AUTORES
- Marcos Mené Gálvez. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Merino Maestro. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Natalia Sierra Arcos. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Alba Millán Elvira. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Paula Nasarre Grasa. Enfermera Especialista en Salud Mental. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Noelia Núñez Descalzo. Graduada en Enfermería. Aragón, España.
RESUMEN
El escorbuto es una enfermedad causada por deficiencia prolongada de vitamina C (ácido ascórbico), un micronutriente esencial para la síntesis de colágeno y la cicatrización. Históricamente común entre marineros y en situaciones de hambruna, actualmente reaparece en contextos de dietas restrictivas, pobreza extrema o condiciones médicas específicas. Las manifestaciones clínicas incluyen debilidad generalizada, sangrado de encías, petequias, equimosis, anemia y dolor articular severo. El diagnóstico es principalmente clínico, apoyado en antecedentes dietéticos y análisis de niveles séricos de vitamina C. El tratamiento consiste en la suplementación de vitamina C, acompañado por corrección dietética. Una detección precoz y tratamiento adecuado permiten la recuperación completa sin secuelas permanentes. La prevención radica en la educación nutricional, destacando la importancia de una dieta equilibrada y rica en frutas y verduras frescas.
PALABRAS CLAVE
Escorbuto, deficiencia de ácido ascórbico, vitamina c, hemorragia gingival, anemia nutricional, colágeno, suplementos dietéticos.
ABSTRACT
Scurvy is a disease caused by prolonged deficiency of vitamin C (ascorbic acid), a micronutrient essential for collagen synthesis and wound healing. Historically prevalent among sailors and during famines, it currently reemerges in contexts of restrictive diets, extreme poverty, or specific medical conditions. Clinical manifestations include generalized weakness, gum bleeding, petechiae, ecchymosis, anemia, and severe joint pain. Diagnosis is primarily clinical, supported by dietary history and serum vitamin C measurements. Treatment consists of vitamin C supplementation along with dietary correction. Early detection and proper treatment allow complete recovery without permanent consequences. Prevention relies on nutritional education, emphasizing the importance of a balanced diet rich in fresh fruits and vegetables.
KEY WORDS
Scurvy, ascorbic acid deficiency, vitamin c, gingival hemorrhage, nutritional anemia, collagen, dietary supplements.
DESARROLLO DEL TEMA
El escorbuto es una enfermedad que resulta de una deficiencia grave y prolongada de vitamina C (ácido ascórbico), nutriente esencial para el ser humano. Aunque históricamente se asocia a marineros y expediciones prolongadas sin acceso a alimentos frescos, el escorbuto sigue apareciendo en la actualidad en poblaciones vulnerables, ancianos, personas con dietas restrictivas o trastornos psiquiátricos, e incluso en niños con alimentación inadecuada1.
La vitamina C desempeña un papel crucial en la síntesis de colágeno, proteína fundamental para la integridad de los tejidos conectivos, huesos, piel y vasos sanguíneos. Además, participa como antioxidante y cofactor en múltiples reacciones enzimáticas. Su carencia provoca alteraciones en la síntesis de colágeno y fragilidad capilar, originando las manifestaciones clínicas clásicas del escorbuto1.
La prevalencia actual del escorbuto es muy baja en países industrializados gracias a la disponibilidad de frutas y verduras frescas. Sin embargo, en comunidades con inseguridad alimentaria o personas con dietas extremadamente restrictivas puede aparecer de forma esporádica, subdiagnosticada o confundida con otras enfermedades hematológicas o reumatológicas. Asimismo, se han documentado casos en poblaciones con restricciones alimentarias o en situaciones de pobreza extrema, donde la carencia de alimentos frescos persiste durante meses1.
En la historia, el escorbuto fue responsable de elevadas tasas de mortalidad entre marinos y soldados. Durante el siglo XVIII, se observó que la ingesta de cítricos prevenía la aparición de la enfermedad, constituyendo uno de los primeros ejemplos documentados de intervención dietética con fundamento científico. Este descubrimiento cambió el manejo de las largas travesías marítimas, marcando un hito en la historia de la medicina preventiva1.
Actualmente, la relevancia del escorbuto reside en que su diagnóstico continúa siendo clínico, y muchas veces se retrasa por su rareza y desconocimiento entre profesionales sanitarios, lo que puede llevar a complicaciones graves o incluso fatales si no se instaura el tratamiento oportuno. El pronóstico, no obstante, es excelente cuando se suplementa adecuadamente vitamina C, con una respuesta clínica rápida en la mayoría de los casos1.
CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO:
El escorbuto es una enfermedad causada exclusivamente por el déficit prolongado de vitamina C, también conocida como ácido ascórbico, un micronutriente esencial para los seres humanos, que no pueden sintetizarlo de forma endógena y deben obtenerlo a través de la dieta. La vitamina C se encuentra principalmente en frutas y verduras frescas, como cítricos, pimientos, tomates o fresas, por lo que dietas pobres en estos alimentos constituyen la causa directa del escorbuto2.
La función biológica de la vitamina C se centra en su papel como cofactor en la hidroxilación de la prolina y la lisina, aminoácidos imprescindibles para la formación de colágeno, proteína estructural que da firmeza y resistencia a la piel, mucosas, huesos y vasos sanguíneos. La carencia de vitamina C conlleva un defecto en la síntesis de colágeno, provocando fragilidad vascular, hemorragias, alteraciones osteomusculares y lesiones cutáneas características2.
Aunque la última causa es siempre la ingesta insuficiente de vitamina C, existen factores predisponentes que incrementan el riesgo de desarrollar escorbuto. Entre ellos destacan: situaciones de pobreza o inseguridad alimentaria; personas con dietas restrictivas, como ciertos pacientes psiquiátricos o trastornos alimentarios (anorexia nerviosa, ortorexia extrema); alcoholismo crónico; ancianos institucionalizados con dietas monótonas; pacientes con malabsorción intestinal crónica (enfermedad de Crohn, resecciones gástricas o intestinales); y lactantes alimentados con fórmulas no fortificadas y sin introducción de frutas y verduras frescas2.
Otros factores menos frecuentes, pero también descritos incluyen condiciones socioeconómicas extremas, personas sin hogar o refugiados, en quienes la carencia de alimentos frescos puede prolongarse durante semanas o meses. Además, en contextos de guerras, desastres naturales o desplazamientos forzosos, la disponibilidad de vitamina C puede verse gravemente comprometida, favoreciendo la aparición de escorbuto2.
Es importante destacar que el organismo humano tiene reservas limitadas de vitamina C y su vida media es relativamente corta, de modo que el déficit puede manifestarse clínicamente en pocas semanas (4 a 12 semanas de ingesta insuficiente)2.
SÍNTOMAS:
El cuadro clínico del escorbuto se caracteriza por la aparición progresiva de síntomas relacionados con la alteración en la síntesis de colágeno, afectando la integridad de los vasos sanguíneos, la piel, las encías, los músculos y el sistema osteoarticular. La sintomatología suele desarrollarse tras un período de deficiencia de vitamina C que puede variar entre 4 y 12 semanas, dependiendo de las reservas corporales previas3.
Los síntomas iniciales suelen ser inespecíficos, lo que puede dificultar el diagnóstico precoz. Entre estos se encuentran el malestar general, fatiga, debilidad, anorexia y dolores musculares. Estos signos se relacionan con la disminución de la producción de carnitina, otra función de la vitamina C, que interviene en el metabolismo energético3.
Con el avance de la deficiencia, aparecen los signos clásicos del escorbuto: hemorragias cutáneas (petequias, equimosis) en miembros inferiores, hiperqueratosis folicular con tapones córneos rodeados de hemorragias perifoliculares, encías esponjosas e inflamadas que sangran fácilmente, retracción gingival progresiva y pérdida de piezas dentarias en casos avanzados. Además, se observa cicatrización deficiente de heridas y tendencia a infecciones secundarias3.
A nivel musculoesquelético, pueden presentarse dolores articulares, mialgias y debilidad marcada. En niños, el escorbuto provoca alteraciones del cartílago de crecimiento, afectando la formación ósea, con riesgo de fracturas, arqueamiento de huesos largos y retraso del crecimiento. Estas manifestaciones se conocen como escorbuto infantil4.
Otra característica es el síndrome de hemorragia generalizada por rotura de pequeños vasos, con sangrado en mucosas, piel y en ocasiones órganos internos, pudiendo llevar a anemia severa y shock hipovolémico4.
En fases avanzadas, se han descrito edemas, irritabilidad, depresión, neuropatías periféricas e incluso insuficiencia cardíaca, como consecuencia de la fragilidad capilar extrema y la anemia secundaria4.
Un aspecto relevante es que los síntomas revierten rápidamente tras la administración de vitamina C. La mejoría suele comenzar en 24-48 horas, con resolución completa en pocas semanas4.
DIAGÓSTICO Y TRATAMIENTO:
El diagnóstico del escorbuto se basa principalmente en la sospecha clínica, apoyada en la historia dietética del paciente, los signos y síntomas característicos, y la respuesta al tratamiento con vitamina C. Dado que en la actualidad es una enfermedad rara en países desarrollados, con frecuencia se retrasa su diagnóstico o se confunde con patologías hematológicas, infecciosas o reumatológicas5.
La anamnesis cuidadosa resulta esencial, especialmente en personas con dietas restrictivas, trastornos psiquiátricos, alcoholismo o condiciones sociales de vulnerabilidad. Es clave preguntar de forma explícita sobre la ingesta de frutas y verduras frescas5.
En la exploración física destacan: encías inflamadas y sangrantes, hemorragias perifoliculares, petequias en miembros inferiores, debilidad muscular, anemia y lesiones osteoarticulares. Estos hallazgos, junto con la historia alimentaria, orientan el diagnóstico5.
De laboratorio, se puede medir la concentración plasmática de vitamina C, que suele ser inferior a 0,2 mg/dL, aunque esta técnica no está siempre disponible. También puede observarse anemia normocítica o hipocrómica discreta, elevación de reactantes de fase aguda, o alteraciones del perfil férrico, sin ser específicos5.
En casos graves o dudosos, la biopsia cutánea puede mostrar alteraciones compatibles con defectos en la síntesis de colágeno, pero rara vez se emplea5.
El tratamiento consiste en la administración de vitamina C por vía oral, en dosis de 100-500 mg diarios durante varias semanas según la gravedad y edad del paciente. En casos con mala absorción, se recurre a la vía intravenosa. La mejoría clínica es evidente en 24-48 horas, con recuperación progresiva de las lesiones en 1-2 semanas. La mortalidad es excepcional si se instaura tratamiento precoz6.
También es fundamental un plan educativo y social que promueva dietas variadas, distribución de alimentos frescos y seguimiento de grupos vulnerables para prevenir recaídas6.
COMPLICACIONES Y SIGNOS DE ALARMA:
Aunque el escorbuto es potencialmente reversible con un tratamiento adecuado de vitamina C, su evolución natural en ausencia de intervención puede derivar en complicaciones graves e incluso fatales. Estas complicaciones se relacionan directamente con el deterioro del colágeno y la fragilidad capilar, afectando múltiples sistemas del organismo7.
A nivel osteoarticular, una de las complicaciones más destacadas es la afectación del cartílago de crecimiento en niños, provocando alteraciones graves del desarrollo óseo conocidas como escorbuto infantil. Esto puede traducirse en fracturas espontáneas, deformidades de huesos largos, retraso del crecimiento e incapacidad funcional, con riesgo de secuelas permanentes si no se trata de forma temprana7.
En adultos, las complicaciones osteoarticulares incluyen artralgias intensas, hemorragias musculares, edemas articulares y limitación de la movilidad. La debilidad muscular severa puede derivar en dependencia funcional, especialmente en ancianos o personas con comorbilidades previas7.
Otra complicación relevante es la hemorragia generalizada. La fragilidad de los vasos sanguíneos puede originar hemorragias externas (petequias, equimosis, hematomas) y también hemorragias internas, incluyendo hemorragias gastrointestinales, pulmonares e incluso cerebrales, con riesgo de shock hipovolémico o muerte7.
Las alteraciones cardiovasculares también pueden ser graves. La deficiencia prolongada de vitamina C afecta la estructura de las paredes vasculares, provocando insuficiencia cardíaca por sobrecarga de volumen y anemia secundaria a hemorragias persistentes. Además, se han descrito arritmias cardíacas por alteraciones electrolíticas derivadas de estados inflamatorios y déficit nutricional asociado7.
En el ámbito infeccioso, el deterioro de las barreras epiteliales, sumado a la cicatrización deficiente, facilita la entrada de bacterias y otros patógenos, lo que incrementa el riesgo de infecciones cutáneas, neumonías y sepsis. Esto supone un riesgo elevado en personas inmunodeprimidas o en condiciones sociales de exclusión, donde el acceso a atención sanitaria es limitado8.
En cuanto a los signos de alarma, es fundamental reconocerlos para iniciar tratamiento urgente y evitar complicaciones potencialmente mortales. Entre los signos de alarma más importantes destacan: disnea o dificultad respiratoria progresiva; sangrados abundantes o incontrolables en encías, piel u orina; dolor óseo intenso con incapacidad funcional; síntomas neurológicos como confusión, letargia o pérdida de conciencia que podrían indicar hemorragia cerebral; y edemas generalizados con signos de fallo cardiaco8.
Estos síntomas indican un estadio avanzado de la enfermedad y requieren una intervención médica inmediata8.
CONCLUSIÓN
El escorbuto, aunque se considera una enfermedad histórica ligada a las expediciones marítimas de siglos pasados, continúa presente hoy en día en poblaciones vulnerables, especialmente aquellas con inseguridad alimentaria, dietas restrictivas, o patologías psiquiátricas que cursan con restricción alimentaria. Su existencia revela que los problemas de desnutrición no son exclusivos de países en vías de desarrollo, sino que también pueden observarse en contextos urbanos y países industrializados donde persisten desigualdades sociales y barreras en el acceso a alimentos frescos ricos en vitamina C.
Desde el punto de vista clínico, el escorbuto se presenta con un cuadro variado de síntomas, que van desde astenia, anorexia y fatiga inespecífica hasta lesiones hemorrágicas cutáneas, gingivales, alteraciones óseas y complicaciones cardiovasculares graves en fases avanzadas. Su diagnóstico sigue siendo principalmente clínico, basado en la historia dietética, la exploración física y la respuesta al tratamiento sustitutivo con ácido ascórbico. La determinación bioquímica de vitamina C, aunque puede confirmar el diagnóstico, no siempre es accesible.
La prevención del escorbuto se centra necesariamente en garantizar la ingesta de alimentos frescos, principalmente frutas y verduras, y en desarrollar políticas de salud pública que fomenten la educación nutricional, especialmente en colectivos de riesgo como ancianos institucionalizados, personas sin hogar, niños con dietas monótonas o personas con problemas de salud mental. La suplementación farmacológica de vitamina C es segura, asequible y eficaz, logrando la reversión de los síntomas en cuestión de días.
A pesar de su baja prevalencia, el escorbuto debe mantenerse en el punto de mira de los profesionales de la salud, ya que un retraso diagnóstico puede tener consecuencias graves. La formación continuada y la concienciación social sobre la importancia de una dieta equilibrada siguen siendo herramientas esenciales para acabar definitivamente con esta enfermedad.
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