Cuidados enfermeros en pacientes con esclerosis múltiple: manejo de brotes y calidad de vida. Artículo monográfico

1 octubre 2025

 

AUTORES

  1. Rebeca Marbán Fernández. Hospital universitario San Jorge Huesca Pull. Huesca, Aragón, España.

 

RESUMEN

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad crónica del sistema nervioso central caracterizada por desmielinización y daño axonal, que conduce a discapacidad progresiva y afectación de la calidad de vida. Los brotes o recaídas son eventos clínicos frecuentes que requieren manejo agudo con corticosteroides y seguimiento multidisciplinario. La enfermería desempeña un papel central en la atención integral del paciente, incluyendo evaluación clínica, educación, coordinación del tratamiento, apoyo emocional y promoción de la adherencia terapéutica. Este artículo revisa el rol de la enfermería en el manejo de brotes, tratamiento sintomático y mejora de la calidad de vida en pacientes con EM, destacando la importancia de intervenciones personalizadas y centradas en el paciente.

PALABRAS CLAVE

Esclerosis múltiple, enfermería, brotes, calidad de vida.

ABSTRACT

Multiple sclerosis (MS) is a chronic central nervous system disease characterized by demyelination and axonal damage, leading to progressive disability and impaired quality of life. Relapses are frequent clinical events requiring acute management with corticosteroids and multidisciplinary follow-up. Nursing plays a central role in the comprehensive care of patients, including clinical assessment, education, treatment coordination, emotional support, and promotion of therapeutic adherence. This article reviews the role of nursing in relapse management, symptomatic treatment, and quality of life improvement in patients with MS, highlighting the importance of individualized, patient-centered interventions.

KEY WORDS

Multiple sclerosis, nursing, relapses, quality of life.

DESARROLLO DEL TEMA

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad crónica, autoinmune e inflamatoria del sistema nervioso central (SNC) caracterizada por la desmielinización de las fibras nerviosas, la degeneración axonal y la aparición de lesiones inflamatorias, conocidas como placas desmielinizantes. Este proceso interfiere con la transmisión de impulsos eléctricos en el SNC, causando una amplia variedad de síntomas motores, sensitivos y cognitivos¹. La EM se considera un trastorno multifactorial, donde interactúan componentes genéticos, inmunológicos y ambientales. Entre los factores genéticos destacan ciertas variantes del complejo mayor de histocompatibilidad (HLA-DRB1), mientras que entre los factores ambientales se incluyen exposición a virus como el Epstein-Barr, deficiencia de vitamina D y hábitos de vida, como tabaquismo y obesidad en la adolescencia².

La fisiopatología de la enfermedad implica la activación de linfocitos T autorreactivos que atraviesan la barrera hematoencefálica, desencadenando inflamación, daño en la mielina y pérdida de oligodendrocitos. Esto genera placas desmielinizantes que pueden localizarse en cualquier región del SNC, con predilección por sustancia blanca periventricular, tronco encefálico, cerebelo y médula espinal³. La interrupción de la conducción nerviosa produce los diversos síntomas clínicos característicos.

Los signos y síntomas de la EM son heterogéneos e incluyen fatiga intensa, debilidad y espasticidad muscular, alteraciones sensoriales como parestesias, problemas de coordinación y equilibrio, visión borrosa o diplopía, disfunción vesical e intestinal, disartria, temblor, deterioro cognitivo y cambios emocionales, como depresión y ansiedad⁴. La heterogeneidad clínica dificulta el diagnóstico, que se realiza mediante criterios clínicos y radiológicos, principalmente resonancia magnética que evidencia lesiones desmielinizantes típicas. También se utilizan análisis de líquido cefalorraquídeo y estudios neurofisiológicos para confirmar la actividad inflamatoria o el daño axonal⁵.

La epidemiología de la EM muestra variaciones geográficas significativas. Es más frecuente en países de latitudes medias y altas, con prevalencias de 80 a 150 casos por 100.000 habitantes en Europa y Norteamérica, y menos común en regiones tropicales y subtropicales⁶. Existe un predominio femenino, con una relación mujer:hombre de aproximadamente 2:1, y suele diagnosticarse entre los 20 y 40 años. La incidencia ha aumentado en las últimas décadas debido a mejoras en el diagnóstico y factores ambientales relacionados con urbanización y cambios en estilos de vida1,2.

Dada la naturaleza crónica, impredecible y discapacitante de la enfermedad, los pacientes requieren un manejo integral que combine control de brotes, prevención de complicaciones, tratamiento sintomático y apoyo psicosocial. En este contexto, la enfermería juega un papel esencial, actuando no solo en la ejecución de cuidados clínicos, sino también en la educación del paciente y la familia, la coordinación multidisciplinaria, la promoción de adherencia al tratamiento y la mejora de la calidad de vida a largo plazo6,⁷.

Enfermería en el manejo de brotes y calidad de vida:

Manejo de brotes:

Los brotes o recaídas en EM se definen como la aparición de nuevos síntomas neurológicos o la exacerbación de los existentes, que duran al menos 24 horas y se separan de brotes previos por un período mínimo de 30 días. Estos episodios pueden provocar un aumento transitorio de la discapacidad y afectar significativamente la calidad de vida del paciente. El tratamiento de brotes agudos se basa generalmente en corticosteroides intravenosos, como metilprednisolona, que reducen la inflamación y aceleran la recuperación. En brotes graves o refractarios, puede considerarse la plasmaféresis para eliminar mediadores inflamatorios circulantes⁶.

Desde la perspectiva enfermera, el manejo de brotes requiere una evaluación clínica exhaustiva, incluyendo revisión de signos vitales, evaluación de fuerza y coordinación, monitorización de posibles efectos adversos de los corticosteroides y valoración del estado emocional del paciente. La enfermería también proporciona educación sobre la importancia de la adherencia al tratamiento, estrategias de autocuidado y detección temprana de complicaciones. Además, la enfermera coordina la atención con fisioterapia, terapia ocupacional y psicología, asegurando un abordaje integral⁷. Otro aspecto clave es la identificación de factores desencadenantes de los brotes, como infecciones, estrés, cambios hormonales o falta de sueño, y la instrucción al paciente sobre medidas preventivas4,5.

Tratamiento y cuidados de enfermería:

El tratamiento a largo plazo de la EM combina fármacos modificadores de la enfermedad (FME), como interferones beta, acetato de glatiramer, natalizumab o fingolimod, con medicamentos sintomáticos para controlar espasticidad, dolor neuropático, fatiga, disfunción urinaria e intestinal. La enfermería desempeña un papel central en la educación sobre la administración correcta de estos medicamentos, la monitorización de efectos secundarios y la promoción de la adherencia terapéutica. La educación incluye la explicación del mecanismo de acción de los fármacos, la frecuencia de administración, la importancia de mantener la continuidad del tratamiento y el reconocimiento de signos de alarma que requieren atención médica inmediata7.

Además, la enfermería promueve hábitos de vida saludables, como actividad física adaptada, nutrición equilibrada y estrategias de manejo de la fatiga. La planificación de rutinas diarias y ejercicios terapéuticos contribuye a mantener la movilidad, prevenir contracturas y mejorar la independencia funcional. La evaluación periódica de la función cognitiva y emocional permite diseñar intervenciones personalizadas que optimicen la participación social y familiar del paciente⁸.

Calidad de vida en la esclerosis múltiple:

La calidad de vida (CV) de los pacientes con EM está influida por múltiples factores: nivel de discapacidad, control de síntomas, bienestar emocional, apoyo familiar y social, y participación en actividades significativas. La fatiga, los déficits cognitivos y los problemas emocionales son los factores que más afectan la CV⁴. La intervención enfermera se centra en la identificación de estas áreas de impacto y la implementación de estrategias de mejora, como educación sobre manejo de fatiga, técnicas de conservación de energía, apoyo psicológico y participación en grupos de apoyo⁹.

El acompañamiento psicosocial y la educación continua facilitan la adherencia al tratamiento y fortalecen la resiliencia del paciente y su familia. La enfermería también promueve la autonomía, fomentando que el paciente participe activamente en la toma de decisiones sobre su cuidado, registre síntomas y mantiene comunicación continua con el equipo multidisciplinario⁷. Las intervenciones individualizadas han demostrado mejorar la calidad de vida, reducir la ansiedad y la depresión asociadas, y aumentar la satisfacción con el tratamiento⁸,⁹.

Coordinación multidisciplinaria:

El manejo efectivo de la EM requiere un enfoque integral que involucre a médicos especialistas, enfermería, fisioterapia, terapia ocupacional, psicología y trabajo social. La enfermería actúa como coordinador principal, asegurando la comunicación entre los diferentes profesionales y el seguimiento de las intervenciones. Esto incluye planificar visitas, revisar resultados de laboratorio, evaluar la progresión de la enfermedad y ajustar estrategias de autocuidado según las necesidades del paciente⁷.

CONCLUSIÓN

Los cuidados enfermeros en pacientes con esclerosis múltiple son esenciales para un manejo integral que combine control de brotes, tratamiento sintomático y mejora de la calidad de vida. La enfermería desempeña un papel clave en la evaluación clínica, educación del paciente y la familia, coordinación multidisciplinaria, promoción de la adherencia y acompañamiento psicosocial. Una intervención enfermera precoz, continuada y personalizada permite prevenir complicaciones, mantener la funcionalidad y optimizar la calidad de vida del paciente, contribuyendo a un enfoque integral centrado en sus necesidades físicas, cognitivas y emocionales.

BIBLIOGRAFÍA

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  10. AIAQS. Guía de práctica clínica sobre la atención a las personas con esclerosis múltiple. Barcelona: Agència d’Informació, Avaluació i Qualitat en Salut, 2012.

 

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