AUTORES
- Noelia Hernández Lafuente. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
- Alba López Mendieta. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
- Cristina Gracia Piqueras. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
- Lydia Gómez Morante. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
RESUMEN
La gonorrea es una infección de transmisión sexual común, causada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae, que afecta a millones de personas cada año. Su principal vía de transmisión es el contacto sexual directo, y la prevalencia es mayor entre jóvenes de 15 a 24 años. Aunque los hombres suelen presentar síntomas evidentes como secreción purulenta y dolor al orinar, muchas mujeres no muestran síntomas o sólo presentan molestias leves, lo que dificulta el diagnóstico. Si no se trata, la gonorrea puede causar complicaciones graves como infertilidad, enfermedades pélvicas en mujeres y artritis en ambos géneros. El diagnóstico se realiza mediante cultivo y pruebas moleculares, mientras que el tratamiento incluye antibióticos como ceftriaxona y cefixima. Sin embargo, la resistencia bacteriana creciente representa un desafío. La prevención se basa en el uso de preservativos, la educación sexual y el diagnóstico temprano. Actualmente, no existe una vacuna específica, aunque algunos estudios sugieren protección cruzada con la vacuna meningocócica.
PALABRAS CLAVE
Neisseria gonorrhoeae, prevención, enfermedad de transmisión sexual, resistencia a antibióticos, gonorrea.
ABSTRACT
Gonorrhea is a common sexually transmitted infection caused by the bacterium Neisseria gonorrhoeae, affecting millions of people each year. Its primary mode of transmission is direct sexual contact, and its prevalence is higher among young people aged 15 to 24. While men often show obvious symptoms such as purulent discharge and painful urination, many women do not exhibit symptoms or only experience mild discomfort, which complicates diagnosis. If left untreated, gonorrhea can lead to serious complications such as infertility, pelvic diseases in women, and arthritis in both sexes. Diagnosis is made through culture and molecular tests, while treatment includes antibiotics such as ceftriaxone and cefixime. However, the growing issue of bacterial resistance poses a challenge. Prevention relies on the use of condoms, sexual education, and early diagnosis. Currently, there is no specific vaccine, although some studies suggest cross-protection with the meningococcal vaccine.
KEY WORDS
Neisseria gonorrhoeae, prevention, sexually transmitted disease, antibiotic resistance, gonorrhea.
DESARROLLO DEL TEMA
Las infecciones de transmisión sexual representan un problema significativo de salud pública a nivel global. La gonorrea es una de las infecciones más comunes, afectando a millones de individuos cada año. Su relevancia no solo radica en su alta incidencia, sino también en las posibles complicaciones que pueden surgir si no se trata adecuadamente1,2,3.
Esta Enfermedad de Transmisión Sexual (ETS) sólo afecta a los seres humanos. Su transmisión ocurre principalmente a través del contacto sexual directo o durante el periodo perinatal. Las mujeres tienen un 50 % de probabilidad de infectarse tras un solo encuentro sexual con un hombre portador, mientras que los hombres presentan un riesgo aproximado del 20 % después de un único contacto con una mujer portadora de la infección1,2.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las tasas de contagio son semejantes entre hombres y mujeres, con un mayor número de casos registrados en personas de entre 15 y 24 años. En 2020 se estimaron alrededor de 82.4 millones de nuevas infecciones por Neisseria gonorrhoeae en adultos de entre 15 y 49 años1,2,3.
La prevalencia de la enfermedad es mayor en poblaciones vulnerables, como hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, trabajadores sexuales, mujeres transgénero, así como adolescentes y jóvenes en países con altos índices de morbilidad1,2,3.
Neisseria gonorrhoeae es un microorganismo Gram negativo con forma de diplococo. Al realizar una tinción de Gram directa en muestras de pus, se pueden observar diplococos intracelulares con una disposición característica similar a «granos de café». Esta bacteria se caracteriza por su crecimiento lento y su dificultad para ser cultivada en el laboratorio4.
El medio de cultivo más adecuado para su desarrollo es el agar chocolate o el medio GC suplementado. Cuando se trabaja con muestras clínicas que contienen otras bacterias, el medio selectivo preferido es el Thayer-Martin, que contiene antibióticos como vancomicina, nistatina, colistina y trimetoprim, los cuales inhiben el crecimiento de la flora normal, permitiendo así el desarrollo selectivo de N. gonorrhoeae4.
El tamaño de la bacteria varía entre 0.6 y 1 µm, con un diámetro medio de 0.8 µm. Al ser observada con un microscopio óptico, suele encontrarse dentro de los neutrófilos polimorfonucleares. La bacteria se desarrolla mejor a temperaturas que van de 35 °C a 37 °C, en un ambiente que contenga aproximadamente un 5 % de CO₂4.
El principal reservorio de la gonorrea es la persona con una infección asintomática. Este estado asintomático es más habitual en mujeres que en hombres. Aproximadamente la mitad de las mujeres infectadas experimentan síntomas leves o ninguno, mientras que la mayoría de los hombres presentan signos clínicos en las etapas iniciales de la infección1,3 5.
Neisseria gonorrhoeae no forma parte de la flora normal humana y es un patógeno exclusivo del ser humano, sin reservorios identificados en la naturaleza5.
En cuanto al proceso infeccioso, se inicia cuando la bacteria se adhiere a las células epiteliales columnares presentes en las mucosas de la uretra masculina y del cuello uterino femenino. Tras la adhesión, el microorganismo es internalizado por las células a través de vacuolas especializadas3,4.
El ser humano es el único hospedador natural de esta bacteria, siendo más frecuente su detección en personas de entre 15 y 24 años. Los portadores pueden ser sintomáticos o asintomáticos, con una tendencia mayor en las mujeres a no presentar síntomas. La transmisión ocurre principalmente a través de relaciones sexuales1,3,4.
El gonococo prolifera en superficies húmedas de las mucosas, como el cuello uterino, el útero y las trompas de Falopio en mujeres, y la uretra en hombres. También puede colonizar la boca, la faringe y el ano. En casos menos frecuentes, la bacteria puede afectar las articulaciones, provocando artritis gonocócica (o artritis séptica), que se observa con mayor frecuencia en personas con sistemas inmunitarios comprometidos o que viven con VIH/SIDA1,3,4.
Las principales formas de transmisión de la gonorrea son las siguientes: Transmisión sexual (es la más frecuente), Transmisión perinatal (infección al recién nacido a través del canal de parto), Contacto oral-genital y Autoinoculación5.
Los signos y síntomas de la gonorrea dependen en gran medida de la vía de contagio1,2,5.
En los hombres, la gonorrea suele afectar principalmente la uretra, causando uretritis anterior. Después de un período de incubación de entre 2 y 5 días, se manifiesta con secreción purulenta por la uretra, disuria y la presencia de filamentos en la primera porción de la orina. Si la infección progresa hacia la uretra posterior, se añadiría polaquiuria. En casos más avanzados, la infección puede propagarse a la próstata, las vesículas seminales, el epidídimo e incluso formar abscesos alrededor de la uretra1,2,5.
En las mujeres, los síntomas pueden ser leves o confundirse con otras afecciones como infecciones vaginales o cistitis. El sitio principal de infección es el cuello uterino, con un período de incubación que oscila entre 5 y 10 días. El microorganismo no afecta las células del epitelio escamoso de la vagina en mujeres que han pasado la pubertad. Cuando se presentan síntomas, suelen incluir secreción vaginal, dolor al orinar y molestias en la parte baja del abdomen. Si la infección se disemina, puede alcanzar el endometrio, los órganos anexos y el peritoneo, provocando inflamación de las glándulas de Bartolino1,2,5.
Cuando la infección compromete la cavidad oral, el paciente puede experimentar dolor agudo en la mucosa, úlceras en los labios y sensación de ardor. En las primeras 24 horas y durante los días iniciales, la producción de saliva puede aumentar o disminuir, volviéndose más espesa y acompañada de mal aliento. Durante este periodo, la saliva suele contener una alta concentración de Neisseria gonorrhoeae1,2.
Los recién nacidos de madres infectadas pueden desarrollar conjuntivitis gonocócica, que se manifiesta con enrojecimiento ocular, dolor, secreción, úlceras y lagrimeo. Estos síntomas pueden prevenirse mediante la administración de medicamentos oculares al nacer1,2.
Si no se diagnostica y trata a tiempo, la gonorrea puede propagarse a órganos vitales como el sistema nervioso central, el corazón, el hígado y las articulaciones, lo que representa un riesgo significativo para la salud5.
Si las infecciones causadas por la gonorrea no se tratan pueden generar diversas complicaciones y secuelas a largo plazo:
-En los hombres, las complicaciones asociadas abarcan inflamación en el escroto, estrechamiento de la uretra y esterilidad. Mientras que en las mujeres, la infección puede derivar en enfermedad inflamatoria pélvica, aumentar el riesgo de embarazo ectópico o causar infertilidad2.
-La conjuntivitis neonatal causada por la Neisseria gonorrhoeae, puede causar ceguera si no se recibe el tratamiento adecuado2.
-En algunos casos poco comunes, la infección puede extenderse a través del torrente sanguíneo, provocando fiebre y afectando órganos como la piel, el corazón, las articulaciones y las meninges2.
-Se puede producir una estigmatización social afectando así a las relaciones interpersonales2.
Con respecto al diagnóstico, la identificación inicial de N. gonorrhoeae se realiza al aislar diplococos gramnegativos, que son oxidasa-positivos y crecen en medios como Agar sangre chocolate o en medios selectivos para especies patógenas de Neisseria4,5.
Las pruebas moleculares son el método de referencia actual para diagnosticar la infección por N. gonorrhoeae y pueden llevarse a cabo tanto en el laboratorio como en el lugar de atención médica1,4.
En algunos laboratorios, se utiliza la microscopía con tinción de Gram, aunque este método presenta una menor sensibilidad en mujeres con secreción vaginal o cervicouterina, así como en infecciones en la garganta y el área anal4,5.
En muchos centros de salud primaria donde no se cuentan con recursos suficientes para un diagnóstico preciso de N. gonorrhoeae, se recomienda un enfoque sindrómico para tratar los casos4,5.
Es fundamental conocer los antecedentes sexuales del paciente y realizar una evaluación de riesgos antes de proceder con el diagnóstico. El examen físico, el uso de espéculos (en mujeres) y la palpación pueden ofrecer pistas importantes para un diagnóstico clínico1,2,4.
Frecuentemente, se utilizan muestras de orina para diagnosticar gonorrea (preferidas en hombres), aunque también se pueden emplear hisopados de los genitales y otras áreas (como ano, garganta o conjuntiva), según la localización de los síntomas, las prácticas sexuales y la historia clínica del paciente1,2,4.
Dado que muchos casos son asintomáticos, se recomienda implementar estrategias de tamizaje en grupos con mayor riesgo de adquirir gonorrea, con el fin de prevenir su propagación y evitar complicaciones. Además de las pruebas para gonorrea, generalmente se realizan análisis para detectar otras infecciones de transmisión sexual, como VIH, sífilis y clamidia2,4.
En situaciones de fracaso terapéutico, se deben realizar pruebas para determinar la sensibilidad de N. gonorrhoeae a los antimicrobianos y comprobar si el patógeno presenta resistencia a los tratamientos. La OMS aconseja a los países monitorear las características de resistencia antimicrobiana para poder ajustar las recomendaciones de tratamiento1,2,5.
Por otro lado, los métodos diagnósticos más utilizados son:
- Tinción de Gram o azul de metileno: se usa para observar la morfología de los diplococos encontrados dentro de los macrófagos, los cuales pueden adoptar una forma de grano de café4,5.
- Prueba de oxidasa: Se utiliza el reactivo de Kovac para detectar citocromo C en la cadena respiratoria bacteriana, resultando en un color violeta si es positivo4,5.
- Superoxol/catalasa: Se usa peróxido de hidrógeno (H2O2) como reactivo clave4,5.
- Resistencia a colistina: Se utiliza un disco impregnado con colistina en un medio selectivo, midiendo el halo de inhibición para determinar si la bacteria es resistente4,5.
- Prueba de reducción de nitrato: Esta prueba permite detectar si la bacteria reduce nitrato a nitritos o nitrógeno gaseoso. Un cambio de color a rojo indica una respuesta positiva4,5.
- Prueba de producción de polisacáridos: Cuando la bacteria se cultiva en un medio suplementado con sacarosa, produce un polisacárido que tiñe el medio de un color oscuro. N. gonorrhoeae no produce polisacáridos en este medio4,5.
- Prueba de producción de ácido: N. gonorrhoeae solo produce ácido a partir de glucosa, lo que la diferencia de otras especies4,5.
- Prueba enzima-sustrato: Esta prueba cromogénica detecta la presencia de enzimas como ß-galactosidasa y γ-glutamil-aminopeptidasa, produciendo un cambio de color si están presentes4,5.
Finalmente, la prueba de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT) es la más precisa para detectar material genético específico de N. gonorrhoeae, permitiendo excluir otros microorganismos4,5.
A día de hoy, el tratamiento de elección de la gonorrea son las cefalosporinas. La opción más recomendada es la ceftriaxona inyectable. En casos donde no sea posible usarla, se opta por la cefixima por vía oral combinada con azitromicina1.
Tras la administración del tratamiento, se recomienda esperar al menos siete días antes de reanudar las relaciones sexuales2.
El tratamiento puede no ser efectivo por diversas razones:
- No seguir adecuadamente las indicaciones médicas.
- Volver a infectarse tras el tratamiento.
- Desarrollo de resistencia bacteriana al medicamento.
Por ello, es primordial completar el tratamiento hasta que la infección haya desaparecido por completo1,2.
La gonorrea es una enfermedad que puede tratarse y curarse mediante ciertos antibióticos. Sin embargo, la aparición de cepas de Neisseria gonorrhoeae resistentes a estos fármacos está dificultando cada vez más su tratamiento, lo que podría llevar a que la enfermedad se vuelva incurable. Para enfrentar esta amenaza, es fundamental emplear los antibióticos de manera adecuada y responsable, continuando con la investigación para desarrollar nuevas alternativas terapéuticas1,2.
La gonorrea, como se ha mencionado, es una infección de transmisión sexual (ITS), por lo que prevenirla se basa principalmente en el uso adecuado de preservativos durante las relaciones sexuales. Es fundamental utilizar el preservativo desde el inicio hasta el final del acto sexual. Las personas infectadas deben informar a sus parejas actuales y recientes para evitar futuros contagios1,2.
Otras formas de prevención incluyen mantener una pareja sexual estable u optar por la abstinencia. Los principales esfuerzos para evitar la trasmisión de la gonorrea se enfocan en la educación sexual, la detección oportuna, el control y el seguimiento de la actividad sexual. Es importante resaltar que no se debe subestimar la gravedad de esta enfermedad1,2.
En el caso de los recién nacidos, se recomienda la aplicación de pomadas oftálmicas con antibióticos para prevenir infecciones oculares provocadas por la bacteria1,2.
Actualmente no existe una vacuna específica contra la gonorrea, aunque estudios recientes han mostrado que la vacuna contra el meningococo tipo B (4CMenB) podría brindar cierta protección cruzada1,2.
CONCLUSIÓN
En conclusión, la gonorrea es una infección de transmisión sexual que, aunque representa un desafío para la salud pública, puede prevenirse y tratarse eficazmente si se detecta a tiempo. Si no se trata, puede causar complicaciones graves, como infertilidad, infecciones en otros órganos y transmisión a recién nacidos. La vigilancia epidemiológica es clave para identificar brotes y poblaciones vulnerables, mientras que la creciente resistencia a los antibióticos exige el desarrollo de nuevos tratamientos. Además, la educación sexual y el uso de preservativos son fundamentales para prevenir su propagación. El fortalecimiento de las políticas de salud pública y la cooperación internacional son esenciales para controlar esta enfermedad. Con un enfoque integral de prevención, tratamiento y vigilancia, es posible reducir significativamente la incidencia de la gonorrea.
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