Ejercicio físico para la prevención de las caídas en el adulto mayor institucionalizado

3 abril 2024

AUTORES

  1. Nadia Soriano Gil. Diplomada en Fisioterapia y Graduada en Enfermería. Fisioterapeuta en el Servicio Madrileño de Atención Social.
  2. Esther Varas García. Fisioterapeuta.
  3. Laura Ruiz Burgos. Fisioterapeuta.
  4. Paula Rojo Haro, Fisioterapeuta, Clínica Irimpa, Fisioterapia, Osteopatía y Pilates, Palencia, España.

 

RESUMEN

Las caídas son accidentes que no se pueden predecir, pero sí se puede trabajar para evitar los riesgos y por lo tanto no son una consecuencia inevitable del envejecimiento. Su prevención puede ser una manera de minimizar el aumento de la morbilidad entre los ancianos.

El entorno que rodea a una persona ha sido identificado como una de las principales causas de caídas, lo que significa que es posible prevenir las caídas mediante la mejora de las condiciones de vida y los espacios públicos, especialmente si los adultos mayores y los principios de diseño universal que atienden a la seguridad se mantienen en tenga en cuenta cuando se diseñan, modifican y mantienen los espacios.  Si bien algunos peligros externos de caídas son bien conocidos como, por ejemplo, superficies resbaladizas o iluminación deficiente.  La investigación en lugares específicos sobre la prevención de caídas también ha demostrado que el ejercicio, la modificación del hogar, los materiales educativos y la corrección de la visión son todos importantes.

El ejercicio tiene un efecto positivo sobre las caídas, incluso sobre las más graves. Las intervenciones de ejercicios de componentes múltiples son efectivas para reducir la tasa y el riesgo de caídas.

PALABRAS CLAVE

Caídas, ejercicio físico, actividad física, envejecimiento, residencias.

ABSTRACT

Falls are accidents that cannot be predicted, but we can work to avoid the risks and therefore they are not an inevitable consequence of aging. Its prevention may be a way to minimize the increase in morbidity among the elderly.

The environment around a person has been identified as one of the main causes of falls, which means that it is possible to prevent falls by improving living conditions and public spaces, especially if older adults and the principles of Universal designs that address safety are kept in mind when spaces are designed, modified and maintained. Although some external fall hazards are well known, such as slippery surfaces or poor lighting. Site-specific research on fall prevention has also shown that exercise, home modification, educational materials, and vision correction are all important.

Exercise has a positive effect on falls, even the most serious ones. Multicomponent exercise interventions are effective in reducing the rate and risk of falls.

KEY WORDS

Falls, exercise, physical activity, aging, nursing homes.

DESARROLLO DEL TEMA

El envejecimiento poblacional y el aumento de la longevidad constituyen uno de los mayores logros alcanzados y suponen un reto para la transformación de los sistemas sanitarios ante los nuevos requerimientos de la población. Las oportunidades que ofrece esta transición demográfica son tan amplias como las contribuciones que puede aportar a la sociedad una población de personas mayores que mantengan un envejecimiento activo y saludable. Estas oportunidades vendrán marcadas por la capacidad que tengamos como sociedad de aumentar no solo la esperanza de vida de la población, sino que los años ganados se vivan con buena salud. Nuestro país se encuentra a la cabeza de los países con una esperanza de vida más alta del mundo, que se sitúa en 2019 en 83,8 años (86,6 en mujeres y 80,9 en hombres) pero otros países de nuestro entorno nos aventajan en esperanza de vida en buena salud. Por tanto, el desafío actual es actuar sobre los factores modificables y sujetos a intervención, como la fragilidad, para fomentar el mantenimiento de la capacidad funcional contribuyendo con ello a la limitación de la aparición de discapacidad o dependencia1.

Los sistemas sanitarios y la sociedad en general deben ser capaces de asumir el gran reto que representa el envejecimiento, brindándole soluciones adecuadas a las consecuencias que del mismo se derivan; dentro de las entidades que pueden afectar la calidad de vida del Adulto Mayor están las caídas, las mismas constituyen tal vez el prototipo más característico de los llamados grandes síndromes geriátricos o gigantes de la Geriatría. Las caídas son un problema frecuente en las personas mayores. La conservación de la independencia es uno de los requisitos más importantes para una longevidad satisfactoria. La caída en un anciano no es un hecho impredecible o inevitable, debido al azar o al envejecimiento normal del individuo. Las caídas son un marcador de fragilidad en los ancianos. La frecuencia de las mismas aumenta con la edad, siendo más reiteradas y con peores consecuencias después de los 85 años. La incidencia anual de caídas entre personas ancianas que viven en la comunidad aumenta del 30% entre los 60-79 años, al 50% después de los 80. Este riesgo se multiplica por cuatro si la persona vive en una residencia de ancianos; la mitad de las personas mayores que se caen lo hacen repetidas veces. Numerosos estudios ponen de manifiesto que existe una relación entre la edad y la posibilidad de caer, constituyendo el envejecimiento un factor de riesgo. También el hecho de haber caído una vez, hace previsible nuevas caídas. De ello surge la necesidad absoluta de familiarizarse con las causas que provocan una caída en esta población, debiendo interpretarse el hecho de caer como sintomático2.

De aquí se deduce la importancia capital en la atención a los adultos mayores y su significación. Es por tanto fundamental la prevención de determinadas situaciones que aportan un agravamiento en la morbilidad y mortalidad de este grupo de población con medidas políticas, sociales y normas legislativas que mejoren esta situación. En estas situaciones predominan las caídas que se convierten, en el caso de la población mayor, en un grave problema de salud pública. Además, las intervenciones hacia una mejora en la prevalencia de caídas desde los servicios de salud deben ir encaminadas de manera multidisciplinar3.

OBJETIVO:

-Promover la práctica basada en evidencia en la prevención de caídas en personas mayores que viven en entornos residenciales de atención a personas mayores.

-Evaluar los efectos de las intervenciones con ejercicios para prevenir caídas en personas mayores

-Crear un conjunto de recomendaciones de prevención y manejo de caídas basadas en la evidencia para uso de profesionales de la salud desde un enfoque centrado en la persona.

EPIDEMIOLOGÍA:

Según la proyección del INE la esperanza de vida al nacimiento alcanzaría en 2071 los 86,0 años en los hombres y los 90,0 en las mujeres, con una ganancia de 5,8 y de 4,2 años, respectivamente, respecto a los valores actuales. Por su parte, la esperanza de vida para las personas con 65 años en 2071 sería de 22,7 años para los hombres (3,7 más que actualmente) y de 26,3 para las mujeres (3,2 años más). El porcentaje de población de 65 años y más, que actualmente se sitúa en el 20,1% del total, alcanzaría un máximo del 30,4% en torno a 20504.

Según el último informe de la OCDE (2017) España con 83 años de esperanza media de vida, lidera con Japón (83,9 años) la lista de los países más longevos. Es la primera vez que la longevidad media en los países de la OCDE supera la barrera de los 80 años. Y en buena medida lo hacen gracias a las mujeres, que viven una media de 5 años más que los varones. En España también hay diferencias notables por sexos, mientras los hombres alcanzan los 80,1 años de media, las mujeres llegan a los 85,8 años5.

Por otro lado, los datos indican que un tercio de los mayores de 65 años se cae al menos una vez al año, con una incidencia creciente conforme aumenta la edad. El porcentaje de incidentes por caídas en residencias y hospitales es casi tres veces superior al que se da en personas mayores de 65 años que viven en la comunidad. Se ha calculado que más del 50% de los ancianos institucionalizados se cae cada año, y cerca de la mitad de los que caen lo hacen repetidamente, llegando a una densidad de incidencia aproximada de 1,5 caídas por residente al año en España. Además, hay que tener en cuenta que dicha incidencia podría ser mayor, ya que en muchas ocasiones una caída se considera un episodio normal y no se comunica. De hecho, entre el 13% y el 32% de los ancianos no recuerdan las caídas sufridas en los meses previos, por lo que son un problema infradiagnosticado6.

El Estudio de Carga Global de Enfermedades 2017 (GBD 2017) proporciona una evaluación integral de la morbilidad y mortalidad por caídas. Las caídas pueden provocar graves pérdidas de salud, incluida la muerte. Este estudio muestra que la carga de las caídas es sustancial. Es fundamental invertir en más investigaciones, estrategias de prevención de caídas y acceso a la atención. Las estimaciones globales de la carga de caídas de este estudio muestran que las caídas se clasificaron como la 18.ª causa principal de tasas estandarizadas por edad de años de vida ajustados por discapacidad, superando a afecciones como la enfermedad renal crónica, la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, y el asma.  Además, se observa que las caídas fueron la segunda causa principal de muerte por lesiones no intencionales, después de las lesiones en accidentes de tránsito y causas superiores como la violencia interpersonal y el ahogamiento.  Para las personas de 70 años o más, las caídas son la categoría principal de muertes relacionadas con lesiones.  Con una carga altamente concentrada en los adultos mayores, muchos estudios recientes han discutido los efectos del envejecimiento de la población, reconociendo la posibilidad de que haya muchos más casos incidentes y muertes por caídas a medida que las personas viven más tiempo7.

ENVEJECIMIENTO ACTIVO:

En un contexto común a todas las sociedades desarrolladas en el que el fenómeno del envejecimiento de la población tiene cada vez más protagonismo, puede entenderse como un logro que las personas alcancen edades avanzadas y, al mismo tiempo, cómo un reto que implica el abordaje activo y satisfactorio de esta etapa vital. La garantía de envejecer bien va a depender de la capacidad de adaptación a los cambios que conlleva el envejecimiento, porque esa adaptación es factor protector ante la pérdida y disminución de recursos personales que todo proceso de envejecimiento produce en el funcionamiento físico, cognitivo y emocional. El envejecimiento no es sólo un proceso biológico, sino un proceso determinado por una serie de factores biológicos, sociales, psicológicos y ecológicos. Por todo ello, el envejecimiento saludable es un reto para todos aquellos que trabajan con las personas mayores8.

La OMS dentro del foro de la II Asamblea Mundial del Envejecimiento del 2002 define el envejecimiento activo como “el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad, con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”. Más concretamente matiza que este envejecimiento: Es el proceso que permite a las personas realizar su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo su ciclo vital y participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, mientras que les proporciona: protección, seguridad y cuidados adecuados cuando necesitan asistencia9.

El envejecimiento constituye un proceso natural y universal de cambios biológicos irreversibles que ocurren a lo largo de la vida, y una de las consecuencias de envejecer es que la capacidad de adaptación está disminuida a todos los niveles, lo que conlleva una mayor vulnerabilidad. Una de las consecuencias negativas más importantes es el aumento de riesgo de caídas y su gravedad. Por este motivo, las caídas se consideran uno de los síndromes geriátricos más importante debido a que se sitúan entre las patologías más frecuentes del anciano y se asocian a una elevada mortalidad, morbilidad y deterioro en la funcionalidad del individuo. Las caídas son accidentes que no se pueden predecir, pero sí se puede trabajar para evitar los riesgos y por lo tanto no son una consecuencia inevitable del envejecimiento. Su prevención puede ser una manera de minimizar el aumento de la morbilidad entre los ancianos. Las caídas son un fenómeno negativo de gran importancia en los ancianos y se constituyen como un marcador de fragilidad en ellos. Además, suponen un problema de gran magnitud personal, social, sanitaria e incluso económica. Por este motivo, las caídas se consideran uno de los síndromes geriátricos más importante debido a que se sitúan entre las patologías más frecuentes del anciano y se asocian a una elevada mortalidad, morbilidad y deterioro en la funcionalidad del individuo6.

Un enfoque desde el envejecimiento activo a las políticas y programas de desarrollo ofrece la posibilidad de afrontar muchos de los retos tanto de las personas como de las poblaciones que están envejeciendo. La OMS establece que dentro de las propuestas de política fundamentales se han de abordar los tres pilares del envejecimiento activo: salud, participación y seguridad. Algunas son amplias y abarcan todos los grupos de edad, mientras que otras se dirigen específicamente a los grupos que se aproximan a la ancianidad o a los propios ancianos, como por ejemplo el desarrollo de directrices e información que resulte adecuadas y estén basadas en la población de edad avanzada para la actividad física9.

CAÍDAS EN EL ADULTO MAYOR:

La definición dada de Caída por la OMS es: “el evento que hace que una persona se descanse inadvertidamente en el suelo o en otro nivel inferior. Las caídas, tropezones y resbalones pueden ocurrir en un nivel o desde una altura” (OMS 2021)10. En la definición anterior además se incluía como cualquier evento involuntario en el cual hay pérdida del equilibrio, y como consecuencia el cuerpo cae al suelo o sobre una superficie firme (OMS, 2018)11.

Una caída puede tener resultados negativos, como muerte, pérdida de independencia y autonomía, inmovilización y depresión (OMS 2021)10.

Es la segunda causa de muerte por lesiones accidentales o no intencionales. A nivel mundial 646,000 personas mueren por consecuencia de estas y más del 80% ocurren en países en vías de desarrollo. Cada año ocurren 37.3 millones de caídas en los adultos mayores con consecuencias graves, esta situación demanda una mayor atención y cuidados de salud11.

Las caídas son un marcador de fragilidad en los ancianos2,12. La frecuencia de las mismas aumenta con la edad, siendo más reiteradas y con peores consecuencias después de los 85 años. La incidencia anual de caídas entre personas ancianas que viven en la comunidad aumenta del 30% entre los 60-79 años, al 50% después de los 802,12. Este riesgo se multiplica por cuatro si la persona vive en una residencia de ancianos; la mitad de las personas mayores que se caen lo hacen repetidas veces. Las mujeres parecen sufrir más caídas que los hombres hasta los 75 años, a partir de lo cual la frecuencia es similar en ambos sexos. La caída es, por tanto, un factor de riesgo para sufrir nuevas caídas12.

Numerosos estudios ponen de manifiesto que existe una relación entre la edad y la posibilidad de caer, constituyendo el envejecimiento un factor de riesgo. También el hecho de haber caído una vez, hace previsible nuevas caídas. De ello surge la necesidad absoluta de familiarizarse con las causas que provocan una caída en esta población, debiendo interpretarse el hecho de caer como sintomático. Las caídas son un problema frecuente en las personas mayores. Mantener una calidad de vida adecuada en la persona que llega a la vejez, es uno de los problemas más graves con que se enfrentan los sistemas de salud y seguridad social en el mundo. La conservación de la independencia es uno de los requisitos más importantes para una longevidad satisfactoria2.

Las caídas son accidentes que no se pueden predecir, pero sí se puede trabajar para evitar los riesgos y por lo tanto no son una consecuencia inevitable del envejecimiento. Su prevención puede ser una manera de minimizar el aumento de la morbilidad entre los ancianos6.

Las caídas son más comunes entre los adultos mayores en entornos de atención clínica, por ejemplo, hospitales, unidades de rehabilitación y subagudos, entornos de vida asistida y residencias de ancianos, como se ha comentado. Los factores de riesgo en estos entornos y el consenso sobre cómo abordarlos no están bien reflejados en las guías de práctica clínica actuales, pero ahora se dispone de evidencia específica para estos entornos en la que basar las recomendaciones13.

La mayoría de las caídas que se producen en los adultos mayores son de origen multifactorial, y se incrementa con la acumulación de factores, aunque suelen ser por una inadaptación al medio en el que se encuentran viviendo o por causa de una inadecuada accesibilidad, enfermedades o procesos invalidantes, hipotensión ortostática, debido a los efectos de la medicación, deterioro del equilibrio y la deambulación, existencia de obstáculos, mal diseño de los espacios que les rodean, etc., ya sea en el propio domicilio o en el lugar donde residan3.

El entorno que rodea a una persona ha sido identificado como una de las principales causas de caídas, lo que significa que es posible prevenir las caídas mediante la mejora de las condiciones de vida y los espacios públicos, especialmente si los adultos mayores y los principios de diseño universal que atienden a la seguridad se mantienen en tenga en cuenta cuando se diseñan, modifican y mantienen los espacios.  Si bien algunos peligros externos de caídas son bien conocidos como, por ejemplo, superficies resbaladizas o iluminación deficiente.  La investigación en lugares específicos sobre la prevención de caídas también ha demostrado que el ejercicio, la modificación del hogar, los materiales educativos y la corrección de la visión son todos importantes7.

La acción preventiva debe iniciarse con la evaluación multidimensional del ambiente que rodea al anciano, identificando los factores de riesgo ambientales que influyen en las caídas y proponiendo modificaciones. Entre sus causas existen factores intrínsecos, que son los relacionados directamente con el individuo (déficit cognitivo y visual, debilidad muscular, problemas neurológicos y cardiovasculares, problemas de marcha y equilibrio, y efectos secundarios de fármacos)3, y factores extrínsecos, como son los riesgos del entorno del anciano, las medidas de seguridad aplicadas y los riesgos comportamentales relacionados con acciones humanas, emociones o elecciones diarias potencialmente modificables6,14.

Las principales consecuencias de las caídas son significativa morbilidad, mortalidad, problemas psicológicos, hospitalización, institucionalización, costes económicos elevados y privación social del mayor y de sus cuidadores3,13, por los efectos negativos sobre la independencia funcional13. Las caídas en personas mayores son graves las consecuencias; más de un 70% tienen consecuencias clínicas como fracturas, heridas, esguinces, etc. y más de la mitad presentan secuelas posteriormente; el 50% de las personas que sufren una fractura por una caída no recuperan el nivel funcional previo. Además, una de cada diez caídas genera lesiones graves, incluyendo la fractura de cadera12, seguidas de la extremidad superior3.

Con frecuencia las consecuencias médicas de las caídas, entre las que destaca el denominado síndrome de temor a caerse, suponen el inicio de la discapacidad en el anciano. Las mujeres tienen un mayor riesgo de caídas que los hombres y también sufren consecuencias más graves, con un mayor porcentaje de fracturas de cadera, tres veces más que los hombres12.

En las Directrices mundiales para la prevención y el tratamiento de caídas en adultos mayores se estratifica el riesgo de caídas en tres categorías13.

  • Adultos mayores con bajo riesgo de caídas a quienes se les debe ofrecer educación sobre prevención de caídas y ejercicio para la salud general y/o prevención de caídas, si están interesados.
  • Adultos mayores con riesgo intermedio de caídas, a quienes, además de lo anterior, se les debe ofrecer ejercicio específico o una derivación de un fisioterapeuta para mejorar el equilibrio y la fuerza muscular y reducir el riesgo de caídas.
  • Adultos mayores con alto riesgo de caídas a quienes se les debe ofrecer una evaluación multifactorial del riesgo de caídas para informar intervenciones individualizadas y personalizadas.

 

La inmensa mayoría de las lesiones pueden prevenirse; sin embargo, la consideración tradicional de las lesiones como «accidentes» ha ocasionado el histórico abandono de este ámbito de la salud pública9.

Por todo ello, las caídas se consideran un reto para todo profesional que atiende a pacientes de edad avanzada. Los servicios geriátricos especializados, con su enfoque multidisciplinario y el seguimiento de los pacientes, están bien situados para desempeñar un papel de liderazgo en la implantación de innovaciones interfactoriales que han demostrado disminuir el número de caídas6.

VALORACIÓN GERIÁTRICA INTEGRAL:

Los objetivos de la prevención de caídas son conseguir la máxima movilidad del anciano, reducir la morbimortalidad y la discapacidad. Como en otros aspectos de esta especialidad, el abordaje debe ser interdisciplinario2,3, coexistiendo actuaciones médicas, rehabilitadoras, psicosociales y del entorno ambiental2.

La Valoración multidimensional (valoración geriátrica integral VGI) es un instrumento útil de valoración del anciano frágil, que permite estructurar las acciones concretas a adoptar en base a los problemas detectados. Entre ellas, destacaría las dirigidas a la actividad física, la nutrición, los síndromes geriátricos, polimedicación, etc. En esta población es importante el correcto abordaje de cuadros clínicos específicos y enfermedades crónicas (depresión, diabetes, osteoporosis, artrosis, episodios cardiovasculares y su prevención, etc.), síndromes de especial prevalencia en población mayor frágil (delirium, incontinencia, deterioro cognitivo, inestabilidad y caídas, desnutrición) y otros que se relacionan entre las causas de fragilidad y dependencia12.

La valoración integral es el instrumento técnico específico de la medicina geriátrica. La aplicación de esta técnica, no sustitutiva de la historia clínica habitual, pero sí necesariamente complementaria de ella, tiene diferentes grados de complejidad. Donde la evaluación de la función tiene una importancia crucial ya que da un valor pronóstico vital y funcional tanto cuantitativo como cualitativo, siendo una forma muy frecuente de manifestación de la enfermedad, y un medio fundamental en la evaluación del éxito o el fracaso terapéutico. Se considera la valoración geriátrica la herramienta o metodología fundamental de diagnóstico global en que se basa la clínica geriátrica a todos los niveles asistenciales. La evaluación del estado funcional es fundamental en el diagnóstico y seguimiento de las caídas. Múltiples estudios han demostrado que las medidas de evaluación funcional constituyen un fuerte predictor de morbilidad y mortalidad. En el ámbito comunitario, la valoración geriátrica puede retrasar el desarrollo de dependencia funcional, las caídas y disminuir la institucionalización. Una evaluación correcta identifica áreas deficitarias que no son evidentes con la evaluación tradicional, además a escala comunitaria permite señalar aquellas áreas más necesitadas de recursos sanitarios y sociales2.

Muchos aspectos del funcionamiento físico se deterioran con la edad y la inactividad. Las deficiencias en la fuerza muscular, el control del equilibrio y la marcha son factores de riesgo particularmente importantes de caídas. Revisiones sistemáticas han encontrado que las personas con problemas para caminar tienen el doble de probabilidades de caerse que las que no los tienen, y que las medidas de equilibrio y movilidad como la escala de equilibrio de Berg, el Timed Up and Go Test y el Five Times Sit-to- Stand Test puede identificar personas con mayor riesgo de sufrir caídas en el futuro14.

Tanto la guía NICE sobre prevención de caídas como las sociedades británica y americana de Geriatría recomiendan un cribado anual de las personas mayores de 65 años sobre antecedentes de caídas y la presencia de trastornos de la marcha y el equilibrio12.

Según se recoge en la guía NICE revisada en el 201915, se debe considerar una intervención multifactorial individualizada a todas las personas mayores con caídas recurrentes o consideradas con mayor riesgo de caídas. En los programas de intervención multifactoriales exitosos, los siguientes componentes específicos son comunes (en un contexto de diagnóstico general y tratamiento de las causas y factores de riesgo reconocidos):

  • Entrenamiento de fuerza y equilibrio.
  • Evaluación e intervención de peligros en el hogar.
  • Evaluación de la visión y referencia.
  • Revisión de medicación con modificación/ retiro.

 

Además, indica evaluar déficits en marcha y equilibrio en personas mayores con riesgo o con una o más caídas en último año mediante escalas validadas (Timed Up and Go Test, Performance-oriented assessment of mobility problems (Tinetti scale), Berg Balance Scale, Short Physical Performance Battery (SPPB) y test de velocidad de la marcha)15.

En el documento consenso sobre la prevención de fragilidad y caídas en la persona mayor12 se recogen como las pruebas más validadas y empleadas en nuestro medio son las que se presentan a continuación. El documento recoge que estas pruebas son de utilidad clínica fundamental las medidas basadas en la ejecución la detección de sujetos en riesgo de deterioro funcional.

– La prueba “Short Physical Performance Battery” (SPPB), de uso cada vez más extendido. Es el único test diseñado específicamente para predecir la discapacidad y ha demostrado capacidad para predecir eventos adversos, dependencia, institucionalización y mortalidad. El SPPB es uno de los test más validados y fiables para detectar la fragilidad y predecir la discapacidad. Ha sido recomendada como medida objetiva de limitaciones de la movilidad.

– El test de “levántate y anda” cronometrado (Timed Up and Go Test “TUG”), fue diseñado específicamente para cuantificar la movilidad135 y ha demostrado su valor predictivo del deterioro en el estado de salud y las actividades de la vida diaria, así como de caídas, de manera similar a la velocidad de la marcha; la evidencia como herramienta predictora de discapacidad incidente es más escasa136. También está validado para evaluar el riesgo de caídas y ha sido validado recientemente como herramienta diagnóstica de fragilidad.

– La velocidad de la marcha es la prueba objetiva de evaluación de limitación funcional más frecuente en la bibliografía. En estudios longitudinales ha demostrado capacidad de predecir eventos adversos como hospitalización, fragilidad, caídas, dependencia y mortalidad; además, es uno de los componentes del fenotipo de fragilidad de Fried. Los test más utilizados son los que calculan la velocidad en distancias de 2,4 metros, 4 metros ó 6 metros, realizados a velocidad del paso habitual.

Existe evidencia de la eficacia para determinar el riesgo de caídas de las pruebas de levántate y anda cronometrado (TUG), velocidad de la marcha y batería SPPB.

El equipo de expertos de la Registered Nurses’ Association of Ontario (RNAO) establece que el mejor momento para realizar el cribado y establecer el riesgo de sufrir una caída en un centro sociosanitario sería al comienzo del ingreso en el centro residencial o tras cualquier cambio significativo del estado de salud del residente. La valoración del riesgo de caídas ayuda a orientar las intervenciones que demuestran que disminuyen el propio riesgo. Es primordial realizar a todos los residentes en el momento de su ingreso porque éste se considera factor extrínseco de riesgo de caídas (Nivel de evidencia V. Recomendación 1.A). Al realizar una valoración inicial se identifican todos los factores de riesgo para el residente que se relacionan con las caídas. Para disminuir su incidencia se pueden utilizar escalas para identificar a los residentes con riesgo de caídas, en el caso de la RNAO utilizan la escala de J.H. Downton, que se trata de una escala validada, fácil y aplicable en diferentes ámbitos asistenciales, consta de 5 ítems y el punto de corte se sitúa en 3 o más, indicando alto riesgo de caídas. Los factores de riesgo para el residente deben de ser reevaluados tras una caída (Nivel de evidencia V y III. Recomendación 1.2b y 3.1), tras un cambio significativo en el cambio de salud del residente como puede ser un empeoramiento neurológico y mental, deterioro del estado general, debilidad muscular, uso de medicación de riesgo (Nivel de evidencia Ia, Recomendación 1.1)16.

La valoración del riesgo de caídas se recoge en los programas de Atención Primaria de las CCAA. La forma de recoger esta información no es homogénea en todos los programas; en algunas CCAA preguntan sobre el historial de caídas del paciente o valoran el riesgo de caídas, sin referenciar ninguna escala concreta de valoración del riesgo, en otras la valoración del riesgo de caídas se realiza utilizando también la escala de Downton12.

En las Directrices mundiales para la prevención y el tratamiento de caídas en adultos mayores, se recogen las siguientes recomendaciones13.

El deterioro de la marcha y el equilibrio es uno de los dominios que predice de manera más consistente futuras caídas (GRADO: 1B.).

Las pruebas de función física de la marcha y el equilibrio pueden ayudar a elegir ejercicios de prevención de caídas, prescribir el nivel de dificultad y la dosis y controlar el progreso.

Las herramientas de evaluación que son útiles y comúnmente utilizadas en la evaluación de la marcha y el equilibrio incluyen: velocidad de la marcha, prueba Timed Up and Go (TUG), prueba Get Up And Go no cronometrada, escala de equilibrio de Berg, prueba de soporte en silla (CST) y Batería Corta de Rendimiento Físico (SPPB).

Se recomienda incluir la velocidad de la marcha para predecir el riesgo de caídas. GRADO: 1A.) Como alternativa, se puede considerar la prueba Timed Up and Go, aunque la evidencia para la predicción de caídas es menos consistente (GRADO: 1B.)

El SPPB incluye pruebas cronometradas de sentarse y pararse, equilibrio al estar de pie y caminar y se ha demostrado que es sensible al cambio en estudios de intervención. El TUG es otra opción popular, ya que combina la evaluación de levantarse después de estar sentado, caminar y girar. La prueba Get Up and Go no cronometrada proporciona información cualitativa similar.

La prueba que se recomienda para la estratificación del riesgo, es el uso de la velocidad de la marcha, con un valor de corte de <0,8 m/s sobre la base de su capacidad predictiva y simplicidad.

Alternativamente, se puede utilizar la prueba Timed Up and Go (TUG), con un valor de corte de >15 segundos, aunque la evidencia sobre la estratificación del riesgo de caídas es mixta. Existe evidencia de que el TUG predice caídas en adultos con bajo funcionamiento.

Se recomienda no realizar pruebas de detección del riesgo de caídas para identificar a los residentes de residencias de ancianos con riesgo de sufrir caídas y recomendamos que se considere que todos los residentes tienen un alto riesgo de sufrir caídas. (GRADO: 1A.)

Recomendamos realizar una evaluación multifactorial del riesgo de caídas en el momento del ingreso para identificar los factores que contribuyen al riesgo de caídas e implementar intervenciones adecuadas para evitar caídas y lesiones relacionadas con caídas en adultos mayores residentes en residencias de ancianos. (GRADO: 1A.)

En la Guía de Práctica clínica para prevención y el manejo de las caídas del 2022 se recogen las siguientes escalas para implementar en las evaluaciones objetivas, al igual que en los documentos anteriores aparecen los test Short Physical Performance Battery, Timed Up and Go y el 10 Meter Walk Test, además de la Berg balance Scale, Single leg stance, Prueba de equilibrio de 4 etapas: evalúa el equilibrio, Sit to stand x 5 y el Alternate Step test17.

EJERCICIO FÍSICO TERAPÉUTICO:

En general, según la OMS las recomendaciones de actividad física para adultos mayores de 65 años se aplican las mismas recomendaciones que para los adultos. Como parte de su actividad física semanal, los adultos mayores deberían realizar actividades físicas variadas con diversos componentes, que hagan hincapié en el equilibrio funcional y en un entrenamiento de la fuerza muscular moderado o de mayor intensidad, tres o más días a la semana, para mejorar la capacidad funcional y prevenir las caídas.

Las recomendaciones para los adultos serían: realizar actividades físicas aeróbicas moderadas durante al menos 150 a 300 minutos o actividades físicas aeróbicas intensas durante al menos 75 a 150 minutos; o una combinación equivalente de actividades moderadas e intensas a lo largo de la semana. Se puede prolongar la actividad física aeróbica moderada más allá de 300 minutos; o realizar actividades físicas aeróbicas intensas durante más de 150 minutos; o una combinación equivalente de actividades moderadas e intensas a lo largo de la semana para obtener beneficios adicionales para la salud y deberían limitar el tiempo dedicado a actividades sedentarias18.

La participación periódica en actividades físicas moderadas puede retrasar el declive funcional y reducir el riesgo de enfermedades crónicas tanto en los ancianos sanos como en aquellos que sufren enfermedades crónicas. El hecho de mantenerse activas puede ayudar a las personas mayores a mantener la mayor independencia posible y durante el mayor período de tiempo, además de reducir el riesgo de caídas9.

Las investigaciones sobre la prevención de caídas han demostrado que mejorar la salud personal y abordar los factores externos peligrosos puede ser eficaz para prevenir las caídas7.

El ejercicio tiene un efecto positivo sobre las caídas, incluso sobre las más graves. Las intervenciones de ejercicios de componentes múltiples son efectivas para reducir la tasa y el riesgo de caídas. Hay evidencia sobre la efectividad de tres enfoques diferentes, de programas de actividad física, para reducir la tasa y el riesgo de caídas: ejercicios en grupo de componentes múltiples (que engloba ejercicios de resistencia, equilibrio y fuerza), Tai Chi como ejercicio grupal, y ejercicios de componentes múltiples prescritos de forma individual realizados en el hogar. Los programas de entrenamiento de fuerza en mayores constituyen por sí mismos una medida preventiva eficaz para retrasar la aparición de pérdida de fuerza y masa muscular, disminución de la capacidad funcional y fragilidad. La práctica de ejercicio físico es la intervención más eficaz para retrasar la discapacidad y los eventos adversos que asocia habitualmente el síndrome de la fragilidad. El entrenamiento de fuerza y los programas multicomponente, en particular, cada vez tienen más resultados favorables en este grupo poblacional y sus efectos son más destacados en otros dominios del síndrome como las caídas y el deterioro cognitivo12.

Tanto la guía NICE sobre prevención de caídas como las sociedades británica y americana de Geriatría incluyen el ejercicio físico, la revisión de la medicación y la intervención sobre los riesgos del hogar como componentes de una intervención para la prevención de caídas, ya que las intervenciones de componentes múltiples son eficaces para reducir el número de personas que se caen y la tasa de caídas12.

Las pautas recomendadas por la guía NICE son el entrenamiento de fuerza y equilibrio. Las intervenciones multifactoriales (que incluyen prescripción de ejercicio) puede reducir la tasa de caídas y reducir ligeramente el riesgo de que las personas mayores sufran uno o más caídas y caídas recurrentes (definidas como dos o más caídas dentro de un período de tiempo específico). Estas intervenciones deben ser prescritas y controladas individualmente por un profesional debidamente capacitado.

En la revisión de la Cochrane 201914, se señala que, con el aumento de la edad y la menor actividad, se deterioran muchos aspectos de la funcionalidad física, siendo los déficits de la fuerza muscular, el control del equilibrio y la marcha factores de riesgo de caídas muy importantes. Indica que es probable que los ejercicios que abordan estas deficiencias reduzcan el riesgo de caídas. Se ha encontrado que el ejercicio mejora tanto la fuerza como el equilibrio en las personas mayores, es probable que el ejercicio tenga un efecto de prevención de caídas a través de su impacto sobre estos factores clave de riesgo de caídas. Además, el ejercicio reduce el miedo a caer, que también es un fuerte predictor de caídas. Una revisión Cochrane anterior encontró que el ejercicio como intervención única previene las caídas y es la intervención de prevención de caídas única más comúnmente probada. Las intervenciones con ejercicios son efectivas cuando se realizan en un entorno grupal o individual. Las características óptimas de los programas exitosos de ejercicios de prevención de caídas aún no están claras, pero los programas que son multicomponentes (p. ej., apuntan tanto a la fuerza como al equilibrio) y los programas que incluyen entrenamiento del equilibrio parecen ser particularmente efectivos, pero no se sabe con certeza el efecto del ejercicio de resistencia (sin ejercicios funcionales ni de equilibrio), la danza o la caminata sobre la tasa de caídas. Como la mayoría de las fracturas en personas mayores se deben a caídas, el ejercicio tiene el potencial de prevenir fracturas, se sugiere que el ejercicio puede prevenir fracturas y lesiones relacionadas con caídas14.

En las Directrices mundiales para la prevención y el tratamiento de caídas en adultos mayores13 se recomienda a todos los adultos mayores, independientemente de su riesgo evaluado de caídas o de su edad, programas que incluyan ejercicios funcionales y de equilibrio (p. ej., sentarse y pararse, caminar) con una grado de recomendación 1A, programas que incluyan ejercicio multicomponente (es decir, múltiples tipos de ejercicio), más comúnmente ejercicios funcionales y de equilibrio con ejercicio de fuerza  con un GRADO: 1B y Tai Chi con un GRADO: 1B.

Los ejercicios individuales supervisados ​​en residencias de ancianos como estrategia de prevención son eficaces y deben ofrecerse a quienes deseen y puedan participar. Los programas que probablemente sean más efectivos cuando se individualizan según las capacidades y preferencias funcionales de los residentes incorporan una combinación de ejercicios que incluyen equilibrio y fuerza, así como modificaciones ambientales y capacitación del personal en la prevención de caídas. Dado el alto nivel de discapacidad en este grupo, cuando sea posible, se debe consultar a un especialista en ejercicio para que brinde asesoramiento especializado y personalizado sobre ejercicio y actividad física. Se especifica que los programas de ejercicio deben ser impartidos por profesionales debidamente capacitados que puedan adaptar los ejercicios adecuadamente al estado funcional y las comorbilidades, en este caso aparece concretamente que estos profesionales podrían ser fisioterapeutas13. Además, la disponibilidad de personal capaz de atender las necesidades de los pacientes mayores también puede tener un impacto en el riesgo de caídas19.

Las intervenciones más prometedoras según la OMS19 son:

  • Intervenciones multifactoriales que incluyen más de un componente adaptado a el perfil de riesgo de caídas del residente individual.
  • Intervenciones multicomponentes (estandarizados programas multicomponentes). Los programas ofrecen menos beneficios que los diseñados individualmente, pero se ha descubierto que reducen la tasa y el riesgo de caídas entre las personas mayores que viven en residencias.
  • Ejercicio de fuerza y equilibrio. El ejercicio puede ser más efectivo y apropiado como una intervención para los residentes menos frágiles que los residentes más frágiles. El entrenamiento de equilibrio y fuerza parece ser el ejercicio más eficaz. Las personas en acogimiento residencial deben recibir atención regular y oportunidades seguras para estar activo y para el bienestar general y, en particular, realizar ejercicios específicos y supervisados de prevención de caídas, con programas que mejoran de forma segura el equilibrio, la marcha, la fuerza y la función.
  • Educación del paciente sobre riesgos y prevención de caídas.

 

Las intervenciones con fuerte recomendación son19.

  • Intervenciones multifactoriales: implican evaluaciones individuales del riesgo de caídas seguidas de evaluaciones personalizadas combinaciones de derivaciones e intervenciones, dependiendo de los riesgos identificados. Tienen la más fuerte evidencia como intervención para prevenir caídas entre personas mayores en centros de atención residencial. Estos varían considerablemente en su contenido y no hay evidencia clara sobre qué componentes específicos son los más importantes, aunque el ejercicio es un componente de intervención multifactorial exitoso.

 

En el anexo 1, se recogen las recomendaciones para la intervención de las caídas en residencias que presentan fuerte recomendación13,17.

En la guía de manejo y prevención de caídas17, se indica que los ejercicios de prevención de caídas deben estar dirigidos a la comunidad en general, así como a los habitantes de la comunidad con mayor riesgo de caídas, y que ese ejercicio se puede realizar en casa o en grupo. También recomienda que los programas de ejercicios deben incluir ejercicios de equilibrio, funcionales o de componentes múltiples. Los programas son más efectivos si su objetivo es proporcionar un desafío alto o moderado al equilibrio de un individuo, y si se Incorpora la práctica de habilidades para levantarse de una caída o del suelo. Se debe educar a las personas sobre la importancia del ejercicio continuo para mantener el beneficio del ejercicio en la prevención de caídas.

PROFANE20:

Cabe destacar el trabajo de la Red Europea de Prevención de Caídas (ProFaNE). ProFaNE es un proyecto de 4 años de duración que se inició en enero de 2003 y que persigue la mejora y estandarización de los procesos de asistencia sanitaria mediante la introducción y promoción de estándares de práctica clínica correcta en toda Europa. Esta red temática formada por 25 miembros proporcionaron sus respectivos conocimientos en talleres, seminarios y conferencias en las que expertos y observadores pudieron intercambiar ideas para ponerlas en práctica y conseguir una intervención multifactorial efectiva. En virtud de las recomendaciones de PROFANE, muchos países han adoptado nuevas estrategias a nivel nacional en la prevención de caídas.

Los expertos se centraron principalmente en cuatro temas:

1) Taxonomía y coordinación de los ensayos (creación de una red de lugares de intervención para la prevención de caídas, facilitar tecnología a los participantes, impulsar los ensayos multicentros en Europa).

2) Evaluación y gestión clínica (impulsar enfoques prácticos y generalizados en la evaluación de personas mayores de acuerdo con el conocimiento de expertos en la materia).

3) Evaluación del equilibrio (cooperación en la investigación, identificación de áreas, instrumentos y procedimientos en los que todavía es necesario seguir avanzando y alcanzar un consenso).

4) Aspectos psicológicos de las caídas (identificación de los factores psicológicos que contribuyen a las mismas, comportamiento de los ancianos o desarrollo de índices de autoevaluación para la eliminación del riesgo de caída de cada persona, por ejemplo, la elaboración de un nuevo cuestionario Escala de Eficacia de Caídas (“Falls EfficacyScale (FES)”) que ya se ha homologado en algunos países europeos.

La red temática ProFaNe tiene el objetivo de consolidar y difundir las prácticas correctas respecto a la taxonomía y la metodología de los ensayos clínicos, así como para la elaboración de protocolos detallados de evaluación clínica, programas de prevención multifactoriales y de tratamiento respecto a los grupos de población con riesgo de caídas

La Red desarrolló de forma específica una clasificación del tipo de ejercicio a implementar en la intervención múltiple como: entrenamiento de marcha, equilibrio y funcional (tareas); fuerza/resistencia (incluida la potencia); flexibilidad; ejercicio tridimensional (3D) (p.ej. Tai Chi, danza); actividad física general; resistencia; y otro tipo de ejercicios.

PUNTOS CLAVE13:

  • La población mundial está envejeciendo. Las caídas y las lesiones relacionadas son cada vez más comunes, lo que hace que su prevención y tratamiento sean un desafío global crítico.
  • La búsqueda oportunista de casos es necesaria ya que los adultos mayores pueden no presentarse después de una caída y pueden ser reacios a informar sobre las caídas.
  • Las intervenciones multidominio adaptadas a los factores de riesgo individuales, cuando se realizan, son efectivas.
  • Se pueden prevenir muchas caídas. La prevención de caídas y lesiones necesita un manejo multidisciplinario.
  • Es esencial involucrar a los adultos mayores es esencial para la prevención de caídas y lesiones: comprender sus creencias, actitudes y prioridades sobre las caídas y su manejo es crucial para intervenir con éxito.
  • La gestión de muchos de los factores de riesgo de caídas (por ejemplo, problemas de marcha y equilibrio) tiene beneficios más amplios que la prevención de caídas, como la mejora de las capacidades intrínsecas (salud física y mental), el funcionamiento y la calidad de vida.
  • Los sanitarios capacitados y con recursos simples pueden realizar estimaciones del riesgo de futuras caídas.
  • Las intervenciones multidominio (es decir, una combinación de intervenciones adaptadas al individuo), cuando se aplican, son efectivas para reducir la tasa de caídas en adultos mayores de alto riesgo que viven en la comunidad.
  • En residencias y entornos hospitalarios, todos los adultos mayores deben considerarse de alto riesgo y se debe considerar una evaluación integral estándar seguida de intervenciones multidominio.
  • Es posible que sea necesario modificar los enfoques de evaluación e intervenciones para adultos mayores con ciertas afecciones médicas asociadas con una mayor probabilidad de caídas.

 

CONCLUSIÓN

Las caídas han persistido durante las últimas tres décadas como una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial7.

El envejecimiento poblacional abre grandes retos a las sociedades que acogen a los ancianos, si el envejecimiento incrementa el riesgo de caídas, se inicia el reto de «dar calidad a la cantidad» de años conseguidos identificando precozmente los factores de riesgo asociados a las caídas para prevenir este problema geriátrico, pues, de hecho, al evitar una caída se está evitando sus consecuencias. El personal sanitario y los familiares deben estar concientizados de que un elevado porcentaje de caídas son evitables, debiéndose controlar la multicausalidad que puede provocarlas. La prevención de las caídas es parte primordial del manejo de los adultos mayores y quienes se ocupen de ellos. Se deben identificar cuáles son los factores de riesgo y tomar las medidas adecuadas en cada caso para disminuir el impacto negativo de este gran problema social2.

Por todo ello, las caídas se consideran un reto para todo profesional que atiende a pacientes de edad avanzada. Los servicios geriátricos especializados, con su enfoque multidisciplinario y el seguimiento de los pacientes, están bien situados para desempeñar un papel de liderazgo en la implantación de innovaciones interfactoriales que han demostrado disminuir el número de caídas. Así pues, se debe comenzar a trabajar desde la adaptación de los factores ambientales y seguir con la intervención con ejercicio, ya que son los aspectos más accesibles a las posibilidades de las instituciones6. Además, los beneficios de la actividad física se extenderían más allá de la fragilidad y la funcionalidad física, hasta la prevención de caídas, el deterioro cognitivo y la mejora del bienestar emocional de esta población12.

Las caídas son un gran problema de salud que supone una importante carga personal, financiera y para el sistema sanitario. Es ampliamente reconocido que el enfoque para la prevención de caídas debe ser multifactorial, aunque a menudo la atención se ha centrado en métodos unimodales. Abordar las mejores prácticas clínicas para cada uno de los factores de riesgo podría incorporarse a la práctica clínica mediante métodos multimodales. Además, la identificación y la intervención de los factores de riesgo deben ser un proceso cíclico, centrándose en cada factor de forma continua hasta que se aborden todos los factores de riesgo modificables. Se debe utilizar un enfoque de equipo en la prevención de caídas, en el que todos los miembros del equipo multidisciplinario refuercen el mismo mensaje17.

La mayoría de las caídas se pueden prevenir con las medidas adecuadas y está surgiendo un conjunto de evidencia para intervenciones efectivas y prometedoras para la prevención de caídas para informar nuestra respuesta. Sin embargo, hay principios clave emergentes, como fomentar y permitir la vida a lo largo de toda la vida. actividad física, reducir los peligros ambientales y hacer cumplir políticas que fomenten culturas y entornos de seguridad que repercutan en todas las poblaciones, a lo largo de la vida y en una amplia gama de entornos. A medida que aumenta el número de personas con riesgo de sufrir caídas, está claro que aceptar las caídas como “accidentes” inevitables ya no es una opción19.

 

BIBLIOGRAFÍA

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  2. Martínez González Bárbara Madeleidy, Hernández Falcón Nurmy, Díaz Camellón Dunia Justa, Arencibia Márquez Francys, Morejón Milera Adnery. Envejecimiento y caídas. Su impacto social. Rev. Med. Electrón. 2020; 42 (4): 2066-2077.
  3. Calero, M. J;  López-Cala, G;  Ortega, A. R;  Cruz-Lendínez, A.J. Prevención de caídas en el adulto mayor.  European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education. 2016; 6 (2): 71-82.
  4. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Informe sobre estadísticas de salud. OCDE: 2017.
  5. Proyecciones de Población 2022-2072. INE. 2022. P: 1-18.
  6. Samper Lamenca Blanca; Allona López Sara; Cisneros Larrea Laura; Navas Ferrer Carlos; Marín Labanda Raquel. Analysis of the falls in a residence of elderly and the environmental influence. Gerokomos. 2016; 27 (1): 2-7.
  7. James SL, Lucchesi LR, Bisignano C, Castle CD, Dingels ZV, Fox JT, Hamilton EB, Henry NJ, Krohn KJ, Liu Z, McCracken D, Nixon MR, Roberts NLS, Sylte DO, Adsuar JC, Arora A, Briggs AM, Collado-Mateo D, Cooper C, Dandona L, Dandona R, Ellingsen CL, Fereshtehnejad SM, Gill TK, Haagsma JA, Hendrie D, Jürisson M, Kumar GA, López AD, Miazgowski T, Miller TR, Mini GK, Mirrakhimov EM, Mohamadi E, Olivares PR, Rahim F, Riera LS, Villafaina S, Yano Y, Hay SI, Lim SS, Mokdad AH, Naghavi M, Murray CJL. The global burden of falls: global, regional and national estimates of morbidity and mortality from the Global Burden of Disease Study. 2020; 26 (1): i3-i11.
  8. Limón Mendizabal, M.R. Envejecimiento activo: un cambio de paradigma sobre el envejecimiento y la vejez. Aula Abierta, 2018; 47 (1): 45-54.
  9. OMS. Envejecimiento activo: Un marco político. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 2002; 37(2): 74-105.
  10. World Health Organisation (WHO). WHO Falls fact sheet. 2021.
  11. Organización Mundial de la Salud. Caídas. Datos y cifras. Ginebra: OMS; 2018.
  12. Documento de consenso sobre prevención de fragilidad y caídas en la persona mayor. Estrategia de Promoción de la Salud y Prevención en el SNS. Documento aprobado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Madrid. 2013.
  13. World guidelines for falls prevention and management for older adults: a global initiative. Age and Ageing. 2023; 52 (10).
  14. Sherrington_C, Fairhall_NJ, Wallbank_GK, Tiedemann_A, Michale&_ZA, Howard_K, Clemson_L, Hopewell_S, Lamb_SE. Exercise for preventing falls in older people living in the community. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2019.
  15. National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Falls: assessment and prevention of falls in older people. London (UK): National Institute for Health and Care Excellence (NICE); 2013. (NICE Guideline CG161).
  16. Registered Nurses`Association of Ontario. Prevención de caídas y disminución de lesiones derivadas de las caídas. Toronto: RNAO; 2017.
  17. This document is a guide for best practice. South Eastern Sydney Local Health District. Falls Prevention and Management: A Best Practice Guide for Allied Health Professionals. 2022.
  18. World Health Organisation, Regional committee for Europe 66th session, Action Plan for the Prevention and Control of Non comunicable Diseases in the WHO European Region, WHO, Copenhagen, 3rd, 2017.
  19. Step safely: strategies for preventing and managing falls across the life-course. Geneva: World Health Organization; 2021
  20. ProFaNE. Prevention of falls Network Europe. Manual for the fall prevention classification system 2007. Universidad de Manchester (UK).

 

ANEXOS

ANEXO 1: Recomendaciones para la intervención de las caídas en residencias que presentan fuerte recomendación13,17.

No realice pruebas de detección de riesgo de caídas para identificar a los residentes de residencias de ancianos con riesgo de sufrir caídas, ya que se debe considerar que todos los residentes tienen un alto riesgo de sufrir caídas. GRADO: 1A.
Realizar una evaluación multifactorial integral al momento del ingreso para identificar los factores que contribuyen al riesgo de caídas e implementar intervenciones adecuadas para evitar caídas y lesiones relacionadas con caídas en adultos mayores en hogares de ancianos. GRADO: 1C.
Adoptar un enfoque multifacético para la reducción de caídas para los residentes de residencias de ancianos, incluida la formación del personal de las residencias, el uso sistemático de una herramienta de apoyo a la toma de decisiones multidominio y la implementación de acciones de prevención de caídas. GRADO: 1B.
No utilizar restricciones físicas como medida de prevención de caídas en residencias. GRADO: 1B.
Incluir la promoción del entrenamiento físico (cuando sea factible y seguro) como parte de una intervención multidominio de prevención de caídas en residencias de ancianos. GRADO: 1C.
Incluir la promoción de la actividad física (cuando sea factible y segura) como parte de una intervención multidominio de prevención de caídas en residencias de ancianos. GRADO: 1C.
Los adultos con EP en una etapa temprana o media y con deterioro cognitivo leve o nulo se les ofrezcan programas de ejercicio individualizados que incluyen ejercicios de entrenamiento de equilibrio y resistencia. GRADO: 1A.
Se recomienda condicionalmente que se ofrezca entrenamiento físico, centrado en el equilibrio y la fuerza, a personas con EP en fase compleja si se dispone de la supervisión de un fisioterapeuta u otro profesional debidamente cualificado. GRADO: 1C.

 

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