Nº de DOI: 10.34896/RSI.2024.90.13.001
AUTORES
- Nicole Alejandra Viteri Martínez. Médico General. Adscrita a Clínicas Privadas del Ecuador. Investigadora Independiente del Departamento de Investigación y Docencia Matilde Hidalgo de Procel. Graduada de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. (Quito-Ecuador). https://orcid.org/0009-0003-9398-4087
- Oscar Oswaldo Peralta Aspiazu. Médico General. Adscrito a MEDFAM Especialidades. Graduado de la Universidad de Guayaquil. (Guayaquil-Ecuador). https://orcid.org/0009-0003-8664-1780
- Alisson Cristina Holguin Terán. Médico General. Adscrita a Fuerza Aérea Ecuatoriana. Graduada de la Universidad Rómulo Gallegos Lara. (Manta-Ecuador). https://orcid.org/0009-0006-1765-3368
- Marina Elizabeth Berrones Loyola. Médico General. Adscrita del Centro de Salud Tipo C Puerto Quito. Clínica Araujo. Graduada de la Universidad Central del Ecuador. (Puerto Quito-Ecuador). https://orcid.org/0009-0005-8724-2030
- Lidia Beatriz Quezada Ochoa. Médico General. Adscrita del Hospital Yerovi Makuart. Graduada de la Universidad Católica de Cuenca. (Cuenca-Ecuador). https://orcid.org/0000-0002-8026-350X
- Christian Javier Moscoso Hidalgo. Médico General. Adscrito del Hospital General Puyo. Graduado de la Universidad Central del Ecuador. (Ambato-Ecuador). https://orcid.org/0009-0004-4795-540X
- Paúl Santiago Andino Carranco. Médico General. Adscrito de la Clínica Nuestra Señora de Guadalupe. Graduado de la Universidad Central del Ecuador. (Quito-Ecuador). https://orcid.org/0009-0003-3954-1277
RESUMEN
La enfermedad renal poliquística (PKD) es un trastorno genético caracterizado por el desarrollo de quistes llenos de líquido en los riñones, lo que conduce a una insuficiencia renal progresiva y una variedad de complicaciones sistémicas. Comprender la fisiopatología de la PKD es fundamental, ya que implica mecanismos complejos que inician la formación de quistes y posteriormente resultan en disfunción renal con el tiempo.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad renal poliquística, fisiopatología, factores genéticos, tratamiento y pacientes pediátricos.
ABSTRACT
Polycystic kidney disease (PKD) is a genetic disorder characterised by the development of fluid-filled cysts in the kidneys, leading to progressive renal failure and a variety of systemic complications. Understanding the pathophysiology of PKD is critical, as it involves complex mechanisms that initiate cyst formation and subsequently result in renal dysfunction over time.
KEY WORDS
Polycystic kidney disease, pathophysiology, genetic factors, treatment and paediatric patients.
INTRODUCCIÓN
La enfermedad renal poliquística (PKD) es un trastorno genético caracterizado por el desarrollo de quistes llenos de líquido en los riñones, lo que conduce a una insuficiencia renal progresiva y una variedad de complicaciones sistémicas. Comprender la fisiopatología de la PKD es fundamental, ya que implica mecanismos complejos que inician la formación de quistes y posteriormente resultan en disfunción renal con el tiempo. A medida que la enfermedad avanza, no sólo compromete la función renal, sino que también afecta a varios sistemas del cuerpo, lo que requiere una exploración exhaustiva de sus efectos sistémicos. Para comprender la PKD son fundamentales los factores genéticos que contribuyen a su etiología; Mutaciones genéticas específicas, particularmente en los genes PKD1 y PKD2, se han relacionado con variaciones en la gravedad y progresión de la enfermedad, lo que destaca la importancia del cribado y el diagnóstico genéticos en el tratamiento de la afección. Los tratamientos farmacológicos actuales tienen como objetivo mitigar los síntomas y retardar la progresión de la PKD, pero las modificaciones en el estilo de vida y las intervenciones dietéticas también desempeñan un papel crucial en el tratamiento del paciente. Las terapias emergentes y las investigaciones en curso presentan vías interesantes para mejorar los resultados de las personas afectadas por esta enfermedad debilitante. Este artículo profundiza en los aspectos multifacéticos de la PKD, centrándose en su fisiopatología, fundamentos genéticos y estrategias de tratamiento, con el objetivo de mejorar la comprensión y, en última instancia, mejorar los resultados de los pacientes que viven con poliquistosis renal.
OBJETIVO
Profundizar en los aspectos multifacéticos de la enfermedad renal poliquística, centrándose en su fisiopatología, fundamentos genéticos y estrategias de tratamiento.
METODOLOGÍA
La presente revisión se lleva a cabo mediante una búsqueda exhaustiva de la literatura científica disponible en bases de datos electrónicas reconocidas, como PubMed, Scopus y Google Scholar. Se utilizan palabras clave relevantes, tales como «enfermedad renal poliquística», «fisiopatología», «factores genéticos», «tratamiento», y «pacientes pediátricos». La selección de artículos incluye estudios publicados en los últimos 10 años, escritos en inglés y español, con enfoque en estudios clínicos, revisiones sistemáticas, metaanálisis y guías de práctica clínica. Se priorizan estudios que aborden tanto los aspectos fisiopatológicos de la enfermedad, los factores genéticos implicados y las estrategias de tratamiento en población pediátrica.
Los artículos son evaluados en función de su calidad metodológica, aplicando criterios como el uso de diseños apropiados para la investigación clínica, la validez interna y externa, y la relevancia clínica. Aquellos estudios con limitaciones importantes, como muestras pequeñas o sesgos significativos, se excluyen del análisis final. La información relevante extraída de los estudios seleccionados se organiza en tres secciones principales: fisiopatología de la enfermedad renal poliquística, factores genéticos que contribuyen al desarrollo de la enfermedad, y tratamientos actuales orientados a mejorar los resultados en pacientes pediátricos. Se realiza un análisis comparativo de las diferentes estrategias terapéuticas, considerando su eficacia y seguridad en esta población específica.
RESULTADOS
Fisiopatología de la enfermedad renal poliquística
¿Cuáles son los principales mecanismos que conducen a la formación de quistes en la poliquistosis renal?
Uno de los principales mecanismos que conducen a la formación de quistes en la enfermedad renal poliquística (PKD) implica mutaciones en genes asociados con las estructuras ciliares, específicamente las proteínas policistina-1 y policistina-21. Estas proteínas desempeñan funciones críticas en las vías de señalización celular y sus mutaciones conducen a una cascada de eventos de señalización alterados, que modifican significativamente varias vías clave para la proliferación celular, la apoptosis y la secreción de líquidos1. Las etapas iniciales de la PKD se caracterizan por dilataciones focales de los túbulos renales, que gradualmente evolucionan hacia quistes llenos de líquido2. A medida que estos quistes crecen, pierden su conexión con los túbulos renales, lo que provoca la acumulación de líquido dentro de los quistes y contribuye al aumento general del tamaño de los riñones2. Al mismo tiempo, el fenotipo hiperproliferativo inducido por las vías de señalización alteradas promueve el crecimiento de neoplasias benignas dentro de los riñones, lo que exacerba aún más la formación de quistes y la destrucción de tejidos1. En las etapas terminales de la PKD, los riñones aumentan significativamente de tamaño, albergando innumerables quistes y sólo parches aislados de parénquima relativamente normal en medio de abundante tejido fibroso2. Este desarrollo progresivo de quistes y fibrosis tisular dan como resultado en última instancia una enfermedad renal crónica, lo que afecta gravemente la función renal1. Por lo tanto, comprender estos mecanismos es crucial para desarrollar terapias dirigidas a mitigar el crecimiento de quistes y preservar la función renal en pacientes con PKD.
¿Cómo progresa la poliquistosis renal y cómo afecta la función renal con el tiempo?
A medida que avanza la poliquistosis renal (PKD), se hacen evidentes varias etapas de deterioro de la función renal, lo que refleja una compleja interacción de factores genéticos y ambientales2. En el caso de la enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD), cabe destacar que la función renal parece normal durante las primeras décadas de la vida a pesar del aumento significativo del volumen de tejido renal (VRT) debido al crecimiento del quiste2. Esta fase inicial de El funcionamiento normal es engañoso, ya que desmiente el daño subyacente que se acumula con el tiempo. La progresión de la enfermedad se caracteriza por una disminución en la capacidad de concentración del riñón a medida que se destruyen más nefronas, lo que provoca síntomas como poliuria y nicturia en las primeras etapas2. Este deterioro continúa aumentando y, a medida que aumenta la diuresis para manejar la carga obligatoria de solutos, la capacidad de los riñones para mantener la homeostasis se deteriora aún más2. El espectro clínico de la PKD es amplio y algunos pacientes desarrollan sólo un número limitado de quistes bilaterales, que pueden no afectar significativamente la función renal2. Sin embargo, para otros, la enfermedad progresa de manera más agresiva. Se observa que aproximadamente el 50% de los pacientes con PQRAD alcanzan la enfermedad renal terminal (ERT) a la edad de 60 años. Esta variabilidad en la progresión de la enfermedad está influenciada por varios factores, incluido el tipo de mutación genética2. Por ejemplo, los pacientes con la mutación PKD1 tienden a requerir terapia de reemplazo renal (IRT) inicial a una edad significativamente más joven en comparación con aquellos con la mutación PKD2, lo que resalta los determinantes genéticos de la gravedad de la enfermedad2. La monitorización del volumen renal total (TKV) es crucial, ya que sirve como un predictor fiable de la progresión de la enfermedad renal crónica. Un TKV de 1500 ml se identifica como un umbral crítico, más allá del cual el riesgo de avanzar a etapas más graves de insuficiencia renal aumenta sustancialmente2. Por lo tanto, la evaluación temprana de VRT y TKV puede proporcionar información de pronóstico valiosa y guiar el manejo clínico. Las intervenciones centradas en factores modificables, como el control de la presión arterial alta y el manejo de la proteinuria, son esenciales para frenar la progresión del daño renal y mejorar los resultados de los pacientes2. Por lo tanto, es imperativo un enfoque multifacético que incluye asesoramiento genético, seguimiento regular y modificaciones del estilo de vida para mitigar el riesgo. Impacto de la poliquistosis renal en la función renal a lo largo del tiempo.
¿Cuáles son los efectos sistémicos de la poliquistosis renal en el cuerpo?
La enfermedad renal poliquística (PKD) tiene profundos efectos sistémicos que se extienden más allá de los riñones y afectan significativamente varios órganos y funciones corporales. Una de las principales complicaciones es la formación de quistes en el hígado, una afección a menudo asociada con la poliquistosis renal autosómica dominante (PQRAD) 3,4. Estos quistes hepáticos pueden provocar agrandamiento del hígado y alteraciones funcionales, lo que complica aún más la salud general del paciente. Además, la PKD es una de las principales causas de hipertensión, que exacerba el daño renal y puede contribuir a complicaciones cardiovasculares3. La implacable progresión de la formación de quistes dentro de los riñones no sólo daña los tejidos renales, sino que también conduce a un aumento sustancial del tamaño del riñón, lo que ejerce una presión adicional sobre los órganos circundantes4. Esta pérdida progresiva de la función renal a menudo culmina en enfermedad renal crónica (ERC) y, eventualmente, enfermedad renal terminal (ESRD), que requiere diálisis o trasplante de riñón3,4. En particular, casi la mitad de las personas diagnosticadas con PKD experimentan insuficiencia renal a la edad de 60 años, lo que pone de relieve la grave trayectoria de esta afección3. Estos efectos sistémicos interconectados subrayan la necesidad de estrategias de manejo integrales para mitigar el amplio impacto de la PKD en el cuerpo.
Factores genéticos que contribuyen a la poliquistosis renal
¿Qué genes se asocian más comúnmente con el desarrollo de la poliquistosis renal?
El desarrollo de la poliquistosis renal (PKD) está influenciado predominantemente por mutaciones en varios genes clave, siendo PKD1 y PKD2 los más comúnmente implicados. PKD1 es particularmente notable por su fuerte asociación con la enfermedad, representando aproximadamente el 85% de los casos de poliquistosis renal autosómica dominante (PQRAD) 5. PKD2, aunque es menos frecuente, todavía representa una proporción significativa de los casos de PKD y es fundamental para comprender el panorama genético general de la enfermedad5. Más allá de estos genes primarios, investigaciones recientes han resaltado la importancia de otros contribuyentes genéticos. Por ejemplo, se ha identificado que GANAB y DNAJB11 son relevantes para la patogénesis de la PKD y se recomienda su secuenciación para proporcionar un diagnóstico genético más completo5. Además, la complejidad de las enfermedades quísticas del riñón requiere considerar un panel más amplio de genes, que puede descubrir variantes menos comunes que pueden contribuir a la heterogeneidad de la enfermedad5. Este enfoque multigénico no sólo mejora la precisión del diagnóstico, sino que también abre vías para estrategias de tratamiento personalizadas, lo que enfatiza la necesidad de continuar la investigación genética y la aplicación clínica en el tratamiento de la PKD.
¿Cómo influyen las mutaciones genéticas en la gravedad y progresión de la enfermedad?
La progresión y la gravedad de la enfermedad renal crónica (ERC), particularmente en afecciones como la enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD), están estrechamente influenciadas por mutaciones genéticas. Uno de los factores críticos es el tipo de mutación genética involucrada. Por ejemplo, truncar variantes de secuencia tiende a provocar resultados de enfermedad más graves en comparación con otros tipos de mutaciones5. Además, variantes patogénicas específicas, como las del gen PKD1, se asocian con un peor pronóstico, lo que conduce a una progresión acelerada de la ERC5. Esta predisposición genética se complica aún más por el fenómeno de penetrancia incompleta y expresividad variable, donde la presencia de genes modificadores puede alterar significativamente la gravedad de la enfermedad6. Estos genes modificadores no actúan de forma aislada; su interacción con factores ambientales, como la dieta y la exposición a toxinas, influye aún más en la gravedad y la progresión de la enfermedad6. Por ejemplo, a medida que aumenta el volumen del riñón debido a ciertas mutaciones genéticas, hay una disminución concomitante más rápida en la tasa de filtración glomerular estimada (eGFR), lo que destaca el impacto directo de los cambios genéticos en la función renal5. En conjunto, estos factores subrayan la complejidad de la progresión de la ERC en la PQRAD, enfatizando la necesidad de un enfoque multifacético para comprender y controlar la enfermedad.
¿Cuáles son los métodos actuales para la detección genética y el diagnóstico de la poliquistosis renal?
Los métodos actuales para la detección genética y el diagnóstico de la poliquistosis renal (PKD) han avanzado significativamente y ofrecen un enfoque más eficaz para identificar la afección. Uno de esos métodos es el desarrollo de una estrategia de genotipado utilizando cinco marcadores PKD1 y cuatro PKD2 a través de dos reacciones de PCR múltiple seguidas de un análisis de electroforesis capilar7. Este método es ventajoso debido a su capacidad para amplificar fragmentos en el rango de tamaño de 95 a 154 pares de bases, lo que facilita un análisis genético completo de la PKD7. El enfoque de PCR múltiple no solo simplifica el proceso de pruebas genéticas, sino que también proporciona una alternativa más rápida y rentable a las amplificaciones de microsatélites individuales7. La especificidad y sensibilidad de este método de PCR múltiple son del 88,5% y 87,9%, respectivamente, lo que subraya su fiabilidad en la detección genética de la PKD7. Además, el análisis molecular de microsatélites polimórficos alrededor de los genes PKD1 y PKD2 sirve para confirmar el diagnóstico de la poliquistosis renal autosómica dominante (PQRAD), complementando las técnicas de diagnóstico tradicionales como la ecografía, especialmente cuando los quistes aún no son detectables o cuando se requiere un diagnóstico definitivo. para personas más jóvenes7. Este análisis genético no sólo es crucial para diagnosticar la PQRAD, sino que también desempeña un papel importante en el asesoramiento genético, ya que permite a los pacientes comprender su enfermedad, los patrones de herencia y los riesgos de transmisión a la descendencia7. Al integrar estos métodos avanzados de detección genética, los proveedores de atención médica pueden ofrecer diagnósticos más precisos y mejor apoyo a las personas y familias afectadas por la poliquistosis renal.
Estrategias de tratamiento para la poliquistosis renal
¿Cuáles son los tratamientos farmacológicos disponibles actualmente para controlar la poliquistosis renal?
Los tratamientos farmacológicos para la poliquistosis renal (PKD) han evolucionado para abordar no sólo el dolor sintomático sino también la progresión de la enfermedad. Los medicamentos de venta libre que contienen paracetamol se recomiendan habitualmente para controlar el dolor asociado con la PKD, proporcionando a los pacientes un enfoque inicial no invasivo para aliviar el dolor8. Para el dolor más intenso y persistente, los médicos pueden optar por procedimientos que implican drenar los quistes e inyectar agentes esclerosantes, que ayudan a reducir el tamaño del quiste y aliviar el malestar8. Sin embargo, el objetivo principal de los avances farmacológicos recientes gira en torno a frenar la progresión de la enfermedad. Tolvaptan, comercializado bajo las marcas Jynarque y Samsca, se ha mostrado prometedor en este sentido. Es un medicamento oral que actúa retardando el crecimiento de los quistes renales y el deterioro de la función renal, lo que lo convierte en un tratamiento potencialmente eficaz para adultos con poliquistosis renal autosómica dominante (PQRAD) de rápida progresión8,9. A pesar de sus posibles beneficios, el riesgo de daño hepático grave asociado con tolvaptan requiere la consulta con un experto antes de prescribirlo9. Además, si bien los modelos experimentales han demostrado que los inhibidores de mTOR como la rapamicina y el everolimus retrasan la expansión del quiste y protegen la función renal, su eficacia en entornos clínicos sigue siendo inconsistente, como lo demuestran los estudios aleatorizados2. Esto pone de relieve la complejidad y los desafíos actuales para encontrar un tratamiento farmacológico universalmente eficaz para la PKD, lo que subraya la necesidad de investigación continua y estrategias de atención al paciente personalizadas.
¿Cómo impactan las modificaciones en el estilo de vida y los cambios en la dieta en el tratamiento de la poliquistosis renal?
Las modificaciones en el estilo de vida y los cambios en la dieta desempeñan un papel crucial en el tratamiento de la poliquistosis renal (PKD), lo que afecta significativamente la progresión de la enfermedad y la salud general del paciente. La enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD), un trastorno genético común que ocurre en 1 de cada 400-1000 nacidos vivos, conduce a la formación de numerosos quistes en los riñones, que eventualmente progresan a una enfermedad renal crónica4,10. Implementar cambios en el estilo de vida, como mantener un peso saludable, realizar ejercicios aeróbicos con regularidad y dejar de fumar, puede ayudar a mitigar el daño renal y retardar la progresión de la enfermedad8,11. Además, los ajustes en la dieta, incluida una gestión cuidadosa de la ingesta de proteínas, son esenciales, especialmente para los pacientes en diálisis, que requieren una dieta rica en proteínas para mantener la masa muscular y la salud en general12. Además, debido a la mayor susceptibilidad de los pacientes con PKD a los cálculos renales y las infecciones urinarias, es crucial adoptar prácticas dietéticas que reduzcan estos riesgos, como mantenerse bien hidratado y evitar alimentos que contribuyan a la formación de cálculos13,14. En general, el manejo proactivo de la dieta y el estilo de vida no solo alivia la carga de la enfermedad, sino que también mejora la calidad de vida de las personas con PKD, lo que enfatiza la necesidad de una intervención temprana y un seguimiento continuo15.
¿Qué terapias emergentes y direcciones de investigación futuras son prometedoras para mejorar los resultados de los pacientes con poliquistosis renal?
La exploración de terapias emergentes y direcciones de investigación futuras para la poliquistosis renal (PKD) está impulsada por avances recientes en la comprensión de la patogénesis de la enfermedad y los mecanismos subyacentes a la formación de quistes. En particular, la proliferación de células epiteliales, la secreción de líquido transepitelial y la remodelación de la matriz extracelular son procesos clave involucrados en la cistogénesis y se han convertido en puntos focales para el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas16. La falta de tratamientos específicos para la poliquistosis renal autosómica dominante (PQRAD) ha requerido la investigación de enfoques novedosos, incluidos aquellos dirigidos a mutaciones de un solo par de bases que se observan comúnmente en pacientes con PKD16,17. Los modelos experimentales que imitan con precisión las mutaciones genéticas asociadas con la PKD son cruciales para probar la eficacia de estos fármacos emergentes17. Además, los avances en la terapia génica son prometedores, ya que los investigadores han demostrado que una única copia normal de un gen defectuoso puede prevenir la formación de quistes, lo que sugiere posibilidades de intervenciones de terapia génica17. Estos avances subrayan la necesidad de una inversión continua en investigación para traducir estos hallazgos en tratamientos clínicos viables, mejorando potencialmente los resultados de millones de personas que padecen PKD en todo el mundo17.
DISCUSIÓN
Los hallazgos presentados en este artículo de investigación subrayan la compleja interacción de factores genéticos y mecanismos fisiopatológicos que impulsan la progresión de la poliquistosis renal (PKD), particularmente en su forma autosómica dominante (PQRAD). Las funciones fundamentales de las proteínas policistina-1 y policistina-2 en las vías de señalización celular son fundamentales para comprender cómo las mutaciones en estos genes conducen a eventos de señalización alterados, lo que en última instancia resulta en la formación de quistes y disfunción renal. Este estudio destaca la importancia de controlar el volumen renal total (TKV) como biomarcador de la progresión de la enfermedad, lo que refuerza la noción de que la intervención temprana puede afectar significativamente los resultados de los pacientes. En particular, la asociación entre mutaciones genéticas específicas (como PKD1 y PKD2) y la gravedad de la progresión de la enfermedad presenta un argumento convincente para estrategias de tratamiento personalizadas. La correlación entre el tipo de mutación y la edad de inicio de la terapia de reemplazo renal enfatiza aún más la necesidad de exámenes genéticos y asesoramiento en los individuos afectados y sus familias. Si bien la exploración de terapias emergentes, en particular la terapia génica, presenta vías prometedoras para futuras investigaciones, es esencial reconocer las limitaciones inherentes a los modelos experimentales actuales que imitan las mutaciones de la PKD. Estos modelos deben perfeccionarse para replicar mejor la condición humana y evaluar con precisión la eficacia de nuevos tratamientos. Además, los efectos sistémicos de la PKD, incluida la formación de quistes hepáticos, complican el cuadro clínico y requieren un enfoque multidisciplinario para el tratamiento del paciente. Las modificaciones en el estilo de vida y las intervenciones dietéticas, junto con las terapias farmacológicas, deben integrarse en la atención al paciente para optimizar los resultados. A medida que avanzamos en nuestra comprensión de la patogénesis de la PKD, las investigaciones futuras deberían centrarse en dilucidar los mecanismos subyacentes que contribuyen al crecimiento de los quistes y la fibrosis, así como en explorar las interacciones entre los factores genéticos y ambientales. Dichos esfuerzos mejorarán nuestra capacidad para desarrollar terapias dirigidas que no solo tengan como objetivo mitigar el desarrollo de quistes sino también preservar la función renal y mejorar la calidad de vida de los pacientes que padecen esta enfermedad debilitante.
CONCLUSIONES
- La comprensión de la enfermedad renal poliquística (ERP) ha avanzado significativamente en los últimos años, especialmente en lo que respecta a los mecanismos fisiopatológicos y los factores genéticos involucrados. Esta patología, caracterizada por la formación de múltiples quistes en los riñones que provocan una pérdida progresiva de la función renal, presenta un desafío complejo en la medicina pediátrica. Desde el punto de vista fisiopatológico, se ha determinado que la expansión de los quistes se debe a anomalías en la proliferación celular, la secreción de fluidos y la remodelación de la matriz extracelular, lo que conduce a la hipertrofia renal y, eventualmente, al fallo renal. Además, el papel de la inflamación crónica y el estrés oxidativo en la progresión de la enfermedad ha sido objeto de investigaciones recientes, sugiriendo posibles dianas terapéuticas para ralentizar el avance de la enfermedad.
- En el ámbito genético, las mutaciones en los genes PKD1 y PKD2 son las principales causas de la ERP autosómica dominante, la forma más común de la enfermedad. Estas mutaciones generan alteraciones en las proteínas policistina-1 y policistina-2, lo que afecta la regulación del calcio intracelular y, a su vez, contribuye a la formación de quistes. Por otro lado, la ERP autosómica recesiva, más rara pero generalmente de inicio más temprano y con un curso clínico más agresivo, está asociada a mutaciones en el gen PKHD1, que codifica la proteína fibrocistina. Esta diferenciación genética ha permitido una mejor clasificación de los pacientes y ha impulsado la búsqueda de terapias específicas según el tipo de mutación, lo que representa un avance significativo en el manejo individualizado de la enfermedad.
- En cuanto a las estrategias de tratamiento, aunque el manejo tradicional ha sido principalmente sintomático, centrado en la reducción de complicaciones como la hipertensión y la insuficiencia renal, los avances recientes en farmacología ofrecen nuevas esperanzas para mejorar los resultados a largo plazo. El uso de inhibidores de la vía de la vasopresina, como el tolvaptán, ha mostrado eficacia en la desaceleración del crecimiento quístico en algunos pacientes, retrasando la progresión hacia la insuficiencia renal. Además, la investigación en el uso de antioxidantes, antiinflamatorios y terapias génicas abre nuevas oportunidades para modificar el curso de la enfermedad, aunque muchos de estos tratamientos aún se encuentran en etapas experimentales. La intervención temprana en la infancia es clave para mejorar el pronóstico, dado que la identificación precoz de mutaciones genéticas y la implementación de tratamientos orientados a prevenir el daño renal podrían modificar significativamente la historia natural de la enfermedad.
DIRECCIONES FUTURAS
Sin embargo, a pesar de estos avances, persisten importantes desafíos. La heterogeneidad en la presentación clínica y la respuesta al tratamiento entre los pacientes, incluso aquellos con mutaciones en los mismos genes, subraya la necesidad de enfoques terapéuticos más personalizados. Además, las limitaciones en la disponibilidad y accesibilidad de tratamientos específicos como el tolvaptán en muchos países representan una barrera significativa para los pacientes pediátricos, especialmente en regiones con menos recursos. Es crucial continuar con las investigaciones dirigidas a desarrollar tratamientos más efectivos y accesibles para esta población, así como a mejorar la comprensión de los mecanismos moleculares que subyacen a la ERP.
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