El papel de la matrona en la atención a mujeres con VIH positivo

24 marzo 2024

AUTORES

  1. Carlota Enguita Guinovart. Matrona del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  2. Ana María García-Belenguer Montón. Matrona del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  3. Sara Gimeno Sanjuan. Matrona del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  4. Ana del Valle Rodríguez Delgado. Matrona del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  5. Celia Sánchez Álvarez. Matrona del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  6. Adela Villarreal Pellegero. Matrona del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.

 

RESUMEN

Alrededor de 39 millones de personas en todo el mundo conviven con el VIH. Del total de nuevas infecciones por VIH en 2022, cifra que ronda entre 1 millón y 1,7 millones de personas, el 46% se debe a mujeres y niñas.

La Educación para la Salud (EpS) es la herramienta principal para la prevención de infecciones de transmisión (ITS) y las competencias que tienen las matronas las avalan como figura de referencia en la salud sexual y reproductiva de las mujeres. En el caso de las mujeres con VIH, se deben tener en cuenta el estigma asociado a la infección, incluyendo intervenciones que promuevan una vivencia más positiva de la sexualidad, donde la promoción de la salud y la protección de los derechos sexuales y reproductivos sean ejes vertebradores de la prevención de las ITS.

Las usuarias que toman tratamiento antirretroviral de forma sostenida y cuya carga viral permanece indetectable de forma prolongada no transmiten el virus a sus parejas sexuales. Indetectable es igual a intransmisible.

PALABRAS CLAVE

VIH, mujeres, enfermeras comadronas, educación para la salud.

ABSTRACT

About 39 million people worldwide are living with HIV. Of all new HIV infections in 2022, which is estimated between 1 million and 1.7 million people, of which 46% are among women and girls.

Health Education is the main tool for the prevention of sexually transmitted infections (STIs) and midwives’ skills make them a leading figure in women’s sexual and reproductive health. In the case of women with HIV, the stigma associated with the infection must be taken into account, including interventions that promote a more positive experience of sexuality, where the promotion of health and the protection of sexual and reproductive rights are the key elements in the prevention of STIs.

Users who take continuous antiretroviral treatment and whose viral load remains undetectable for a prolonged period do not transmit the virus to their sexual partners. Undetectable equals untransmittable.

KEY WORDS

HIV, women, midwifery nurses, health education.

INTRODUCCIÓN

El virus de inmunodeficiencia humana (VIH) ataca a los linfocitos CD4, debilitando el sistema inmunitario de la persona que lo porta y, por lo tanto, aumentando el riesgo de infecciones y de desarrollar determinados cánceres. Una de sus vías de transmisión son las relaciones sexuales desprotegidas. Actualmente no tiene cura, pero gracias al tratamiento antirretroviral (TAR), el VIH puede manejarse como otra enfermedad crónica más, aunque sin una detección precoz puede derivar en el síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

Según la ONU, se calcula que en 2022 había alrededor de 39 millones de personas en todo el mundo viviendo con el VIH. Del total de nuevas infecciones por VIH en 2022, cifra que ronda entre 1 millón y 1,7 millones de personas, el 46% se debe a mujeres y niñas. Estos datos revelan la gran necesidad que hay de realizar una buena prevención para disminuir y erradicar la epidemia de VIH 1,2.

Uno de los objetivos que se marca la ONU para 2025 es conseguir que el 95% de las mujeres accedan a servicios de salud sexual y reproductiva, que en nuestro ámbito podría ligarse a conseguir que la mayoría de las mujeres y adolescentes conozcan y sepan de la matrona como el profesional de referencia para cuidar de la salud sexual y reproductiva de ellas.

La Educación para la Salud (EpS) es primordial para la prevención de infecciones de transmisión (ITS), sin obviar la correcta detección precoz de estas y su derivación correspondiente a otros profesionales. Y aunque esto siempre ha sido un objetivo claro dentro de la matronería, en la actualidad surgen nuevos paradigmas en donde se dejan a un lado las explicaciones expositivas sobre prevención de prácticas de riesgo, para animar a las usuarias hacia una vivencia de la sexualidad más positiva, donde el disfrute y la promoción de la salud y la protección de los derechos sexuales y reproductivos sean ejes vertebradores de la prevención de las ITS.

Por tanto, es innegable que estas intervenciones deben llevarse a cabo por profesionales de la salud capacitados y especializados para realizar las intervenciones oportunas dependiendo del tipo de población 3.

OBJETIVOS

  • Visibilizar el rol de la matrona como profesional de referencia en salud sexual y reproductiva de las mujeres.
  • Exponer la vivencia de la sexualidad entre mujeres con VIH.
  • Desestigmatizar la sexualidad en personas seropositivas.

 

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión de la bibliografía sobre el tema en Pubmed, Medline, Scielo y Google Scholar. Se utilizaron los descriptores “mujeres”, “VIH”, “sexualidad” y “Educación para la Salud” y los filtros para la búsqueda fueron el idioma (español e inglés), periodo temporal (2010-2024) y que fueran de acceso libre.

RESULTADOS

Una de las demandas de asistencia en Atención Primaria hacia las matronas suele ser realizar cribados para la detección de infecciones de transmisión sexual y se debería utilizar esta oportunidad para captar a estas mujeres y valorar hacer EpS en materia de sexualidad. Sin embargo, cuando acude una mujer ya diagnosticada con VIH, más allá de incidir en conocimientos sobre prevención de otras ITS y manejo de la infección, se debería enfocar la intervención desde una concepción integral e igualitaria de la sexualidad, debido a los numerosos estigmas que existen alrededor del VIH.

Es necesario adecuar cada intervención a las diferentes orientaciones e identidades sexuales y de género y a las distintas prácticas sexuales. Las mujeres con VIH que practican sexo con otras mujeres y las mujeres transexuales tienen doble estigma por su condición serológica y por su orientación e identidad de género.

Además, la información que se ofrece sobre métodos anticonceptivos de barrera (únicos que previenen el contagio del VIH), debería incluir tanto el preservativo masculino/externo como el preservativo femenino/interno y otras barreras de látex que se pueden utilizar durante el sexo oral, así como el uso de estos en juguetes sexuales, englobando todo tipo de prácticas.

Entre las mujeres seropositivas se siente más rechazo y estigma que entre los hombres con VIH, lo que acarrea mayores problemas emocionales, además de contar con menos estrategias de afrontamiento positivo4. Por ello, es vital brindar un espacio seguro y crear una relación de confianza con la usuaria para que pueda identificar a la matrona como profesional de referencia en cuanto a su sexualidad.

El impacto emocional que supone el diagnóstico se une al cambio en la manera de afrontar la sexualidad y las relaciones íntimas con otras personas. La mayoría de las mujeres viven la experiencia de tener infección por el VIH con pánico a padecer los efectos del estigma y la discriminación, como el rechazo social, la negación e, incluso, la violencia dentro de la familia y la comunidad.

Todo ello impacta enormemente a la calidad de vida, limitando su capacidad para disfrutar y participar en una relación sexual deseada, afectando a parejas y familias por miedo al rechazo y al contagio. El apoyo de la pareja es imprescindible para la aceptación de la situación5.

Vale la pena remarcar la relación entre violencia de pareja y desigualdad de género en este asunto, ya que comunicar el diagnóstico podría tener consecuencias no deseadas, como situaciones de violencia de género, sobre todo en relaciones en las que existe un abuso previo6.

Otro tema a destacar en la EpS es la adherencia al TAR. Es muy recomendable diseñar e implementar estrategias multidisciplinares de intervención comportamental para cada momento vital de todas y cada una de las mujeres en relación con la adherencia.

La adolescencia es un momento vital clave para asentar las bases de una sexualidad sana, y la labor conjunta con los centros educativos permite llevar información muy valiosa sobre la prevención de ITS y prácticas seguras. Sin embargo, cuando tenemos adolescentes ya diagnosticadas con VIH, nos encontramos peores resultados en salud, debido a una incorrecta adherencia al TAR en comparación con los varones y con otras pacientes con infección por el VIH, pero de mayor edad.

Las estrategias que se sugieren para mejorar la adherencia podrían ser mensajes semanales a través de móvil o la creación de grupos con menores en la misma situación, permitiendo realizar intervenciones grupales educativas enfocadas a la sexualidad y a la salud general7,8.

En caso de existir deseo gestacional, el valor de la visita preconcepcional se hace imprescindible, ya que programar el embarazo minimiza riesgos y se aconseja un estado óptimo de carga viral junto con una buena adherencia al TAR. Además se ha descrito una posible disminución de la fertilidad debida a diversos factores relacionados con el VIH y su tratamiento por lo que es recomendable realizar estudio básico de fertilidad7.

El control gestacional se debería realizar de manera interdisciplinar, junto con obstetras, y los servicios de enfermedades infecciosas y salud mental. Hay casos que son diagnosticados gracias al cribado gestacional y nuestra tarea sería realizar un seguimiento más estrecho para poder acompañar el proceso del embarazo, con el impacto emocional del diagnóstico añadido.

Además, ser seropositiva implica un aumento en el riesgo de sufrir preeclampsia o diabetes gestacional durante el embarazo, asociado al TAR.

Más allá de estas consideraciones, las mujeres con VIH requieren la misma EpS en materia de embarazo, parto y maternidad que cualquier otra gestante.

La vía del parto estará marcada por la carga viral y las diferentes situaciones perinatales. En general, una mujer en TAR (triple terapia) con CVP (carga viral plasmática) <50 cop/mL y buen control gestacional, podría optar por la vía vaginal. Si la CVP se encuentra entre 50 -1000 cop/ mL se debería individualizar teniendo en cuenta que especialmente, con CVP >400 copias, la conducta a seguir deberá basarse en los antecedentes de adherencia al TAR y la existencia o no de fracasos previos.

En el manejo intraparto, unas de las actuaciones a evitar, si las condiciones lo permiten, es evitar la rotura artificial de membranas, la monitorización interna o la realización de pH de calota fetal, para reducir al máximo la transmisión vertical (TV)7.

Siguiendo todas estas recomendaciones, y siempre con un tratamiento continuo de TAR y CVP < 50 cop/ml, el riesgo de TV se reduce a menos del 1%. Otra recomendación que se han utilizado para evitar la TV en nuestro contexto es la contraindicación de la lactancia materna (LM) en mujeres seropositivas, pero en estudios recientes se constata la no transmisión materno-infantil a través de la LM si se cumple el “escenario óptimo” de mujer embarazada que tiene adherencia a la toma de su TAR, atención clínica regular y carga viral de VIH de <50 cop/ml durante el embarazo y la lactancia. Por tanto, las mujeres que desearan ofrecer LM, y cumplieran estos criterios deberían poder hacerlo9,10.

 

CONCLUSIONES

Con todos estos datos, el mensaje que debería estar en todas las intervenciones que se realicen para la prevención de ITS y en el manejo del VIH, es que las personas con infección por el VIH que toman TAR de forma sostenida y cuya carga viral permanece indetectable de forma prolongada no transmiten el virus a sus parejas sexuales11. Esto impactaría positivamente en la gestión emocional que supone tener VIH, ya que habría una mayor comprensión de la sociedad sobre la enfermedad en general, y específicamente ayudaría a revelar el diagnóstico sin miedo a repercusiones negativas5,12.

Como matronas, es nuestro trabajo acompañar a todas las mujeres en todas sus etapas vitales y brindarles las herramientas para vivirlas con la máxima salud, más allá de centrarse sólo en la prevención de riesgos asociados al comportamiento sexual. Hay que favorecer una mirada integral de la salud sexual y eliminar los prejuicios en torno al VIH para que las mujeres que los sufren puedan disfrutar de su sexualidad de una manera igualitaria, placentera y saludable.

 

BIBLIOGRAFÍA

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