición a los rayos ultravioleta del sol constituye el principal factor de riesgo para padecer melanoma. Una exposición de gran intensidad y de forma intermitente al sol se relaciona con mayor riesgo de melanoma frente a una exposición continua, que estaría más asociada a queratosis actínica y cánceres de piel de tipo no melanoma1. Según la OMS, anualmente mueren 65.161 personas a nivel mundial debido al exceso de sol. Numerosos estudios han descubierto que los rayos UVA y UVB son capaces de inhabilitar el sistema inmune incrementando la susceptibilidad para padecer cáncer y otras patologías6.

-Un historial de quemaduras solares previas, sobre todo en personas jóvenes, incrementa la posibilidad de desarrollar este tipo de cáncer de piel2.

-Uso de cabinas solares para bronceados artificiales. Esta es una práctica muy extendida en Estados Unidos y Europa del norte desde los 80. Estos sistemas emiten rayos UVA en mayor medida y rayos UVB en una proporción inferior al 5%, lo suficiente para producir un tono bronceado en la piel en profundidad y que perdure en el tiempo. Ambos tipos de radiación ocasionan alteraciones del ADN e inmunosupresión. Se sabe que esta práctica puede ser de 10 a 15 veces más fuerte que la radiación que emite el sol a mitad del día6.

-Tener 50 o más nevus melanocíticos desde el nacimiento o adquiridos durante la vida, ya que en torno a una cuarta parte de los melanomas se desarrollan a partir de un nevus ya existente. Los nevus son proliferaciones de carácter benigno de los melanocitos, que por lo general mantienen el mismo tamaño en el tiempo e incluso pueden llegar a desaparecer2.

-Susceptibilidad genética y fototipos de piel. Existen 6 fototipos de piel, las personas con fototipos I y II, presentan un tono de piel claro, color de pelo rubio o pelirrojo, ojos claros y numerosas pecas, por lo que este menor nivel de pigmentación de la piel, los hace más sensibles a la exposición de los rayos UV y más susceptibles de desarrollar un melanoma1,2.

-Antecedentes familiares. Si una persona tiene un familiar que ha desarrollado melanoma en algún momento de su vida, tiene una probabilidad de entre el 7 y el 15% de desarrollarlo también1. Esto se debe a que existen algunos genes cuyas mutaciones pueden heredarse dando lugar a un melanoma de tipo hereditario.

-Uso de pesticidas. Aquellos trabajadores que manejan pesticidas, tienen mayor riesgo de desarrollar melanoma acral en las palmas de las manos y las plantas de los pies.

-Localización geográfica. La incidencia difiere en función de la ubicación, así, Australia y Nueva Zelanda se colocarían a la cabeza a nivel mundial en lo que a incidencia de melanoma se refiere. Dentro del continente europeo, la zona norte se corona como la que más incidencia tiene, destacando Escandinavia, siendo Europa oriental y meridional la que destaca por su menor incidencia.

-Factores genéticos. Las mutaciones genéticas producen la aparición del melanoma. El gen NRAS se altera en el 15-20% de los casos de melanoma, tras una exposición al sol prolongada. Otra mutación frecuente en el melanoma es la del gen BRAF, que se da casi en la mitad de los casos. Esta mutación produce una división sin control de los melanocitos, desarrollando un melanoma.

-Condiciones inmunosupresoras. Las personas que padecen enfermedades inmunosupresoras como el SIDA, son más propensas a sufrir este tipo de cáncer, pues la inmunosupresión prolongada, deja indefenso al organismo en cuanto a protección contra algunos tumores.

-Padecer carcinoma de células escamosas, carcinoma de células basales o queratosis actínica, aumenta la probabilidad de desarrollar melanoma2.

Fisiopatología:

Las proteínas y ácidos de los melanocitos y otras células de la piel captan la radiación ultravioleta y de esta forma interactúan mediante estrés oxidativo produciendo alteraciones en los melaocitos2.

Los melanocitos son células que pueden ubicarse, sobre todo, en la capa basal de la epidermis, en las zonas de las mucosas, en los folículos pilosos, las meninges y en la coroides del ojo. Tienen la función de producir melanina, que posee características antioxidantes y prooxidantes (que puede producir subproductos del oxígeno del metabolismo pudiendo dañar las células). El paso de un elemento antioxidante a uno prooxidante, mediante el efecto de algunos factores como la radiación ultravioleta, supone el proceso patogénico que con mayor rapidez induce la carcinogénesis. El efecto prooxidante de la melanina produce un incremento en la cantidad de radicales de oxígeno en el interior de las células, ocasionando daño en el ADN del melanocito, que se traduce como mutaciones que activan de manera excesiva las vías de señalización celular y permiten un desarrollo incontrolado y la ausencia de diferenciación de algunos tipos de células. Cuando la radiación ultravioleta daña el ADN, los queratinocitos cutáneos inducen la producción de hormona estimulante de los melanocitos. Esta se une al receptor de melanocortina 1 en los melanocitos para luego producir melanina, que en ocasiones sirve de barrera contra la radiación UV para prevenir un mayor daño al ADN1,2.

La Organización Mundial de la Salud en el año 2018, expuso una actualización de la clasificación de las diferentes vías que explican la formación de los melanomas en función de la exposición solar, la clínica de las lesiones y las alteraciones genéticas2.

Genéticamente, los principales impulsores son las mutaciones NRAS, el protooncogén BRAF y la neurofibromina 1 (NF1). Cada uno de los tipos de melanoma puede desarrollarse a partir de múltiples lesiones y diferentes mutaciones. Se ha descubierto que BRAF aparece mutado en el 80% de los nevus benignos, que se encuentran en período de inactividad durante años, por lo que serían necesarios otros factores que desencadenan el melanoma. En pocas ocasiones un nevus benigno se transforma en melanoma, pero cuando es así, se debe a la asociación de otras mutaciones posteriores1.

-Vía MAPK:

Tiene gran papel en la transmisión de señales extracelulares, tales como hormonas o factores de crecimiento, al núcleo, lo que conlleva a la expresión de genes responsables de la proliferación, diferenciación y supervivencia de las células1.

La proteína quinasa activada por mitógenos (MAPK) es la encargada de controlar el desarrollo, el crecimiento y los desplazamientos celulares, y se activa en la gran mayoría de los tipos de melanomas1,2. La vía MAPK permanece activa en condiciones de normalidad, pero en presencia de melanoma, esta activación es desmedida. Esta vía explica la estimulación de los factores de transcripción, que resulta en una intensa transcripción de genes encargados de la motilidad, crecimiento y proliferación celulares. Esto queda confirmado desde que se observó que en torno el 80% de los melanomas asocian mutaciones de los genes NRAS O BRAF. Para personas que padecen mutaciones de tipo BRAF se utilizan terapias con inhibidores de BRAF2.

-Vía BRAF:

La proteína BRAF se activa directamente a través de RAS y se encuentra en los melanocitos, el tejido neural, los testículos y células formadoras de células sanguíneas. Las alteraciones en el subtipo BRAF V600E, inicialmente cursan con proliferación celular incontrolada en el nevus seguida de envejecimiento. Estas mutaciones son más habituales en el melanoma que aparece a causa de la radiación ultravioleta, además aparecen con más frecuencia en mujeres y pacientes más jóvenes. Otras mutaciones como las de V600K, suponen el 20% de las mutaciones tipo BRAF dentro del melanoma, y se localizan sobre todo en pacientes con melanoma que han tenido una exposición crónica al sol. En este cao, la tasa de mutaciones incrementa a mayor edad. Las mutaciones tipo BRAF V600 son poco comunes en las fases iniciales del melanoma, hallándose con más frecuencia en el melanoma metastásico1.

-Vía RAS:

Las alteraciones que conllevan un incremento de la actividad RAS en el cáncer cutáneo también aumentan la proliferación de las células, aunque en menor medida que en otro tipo de tumores. Las modificaciones en el gen NRAS, puede producir un incremento en la función de la proteína NRAS, lo que conduce a la evolución del ciclo celular y a la evolución y supervivencia de las mismas. No es común que las mutaciones NRAS y BRAF se den a la vez, por lo que la alteración de uno de los dos genes es suficiente para activar la vía MAPK.

Las mutaciones de NRAS son más frecuentes en los nevus congénitos1,2.

-Vía NF1:

NF1 es el tercer gen que con mayor frecuencia aparece mutado en el melanoma, y se relaciona con la exposición crónica al sol. La proteína NF1 regula el conjunto RAS impidiendo la señalización en sentido descendente. Un fallo en la función de NF1, conduce la hiperactivación de la proteína NRAS y el incremento de señalización de la vía MAPK1.

-Factor inducido por hipoxia (HIF)

El entorno constituye una característica fundamental en la formación y desarrollo del tumor. La piel suele carecer de oxígeno (medio hipóxico), ambiente que beneficia la formación del melanoma mediante la alteración de los melanocitos y el crecimiento tumoral. El bloqueo del gen HIF inhibe este proceso. Un riego sanguíneo deficiente conduce a un mayor nivel de hipoxia y crecimiento del melanoma, así se favorece el aumento del factor inducido por hipoxia y de la progresión del tumor. Es por esto que los melanomas situados en zonas de hipoxia tienen un peor pronóstico2.

Diagnóstico:

-Biopsia de resección completa.

Es fundamental para obtener información fiable sobre el pronóstico, clasificar el melanoma según el estadio en el que se encuentre, adjudicar un tratamiento y seleccionar terapias adyuvantes, si procede.

Hoy en día se recomienda la cirugía en menor medida, en su lugar pueden ofrecerse terapias sistémicas que pueden aumentar la supervivencia. Un pronto tratamiento y una clasificación minuciosa son claves para el tratamiento del melanoma avanzado, pues el pronóstico depende directamente del estadio en el que se diagnostique la enfermedad.

-Exámenes de la piel.

Gran parte de los melanomas se detectan mediante autoexámenes que se realizan los propios pacientes. Se debe estar atento frente a la aparición de nuevas lesiones o a cambios recientes en otras ya existentes.

Los criterios que pueden indicar invasión son la aparición de zonas con relieve o palpables y los cambios de coloración, como áreas sin estructura de color rosa lechoso o gris azulado, presencia de zonas con rayas blancas o vasos polimorfos. Es importante hacer hincapié en que algunos tipos de melanoma pueden tener un color rosado o el mismo tono de la piel y pueden parecer insignificantes.

-Fotografía total del cuerpo.

Indicada para personas con riesgo elevado, aquellas que tienen muchos nevus y que tienen características fuera de lo común, pues permite orientar la vigilancia en caso de aparición de nuevas lesiones o cerciorarnos de las alteraciones en otras preexistentes. De esta forma, se guarda un registro de todas las lesiones del cuerpo al que se pueda recurrir en caso de necesitar revisarlo en busca de otras nuevas lesiones o cambios.

-Biopsia diagnóstica.

La finalidad es establecer el diagnóstico de forma exhustiva o descartarlo, y en caso de diagnosticar el melanoma, poder estudiar la profundidad y características del mismo para clasificarlo y plantear el tratamiento.

Una clasificación T minuciosa basada en la profundidad del melanoma y la ulceración, es imprescindible para seleccionar el tratamiento, delimitar los bordes de escisión, la biopsia del ganglio centinela y las terapias sistémicas. La biopsia por resección total con un margen de 2 mm es la técnica más precisa para conseguir estos objetivos. Si bien en gran parte de los casos no hay dificultad para conseguir una escisión total que cierre por primera intención, se puede realizar una biopsia parcial para lesiones localizadas en zonas complicadas, como la nariz, orejas o uñas, o para grandes lesiones donde el cierre por primera intención resulta imposible. En ambas situaciones se debe conseguir una muestra representativa del tumor para examen patológico. La punción de lesiones de pequeña extensión no es fiable para tomar muestras dada la alta probabilidad de resultados falsos negativos8.

-La biopsia por afeitado.

Tiene gran utilidad para identificar el lentigo maligno, sobre todo en la zona de la cara. El afeitado profundo (saucerización) ha ido consiguiendo mucho prestigio como técnica de diagnóstico de melanoma en algunos países, con el fin de retirar la lesión de forma permanente. No obstante, no sería una técnica a utilizar para identificar melanomas de tipo invasivo, pues la alta probabilidad de seccionar transversalmente la base del tumor, dificulta la estadificación del mismo, por lo que se necesitarían, además, otros procedimientos para la clasificación.

Los principales factores pronóstico del melanoma invasivo son: el espesor de Breslow, la tasa de mitosis, la ulceración y el estado del ganglio centinela.

-Biopsia del ganglio centinela.

Los ganglios linfáticos constituyen la primera zona de recurrencia tras el tratamiento definitivo para el melanoma. Una biopsia ganglionar supone la técnica más sensible para confirmar la existencia o ausencia de anomalías ganglionares a nivel microscópico. Esta prueba también es un predictor pronóstico y permite clasificar el estadio del melanoma. Un resultado negativo puede dar por hecho un bajo riesgo de mortalidad por melanoma8.

Tratamiento:

-Cirugía.

La resección quirúrgica es el tratamiento de elección cuando se trata de un melanoma in situ o en estadios iniciales, un tratamiento que resulta curativo en la mayoría de los casos1,8. Para el melanoma in situ es precisa una resección que deje unos márgenes de 5 a 10 mm respecto al melanoma en sí, para los de mayor tamaño, un margen de 10 mm, y para los más invasivos, de 10 a 20 mm. Estos márgenes deben marcarse con el objetivo de poder estudiar su evolución8.

-Inmunoterapia e inhibidores de quinasa vs quimioterapia

Para los melanomas con metástasis ya en estadios avanzados, los cuales tienen un pronóstico grave y bajo nivel de respuesta al tratamiento, desde el año 2011 han surgido alternativas terapéuticas.

Aquí mencionamos a los inhibidores de la quinasa (BRAF y MEK) y a los inhibidores de puntos de control inmunológico (ICI), que han aportado resultados esperanzadores en ensayos clínicos, permitiendo un aumento de la supervivencia de estos pacientes5. Dentro de los inhibidores BRAF Y MEK, la combinación de dabrafenib y trametinib, ha demostrado una disminución del riesgo de recurrencia superior al 50%. Por otro lado, en cuanto a los ICI, nivolumab parece producir una mayor tasa de supervivencia, y junto con ipilimumab, entre otros, constituye el tratamiento principal para el melanoma con metástasis. 5,8.

Previo a la aparición de estos inhibidores, la quimioterapia constituía el tratamiento de elección en el melanoma, con una tasa de supervivencia a los 5 años de en torno al 10% para melanomas en fase IV. Últimamente, dada la poca evidencia de los beneficios de la quimioterapia en el cáncer de piel por su nivel de toxicidad y peores resultados respecto a los nuevos tratamientos, la terapia inmunológica y los inhibidores de la quinasa constituyen el centro de la terapia sistémica en comparación con el uso de la quimioterapia, que se contempla actualmente como una alternativa terapéutica de segunda línea o posterior1,5.

Prevención y recomendaciones:

La evidencia científica destaca el papel de algunos alimentos y componentes de los mismos que podrían actuar aumentando o disminuyendo el riesgo de padecer melanoma:

-Cafeína. Se ha visto que una mayor ingesta de cafeína puede ayudar a disminuir el riesgo de sufrir melanoma, ya que esta podría proteger frente a la carcinogénesis que producen los rayos UVB.

-Alcohol. Su consumo incrementa la severidad de las quemaduras solares, principal factor de riesgo de este tipo de cáncer.

-Ácidos grasos poliinsaturados. Destaca su papel quimiopreventivo en el cáncer de piel gracias a la capacidad para bloquear la fotoinmunosupresión cutánea.

-La escasez de vitamina D puede relacionarse con un riesgo y una progresión mayores en este tipo de cáncer de piel. Se ha visto que esta vitamina tiene propiedades antiproliferativas en las células formadoras del melanoma2.

Recomendaciones para la población en general:

-Usar prendas que nos protejan del sol, como sombreros o gafas de sol.

-Evitar exponerse a la luz solar en las horas a las que se emite con más intensidad (intervalo entre las 11 y las 16 horas aproximadamente).

-Ponerse crema solar frecuentemente para evitar quemaduras cuando estemos expuestos al sol4. Se ha visto que el uso de cremas solares con factor protector mayor de 30, protege adecuadamente la piel frente a la exposición solar y reduce la aparición de nevus cuando se compara con el uso de cremas con factor inferior a 30. Sería también ideal alternar la exposición solar con períodos de descanso a la sombra6.

-Los autoexámenes cutáneos frecuentes pueden ayudar a una pronta detección del melanoma, pudiendo así establecer un rápido tratamiento y disminuir la mortalidad. Por ello, se deben vigilar los siguientes cambios en los lunares (ABCDE):

Asimetría, Bordes irregulares, Colores diferentes, Diámetro (aumento) y Evolución.

Por otro lado, una vez establecido el diagnóstico de melanoma, sería interesante seguir estas recomendaciones:

-Establecer una frecuencia de vigilancia según el estadio del melanoma, debiendo hacerse más a menudo en caso de fases más avanzadas, así como al inicio del período de seguimiento

-Seguimiento y examen cutáneo por parte del especialista, generalmente dermatólogo u oncólogo con conocimientos en dermatoscopia4.

Importancia del seguimiento.

El intervalo de tiempo en el que el riesgo de recurrencia del melanoma aumenta es alrededor de los tres años. No obstante, este intervalo puede prolongarse más si el espesor del melanoma es pequeño. Debido a que gran parte de estas recurrencias son detectadas por los mismos pacientes, es fundamental apostar por la educación de la población en autoexámenes cutáneos.

El estudio íntegro de la piel, de las cicatrices y los ganglios debe hacerse con una frecuencia determinada en el inicio marcada por el riesgo de recurrencia, que puede ir espaciándose según nos alejemos del período de riesgo. Así, lo ideal sería un seguimiento cada 3 meses para los estadios II y III, y anual para el estadio8.

 

CONCLUSIÓN

La incidencia del melanoma ha ido en aumento en las últimas décadas y se prevé que lo siga haciendo debido en mayor medida a la exposición solar como principal factor de riesgo. Además de este, existen otros factores ya mencionados que pueden aumentar la susceptibilidad de padecer melanoma, como la genética o los antecedentes familiares.

Las últimas investigaciones han ido arrojando información relacionada con el tratamiento de este tipo de cáncer. Si bien la quimioterapia era el tratamiento de elección hasta hace no mucho, ahora se ha visto que su utilidad es limitada en este campo debido a sus bajas tasas de respuesta y supervivencia y el nivel de toxicidad, que puede producir más riesgos que beneficios. No obstante, existen casos específicos en los que sí se emplea, por ejemplo, como terapia para un tumor in situ. Por otro lado, la inmunoterapia y los tratamientos sistémicos dirigidos están ganando paso en esta cuestión, pues han logrado reducir notablemente la tasa de mortalidad.

La estadificación y tratamiento precoz, el seguimiento y la concienciación de la importancia de la prevención a la población (sobre todo en aquellas personas con factores de riesgo), constituyen pilares fundamentales en la reducción de la mortalidad y morbilidad y en la disminución de la probabilidad de la aparición de melanoma.

De igual manera, se ha visto que la dieta puede influir positiva o negativamente en la predisposición para sufrir melanoma. Por ejemplo, se ha visto que la cafeína o los ácidos grasos poliinsaturados pueden proteger contra el melanoma, mientras que el alcohol o los cítricos pueden ser perjudiciales. Es por esto que seguir una dieta equilibrada puede propiciar un menor riesgo de desarrollar este tipo de cáncer, entre otros.

 

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