Educación nutricional en la consulta de la matrona para el abordaje del síndrome premenstrual: una revisión integrativa de la literatura

30 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Laura Rodríguez García. Matrona, Hospital del Mar, Barcelona. España.
  2. Laura Tella Barrado. Matrona, Complejo Hospitalario Universitario de Canarias. La Laguna, Tenerife. España.
  3. Sandra Barba Pamplona. Matrona, Complejo Hospitalario Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, Santa Cruz de Tenerife, Tenerife. España.
  4. Adela María Bravo Juan. Matrona, Complejo Hospitalario Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, Santa Cruz De Tenerife, Tenerife. España.
  5. Clara Sánchez García-Moreno. Complejo Hospitalario San Pedro de Alcántara. Cáceres, Extremadura. España.

 

RESUMEN

Introducción: El síndrome premenstrual (SPM) afecta a un elevado porcentaje de mujeres en edad reproductiva y se caracteriza por la aparición cíclica de síntomas físicos, emocionales y conductuales durante la fase lútea del ciclo menstrual. Su impacto puede interferir en la calidad de vida y bienestar de las mujeres. Las estrategias no farmacológicas, como la modificación de hábitos alimentarios, constituyen intervenciones accesibles que pueden ser abordadas desde la educación sanitaria proporcionada por la matrona.

Objetivo: Analizar la evidencia científica disponible sobre la relación entre alimentación, nutrientes específicos y sintomatología premenstrual, así como valorar el papel de la matrona en la educación nutricional como estrategia de autocuidado y promoción de la salud menstrual.

Metodología: Se realizó una revisión integrativa de la literatura siguiendo las recomendaciones PRISMA 2020. Se consultaron las bases de datos PubMed, Scopus, CINAHL, Web of Science y Cochrane Library. Se incluyeron estudios publicados entre 2016 y 2026 que evaluaran la influencia de patrones dietéticos, nutrientes o intervenciones nutricionales sobre los síntomas del síndrome premenstrual en mujeres en edad reproductiva.

Resultados: La evidencia disponible muestra que determinados nutrientes como calcio, magnesio, vitamina B6 y ácidos grasos omega-3 podrían asociarse con una menor intensidad de síntomas premenstruales. Asimismo, los patrones dietéticos caracterizados por un mayor consumo de frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables parecen relacionarse con una mejoría sintomática. Sin embargo, existe heterogeneidad entre estudios que limita la elaboración de recomendaciones nutricionales específicas.

Conclusiones: La educación nutricional constituye una herramienta potencialmente útil dentro de la atención integral de la mujer. La matrona desempeña un papel fundamental en la promoción de hábitos saludables y estrategias de autocuidado basadas en evidencia para mejorar la salud menstrual.

PALABRAS CLAVE

Síndrome premenstrual, nutrición, alimentación, salud menstrual, educación sanitaria, matrona.

ABSTRACT

Introduction: Premenstrual syndrome (PMS) affects a high percentage of women of reproductive age and is characterized by the cyclical onset of physical, emotional, and behavioral symptoms during the luteal phase of the menstrual cycle. Its impact can interfere with women’s quality of life and well-being. Non-pharmacological strategies, such as dietary modifications, represent accessible interventions that can be addressed through health education provided by midwives.

Objective: To analyze the available scientific evidence regarding the relationship between diet, specific nutrients, and premenstrual symptoms, and to assess the midwife’s role in nutritional education as a strategy for self-care and the promotion of menstrual health.

Methodology: An integrative literature review was conducted following PRISMA 2020 guidelines. The PubMed, Scopus, CINAHL, Web of Science, and Cochrane Library databases were consulted. Studies published between 2016 and 2026 that evaluated the influence of dietary patterns, nutrients, or nutritional interventions on PMS symptoms in women of reproductive age were included.

Results: Available evidence indicates that certain nutrients—such as calcium, magnesium, vitamin B6, and omega-3 fatty acids—may be associated with reduced severity of premenstrual symptoms. Likewise, dietary patterns characterized by higher consumption of fruits, vegetables, whole grains, and healthy fats appear to be linked to symptom improvement. However, heterogeneity among studies limits the formulation of specific nutritional recommendations.

Conclusions: Nutritional education is a potentially useful tool within comprehensive women’s healthcare. Midwives play a fundamental role in promoting healthy habits and evidence-based self-care strategies to improve menstrual health.

KEY WORDS

Premenstrual syndrome, nutrition, diet, menstrual health, health education, midwife.

INTRODUCCIÓN

El síndrome premenstrual (SPM) constituye un trastorno frecuente durante la etapa reproductiva de la mujer, caracterizado por la aparición cíclica de síntomas físicos, emocionales y conductuales durante la fase lútea del ciclo menstrual, con desaparición tras el inicio de la menstruación. La sintomatología puede afectar significativamente a la calidad de vida, las relaciones sociales y el rendimiento laboral de las mujeres1,2. Aunque la etiopatogenia del SPM no se conoce por completo, la evidencia actual sugiere que se trata de un proceso multifactorial en el que intervienen las fluctuaciones hormonales del ciclo menstrual, la sensibilidad individual a dichas variaciones y mecanismos relacionados con la neurotransmisión, la inflamación y el estado nutricional. Esta complejidad explica la amplia variabilidad clínica observada entre mujeres y la necesidad de un abordaje integral e individualizado1.

Actualmente, el tratamiento del SPM combina intervenciones farmacológicas y estrategias no farmacológicas. Entre estas últimas, las modificaciones del estilo de vida, especialmente la alimentación, han despertado un creciente interés debido a su accesibilidad, bajo coste y escaso riesgo de efectos adversos1,3. En este contexto, la educación sanitaria proporcionada por la matrona constituye una oportunidad para fomentar hábitos saludables y promover el autocuidado desde una perspectiva preventiva y biopsicosocial.

Las revisiones más recientes indican que la calidad global del patrón dietético podría ejercer una influencia más relevante sobre la sintomatología premenstrual que el consumo aislado de nutrientes específicos. No obstante, algunos micronutrientes, como el calcio, el magnesio, la vitamina B6 y los ácidos grasos omega-3, han mostrado resultados prometedores en la reducción de determinados síntomas, aunque la evidencia continúa siendo heterogénea y no permite establecer recomendaciones nutricionales universales4,5.

Ante el creciente interés por las intervenciones nutricionales y el papel de la matrona en la promoción de la salud menstrual, resulta pertinente revisar la evidencia científica disponible para identificar las recomendaciones con mayor respaldo y su posible aplicación en la práctica clínica.

OBJETIVO

Analizar la evidencia científica disponible sobre la influencia de la alimentación y determinados nutrientes en la prevención y reducción de los síntomas asociados al síndrome premenstrual, así como describir el papel de la matrona en la educación nutricional como estrategia de promoción de la salud menstrual.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión integrativa de la literatura con el objetivo de analizar la evidencia científica disponible sobre la relación entre la alimentación, determinados nutrientes y la sintomatología asociada al síndrome premenstrual. La pregunta de investigación se estructuró mediante la estrategia PEO (Población, Exposición y Outcome), considerando como población a mujeres en edad reproductiva con sintomatología compatible con síndrome premenstrual; como exposición, la alimentación, los patrones dietéticos y determinados nutrientes; y como resultado, la prevención o reducción de los síntomas físicos, emocionales y conductuales asociados al síndrome premenstrual.

La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo durante enero de 2026 en las bases de datos PubMed, Scopus, CINAHL, Web of Science y Cochrane Library. Se emplearon términos MeSH y palabras clave libres relacionados con el síndrome premenstrual, la alimentación y la nutrición, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR. Se incluyeron estudios publicados entre 2016 y 2026. De forma puntual, se utilizaron referencias anteriores a este periodo cuando se consideraron relevantes para contextualizar el tema.

Se incluyeron ensayos clínicos, estudios observacionales, revisiones sistemáticas y metaanálisis realizados en mujeres en edad reproductiva que evaluarán la relación entre la alimentación, los patrones dietéticos o determinados nutrientes y la sintomatología premenstrual. Se excluyeron los estudios realizados exclusivamente en población adolescente cuando no analizaran específicamente el síndrome premenstrual, las investigaciones centradas exclusivamente en dismenorrea primaria y las publicaciones cuyo contenido no respondiera al objetivo de la revisión.

Los estudios identificados fueron seleccionados mediante la revisión de títulos y resúmenes y, posteriormente, mediante la lectura del texto completo de aquellos trabajos considerados potencialmente relevantes. Finalmente, se realizó una síntesis narrativa de los resultados, agrupando la evidencia según los nutrientes específicos estudiados y la influencia del patrón dietético global sobre la sintomatología premenstrual.

RESULTADOS

En conjunto, la evidencia disponible sugiere que la alimentación puede estar relacionada con la intensidad de la sintomatología premenstrual. Los estudios revisados señalan que determinados nutrientes, como el calcio, el magnesio, la vitamina B6 y los ácidos grasos omega-3, podrían contribuir a disminuir algunos síntomas físicos y emocionales del síndrome premenstrual (SPM) 4,5. Asimismo, los patrones dietéticos caracterizados por un mayor consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y grasas insaturadas se asociaron con una menor intensidad sintomática, mientras que una mayor presencia de alimentos ultraprocesados, azúcares refinados, grasas saturadas y sodio se relacionó con una mayor presencia de síntomas3,6,7. No obstante, los resultados fueron heterogéneos entre los estudios, especialmente en relación con las características de las intervenciones, las dosis y los instrumentos utilizados para valorar la sintomatología4,5.

Efecto de nutrientes específicos sobre el síndrome premenstrual:

Calcio:

El calcio es uno de los micronutrientes que presenta mayor respaldo científico en relación con el síndrome premenstrual (SPM). La revisión sistemática de ensayos clínicos realizada por Robinson et al. incluyó cuatro ensayos sobre calcio, todos ellos con resultados favorables sobre la sintomatología premenstrual. Entre las intervenciones estudiadas se encontraron dosis de 1000 mg/día, 1200 mg/día durante tres meses y 2000 mg/día durante tres meses, observándose reducciones de la puntuación global de síntomas y de determinadas manifestaciones psicológicas5.

Estos resultados son concordantes con la revisión sistemática de Arab et al., que incluyó 14 estudios, 8 intervencionales y 6 observacionales, y encontró resultados favorables de la suplementación con calcio sobre la sintomatología del SPM. Asimismo, Abdi et al., en una revisión de 28 estudios sobre calcio y vitamina D, describieron una asociación entre niveles bajos de estos micronutrientes y una mayor sintomatología premenstrual8,9.

Magnesio:

El magnesio participa en diferentes procesos relacionados con la función neuromuscular y la regulación del sistema nervioso. Aunque se ha propuesto su posible utilidad para determinados síntomas del SPM, la evidencia disponible es menos consistente que la observada para el calcio. En la revisión sistemática de Robinson et al., los estudios que evaluaron la suplementación con magnesio no mostraron efectos significativos sobre los síntomas psicológicos del SPM. Uno de los ensayos incluidos administró 200 mg/día durante dos meses, sin observar una reducción significativa de estos síntomas frente al grupo comparador5.

Vitamina B6:

La vitamina B6 participa en la síntesis de neurotransmisores implicados en la regulación del estado de ánimo y ha sido estudiada especialmente por su posible efecto sobre los síntomas psicológicos del SPM. Robinson et al. identificaron resultados favorables de la suplementación con vitamina B6 en la mayoría de los ensayos incluidos. Dos de ellos observaron una reducción de síntomas emocionales con 50 mg/día durante tres meses, mientras que otro encontró mejoría de determinados síntomas conductuales con 150 mg/día durante dos meses. En conjunto, los autores señalan que dosis de al menos 50 mg/día podrían producir efectos beneficiosos sobre los síntomas psicológicos del SPM, aunque no establecen una dosis óptima. La revisión también señala que el uso prolongado de dosis superiores a 100 mg/día se ha relacionado con efectos adversos neurológicos, por lo que las dosis estudiadas no deben interpretarse como recomendaciones generales de suplementación5.

Ácidos grasos omega-3:

Los ácidos grasos omega-3 han sido estudiados por su posible efecto sobre los síntomas físicos y psicológicos del SPM, especialmente por sus propiedades antiinflamatorias. En la revisión de Robinson et al., tres ensayos analizaron los efectos de los ácidos grasos sobre los síntomas psicológicos. Uno de ellos administró 2 g/día de aceite de pescado durante 10 días de cada ciclo menstrual durante tres meses, observándose una reducción significativa de determinados síntomas mentales y conductuales. Otro ensayo encontró mejores resultados con 2 g/día de ácidos grasos poliinsaturados durante seis meses frente a 1 g/día y placebo. Sin embargo, un tercer estudio no encontró diferencias significativas5.

Aceite de onagra:

Entre las intervenciones nutricionales específicas, el aceite de onagra ha sido estudiado por su contenido en ácidos grasos poliinsaturados. Aguilar-Aguilar recoge resultados favorables relacionados con su utilización en mujeres con sintomatología premenstrual y señala que su administración regular durante periodos prolongados, aproximadamente cuatro a seis meses, podría ser necesaria para observar mejoría6.

Los resultados disponibles sugieren un posible efecto beneficioso sobre la sintomatología premenstrual, aunque las características de las intervenciones y la evidencia disponible no permiten establecer una pauta universal de utilización.

Zinc:

El zinc ha mostrado resultados favorables sobre diferentes dimensiones del SPM. En el ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo de Jafari et al., la administración de 30 mg/día durante 12 semanas produjo una reducción significativa de los síntomas físicos y psicológicos del SPM, junto con cambios favorables en BDNF y capacidad antioxidante10.

Estos resultados son concordantes con la revisión de Robinson et al., que identificó efectos positivos del zinc sobre los síntomas psicológicos. Los ensayos incluidos utilizaron dosis de 30 y 50 mg/día durante aproximadamente tres meses, ambas asociadas con mejoría de determinados resultados relacionados con el SPM5.

Vitamina D:

La vitamina D ha sido estudiada principalmente en mujeres con niveles insuficientes de este micronutriente. Bahrami et al. evaluaron la administración de 50.000 UI de vitamina D3 semanalmente durante nueve semanas en adolescentes y observaron una reducción de la prevalencia del SPM y una mejoría de determinados síntomas, entre ellos el dolor lumbar y la tendencia al llanto 11.

Asimismo, Abdi et al. encontraron una asociación entre niveles bajos de vitamina D y mayor sintomatología premenstrual. Sin embargo, Robinson et al. encontró evidencia insuficiente para respaldar un efecto claro de la suplementación con vitamina D sobre los síntomas psicológicos del SPM, especialmente en mujeres sin déficit previo5,8.

Curcumina:

La curcumina ha sido estudiada como posible intervención nutricional debido a sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. La revisión sistemática de Shrateh et al. incluyó diez ensayos clínicos aleatorizados sobre curcumina y SPM/dismenorrea, de los cuales seis comunicaron una reducción significativa de los síntomas 12.

Influencia del patrón dietético global:

Los estudios revisados muestran una asociación entre el patrón dietético y la intensidad de la sintomatología premenstrual. MoradiFili et al. observaron que los patrones dietéticos caracterizados por un mayor consumo de alimentos ultraprocesados, comida rápida, refrescos y carnes procesadas se asociaban con una mayor probabilidad de presentar SPM, mientras que los patrones considerados más saludables se relacionaban con una menor probabilidad de sintomatología7.

Estos resultados son concordantes con la revisión de Oboza et al.3, que analiza la relación entre la composición de la dieta, los patrones dietéticos y las conductas alimentarias y el SPM. Asimismo, Aguilar-Aguilar recoge la importancia de un patrón alimentario basado principalmente en alimentos frescos y mínimamente procesados6.

DISCUSIÓN

Los resultados de esta revisión muestran que la relación entre alimentación y síndrome premenstrual no es homogénea y que el grado de evidencia varía considerablemente según el nutriente o la intervención estudiada. Entre los micronutrientes analizados, el calcio presenta la evidencia más consistente, mientras que los resultados relativos a vitamina B6 y zinc son favorables principalmente para determinados síntomas psicológicos. En cambio, la evidencia disponible para magnesio, vitamina D y ácidos grasos es más limitada o contradictoria. Esta diferencia es relevante para evitar que todas las intervenciones nutricionales sean consideradas equivalentes4,5.

El calcio destaca por la consistencia de los resultados obtenidos en diferentes ensayos clínicos y revisiones sistemáticas. La revisión de Robinson et al. encontró efectos positivos en los cuatro ensayos incluidos, mientras que Arab et al. y Abdi et al. también describieron una relación entre el calcio y la sintomatología premenstrual5,8,9. Sin embargo, las dosis utilizadas fueron variables, desde 1000 hasta 2000 mg/día en algunos ensayos, lo que dificulta determinar una relación dosis-respuesta. Por tanto, los resultados apoyan el papel potencial del calcio, pero no justifican establecer una dosis única de suplementación aplicable a todas las mujeres.

La vitamina B6 presenta también resultados favorables, especialmente sobre síntomas emocionales y conductuales. Robinson et al. identificaron beneficios en varios ensayos con dosis de 50 mg/día o superiores. No obstante, la utilización de dosis elevadas durante períodos prolongados requiere precaución debido al riesgo de efectos adversos neurológicos. En este sentido, la evidencia disponible permite considerar la vitamina B6 como una intervención potencial, pero no como una recomendación generalizada de suplementación5.

El zinc constituye otra intervención con resultados relativamente consistentes. Tanto el ensayo de Jafari et al. como los estudios incluidos en Robinson et al. muestran mejoras de determinados síntomas con dosis de 30-50 mg/día. Sin embargo, la evidencia procede todavía de un número reducido de estudios y las dosis utilizadas son superiores a las necesidades nutricionales habituales, por lo que sería necesario disponer de más ensayos antes de establecer una pauta específica para mujeres con SPM5,10.

En contraste, los resultados obtenidos para el magnesio son menos favorables. Aunque existen hipótesis fisiológicas que podrían justificar su utilización en el SPM, Robinson et al. no encontraron efectos significativos sobre los síntomas psicológicos y señalaron que la evidencia disponible era insuficiente. Esto pone de manifiesto la importancia de diferenciar entre plausibilidad biológica y eficacia clínica demostrada5.

Una situación similar se observa con los ácidos grasos omega-3. Algunos ensayos han mostrado reducciones de síntomas, pero otros no han encontrado diferencias significativas, y la propia revisión de Robinson et al. considera que la evidencia es relativamente débil. Por ello, aunque los mecanismos antiinflamatorios de estos ácidos grasos proporcionan una hipótesis plausible, los resultados clínicos disponibles no permiten establecer una dosis específica para el SPM5.

En relación con la vitamina D, los resultados parecen depender en parte del estado nutricional basal. Los estudios realizados en mujeres con niveles insuficientes han mostrado resultados favorables, mientras que la evidencia no apoya claramente la suplementación en mujeres con niveles adecuados. Esta diferencia refuerza la importancia de considerar las características individuales de cada mujer antes de extrapolar resultados obtenidos en poblaciones concretas5,8,11.

La curcumina representa una intervención emergente con resultados prometedores, pero todavía con un grado de evidencia inferior al observado para el calcio. La existencia de ensayos clínicos con resultados positivos y una revisión sistemática reciente que identifica beneficios en parte de los estudios sugiere una posible utilidad, aunque la diversidad de dosis, formulaciones y duración de los tratamientos impide establecer actualmente una pauta concreta12.

Más allá de los nutrientes individuales, los resultados relativos al patrón dietético global aportan una perspectiva especialmente relevante. Los estudios observacionales y las revisiones disponibles apuntan hacia una posible relación entre una alimentación basada en alimentos frescos y mínimamente procesados y una menor intensidad de los síntomas, mientras que los patrones caracterizados por un mayor consumo de ultraprocesados se relacionan con mayor sintomatología. Estos hallazgos sugieren que el abordaje nutricional del SPM podría contemplar el patrón dietético global además de la valoración de nutrientes específicos. No obstante, al tratarse en buena medida de asociaciones observacionales, no puede establecerse una relación causal directa2,6,7.

Desde la perspectiva de la práctica de la matrona, estos hallazgos respaldan la incorporación de la educación nutricional como parte del abordaje integral del SPM, especialmente mediante la promoción de patrones dietéticos saludables y la identificación de hábitos que puedan relacionarse con la sintomatología. La educación debe centrarse en recomendaciones alimentarias generales basadas en evidencia y, cuando exista sospecha de déficit nutricional o necesidad de suplementación, favorecer una valoración individualizada.

Finalmente, la interpretación de estos resultados debe considerar la heterogeneidad metodológica de los estudios. La revisión de Robinson et al., por ejemplo, incluyó 31 ECA y 3254 participantes, pero solo uno de los estudios presentó bajo riesgo de sesgo. También existieron diferencias importantes en las dosis, duración de las intervenciones, instrumentos de medición y características de las participantes5.

Implicaciones para la práctica clínica de la matrona:

La matrona puede incorporar recomendaciones relacionadas con la alimentación dentro de la educación sanitaria habitual:

  • Valorar la presencia e impacto del síndrome premenstrual durante la anamnesis ginecológica.
  • Promover una alimentación basada en alimentos frescos y mínimamente procesados.
  • Favorecer el consumo adecuado de calcio, magnesio, omega-3 y vitaminas mediante la dieta.
  • Informar sobre la posible relación entre determinados hábitos alimentarios y empeoramiento de síntomas.
  • Evitar recomendaciones basadas exclusivamente en productos comerciales o suplementos sin evidencia suficiente.
  • Derivar para valoración médica aquellas mujeres con síntomas compatibles con trastorno disfórico premenstrual o afectación significativa de la calidad de vida.

LIMITACIONES

Esta revisión presenta varias limitaciones:

  • Heterogeneidad en la definición y medición del síndrome premenstrual.
  • Diferencias en los instrumentos utilizados para evaluar síntomas.
  • Variabilidad en las intervenciones nutricionales estudiadas.
  • Número limitado de ensayos clínicos con muestras amplias.
  • Posible presencia de factores de confusión relacionados con estilo de vida.

CONCLUSIONES

La evidencia científica disponible sugiere que la alimentación constituye un factor modificable con potencial para disminuir la intensidad de los síntomas asociados al síndrome premenstrual. El calcio presenta el respaldo más consistente entre los nutrientes analizados, mientras que la vitamina B6 y el zinc muestran resultados favorables sobre determinados síntomas. En cambio, la evidencia disponible para el magnesio y los ácidos grasos omega-3 es más limitada o contradictoria, por lo que la heterogeneidad de los estudios impide establecer recomendaciones nutricionales universales.

La promoción de patrones dietéticos saludables debe integrarse dentro de un abordaje biopsicosocial de la salud menstrual, acompañado de otras estrategias relacionadas con la actividad física, el descanso y el manejo del estrés. En este contexto, la matrona desempeña un papel esencial en la educación sanitaria, la promoción de hábitos saludables y el fomento del autocuidado, proporcionando recomendaciones basadas en la mejor evidencia científica disponible y contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las mujeres. Son necesarios estudios prospectivos de alta calidad metodológica que permitan establecer recomendaciones nutricionales más precisas para la prevención y el manejo del síndrome premenstrual.

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