Meningitis bacteriana. Artículo monográfico

11 septiembre 2026

AUTORES

  1. Rocío López Montesinos. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  2. Gema Castillo Castillo. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  3. Ana Fernández García. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  4. Gloria Jiménez Cevidanes. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  5. Concepción López Hinojosa. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  6. Ana López Hinojosa. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.

RESUMEN

La meningitis bacteriana es una infección aguda de las meninges que constituye una urgencia médica por su rápida evolución y el elevado riesgo de complicaciones neurológicas y mortalidad. Los principales agentes causales son Streptococcus pneumoniae, Neisseria meningitidis y Listeria monocytogenes en grupos de riesgo. Clínicamente, suele manifestarse con fiebre, cefalea intensa, rigidez de nuca y alteración del nivel de conciencia.

El diagnóstico precoz, basado en la valoración clínica y el análisis del líquido cefalorraquídeo obtenido mediante punción lumbar, es fundamental para iniciar un tratamiento temprano. Este se basa en antibioterapia intravenosa empírica, corticoterapia en casos seleccionados y medidas de soporte para prevenir complicaciones.

La prevención mediante la vacunación y la quimioprofilaxis de los contactos estrechos en los casos de enfermedad meningocócica ha reducido significativamente la incidencia de esta patología. Además, el personal de enfermería desempeña un papel clave en la detección precoz, la monitorización del paciente, la administración del tratamiento y la educación sanitaria, contribuyendo a mejorar el pronóstico y la calidad de los cuidados.

PALABRAS CLAVE

Meningitis bacteriana, enfermeras y enfermeros y atención de Enfermería.

ABSTRACT

Bacterial meningitis is an acute infection of the meninges that constitutes a medical emergency due to its rapid progression and the high risk of neurological complications and mortality. The main causative pathogens are Streptococcus pneumoniae, Neisseria meningitidis, and Listeria monocytogenes in high-risk populations. Clinically, it usually presents with fever, severe headache, neck stiffness, and altered mental status.

Early diagnosis, based on clinical assessment and cerebrospinal fluid analysis obtained by lumbar puncture, is essential to ensure prompt treatment. Management consists of empirical intravenous antibiotic therapy, adjunctive corticosteroids in selected cases, and supportive care to prevent complications.

Prevention through vaccination and chemoprophylaxis for close contacts of patients with meningococcal disease has significantly reduced the incidence of this condition. Furthermore, nurses play a key role in the early recognition of symptoms, continuous patient monitoring, safe administration of treatment, and health education, thereby contributing to improved patient outcomes and quality of care.

KEY WORDS

Meningitis bacterial, nurses and nursing care.

DESARROLLO DEL TEMA

La meningitis bacteriana es una enfermedad infecciosa aguda caracterizada por la inflamación de las meninges, las membranas que recubren el encéfalo y la médula espinal, como consecuencia de la invasión de microorganismos bacterianos al espacio subaracnoideo. Se trata de una urgencia médica que requiere un diagnóstico precoz y el inicio inmediato del tratamiento, ya que puede evolucionar rápidamente hacia complicaciones neurológicas graves, sepsis e incluso la muerte. A pesar de los avances en la vacunación y en el tratamiento antibiótico, continúa siendo un importante problema de salud pública debido a su elevada morbimortalidad y a las secuelas neurológicas permanentes que pueden presentar los pacientes supervivientes, como pérdida auditiva, déficits cognitivos, epilepsia o alteraciones motoras1,2.

Desde el ámbito de la enfermería, el abordaje de estos pacientes resulta fundamental, ya que el personal de enfermería desempeña un papel esencial en la identificación precoz de los signos de alarma, la monitorización continua del estado neurológico y hemodinámico, la administración del tratamiento, la prevención de complicaciones y la educación sanitaria tanto del paciente como de sus familiares1.

ETIOLOGÍA:

La meningitis bacteriana está causada por la invasión de bacterias al sistema nervioso central, generalmente tras la colonización de la nasofaringe y su posterior diseminación hematógena hasta las meninges. En otras ocasiones, la infección puede producirse por extensión directa desde procesos infecciosos próximos, como sinusitis, otitis o mastoiditis, o como consecuencia de traumatismos craneoencefálicos, intervenciones neuroquirúrgicas o la presencia de dispositivos intracraneales2,3.

Los microorganismos responsables varían en función de la edad, la situación inmunológica y los factores de riesgo del paciente. En adultos, Streptococcus pneumoniae constituye el principal agente etiológico y es responsable de la mayoría de los casos esporádicos. Neisseria meningitidis representa la segunda causa más frecuente y suele afectar especialmente a niños, adolescentes y adultos jóvenes, pudiendo ocasionar brotes epidémicos. En personas mayores de 50 años, embarazadas o pacientes inmunodeprimidos adquiere especial relevancia Listeria monocytogenes, mientras que Haemophilus influenzae tipo b ha disminuido considerablemente su incidencia gracias a la implantación sistemática de la vacunación infantil. En el ámbito hospitalario y en pacientes sometidos a procedimientos neuroquirúrgicos son más frecuentes las infecciones producidas por Staphylococcus aureus y diversos bacilos gramnegativos2–4.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS:

La sintomatología suele aparecer de forma brusca y progresar rápidamente. La tríada clínica clásica está constituida por fiebre, rigidez de nuca y alteración del nivel de conciencia; sin embargo, esta combinación solo está presente en una parte de los pacientes, por lo que su ausencia no excluye el diagnóstico2,3.

El síntoma más frecuente es la cefalea intensa, generalmente acompañada de fiebre elevada y rigidez cervical secundaria a la irritación meníngea. También son habituales las náuseas, los vómitos, la fotofobia, la confusión, la somnolencia y las convulsiones. Durante la exploración física pueden objetivarse signos de irritación meníngea, como los signos de Kernig y Brudzinski, así como diferentes grados de alteración del estado neurológico2.

En los casos producidos por Neisseria meningitidis puede aparecer un exantema petequial o purpúrico característico, indicativo de meningococemia, que constituye un signo de gravedad por su asociación con sepsis y coagulación intravascular diseminada. En lactantes y niños pequeños la clínica suele ser más inespecífica, pudiendo manifestarse mediante irritabilidad, rechazo de las tomas, llanto inconsolable, hipotonía o abombamiento de la fontanela3.

DIAGNÓSTICO:

El diagnóstico de la meningitis bacteriana debe establecerse con la mayor rapidez posible, ya que el retraso en el inicio del tratamiento se asocia a un peor pronóstico. La sospecha diagnóstica se fundamenta inicialmente en la valoración clínica y la exploración física, aunque debe confirmarse mediante pruebas microbiológicas y de laboratorio2.

La punción lumbar constituye la prueba diagnóstica de referencia, ya que permite obtener líquido cefalorraquídeo (LCR) para su análisis. En la meningitis bacteriana el LCR suele presentar una presión de apertura elevada, pleocitosis con predominio de polimorfonucleares, aumento de la concentración de proteínas y disminución de la glucosa respecto a la glucemia plasmática. Además, deben realizarse tinción de Gram, cultivo microbiológico y técnicas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR), que permiten identificar el microorganismo causal incluso tras el inicio de la antibioterapia2,4.

Antes de administrar el tratamiento antibiótico se recomienda la obtención de hemocultivos, siempre que ello no suponga un retraso significativo. En pacientes con sospecha de hipertensión intracraneal, alteración importante del nivel de conciencia, focalidad neurológica, antecedentes de inmunodepresión o crisis epilépticas recientes, está indicada la realización de una tomografía computarizada craneal antes de la punción lumbar para minimizar el riesgo de herniación cerebral2,4.

TRATAMIENTO:

La meningitis bacteriana constituye una urgencia terapéutica, por lo que el tratamiento debe iniciarse inmediatamente tras la sospecha clínica, sin esperar a la confirmación microbiológica. La antibioterapia empírica inicial debe cubrir los microorganismos más frecuentes según la edad y los factores de riesgo del paciente. Habitualmente se emplea una cefalosporina de tercera generación (ceftriaxona o cefotaxima) asociada a vancomicina y, en pacientes mayores de 50 años o con riesgo de infección por Listeria monocytogenes, se añade ampicilina2,4.

Una vez identificado el microorganismo responsable y conocida su sensibilidad antibiótica, el tratamiento debe ajustarse para optimizar la eficacia terapéutica y reducir el desarrollo de resistencias bacterianas. Paralelamente, se recomienda la administración de dexametasona antes o junto con la primera dosis de antibiótico, especialmente en los casos de meningitis neumocócica, ya que disminuye la respuesta inflamatoria y reduce la aparición de secuelas neurológicas, especialmente la pérdida auditiva2.

El tratamiento también incluye medidas de soporte dirigidas a mantener la estabilidad hemodinámica y respiratoria, controlar la fiebre, el dolor y las convulsiones, así como corregir las alteraciones hidroelectrolíticas. Desde el punto de vista enfermero resulta imprescindible la monitorización continua de las constantes vitales y del estado neurológico mediante escalas como la Escala de Coma de Glasgow, además de la vigilancia de posibles complicaciones como hipertensión intracraneal, shock séptico o fracaso multiorgánico1.

En los casos de meningitis meningocócica es necesario instaurar aislamiento respiratorio por gotas durante las primeras 24 horas tras el inicio de la antibioterapia y administrar quimioprofilaxis a los contactos estrechos para evitar nuevos casos2.

PREVENCIÓN:

La prevención constituye una de las principales estrategias para reducir la incidencia de la meningitis bacteriana. La vacunación sistemática frente a Haemophilus influenzae tipo b, Neisseria meningitidis y Streptococcus pneumoniae ha logrado disminuir significativamente el número de casos en numerosos países2,4.

Asimismo, la detección precoz de casos sospechosos, el aislamiento respiratorio cuando esté indicado y la administración de quimioprofilaxis a los contactos estrechos son medidas fundamentales para controlar la transmisión, especialmente en los casos de enfermedad meningocócica. Desde la enfermería, la educación sanitaria desempeña un papel clave promoviendo la adherencia a los calendarios vacunales, el reconocimiento temprano de los signos de alarma y la importancia de acudir de forma inmediata a los servicios sanitarios ante la sospecha de la enfermedad1.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Calvera R, Carceller Ramírez I, Álvarez Conde C, Clemente Ansón C, Arquillué Familiar E. Meningitis bacteriana: revisión sistemática de su epidemiología, diagnóstico y abordaje terapéutico desde la perspectiva enfermera. Rev Sanit Investig. 2025;6(9).
  2. Trocha G, Ramírez N, Cerón N, Romero C. Meningitis bacteriana aguda del adulto adquirida en la comunidad. Acta Neurol Colomb. 2021;37(Supl 1):55-63. doi:10.22379/24224022335.
  3. Acosta Robles AM. Cuidados de Enfermería en la meningitis bacteriana. Ocronos. 2021;4(8):42.
  4. Tunkel AR, Hasbun R, Bhimraj A, Byers K, Kaplan SL, Scheld WM, et al. 2017 Infectious Diseases Society of America Clinical Practice Guidelines for Healthcare-Associated Ventriculitis and Meningitis. Clin Infect Dis. 2017;64(6):e34-e65.

 

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