El papel de la enfermería en la promoción del ejercicio físico seguro para la prevención y manejo de la fatiga oncológica en la infancia y adolescencia

7 diciembre 2025

 

AUTORES

  1. Estefanía Garza Mascaray. Diplomada en Enfermería. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
  2. Roberto Gómez Gaya. Graduado en Enfermería. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
  3. Ainhoa Leticia González Esgueda. Diplomada en Enfermería. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, Aragón, España.
  4. Maria Teresa Pérez Iglesias. Diplomada en Enfermería. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
  5. Tania Fernández Merino. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
  6. Sara García García. Graduada en Enfermería. Hospital Quironsalud. Zaragoza, Aragón, España.

 

RESUMEN

La fatiga oncológica pediátrica es uno de los síntomas más frecuentes, angustiantes y persistentes en niños y adolescentes con cáncer, tanto durante el tratamiento activo como en supervivientes¹. Este agotamiento físico, emocional y cognitivo asociado al cáncer y su terapia impacta negativamente en la calidad de vida y las actividades diarias de los pacientes jóvenes. En la actualidad, se promueve el ejercicio físico seguro como intervención no farmacológica de primera línea para prevenir y manejar la fatiga relacionada con el cáncer. Diferentes estudios y guías clínicas respaldan de forma consistente el beneficio del ejercicio supervisado, mostrando que la actividad física regular adecuada a la condición del paciente reduce significativamente la sensación de fatiga y mejora parámetros funcionales y psicosociales como la fuerza muscular, la movilidad y el estado de ánimo2,3. Asimismo, las intervenciones basadas en ejercicio han demostrado ser factibles y seguras en pediatría oncológica, sin aumentar el riesgo de lesiones ni eventos adversos, cuando se adaptan a la fase de tratamiento y capacidades individuales3,4. En consecuencia, organismos internacionales recomiendan con firmeza incorporar programas de actividad física moderada en el cuidado estándar de los pacientes oncológicos pediátricos para romper el círculo vicioso de inactividad y desacondicionamiento físico que agrava la fatiga2-4. La enfermería oncológica desempeña un rol clave en este ámbito, liderando la valoración sistemática de la fatiga, la educación a pacientes y familias sobre los beneficios del ejercicio y la implementación segura de las recomendaciones de actividad física. Esta revisión sintetiza la evidencia científica reciente sobre la eficacia del ejercicio físico en la prevención y manejo de la fatiga oncológica infantil, resaltando el papel fundamental del personal de enfermería en la promoción de hábitos activos y seguros que contribuyan a mejorar la calidad de vida de niños y adolescentes con cáncer.

PALABRAS CLAVE

Neoplasias, fatiga, ejercicio físico, niño, adolescente, enfermería oncológica.

ABSTRACT

Cancer-related fatigue in pediatrics is one of the most common, distressing and persistent symptoms in children and adolescents with cancer¹. This physical, emotional, and cognitive exhaustion associated with cancer and its therapy negatively impacts young patients’ daily activities and quality of life. Safe physical exercise is currently promoted as a first-line non-pharmacological intervention to prevent and manage cancer-related fatigue. Various studies and clinical guidelines consistently support the benefits of supervised exercise, showing that regular physical activity tailored to the patient’s condition significantly reduces fatigue and improves functional and psychosocial parameters such as muscle strength, mobility, and mood2,3. Likewise, exercise-based interventions have proven feasible and safe in pediatric oncology, without increasing the risk of injury or adverse events when adapted to the treatment phase and individual capabilities3,4. Consequently, international bodies strongly recommend incorporating moderate physical activity programs into standard care of pediatric oncology patients to break the vicious cycle of inactivity and deconditioning that worsens fatigue2-4. Oncology nursing plays a key role in this context by leading routine fatigue assessment, educating patients and families about exercise benefits, and safely implementing physical activity recommendations. This review summarizes recent scientific evidence on the effectiveness of physical exercise in preventing and managing cancer-related fatigue in children and adolescents, highlighting the fundamental role of nursing staff in promoting safe, active habits that help improve the quality of life of pediatric oncology patients.

KEY WORDS

Neoplasms, fatigue, exercise, child, adolescent, oncology nursing.

INTRODUCCIÓN

La fatiga relacionada con el cáncer, también llamada fatiga oncológica, se define como una sensación abrumadora, persistente y subjetiva de cansancio físico, emocional y/o cognitiva asociada al cáncer o su tratamiento, que no cede completamente con el descanso. En el ámbito de la oncología pediátrica, la fatiga es reconocida como uno de los síntomas de mayor prevalencia e impacto negativo en la vida de los pacientes jóvenes¹. Estudios observacionales estiman que más de la mitad de los niños y adolescentes con cáncer experimentan fatiga significativa durante el curso de la enfermedad, lo que la convierte en un desafío clínico relevante. Además de su alta frecuencia, la fatiga pediátrica es especialmente problemática por interferir en actividades cotidianas esenciales (juego, estudio, vida social) y por añadirse al estrés físico y psicológico del proceso oncológico¹. Tradicionalmente, este síntoma estuvo infravalorado y frecuentemente atribuido sólo al curso “natural” de la enfermedad, con manejo limitado a reposo o fármacos estimulantes con poca evidencia de eficacia.

En los últimos años ha cobrado fuerza el enfoque de abordar activamente la fatiga oncológica a través de intervenciones no farmacológicas, destacando entre ellas el ejercicio físico. Numerosos ensayos clínicos y revisiones sistemáticas han demostrado que la actividad física regular, en modalidades aeróbicas y de fortalecimiento muscular adaptadas a cada paciente, puede atenuar significativamente la sensación de fatiga en pacientes pediátricos oncológicos3-5. Asimismo, se observaron mejoras paralelas en la condición física (capacidad cardiovascular, fuerza muscular) y en la calidad de vida global de estos pacientes3-5. Estos hallazgos respaldan la idea de que el ejercicio actúa como un contrapeso positivo al círculo de inactividad y debilitamiento físico que suele acompañar al tratamiento oncológico y contribuir a exacerbar la fatiga3.

En consecuencia, las guías clínicas internacionales más recientes han incorporado el ejercicio físico como una de las estrategias centrales para el manejo de la fatiga en oncología pediátrica2-4. Los abordajes farmacológicos (por ejemplo, psicoestimulantes) no han demostrado eficacia consistente en este grupo etario y no se aconseja su uso rutinario². Este cambio de paradigma hacia intervenciones activas sitúa al personal de enfermería en una posición clave, dado su papel fundamental en la educación sanitaria, la motivación del paciente y familia, y la coordinación del cuidado interdisciplinario necesario para implementar con éxito programas de ejercicio terapéutico seguros en la práctica clínica.

OBJETIVOS

El objetivo principal de esta revisión es analizar la evidencia científica reciente sobre el papel del ejercicio físico seguro en la prevención y el manejo de la fatiga oncológica en la población pediátrica, con énfasis en las intervenciones lideradas o facilitadas por enfermería. Los objetivos específicos incluyen: (1) describir los efectos del ejercicio físico supervisado sobre la fatiga y la calidad de vida en niños y adolescentes con cáncer, (2) identificar las recomendaciones actuales respecto a la dosis, tipo e intensidad de ejercicio más efectivas y seguras en este contexto, y (3) examinar el rol de la enfermería en la promoción, implementación y seguimiento de programas de actividad física en pacientes oncológicos pediátricos, incluyendo estrategias educativas y de seguridad para garantizar su adherencia y eficacia.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión sistemática de la literatura siguiendo los lineamientos PRISMA de reportes de revisiones. Se llevaron a cabo búsquedas electrónicas en bases de datos bibliográficas (PubMed/MEDLINE, SciELO, Lilacs, CINAHL) de artículos publicados en los últimos 8 años (2017-2025) en español o inglés, relacionados con ejercicio físico, fatiga relacionada con el cáncer, población pediátrica (niños y adolescentes) y rol de enfermería. Se emplearon combinaciones de descriptores DeCS/MeSH tales como “fatiga neoplasias” (cancer fatigue), “ejercicio físico” (exercise), “niño” (child), “adolescente” (adolescent) y “enfermería oncológica” (oncology nursing). Los criterios de inclusión abarcaron estudios clínicos (ensayos controlados aleatorizados, cuasi-experimentales), revisiones sistemáticas, meta-análisis y guías de práctica clínica que evaluaran intervenciones de actividad física en relación con la fatiga oncológica pediátrica. También se incluyeron artículos de revisión narrativa de alto nivel de evidencia y estudios descriptivos relevantes para el rol de enfermería. Se excluyeron publicaciones con población exclusivamente adulta, estudios con intervenciones no relacionadas al ejercicio físico o fatiga, y aquellos duplicados.

RESULTADOS

En todos los estudios revisados se observó una tendencia consistente: la introducción de ejercicio físico regular se asoció con reducciones en los niveles de fatiga reportados por los pacientes en comparación con los grupos control o la situación basal. Un meta-análisis de 8 ensayos controlados encontró que las intervenciones de ejercicio lograron reducir significativamente la fatiga oncológica en niños, con un efecto de magnitud moderada (diferencia estandarizada de medias ~–0,62) frente a la atención habitual5. De manera concordante, una revisión temática que recopiló 16 estudios recientes halló diferencias estadísticamente significativas a favor del ejercicio para disminuir la fatiga en pediatría oncológica⁶. Importante destacar que los mayores beneficios se observaron con programas de duración inferior a 12 semanas, frecuencia de al menos 3 sesiones por semana y sesiones de menos de 45 minutos de ejercicio cada una5. Estos parámetros sugieren que intervenciones relativamente cortas pero intensivas (varios días por semana) son más efectivas para aliviar la fatiga que aquellas más prolongadas o menos frecuentes. No obstante, incluso intervenciones de menor intensidad han mostrado una dirección de efecto beneficiosa sobre la fatiga, indicando que cualquier aumento en la actividad física, por pequeño que sea, puede resultar positivo para estos pacientes.

A pesar de los resultados prometedores, los estudios analizados presentan heterogeneidad en cuanto a tipos de cáncer, protocolos de ejercicio y métodos de medición de la fatiga. Esta variabilidad dificulta la comparación directa y la formulación de recomendaciones universales. Diversos autores subrayan la necesidad de estandarizar el uso de escalas validadas para medir la fatiga en niños (por ejemplo, escala PedsFACIT-F) y de educar al personal sanitario en la evaluación rutinaria de este síntoma¹. Igualmente, se requieren más investigaciones que definan con mayor precisión la “dosis” óptima de ejercicio (intensidad, frecuencia y duración) según las características individuales: edad del paciente, tipo y estadio de cáncer, fase del tratamiento, presencia de comorbilidades, etc.⁶. Solo con más evidencia acumulada se podrán elaborar guías más específicas sobre qué modalidad de ejercicio prescribe a cada subgrupo de pacientes pediátricos oncológicos. No obstante, con la información disponible al día de hoy, ya es posible delinear pautas generales seguras y eficaces que la enfermería y el equipo de salud pueden implementar para beneficiar a la mayoría de estos niños y adolescentes.

DISCUSIÓN-CONCLUSIONES

La evidencia revisada confirma que la fatiga relacionada con el cáncer en población pediátrica, lejos de ser un síntoma inevitable e intratable, puede ser prevenido y atenuado mediante intervenciones proactivas lideradas por el equipo de salud. En particular, el ejercicio físico seguro emerge como una intervención fundamental por su impacto positivo multidimensional: no solo reduce la sensación de fatiga, sino que mejora la capacidad funcional, el estado de ánimo y la calidad de vida global de los niños y adolescentes con cáncer3-5,6. Esto tiene implicaciones trascendentales, ya que al mitigar la fatiga se facilita que el paciente pediátrico mantenga cierta normalidad en sus actividades (asistir a la escuela cuando es posible, jugar, interactuar socialmente) y afronte mejor los tratamientos oncológicos.

En este contexto, el rol de la enfermería en la promoción del ejercicio físico seguro es fundamental. El personal de enfermería oncológica pediátrica está en contacto constante con el paciente y su familia, lo que le permite identificar tempranamente la presencia de fatiga e implementar intervenciones oportunas.

En conclusión, la promoción del ejercicio físico seguro para prevenir y manejar la fatiga oncológica en la infancia y adolescencia debe considerarse una intervención esencial dentro de los cuidados de soporte en oncología pediátrica. La evidencia científica sustenta que mantener a los pacientes jóvenes físicamente activos dentro de sus posibilidades conlleva importantes beneficios en la reducción de la fatiga y la mejora de su calidad de vida1-6. Las guías actuales avalan estas intervenciones y exhortan a los profesionales de la salud a incorporarlas de manera sistemática2-4. En este panorama, la enfermería oncológica se erige como pilar en la ejecución de dichas recomendaciones: mediante la evaluación continua de síntomas, la educación a familias, la planificación individualizada y la supervisión del ejercicio terapéutico, las enfermeras aseguran que la actividad física se implemente de forma eficaz y segura. Si bien existen desafíos como la necesidad de protocolos estandarizados y la adaptación a cada caso particular, los beneficios documentados justifican plenamente el esfuerzo. Fomentar desde enfermería estilos de vida activos en niños y adolescentes con cáncer no sólo combate la fatiga en el presente, sino que siembra hábitos saludables que pueden perdurar en la supervivencia, contribuyendo a un mejor estado físico y psicológico a largo plazo⁷. En definitiva, el ejercicio físico seguro, promovido y guiado por enfermería, es una herramienta eficaz, humanizadora y costo-efectiva para mejorar la experiencia y los resultados de los pacientes oncológicos más jóvenes, ofreciéndoles más energía para vivir su infancia y adolescencia a pesar del cáncer.

 

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