AUTORES
- Enara Ramallo Lamikiz. Enfermera y Dietista-Nutricionista. Aragón, España.
- Silvia Chaure Lumbreras. Enfermera. Aragón, España.
- Iris Royo Villar. Enfermera y Dietista-Nutricionista. Aragón, España.
- Nadia El Hounaini Nourelabidine. Enfermera. Aragón, España.
RESUMEN
La vitamina D desempeña un papel fundamental en el metabolismo del calcio y fósforo, la salud ósea y la función musculoesquelética. A pesar de su importancia, el déficit de vitamina D constituye un problema frecuente a nivel mundial, especialmente en personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas y aquellos con factores que disminuyen su síntesis o absorción. El objetivo de esta revisión es analizar la evidencia científica actual sobre la importancia clínica del déficit de vitamina D y el papel de enfermería en su prevención y seguimiento.
Se realizó una revisión narrativa mediante una búsqueda bibliográfica en las bases de datos PubMed, Scielo, Elsevier y Google Académico, además de consultar guías clínicas y documentos de sociedades científicas. Se seleccionaron artículos publicados entre 2020 y 2025 relacionados con el metabolismo, factores de riesgo, diagnóstico, tratamiento y cuidados enfermeros.
La evidencia actual muestra que la principal consecuencia del déficit de vitamina D se relaciona con alteraciones del metabolismo óseo, aumentando el riesgo de osteomalacia, osteoporosis, debilidad muscular y fracturas. El diagnóstico se basa en la determinación de 25-hidroxivitamina D, siendo necesario un abordaje individualizado según los factores de riesgo del paciente. Las principales estrategias terapéuticas incluyen la promoción de hábitos saludables, una adecuada exposición solar, alimentación equilibrada y suplementación cuando esté indicada.
La enfermería desempeña un papel esencial en la identificación precoz de pacientes de riesgo, la educación sanitaria y el seguimiento continuado, favoreciendo la adherencia terapéutica y la prevención de complicaciones.
PALABRAS CLAVE
Vitamina D, deficiencia de vitamina D, salud ósea, educación en salud, enfermería, atención primaria.
ABSTRACT
Vitamin D plays a fundamental role in calcium and phosphorus metabolism, bone health and musculoskeletal function. Despite its importance, vitamin D deficiency remains a common health problem worldwide, particularly among older adults, patients with chronic diseases and individuals with factors that reduce vitamin D synthesis or absorption. The aim of this review is to analyze current scientific evidence on the clinical importance of vitamin D deficiency and the role of nursing in its prevention and follow-up.
A narrative review was conducted through a literature search in PubMed, Scielo, Elsevier and Google Scholar databases, as well as clinical guidelines and scientific society documents. Articles published between 2020 and 2025 related to vitamin D metabolism, risk factors, diagnosis, treatment and nursing care were selected.
Current evidence shows that vitamin D deficiency is mainly associated with alterations in bone metabolism, increasing the risk of osteomalacia, osteoporosis, muscle weakness and fractures. Diagnosis is based on serum 25-hydroxyvitamin D levels, requiring an individualized approach according to patient risk factors. Therapeutic strategies include healthy lifestyle promotion, safe sun exposure, balanced nutrition and supplementation when indicated.
Nurses play an essential role in the early identification of at-risk patients, health education and continuous follow-up, promoting treatment adherence and preventing complications.
KEY WORDS
Vitamin D, vitamin D deficiency, bone health, health education, nursing, primary health care.
INTRODUCCIÓN
La vitamina D es una vitamina liposoluble con un papel fundamental en el mantenimiento de la homeostasis del calcio y el fósforo, contribuyendo al desarrollo y la mineralización del tejido óseo. Aunque siempre se ha relacionado con la salud ósea, en la actualidad se sabe que también interviene en la función muscular, la respuesta inmunitaria y otros procesos fisiológicos. La principal fuente de vitamina D es la síntesis cutánea tras la exposición a la radiación ultravioleta B, complementándose con la ingesta de determinados alimentos y, cuando está indicado, mediante suplementación. A pesar de ello, el déficit de vitamina D constituye un problema de salud frecuente a nivel mundial y afecta a personas de todas las edades, especialmente a aquellas con escasa exposición solar, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas1.
La deficiencia de vitamina D se ha asociado con alteraciones del metabolismo óseo, favoreciendo la aparición de raquitismo en la infancia, osteomalacia y osteoporosis en adultos, así como un mayor riesgo de fracturas y caídas. Además, se ha investigado su posible relación con enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, metabólicas e infecciosas; sin embargo, la evidencia disponible sobre estos efectos extraesqueléticos continúa siendo limitada. Por ello, las recomendaciones actuales priorizan la prevención y el tratamiento del déficit en aquellas personas con mayor riesgo de presentar complicaciones clínicas2.
En este contexto, la enfermería desempeña un papel esencial en la promoción de hábitos saludables, la identificación precoz de factores de riesgo y la educación sanitaria de la población. La valoración de la exposición solar, los hábitos alimentarios, la adherencia al tratamiento y el seguimiento de los pacientes con déficit de vitamina D forman parte de las intervenciones enfermeras encaminadas a prevenir complicaciones y mejorar los resultados en salud.
OBJETIVO
El objetivo de esta revisión es analizar la evidencia científica disponible sobre la importancia clínica del déficit de vitamina D y el papel de la enfermería en su prevención, detección precoz y seguimiento 3.
MATERIAL Y MÉTODO
Se realizó una revisión narrativa de la evidencia científica disponible sobre el déficit de vitamina D y el papel de enfermería en su prevención y seguimiento. Se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica en las bases de datos PubMed, Scielo, Elsevier y Google Académico, además de consultar guías clínicas y documentos de sociedades científicas.
Se seleccionaron artículos publicados entre 2020 y 2025 relacionados con el metabolismo, factores de riesgo, diagnóstico, tratamiento y cuidados enfermeros del déficit de vitamina D. La información obtenida fue analizada y organizada con el objetivo de sintetizar la evidencia actual y destacar las principales intervenciones enfermeras.
DESARROLLO
Metabolismo, funciones y fuentes de la vitamina D:
La vitamina D es una vitamina liposoluble esencial para el mantenimiento de la homeostasis del calcio y el fósforo, desempeñando un papel fundamental en la mineralización ósea y en el correcto funcionamiento del sistema musculoesquelético. Aunque se clasifica como una vitamina, también actúa como una hormona, ya que tras su activación ejerce efectos biológicos sobre diferentes órganos y tejidos uniéndose al receptor de vitamina D (VDR), presente en células óseas, musculares, inmunitarias e intestinales1.
Existen dos tipos principales de vitamina D; la vitamina D₂ (ergocalciferol), de origen vegetal, y la vitamina D₃ (colecalciferol), sintetizada sobre todo en la piel tras la exposición a la radiación ultravioleta B (UVB) y, en menor medida, a través de alimentos de origen animal. Alrededor del 80-90 % de la vitamina D del organismo procede de la síntesis cutánea, mientras que el aporte dietético representa una pequeña parte de las necesidades diarias2.
La vitamina D favorece la absorción intestinal de calcio y fósforo, contribuyendo al mantenimiento de una adecuada mineralización ósea y al remodelado del tejido óseo. Además, regula la secreción de hormona paratiroidea (PTH), ayudando a mantener el equilibrio del metabolismo mineral. También interviene en la función muscular, favoreciendo la fuerza y el equilibrio, lo que contribuye a disminuir el riesgo de caídas 1,4.
Las principales fuentes de vitamina D incluyen la exposición solar controlada y una alimentación equilibrada. Entre los alimentos con mayor contenido destacan los pescados grasos (salmón, caballa, sardina y atún), el aceite de hígado de bacalao, la yema de huevo, el hígado y algunos productos enriquecidos, como lácteos, bebidas vegetales y cereales. No obstante, debido a que la dieta suele aportar cantidades insuficientes para cubrir las necesidades diarias, la exposición solar continúa siendo la fuente más importante de vitamina D, siempre realizada de forma segura y adaptada a las características individuales de cada persona2,5.
Déficit de vitamina D: causas y factores de riesgo:
El déficit de vitamina D es una alteración muy frecuente a nivel mundial, favorecida por múltiples factores relacionados con el estilo de vida, las características individuales y diversas patologías. La mayoría de los casos tienen un origen multifactorial, siendo habitual la coexistencia de varios factores predisponentes1.
Entre las principales causas destaca la escasa exposición solar, ya que la radiación ultravioleta B (UVB) es la principal responsable de la síntesis cutánea de vitamina D. La permanencia prolongada en espacios cerrados, la contaminación atmosférica, la estación del año y el envejecimiento reducen la capacidad de producción cutánea. Asimismo, una alimentación pobre en alimentos ricos en vitamina D, como pescados grasos, yema de huevo o alimentos enriquecidos, puede contribuir al desarrollo del déficit2,6.
Además, los síndromes de malabsorción intestinal, como la enfermedad celíaca o la enfermedad inflamatoria intestinal, dificultan la absorción de vitamina D. Del mismo modo, la insuficiencia hepática como la enfermedad renal pueden condicionar su absorción. Diferentes fármacos, como los glucocorticoides, algunos antiepilépticos y determinados antirretrovirales, también pueden disminuir las concentraciones séricas de vitamina D al interferir en su metabolismo4.
Los principales grupos de riesgo incluyen a las personas mayores, debido a la disminución de la síntesis cutánea y a una menor exposición solar. También presentan mayor riesgo las personas con obesidad, ya que la vitamina D queda retenida en el tejido adiposo, reduciendo su disponibilidad biológica. Otros grupos vulnerables son las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia con ingestas insuficientes, las personas con fototipos de piel oscuros, los pacientes con osteoporosis o enfermedades crónicas y aquellos sometidos a tratamientos farmacológicos que alteran el metabolismo de esta vitamina1,6.
La identificación precoz de los factores de riesgo permite detectar a las personas con mayor probabilidad de presentar un déficit de vitamina D e instaurar medidas preventivas y de seguimiento. Actualmente, no se recomienda el cribado sistemático de la población general, sino la evaluación dirigida a los grupos de mayor riesgo1.
Manifestaciones clínicas:
Las manifestaciones clínicas del déficit de vitamina D dependen del grado y la duración de la deficiencia. En sus fases iniciales suele ser asintomático; sin embargo, cuando el déficit se mantiene en el tiempo puede producir alteraciones del metabolismo óseo. En los adultos se asocia principalmente con osteomalacia, osteoporosis, dolor óseo, debilidad muscular y un mayor riesgo de fracturas por fragilidad, especialmente en personas de edad avanzada1,2.
Además, diversos estudios han relacionado el déficit de vitamina D con enfermedades cardiovasculares, metabólicas, autoinmunes e infecciosas. No obstante, la evidencia científica actual no ha demostrado una relación causal clara, por lo que las guías clínicas no recomiendan la suplementación sistemática con vitamina D para prevenir estas enfermedades en la población general1,4.
Diagnóstico y tratamiento:
El diagnóstico del déficit de vitamina D se realiza mediante la determinación sérica de 25-hidroxivitamina D [25(OH)D], se considera el principal marcador para valorar las reservas de esta vitamina. Actualmente, las guías clínicas no recomiendan el cribado sistemático de la población general, sino la valoración de aquellos pacientes con factores de riesgo o sospecha clínica de déficit1,6.
El tratamiento tiene como objetivo corregir la deficiencia y prevenir complicaciones óseas y musculares. Incluye medidas como una exposición solar segura, una alimentación equilibrada con alimentos ricos en vitamina D y, cuando esté indicado, suplementación con vitamina D. La pauta debe individualizarse según las características del paciente, sus niveles séricos y la presencia de enfermedades asociadas, siendo fundamental el seguimiento para valorar la respuesta y la adherencia al tratamiento2.
Papel de enfermería en la prevención y seguimiento:
La enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención y seguimiento del déficit de vitamina D, especialmente desde Atención Primaria. Su intervención permite identificar factores de riesgo mediante una valoración individualizada, teniendo en cuenta aspectos como la edad, la exposición solar, la alimentación, la movilidad y la presencia de enfermedades crónicas2.
La educación sanitaria constituye una de las principales intervenciones enfermeras, promoviendo hábitos saludables como una alimentación equilibrada, una exposición solar segura, la práctica de ejercicio físico y la correcta adherencia al tratamiento cuando esté indicado. Además, el seguimiento continuado facilita la detección de dificultades, la resolución de dudas y la coordinación con otros profesionales sanitarios, favoreciendo un abordaje integral del paciente1.
CONCLUSIONES
El déficit de vitamina D constituye un problema de salud frecuente que puede afectar especialmente a personas con factores de riesgo como edad avanzada, baja exposición solar, enfermedades crónicas o alteraciones en el metabolismo de esta vitamina. Sus principales consecuencias se relacionan con la salud ósea y muscular, aumentando el riesgo de fracturas, debilidad muscular y deterioro funcional.
La detección y tratamiento del déficit deben realizarse de forma individualizada, priorizando la valoración de pacientes con mayor riesgo y evitando el cribado sistemático de la población general. Las intervenciones basadas en hábitos saludables, alimentación adecuada, exposición solar segura y suplementación cuando esté indicada permiten prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
En este contexto, enfermería tiene un papel fundamental mediante la valoración integral, la educación sanitaria y el seguimiento continuado, especialmente desde Atención Primaria. La intervención enfermera favorece el autocuidado, la adherencia terapéutica y la prevención de problemas asociados al déficit de vitamina D, contribuyendo a una atención más eficaz y centrada en la persona.
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