Ejercicio físico y trastornos mentales en una muestra de salud comunitaria

20 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Laura Huerta Melús. Psicóloga interna Residente Hospital Obispo Polanco. Teruel, Aragón, España.
  2. Carmen Martí Sánchez. Licenciada en Psicología. Aragón, España.
  3. Raquel Brinquis Seco. Psicóloga Interna Residente, Hospital Obispo Polanco. Teruel, Aragón, España.
  4. Paula García Jordan. Graduada en Enfermería. Aragón, España.
  5. Isabel Pilar Ros Cardo. Graduada en Enfermería. Aragón, España.

 

RESUMEN

Ejercicio físico y trastornos mentales en una muestra de salud comunitaria.

Resumen: El ejercicio físico puede amortiguar los efectos del estrés y éste a su vez puede influir sobre el inicio y desarrollo de los trastornos mentales. El objetivo del estudio fue examinar la relación entre el ejercicio físico y la salud mental en una muestra de sujetos clínicos. Se analizaron datos descriptivos de la asociación entre la ausencia de la realización de ejercicio físico moderado de forma regular y los trastornos mentales que se pueden ver influidos por el estrés. La muestra estaba compuesta de 229 sujetos clínicos (MD=46.22 años SD=14,30). 89 (38.86%) hombres y 140 (61.13%) mujeres.

Los resultados sugieren que existe un alto porcentaje de pacientes que no practican ejercicio físico. No se ha hallado relación entre la intensidad del ejercicio físico realizado con el tipo de trastorno. No se realizaron mediciones objetivas para cuantificar el ejercicio físico, ni tampoco existió un grupo de control.

PALABRAS CLAVE

Actividad física, trastornos mentales, estrés psicológico, salud mental.

ABSTRACT

Physical exercise and mental disorders in a community mental health sample.

Physical exercise can buffer the effects of stress and at the same time, stress can influence the beginning and development of mental disorders. The aim of the study was to examine the relationship between physical exercise and mental health in a sample of clinical subjects. Descriptive data were analyzed about the association between the absence of regular moderate physical exercise and mental disorders that may be influenced by stress. The sample consisted of 229 clinical subjects (MD=46.22 years SD=14.30). 89 (38.86%) were men and 140 (61.13%) women. The results suggests that there is a high percentage of patients who do not practice physical exercise. No relationship was found between the intensity of the physical exercise and the type of disorder. No objective measurements were made to quantify physical exercise, and there was not a control group to compare the results.

KEY WORDS

Physical activity, mental disorders, psychological stress, mental health.

INTRODUCCIÓN

El incremento en las últimas décadas del sedentarismo a nivel mundial ha despertado el interés por la promoción e investigación de los beneficios que conlleva el ejercicio físico en la salud. Este estilo de vida sedentario implicaría que una gran parte de la población mundial fuese vulnerable ante las enfermedades físicas y muy posiblemente también ante los trastornos psicológicos.

El papel del estrés psicosocial en el inicio y desarrollo de los trastornos mentales ha sido ampliamente estudiado, confirmándose su implicación en la depresión mayor1, así como su evidencia sobre la vulnerabilidad de la psicosis al estrés psicosocial2.

Dado que el ejercicio físico puede ejercer un efecto amortiguador sobre el estrés percibido y el malestar físico3, así como sobre la vulnerabilidad emocional al estrés4, muchos individuos practican ejercicio físico como forma de combatir el estrés psicosocial. Asimismo, la realización de alguna actividad física de forma puntual, produce una modificación de la respuesta psicofisiológica al estrés, observándose en sujetos con buena forma física resultados positivos sobre la respuesta al estrés y por extensión sobre la salud5.

Se han obtenido datos del beneficio del ejercicio físico en la reducción de síntomas clínicos en diversos trastornos mentales6.

De esta manera, existen numerosas investigaciones que respaldan el efecto beneficioso del ejercicio físico sobre la salud mental en trastornos como los depresivos7,8 o los trastornos

de ansiedad9,10,11. Incluso se ha confirmado el efecto preventivo del ejercicio físico sobre los síntomas de ansiedad12,13. Además, existe confirmación sobre el beneficio de su uso en los trastornos por uso de sustancias14. Además, se ha demostrado que el sedentarismo también puede afectar a otras patologías que están muy relacionadas con el estrés, como la esquizofrenia15.

Aunque existe mayor evidencia respecto al beneficio de la actividad aeróbica sobre la depresión, existe evidencia que confirma que el ejercicio de resistencia (anaeróbico) también es efectivo para disminuir los síntomas depresivos16.

En cuanto a la intensidad del ejercicio físico, ésta es una variable que podría condicionar los resultados obtenidos, pero sobre la que existe escasa evidencia y poco concluyente. En algunos estudios se ha hallado que la actividad de intensidad baja a moderada es la que produce una reducción en los síntomas de ansiedad17. En el caso de la depresión, existe evidencia que objetiva que el ejercicio de baja intensidad podría ser tan efectivo como el ejercicio de alta intensidad para reducir la sintomatología18. Sin embargo, otras investigaciones sostienen que son las intensidades más altas las que muestran mayor efecto en la reducción de los síntomas depresivos19. Existen revisiones que no permiten confirmar que la intensidad del ejercicio aeróbico influya en el beneficio sobre los síntomas clínicos. Por otra parte, el ejercicio de tipo anaeróbico, cuya intensidad es moderada, sí parecía estar asociada con una mejoría en el estado de ánimo, superior a la obtenida con las intensidades bajas y altas20. En definitiva, la variabilidad en los datos de los distintos estudios no permite establecer conclusiones claras respecto a la intensidad óptima del ejercicio físico para reducir los síntomas de ansiedad o depresión. Una posible explicación sería la existencia de una gran variabilidad intraindividual tanto en la preferencia como en la respuesta afectiva al ejercicio de diferentes intensidades21.

En nuestro país, la franja de edad donde se realiza ejercicio físico intenso es entre los 16 y los 35 años, y de carácter moderado entre los 36 y 50 años, sin existir diferencias por sexos. La salud mental positiva se ha relacionado significativamente con el ejercicio físico de carácter intenso22. Otros estudios han encontrado que en la adultez tardía (más de 60 años) el 42,7% de los sujetos no realizaba ejercicio físico, un 54.2% realizaba actividad física ligera y el 3% de tipo moderada/intensa. Además, se obtuvo una asociación entre la actividad de carácter ligero con una mayor percepción subjetiva de calidad de vida23.

Por último, resulta imprescindible clarificar, que a pesar de que en algunas publicaciones, o incluso la OMS, utilizan de manera indistinta los términos ejercicio físico o actividad física, en el contexto de la presente investigación se opta por el término ejercicio físico, puesto que tal como se indica en Sandín (2010), actividad física es cualquier actividad (como por ejemplo, labores de la casa), y el ejercicio físico implica una mayor estructura, planificación y que éste se realice de forma repetida.

 

OBJETIVOS E HIPÓTESIS

El objetivo general de la presente investigación es examinar la relación entre el ejercicio físico y la salud mental en una muestra de sujetos clínicos.

Partiendo de este objetivo general, se plantearon como objetivos específicos el análisis de:

1) la relación entre la práctica de ejercicio físico y los trastornos mentales más proclives a ser influidos por el estrés (como pueden ser los Trastornos Depresivos, Trastorno distímico, Trastornos de Ansiedad, Trastorno mixto ansioso depresivo o los Trastornos Adaptativos).

2) la relación entre la intensidad del ejercicio físico practicado y la presencia de los distintos trastornos mentales.

Las principales hipótesis que se derivan de los objetivos del estudio son:

-Hipótesis 1: Existe un porcentaje alto de pacientes que padecen trastornos mentales que no realizan ejercicio físico (al menos, de intensidad moderada) de forma regular.

-Hipótesis 2: Existe una relación entre los distintos trastornos mentales y la intensidad del ejercicio físico, de forma que determinados trastornos presentarán mayor porcentaje de ejercicio físico con determinada intensidad.

 

MÉTODO

Participantes:

La muestra total se compone de 229 sujetos clínicos mayores de 18 años. Del total, 89 (38.86%) eran hombres y 140 (61.13%) mujeres. Las edades estuvieron comprendidas entre 19 y 80 años (M=46,22 DT=14,30). Los sujetos fueron clasificados en edad en tres grupos: de 18 a 38 años (n 69, lo que supone un 30.13% del total de la muestra), 39 a 59 años (n 116, 50.65%) y 60 a 80 años (n 44, 19.21%).

Del total de la muestra (229) hubo 12 pacientes con Trastorno depresivo mayor (5,2%), 9 con Trastorno distímico (3,9%), 42 sujetos con Trastorno de ansiedad generalizada (18.3%), 42 sujetos con Trastorno mixto ansioso-depresivo (18.3%) y 80 sujetos con Trastorno adaptativo (34.9%).

Instrumentos de evaluación:

Mediante la historia clínica del sujeto se recabaron los datos referentes al diagnóstico, según CIE 10. Los datos referentes al ejercicio físico, como tipo y frecuencia, se obtuvieron mediante cuestionario anónimo facilitado durante la entrevista clínica. Los datos sociodemográficos como sexo y edad (fecha de nacimiento) fueron recogidos en el mismo cuestionario.

Para cuantificar el ejercicio físico realizado, se siguieron las directrices de la OMS (Organización Mundial de la Salud) recogidas en la Guía Recomendaciones mundiales sobre actividad física para la salud. Como forma de clasificar los datos relativos al ejercicio físico, se formaron dos categorías en base a la información aportada por la OMS: intensidad moderada (es la que acelera de forma perceptible el ritmo cardiaco) que pueden ser ejercicios como caminar a paso rápido, bailar, caza y recolección tradicionales, trabajos de construcción o tareas domésticas. En nuestro estudio se incluyeron en esta categoría el paseo y el baile. El ejercicio físico intenso (que requiere una gran cantidad de esfuerzo y provoca una respiración rápida y un aumento sustancial de la frecuencia cardíaca), comprende el footing, deportes de montaña, ciclismo, natación, deportes de equipo o trabajo intenso con pala o excavación de zanjas. De acuerdo a esta información, clasificamos como intensidad alta de las reportadas por los sujetos el ciclismo, correr, crossfit, escalada, fútbol, gimnasio, montaña, natación, parkour, senderismo y skate. Se han incluido también otras actividades informadas por los sujetos con son chi kung, pilates y yoga que no están incluidas en esta clasificación por intensidad de la OMS, que en este estudio hemos clasificado como intensidad ligera.

Se tuvieron en cuenta las actividades que tuvieran mínimo una frecuencia informada de 3 veces/semana. Basándonos en las recomendaciones de la OMS, sólo se incluyeron las actividades que los participantes reportaban con una duración mínima semanal de al menos 75 minutos si era ejercicio físico intenso, o bien de 150 minutos si se trataba de ejercicio físico moderado. Las actividades informadas cuya duración o frecuencia no cumpliesen estos mínimos, no fueron consideradas durante la recogida de datos.

Procedimiento:

La realización de este estudio fue aprobada por el Comité de Ética y de investigación de Aragón (CEICA) y fue llevado a cabo entre los meses de enero y marzo de 2022.

La muestra fue seleccionada mediante muestreo por conveniencia, en base a la disponibilidad de los sujetos clínicos, por ser atendidos en un Centro de Salud Mental de Adultos del sector Teruel (Aragón). Este territorio comprende las comarcas de Albarracín, Jiloca, Cuencas Mineras, Gúdar-Javalambre, Maestrazgo y Teruel.

No existieron criterios de exclusión. Los criterios de inclusión eran que el sujeto hubiese acudido al menos a una primera consulta en el Centro de Salud Mental y que cumpliese criterios diagnósticos de algún trastorno recogido en CIE 10.

Los participantes que cumplían los criterios y aceptaban participar en el estudio, previa firma del consentimiento informado, rellenaban un cuestionario anónimo informando de su fecha de nacimiento, sexo, el ejercicio físico que se practica, así como la frecuencia y duración de la misma. Por parte del investigador, se añadía el diagnóstico consultado en la historia clínica.

Análisis estadístico de los datos

Se realizó un análisis descriptivo básico tanto de la edad de los participantes (media y desviación) como del ejercicio físico y del diagnóstico (frecuencia y porcentaje). Para analizar la posible asociación entre el diagnóstico e intensidad del ejercicio físico se utilizó la prueba chi cuadrado. Además, se analizó la relación mediante tablas cruzadas de variables como la edad y la intensidad del ejercicio físico; y el sexo y la intensidad del ejercicio físico. El análisis de datos fue realizado con el programa estadístico SPSS 25.

 

RESULTADOS

Comprobamos que un 23.1 % (53 de los sujetos) realizaba ejercicio físico con carácter moderado y un 11.3% (26 sujetos) realizaba ejercicio de carácter intenso. Una porción muy pequeña de los sujetos (1.7%, 4 sujetos) realizaba únicamente actividades cuya intensidad hemos clasificado como ligera. Además, un 7.4 % (17 sujetos) realizaba varias actividades que se encuadran dentro de ejercicio físico intenso y que vienen especificadas en la tabla 5. Es decir, del total de la muestra, teniendo en cuenta que 17 sujetos realizaban varias actividades, un total de 43 sujetos (18.7%) practicaban ejercicio físico con carácter intenso. Por otra parte, un 56.3 (129 sujetos) no realizaba ninguna actividad. Es decir, los datos reflejan que un porcentaje muy alto de los participantes no realizaban ejercicio físico.

Centrándonos en exponer de forma descriptiva la frecuencia de trastornos emocionales que puedan estar más influidos por el estrés, para los que focalizamos nuestra atención en los Trastornos depresivos y distímicos, de ansiedad generalizada, Trastorno mixto ansioso depresivos y los adaptativos, obtuvimos que un 80.6% de la muestra (185 sujetos) estaba formada por sujetos con alguno de estos diagnósticos.

A continuación, describimos los datos obtenidos sobre la relación del diagnóstico con el ejercicio físico. Comprobamos que, de los sujetos con trastorno depresivo mayor, un 66% (8 sujetos) no realizaba ninguna actividad, 1 (8.3%) realizaba ejercicio físico moderado y otros 3 (25%) ejercicio físico intenso. De los pacientes con trastorno distímico, 7 (77.7%) no realizaban ninguna actividad y 2 (22.2%) realizaban ejercicio físico moderado. De los sujetos con trastorno de ansiedad generalizada, 26 de ellos (61.9%) no realizaban ninguna actividad, 7 (16.6%) realizaban ejercicio físico con carácter moderado, 6 (14.2%) con intensidad alta y, por último, 3 (7.1%) realizaban ejercicio físico de intensidad ligera. En cuanto a los sujetos por trastorno mixto ansioso-depresivo, 23 de ellos (54.7%) no realizaban ninguna actividad, 11 (26.1%) realizaban ejercicio físico moderado y 8 (19%) de los sujetos realizaban ejercicio físico intenso. Por último, de los sujetos con diagnóstico de trastorno adaptativo, 46 de ellos (57.5%) no realizaban ejercicio físico, 22 (27.5%) lo realizaban con intensidad moderada y 12 (15%) con carácter intenso. Comprobamos que, diferenciando por diagnóstico los resultados obtenidos sobre la intensidad del ejercicio físico practicado, se ha hallado que más de la mitad de los sujetos no realizaban ninguna actividad.

Para analizar si existe relación entre la intensidad del ejercicio físico practicado y los grupos de trastornos mentales, se aplicó una prueba Chi cuadrado. El valor obtenido para Chi cuadrado en este análisis ha sido 8,801a (p > .05). El análisis no permitió rechazar la hipótesis nula. Esto implica que las variables diagnóstico e intensidad del ejercicio físico son independientes, es decir, que no existe una asociación entre ambas variables que resulte significativa.

En cuanto a la relación entre el sexo y la intensidad del ejercicio físico, se ha hallado que un 57.1% (80) de las mujeres no realizaban ejercicio físico. De las mujeres, un 23.5% (33) realizaban ejercicio físico moderado, un 17.1% (24) realizaban de intensidad alta y un 2.1% (3) ligera. De los hombres, un 55.05% (49) no realizaban ninguna actividad, un 22.47% (20) realizaban ejercicio físico con carácter moderado, un 21.34% (19) con carácter intenso, y un 1.12% (1) ligero. En la figura 2 se representan los porcentajes de intensidad del ejercicio físico en función del sexo.

Para facilitar el análisis de los datos obtenidos sobre la relación entre la intensidad del ejercicio físico y la edad, se ha clasificado esta última en tres grupos (de 18 a 38 años, 39 a 59 años y 60 a 80 años, que calificamos respectivamente como edad adulta, adultez media y adultez tardía). Dentro del primer grupo edad (edad adulta), un 50.7 % (35) no realizaba ninguna actividad, un 24.6 % (17) realizaban ejercicio físico de intensidad moderada, y otro 24.6 % (17) de intensidad alta. En el segundo grupo de edad (adultez media), un 57.8 % (67) no realizaba ejercicio físico, un 19.8% (23) realizaba con carácter moderado, un 19 % (22) con carácter intenso, y un 3.4 % (4) con carácter ligero. En el tercero grupo de edad (adultez tardía) se halló que un 61.4 % (27) no realizaba ninguna actividad, un 29.5 % (13) realizaban ejercicio físico moderado, y un 9.1% (4) con intensidad alta.

 

DISCUSIÓN

El objetivo principal de la investigación fue examinar la relación entre los trastornos mentales y el ejercicio físico regular. En este sentido, se pretendía analizar la relación entre la práctica de ejercicio físico y la presencia de los trastornos mentales más proclives a ser influidos por el estrés. Y, por otra parte, analizar la relación entre la intensidad del ejercicio físico practicado y la presencia de los distintos trastornos mentales.

Más específicamente, se pretendía comprobar dos hipótesis. La primera de ellas aspiraba a analizar el porcentaje de pacientes que padecen trastornos mentales que no realizaban ejercicio físico, al menos de intensidad moderada, de forma regular (entre 3 y 5 veces por semana). Los resultados obtenidos nos indican que más de la mitad de la muestra no realizaba ejercicio físico. Teniendo únicamente en cuenta los trastornos emocionales y adaptativos, estos porcentajes aumentan, lo que nos indica que una proporción muy elevada de sujetos con este tipo de trastornos no realiza ejercicio físico. Esto coincide con datos de la literatura24 e indica una tendencia hacia el sedentarismo en pacientes con trastornos que reciben una gran influencia del estrés, y que, según la evidencia actual, se podrían beneficiar del ejercicio físico para reducir sus síntomas. Este hecho sugiere la necesidad de implementar el ejercicio físico al menos como complemento al tratamiento psicológico dentro del sistema de salud público. Además, dentro de los sujetos que sí realizan ejercicio físico, los resultados nos indican que casi siempre éste es de intensidad moderada o intensa, e incluso en un pequeño porcentaje de los pacientes, se realizan varias actividades. Este hecho resulta paradójico, porque a pesar de que la evidencia actual señala una mayor predisposición al sedentarismo en los sujetos con trastornos mentales, lo que concuerda con los datos obtenidos en nuestro estudio, en el grupo de participantes que sí realizan ejercicio físico se ha observado una predisposición a que la intensidad del mismo sea mayor. Según la evidencia actual, sería esperable que la intensidad del ejercicio practicado fuese mayormente ligera. Aparte, el que la intensidad sea moderada o intensa iría en línea con las recomendaciones de la OMS para poder obtener un beneficio clínico, por lo que podemos inferir que a pesar de que se ha comprobado que un gran porcentaje no realiza ejercicio físico, los que sí que lo realizaban podían obtener una ventaja del mismo. Por otra parte, los sujetos que reportaban realizar ejercicio físico, lo realizaban de forma regular, lo que implica cierta adherencia, que la literatura marca como uno de los principales problemas en estos sujetos.

La segunda de nuestras hipótesis aspiraba a analizar la existencia de una asociación entre los distintos trastornos mentales y la intensidad del ejercicio físico. Los resultados no han permitido confirmar que exista una asociación entre ambas variables. Aunque la literatura previa sólo ha confirmado parcialmente esta asociación, existen resultados que apuntan en esta línea y que resultan prometedores25, por lo que nuestros hallazgos no resultan completamente compatibles con la evidencia disponible. En este sentido, el que pueda existir algún tipo de relación entre el tipo de diagnóstico y la intensidad con que se practica el ejercicio físico sugiere que muy posiblemente existan determinados trastornos mentales en los que exista preferencia por la práctica de un ejercicio físico en concreto, lo que podría ser útil de cara a elaborar protocolos de intervención.

Por otra parte, al analizar la intensidad del ejercicio físico en función del sexo, comprobamos que se cumple lo observado con independencia del género: más de la mitad de los hombres y más de la mitad de las mujeres no realizan ningún tipo de actividad física. Es decir, no se observa un patrón diferencial en función del sexo sobre el cumplimiento del ejercicio físico. Por lo tanto, tampoco se considera que pudiese existir una influencia de la variable sexo sobre la realización de ejercicio físico. Cabe destacar que se ha obtenido una ligera diferencia entre sexos en cuanto a la intensidad del ejercicio físico, puesto que existe una diferencia mayor entre las mujeres en la realización de ejercicio físico moderado o intenso. De hecho, en cuanto a la intensidad ligera, el porcentaje en mujeres aumenta levemente en comparación con el de los hombres. Este dato podría ser explicado en base a preferencias personales, valores culturales (de forma prejuiciosa se suele asociar el ejercicio físico intenso con el sexo masculino). Además, aunque en los últimos años este patrón se está viendo modificado, es común la preferencia por determinados deportes en mujeres (como yoga, pilates o baile, cuya intensidad es más baja) o en hombres (crossfit, ciclismo, fútbol…).

Los datos obtenidos en función de la edad muestran un porcentaje mayor de no actividad en todas las franjas de edad, con superioridad para la adultez tardía. En la franja de edad de 18 a 38 años (edad adulta) se ha hallado un mayor porcentaje de ejercicio moderado e intenso, en comparación con las otras dos franjas de edad. Una posible explicación sería que, si bien con la edad el compromiso en determinadas actividades puede verse aumentado, es más probable que la propia condición física determine que no se realice ejercicio físico o bien, que éste sea de menor intensidad. De esta forma, los sujetos más jóvenes disponen de un estado físico más propicio para la práctica de ejercicio. En nuestro país, se ha encontrado evidencia de una asociación positiva entre la realización de ejercicio físico y la edad, en pacientes con ansiedad y depresión24 en los que además existía una preferencia en edad avanzada por la intensidad moderada (paseo). Sin embargo, como ya se ha indicado, en nuestro estudio, esta asociación no se ha visto confirmada. Si bien, los datos en edad adulta tardía son compatibles con la evidencia que indica una preferencia por el ejercicio físico moderado. De hecho, hemos hallado que en edad adulta y adultez media existe similaridad en la realización de intensidades moderadas y altas, pero este patrón cambia en edad adulta tardía, con un mayor porcentaje de sujetos que realizan ejercicio físico moderado. Por último, resaltar que muy pocos sujetos realizan ejercicio de intensidad ligera y los que la realizan están comprendidos en la franja de edad adulta media.

 

CONCLUSIONES E IMPLICACIONES CLÍNICAS

Mediante el presente estudio se proporciona información relevante sobre el papel que ejerce el ejercicio físico sobre los trastornos mentales. La investigación se ha centrado en el ejercicio físico realizado por una muestra de sujetos clínicos con la finalidad de analizar la realización entre el ejercicio físico y los distintos diagnósticos. Los resultados del estudio nos proporcionan información relevante en cuanto a la intensidad ejercicio físico o la relación que éste mantiene con la edad y el sexo de los sujetos. Las conclusiones más destacables de este estudio son:

  1. Existe un alto porcentaje de sujetos clínicos que no practican ningún tipo de ejercicio físico.
  2. Diferenciando por diagnóstico, sexo o edad se mantiene este mayor porcentaje de ausencia de realización de ejercicio. Es decir, existe un elevado porcentaje de pacientes con trastorno mental que no practica ejercicio físico, con independencia del tipo de trastorno, de la edad o el sexo.
  3. Dentro de los sujetos que sí realizan ejercicio físico, éste es fundamentalmente de tipo moderado, seguido de intensidad alta y, por último, ligera.
  4. Los hombres realizan ejercicio moderado e intenso en proporción similar. En el caso de las mujeres, el ejercicio moderado es más frecuente.
  5. En edad adulta tardía (60-80 años) existe mayor sedentarismo. De los sujetos que realizan ejercicio físico, se realiza moderado e intenso en similar proporción en edad adulta (18-38 años), seguido de la edad media (39-59 años). En adultez tardía existe predominancia de intensidad moderada.

 

En base a estas conclusiones, se consideran que existen implicaciones clínicas que pueden ser relevantes. En primer lugar, el alto porcentaje de sujetos clínicos que no practica ningún tipo de ejercicio físico nos alerta sobre la importancia de introducir esta actividad como complemento al tratamiento o al menos, como parte fundamental de un estilo de vida saludable. El que no existan diferencias en función del diagnóstico, el sexo o la edad en cuanto a los datos sobre sedentarismo, sostiene que incentivar el ejercicio físico es una necesidad a nivel general en el campo de la salud mental que debería requerir mayor atención.

Además, se ha encontrado que dentro de la preferencia de intensidad en los sujetos que sí realizan ejercicio físico éste es de carácter moderado e intenso. Este hecho puede ayudar a que independientemente del tipo de diagnóstico, el ejercicio físico alcance una intensidad adecuada para obtener una mejoría sintomatológica.

El estudio aspiraba a proporcionar evidencia relevante en cuanto a la asociación entre la intensidad del ejercicio físico y los distintos diagnósticos, sin embargo, no se ha podido confirmar que ambos están relacionados. Puesto que, en este sentido, las investigaciones previas han obtenido resultados dispares, este dato no resulta del todo incoherente con la evidencia actual. A pesar de no haber hallado relación entre ambas variables, consideramos que es necesario ajustar la intensidad del ejercicio físico a las características y/o preferencias de los pacientes, así como a la patología que éste presente, con la finalidad de maximizar los resultados beneficiosos a nivel psicológico.

Una de las principales limitaciones de la investigación se encuentra en la imposibilidad de contar con un grupo de control que permita contrastar los resultados obtenidos con nuestra muestra.

Entre las limitaciones del estudio contemplamos el tamaño reducido de la muestra y la dificultad para cuantificar con los sujetos la frecuencia o duración del ejercicio físico realizada, puesto que las medidas son autoinformadas, lo que menoscaba la exactitud de los datos recogidos. En este sentido, sería necesario en futuros estudios, proveer una recogida sistemática de información que comprenda medidas más objetivas.

La información facilitada por el presente estudio pretende servir de base para futuras investigaciones con el objetivo de desarrollar programas de tratamiento integral de determinadas patologías mentales basados en el ejercicio físico. Se considera conveniente adaptar las características del programa de intervención propuesto para obtener los mejores resultados posibles.

Además, la evidencia nos indica que este tipo de tratamiento, que integre el tratamiento psicológico y el ejercicio físico podría ser útil para pacientes que no puedan acceder a medicación, como por ejemplo embarazadas. De igual forma, la evidencia nos señala que el ejercicio físico puede actuar como prevención en el desarrollo de patologías mentales, tales como ansiedad o depresión y que su alcance no está limitado a poblaciones clínicas con características especiales.

Por otra parte, la incógnita sobre el mecanismo que permite que el ejercicio físico produzca esta mejora sobre los síntomas clínicos hace necesaria una mayor investigación. A pesar de que existe evidencia relativa al tipo de ejercicio físico más recomendable o su duración, no queda claro cómo influyen estas variables sobre la salud mental. Puesto que se ha confirmado que existe un efecto diferencial sobre la salud mental dependiendo del tipo e intensidad de la práctica física10, se debería considerar el objetivo que se quiere conseguir antes de implementar un programa de ejercicio físico, de cara a maximizar la eficacia de la intervención que se programa.

La evidencia nos indica un efecto positivo del ejercicio físico sobre los trastornos mentales sin valorar el efecto a largo plazo. Otra de las limitaciones de nuestro estudio es que se realizó de forma transversal, sin permitir medir los cambios en el tiempo derivados del ejercicio físico. En esta línea, es necesario desarrollar futuras líneas de investigación para valorar el mantenimiento de los cambios en el tiempo.

Finalmente, es necesario tener en cuenta que, aunque existe una vasta evidencia sobre la influencia del estrés psicosocial en determinadas patologías mentales, otros estudios no han hallado esta relación. Recientemente se han llevado a cabo investigaciones con la pretensión de medir si el ejercicio de tipo aeróbico podría conllevar una reducción en la reactividad ante el estrés en pacientes con trastorno depresivo. Los resultados no han confirmado esta hipótesis25. Además, otras investigaciones no han hallado evidencia que confirme la relación entre el sedentarismo y los niveles de estrés26. Estos resultados nos sugieren ser precavidos a la hora de generalizar nuestros hallazgos.

 

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