Actualización sobre la enfermedad de Alzhéimer. Un análisis monográfico

16 mayo 2024

AUTORES

  1. Paula Pastor Morales, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  2. Erica Victoria Delgado Hynes, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  3. Marina Pisonero Rivero, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  4. Sonia López Abia, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  5. Ana Belén García Garrido, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  6. Ángela Molina Sierra, Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).

 

RESUMEN

El Alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa progresiva e irreversible que afecta principalmente a personas mayores. Se caracteriza por la pérdida gradual de memoria y otras funciones cognitivas como el pensamiento, la capacidad de juicio y el lenguaje. A medida que la enfermedad avanza, los individuos afectados pueden experimentar cambios en la personalidad, dificultades para llevar a cabo tareas cotidianas y eventualmente la pérdida completa de la capacidad de cuidarse por sí mismos.

A nivel neuropatológico, el Alzhéimer se caracteriza por la acumulación de placas de proteína beta-amiloide en el cerebro, así como enredos neurofibrilares formados por la proteína tau. Estos depósitos interfieren con la comunicación entre las neuronas y provocan la muerte celular.

El diagnóstico del Alzheimer se basa en la evaluación clínica de los síntomas, así como en pruebas neuropsicológicas y, en algunos casos, imágenes cerebrales como resonancia magnética o tomografía por emisión de positrones (PET). Actualmente, no existe una cura para el Alzheimer, pero existen tratamientos farmacológicos y terapias no farmacológicas que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de los pacientes y retrasar la progresión de la enfermedad en algunas personas.

La investigación sobre el Alzheimer es activa y se centra en comprender mejor los mecanismos subyacentes de la enfermedad, identificar biomarcadores tempranos, desarrollar tratamientos más efectivos y encontrar estrategias para prevenir o retrasar su aparición. Además, se están explorando enfoques innovadores, como la terapia génica y la inmunoterapia, en busca de nuevas formas de abordar esta enfermedad devastadora.

PALABRAS CLAVE

Enfermedad de Alzhéimer, demencia, enfermedad neurodegenerativa.

ABSTRACT

Alzheimer’s is a progressive and irreversible neurodegenerative disease that mainly affects older people. It is characterized by the gradual loss of memory and other cognitive functions such as thinking, judgment and language. As the disease progresses, affected individuals may experience personality changes, difficulties carrying out everyday tasks, and eventually complete loss of the ability to care for themselves.

At a neuropathological level, Alzheimer’s is characterized by the accumulation of beta-amyloid protein plaques in the brain, as well as neurofibrillary tangles formed by the tau protein. These deposits interfere with communication between neurons and cause cell death.

The diagnosis of Alzheimer’s is based on clinical evaluation of symptoms, as well as neuropsychological tests and, in some cases, brain imaging such as MRI or positron emission tomography (PET). Currently, there is no cure for Alzheimer’s, but there are drug treatments and non-drug therapies that can help improve patients’ quality of life and slow the progression of the disease in some people.

Alzheimer’s research is active and focuses on better understanding the underlying mechanisms of the disease, identifying early biomarkers, developing more effective treatments, and finding strategies to prevent or delay its onset. Additionally, innovative approaches, such as gene therapy and immunotherapy, are being explored for new ways to address this devastating disease.

KEY WORDS

Alzheimer disease, dementia, neuro-degenerative disease.

DESARROLLO DEL TEMA

La enfermedad de Alzhéimer cursa con un trastorno neurodegenerativo y constituye la causa más frecuente de demencia, pues representa entre el 50 y el 75% de todos los casos de demencia a nivel mundial1. Se le debe su nombre a Alois Alzhéimer, que la describió en el año 1906 tras localizar una serie de alteraciones en el tejido cerebral de sus pacientes2. Más tarde, la OMS la definió como una enfermedad neurodegenerativa de causa desconocida determinada por un deterioro progresivo de la cognición y la memoria5.

En torno al 95-99% de los casos, la enfermedad aparece de forma esporádica, mientras que solo el 1-5% podría tener un origen hereditario. La forma esporádica aparece más habitualmente en personas mayores de 65 años, edad a la que empiezan a manifestarse los síntomas. Sin embargo, se sabe que los mecanismos patológicos empiezan a desarrollarse décadas antes1.

Aproximadamente un 10-20% de la enfermedad tiene carácter genético, y alrededor del 80% restante se atribuye a factores ambientales. La incidencia y la prevalencia van en aumento en relación a una mayor edad de la persona, y es poco frecuente que aparezca antes de los 50 años5. La incidencia se multiplica por dos cada 5 años a partir de los 65, y se prevé esta enfermedad es padecida por más de un tercio de las personas mayores de 85 años3. La OMS calcula que, a nivel mundial, 47,5 millones de personas sufren demencia, y anualmente se diagnostican 7,7 millones de casos nuevos5. Ya en el año 2019, la cantidad de personas con Alzhéimer era superior a 50 millones a nivel mundial, y se estima que para el año 2050 se alcancen los 106,8 millones de casos, de los cuales 16,51 millones pertenecerían al continente europeo3,5.

Fue el propio Alois Alzhéimer quien describió las lesiones características de la enfermedad: los depósitos de proteínas. En este contexto, John Hardy y David Allsop en el año 1991 formularon una hipótesis que es hoy fundamento para el diagnóstico, y que, además, consiguió explicar los mecanismos que se dan para que se desarrolle la enfermedad. Hablamos de la hipótesis de la cascada amiloide, que habla de la mutación patológica del gen de la proteína precursora beta-amiloide (APP). Esto fundamenta el desarrollo de un metabolismo alterado de APP y consecuentemente la acumulación y depósito de proteína beta-amiloide que conlleva a la destrucción neuronal2.

Recientemente se ha investigado mucho hasta poder encontrar marcadores predictivos de la enfermedad mediante diferentes técnicas (los cuales definiremos con más detenimiento en apartados posteriores) con la finalidad de detectar la enfermedad lo antes posible para poder ajustar un tratamiento pronto y frenar el curso de la misma1.

Está claro que aparte de al paciente, el continuo proceso degenerativo también afecta a los cuidadores y familiares, que deben suplirle todas las necesidades según avanza la enfermedad, pues la persona va perdiendo su autonomía y esto compromete seriamente su calidad de vida. A consecuencia del deterioro de las áreas cerebrales relacionadas con la memoria y el aprendizaje, la persona tendrá problemas para expresarse, recordar sucesos de su vida u organizar pensamientos. Los pacientes irán necesitando cada vez más ayuda, incluso en las tareas más básicas en fases avanzadas. Por ello, pierden totalmente su independencia y el esfuerzo familiar por proporcionar unos cuidados adecuados a este tipo de pacientes se vuelve tan intenso que hasta los propios cuidadores pueden requerir atención, ya sea física o psicológica, pues el impacto emocional que produce visualizar diariamente el deterioro progresivo de un ser querido es innegable. Es por ello que velar por una buena calidad de vida de la familia en su conjunto es crucial, y puede llevarse a cabo mediante actividades lúdicas o programas de capacitación de los cuidadores3,4.

Factores de riesgo:

La enfermedad de Alzhéimer no puede relacionarse con un único factor de riesgo, es multifactorial. A continuación, se describen los principales.

-Envejecimiento. Es el principal factor de riesgo para desarrollar Alzhéimer. A mayor edad, se produce más disminución de la masa cerebral en cuanto a peso y volumen, menor sinapsis neuronal y un ensanchamiento ventricular, hechos que favorecen el desarrollo de esta enfermedad1.

-Genética. Las mutaciones de los genes APP, PSEN1 y PSEN2 inducen una pronta aparición de la demencia tipo Alzhéimer, mientras que las alteraciones del gen APOE, se relacionan con una aparición más a largo plazo1.

-Factor educativo. Se produce una protección frente a la demencia si el nivel intelectual de la persona es elevado, pues evita el deterioro cognitivo1,5.

-Enfermedad cerebrovascular. Esta afección se detecta como pequeñas hemorragias o infartos en más de la mitad de las personas que padecen Alzhéimer1.

-Traumatismo cerebral. Desencadena el depósito excesivo de sustancias neurodegenerativas en la zona de la sinapsis neuronal, lo que conduce a padecer Alzhéimer1.

-Hipertensión arterial. Padecer esta enfermedad en la etapa media de la vida puede incrementar la probabilidad de padecer Alzhéimer, pues se ha visto que afecta al rendimiento de la función cognitiva de forma negativa. La alteración de las paredes de las arterias puede conllevar a una disminución de la perfusión, que puede dar lugar a isquemia y déficit de oxígeno a nivel cerebral. Todo esto puede beneficiar la aparición de la demencia y a una serie de alteraciones de la barrera hematoencefálica, relacionada con el inicio de la enfermedad de Alzhéimer1.

-Obesidad. Un mayor peso corporal se relaciona de forma directa con la probabilidad de desarrollar demencia1.

-Sedentarismo. La inactividad aumenta el riesgo de desarrollar demencia en las personas mayores. La probabilidad de padecer demencia disminuye entre un 14 y un 21% entre las personas con mayor nivel de ejercicio físico1. La práctica de ejercicio estimula el incremento del flujo sanguíneo a nivel cerebral y el crecimiento neuronal, relacionado con una menor posibilidad de padecer este tipo de demencia. Además, la actividad física evita la obesidad y disminuye el riesgo de hipertensión, otros dos factores implicados en el Alzhéimer5.

-Diabetes Mellitus. En concreto el tipo 2, está relacionada con alteración de la función cognitiva, pues se ha visto que la resistencia a la hormona del páncreas (insulina) está relacionada con la aparición de placas amiloides en los cerebros de estos pacientes, que pueden deteriorar el sistema nervioso central1,5.

-Depresión. Como signo prodrómico de inicio de la demencia. Relacionada con la incidencia de la demencia, puede desencadenar diferentes procesos fisiológicos y psicológicos1.

-Aislamiento. Una escasa interacción social es un factor predisponente para la aparición de la demencia. Además, ese aislamiento puede aparecer también en las fases tempranas de la demencia como uno de los signos de alarma1.

-Consumo de alcohol y tabaco. La ingesta excesiva de alcohol puede producir daño a nivel neuronal, lo que puede potenciar la aparición de la demencia1. Por otro lado, la inhalación del humo del tabaco es capaz de alterar la memoria1,5.

-Procesos infecciosos. Capaces de producir lesiones a nivel cognitivo a largo plazo, sobre todo tras una respuesta inflamatoria a causa de la propia infección. La pandemia de Covid-19 en Estados Unidos lo pone de manifiesto, pues el número de fallecimientos por Alzhéimer y demencias se incrementaron un 16% en este período1.

Factores protectores:

-Dieta. La alimentación adecuada constituye un estilo de vida saludable y tiene influencia en la aparición de ciertas enfermedades, así como en el transcurso del envejecimiento. El consumo de una dieta mediterránea se ha relacionado con una alteración cognitiva más pausada y un riesgo menor de padecer Alzhéimer5.

Se cree que tanto el estrés oxidativo como la inflamación neuronal son procesos fundamentales en la génesis de la demencia. Estos mecanismos dañan a la célula, repercutiendo en la sinapsis y ocasionando la muerte de las neuronas. Es por esto que se piensa que el consumo de antioxidantes podría proteger de la neurodegeneración, el deterioro cognitivo y el desarrollo de demencia, evitando la producción de elementos tóxicos. Podemos encontrar fuentes de antioxidantes en: las vitaminas C y E (presentes en frutas y verduras), y en los flavonoides (elementos químicos presentes en las plantas con propiedades protectoras frente a enfermedades crónicas, capaces también de mejorar la memoria y el aprendizaje. Los encontramos en el vino, cacao, té, aceite y algunas frutas y verduras)5.

Así mismo, los ácidos grasos omega 3 resultan fundamentales para el cerebro. Poseen propiedades antiinflmatorias y antioxidativas, además de formar parte del proceso de la neurogénesis favoreciendo ciertos mecanismos neurodegenerativos. Se encuentran principalmente en los pescados azules5.

Evolución de la enfermedad:

La evolución del Alzhéimer es lenta, y el inicio de los síntomas pueden aparecer años tras el verdadero comienzo de la enfermedad. Este hecho sucede porque el cerebro puede compensar la pérdida de algunas neuronas con la función de las restantes. Aunque aparentemente puede ser algo bueno, la realidad es que cuando se detectan los primeros síntomas el cerebro ya está demasiado dañado, por lo que la enfermedad no se puede diagnosticar hasta este momento, y durante todo ese período el paciente no ha tomado ningún tipo de tratamiento que haga frenar el progreso inevitable3.

Se hace mención a tres etapas que se van sucediendo según progresa la enfermedad.

-Fase preclínica: aún no ha aparecido ninguna alteración clínica ni signos o síntomas cognitivos, pero sí pueden detectarse ya biomarcadores que demuestran riesgo para desarrollar Alzhéimer.

-Deterioro cognitivo leve: acontecen las primeras alteraciones leves en la función de memoria y otras habilidades cognitivas, sin que esto afecte a la ejecución de las actividades básicas de la vida diaria.

-Demencia: aquí ya se aprecian modificaciones como mínimo en dos funciones cognitivas o comportamentales que sí interfieren en la realización de actividades cotidianas6.

Las primeras alteraciones se dan en la memoria episódica y el aprendizaje, como consecuencia de que el lóbulo temporal sea el primer afectado. Más tarde, los cambios patológicos producen variaciones del lenguaje, la memoria semántica, la atención y la capacidad de ejecución. Por último, en las fases tardías del Alzhéimer, son las funciones constructivas y viso-espaciales las afectadas6.

Características:

-Depósito de placas de péptido β-amiloide. Este péptido proviene del metabolismo de la proteína precursora de amiloide (APP), localizada en la membrana celular. Cuando se padece Alzhéimer se produce una sobreestimulación de ese proceso y se metaboliza más péptido hasta llegar a ser insoluble, por lo que un acúmulo del mismo, llevaría a neurodegeneración, mediante la formación de las placas seniles que propician el daño y la muerte de las neuronas de alrededor3.

-Ovillos neurofibrilares de proteína Tau: esta proteína en condiciones normales, participa en el buen mantenimiento de la estructura neuronal. Sin embargo, en el proceso patológico del Alzhéimer, se produce una hiperfosforilación de dicha proteína, dando lugar a una modificación de la misma haciéndola insoluble. El acúmulo de fibras de proteína Tau insoluble daña la membrana de las células activando en las neuronas un proceso que acaba por destruirlas3.

-Neuroinflamación: es una respuesta del sistema nervioso central que se debe al depósito de células de la glía, acontecimiento fundamental durante el proceso de la enfermedad de Alzhéimer3.

Diagnóstico:

Un diagnóstico precoz de la enfermedad es crucial, pues desde ese instante se comienza a planificar tanto el tratamiento como los cambios a realizar para que el paciente mantenga su autonomía y la mejor calidad de vida posible. Se presentan a continuación diferentes procedimientos para detectar la enfermedad1.

-Biomarcadores. Pretenden ayudar a determinar que alteraciones biológicas se producen mucho antes de que se desarrollen los síntomas. Hoy en día su utilización es limitada, pero es posible que en un futuro próximo tenga grandes implicaciones prácticas. Desde una perspectiva científica, estos biomarcadores se clasifican en: los que se relacionan con la acumulación amiloide en el cerebro y los asociados al proceso neurodegenerativo del cerebro. No obstante, en la práctica clínica, se suelen clasificar según el procedimiento mediante el que se han obtenido: biomarcadores de resonancia magnética, de PET (tomografía por emisión de positrones) o de líquido cefalorraquídeo. En cuanto a estos últimos, destacamos la proteína Aß42 y la proteína TAU. Numerosas investigaciones coinciden en que la coexistencia de una disminución de la proteína Aß42 y un aumento de la proteína TAU en líquido cefalorraquídeo, la precisión para diagnosticar Alzhéimer es mayor6.

-Pruebas de imagen: Resonancia magnética. Permite visualizar el nivel de atrofia cerebral según el estadio de la enfermedad en el que se encuentre el paciente. Las personas con más degeneración cerebral a menudo padecen déficit de tejido en la zona del cerebro y lo van perdiendo con mayor rapidez que las personas sanas6.

-Tomografía por emisión de positrones (PET). Se conocen dos tipos de PET: los que reconocen los acúmulos amiloides emplean elementos que se unen a los propios depósitos amiloides permitiendo mostrar en tiempo real esas placas acumuladas que se van depositando lentamente, lo que puede permitir identificar pacientes antes de la aparición de los síntomas. Se ha descubierto que casi el 85% de las personas con positivo para PET amiloide, desarrollarán Alzhéimer en 3 años. Existe otro PET que muestra el proceso degenerativo del cerebro mediante el metabolismo de la glucosa, si el cerebro no está funcionando de forma correcta, se observa menor metabolismo6.

-Pruebas cognitivas, como el Mini Examen del Estado Mental, la evaluación cognitiva de Montreal, Examen Gerocognitivo Autoadministrado o Escala de Manifestaciones Relevantes para la Enfermedad de Alzheimer1.

Tratamiento:

A día de hoy no existe ninguna terapia capaz de curar el Alzhéimer, por lo que la investigación se ha centrado en ralentizar el progreso de la demencia o incluso prevenir su aparición. Se proponen intervenciones dirigidas al binomio paciente-familia basadas en la comunicación con el profesional sanitario para una pronta identificación de la enfermedad, un seguimiento, una adecuada orientación, planificación, terapias no farmacológicas y apoyo al cuidador para disminuir la carga1. El impacto que la enfermedad de Alzhéimer causa en la familia del paciente es innegable dad la importante pérdida de autonomía que sufre quien la padece, con el consecuente esfuerzo que tiene que llevar a cabo el cuidador, que generalmente suele ser otra persona mayor que también puede tener sus propios problemas de salud. El principal cuidador de una persona con Alzhéimer suele ser en primer lugar el cónyuge, seguido de los hijos4.

Dentro del tratamiento farmacológico del Alzhéimer destacamos:

-Los inhibidores de la acetilcolinesterasa. Son los que se emplean con más frecuencia para el manejo de los síntomas. La acetilcolina es un neurotransmisor que se sintetiza por la actuación de la enzima acetilcolinesterasa, y que dada la alteración neuronal en la enfermedad de Alzhéimer se encuentra en déficit, lo que ocasiona los síntomas de la misma. Para aumentar la cantidad de este neurotransmisor, se emplean los inhibidores de acetilcolinesterasa, que actúan reduciendo su eliminación. Pese a que el tratamiento logra buenos resultados, se ha visto que se va produciendo una tolerancia progresiva y se crea la necesidad de aumentar las dosis. Estos inhibidores se emplean en las primeras fases de la enfermedad para paliar el efecto de los síntomas. Incluimos en este apartado la tacrina, el donepezilo, la rivastigmina y la galantamina3,4.

-Memantina. La enfermedad de Alzhéimer produce un incremento de los niveles de glutamato, lo que conlleva al daño neuronal. La función de la memantina es regular este proceso y su uso es adecuado para los estadios moderados y avanzados de la patología. Sus efectos secundarios son poco comunes, entre los que se pueden encontrar cefalea, fatiga o mareos3.

-Anticuerpos monoclonales. Destacamos el aducanumab. Se trata de una inmunoglobulina que detiene el deterioro cognitivo disminuyendo las placas amiloides, por lo que enlentece el deterioro cognitivo en las fases más tempranas. Generalmente es tolerado sin incidencias, siendo la cefalea el efecto secundario más común entre los pacientes. Su aprobación se llevó a cabo por la vía acelerada en el año 2021 dados los buenos resultados que se encontraron en los ensayos clínicos1,3,4. Su uso conllevaría a que los pacientes tuvieran una menor probabilidad de ser institucionalizados, por lo que esta y otras ventajas señaladas hacen que las expectativas hacia este fármaco tan innovador sean muy prometedoras4.

-Antiinflamatorios. Dado que la neuroinflamación es un proceso que se da durante el curso de la enfermedad, cada vez más investigaciones proponen el uso de antiinflamatorios no esteroideos como tratamiento coadyuvante3.

-Neuroprotectores. Pretenden disminuir la evolución patológica al evitar la destrucción neuronal. La investigación en este campo se centra en buscar elementos con función antioxidante (para disminuir el estrés oxidativo en las neuronas) y aquellos que eviten la producción del péptido Aβ y la hiperfosforilación de la proteína Tau3.

Prevención:

-Prevención primaria:

En este sentido, todas las actividades irán encaminadas a promover estilos de vida saludables y un envejecimiento activo mediante la práctica frecuente de ejercicio, dieta sana, interacción social y trabajar la función cognitiva7.

-Prevención secundaria

Este concepto se basa en la importancia de la detección precoz de la enfermedad antes de la aparición de los síntomas. Se busca a la población diana, aquella sin cambios cognitivos aparentes pero que cumple con algún que otro factor de riesgo para padecer la enfermedad. A este grupo de personas se les comienza a hacer una serie de pruebas con el fin de detectar algún signo que haga sospechar de una futura aparición de la enfermedad, como una resonancia magnética.

Además, a estas personas se les ofrece participar en una serie de estudios con el fin de conocer los cambios que se desencadenan en el estadio previo a la enfermedad, y en otros que analizan la eficacia de los programas preventivos de la enfermedad y el empleo de diferentes tratamientos para frenar el deterioro en personas sanas, pero con riesgo7.

-Prevención terciaria:

En este apartado las intervenciones se centran en asegurar la mejor calidad de vida posible y el máximo bienestar a esos pacientes que ya tienen un diagnóstico confirmado de la enfermedad, así como a sus cuidadores y familiares. Se engloba aquí a las terapias con fármacos y a las de estimulación. Estas últimas se centran en la realización de ejercicios cognitivos, actividades de tiempo libre…etc.

Dentro de la prevención terciaria encontramos también los programas psicoeducativos que tienen el objetivo de dar a conocer la patología, los síntomas y cómo tratarlos de forma que el cuidado y la convivencia con una persona con Alzhéimer resulte lo más sencillo posible7.

 

CONCLUSIÓN

El aumento de la esperanza de vida a nivel mundial ha hecho posible que se llegue a vivir más tiempo, incrementando así la posibilidad de padecer patologías que van estrechamente relacionadas con una mayor edad. Este es el caso de la enfermedad de Alzhéimer, entre otras, que constituye el trastorno neurodegenerativo más común. Se sabe que tiene un desencadenante multifactorial cuyo origen es aún desconocido. La investigación ha hecho posible conocer más información acerca de su origen y posibles causas con el fin de entender mejor el proceso de la enfermedad, así como de los procedimientos diagnósticos y tratamientos más efectivos.

Durante décadas, el tratamiento del Alzhéimer se ha centrado en terapias que frenen los síntomas físicos ocasionados por el déficit de neurotransmisores. Recientemente, la aprobación de aducanumab ha permitido dar un impulso al tratamiento farmacológico, pues se trata de uno de los medicamentos más eficientes. Este fármaco ha conseguido resultados prometedores en lo que a detención del progreso de la enfermedad se refiere, frenando la formación de placas amiloides, relacionadas con el mecanismo que desarrolla dicha patología. En este sentido, ayudaría mucho el diagnóstico de la enfermedad en una etapa temprana que permita la pronta instauración del tratamiento para frenar el curso de la misma.

Las estrategias deben ir dirigidas a la concienciación sobre la enfermedad, la prevención mediante los cambios de los factores de riesgo modificables para intentar mantener una población lo más sana posible, el papel de los profesionales de la salud en el seguimiento del paciente con el fin de mejorar su calidad de vida y la participación de la comunidad mediante asociaciones, por ejemplo.

Mención especial merece la ayuda al cuidador principal, pues al final es la persona que queda al cargo de todos los cuidados del paciente con Alzhéimer y se le debe proporcionar la formación y capacitación adecuada, así como procurar que tenga algún tipo de relevo o descanso en el cuidado que permita que esta persona también pueda tener tiempo para sí misma.

 

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