AUTORES
- Adela María Bravo Juan. Matrona, Complejo Hospitalario Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, Santa Cruz de Tenerife, Tenerife. España.
- Sandra Barba Pamplona. Matrona, Complejo Hospitalario Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, Santa Cruz de Tenerife, Tenerife. España.
- Clara Sánchez García-Moreno. Matrona, Complejo Hospitalario San Pedro de Alcántara. Cáceres, Extremadura. España.
- Laura Tella Barrado. Matrona, Complejo Hospitalario Universitario de Canarias. La Laguna, Tenerife. España.
- Laura Rodríguez García. Matrona, Hospital Del Mar, Barcelona. España.
RESUMEN
La dismenorrea primaria es uno de los trastornos ginecológicos más frecuentes en mujeres en edad reproductiva y constituye una causa importante de dolor, absentismo y deterioro de la calidad de vida. Aunque los antiinflamatorios no esteroideos y los anticonceptivos hormonales representan el tratamiento de primera línea, el creciente interés por las intervenciones no farmacológicas ha impulsado el estudio del ejercicio físico como alternativa terapéutica.
El objetivo de esta revisión fue analizar la evidencia científica disponible sobre la eficacia del ejercicio físico en el tratamiento de la dismenorrea primaria y su impacto sobre la intensidad del dolor y la calidad de vida. Se realizó una revisión narrativa mediante una búsqueda bibliográfica en las bases de datos PubMed/MEDLINE y Cochrane Library, complementada con revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos aleatorizados y guías de práctica clínica publicados preferentemente durante los últimos diez años.
La evidencia revisada muestra que el ejercicio físico reduce de forma significativa la intensidad del dolor menstrual y mejora la calidad de vida, la capacidad funcional y otros síntomas asociados, como la fatiga y la ansiedad. Diferentes modalidades de ejercicio, entre ellas el ejercicio aeróbico, el yoga, el pilates, el entrenamiento de fuerza y los programas multicomponente, han demostrado beneficios clínicos relevantes, aunque la heterogeneidad de los estudios impide establecer un protocolo único en cuanto al tipo, la intensidad y la duración del ejercicio.
En conclusión, el ejercicio físico constituye una intervención segura, accesible y eficaz para el tratamiento de la dismenorrea primaria. Su incorporación a las recomendaciones realizadas por los profesionales sanitarios puede contribuir a mejorar el bienestar de las mujeres y favorecer un abordaje integral basado en la mejor evidencia científica disponible.
PALABRAS CLAVE
Dismenorrea primaria, ejercicio físico, actividad física, dolor menstrual, calidad de vida, tratamiento no farmacológico.
ABSTRACT
Primary dysmenorrhea is one of the most common gynecological disorders among women of reproductive age and represents a major cause of pain, absenteeism and impaired quality of life. Although nonsteroidal anti-inflammatory drugs and hormonal contraceptives remain the first-line treatment, growing interest in non-pharmacological interventions has led to increasing research on physical exercise as a therapeutic option.
The aim of this review was to analyze the available scientific evidence on the effectiveness of physical exercise in the management of primary dysmenorrhea and its impact on pain intensity and quality of life. A narrative literature review was conducted through a bibliographic search in PubMed/MEDLINE and the Cochrane Library, complemented by systematic reviews, meta-analyses, randomized controlled trials and clinical practice guidelines published predominantly within the last ten years.
The available evidence indicates that physical exercise significantly reduces menstrual pain intensity and improves quality of life, functional capacity and associated symptoms such as fatigue and anxiety. Different exercise modalities, including aerobic exercise, yoga, Pilates, resistance training and multicomponent exercise programs, have demonstrated clinically relevant benefits. However, the heterogeneity of the available studies prevents the establishment of a single optimal exercise protocol regarding type, intensity and duration.
In conclusion, physical exercise is a safe, accessible and effective non-pharmacological intervention for the management of primary dysmenorrhea. Its inclusion in routine recommendations provided by healthcare professionals may improve women’s well-being and support a comprehensive, evidence-based approach to menstrual pain management.
KEY WORDS
Primary dysmenorrhea, physical exercise, physical activity, menstrual pain, quality of life, non-pharmacological treatment.
INTRODUCCIÓN
La dismenorrea primaria es uno de los trastornos ginecológicos más frecuentes en mujeres en edad reproductiva y se caracteriza por la aparición de dolor pélvico tipo cólico durante la menstruación, en ausencia de patología pélvica identificable. Se estima que afecta entre el 45 % y el 95 % de las mujeres jóvenes, constituyendo una de las principales causas de absentismo escolar y laboral, así como de disminución de la calidad de vida 1,2.
La fisiopatología de la dismenorrea primaria se relaciona principalmente con el aumento de la producción de prostaglandinas endometriales, especialmente prostaglandina F2α, que provoca un incremento de la contractilidad uterina, vasoconstricción e hipoxia miometrial, desencadenando el dolor característico. Además del dolor pélvico, pueden presentarse síntomas asociados como náuseas, cefalea, diarrea, fatiga o dolor lumbar, que repercuten negativamente sobre el bienestar físico, emocional y social de las mujeres 2,3.
El tratamiento de primera línea incluye los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los anticonceptivos hormonales. Sin embargo, no todas las mujeres obtienen un adecuado control sintomático o desean utilizar tratamiento farmacológico, lo que ha favorecido el creciente interés por intervenciones no farmacológicas como el ejercicio físico. Entre los mecanismos propuestos destacan la disminución de la producción de prostaglandinas, la liberación de endorfinas, la mejora del flujo sanguíneo pélvico y la reducción de la respuesta inflamatoria, factores que podrían contribuir a disminuir la intensidad del dolor menstrual 1,4.
En los últimos años se ha incrementado el número de ensayos clínicos y revisiones sistemáticas que han evaluado la eficacia de diferentes modalidades de ejercicio, como el entrenamiento aeróbico, los ejercicios de fuerza, el yoga, el pilates o los programas multicomponente. Las publicaciones más recientes sugieren que el ejercicio físico constituye una intervención segura y eficaz para reducir la intensidad del dolor y mejorar la calidad de vida de las mujeres con dismenorrea primaria, aunque persisten interrogantes sobre el tipo, la intensidad y la duración óptimos del entrenamiento 2,4,5.
Considerando la elevada prevalencia de esta patología y el creciente interés por las intervenciones no farmacológicas, resulta pertinente revisar la evidencia científica disponible acerca del papel del ejercicio físico en el tratamiento de la dismenorrea primaria, así como identificar las modalidades de ejercicio que han demostrado una mayor eficacia.
OBJETIVOS
Objetivo general
Revisar la evidencia científica disponible sobre la eficacia del ejercicio físico como tratamiento no farmacológico de la dismenorrea primaria y su impacto en la intensidad del dolor y la calidad de vida de las mujeres.
Objetivos específicos
- Analizar los efectos de las diferentes modalidades de ejercicio físico sobre la intensidad del dolor asociado a la dismenorrea primaria.
- Evaluar el impacto del ejercicio físico en la calidad de vida, la capacidad funcional y otros síntomas relacionados con la dismenorrea primaria.
- Revisar la evidencia científica disponible acerca del tipo, la intensidad y la duración del ejercicio físico que han demostrado mayor eficacia en el tratamiento de la dismenorrea primaria.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica con el objetivo de recopilar y analizar la evidencia disponible sobre la eficacia del ejercicio físico como tratamiento no farmacológico de la dismenorrea primaria.
La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre los meses de junio y julio de 2026 en las bases de datos PubMed/MEDLINE y Cochrane Library. Asimismo, se consultaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos aleatorizados y guías de práctica clínica relacionadas con el tratamiento de la dismenorrea primaria mediante ejercicio físico.
La estrategia de búsqueda se realizó utilizando los descriptores MeSH «Dysmenorrhea», «Primary Dysmenorrhea», «Exercise», «Exercise Therapy», «Physical Activity», «Aerobic Exercise», «Resistance Training», «Yoga», «Pilates» y «Pain Management», combinados mediante los operadores booleanos AND y OR y adaptados a las características de cada base de datos.
Como criterios de inclusión se seleccionaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos aleatorizados y guías de práctica clínica publicados preferentemente durante los últimos diez años, redactados en español o inglés y centrados en la eficacia del ejercicio físico como tratamiento de la dismenorrea primaria. Asimismo, se incluyeron estudios considerados de especial relevancia científica por su impacto en el conocimiento de la fisiopatología y el manejo clínico de esta entidad.
Se excluyeron artículos duplicados, publicaciones sin acceso al texto completo, estudios con información insuficiente y aquellos cuyo contenido no guardaba relación directa con los objetivos de la revisión.
Tras la lectura crítica de los estudios seleccionados, se realizó una síntesis narrativa de la evidencia, organizando los resultados en función de las diferentes modalidades de ejercicio físico evaluadas, su efecto sobre la intensidad del dolor menstrual, la calidad de vida y las recomendaciones derivadas de la evidencia científica disponible.
RESULTADOS
Eficacia del ejercicio físico en la dismenorrea primaria:
La evidencia científica disponible demuestra que el ejercicio físico constituye una intervención no farmacológica eficaz para disminuir la intensidad del dolor asociado a la dismenorrea primaria. La revisión Cochrane publicada por Armour et al., que incluyó ensayos clínicos aleatorizados, concluyó que las mujeres que realizaban programas estructurados de ejercicio experimentaban una reducción clínicamente relevante del dolor menstrual en comparación con aquellas que no realizaban actividad física, además de una mejor percepción de su estado de salud y calidad de vida1.
Estos hallazgos han sido confirmados por metaanálisis más recientes, que señalan que el ejercicio físico produce una disminución significativa de la intensidad del dolor y de la interferencia de los síntomas menstruales en las actividades de la vida diaria, constituyendo una alternativa segura y accesible como tratamiento complementario o, en determinados casos, como primera opción terapéutica2,4,6.
Comparación entre las diferentes modalidades de ejercicio:
Los estudios publicados en los últimos años han comparado la eficacia de distintas modalidades de ejercicio físico. Los metaanálisis en red realizados por Zheng et al. y Tsai et al. muestran que el ejercicio aeróbico, el yoga, el pilates, el entrenamiento de fuerza y los programas multicomponente son superiores a la ausencia de tratamiento para reducir la intensidad del dolor menstrual2,4.
Aunque todas las modalidades presentan beneficios, algunos estudios sugieren que los programas que combinan ejercicio aeróbico con ejercicios de fortalecimiento y estiramientos obtienen los mejores resultados sobre el dolor y la calidad de vida. El yoga también ha mostrado efectos favorables, especialmente en la reducción del dolor, el estrés y la ansiedad asociados a la menstruación2,4,6.
No obstante, la heterogeneidad existente entre los protocolos de entrenamiento dificulta establecer recomendaciones definitivas respecto al tipo de ejercicio, la intensidad o la duración óptimos, si bien la mayoría de los programas eficaces incluyen entre dos y cuatro sesiones semanales durante un periodo mínimo de ocho semanas2,4,7.
Impacto sobre la calidad de vida y otros síntomas:
Además del efecto analgésico, el ejercicio físico ha demostrado beneficios sobre diversos síntomas asociados a la dismenorrea primaria. Las mujeres que realizan actividad física de forma regular presentan una mejor calidad de vida, menor limitación funcional y una reducción del absentismo académico y laboral relacionado con el dolor menstrual1,2,6.
Asimismo, diferentes estudios describen mejorías en síntomas como la fatiga, el dolor lumbar, la ansiedad y el estado de ánimo, probablemente como consecuencia de la liberación de endorfinas, la disminución de la respuesta inflamatoria y la mejora de la circulación pélvica inducidas por el ejercicio3,6,8.
Recomendaciones derivadas de la evidencia científica
Las principales revisiones sistemáticas coinciden en considerar el ejercicio físico como una intervención segura, de bajo coste y fácilmente aplicable en la práctica clínica. Aunque la evidencia actual no permite establecer un protocolo único, la realización de ejercicio físico regular debería formar parte de las recomendaciones ofrecidas por los profesionales sanitarios a mujeres con dismenorrea primaria, especialmente cuando desean reducir el consumo de tratamiento farmacológico o complementar otras medidas terapéuticas1,2,4,5.
Con el fin de facilitar la interpretación de la evidencia disponible, en la Tabla 1 (ver anexos) se resumen las principales revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados sobre la eficacia del ejercicio físico en el tratamiento de la dismenorrea primaria1-8.
DISCUSIÓN
La evidencia científica revisada respalda el ejercicio físico como una intervención no farmacológica eficaz para el tratamiento de la dismenorrea primaria. Las revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados en los últimos años muestran una reducción significativa de la intensidad del dolor menstrual y una mejoría de la calidad de vida en las mujeres que realizan programas estructurados de ejercicio, resultados que coinciden con los descritos por la revisión Cochrane y los metaanálisis más recientes1,2,4,6,7.
Uno de los principales hallazgos de esta revisión es que diferentes modalidades de ejercicio, como el entrenamiento aeróbico, el yoga, el pilates, los ejercicios de fortalecimiento muscular y los programas multicomponente, ofrecen beneficios clínicamente relevantes. Aunque algunos metaanálisis sugieren una mayor eficacia de los programas combinados o del ejercicio aeróbico, la heterogeneidad de los protocolos utilizados impide establecer recomendaciones definitivas sobre una modalidad concreta como tratamiento de elección 2,4,6,7.
Además de la disminución del dolor, el ejercicio físico parece aportar beneficios adicionales relacionados con la reducción de la fatiga, la ansiedad, el estrés y la limitación funcional, favoreciendo una mejor calidad de vida. Estos efectos podrían explicarse por la disminución de la síntesis de prostaglandinas, la liberación de endorfinas, la mejora de la circulación pélvica y la reducción de la respuesta inflamatoria asociada a la actividad física regular 3,6.
Las principales guías clínicas recomiendan ofrecer medidas no farmacológicas como parte del abordaje integral de la dismenorrea primaria. En este contexto, el ejercicio físico constituye una intervención segura, accesible y de bajo coste que puede ser promovida desde la consulta de la matrona, tanto de forma preventiva como terapéutica, especialmente en mujeres que desean reducir el uso de tratamiento farmacológico o complementar otras estrategias de manejo del dolor5,8,9.
CONCLUSIONES
El ejercicio físico constituye una intervención no farmacológica eficaz y segura para el tratamiento de la dismenorrea primaria, contribuyendo a disminuir la intensidad del dolor menstrual y a mejorar la calidad de vida de las mujeres1,2,4.
La evidencia disponible indica que diferentes modalidades de ejercicio, entre ellas el ejercicio aeróbico, el yoga, el pilates y los programas multicomponente, producen beneficios clínicos relevantes. Sin embargo, la heterogeneidad de los estudios impide establecer un protocolo único respecto al tipo, la intensidad y la duración óptimos del ejercicio2,4,6,7.
Por sus beneficios, su bajo coste y la ausencia de efectos adversos relevantes, el ejercicio físico debería formar parte de las recomendaciones habituales ofrecidas por los profesionales sanitarios en el abordaje integral de la dismenorrea primaria, fomentando estilos de vida saludables y promoviendo estrategias de autocuidado basadas en la evidencia científica5,8,9.
Son necesarios nuevos ensayos clínicos aleatorizados con metodología homogénea que permitan identificar la modalidad de ejercicio más eficaz y establecer recomendaciones específicas para su implementación en la práctica clínica.
LIMITACIONES
La presente revisión presenta las limitaciones propias de las revisiones narrativas, por lo que la selección de los estudios no sigue el procedimiento metodológico de una revisión sistemática.
Asimismo, los estudios incluidos muestran una considerable heterogeneidad en relación con el tipo de ejercicio, la intensidad, la frecuencia semanal, la duración de las intervenciones y las escalas empleadas para valorar el dolor, lo que dificulta la comparación directa entre los resultados.
Por otra parte, la mayoría de los ensayos clínicos presentan tamaños muestrales moderados y periodos de seguimiento relativamente cortos, por lo que continúan siendo necesarios estudios multicéntricos de mayor duración que permitan establecer recomendaciones más precisas sobre la prescripción de ejercicio físico en mujeres con dismenorrea primaria 2,4,6,7.
BIBLIOGRAFÍA
- Armour M, Ee CC, Naidoo D, Ayati Z, Chalmers KJ, Steel KA, et al. Exercise for dysmenorrhoea. Cochrane Database Syst Rev. 2019;9:CD004142.
- Zheng Q, Huang G, Cao W, Zhao Y. Comparative effectiveness of exercise interventions for primary dysmenorrhea: a systematic review and network meta-analysis. BMC Women’s Health. 2024;24:610.
- Dawood MY. Primary dysmenorrhea: advances in pathogenesis and management. Obstet Gynecol. 2006;108(2):428-41.
- Tsai IC, Hsu CW, Chang CH, Lei WT, Tseng PT, Chang KV, et al. Comparative Effectiveness of Different Exercises for Reducing Pain Intensity in Primary Dysmenorrhea: A Systematic Review and Network Meta-analysis of Randomized Controlled Trials. Sports Medicine – Open. 2024;10:63.
- Burnett M, Lemyre M. Primary dysmenorrhea consensus guideline. J Obstet Gynaecol Can. 2017;39(7):585-595.
- Carroquino-Garcia P, Jiménez-Rejano JJ, Medrano-Sánchez E, de la Casa-Almeida M, Diaz-Mohedo E, Suarez-Serrano C. Therapeutic Exercise in the Treatment of Primary Dysmenorrhea: A Systematic Review and Meta-Analysis. Phys Ther. 2019;99(10):1371-1380.
- Ghanbarzadeh N, et al. Effectiveness of exercise interventions on pain intensity and quality of life in women with primary dysmenorrhea: a systematic review and meta-analysis. J Women’s Health Phys Therap. 2025.
- American College of Obstetricians and Gynecologists. Committee Opinion No. 760: Dysmenorrhea and Endometriosis in the Adolescent. Obstet Gynecol. 2018;132:e249-e258.
ANEXOS
Tabla 1. Principales estudios sobre el ejercicio físico como tratamiento de la dismenorrea primaria:
| Autor (año) | Diseño | Intervención | Principales resultados |
| Armour et al. (2019) | Revisión Cochrane | Diferentes modalidades de ejercicio | Reducción significativa del dolor menstrual y mejora de la calidad de vida. |
| Zheng et al. (2024) | Revisión sistemática y metaanálisis en red | Aeróbico, fuerza, yoga, pilates y programas combinados | Todas las modalidades fueron superiores a la ausencia de tratamiento; los programas combinados obtuvieron mejores resultados globales. |
| Tsai et al. (2024) | Metaanálisis en red | Comparación entre diferentes ejercicios | El ejercicio aeróbico y el yoga mostraron una elevada eficacia para disminuir la intensidad del dolor. |
| Burnett y Lemyre (2017) | Guía clínica | Tratamiento de la dismenorrea | Recomienda el ejercicio físico como tratamiento complementario basado en la evidencia. |
| Carroquino-Garcia et al. (2019) | Revisión sistemática | Ejercicio físico | Mejoría del dolor, calidad de vida y limitación funcional. |
| Ghanbarzadeh et al. (2025) | Revisión sistemática y metaanálisis | Programas de ejercicio físico | Confirma la eficacia del ejercicio para reducir el dolor menstrual y mejorar la calidad de vida. |
Fuente: Elaboración propia a partir de la bibliografía consultada1-8.