AUTORES
- Silvia Jiménez Almor. Fisioterapeuta. Clínica Molière, Cuarte de Huerva, España.
- Rut García Lázaro. Fisioterapeuta. Cee Rincón de Goya de Zaragoza, España.
- Andrea Gayán Fenero. Fisioterapeuta. Servicio Aragonés de Salud, España.
- Noelia Gallego Sereno. Fisioterapeuta. Hospital Militar Zaragoza, España.
- Diana Cristina Gavín Roche. Fisioterapeuta. Residencia Emera Zaragoza, España.
RESUMEN
La tendinopatía rotuliana constituye una de las principales causas de dolor anterior de rodilla en deportistas y personas físicamente activas, especialmente en aquellas sometidas a actividades que implican elevadas demandas mecánicas sobre el aparato extensor. En la actualidad, el ejercicio terapéutico y el manejo progresivo de la carga representan el tratamiento de primera elección, mientras que las técnicas de fisioterapia invasiva han surgido como intervenciones complementarias en pacientes con evolución persistente. Entre ellas, la electrólisis percutánea ecoguiada ha despertado un creciente interés debido a sus posibles efectos sobre los mecanismos de reparación tisular mediante la aplicación de corriente galvánica bajo control ecográfico. El presente artículo revisa la anatomía, fisiopatología, diagnóstico y tratamiento conservador de la tendinopatía rotuliana, analizando los fundamentos biológicos de la electrólisis percutánea ecoguiada y la evidencia clínica disponible sobre su utilización. Los estudios publicados muestran resultados prometedores cuando esta técnica se integra dentro de programas de ejercicio terapéutico; sin embargo, la evidencia continúa siendo limitada por la heterogeneidad metodológica y la dificultad para establecer el efecto específico de la electrólisis respecto al beneficio derivado del ejercicio.
PALABRAS CLAVE
Tendinitis rotuliana, electrólisis percutánea ecoguiada, modalidades de fisioterapia, ultrasonografía, ejercicio terapéutico, rehabilitación.
ABSTRACT
Patellar tendinopathy is one of the leading causes of anterior knee pain in athletes and physically active individuals, particularly those exposed to repetitive high mechanical loads on the knee extensor mechanism. Exercise therapy combined with progressive load management is currently considered the first-line treatment, whereas invasive physiotherapy techniques have emerged as complementary interventions for patients with persistent symptoms. Among these, ultrasound-guided percutaneous electrolysis has gained increasing attention because of its potential to stimulate tissue repair mechanisms through the application of galvanic current under ultrasound guidance. This review summarizes the anatomy, pathophysiology, diagnosis and conservative management of patellar tendinopathy, while examining the biological rationale and current clinical evidence supporting ultrasound-guided percutaneous electrolysis. Available studies report promising outcomes when this technique is combined with structured exercise programs; however, the overall evidence remains limited due to methodological heterogeneity and the difficulty in distinguishing the specific effects of percutaneous electrolysis from those achieved through exercise therapy alone.
KEY WORDS
Patellar tendinitis, ultrasound-guided percutaneous electrolysis, physical therapy modalities, ultrasonography, exercise therapy, rehabilitation.
DESARROLLO DEL TEMA
La tendinopatía rotuliana es una de las causas más frecuentes de dolor anterior de rodilla, especialmente en deportistas sometidos a actividades que implican acciones repetidas de almacenamiento y liberación de energía del aparato extensor, como saltos, aceleraciones o cambios bruscos de dirección. Su prevalencia es especialmente elevada en disciplinas como el voleibol, baloncesto y otros deportes caracterizados por una alta demanda mecánica sobre el tendón rotuliano, pudiendo ocasionar limitaciones funcionales importantes, reducción del rendimiento deportivo e incluso periodos prolongados de ausencia de la actividad física1,2.
Tradicionalmente denominada “rodilla del saltador” (jumper’s knee), durante años fue considerada una patología fundamentalmente inflamatoria. Sin embargo, el conocimiento actual ha demostrado que la tendinopatía representa un proceso complejo de adaptación fallida del tejido tendinoso frente a la carga, donde intervienen cambios celulares, alteraciones de la matriz extracelular y modificaciones estructurales que no siempre presentan una relación directa con la sintomatología del paciente3,4.
El modelo del continuum de la patología tendinosa propuesto por Cook y Purdam describe la tendinopatía como un proceso dinámico y potencialmente reversible que evoluciona desde una fase reactiva inicial hasta estadios de desestructuración y degeneración tendinosa. Este modelo ha permitido modificar el enfoque terapéutico, desplazando la atención desde tratamientos dirigidos exclusivamente a la inflamación hacia estrategias orientadas a recuperar la capacidad del tendón para tolerar carga mecánica progresiva3,4.
Actualmente, el tratamiento conservador constituye la primera línea de abordaje de la tendinopatía rotuliana, siendo los programas de ejercicio terapéutico y manejo progresivo de la carga las intervenciones con mayor respaldo científico. No obstante, la recuperación puede ser lenta y existen pacientes que presentan síntomas persistentes a pesar de una adecuada rehabilitación, lo que ha favorecido el desarrollo de técnicas complementarias dentro de la fisioterapia invasiva2,5.
En este contexto, la electrólisis percutánea ecoguiada ha surgido como una herramienta terapéutica dirigida al tejido tendinoso degenerado mediante la aplicación de una corriente galvánica a través de una aguja bajo control ecográfico. Esta técnica pretende generar una respuesta biológica local controlada capaz de estimular mecanismos asociados a la reparación tisular, aunque la evidencia actual señala que debe entenderse como un complemento dentro de un programa integral basado principalmente en ejercicio y control de cargas6.
Dada la creciente incorporación de la electrólisis percutánea ecoguiada dentro del tratamiento fisioterápico de las tendinopatías, resulta necesario analizar críticamente sus fundamentos biológicos y la evidencia clínica disponible, integrando los fundamentos biológicos que sustentan la técnica y la evidencia clínica disponible sobre su eficacia.
Anatomía y biomecánica del tendón rotuliano:
El tendón rotuliano constituye una estructura fundamental dentro del mecanismo extensor de la rodilla, actuando como elemento de unión entre el polo inferior de la rótula y la tuberosidad anterior de la tibia. Aunque clásicamente se denomina “tendón rotuliano”, desde el punto de vista anatómico algunos autores lo consideran un ligamento debido a su disposición entre dos estructuras óseas. Sin embargo, funcionalmente se comporta como un tendón al transmitir las fuerzas generadas por el músculo cuádriceps hacia la tibia, permitiendo la extensión activa de la rodilla y participando en actividades como la marcha, la carrera o el salto.
La estructura del tendón está formada principalmente por fibras de colágeno tipo I organizadas longitudinalmente, junto con tenocitos y componentes de la matriz extracelular que proporcionan resistencia mecánica y capacidad de adaptación frente a las demandas de carga. Esta organización permite al tejido tendinoso soportar fuerzas elevadas de tensión y almacenar energía elástica durante determinados gestos deportivos4,7.
Durante actividades explosivas como el salto, la carrera o los cambios rápidos de dirección, el tendón rotuliano funciona como una estructura capaz de almacenar y liberar energía. En la fase excéntrica del movimiento, especialmente durante los aterrizajes, el tendón absorbe grandes cargas mecánicas; posteriormente, durante la contracción concéntrica del cuádriceps, contribuye a la transmisión eficiente de la fuerza generada por el aparato extensor2.
Esta capacidad de adaptación depende del equilibrio entre la carga aplicada y la respuesta biológica del tejido. Cuando los estímulos mecánicos son adecuados, el tendón responde mediante procesos de remodelación que mantienen sus propiedades estructurales y funcionales. Sin embargo, una exposición repetida a cargas elevadas, especialmente cuando los periodos de recuperación son insuficientes, puede superar la capacidad adaptativa del tejido y favorecer el desarrollo de cambios asociados a la tendinopatía2,4.
La región proximal del tendón rotuliano, especialmente su inserción en el polo inferior de la rótula, representa la localización más frecuente de afectación clínica. Esta zona está sometida a importantes fuerzas de tracción y compresión durante movimientos con elevada demanda del aparato extensor, lo que podría explicar su mayor susceptibilidad a desarrollar alteraciones estructurales y sintomatología relacionada con la carga2.
Desde el punto de vista vascular, el tendón rotuliano presenta un aporte sanguíneo relativamente limitado en comparación con otros tejidos musculoesqueléticos, especialmente en su inserción proximal, región donde con mayor frecuencia se localizan los cambios degenerativos asociados a la tendinopatía. Esta característica, junto con las elevadas demandas mecánicas soportadas durante actividades deportivas que implican salto y desaceleración, podría contribuir a explicar la mayor susceptibilidad de esta zona al desarrollo de lesiones por sobrecarga7.
Tendinopatía rotuliana: Epidemiología y fisiopatología actual:
La tendinopatía rotuliana es una patología musculoesquelética caracterizada por dolor localizado en el tendón rotuliano asociado a una disminución de la capacidad para tolerar carga mecánica. Afecta principalmente a individuos físicamente activos y deportistas que realizan movimientos repetidos de alta demanda sobre el aparato extensor de la rodilla, especialmente aquellos que implican saltos, aterrizajes, aceleraciones y cambios bruscos de dirección1,2.
Su prevalencia varía en función de la población estudiada y del tipo de actividad deportiva practicada, siendo más frecuente en disciplinas con elevada carga del mecanismo extensor como voleibol, baloncesto o atletismo. Aunque clásicamente se ha considerado una lesión propia de deportistas jóvenes, actualmente se reconoce que puede afectar también a población recreacional y sujetos sometidos a incrementos bruscos de carga o recuperación insuficiente entre estímulos mecánicos repetidos1.
Durante años, la tendinopatía rotuliana fue interpretada como un proceso predominantemente inflamatorio, motivo por el cual se empleaba habitualmente el término “tendinitis”. Sin embargo, los estudios histológicos han demostrado que en las tendinopatías crónicas predominan cambios degenerativos y alteraciones en la homeostasis del tejido más que un proceso inflamatorio clásico mantenido3.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la lesión parece originarse por un desequilibrio entre la carga aplicada al tendón y su capacidad adaptativa. En condiciones normales, el tejido tendinoso responde al estímulo mecánico mediante procesos de mecanotransducción que permiten adaptar su estructura y mantener sus propiedades mecánicas. Cuando la magnitud, frecuencia o velocidad de aplicación de la carga supera la capacidad de recuperación del tejido, se producen alteraciones celulares y modificaciones progresivas de la matriz extracelular3,4.
El modelo del continuum propuesto por Cook y Purdam describe la tendinopatía como un proceso dinámico compuesto por tres fases principales: tendinopatía reactiva, fallo de reparación tendinosa (tendon disrepair) y tendinopatía degenerativa. Este modelo no plantea la lesión como una evolución lineal irreversible, sino como diferentes estados adaptativos del tendón que pueden coexistir y modificarse en función de la carga aplicada3,4.
En la fase reactiva se produce una respuesta inicial frente a una sobrecarga aguda, caracterizada por un aumento de la actividad celular y cambios en la matriz extracelular, con incremento del contenido de proteoglicanos y agua, generando un aumento del grosor tendinoso. En esta etapa la estructura del colágeno puede mantenerse relativamente conservada y la modificación adecuada de la carga puede favorecer la recuperación del tejido3.
Cuando la exposición a cargas excesivas continúa, puede aparecer una fase de fallo de reparación caracterizada por una mayor alteración de la matriz extracelular, incremento de la actividad de los tenocitos, separación de las fibras de colágeno y una organización menos eficiente del tejido. Finalmente, en fases degenerativas avanzadas aparecen áreas con marcada desorganización fibrilar, muerte celular, neovascularización y regiones con menor capacidad de adaptación mecánica3,4.
A nivel microscópico, las principales alteraciones descritas incluyen cambios en la morfología y actividad de los tenocitos, aumento de sustancia fundamental, incremento de proteoglicanos, alteración de la proporción y disposición del colágeno y pérdida de la organización paralela característica de un tendón sano. Estas modificaciones reducen la eficiencia biomecánica del tejido y pueden alterar su capacidad para almacenar y transmitir energía4,7.
Un aspecto relevante del conocimiento actual es que la presencia de cambios estructurales no siempre presenta una relación directa con la sintomatología. Pueden observarse alteraciones ecográficas en tendones asintomáticos y, de la misma forma, la mejoría clínica puede producirse sin una normalización completa de la estructura tendinosa. Por este motivo, el abordaje terapéutico actual no se centra exclusivamente en modificar la imagen del tendón, sino en recuperar progresivamente su capacidad funcional y tolerancia a la carga2,4.
Diagnóstico clínico y papel de la ecografía :
El diagnóstico de la tendinopatía rotuliana se basa principalmente en la historia clínica y la exploración física, siendo la imagen una herramienta complementaria que permite valorar las características estructurales del tendón y descartar otras causas de dolor anterior de rodilla. Actualmente se considera que la presencia de alteraciones estructurales aisladas no confirma por sí misma la existencia de una tendinopatía sintomática, ya que pueden encontrarse cambios ecográficos en sujetos asintomáticos2,4.
La presentación clínica característica consiste en dolor localizado en la región anterior de la rodilla, habitualmente en el polo inferior de la rótula, relacionado con actividades que incrementan la demanda sobre el mecanismo extensor. El dolor aparece principalmente durante acciones que requieren almacenamiento y liberación rápida de energía por parte del tendón, como saltar, aterrizar, acelerar o realizar cambios de dirección. Una característica habitual es que la sintomatología sea dependiente de la carga, aumentando conforme se incrementa la magnitud o velocidad de aplicación de la fuerza sobre el tendón2.
Durante la exploración física es frecuente encontrar dolor localizado a la palpación del polo inferior rotuliano, aunque este hallazgo aislado no debe considerarse diagnóstico debido a su limitada especificidad. La valoración debe incluir pruebas funcionales que reproduzcan los síntomas del paciente mediante carga progresiva del aparato extensor, como la sentadilla monopodal en plano inclinado (single leg decline squat) o actividades de salto, así como una evaluación global de factores que puedan modificar la carga sobre el tendón, incluyendo fuerza muscular, movilidad y control del miembro inferior2.
La valoración de la gravedad y evolución clínica puede realizarse mediante escalas específicas, siendo el cuestionario Victorian Institute of Sport Assessment-Patella (VISA-P) una de las herramientas más utilizadas en investigación y práctica clínica. Esta escala permite cuantificar dolor, función y capacidad deportiva, proporcionando una medida objetiva para monitorizar la respuesta al tratamiento y la progresión durante el proceso de rehabilitación2,8.
Dentro de las pruebas de imagen, la ecografía musculoesquelética representa una herramienta ampliamente utilizada por su disponibilidad, bajo coste y capacidad para realizar una evaluación dinámica del tejido tendinoso. Los hallazgos ecográficos más frecuentemente asociados a la tendinopatía rotuliana incluyen aumento del grosor tendinoso, áreas hipoecoicas, pérdida de la organización fibrilar normal y presencia de neovascularización mediante Doppler color o power Doppler4.
No obstante, la interpretación de estos hallazgos debe realizarse siempre dentro del contexto clínico del paciente. Diversos estudios han demostrado que la estructura tendinosa y los síntomas no presentan una relación completamente lineal, pudiendo persistir alteraciones ecográficas incluso tras la recuperación funcional. Por ello, la evolución del paciente debe basarse principalmente en parámetros clínicos como dolor, capacidad funcional y tolerancia progresiva a la carga1,2.
Además de su utilidad diagnóstica, la ecografía ha adquirido un papel relevante dentro de la fisioterapia invasiva al permitir la realización de procedimientos guiados con mayor precisión anatómica. En técnicas como la electrólisis percutánea, el control ecográfico facilita la localización de las regiones tendinosas alteradas y permite dirigir la intervención sobre el tejido objetivo, reduciendo la variabilidad asociada a procedimientos realizados únicamente mediante referencias anatómicas9.
La resonancia magnética constituye otra herramienta de imagen útil, especialmente en aquellos pacientes con una evolución atípica, sospecha de lesiones asociadas o cuando se plantea un tratamiento quirúrgico. Sin embargo, en la mayoría de los casos el diagnóstico puede establecerse mediante una adecuada anamnesis, exploración física y estudio ecográfico, reservando la resonancia para situaciones clínicas seleccionadas2,9.
Tratamiento conservador actual:
El ejercicio terapéutico, el manejo progresivo de la carga y la educación al paciente constituyen la base del tratamiento conservador2,3. El objetivo principal de la rehabilitación no es únicamente disminuir la sintomatología, sino restaurar la función del complejo músculo-tendinoso y aumentar progresivamente la tolerancia del tendón a las actividades de almacenamiento y liberación de energía2,7.
Durante muchos años, el ejercicio excéntrico fue considerado el tratamiento de referencia para la tendinopatía rotuliana. Los programas basados en sentadilla excéntrica en plano inclinado (decline squat) demostraron mejoras en dolor y función, favoreciendo la introducción del concepto de carga mecánica como estímulo terapéutico. Sin embargo, investigaciones posteriores han mostrado que otros modelos de entrenamiento también pueden producir adaptaciones positivas en el tendón10.
Entre estos modelos destaca el entrenamiento de fuerza lenta pesada (Heavy Slow Resistance, HSR), basado en contracciones musculares lentas y controladas mediante ejercicios isotónicos progresivos. Kongsgaard et al. compararon diferentes estrategias terapéuticas en pacientes con tendinopatía rotuliana, observando que tanto el entrenamiento excéntrico como el HSR producían mejorías clínicas, aunque el entrenamiento de fuerza lenta pesada mostró resultados favorables en cuanto a satisfacción del paciente y adaptación tendinosa a largo plazo10.
Otro enfoque incorporado en los últimos años es la utilización del ejercicio isométrico como herramienta para el manejo inicial del dolor. Rio et al. observaron que las contracciones isométricas mantenidas podían inducir un efecto analgésico inmediato y reducir la inhibición muscular del cuádriceps en sujetos con tendinopatía rotuliana, lo que puede facilitar la introducción posterior de cargas más elevadas dentro del programa de rehabilitación11.
Actualmente, se recomienda una progresión individualizada basada en fases, comenzando por el control del dolor y la recuperación de fuerza mediante ejercicios isométricos e isotónicos, avanzando posteriormente hacia cargas más exigentes que incluyen almacenamiento de energía, saltos, cambios de dirección y finalmente la reincorporación específica al deporte. Esta progresión debe adaptarse a la respuesta clínica del paciente y no únicamente a los cambios observados en pruebas de imagen2.
A pesar de que el ejercicio terapéutico constituye la intervención con mayor respaldo dentro del manejo conservador, la evidencia disponible muestra cierta heterogeneidad en los protocolos empleados y en la respuesta individual de los pacientes. Algunas tendinopatías persistentes pueden presentar una evolución lenta y mantener síntomas durante meses, lo que ha impulsado el estudio de terapias complementarias destinadas a favorecer el proceso de recuperación cuando se integran dentro de un programa activo de rehabilitación5.
Indicaciones de las técnicas invasivas en la tendinopatía rotuliana:
El tratamiento de la tendinopatía rotuliana debe iniciarse mediante estrategias conservadoras basadas en el control de la carga y el ejercicio terapéutico progresivo. No obstante, un porcentaje de pacientes continúa presentando dolor y limitación funcional pese a realizar un programa de rehabilitación correctamente estructurado, especialmente en cuadros de larga evolución o en deportistas sometidos a elevadas demandas funcionales2,5.
En este contexto, las técnicas invasivas han surgido como una alternativa complementaria cuyo objetivo es favorecer la recuperación del tejido y facilitar la progresión del tratamiento activo. Entre ellas se incluyen la punción seca, la electrólisis percutánea, las infiltraciones ecoguiadas y otros procedimientos intervencionistas, aunque la evidencia científica disponible continúa siendo variable según la técnica empleada7.
La indicación de estas intervenciones debe realizarse de forma individualizada, valorando la duración de los síntomas, la respuesta al tratamiento conservador, las necesidades funcionales del paciente y la presencia de factores que perpetúan la sobrecarga del tendón. En ningún caso las técnicas invasivas deberían sustituir al ejercicio terapéutico, sino integrarse dentro de un programa de rehabilitación multimodal orientado a restaurar la capacidad de carga y la función del aparato extensor2,5.
Electrólisis percutánea ecoguiada:
La electrólisis percutánea ecoguiada es una técnica de fisioterapia invasiva que consiste en la aplicación de una corriente galvánica continua a través de una aguja sólida introducida en el tejido musculoesquelético bajo control ecográfico. En el contexto de las tendinopatías, su objetivo es actuar sobre las regiones tendinosas alteradas mediante un estímulo electroquímico localizado, buscando favorecer una respuesta biológica que contribuya al proceso de reparación tisular12-13.
El uso de la ecografía musculoesquelética constituye un elemento fundamental dentro de esta técnica, ya que permite identificar las zonas con cambios estructurales del tendón y dirigir la aplicación de la corriente sobre la región objetivo. La visualización en tiempo real mejora la precisión del procedimiento y facilita evitar estructuras neurovasculares próximas, diferenciándola de otras intervenciones realizadas únicamente mediante referencias anatómicas9.
Inicialmente, el fundamento terapéutico de la electrólisis se relacionó con la capacidad de provocar una respuesta inflamatoria local controlada en áreas degenerativas del tendón. Este estímulo tendría como finalidad activar una nueva fase de reparación en tejidos donde existe una alteración de los procesos normales de remodelación, favoreciendo la llegada de células implicadas en la regeneración y reorganización de la matriz extracelular13.
Estudios experimentales recientes han permitido conocer con mayor profundidad algunos de los mecanismos celulares inducidos por la corriente galvánica. Peñin-Franch et al. observaron que la aplicación de corriente galvánica puede activar el inflamasoma NLRP3, un complejo molecular implicado en la respuesta inflamatoria innata, favoreciendo posteriormente procesos relacionados con la síntesis de colágeno tipo I en tejido tendinoso6.
Estos hallazgos apoyan la hipótesis de que la electrólisis no actúa únicamente mediante un efecto mecánico producido por la aguja, sino a través de una combinación de estímulos mecánicos y electroquímicos capaces de modificar temporalmente el entorno celular. No obstante, la presencia de cambios moleculares favorables no implica necesariamente una recuperación clínica completa, ya que la reorganización funcional del tendón depende fundamentalmente de la exposición progresiva a estímulos mecánicos adecuados6,14.
Evidencia científica actual de la electrólisis percutánea ecoguiada en la tendinopatía rotuliana:
Uno de los primeros estudios clínicos que evaluó la aplicación de la electrólisis percutánea ecoguiada en tendinopatía rotuliana fue desarrollado por Abat et al. Los autores analizaron los efectos de combinar la técnica de electrólisis percutánea intratisular (EPI®) con un programa de ejercicio excéntrico en pacientes con tendinopatía rotuliana crónica. Los resultados mostraron una mejoría significativa del dolor y de la funcionalidad, medida mediante escalas específicas como el cuestionario VISA-P, sugiriendo que esta combinación podría ser una alternativa terapéutica en pacientes con síntomas persistentes13.
Posteriormente, estudios con seguimiento a medio y largo plazo del mismo grupo de investigación observaron el mantenimiento de los resultados clínicos tras la combinación de electrólisis y ejercicio. Estos hallazgos apoyan la hipótesis de que la aplicación de un estímulo biológico mediante corriente galvánica, junto con un estímulo mecánico adecuado a través del ejercicio, podría favorecer la recuperación funcional del tendón15.
Sin embargo, una de las principales dificultades para interpretar estos resultados es determinar qué parte de la mejoría clínica puede atribuirse específicamente a la electrólisis y cuál corresponde al programa de ejercicio asociado. Debido a que la carga progresiva constituye actualmente la intervención con mayor respaldo científico en tendinopatías, la comparación frente a programas activos de rehabilitación resulta fundamental para establecer el verdadero efecto añadido de las técnicas invasivas2,5.
En este sentido, López-Royo et al. realizaron un ensayo clínico aleatorizado comparando diferentes intervenciones en pacientes con tendinopatía rotuliana: electrólisis percutánea asociada a ejercicio excéntrico, punción seca asociada a ejercicio excéntrico y ejercicio excéntrico con intervención simulada. Los tres grupos presentaron mejoras significativas en dolor y función durante el seguimiento; sin embargo, la adición de técnicas invasivas no mostró resultados superiores respecto al ejercicio terapéutico aislado14.
Estos resultados son especialmente relevantes porque refuerzan el concepto actual de que la recuperación clínica del tendón depende principalmente de mejorar su capacidad para tolerar carga. La electrólisis podría actuar como una herramienta complementaria dirigida a modificar temporalmente el entorno biológico del tejido, pero la adaptación estructural y funcional requiere necesariamente la aplicación progresiva de estímulos mecánicos adecuados2,3.
Las revisiones sistemáticas recientes sobre fisioterapia invasiva en tendinopatía rotuliana muestran resultados heterogéneos. Aunque algunos estudios describen mejoras clínicas tras la aplicación de electrólisis percutánea, la interpretación de los resultados debe realizarse con cautela debido a limitaciones metodológicas como tamaños muestrales reducidos, diferencias en los protocolos de aplicación, ausencia de grupos control adecuados y la frecuente combinación con programas de ejercicio terapéutico16.
Otro aspecto relevante es la ausencia de un protocolo único de aplicación. Existen diferencias entre estudios respecto al número de sesiones, intensidad de corriente, duración del estímulo, intervalo entre aplicaciones y características de los programas de ejercicio asociados. Esta variabilidad dificulta establecer recomendaciones definitivas sobre la dosificación óptima de la técnica16.
Por tanto, según la evidencia disponible actualmente, la electrólisis percutánea ecoguiada puede considerarse una herramienta terapéutica prometedora dentro del manejo de la tendinopatía rotuliana, especialmente en cuadros persistentes o con evolución desfavorable. No obstante, su utilización debería integrarse siempre dentro de un abordaje multimodal basado en educación, control de cargas y ejercicio terapéutico progresivo, evitando considerarla una intervención aislada capaz de sustituir la adaptación mecánica del tendón.
CONCLUSIÓN
La tendinopatía rotuliana constituye una patología frecuente en individuos físicamente activos y deportistas, cuyo desarrollo responde a un proceso complejo de adaptación insuficiente del tendón frente a las demandas mecánicas. La comprensión actual de su fisiopatología ha permitido sustituir el concepto clásico de lesión inflamatoria por un modelo basado en alteraciones de la homeostasis y de la capacidad del tejido para tolerar la carga, condicionando un cambio significativo en su abordaje terapéutico.
La evidencia científica disponible sitúa al ejercicio terapéutico y al manejo progresivo de la carga como los pilares fundamentales del tratamiento conservador. Las estrategias basadas en ejercicios isométricos, excéntricos y de fuerza lenta pesada han demostrado mejorar el dolor y la función, favoreciendo la adaptación mecánica del tendón y el retorno progresivo a la actividad deportiva. En este contexto, la evaluación clínica continúa siendo el elemento central del diagnóstico y del seguimiento evolutivo, mientras que la ecografía musculoesquelética aporta información complementaria tanto para la valoración estructural como para la realización segura y precisa de procedimientos intervencionistas.
La electrólisis percutánea ecoguiada representa una técnica de fisioterapia invasiva con fundamentos biológicos plausibles y resultados clínicos prometedores cuando se integra dentro de un programa estructurado de rehabilitación. Sin embargo, la evidencia disponible continúa siendo limitada debido a la heterogeneidad metodológica de los estudios publicados y a la dificultad para diferenciar el efecto específico de la electrólisis del beneficio derivado del ejercicio terapéutico. Por ello, en la actualidad no puede considerarse un tratamiento sustitutivo del manejo activo, sino una intervención complementaria que podría aportar beneficios en pacientes seleccionados, especialmente en aquellos con evolución persistente tras un tratamiento conservador adecuadamente realizado. Son necesarios ensayos clínicos de mayor calidad metodológica que permitan establecer con mayor precisión sus indicaciones, protocolos de aplicación y eficacia clínica a largo plazo.
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