AUTORES
- Ariadna Gracia Prad. Graduada en Enfermería, Zaragoza, Aragón, España.
- Silvia Carnicer Izaguerri. Graduada en Enfermería, Zaragoza, Aragón, España.
- Paula Bujalance Latasa. Graduada en Enfermería, Zaragoza, Aragón, España.
- Oumaima Aboulmakarim Rabbani. Graduada en Enfermería, Zaragoza, Aragón, España.
RESUMEN
El delirio es un síndrome neuropsiquiátrico grave que afecta la atención y otras funciones cognitivas, y puede incluir síntomas como psicosis, delirios y alucinaciones. Este síndrome es comúnmente desencadenado por enfermedades agudas, consumo de drogas, traumas o cirugías, aunque también puede ser causado por condiciones neurológicas. La duración del delirio puede variar, y la falta de términos consistentes afecta su estudio y diagnóstico.
La prevalencia del delirio varía entre grupos de pacientes. Aproximadamente el 23% de los adultos hospitalizados lo experimentan, y puede llegar a más del 60% en cuidados paliativos. En niños, la prevalencia puede oscilar entre el 4% y el 50%, dependiendo de su estado de salud.
Existen varios factores que pueden desencadenar el delirio, que se pueden clasificar en ocho categorías, como factores quirúrgicos y enfermedades sistémicas. También hay factores que ayudan a prevenirlo, como la administración de opioides orales y la riqueza ambiental en el entorno hospitalario.
El diagnóstico del delirio se realiza de manera clínica, a través de la evaluación del estado mental del paciente y la observación de cambios. Se utilizan pruebas como el mini-mental test para confirmar la presencia de delirio y diferenciarlo de condiciones como la demencia. El examen Wsico y neurológico es fundamental para identificar posibles causas subyacentes.
El tratamiento eficaz del delirio comienza con intervenciones no farmacológicas, como el fomento de la movilización temprana y la estimulación cognitiva. Si estas no son efectivas, se pueden considerar medicamentos como antipsicóticos. No hay fármacos para prevenir el delirio, pero las estrategias no farmacológicas y los cuidados adecuados ayudan a reducir el riesgo y los efectos del delirio en los pacientes.
PALABRAS CLAVE
Delirium agudo.
ABSTRACT
Delirium is a severe neuropsychiatric syndrome that affects aYenZon and other cogniZve funcZons, and may include symptoms such as psychosis, delusions and hallucinaZons. This syndrome is commonly triggered by acute illness, drug use, trauma or surgery, although it can also be caused by neurological condiZons. The duraZon of delirium can vary, and the lack of consistent terms affects its study and diagnosis.
The prevalence of delirium varies between paZent groups. Approximately 23% of hospitalised adults experience delirium, and it can reach over 60% in palliaZve care. In children, the prevalence can range from 4% to 50%, depending on their health status.
There are several factors that can trigger delirium, which can be classified into eight categories, such as surgical factors and systemic diseases. There are also factors that help prevent delirium, such as the administraZon of oral opioids and environmental richness in the hospital se]ng.
The diagnosis of delirium is made clinically, through assessment of the paZent’s mental state and observaZon of changes. Tests such as the mini-mental test are used to confirm the presence of delirium and differenZate it from condiZons such as demenZa. Physical and neurological examinaZon is essenZal to idenZfy possible underlying causes.
EffecZve treatment of delirium begins with non-pharmacological intervenZons, such as early mobilisaZon promoZon and cogniZve sZmulaZon. If these are not effecZve, medicaZons such as anZpsychoZcs may be considered. There are no drugs to prevent delirium, but non-pharmacological strategies and appropriate care help to reduce the risk and effects of delirium in paZents.
KEY WORDS
Acute delirium.
DESARROLLO DEL TEMA
El término delirio significa “salir del surco”, es decir, desviarse de una línea recta.
Es un síndrome neuropsiquiátrico grave caracterizado por déficit de atención y otras alteraciones cognitivas (memoria, percepción…). Los pacientes tienen desde una respuesta reducida hasta hipervigilancia y agitación severa.
Pueden experimentar síntomas como psicosis, delirios y alucinaciones y tener un estado de ánimo alterado. Las características de estos pacientes son fluctuantes en gravedad y se asocian con una angustia de los pacientes y de los cuidadores.
El delirio es desencadenado por enfermedades médicas agudas, consumo de drogas, traumas o cirugías. La mayoría de las causas son extracerebrales, pero también hay enfermedades neurológicas primarias como el accidente cerebrovascular. Puede variar de duración con episodios de semanas o de meses.
La falta de una terminología consistente ha afectado a la investigación de este tema. La mayor parte de los pacientes han estado expuestos a factores de riesgo precipitantes y puede asignarles una causa específica1.
EPIDEMIOLOGÍA
La prevalencia de esta enfermedad varía según el grupo y el entorno de los pacientes. El delirio es común en adultos hospitalizados en entornos médicos generales.
La prevalencia general es de un 23 %. Entre los pacientes que se someten a una cirugía menor aparece en más de un 20 %. En operaciones del corazón, puede aparecer hasta en un 7,2%. Y aparece entre un 60-88% en personas en cuidados paliativos en su última semana de vida.
La prevalencia del delirio en bebés y niños puede llegar desde un 4% hasta un 50% en niños con situación personal grave1.
FACTORES PRECIPITANTES:
Existen factores precipitantes que se pueden asociar en ocho categorías que son: factores quirúrgicos, enfermedad sistémica, anomalías metabólicas, farmacología, factores iatrogénicos, trauma, biomarcadores y neurotransmisores.
Sin embargo, también existen factores protectores como la inclusión de opioides orales que reducen el dolor, factores ambientales, tener un televisor o una radio en la habitación del hospital, número de horas de movimiento, estar en una sola habitación, somníferos u otros medicamentos. También mejora si hay un aumento de la oxigenación medida del tejido cerebral o de la presión arterial media2.
DETECCIÓN:
El delirio se sigue diagnosticando de una manera clínica. El reconocimiento se basa en una breve detección cognitiva y una cuidadosa observación de las características.
La piedra angular del diagnóstico es determinar el estado mental del paciente y la agudeza ante cualquier cambio. Requiere obtener el historial por un experto. una vez se determina el estado mental, el delirio se diagnóstica utilizando pruebas de detección como cuestionarios como mini-mental test.
Las condiciones del delirio incluyen la demencia, depresión y psicosis. Y será el cambio agudo en el estado mental el que distingue entre estas. La alteración en el nivel de conciencia es otra característica única del delirio que es menos común en las otras.
Tras ello hay que hacer un examen psico y neurológico: una evaluación rápida y específica del metabolismo, infección o insuficiencia orgánica. La selección específica de pruebas debe basarse en la información obtenida en la historia del paciente.
El delirio y la demencia pueden coexistir. Hay que reconocer que cuando el delirio se superpone a una demencia, que tiene muchas complicaciones tanto a nivel cognitivo como funcional, alarga la estancia en el hospital y aumenta la probabilidad de muerte del paciente3.
TRATAMIENTO:
Hoy en día los componentes para un buen tratamiento del Delirium son: adherirse a un protocolo del dolor, usar una herramienta para detectar el delirio y centrarse en intervenciones no farmacológicas al principio.
Las intervenciones no farmacológicas son más efectivas cuando se implementan juntas. Son por ejemplo proporcionar relojes, introducir ejercicios cognitivamente estimulantes, fomentar la movilización temprana, proporcionar aparatos para la visión y audífonos, preservar el sueño y revisar todos los medicamentos.
Estas intervenciones pueden reducir hasta un 40 % el delirio en los adultos mayores hospitalizados.
Si tras el uso de estas intervenciones no farmacológicas, el paciente sigue en la misma línea, se utilizarán fármacos como los antipsicóticos que siguen el tratamiento común para el delirio. Aunque no ha habido resultados positivos con el uso de estos medicamentos, sí que se ha visto que, en poblaciones quirúrgicas con estas terapias, ha habido mejoría4.
Con el conjunto de estas intervenciones se puede reducir la duración de la estancia en el hospital, la duración del delirio, aunque el efecto en la gravedad es incierto5.
PREVENCIÓN:
No hay ningún fármaco que pueda prevenir el delirio, ya que no puede prevenir ninguna disfunción del cerebro. Y aunque estas acciones no tienen beneficios, sí que lo tienen el uso de estrategias no farmacológicas. Se puede prevenir considerando los factores de riesgo más comunes en todo el equipo de atención terapéutico.
Se deberá hacer cribados exhaustivos de todas las causas frecuentes del delirio y el uso de terapias con los pacientes, la participación en los cuidados y los programas psicoeducativos son las tres intervenciones que se han evaluado y que tienen mayor éxito6.
BIBLIOGRAFÍA
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