- Nadia Soriano Gil. Diplomada en Fisioterapia y Graduada en Enfermería. Fisioterapeuta del Hospital Universitario de Palencia (CAUPA). Castilla y León, España.
- Maite Echenique Gutiérrez. Fisioterapeuta del Servicio Navarro de Salud. Navarra, España.
RESUMEN
La enfermedad de Alzheimer (EA) constituye la forma más frecuente de demencia y representa un problema sociosanitario de gran magnitud debido a su carácter progresivo y degenerativo. En la actualidad, no existe tratamiento curativo, por lo que las intervenciones no farmacológicas, entre ellas la fisioterapia y el ejercicio terapéutico, desempeñan un papel fundamental en la mejora de la calidad de vida y el mantenimiento de la funcionalidad del paciente. Este trabajo analiza la intervención fisioterapéutica en las diferentes fases de la EA, destacando el ejercicio físico como herramienta esencial para preservar la autonomía, reducir el deterioro cognitivo y mejorar el bienestar físico, psicológico y social. Los programas de fisioterapia deben individualizarse y adaptarse al grado de afectación, incluyendo técnicas de cinesiterapia, reeducación postural, fisioterapia respiratoria y entrenamiento en equilibrio, fuerza y flexibilidad. La evidencia científica respalda que la práctica regular de ejercicio aeróbico y multimodal (fuerza, equilibrio y coordinación) retrasa la progresión de la enfermedad y optimiza las capacidades residuales. La fisioterapia, integrada en equipos interdisciplinarios, se consolida como una estrategia terapéutica no farmacológica efectiva para el abordaje integral del paciente con Alzheimer.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad de Alzheimer, fisioterapia, ejercicio físico.
ABSTRACT
Alzheimer’s disease (AD) is the most common form of dementia and represents a major social and healthcare problem due to its progressive and degenerative nature. Currently, there is no curative treatment, making non-pharmacological interventions—particularly physiotherapy and therapeutic exercise—key components in improving quality of life and maintaining functional independence. This paper analyzes the role of physiotherapy in the different stages of AD, emphasizing physical exercise as an essential tool to preserve autonomy, reduce cognitive decline, and enhance physical, psychological, and social well-being. Physiotherapy programs should be individualized and adapted to each patient’s functional status, incorporating techniques such as kinesiotherapy, postural re-education, respiratory physiotherapy, and training in balance, strength, and flexibility. Scientific evidence supports that regular aerobic and multimodal exercise (combining strength, balance, and coordination) slows disease progression and optimizes residual abilities. Physiotherapy, integrated within interdisciplinary teams, stands out as an effective non-pharmacological strategy for the comprehensive management of patients with Alzheimer’s disease.
KEY WORDS
Alzheimer disease, physiotherapy, physical exercise.
INTRODUCCIÓN
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2021, la prevalencia de individuos que padecen demencia está en crecimiento. La OMS estima que más de 55 millones de personas por encima de 65 años padecen demencia, representando el 8,1% en mujeres y el 5,4% en hombres. Se prevé que para 2030 y 2050, este número aumentará a 78 millones y 139 millones. La OMS señala que la demencia se encuentra entre las principales causas de discapacidad y dependencia en el mundo1.
La demencia es un trastorno neurocognitivo que afecta a la cognición y la funcionalidad, provocando incapacidad para realizar las actividades de la vida diaria y deterioro del funcionamiento social u ocupacional2.
La enfermedad de Alzheimer (EA) es el tipo más común de demencia, puesto que representa el 70% de las mismas2. Se trata de un proceso neurodegenerativo que provoca un deterioro progresivo de la capacidad intelectual. Otras demencias, que se presentan con una frecuencia menor son: la vascular, la demencia por cuerpos de Lewy, la degeneración fronto-temporal y las demencias secundarias3.
La EA supone un problema sociosanitario importante, pues los individuos que la padecen ven disminuida su independencia y autonomía. Dentro de este marco, la Fisioterapia puede jugar un cierto papel en el manejo terapéutico de la EA, y por extensión de otros tipos de demencia, tanto en la prevención mediante el ejercicio terapéutico y la actividad física, como en el tratamiento sintomático4.
El tratamiento del declive significativo de los niveles funcionales previos que presentan las personas con EA puede ser abordado desde la fisioterapia. Es una patología degenerativa y crónica, pero existen intervenciones que ayudan a retrasar el deterioro e incrementan la calidad de vida del individuo y de su entorno, tales como la cinesiterapia, la fisioterapia respiratoria o la hidroterapia, que tienen la finalidad de conservar la máxima autonomía de la persona. Para eso será necesario realizar una exploración previa y una valoración funcional que permitan llevar a cabo una correcta planificación del tratamiento. De este modo, con un adecuado programa terapéutico individualizado o grupal, el profesional de fisioterapia estará en disposición de trabajar las condiciones físico- funcionales, disminuyendo su deterioro mediante el refuerzo de las capacidades funcionales y motoras, y manteniendo y mejorando la movilidad para la realización de las actividades cotidianas3.
ENFERMEDAD DE ALZHEIMER Y FISIOTERAPIA:
La demencia tipo Alzheimer es un trastorno progresivo del cerebro ligada al envejecimiento, caracterizado por los cambios degenerativos de las células nerviosas corticales y de las terminaciones nerviosas cerebrales. Las alteraciones principales son: cognitivas, conductuales y psicomotoras. En estas últimas, provocadas por la afectación del área motora situada en el lóbulo frontal, es donde el fisioterapeuta tiene su principal labor5.
La EA es un proceso degenerativo que cursa con deterioro progresivo de la capacidad intelectual. De entre las características más sobresalientes de la enfermedad destaca la pérdida progresiva de la memoria, que se produce en todas las modalidades de la misma. Conjuntamente, aparecerán trastornos apráxicos, afásicos, atencionales, espaciales, etc.6.
Los síntomas y su velocidad de evolución varían entre personas, suelen aparecer a partir de los 65 años (2,7), siendo la dificultad de recordar información nueva el síntoma de inicio más común2, como ya se ha comentado. Cuando la enfermedad avanza, se pierden otras capacidades cognitivas y funcionales hasta finalizar con la muerte por alguna complicación por encamamiento2.
En la actualidad no existe ningún tratamiento, farmacológico o no farmacológico, que cure la EA o que frene su evolución. Los tratamientos actuales no evitan la progresión de la enfermedad, pero sí calman la sintomatología1.
El farmacológico tiene como objetivo tratar la sintomatología general (cognitiva, conductual y funcional) aumentando el número de neurotransmisores cerebrales y, en algunos casos, revirtiendo las causas subyacentes2,7. Y, el tratamiento no farmacológico, tiene como objetivo mantener y/o mejorar la independencia, la autonomía y la calidad de vida2,7. En ambos casos se intenta ralentizar la progresión de la enfermedad7.
El tratamiento de fisioterapia, que se encuentra dentro del tratamiento no farmacológico, desempeña un papel importante, pues toda actividad física, tiene múltiples beneficios en las dos primeras fases de la EA2.
Ante la ausencia de tratamientos farmacológicos eficaces para la cura, se ha extendido el uso de Terapias No Farmacológicas, intervenciones que buscan aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y de sus familias. Las investigaciones han demostrado que estas terapias, combinadas con las farmacológicas, pueden ser tan efectivas, o incluso más en algunos casos, que el uso de fármacos por sí solos para el tratamiento de algunos de los principales síntomas de esta enfermedad, mejorando la calidad de vida de las personas con demencia y sus cuidadores. Las terapias no farmacológicas se definen como una intervención no química, teóricamente sustentada, focalizada y replicable, realizada sobre el paciente o el cuidador y potencialmente capaz de obtener un beneficio relevante8. Véase figura 1 en anexos.
Por lo tanto, las técnicas no farmacológicas son el tratamiento más eficaz para garantizar la mejora de la calidad de vida en los pacientes y en los cuidadores, tanto formales como informales. No hay ningún fármaco que tenga efectos positivos tan variados, con efectos secundarios tan limitados y a tan bajo coste9.
La inactividad es uno de los principales factores de riesgo en muchas enfermedades crónicas o degenerativas. En el caso de la EA se ha demostrado que las personas que se encuentran en peor forma física incrementan notablemente su deterioro cerebral. Además, los pacientes con esta patología suelen presentar acortamientos musculares, anquilosamiento de las articulaciones y una hipertrofia sanguínea. Un programa de ejercicio físico sistematizado y personalizado contribuye al mantenimiento de la capacidad funcional8,10 (flexibilidad, coordinación, agilidad, equilibrio, fuerza y resistencia) y de las funciones cognitivas (atención, concentración y memoria reciente, entre otras)10, además de una mayor independencia el máximo tiempo posible8.
El ejercicio físico es una actividad eficaz y rentable en la consecución de la calidad de vida en la persona mayor. Esta actividad contribuye al mantenimiento de una vida saludable y, sobre todo en los mayores, es una actividad que contribuye a aumentar su calidad de vida y al mantenimiento de unos niveles aceptables de independencia, eliminando y previniendo minusvalías asociados al proceso de envejecimiento6.
Como parte de este tratamiento, se llevan a cabo ejercicios de coordinación, equilibrio, estiramientos, ejercicio aeróbico o movilizaciones, entre otros7. Con esto, lo que se quiere es conseguir que la persona sea lo más independiente posible en las actividades de la vida diaria (AVD) durante el mayor tiempo posible2,7.
Es importante llevar a cabo un tratamiento multidisciplinar8, en el que esté incluido un tratamiento fisioterapéutico adaptado a las necesidades de cada persona. Diversos estudios han mostrado la eficacia de la rehabilitación en las personas con este trastorno neurocognitivo, especialmente en la realización de AVD y en las funciones cognitivas2,7.
En consecuencia, se debe proporcionar al paciente una programación de fisioterapia encaminada a paliar los déficits de los órganos funcionales que el cuerpo del enfermo va progresivamente presentando, procurando ralentizar su deterioro e intentando que pueda desarrollar las actividades cotidianas de la manera más independiente posible (al menos mientras que ello sea posible). Igualmente, estos programas fisioterapéuticos han de prever el tratamiento de las deficiencias físico-motoras y la adecuación o adaptación ambiental e instrumental para paliar los síntomas de la dependencia funcional 6.
INTERVENCIÓN DE FISIOTERAPIA EN CADA FASE DE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER:
La fisioterapia dispone de herramientas para mejorar los síntomas y calidad de vida del paciente. Debería de ser un tratamiento ofrecido de forma conjunta con el tratamiento farmacológico y psicoterapéutico en el contexto del equipo interdisciplinar. Existe un gran desconocimiento entre profesionales, cuidadores y pacientes sobre la fisioterapia como terapia paliativa en la demencia a pesar de que cada vez más artículos respaldan su evidencia.
La figura del fisioterapeuta en la EA requiere principalmente de conocimientos y técnicas relacionadas con la prevención, el alivio y el tratamiento de los trastornos del aparato locomotor propios de la enfermedad. Con todo, su función no se limita exclusivamente a la condición física del paciente, también debe englobar actividades lúdicas y de relación social para favorecer la interacción generada entre el propio terapeuta y el usuario, proporcionando un contexto óptimo de empatía y cordialidad ante las consecuencias psicológicas, sociales y ambientales del proceso de enfermedad, así como actividades de estimulación cognitiva para favorecer el mantenimiento de las capacidades intelectuales básicas3.
Los fisioterapeutas colaboran con otros miembros del equipo multidisciplinario en una labor consultiva, educacional para el asesoramiento de los pacientes, familiares-cuidadores y personal del servicio sanitario y social11.
La evolución es heterogénea en cuanto a aparición de síntomas cognitivos, la velocidad con la que evolucionan y la aparición de las alteraciones psicológicas y del comportamiento. La duración de las fases no es regular ni homogénea. Frente a las descripciones generales, es importante destacar la individualidad de cada persona teniendo en cuenta las propias características individuales (personalidad, educación, profesión…). Los síntomas son, principalmente, cognitivos (memoria, lenguaje, habilidades para el cálculo y toma de decisiones, etc.), pero también pueden aparecer trastornos de conducta (indiferencia, depresión, irritabilidad, agresividad, comportamiento inapropiado, delirios, alucinaciones), alteración funcional (repercusión en el trabajo, en la vida social y familiar, pérdida de movilidad y de autonomía para la higiene y el vestido), trastornos del sueño, del apetito o incontinencia urinaria3.
Por otra parte, en la propia fase de demencia establecida, se identifican diferentes etapas de gravedad teniendo en cuenta la intensidad de las alteraciones neurológicas y conductuales, distinguiéndose 3 fases o etapas (leve, moderada y severa2,3,11. Según la OMS (2013) la etapa temprana se corresponde con el primer o segundo año, la etapa media del segundo al cuarto o quinto año y, la etapa avanzada, del quinto año en adelante12.
Los objetivos fisioterápicos específicos de la fase leve van dirigidos a aumentar la fuerza muscular y el umbral de fatiga, entrenar las trasferencias y la corrección postural. Y, en la fase moderada, trabajar el mantenimiento de las capacidades residuales, insistiendo en las AVD11. Es importante que los sujetos participen de manera activa en la rehabilitación porque así se favorece el aprendizaje y la memoria2.
Objetivos de la intervención6,7,11:
Los objetivos generales del tratamiento fisioterápico serían:
– Atender a la problemática referida al movimiento.
– Preservar las funciones motrices enlenteciendo el deterioro.
– Mejorar el estado funcional del paciente.
– Promover la máxima independencia posible y la autonomía.
– Potenciar la comunicación y la socialización.
– Asesorar al cuidador, aportando información sobre la enfermedad y recursos.
– Aportar estimulación cognitiva desde el movimiento.
– Mejorar la calidad de vida
Por otra parte, los objetivos específicos incluirían:
– Mantener la integración del esquema corporal.
– Dominar el equilibrio y las coordinaciones.
– Preservar la marcha evitando las caídas.
– Entrenar las transferencias.
– Controlar la inhibición voluntaria.
– Trabajar la relajación para aliviar las tensiones.
– Conservar una adecuada estructura espacial y temporal.
– Evitar la inactividad y el sedentarismo.
– Conservar la orientación y la identidad.
– Establecer rutinas.
– Crear automatismos de marcha y de las AVD.
– Mantener los rangos articulares y evitar las retracciones musculares.
-Prevenir y/o tratar las complicaciones respiratorias.
Por lo tanto, el tratamiento fisioterápico será diferente en cada una de las fases de evolución de la enfermedad, ya que cambian los síntomas y con ello los objetivos a perseguir.
El trabajo del Fisioterapeuta se va a centrar principalmente en el mantenimiento del rango de movimiento normal de todas las articulaciones del cuerpo del enfermo. Además, este va a mantener la buena función somatoestésica y el conocimiento del esquema corporal del enfermo. También es importante mantener el buen trofismo de la piel y órganos, además de ayudar en las posibles complicaciones de incontinencia urinaria y/o fecal que presente el enfermo6.
Intervención de fisioterapia en fase leve3:
Indicar que, en esta fase, el paciente de EA aún puede hacer una vida más o menos independiente, e incluso «normal». Es en este momento cuando la familia, al darse cuenta de estas anomalías de comportamiento, suele acudir al especialista (psiquiatra, neurólogo) que diagnostica la enfermedad y que prescribe la medicación correcta. También es fundamental que la familia recabe información para planificar el futuro del paciente11.
En esta fase, el fisioterapeuta intentará mantener la máxima autonomía funcional del paciente retrasando la pérdida de capacidades físicas, ya que no es posible evitar la instauración de la enfermedad.
Objetivos específicos de fase leve:
• Retardar al máximo la pérdida de las capacidades físicas y funcionales.
• Procurar que los déficits sean lo menos invalidantes posibles.
• Intentar que el usuario mantenga una vida lo más independiente posible.
• Prevenir complicaciones asociadas: respiratorias, cardiovasculares.
Intervención de fisioterapia en fase moderada3:
Esta es una fase de gran dificultad para la familia, que tiene que adaptarse a esta nueva situación, a la forma de ser del enfermo, a sus dificultades y a las muchas atenciones que precisan estas personas. A veces se aprecian períodos «de latencia» en los que da la impresión de que el deterioro se frena y que los síntomas se estabilizan en su evolución (a veces, debido a la medicación), pero igualmente puede tener agravamientos más bruscos de los diversos síntomas11.
En esta fase el deterioro cognitivo y físico es mayor. Los olvidos serán muy frecuentes e importantes, por lo que el fisioterapeuta deberá dirigirse al usuario mediante órdenes sencillas. También aumentan los déficits sensoriales, desorientación temporo-espacial, desmotivación, impotencia funcional, dependencia de la ayuda externa para la mayoría de las actividades de la vida diaria, disminuye la capacidad de respuesta frente a estímulos, capacidad respiratoria, actividad voluntaria y finalmente dependencia funcional. En esta fase será importante intensificar los mecanismos de seguridad en prevención de accidentes y caídas.
Objetivos específicos de la fase moderada:
• Mantener la máxima movilidad posible y una correcta deambulación.
• Mantener el esquema corporal.
• Prevenir caídas.
• Prevenir complicaciones de carácter respiratorio y alteración cardiocirculatorias.
• Fomentar la socialización y estado anímico.
Intervención de fisioterapia en fase severa3:
En esta fase, el usuario tiende al encamamiento. El deterioro físico y cognitivo es muy importante y contará con muy poca capacidad de colaboración voluntaria en las sesiones de tratamiento. El fisioterapeuta intentará retrasar la inmovilización y las alteraciones secundarias a esta, manteniendo la mayor calidad de vida posible.
Este período suele desembocar en el fallecimiento del enfermo. El cerebro está muy deteriorado, el paciente está postrado en cama o silla de ruedas y la involución progresa hasta el desenlace final11.
Objetivos específicos de la fase severa:
• Mantenimiento de la movilidad articular y tono muscular.
• Mantener la coordinación y equilibrio.
• Entrenar la marcha para conservarla el máximo tiempo posible.
• Prevención y tratamiento de las complicaciones propias del encamamiento: inmovilidad, patologías cardiorrespiratorias, patologías cutáneas…
• Entrenamiento e higiene postural en transferencias a familiares y cuidadores
Con el fin de lograr estos objetivos, se llevan a cabo diferentes ejercicios o intervenciones como ejercicios de relajación y respiración, cinesiterapia, masaje o entrenamiento de transferencias, utilizados para tratar las alteraciones presentes a causa de la enfermedad. A continuación, se describen los más utilizados en estos pacientes.
El tratamiento contará con una parte grupal, para tratar objetivos más globales y una parte individual para abordar las peculiaridades clínicas de cada paciente. En cada fase se podrán incluir las siguientes técnicas3,11. Véase figura 2 en anexos.
EJERCICIO FÍSICO EN LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER:
Respecto a las enfermedades crónicas, entre las que se encuentran las asociadas al envejecimiento y las relacionadas con las funciones cognitivas y físicas, el Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM) refiere que el ejercicio ayuda a disminuir el desarrollo y la progresión de estas.
El ejercicio físico es una actividad eficaz y rentable en la consecución de la calidad de vida en la persona mayor. Esta actividad contribuye al mantenimiento de una vida saludable y, sobre todo en los mayores, es una actividad que contribuye a aumentar su calidad de vida y al mantenimiento de unos niveles aceptables de independencia, eliminando y previniendo minusvalías asociados al proceso de envejecimiento6.
En general, como se ha ido desarrollando, los objetivos a plantearse irán encaminados al mantenimiento de las facultades del paciente, intentando frenar en la medida de lo posible los efectos de la enfermedad. Siempre se debe intentar que el tratamiento sea lo más ameno y divertido posible, con la intención de que el paciente lo vea como una actividad lúdica, no como una imposición.
El ejercicio debe ocupar un lugar importante en la vida del paciente, ya que además de mejorar su estado físico también lo hará su estado de ánimo. La práctica de ejercicio es la primera medida ante los trastornos del comportamiento como la agitación, el vagabundeo, los trastornos del sueño, la apatía, etc. Se considera que el ejercicio, preferentemente matutino, tiene efectos relajantes y es inductor posterior del sueño. Las sesiones serán en grupo, y a ser posible con música. Se debe tener en cuenta el estado del paciente a la hora de formar los grupos, de modo que resulten lo más homogéneos posibles. Siempre que sea posible, las sesiones se realizarán diariamente y no superarán los 60 minutos. Los ejercicios deben de ser sencillos, y en ningún caso se llegará a fatigar al paciente11.
BENEFICIOS O EFECTOS:
Un ejercicio físico adecuadamente planificado y correctamente realizado, con un desarrollo fisiológico, aumenta la vitalidad de los mayores previniendo los grandes síndromes geriátricos y estimulando su autonomía y hábitos saludables. Además, tiene importantes beneficios a nivel físico, psíquico y social6:
∙ Beneficios físicos:
1. Mejora del sistema circulatorio y del equilibrio.
2. Aumento de la flexibilidad.
3. Desarrollo de la resistencia.
∙ Beneficios sociales:
1. Aumento de la autonomía de las personas.
2. Fomento de la comunicación.
3. Favorece las relaciones interpersonales y la integración grupal.
∙ Beneficios psíquicos/afectivos:
1. Fomento de la autoestima.
2. Disminución del estrés y la ansiedad.
3. Aumenta la sensación de bienestar.
El ejercicio terapéutico, como se ha visto, muestra una amplia variedad de efectos positivos, en casi todos los planos: cognitivo, físico, bioquímico, funcional, neuropsiquiátrico (Véase figura 3 en anexos)4.
El ejercicio puede tener efectos beneficiosos en la EA, retrasando el comienzo y ralentizando la progresión de la enfermedad, existiendo diversas razones que podrían explicar este hecho. Primero, algunos cambios metabólicos y neuropatológicos, centrados en las causas subyacentes de la enfermedad, pueden ser modificados mediante el ejercicio. Segundo, algunas anomalías psicológicas y orgánicas, las cuales acompañan el curso de la enfermedad, pueden ser mejoradas por diversas prácticas deportivas, tales como el aeróbic o el entrenamiento de la flexibilidad. A todo esto, hay que añadir, como es lógico, que las personas con EA también se pueden beneficiar de los efectos saludables del ejercicio encontrados en personas mayores sanas13.
Las evidencias que demuestran que el ejercicio físico es una herramienta útil como estrategia no farmacológica en el tratamiento de la EA están creciendo, pero todavía muchos de los estudios realizados muestran debilidades metodológicas13.
El ejercicio aeróbico mejora la “reserva cognitiva”, desacelera el deterioro cognitivo2,7, reduce el riesgo de caídas y mantiene la salud, la capacidad aeróbica, la fuerza, la coordinación y el equilibrio2.
Las características de los programas de ejercicio varían cualitativa y cuantitativamente entre los estudios analizados. Esta heterogeneidad limita la indicación (y dosificación) clara de realizar la actividad física en este tipo de pacientes. A pesar de estos inconvenientes, sí existen características comunes de casi todos los estudios. La mayoría coincide en realizar 4 tipos de ejercicio: entrenamiento de resistencia (ejercicio aeróbico) y de fuerza, actividades para el equilibrio y ejercicios orientados a la tarea funcional. A estos se le pueden sumar, dependiendo del estudio: estiramientos, sesiones de relajación, actividades recreativas, danza, etc. En los ejercicios aeróbicos, la bicicleta estática y la cinta de marcha son los elementos más utilizados. Los ejercicios orientados a la tarea se basan en la práctica de AVD que el paciente tiene que realizar con frecuencia en su vida cotidiana. Como se ha dicho, la dosificación fue heterogénea: la duración media de las sesiones fue 50 minutos, aunque lo más común son 60. La frecuencia semanal de sesiones media fue de 4 días/semana, y la duración total de los programas varió entre las 6 semanas y los 2 años, siendo la media 8 meses4.
La intervención que muestra una mayor eficacia en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer estaría compuesta por una combinación de ejercicio aeróbico, fuerza, equilibrio y flexibilidad. Con una frecuencia semanal de dos o tres sesiones y una duración de una hora de intervención, Ya que se muestra mayor efectividad un número limitado de actividades diferentes en la misma sesión por el factor a considerar de la fatiga de estos pacientes. Si junto con el ejercicio aeróbico se realizan ejercicios específicos de flexibilidad, fuerza, equilibrio y coordinación se contribuye al mantenimiento de las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.
Sería conveniente que junto a la intervención con los pacientes se administrarán sesiones educativas para los cuidadores, con el fin de orientarlos convenientemente acerca de la enfermedad de Alzheimer y el correcto manejo del paciente14.
Recomendaciones sobre la práctica de ejercicio para personas con EA13:
Todas las personas con algún tipo de deterioro cognitivo pueden beneficiarse del ejercicio. Sin embargo, hay una serie de puntos básicos que deben tenerse en cuenta antes de desarrollar un programa específico:
– En algunos casos, los pacientes con EA pueden encontrar tareas difíciles de entender. Por ello, es importante darse cuenta de que habrá personas que sean capaces de seguir instrucciones escritas, mientras que otras podrán imitar movimientos. Los ejercicios deberían ser seguidos por el paciente, así como por el responsable de la actividad.
– En personas con demencia una importante dificultad es aprender a hacer nuevas actividades. Una vez que una habilidad está olvidada, normalmente no se vuelve a conseguir. Pueden enfatizarse ejercicios estructurados que le resulten familiares al paciente. También puede ser útil identificar en los enfermos patrones pasados de ejercicio.
– Algunos factores, tales como las situaciones sociales, la hora del día o el entorno físico, entre otros, pueden traer problemas de comportamiento. En este caso, podría ser necesario cambiar alguno de esos patrones durante la sesión de entrenamiento.
– El compromiso con la práctica de actividad física puede ser un problema para personas con EA. La adherencia podría mejorar si se emplea música durante la sesión.
– El entrenamiento de los «cuidadores» para facilitar la correcta supervisión del ejercicio realizado parece ser una estrategia de éxito comprobado muy a tener en cuenta.
– La intervención que muestra una mayor eficacia en el tratamiento de la EA estaría compuesta por una combinación de ejercicio aeróbico, fuerza, equilibrio y flexibilidad. Los ejercicios multimodales (combinación de múltiples componentes de la capacidad física) también han demostrado ser efectivos. Con relación a la frecuencia semanal, 2 y 3 sesiones a la semana, con una duración de una hora de intervención, se han presentado como una buena opción para promover mejoras en personas mayores con EA. En gran parte, los estudios han demostrado que de 16 a 24 semanas de intervención ya son suficientes para obtener una respuesta significativa a la intervención que se ha propuesto.
– El entrenamiento físico con pesas no ha demostrado tener efectividad sobre los parámetros cognitivos, mientras que los entrenamientos físicos aeróbicos y multimodales han demostrado los resultados más expresivos con relación a una integración de los parámetros funcionales, físicos, afectivos y cognitivos.
– El ejercicio físico puede que sea adoptado como una terapia complementaria no farmacológica para ayudar en el tratamiento de la EA, pues sus efectos provocan una reducción de la actividad inflamatoria y un aumento de las concentraciones de factores neurotróficos. Pero estos resultados solo fueron observados en intervenciones aeróbicas y multimodales.
CONCLUSIÓN
La actividad física como tratamiento único ha mostrado ser eficaz en el manejo de la enfermedad; esto está respaldado por numerosos estudios de alta calidad. La actividad física unida a dieta y/o entrenamiento cognitivo parece mostrar efectos similares, aunque son necesarios más estudios que analicen de forma específica sus beneficios4.
El beneficio de llevar a cabo ejercicio físico en enfermos de Alzheimer a nivel cognitivo está demostrado en la mayor parte de los estudios. Es un factor clave para la mejora del nivel cognitivo el hecho de llevar a cabo cualquier actividad física bien programada. Además de este aspecto, con el ejercicio también muestran mejoría significativa en el equilibrio, depresión, calidad de vida y actividades de la vida diaria14.
Por todo lo expuesto con anterioridad se puede afirmar la mejoría que pueden obtener este tipo de pacientes, provocándose un freno a la evolución irreversible con la fisioterapia y el entrenamiento de las habilidades motoras; pese a ello son pocos los estudios de investigación realizados con enfermos de Alzheimer, por lo que creemos que se debe seguir investigando en distintas estrategias terapéuticas del Alzheimer, teniendo una visión más globalizadora de la persona con Alzheimer sin infravalorar sus capacidades residuales y teniendo en cuenta la importante aportación de la fisioterapia dentro del equipo multidisciplinario5.
En resumen, se respalda el empleo del ejercicio físico regular como parte importante del tratamiento para las personas con EA. A pesar de que las diferencias metodológicas en cuanto al protocolo de ejercicio (intensidad, frecuencia, duración y tipo) dificultan la comparación, los estudios señalan que las intervenciones de tipo aeróbico, con contenidos multimodales y realizados a una intensidad media, son adecuadas para los pacientes con enfermedad leve o moderada. Teniendo en cuenta los potenciales beneficios que los programas de actividad física pueden ofrecer tanto a nivel físico como cognitivo, se detecta la necesidad de realizar nuevas investigaciones con una metodología bien estructurada, un protocolo definido y con diferentes tipos de intervención, que proporcionen una información más detallada sobre los efectos del ejercicio, pudiendo así definir el programa más adecuado para su tratamiento13.
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Figura 1. Técnicas no farmacológicas y grado de recomendación. Tomado de: Muñiz R. y Olazarán J. Mapa de TNF’S para demencias tipo Alzheimer. Guía de Iniciación Técnica para profesionales. Extraído del Documento preparado para el CRE de Atención a Personas con EA y Otras Demencias de Salamanca. 20099.
| FASE LEVE | |
| ACTIVIDAD INDIVIDUAL | ACTIVIDAD GRUPAL |
| • Mecanoterapia: Ejercicios en rueda de hombro, poleas, escalera de dedos, mesa de manos…
• Tratamiento del dolor: Mediante masaje, crioterapia, termoterapia (microonda, lámpara de infrarrojo, ultrasonido). • Entrenamiento de transferencias: Con el objetivo de que se realicen de la manera más independiente posible y sin riesgo de caída. • Reeducación de marcha y equilibrio: En función del estado físico se realizará con diferentes niveles de dificultad, atendiendo a irregularidades en el terreno, rampla con escaleras, obstáculos… • Reeducación postural: Mediante órdenes verbales se corregirá la postura del paciente en bipedestación, sedestación y durante la deambulación fomentando que esta sea lo más erguida posible. • Fisioterapia respiratoria: Se llevará a cabo la corrección de actitudes cifóticas, así como ejercicios de amplitud inspiratoria y control espiratorio. • Hidroterapia: En caso de existencia de edema se trabajarán miembros inferiores y se utilizarán baños de contraste. Para el tratamiento global se utilizará una piscina climatizada. • Paseos pautados: Esta actividad podrá realizarse de manera individual o grupal durante esta fase. |
• Tabla de cinesiterapia: Se realizarán ejercicios para la mejora de la movilidad y esquema corporal.
• Psicomotricidad: Utilizando diversos materiales como picas, balones, cuerdas, aros, cintas elásticas, globos, etc. • Terapia con música: Se utilizará con fines lúdicos para que bailen, y como complemento de otras actividades (psicomotricidad, cinesiterapia, relajación). • Relajación: Se emplea principalmente para finalizar otras terapias como tablas de cinesiterapia, sesiones de psicomotricidad… • Paseos pautados: Esta actividad podrá realizarse de manera individual o grupal durante esta fase. |
| FASE MODERADA | |
| ACTIVIDAD INDIVIDUAL | ACTIVIDAD GRUPAL |
| • Cinesiterapia pasiva, asistida y/o activa: Dependiendo de la capacidad cognitiva y rigidez articular que presente el usuario se utilizará una modalidad u otra para prevenir distonías y desajustes posturales.
• Mecanoterapia: Se movilizarán todas las articulaciones de las extremidades en los distintos ejes de movilidad. En las manos se propondrán actividades de destreza manipulativa con mesa canadiense. Si el sujeto colabora, los autopasivos con sistema de cuerda- polea, y para la columna y miembros inferiores se ejecutarán actividades funcionales como el pedaleo. • Tratamiento del dolor: mediante termoterapia, masaje, crioterapia. • Reeducación postural: se incrementarán los ejercicios de corrección de deformidades y control postural mediante la ejecución de actividades de flexibilización de columna y tórax (flexo- extensión, rotaciones e inclinaciones con acompañamiento respiratorio), elongación y fortalecimiento muscular (sobre todo de los músculos posteriores y abdominales) de manera activa, asistida, o pasiva dependiendo del nivel de movilidad y colaboración por parte del paciente. • Cambios posturales y transferencias: Se realizan para evitar la aparición de rigideces, posturas anómalas, deformidades y para prevenir úlceras por presión. También es de vital importancia el entrenamiento en transferencias para erguirse y sentarse en la silla o para erguirse y acostarse en la cama. • Reeducación de la marcha y equilibrio: Será esencial mantener y reentrenar la marcha por medio de paseos, rampla con escaleras, deambulando sobre terrenos estables, e incluso con el apoyo de ayudas técnicas como bastones o andadores, retrasando todo lo posible que el usuario quede confinado en una silla de ruedas. Por otra parte, el trabajo de equilibrio y coordinación permite reducir el riesgo de sufrir caídas. • Paseos pautados: Durante esta fase de la enfermedad, esta actividad podrá tratarse de manera individual o en grupo. • Fisioterapia respiratoria: Se llevarán a cabo técnicas como la reeducación de la respiración (inspiración nasal, espiración bucal, ritmo respiratorio), coordinación con movimientos de respiración torácica (inspiración acompañada de extensión y espiración de flexión). Además, también podrán realizarse ejercicios de tos dirigida, práctica de respiración diafragmática, en función del deterioro cognitivo que presente el usuario. |
• Tabla de cinesiterapia: Debido al deterioro cognitivo del usuario en esta fase, se realizarán sesiones de corta duración (10-15 minutos), con ejercicios sencillos que requerirán de mayor explicación, pocas repeticiones y ritmo lento. La posición de partida del paciente será siempre en sedestación.
• Psicomotricidad: Igual que en el caso anterior, las actividades serán más sencillas empleando material como picas, aros, cuerdas, pelotas. • Terapia con música: Se empleará sobre todo en sesiones de cinesiterapia y psicomotricidad para ayudar en la realización de las actividades. Debido al deterioro cognitivo de esta fase, será más complejo acompañar la música con baile. • Relajación: Se utilizará sobre todo al finalizar actividades que requieran de movimiento como la cinesiterapia o paseos pautados. • Paseos pautados: Durante esta fase de la enfermedad, esta actividad podrá tratarse de manera individual o en grupo |
| FASE SEVERA | |
| ACTIVIDAD INDIVIDUAL | ACTIVIDAD GRUPAL |
| • Cinesiterapia pasiva: Deberá realizarse diariamente de manera global y analítica, prestando especial atención a las manos. Se tratará de mantener el recorrido articular, así como favorecer la función circulatoria para mantener el trofismo de los tejidos musculares y articular.
• Tratamiento del dolor: se utilizará masoterapia circulatoria, termoterapia y movilizaciones suaves. • Fisioterapia respiratoria: La acumulación de secreciones debido a la inmovilidad precisa de la realización de técnicas de limpieza bronquial. También se llevará a cabo la espiración asistida por medio de presiones manuales suaves durante el proceso espiratorio. • Control postural: se realizarán ejercicios flexibilizantes y elongaciones musculares, dependiendo del estado del usuario. • Cambios posturales y transferencias: Se alterna decúbito supino y lateral, situando al paciente en sedestación por lo menos durante una hora diaria. Esta será la mejor manera de prevenir úlceras por presión. • Entrenamiento de la marcha y bipedestación: En esta fase la mayor parte de los pacientes perdieron la capacidad de la marcha o para eso es preciso la ayuda de dos personas. En caso de no ser posible la deambulación se intentará trabajar la bipedestación, siempre que las condiciones físicas y cognitivas del usuario lo permitan. • Paseos pautados: Generalmente esta actividad se realiza en silla de ruedas o con la ayuda de dos personas puesto que el deterioro cognitivo y físico es severo. • Enseñanza de higiene postural y ergonomía a familiares, cuidadores y personal de atención directa. |
En esta fase no es posible a realización de actividades grupales con los usuarios. |
Figura 2: Fases del tratamiento y técnicas11.
Figura 3. Efectividad de la Fisioterapia convencional en la demencia. Tomado de: Moreno Verdú, M; Ferreira Sánchez, M.R; Lobato Anta, S. Fisioterapia en la Demencia: Prevención y Tratamiento. Psychologia Latina. 2018, Vol. Especial, 319-3234.

