AUTORES
- Marcos Mené Gálvez. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Merino Maestro. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Natalia Sierra Arcos. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Alba Millán Elvira. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Paula Nasarre Grasa. Enfermera Especialista en Salud Mental. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Noelia Núñez Descalzo. Graduada en Enfermería. Aragón, España.
RESUMEN
La hipertensión arterial (HTA) constituye una de las patologías crónicas de mayor prevalencia a nivel mundial, siendo un factor de riesgo clave para el desarrollo de complicaciones cardiovasculares, cerebrovasculares y renales. A menudo cursa de forma asintomática, lo que dificulta su detección precoz y favorece la progresión hacia fases avanzadas. Con este articulo revisamos los aspectos epidemiológicos, fisiopatológicos, diagnósticos y terapéuticos de la HTA, subrayando la importancia de la prevención, del control de la presión arterial y del seguimiento adecuado para reducir la morbimortalidad asociada.
PALABRAS CLAVE
Hipertensión arterial, presión arterial, factores de riesgo, prevención, tratamiento.
ABSTRACT
Arterial hypertension is one of the most prevalent chronic diseases worldwide and represents a key risk factor for the development of cardiovascular, cerebrovascular and renal complications. It is often asymptomatic, which hinders early detection and favors progression to advanced stages. This article reviews the epidemiological, pathophysiological, diagnostic and therapeutic aspects of hypertension, highlighting the importance of prevention, adequate blood pressure control and proper follow-up to reduce related morbidity and mortality.
KEY WORDS
Arterial hypertension, blood pressure, risk factors, prevention, treatment.
DESARROLLO DEL TEMA
La HTA es una de las enfermedades crónicas más prevalentes en todo el mundo y constituye un factor de riesgo mayor para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, accidente cerebrovascular, insuficiencia renal y otras complicaciones graves1. Se estima que afecta aproximadamente al 30-45% de la población adulta en países desarrollados, con una tendencia creciente en países de ingresos medios y bajos2.
La HTA se define como la elevación sostenida de la presión arterial sistólica por encima de 140 mmHg y/o la diastólica por encima de 90 mmHg, según criterios de la European Society of Cardiology (ESC) y la European Society of Hypertension (ESH)3. Estas cifras pueden variar según guías y contextos clínicos diferentes1.
En términos de salud pública, la hipertensión supone una carga sanitaria y económica de gran magnitud, ya que la mayoría de los pacientes no presentan síntomas en las primeras etapas y solo se diagnostican cuando aparecen complicaciones. Esto hace que sea conocida como el “asesino silencioso”, dado que puede lesionar órganos diana como el corazón, el cerebro, los riñones y los vasos sanguíneos sin manifestaciones clínicas evidentes2.
En las últimas décadas se han producido importantes avances en el conocimiento de la fisiopatología de la HTA, el desarrollo de tratamientos farmacológicos más eficaces y estrategias de prevención poblacional centradas en la reducción del consumo de sal, la promoción de la actividad física y la mejora de hábitos alimentarios3.
A pesar de ello, el grado de control de la presión arterial en la población general sigue siendo insuficiente, lo que resalta la necesidad de mejorar las políticas de cribado, diagnóstico precoz y seguimiento de los pacientes hipertensos3.
CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO:
La hipertensión arterial tiene un origen multifactorial en el que intervienen aspectos genéticos, ambientales y de estilo de vida. Se considera que hasta el 90-95% de los casos corresponden a la forma primaria o esencial, sin una causa identificable única, pero relacionada con factores hereditarios y hábitos de vida poco saludables4.
Entre los principales factores de riesgo modificables destacan el consumo excesivo de sal, el sobrepeso y la obesidad, el sedentarismo, el consumo de alcohol en exceso, el tabaquismo y el estrés crónico5. Estos elementos contribuyen a un aumento sostenido de la resistencia vascular periférica, alteraciones en el tono simpático y cambios estructurales en la pared arterial.
En cuanto a los factores no modificables, la edad avanzada es determinante, ya que la prevalencia de HTA aumenta progresivamente con el envejecimiento. También influyen la predisposición genética y el origen étnico, observándose mayor frecuencia en personas de raza negra y en poblaciones con antecedentes familiares de hipertensión6.
Otras causas secundarias de hipertensión, aunque menos frecuentes (5-10%), incluyen patologías renales crónicas, enfermedades endocrinas como el hiperaldosteronismo primario, feocromocitoma, síndrome de Cushing, alteraciones tiroideas, coartación de aorta o el uso de determinados fármacos (antiinflamatorios no esteroideos, anticonceptivos orales, corticosteroides). Estas formas secundarias se dan especialmente en pacientes jóvenes con cifras muy elevadas o de difícil control7.
La interacción de estos factores genera un desequilibrio entre mecanismos vasoconstrictores y vasodilatadores, disfunción endotelial, inflamación vascular y retención hidro-salina, que perpetúan el aumento de la presión arterial.
SÍNTOMAS:
La hipertensión arterial es conocida como el “asesino silencioso” porque la gran mayoría de los pacientes permanecen asintomáticos durante años, lo que dificulta su detección precoz. Sin embargo, cuando la presión arterial alcanza cifras elevadas o se mantiene alta de forma sostenida, pueden aparecer manifestaciones clínicas derivadas del daño en órganos diana8.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la cefalea, especialmente occipital y más intensa al despertar, mareos, palpitaciones, sensación de inestabilidad, visión borrosa y tinnitus. También pueden producirse epistaxis de repetición y sensación de disnea de esfuerzo, sobre todo cuando existe compromiso cardíaco asociado como insuficiencia cardíaca8.
En fases avanzadas o en crisis hipertensivas, pueden aparecer síntomas graves como dolor torácico (por isquemia miocárdica), signos de insuficiencia cardiaca aguda, deterioro neurológico con alteraciones del estado de conciencia, confusión, convulsiones o hemorragia intracerebral8.
En ocasiones, el primer signo de hipertensión puede ser una complicación grave como el accidente cerebrovascular, el infarto agudo de miocardio o la insuficiencia renal, lo que resalta la importancia del cribado poblacional y del control periódico de la presión arterial para un diagnóstico precoz8.
Los pacientes con hipertensión secundaria pueden presentar síntomas específicos relacionados con la causa subyacente, como sudoración excesiva, palpitaciones y pérdida de peso en el feocromocitoma, o debilidad muscular e hipopotasemia en el hiperaldosteronismo primario8.
DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO:
El diagnóstico de la HTA se basa fundamentalmente en la medición repetida de la presión arterial, utilizando dispositivos y técnicas estandarizadas. Se recomienda realizar varias tomas en días diferentes, en ambiente tranquilo y tras un periodo de reposo, para confirmar cifras persistentemente elevadas por encima de 140/90 mmHg. En determinados casos, puede ser útil la monitorización ambulatoria de presión arterial (MAPA) o la monitorización domiciliar para descartar el efecto de la bata blanca o detectar hipertensión enmascarada8.
Además de la medición de la presión, es esencial realizar una valoración completa de la historia clínica, exploración física detallada y pruebas complementarias dirigidas a identificar daño en órganos diana (electrocardiograma, ecografía cardíaca, análisis de función renal, perfil lipídico, glucemia). Esto permite estratificar el riesgo cardiovascular global del paciente y orientar el tratamiento más adecuado9.
El tratamiento de la HTA combina intervenciones no farmacológicas y farmacológicas. Entre las medidas no farmacológicas destacan la reducción del consumo de sal, la pérdida de peso en caso de sobrepeso u obesidad, la práctica regular de actividad física moderada, el abandono del tabaco y la reducción del consumo de alcohol. Estas medidas pueden ser suficientes en casos de hipertensión grado 1 con bajo riesgo cardiovascular9.
Cuando las cifras de presión arterial se mantienen elevadas a pesar de los cambios en el estilo de vida, o cuando el riesgo cardiovascular es alto, se indica tratamiento farmacológico. Los grupos de fármacos más utilizados son los diuréticos, los bloqueadores del sistema renina-angiotensina (IECA o ARA-II), los calcioantagonistas y los betabloqueantes, escogidos según las características clínicas de cada paciente. Es habitual utilizar combinaciones de varios de estos medicamentos para alcanzar los objetivos de presión arterial, especialmente en pacientes con HTA de difícil control9.
El seguimiento estrecho, la educación sanitaria y la monitorización de la adherencia terapéutica son pilares fundamentales para garantizar el control de la presión arterial y prevenir complicaciones a largo plazo9.
COMPLICACIONES Y SIGNOS DE ALARMA:
La hipertensión arterial mal controlada puede ocasionar complicaciones graves que afectan a distintos órganos diana. Estas complicaciones constituyen la principal causa de morbimortalidad asociada a la enfermedad y, en muchos casos, son la primera manifestación clínica de la misma10.
Entre las complicaciones cardiovasculares más relevantes destacan la hipertrofia ventricular izquierda, la insuficiencia cardiaca, la cardiopatía isquémica y la fibrilación auricular, que incrementan de forma significativa el riesgo de eventos cardiovasculares mayores10.
A nivel cerebral, la HTA es el factor de riesgo más importante para la aparición de accidente cerebrovascular, tanto isquémico como hemorrágico, y se asocia también con deterioro cognitivo y demencia vascular10.
En el riñón, la hipertensión mantenida provoca nefropatía hipertensiva, caracterizada por una progresiva esclerosis glomerular, disminución de la tasa de filtración glomerular e insuficiencia renal crónica11.
En el territorio vascular periférico, favorece la aparición de enfermedad arterial periférica con claudicación intermitente y riesgo de amputaciones en casos severos11.
Los signos de alarma que deben alertar tanto a pacientes como a profesionales incluyen la aparición de dolor torácico, disnea, palpitaciones, alteraciones neurológicas bruscas (pérdida de fuerza, dificultad para hablar, alteración del nivel de conciencia), edema agudo de pulmón, crisis hipertensivas (cifras tensionales superiores a 180/120 mmHg con síntomas) y disminución repentina de la diuresis. Ante cualquiera de estos signos, se debe acudir de inmediato a un servicio de urgencias para prevenir daños irreversibles11.
La identificación temprana de estas complicaciones y la educación sanitaria orientada a reconocer sus signos de alarma son fundamentales para mejorar el pronóstico, reducir hospitalizaciones y evitar la progresión hacia estadios más graves de la enfermedad hipertensiva11.
CONCLUSIÓN
La hipertensión arterial representa uno de los principales retos para la salud pública a nivel global, por su elevada prevalencia, su curso habitualmente asintomático y el impacto en la morbimortalidad cardiovascular, renal y cerebrovascular.
A pesar de los avances en su diagnóstico y tratamiento, el control de las cifras tensionales sigue siendo insuficiente en buena parte de la población, lo que se traduce en complicaciones graves y un alto coste para los sistemas sanitarios.
El abordaje de la hipertensión debe ser integral, combinando la detección precoz mediante programas de cribado, la modificación de factores de riesgo mediante intervenciones sobre el estilo de vida, y la instauración de tratamiento farmacológico adaptado al perfil del paciente11.
Asimismo, la educación sanitaria y la implicación activa del paciente son piezas clave para mejorar la adherencia terapéutica y reducir la aparición de complicaciones a largo plazo.
BIBLIOGRAFÍA
- Shahaj O, Denneny D, Schwappach A, Pearce G, Epiphaniou E, Parke HL, et al. Supporting self-management for people with hypertension: a meta-review of quantitative and qualitative systematic reviews. J Hypertens [Internet]. 2019 [citado el 8 de julio de 2025];37(2):264–79. Disponible en: https://journals.lww.com/jhypertension/abstract/2019/02000/supporting_self_management_for_people_with.4.aspx
- Kostova D, Spencer G, Moran AE, Cobb LK, Husain MJ, Datta BK, et al. The cost-effectiveness of hypertension management in low-income and middle-income countries: a review. BMJ Glob Health [Internet]. 2020;5(9). Disponible en: http://dx.doi.org/10.1136/bmjgh-2019-002213
- Murray CJL, Lauer JA, Hutubessy RCW, Niessen L, Tomijima N, Rodgers A, et al. Effectiveness and costs of interventions to lower systolic blood pressure and cholesterol: a global and regional analysis on reduction of cardiovascular-disease risk. Lancet [Internet]. 2003;361(9359):717–25. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(03)12655-4
- Rubinstein A, Colantonio L, Bardach A, Caporale J, Martí SG, Kopitowski K, et al. Estimation of the burden of cardiovascular disease attributable to modifiable risk factors and cost-effectiveness analysis of preventative interventions to reduce this burden in Argentina. BMC Public Health [Internet]. 2010;10(1):627. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1186/1471-2458-10-627
- Rimoldi SF, Scherrer U, Messerli FH. Secondary arterial hypertension: when, who, and how to screen? Eur Heart J [Internet]. 2014;35(19):1245–54. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1093/eurheartj/eht534
- Virani SS, Alonso A, Benjamin EJ, Bittencourt MS, Callaway CW, Carson AP, et al. Heart disease and stroke statistics-2020 update: A report from the American Heart Association: A report from the American Heart Association. Circulation [Internet]. 2020;141(9):e139–596. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1161/CIR.0000000000000757
- Karmali KN, Lloyd-Jones DM, van der Leeuw J, Goff DC Jr, Yusuf S, Zanchetti A, et al. Blood pressure-lowering treatment strategies based on cardiovascular risk versus blood pressure: A meta-analysis of individual participant data. PLoS Med [Internet]. 2018;15(3):e1002538. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1371/journal.pmed.1002538
- Reboussin DM, Allen NB, Griswold ME, Guallar E, Hong Y, Lackland DT, et al. Systematic review for the 2017 ACC/AHA/AAPA/ABC/ACPM/AGS/APhA/ASH/ASPC/NMA/PCNA guideline for the prevention, detection, evaluation, and management of high blood pressure in adults: A report of the American college of cardiology/American heart association task force on clinical practice guidelines. Circulation [Internet]. 2018;138(17):e595–616. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1161/CIR.0000000000000601
- Ettehad D, Emdin CA, Kiran A, Anderson SG, Callender T, Emberson J, et al. Blood pressure lowering for prevention of cardiovascular disease and death: a systematic review and meta-analysis. Lancet [Internet]. 2016;387(10022):957–67. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(15)01225-8
- Morgan TO, Anderson AI, MacInnis RJ. ACE inhibitors, beta-blockers, calcium blockers, and diuretics for the control of systolic hypertension. Am J Hypertens [Internet]. 2001;14(3):241–7. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/s0895-7061(00)01266-8
- Rea F, Corrao G, Merlino L, Mancia G. Initial antihypertensive treatment strategies and therapeutic inertia: Evidence from a large population-based cohort. Hypertension [Internet]. 2018;72(4):846–53. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1161/HYPERTENSIONAHA.118.11308