Chemsex: una práctica sexual en auge con un gran riesgo sanitario

6 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Rebeca Pérez Moreno. Enfermera especialista en EFyC. SALUD Aragón. Aragón, España.
  2. Silvia Yanguas González. Enfermera especialista en EFyC. Osasunbidea. Navarra, España.
  3. María Amparo Bujanda Roselló. Enfermera especialista en EFyC. SALUD Aragón. Aragón, España.
  4. Lara María Cebollero Buisan. Enfermera especialista en EFyC. SALUD Aragón. Aragón, España.
  5. Paula Cebollero Buisan. Enfermera especialista en EFyC. SALUD Aragón. Aragón, España.
  6. Lorea García Etayo. Enfermera. Osasunbidea. Navarra, España.

RESUMEN

El chemsex, consumo intencionado de drogas para potenciar y prolongar las experiencias sexuales, especialmente entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (GBHSH), es un problema de Salud Pública que comporta serios riesgos para la salud. Conlleva un desafío para el Sistema Sanitario, requiriendo un abordaje integral, multidisciplinar y no estigmatizante. Atención Primaria tiene un papel clave en su detección, prevención y abordaje.

PALABRAS CLAVE

Trastornos relacionados con sustancias, conducta sexual, hombres que tienen sexo con hombres, infecciones por vih; conducta de riesgo; salud mental; atención primaria de salud.

ABSTRACT

Chemsex, the intentional use of drugs to enhance and prolong sexual experiences, particularly among gay, bisexual, and other men who have sex with men (GBMSM), is a public health issue that entails serious health risks. It represents a challenge for the healthcare system, requiring a comprehensive, multidisciplinary, and non-stigmatising approach. Primary Care plays a key role in its detection, prevention, and management.

KEY WORDS

Substance-related disorders, sexual behaviour, men who have sex with men, hiv infections, risk-taking, mental health, primary health care.

DESARROLLO DEL TEMA

El chemsex es un fenómeno emergente en el ámbito de la salud pública que consiste en el consumo intencionado de drogas con el objetivo de potenciar y prolongar las experiencias sexuales, especialmente entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (GBHSH). El término procede de la unión de las palabras inglesas chemicals (drogas) y sex (sexo), y engloba una práctica compleja en la que confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales.

En los últimos años, el chemsex ha ganado relevancia debido a su creciente prevalencia en determinados contextos urbanos y poblacionales, así como por su asociación con múltiples riesgos para la salud. Aunque su inicio exacto no está claramente establecido, se ha descrito su popularización a finales de los años noventa, inicialmente con un abordaje limitado al ámbito del VIH, lo que dejaba fuera a una parte importante de los usuarios que no acudían a estos servicios. Actualmente, se reconoce como un problema de Salud Pública en España y como un fenómeno sociocultural complejo que requiere un abordaje integral, multidisciplinar y no estigmatizante.

Las motivaciones para su práctica son diversas e incluyen la búsqueda de experiencias sexuales más intensas, la desinhibición, el aumento del deseo sexual y la mejora del rendimiento y la duración de las relaciones sexuales. Asimismo, en algunos casos se asocia a la exploración de fantasías sexuales, la búsqueda de conexión emocional o la pertenencia a determinados grupos sociales. También puede funcionar como una estrategia de afrontamiento ante situaciones de malestar psicológico como la ansiedad, la depresión, la soledad o el estigma relacionado con la orientación sexual o el VIH.

El chemsex implica el uso de múltiples sustancias psicoactivas, entre las que destacan estimulantes, depresoras y disociativas, como la metanfetamina, mefedrona, GHB/GBL, ketamina o Popper además de fármacos como el sildenafilo. Su consumo se asocia a importantes riesgos físicos, psicológicos y sociales, incluyendo infecciones de transmisión sexual, dependencia, trastornos psiquiátricos, sobredosis y deterioro de las relaciones personales.

Por todo ello, el chemsex constituye un desafío relevante para el sistema sanitario, especialmente en el ámbito de la Atención Primaria, que desempeña un papel clave en la detección precoz, la prevención y el abordaje integral de esta práctica1,2,3,4.

Definición:

Chemsex es una palabra inglesa que surge de unir la palabra chems (drogas) y sex (sexo). Se trata del uso intencional de drogas con deseo de aumentar la excitación sexual, la desinhibición, prolongar las experiencias sexuales e intensificar la intimidad y el placer entre GBHSH, así como personas transgénero y no binarias 1, 2, 3.

Motivaciones para la práctica de Chemsex:

El motivo principal para consumir drogas durante prácticas sexuales suele ser el deseo de experimentar vivencias más intensas2. Diversos estudios señalan que, además de esta intensificación de la experiencia, los usuarios destacan un aumento del deseo, la excitación y los orgasmos, así como una mejora del rendimiento sexual, al facilitar erecciones más prolongadas, retardadas o favorecer una rápida recuperación. Asimismo, se asocia con un mayor número de relaciones sexuales, un incremento del aguante físico y la posibilidad de prolongar la duración de las sesiones.

El consumo de determinadas sustancias facilita la euforia y la desinhibición sexual, permitiendo la realización de fantasías o prácticas consideradas extremas que podrían resultar dolorosas sin sus efectos (por ejemplo, el fisting), así como dinámicas basadas en la dominación, la violencia o la agresividad, habitualmente sujetas a fuertes cargas morales. Otro motivo de consumo es la intensidad de las emociones y sensaciones experimentadas, junto con la búsqueda de intimidad con otros hombres y el deseo de participar en situaciones estimulantes, como el sexo en grupo. Muchos participantes describen una pérdida de los límites personales, una mayor sensación de libertad sexual y la aparición de intensos sentimientos de conexión, intimidad emocional e incluso de fusión corporal con las parejas sexuales, aunque sean desconocidas. También se valora la mejora de la autoestima y el aumento de la confianza sexual en contextos de ligue y relación, así como la percepción de una mayor atracción física. En algunos casos, el consumo de drogas en el contexto sexual se percibe como parte de la identidad o cultura gay, generando un fuerte sentimiento de pertenencia y aceptación dentro del colectivo. De este modo, se considera una forma alternativa de socialización, un medio para establecer relaciones, crear redes sociales o implicarse emocionalmente con parejas sexuales que consumen drogas 1,5,6,7.

Por otra parte, los participantes en diversos estudios identifican la práctica del chemsex como una vía de escape ante situaciones personales difíciles o dolorosas, tales como la soledad, la ansiedad, el estrés, la vergüenza, la depresión, la baja autoestima, el aislamiento social, la dificultad para establecer relaciones íntimas o la percepción de bajo apoyo social. Algunos usuarios señalan que el chemsex actúa como estrategia para afrontar conflictos internos relacionados con su homosexualidad o con el estigma asociado a la infección por el VIH, funcionando como un mecanismo para manejar la angustia, mantener la estabilidad emocional o aliviar el sentimiento de soledad no deseada, frecuente en este colectivo. Asimismo, en ocasiones se menciona la existencia de cierta presión de grupo, al observar que la mayoría de los participantes consume o refiere experiencias sexuales positivas asociadas al uso de drogas1,2,5,6.

Prevalencia:

En España, la prevalencia de esta práctica ha aumentado en los últimos años3. No obstante, la literatura muestra una gran variabilidad en los datos de prevalencia. Estas diferencias pueden explicarse por la heterogeneidad metodológica de los estudios y la distribución desigual del fenómeno, con una prevalencia más elevada en grupos poblacionales vulnerables. En hombres GBHSH, la prevalencia suele situarse entre el 12 % y el 32 %, encontrando estudios que reportan cifras en torno al 26,5 % en contextos clínicos urbanos5,6.

Diversos estudios han analizado la prevalencia con datos más específicos. En el estudio EMIS-2017, el 14,1 % de los participantes refirió haber consumido drogas estimulantes para intensificar o prolongar las relaciones sexuales en los últimos 12 meses, y el 7,6 % en las últimas 4 semanas4. En el estudio HomoSalud-2021, el 9,4 % de los participantes reportó el consumo intencionado de drogas para prolongar las relaciones sexuales 7.

Asimismo, esta práctica es especialmente prevalente en grandes ciudades como Madrid y Barcelona, donde las redes sociales y las aplicaciones de citas con geolocalización han facilitado la conexión entre personas interesadas en este tipo de encuentros4,8.

2.4 Sustancias consumidas durante la práctica de Chemsex:

El chemsex implica el consumo de diversas sustancias psicoactivas, principalmente estimulantes, depresoras y disociativas, con el fin de potenciar las sensaciones sexuales, aumentar la desinhibición y prolongar los encuentros durante horas o incluso días1. Entre las drogas más utilizadas destacan la metanfetamina, la mefedrona y el gamma-hidroxibutirato (GHB)/ gamma-butirolactona (GBL), así como otras sustancias como la cocaína, la ketamina y los Popper. Estas drogas facilitan la interacción social y sexual, pero conllevan importantes riesgos para la salud, siendo además frecuente el policonsumo1,3,8.

Drogas estimulantes:

1.1 Metanfetamina:

  • Se consume vía oral, inhalada (fumada) o inyectada (slamming). Efectos: maximiza excitación y rendimiento sexual, euforia, aumento de energía, hiperactividad, desinhibición y aumento del deseo sexual, disminución del apetito y de la necesidad de sueño. También puede generar sentimientos de amor y sociabilidad.
  • Riesgos: infecciones de transmisión sexual (ITS), pérdida de memoria, deterioro cognitivo, riesgo de VIH y hepatitis C (por inyección) La ingestión crónica se asocia con dependencia, depresión, ansiedad, tendencia al suicidio, paranoia y psicosis inducida por drogas. Muy adictiva8,9.

1.2 Catinonas sintéticas (ej. Mefedrona):

  • Se consumen vía inhalada, oral, intrarrectal o intravenosa. Producen euforia, estimulación, aumento de energía y aumento de la libido. Son empatógenas, favorecen los sentimientos de empatía, conexión y apertura emocional.
  • Riesgos: hipertermia, sudoración, cefalea, convulsiones, hemorragias cerebrales, problemas cardiovasculares, náuseas, insuficiencia renal, rabdomiólisis, agitación, delirios, alucinaciones, parestesias y riesgo de autolesiones y daños a terceros. Son altamente adictivas y generan una tolerancia rápida. Los usuarios crónicos pueden experimentar ideación paranoide y alteraciones del estado de ánimo. Se asocia a hepatitis C y VIH9.

1.3 MDMA (3,4-metilendioximetanfetamina) ¨éxtasis, cristal o M¨:

  • La popularmente conocida como «droga del amor” se consume vía oral e inhalada. Efectos: mejoría del estado de ánimo, aumento de la energía, desinhibición, empatía, sensación de intimidad y conexión emocional, así como alteraciones perceptivas.
  • Riesgos: toxicidad serotoninérgica y simpaticomimética, daño hepático, insuficiencia renal aguda, hipertermia. Puede provocar ataques de pánico, trastornos del estado de ánimo y “depresión de mitad de semana”, tres a cinco días tras su ingesta8,9.

Drogas depresoras:

2.1 GHB ‘’éxtasis líquido’’ / GBL (precursor del GHB)’:

  • Suele consumirse por vía oral. Produce relajación, desinhibición y aumento de la libido.
  • Riesgos: alta adicción y síndrome de abstinencia (insomnio, temblores, ansiedad). A dosis bajas puede causar amnesia transitoria, hipotonía y desinhibición. A dosis altas puede provocar somnolencia, náuseas, vómitos, rigidez muscular, mareos, confusión, delirio, alucinaciones, convulsiones y depresión cardiopulmonar8,9.

2.2 Alcohol:

  • Desinhibe y facilita la experimentación sexual. A dosis bajas aumenta la excitación, pero a dosis altas suprime la respuesta sexual.
  • Riesgos: disfunción sexual, disminución de la sensibilidad y mayor probabilidad de conductas sexuales de riesgo, incluyendo relaciones sin protección6,10.

Drogas disociativas

3.1 Ketamina

    • Poseen propiedades analgésicas/anestésicas facilitando prácticas sexuales como el coito anal receptivo y/o el fisting.
    • Riesgos: su uso puede provocar problemas urológicos (disuria, hematuria, disminución de la capacidad vesical) e intestinales. A dosis altas puede provocar toxicidad cardiovascular y respiratoria. El entumecimiento, la debilidad muscular y la alteración de la percepción que causa pueden provocar caídas y traumatismos.
    • A nivel psicopatológico puede asociarse con manifestaciones psicóticas y estados disociativos, como experiencias extracorporales y agresividad. A largo plazo, se describen tolerancia, dependencia, síntomas de abstinencia y flashbacks, y es posible que persistan síntomas esquizotípicos y distorsiones perceptivas tras la interrupción del consumo8,9.

Drogas inhalantes:

4.1 Popper (nitrito de amilo)

  • Potente vasodilatador, produce sensación de subidón, euforia o excitación. Debido a la relajación del esfínter anal, facilitan el coito anal receptivo.
  • Riesgos: su consumo puede producir taquicardia, migraña, desmayos, mareos y fibrilación ventricular8,9.
  1. Fármacos potenciadores de la erección (Sildenafilo):
    • Fármaco utilizado para tratar la disfunción eréctil en los hombres. En contexto chemsex se utiliza para aumentar la rigidez eréctil, contrarrestando los efectos de las drogas que pueden dificultar la erección. También pueden producir aumento de la libido, mejora de la autoestima y disminución de la ansiedad de rendimiento.
    • Riesgos: posibles problemas cardiovasculares y riesgos asociados a productos adquiridos por internet que no contienen la dosis o sustancia correcta8,9.

Consecuencias para la salud:

El chemsex se asocia a múltiples consecuencias negativas para la salud, que afectan tanto al ámbito físico como psicológico y social, constituyendo un problema relevante de salud pública.

Consecuencias físicas:

  • Aumento del riesgo de ITS, incluyendo el VIH y la hepatitis C, debido a la práctica de relaciones sexuales sin protección y con múltiples parejas. Asimismo, este riesgo también se ve incrementado por prácticas como el slamming (uso de drogas por vía intravenosa), que favorecen la transmisión de infecciones a través del intercambio de material de inyección3,5,9.
  • Complicaciones orgánicas: problemas cardiovasculares, hipertermia, alteraciones neurológicas, deterioro cognitivo y daño hepático y renal5,6.
  • Riesgo intoxicación aguda y sobredosis, especialmente en contextos de poli consumo, que puede dar lugar a complicaciones graves como pérdida de consciencia, alteraciones respiratorias e incluso la muerte8,9.

Consecuencias psicológicas:

  • Ansiedad, depresión y elevados niveles de estrés, así como síntomas psicóticos como paranoia o alucinaciones. También se ha descrito un aumento del riesgo de conductas suicidas. (1,2,9).
  • Alto riesgo de desarrollar trastornos por uso de drogas, caracterizados por dependencia, tolerancia y síndrome de abstinencia. Además, es frecuente el policonsumo, lo que incrementa la toxicidad y los efectos adversos3,8,11.
  • Por otro lado, la desinhibición asociada al consumo de drogas favorece la aparición de conductas sexuales de riesgo, así como situaciones en las que el consentimiento puede verse alterado, aumentando la vulnerabilidad a experiencias de abuso o violencia1,10,11.

Consecuencias sociales:

  • Favorece el aislamiento, el deterioro de las relaciones personales y puede provocar dificultades en el ámbito laboral, además del estigma asociado tanto al consumo de drogas como a la orientación sexual1,2.

Abordaje Chemsex en Atención Primaria:

Se desconoce en qué momento tuvo inicio la práctica del Chemsex, aunque comenzó a popularizarse a finales de los años 90. En sus inicios no generaba un gran interés y tendía a minimizarse. Inicialmente se abordaba en las unidades de seguimiento de VIH, lo que dejaba fuera a aquellos usuarios que no acudían a estos servicios.

Actualmente, se considera un problema de salud pública en España y se reconoce como un fenómeno sociocultural complejo que requiere un enfoque integral, multidisciplinar y no estigmatizante, centrado en la reducción de riesgos y daños.

Las necesidades de los practicantes de chemsex son diversas y afectan a múltiples áreas, por lo que resulta fundamental la implicación de distintos profesionales capaces de abordar los aspectos médicos, psicológicos y sociales desde una perspectiva integral. Por ello, la coordinación entre instituciones y servicios es clave para ofrecer una atención más completa y adaptada a esta realidad

El contacto de estos usuarios con el sistema sanitario suele ser, en muchos casos, puntual y vinculado a situaciones concretas, como la aparición de infecciones de transmisión sexual (ITS), la atención en urgencias por intoxicaciones o sobredosis, la solicitud de profilaxis postexposición al VIH o el seguimiento clínico en personas con VIH. Estos momentos representan oportunidades relevantes para detectar posibles problemáticas asociadas al chemsex.

En la actualidad, existen diversos dispositivos desde los que se aborda este fenómeno, con variaciones según la ciudad o comunidad autónoma. Entre ellos se incluyen los centros de atención a las drogodependencias, las unidades de ITS/VIH, los servicios de urgencias hospitalarias, los dispositivos de salud mental, los centros de Atención Primaria y las entidades comunitarias vinculadas al colectivo LGTBQ+ y a la respuesta frente al VIH, así como plataformas digitales y online.

Dentro de este entramado asistencial, la Atención Primaria adquiere un papel especialmente relevante en la detección y abordaje del consumo de drogas y del chemsex, especialmente en contextos donde esta práctica es más prevalente. Su accesibilidad la convierte en una de las principales puertas de entrada al sistema sanitario, incluso en población joven, que tiende a acudir con menor frecuencia a otros recursos. Además, el seguimiento a lo largo del tiempo favorece la creación de una relación de confianza con los pacientes, lo que facilita abordar aspectos sensibles como el consumo de sustancias o la sexualidad.

A ello se suma su enfoque integral de la salud, que tiene en cuenta no solo los problemas físicos, sino también los factores psicológicos y sociales, permitiendo identificar y manejar complicaciones asociadas al chemsex, como trastornos de salud mental o ITS. Asimismo, la formación en habilidades de comunicación facilita el abordaje de estos temas desde una perspectiva abierta y sin juicios de valor, siendo en muchos casos la entrevista clínica la primera oportunidad para detectar la posible existencia de un problema.

Por otra parte, la Atención Primaria se encuentra en una posición privilegiada para la detección precoz de conductas de riesgo. Determinadas situaciones, como la solicitud de incapacidades temporales por procesos leves o autolimitados, especialmente a inicio de semana, pueden actuar como señales de alerta en pacientes con características compatibles con consumo.

El uso de herramientas como la entrevista motivacional permite profundizar en aspectos relacionados con la persona, las sustancias utilizadas y los contextos de consumo, así como en la motivación para el cambio, facilitando la derivación a recursos especializados cuando es necesario. Además, la posibilidad de coordinación con otros dispositivos sociosanitarios y con organizaciones comunitarias, permite un abordaje más integral y adaptado al entorno del paciente1,3,4,7.

Prevención:

La prevención del chemsex se basa en estrategias de educación sanitaria orientadas a la promoción de conductas sexuales seguras y al consumo responsable o a la abstinencia de sustancias. Entre las principales intervenciones destacan el fomento del uso de preservativo, el acceso a programas de profilaxis preexposición (PrEP) y post exposición (PEP), el cribado periódico de ITS y la información sobre los riesgos asociados al consumo de drogas en contextos sexuales. Además, resulta fundamental incorporar intervenciones dirigidas a mejorar la salud mental, fortalecer habilidades de afrontamiento y promover alternativas de ocio saludable, contribuyendo así a la reducción de riesgos y a la mejora de la calidad de vida2,3,4.

CONCLUSIONES

Los estudios que encontramos en la literatura respaldan la importancia de realizar intervenciones educativas dirigidas a personas implicadas en chemsex. En estos estudios se han observado reducción de práctica de chemsex, reducción de la frecuencia de participación, mejoras en la autoeficacia sexual y la salud mental. Por lo que se demuestra que estas intervenciones pueden ser un componente clave para promover prácticas más seguras y mejorar el bienestar general. No obstante, se recomienda seguir investigando en este ámbito, poniendo el foco en el desarrollo de enfoques personalizados y culturalmente adecuados que aumenten la eficacia y la sostenibilidad de las intervenciones a largo plazo. Así como promover y reforzar la formación de los profesionales sanitarios en este ámbito, con el fin de mejorar la detección precoz, reducir el estigma y favorecer un abordaje integral y adecuado del fenómeno.

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