- Noelia Núñez Descalzo. Graduada en Enfermería. Aragón, España.
- María Merino Maestro. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Natalia Sierra Arcos. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Alba Millán Elvira. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Paula Nasarre Grasa. Enfermera Especialista en Salud Mental. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Marcos Mené Gálvez. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
La enfermedad de Crohn (EC) es una afección inflamatoria crónica del tracto gastrointestinal que forma parte de las enfermedades inflamatorias intestinales (EII). Se caracteriza por una inflamación transmural que puede afectar cualquier segmento del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, aunque con mayor frecuencia compromete el íleon terminal y el colon proximal. Su presentación clínica es heterogénea, con síntomas como dolor abdominal, diarrea crónica, pérdida de peso, fiebre y manifestaciones extraintestinales como artralgias, lesiones cutáneas y alteraciones oftalmológicas.
En los últimos años, la prevalencia de la EC ha aumentado de forma significativa en países desarrollados y en vías de desarrollo, lo que ha generado una mayor demanda de atención especializada y seguimiento crónico. Este contexto plantea un reto asistencial para los profesionales de enfermería, quienes desempeñan un papel fundamental en el abordaje integral del paciente con EC. Las funciones enfermeras incluyen la educación sanitaria, el acompañamiento emocional, la monitorización de síntomas, la gestión de tratamientos inmunosupresores y biológicos, y la coordinación con otros profesionales del equipo multidisciplinar.
PALABRAS CLAVE
Crohn, inflamación, microbiota, intestino.
ABSTRACT
Crohn’s disease (CD) is a chronic inflammatory disease of the gastrointestinal tract that is part of the inflammatory bowel disease (IBD). It is characterized by transmural inflammation that can affect any segment of the gastrointestinal tract, from the mouth to the anus, although it most frequently involves the terminal ileum and proximal colon. Its clinical presentation is heterogeneous, with symptoms such as abdominal pain, chronic diarrhea, weight loss, fever, and extraintestinal manifestations such as arthralgia, skin lesions, and ophthalmological changes.
In recent years, the prevalence of CD has increased significantly in developed and developing countries, generating a greater demand for specialized care and chronic follow-up. This context poses a healthcare challenge for nursing professionals, who play a fundamental role in the comprehensive management of patients with CD. Nursing functions include health education, emotional support, symptom monitoring, management of immunosuppressive and biological treatments, and coordination with other professionals on the multidisciplinary team.
KEY WORDS
Crohn’s, inflammation, microbiota, gut.
INTRODUCCIÓN
La enfermedad de Crohn (EC) es una afección inflamatoria crónica del tracto gastrointestinal que forma parte de las enfermedades inflamatorias intestinales (EII). Se caracteriza por una inflamación transmural que puede afectar cualquier segmento del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, aunque con mayor frecuencia compromete el íleon terminal y el colon proximal. Su presentación clínica es heterogénea, con síntomas como dolor abdominal, diarrea crónica, pérdida de peso, fiebre y manifestaciones extraintestinales como artralgias, lesiones cutáneas y alteraciones oftalmológicas1-3.
La etiopatogenia de la EC es multifactorial y aún no completamente comprendida. Se ha identificado una interacción compleja entre predisposición genética, alteraciones inmunológicas y factores ambientales como el tabaquismo, la dieta occidental y la disbiosis intestinal4-6. Estudios recientes han demostrado que ciertos genes como NOD2, ATG16L1 y IL23R están implicados en la susceptibilidad a la enfermedad, afectando la respuesta inmunitaria frente a la microbiota intestinal⁷.
En los últimos años, la prevalencia de la EC ha aumentado de forma significativa en países desarrollados y en vías de desarrollo, lo que ha generado una mayor demanda de atención especializada y seguimiento crónico⁸. Este contexto plantea un reto asistencial para los profesionales de enfermería, quienes desempeñan un papel fundamental en el abordaje integral del paciente con EC. Las funciones enfermeras incluyen la educación sanitaria, el acompañamiento emocional, la monitorización de síntomas, la gestión de tratamientos inmunosupresores y biológicos, y la coordinación con otros profesionales del equipo multidisciplinar8.
Además, la EC tiene un impacto profundo en la calidad de vida del paciente, tanto en el plano físico como psicológico. La incertidumbre ante los brotes, las hospitalizaciones recurrentes y las posibles intervenciones quirúrgicas generan ansiedad, depresión y aislamiento social¹. Por ello, el enfoque enfermero debe ser holístico, centrado en la persona y orientado a la promoción de la autonomía y el autocuidado.
Esta revisión bibliográfica tiene como objetivo analizar el papel de la enfermería en el manejo de la enfermedad de Crohn, a partir de la evidencia científica publicada en la última década. Se abordarán las estrategias de intervención más eficaces, las necesidades específicas del paciente y las recomendaciones actuales para mejorar la práctica clínica enfermera en este ámbito.
CAUSAS:
La enfermedad de Crohn (EC) es una patología inflamatoria intestinal crónica cuya etiología continúa siendo objeto de investigación. Aunque no se ha identificado una causa única, se reconoce que su aparición resulta de una interacción compleja entre factores genéticos, inmunológicos y ambientales. Esta interacción da lugar a una respuesta inflamatoria desregulada en el tracto gastrointestinal, especialmente en individuos predispuestos6.
En primer lugar, la predisposición genética desempeña un papel fundamental en el desarrollo de la EC. Se han identificado más de 200 loci genéticos relacionados con enfermedades inflamatorias intestinales, entre los que destacan los genes NOD2, ATG16L1 e IL23R, implicados en la regulación de la respuesta inmunitaria frente a microorganismos intestinales¹. Estas alteraciones genéticas afectan la capacidad del sistema inmunitario para reconocer adecuadamente los componentes de la microbiota, lo que favorece una respuesta inflamatoria exacerbada. Además, se ha observado una mayor prevalencia de la enfermedad en individuos con antecedentes familiares, especialmente en poblaciones de ascendencia europea y judía asquenazí².
Por otro lado, las alteraciones inmunológicas constituyen otro pilar en la fisiopatología de la EC. Se considera una enfermedad autoinflamatoria, en la que el sistema inmunitario reacciona de forma anómala frente a antígenos presentes en el intestino3. Esta respuesta desregulada se caracteriza por la infiltración de células inmunitarias en la mucosa intestinal y la liberación de citocinas proinflamatorias como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), interleucina 6 (IL-6) e interleucina 17 (IL-17)³. Además, se ha descrito un desequilibrio entre las células T reguladoras y las células T efectoras, lo que contribuye a la perpetuación del proceso inflamatorio⁴. A ello se suma una alteración en la función de la barrera epitelial intestinal, que permite el paso de bacterias y toxinas al tejido subyacente, exacerbando la inflamación⁵.
Finalmente, los factores ambientales actúan como desencadenantes en individuos genéticamente susceptibles. El tabaquismo, por ejemplo, se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar EC, así como con una evolución más agresiva de la enfermedad⁶. Asimismo, la dieta occidental, caracterizada por un alto contenido en grasas saturadas, azúcares refinados y aditivos, puede alterar la composición de la microbiota intestinal y favorecer la inflamación⁷. El uso de antibióticos en la infancia también ha sido vinculado a una mayor incidencia de EC, posiblemente por la modificación del equilibrio microbiano intestinal⁸. Por último, aunque el estrés psicológico no se considera una causa directa, puede influir en la aparición de brotes y en la percepción de los síntomas8.
En conjunto, estos factores interactúan de manera sinérgica, generando un entorno propicio para el desarrollo de la enfermedad. La comprensión de estas causas resulta esencial para el diseño de estrategias preventivas y terapéuticas más eficaces, así como para el abordaje integral del paciente desde la práctica enfermera.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS:
Los síntomas de la enfermedad de Crohn suelen aparecer en forma de brotes intermitentes, seguidos de períodos de remisión, lo que complica su identificación temprana7. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentra la diarrea persistente, que puede durar más de cuatro semanas y presentarse incluso durante la noche, obligando al paciente a interrumpir el sueño para evacuar⁶. El dolor abdominal es otro síntoma característico, generalmente localizado en el cuadrante inferior derecho, especialmente cuando la inflamación afecta el íleon terminal. Este dolor puede ser cólico o constante, y suele intensificarse tras las comidas⁷.
La pérdida de peso involuntaria es común, resultado de la malabsorción de nutrientes, la anorexia asociada a la inflamación y el aumento del gasto energético basal⁷. La fatiga persistente, la fiebre en fases agudas y la presencia de síntomas sistémicos como artralgias, lesiones cutáneas (eritema nodoso, pioderma gangrenoso), uveítis o colangitis esclerosante primaria completan el espectro clínico de esta enfermedad inflamatoria intestinal⁶. En casos más avanzados o de evolución prolongada, pueden aparecer complicaciones como fístulas, abscesos, estenosis intestinales y afectación perianal, que no solo agravan el cuadro clínico, sino que también dificultan el diagnóstico diferencial con otras patologías digestivas⁸.
En niños y adolescentes, la enfermedad puede interferir con el desarrollo físico y puberal, provocando retraso en el crecimiento y alteraciones en la maduración sexual⁹. Estas manifestaciones pueden presentarse de forma aislada o combinada, y su evolución es impredecible. Por ello, es fundamental que el personal de enfermería esté capacitado para reconocer los signos de alarma y derivar al paciente para una evaluación especializada.
DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico de la enfermedad de Crohn requiere un enfoque multidisciplinar, ya que no existe una prueba única que confirme su presencia. El proceso diagnóstico se basa en la integración de datos clínicos, analíticos, endoscópicos, histológicos y radiológicos.
La historia clínica detallada permite identificar síntomas persistentes, antecedentes familiares y factores de riesgo como el tabaquismo⁶. La exploración física puede revelar dolor a la palpación abdominal, masas palpables o lesiones perianales⁷. En cuanto a las pruebas de laboratorio, se evalúan marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva (PCR) y la velocidad de sedimentación globular (VSG), así como anemia, leucocitosis y déficit de vitaminas¹. El estudio de las heces es útil para descartar infecciones y detectar sangre oculta o calprotectina fecal, marcador sensible de inflamación intestinal¹.
La colonoscopia con toma de biopsias es una herramienta esencial, ya que permite visualizar lesiones características como úlceras longitudinales, estenosis, pseudopólipos y la presencia de granulomas no caseificantes, hallazgos típicos de la enfermedad de Crohn ¹. En casos donde se sospecha afectación del intestino delgado, se recurre a técnicas de imagen como la enterografía por resonancia magnética (MRE) o la enterografía por tomografía computarizada (CTE), que permiten evaluar la extensión de la inflamación y detectar complicaciones como fístulas o abscesos². Asimismo, la cápsula endoscópica puede ser útil para explorar el intestino delgado en casos donde otras técnicas no son concluyentes, aunque no se recomienda si hay sospecha de estenosis por riesgo de retención³.
El diagnóstico diferencial debe incluir otras enfermedades inflamatorias intestinales, como la colitis ulcerosa, así como infecciones intestinales, neoplasias, enfermedad celíaca y trastornos funcionales como el síndrome de intestino irritable⁴. La precisión en el diagnóstico es clave para establecer un tratamiento adecuado y mejorar el pronóstico del paciente.
TRATAMIENTO:
El tratamiento de la enfermedad de Crohn se orienta a inducir y mantener la remisión clínica, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida del paciente. La elección terapéutica depende de la localización de la enfermedad, su comportamiento clínico y la respuesta previa al tratamiento6.
En los brotes agudos, los corticoides sistémicos como la prednisona o la budesonida son eficaces para inducir la remisión, aunque su uso prolongado se desaconseja por los efectos adversos que conlleva, como osteoporosis, hipertensión o diabetes⁵. Para el mantenimiento de la remisión, se emplean inmunomoduladores como la azatioprina, la 6-mercaptopurina o el metotrexato, que requieren monitorización periódica por su potencial hepatotoxicidad y riesgo de infecciones⁵.
Las terapias biológicas han supuesto un avance significativo en el manejo de la enfermedad. Los inhibidores del TNF-α, como infliximab y adalimumab, han demostrado eficacia en la inducción y mantenimiento de la remisión, así como en el cierre de fístulas⁶. En pacientes con respuesta subóptima o intolerancia a estos fármacos, se han incorporado alternativas como vedolizumab, que bloquea la integrina α4β7, y ustekinumab, que inhibe las interleucinas 12 y 23⁶.
Recientemente, se han comenzado a evaluar los inhibidores de JAK, una nueva clase de fármacos orales que actúan sobre vías intracelulares de señalización inmunitaria. Aunque su uso está más consolidado en colitis ulcerosa, estudios preliminares muestran resultados prometedores en enfermedad de Crohn refractaria⁶.
En casos específicos, como enfermedad perianal o presencia de abscesos, se pueden utilizar antibióticos como metronidazol o ciprofloxacino, aunque no se recomiendan como terapia de mantenimiento⁵.
Entre las terapias emergentes, destaca el trasplante de microbiota fecal, que busca restaurar el equilibrio de la flora intestinal. Aunque aún se encuentra en fase experimental, ha mostrado resultados positivos en estudios preliminares¹⁷. Asimismo, el uso de células madre mesenquimales, como el fármaco darvadstrocel, ha demostrado eficacia en el tratamiento de fístulas perianales complejas, especialmente en pacientes refractarios a otras terapias⁸.
La medicina personalizada, basada en biomarcadores genéticos e inmunológicos, permite adaptar el tratamiento a las características individuales del paciente. Por ejemplo, se ha identificado que la variante HLA-DQA1*05 se asocia con mayor riesgo de pérdida de respuesta a terapias biológicas⁹.
A pesar de los avances terapéuticos, aproximadamente el 50 % de los pacientes con enfermedad de Crohn requerirá cirugía en algún momento de su evolución. Las indicaciones incluyen obstrucción intestinal, fístulas complejas, hemorragia grave o enfermedad refractaria al tratamiento médico. Aunque la cirugía no cura la enfermedad, puede mejorar significativamente la calidad de vida cuando está bien indicada²⁰.
CONCLUSIÓN
La enfermedad de Crohn es una patología inflamatoria intestinal crónica, de origen multifactorial, que representa un reto diagnóstico y terapéutico tanto para el personal médico como para el equipo de enfermería. Su evolución impredecible, la diversidad de síntomas y la posibilidad de complicaciones graves hacen necesario un abordaje integral y personalizado.
El conocimiento actual permite identificar factores genéticos, inmunológicos y ambientales que contribuyen a su desarrollo, lo que ha favorecido el diseño de tratamientos más específicos y eficaces. En este sentido, las terapias biológicas y emergentes han supuesto un avance significativo, mejorando la calidad de vida de los pacientes y reduciendo la necesidad de intervenciones quirúrgicas. No obstante, la cirugía sigue siendo una herramienta necesaria en casos refractarios o con complicaciones estructurales.
Desde la perspectiva enfermera, el papel asistencial va más allá del control clínico. La educación sanitaria, el acompañamiento emocional y el seguimiento continuo son fundamentales para fomentar la adherencia al tratamiento, detectar signos de alarma y promover el bienestar integral del paciente. La atención debe ser empática, cercana y basada en la evidencia, adaptándose a las necesidades individuales de cada persona.
En definitiva, la enfermedad de Crohn exige una respuesta interdisciplinar, actualizada y centrada en el paciente. Solo a través de una atención coordinada y humanizada será posible afrontar los desafíos que plantea esta enfermedad crónica y mejorar el pronóstico a largo plazo.
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