Citomegalovirus y embarazo. Artículo monográfico

14 septiembre 2024

 

AUTORES

  1. Sofía Pardina Zamora. Enfermera Planta de Hospitalización de Cirugía General Hospital San Jorge Huesca.
  2. María Cillas Lasheras Mainer. Enfermera de Urgencias y Emergencias 061 Aragón.
  3. Vanessa Solanas Jaria. Enfermera Quirófano Hospital San Jorge Huesca.
  4. Patricia Salazar García. Enfermera Especialista en Familia y Comunitaria. CS Univérsitas.
  5. Aránzazu Chincolla Peña. Enfermera de Urgencias y Emergencias 061 Aragón.

 

RESUMEN

La infección del CMV comienza con un crecimiento activo del virus, que varía entre semanas en los adultos, y aunque puede persistir más tiempo en niños, la mayoría de las veces cursa de forma asintomática. La primoinfección se caracteriza por viremia asociada a la infección placentaria por el paso de las IgG. La respuesta inmune humoral es la responsable de proteger a las pacientes seropositivas casi en un 95% de ellas.

El tratamiento durante la gestación de una mujer con CMV ha demostrado disminuir el riesgo de infección congénita, aunque la evidencia muestra una relación de su uso con un incremento de pérdidas gestacionales.

PALABRAS CLAVE

Embarazo, prevención, citomegalovirus.

ABSTRACT

CMV infection begins with an active growth of the virus, which varies between weeks in adults, and although it can persist longer in children, most of the time it occurs asymptomatically. Primary infection is characterized by viremia associated with placental infection due to the passage of IgG. The humoral immune response is responsible for protecting HIV-positive patients in almost 95% of them.

Treatment during pregnancy in a woman with CMV has been shown to reduce the risk of congenital infection, although evidence shows a relationship between its use and an increase in gestational losses.

KEY WORDS

Pregnancy, prevention, citomegalovirus.

 

DESARROLLO DEL TEMA

El citomegalovirus (CMV) es un virus perteneciente a la familia Herpesviridae que se transmite a través de los distintos fluidos corporales1.

La infección del CMV comienza con un crecimiento activo del virus, que varía entre semanas en los adultos, y aunque puede persistir más tiempo en niños, la mayoría de las veces cursa de forma asintomática. Una vez que las personas entran en contacto con el CMV, éste permanece en el cuerpo durante toda la vida en una forma latente. Sin embargo, el virus se reactiva por diferentes causas: embarazo, malnutrición, uso de corticoides e inmunosupresión. En embarazadas, 4 de cada 10 fetos serán infectados de forma primaria. EL CMV se puede transmitir de forma intrauterina, esto hace que cobre mucha importancia debido a las graves secuelas que puede dejar en el niño2,3.

La incidencia del CMV varía entre el 0.2 y el 2% dependiendo del país de estudio. La tasa de infección en los fetos se sitúa en valores entre el 20 y el 50% en la primoinfección. La prevalencia del CMV entre las mujeres en edad fértil se sitúa entre el 60% en las que tienen hasta 24 años, y el 95% en las mayores de 36 años. Esta prevalencia es superior en las mujeres de bajo nivel socioeconómico, menores de 20 años y de países subdesarrollados y en vías de desarrollo. La infección congénita por CMV presenta una prevalencia entre el 0,3 y 2,4% de los recién nacidos vivos4,5,6.

Un 10% de los infectados por CMV, presentarán síntomas de la enfermedad al nacer (por inclusión citomegálica en el momento del alumbramiento) Dentro de las manifestaciones clínicas podemos encontrar : reducción del tamaño del niño, ictericia, microcefalia, ventriculomegalia, cardiomegalia, trombocitopenia, coriorretinitis. El resto de niños, no presentarán manifestaciones clínicas evidentes, aunque a lo largo de la vida puede aparecer problemas en el neurodesarrollo, como la pérdida de audición de forma temprana. Los recién nacidos con CMV congénito tienen un pronóstico muy malo, por lo que mueren en los primeros días de vida7,8,9.

Respecto a las mujeres embarazadas infectadas, ellas pueden cursar o no con síntomas. La primoinfección se caracteriza por viremia asociada a la infección placentaria (por el paso de las IgG). La respuesta inmune humoral es la responsable de proteger a las pacientes seropositivas casi en un 95% de ellas. Las manifestaciones clínicas habituales son odinofagia, fiebre, adenopatías, hepatomegalia, esplenomegalia y/o erupciones cutáneas. Las pacientes embarazadas con CMV tiene una pequeña probabilidad de que la infección evolucione a una neumonía intersticial, hepatitis10,11.

Existe un aumento de infección en las embarazadas que están en contacto de forma frecuente con niños pequeños. Aunque en las pruebas serológicas existe una baja sensibilidad de las IgM, (entre el 25 y 40%) la especificidad es del 100%, por ello, la detección del ADN_CMV por PCR en suero y orina en las primeras 3 semanas es el método diagnóstico de elección. Si la prueba resulta positiva, se hace un cultivo del líquido amniótico para comprobar si hay infección fetal y el grado de afectación del feto. El control por ecografías en el embarazo en mujeres diagnosticadas con el CMV será necesario para valorar efectos en el feto4,12.

En España, debido a la ausencia de una vacuna eficaz y la dificultad para diagnosticar reinfecciones del virus, no se realiza de forma rutinaria el cribado serológico frente a CMV. Ante esto, sería muy útil que la enfermera detectara en su consulta a las embarazadas con mayor riesgo de contagiarse, para realizar prevención primaria y secundaria durante el embarazo13.

Cuando la mujer tiene un diagnóstico positivo en CMV, en el tratamiento durante la gestación se utilizan, por vía oral, fármacos antivirales como el ganciclovir (en afectaciones del sistema nervioso central) y el valganciclovir. Ambos han demostrado disminuir el riesgo de infección congénita, aunque la evidencia muestra una relación de su uso con un incremento de pérdidas gestacionales. Por otro lado, se ha evidenciado que el uso de la globulina hiperinmune específica es eficaz para reducir el número de niños sintomáticos14.

Cuando la embarazada no está contagiada con el CMV, es vital que siga una serie de medidas higiénico-sanitarias de prevención. El lavado de manos destaca como el más importante, sobre todo, en las mujeres que están en contacto con niños menores de 5 años. Otras serían: no compartir utensilios para comer con niños, evitar el contacto con la saliva en los besos, limpiar los fómites que puedan tener contacto con fluidos de los niños15.

Por todo lo expuesto anteriormente, se puede decir que la infección congénita por CMV es un problema de Salud Pública a resolver que requiere estrategias nuevas donde se busque identificar el contexto de la madre para poder planificar una adecuada prevención y tratamiento en el recién nacido, incluyendo un seguimiento en los años posteriores por su carácter progresivo16.

 

CONCLUSIONES

El virus en neonatos presenta un porcentaje relativamente bajo de aparición, aunque el desarrollo de la enfermedad puede suponer hasta la muerte del niño a una edad temprana.

El CMV supone un gran impacto en la salud de los neonatos que se contagian a través del embarazo de su madre, siendo esencial incluir la prevención entre los programas de salud hacia este colectivo.

 

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