AUTORES
- Irene Ridruejo Martínez. Matrona en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
- Yaiza Motrel Ferreruela. Matrona en Hospital General San Jorge, Huesca.
- Fernando Borniquel Agudo. Matrona en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
- Mercedes Aso de Guzmán. Matrona en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
- Laura Ibarra Mingote. Matrona en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
- Olga Morales Berges. Matrona en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
RESUMEN
En la actualidad, la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) continúa siendo un gran desafío. Su diagnóstico se basa fundamentalmente en la clínica por lo que es de gran importancia la sospecha del cuadro por parte del profesional sanitario. Constituye un importante problema de salud pública, cuya prevalencia cada vez está más aumentada especialmente en mujeres jóvenes sexualmente activas y tiene un alto impacto en la salud reproductiva.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad inflamatoria pélvica, mujer, diagnóstico.
ABSTRACT
Today, pelvic inflammatory disease (PID) remains a major challenge. Its diagnosis is mainly clinical, so it is of great importance the suspicion of the picture by the healthcare professional. It is a major public health problem, the prevalence of which is increasing especially in young sexually active women and has a high impact on reproductive health.
KEY WORDS
Pelvic inflammatory disease, woman, diagnosis.
DESARROLLO DEL TEMA
La enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) es una entidad prevalente y frecuentemente infradiagnosticada e infratratada. Ello supone un impacto negativo en la salud general, sexual y reproductiva de las pacientes1.
Es un síndrome clínico frecuente que engloba la patología infecciosa del tracto genital superior, generalmente resultado de una infección ascendente desde endocérvix, pudiendo llegar a afectar en su evolución al endometrio (endometritis), miometrio (miometritis), trompas (salpingitis), ovarios (ooforitis), parametrios (parametritis) o peritoneo pélvico (pelviperitonitis)2,3.
Etiología2,3,4:
La EIP generalmente es de origen polimicrobiano siendo muchos los microorganismos involucrados en su desarrollo. Se pueden clasificar en los siguientes grupos. La mayoría de los casos es causada por microorganismos de transmisión sexual, principalmente Neisseria gonorrhoeae, Chlamydia trachomatis y Mycoplasma genitalium. Por otro lado, se encuentran los microorganismos habituales de la microbiota del tracto genitourinario femenino que los dividimos en gérmenes aerobios-anaerobios facultativos como Streptococcus spp, Proteus mirabilis y Escherichia coli; anaerobios como Gardnerella vaginalis, Bacteroides spp y Prevotella spp; y otros de más reciente descubrimiento como Atopobium vaginae, Leptotrichia spp y Sneathia. Y por último, tenemos los patógenos respiratorios como son el Haemophilus influenzae y el Streptococcus pneumoniae.
Factores de riesgo1,3,5:
La mayoría de los casos de EIP se debe a infecciones producidas por gérmenes de transmisión sexual, por eso los factores de riesgo se comparten con las infecciones de transmisión sexual (ITS). Entre ellos se encuentra la edad, cuya máxima incidencia se observa en las primeras décadas reproductivas, esto se debe en gran parte por la mala práctica anticonceptiva. Las adolescentes presentan un riesgo 3 veces mayor de EIP.
Otros factores de riesgo son las relaciones sexuales de riesgo y las ITS de la mujer y/o pareja. La no utilización de medidas de protección aumenta el riesgo por 4 veces mientras que el 15% de las pacientes con gonorrea o infección cervical por Chlamydia que no han sido tratadas desarrollarán un cuadro de EIP.
Otros factores de riesgo independientes de ITS son:
- Historia previa de EIP: sobre todo por la persistencia de las mismas conductas sexuales.
- Maniobras endouterinas diagnóstico/terapéuticas: como inserción de un dispositivo intrauterino (DIU) con una infección previa, especialmente en las primeras 3 semanas postinserción.
- Vaginosis bacteriana: al producir la disrupción de la protección del canal endocervical.
Clínica:
En cuanto a la clínica es muy variable, puede ir desde cuadros que cursan de manera asintomática hasta situaciones de compromiso vital. La mayoría de las mujeres presentan síntomas leves. Las formas graves son poco frecuentes1.
La triada clásica consiste en dolor abdominal hipogástrico, fiebre y leucorrea purulenta. El dolor es el síntoma guía. Suele referirse al abdomen inferior, típicamente bilateral, y ser poco intenso y persistente. La infección por Chlamydia suele ser más indolente que la infección por Neisseria gonorrhoeae, pero produce mayor lesión tubárica residual3.
Otros síntomas frecuentes de EIP son el sangrado uterino anómalo (SUA) que puede ser poscoital, intermenstrual o sangrado menstrual abundante. Aparece en mayor medida en los casos de infección por Chlamydia3. La aparición de SUA en una mujer joven sin otras causas aparentes obliga a descartar la existencia de EIP. También puede ir acompañado de dispareunia, dolor relacionado con cualquier actividad sexual sobre todo con el coito1,3.
En los casos más severos, puede aparecer clínica digestiva como náuseas y vómitos, dolor en hipocondrio por perihepatitis (síndrome de Fitz-Hugh-Curtis), peritonismo e incluso sepsis3.
Diagnóstico:
La enfermedad inflamatoria pélvica continúa siendo hoy un gran desafío clínico. A pesar de los avances en los métodos de diagnóstico por imagen, el diagnóstico de la EIP es fundamentalmente clínico y, para ello, es fundamental la sospecha del cuadro por parte del sanitario1.
Su diagnóstico se basa fundamentalmente en la anamnesis, exploración y pruebas complementarias.
En cuanto a la anamnesis, se centra en recoger los antecedentes personales y posibles factores de riesgo como antecedentes de episodios previos de EIP; conducta sexual como el número de parejas, uretritis en compañero sexual, frecuencia de relaciones; consumo de tóxicos como drogas; método anticonceptivo utilizado; y por último, intervenciones yatrógenas como la colocación del DIU, un aborto provocado o un legrado. Por otro lado, tenemos la exploración que consiste en la visualización de los genitales externos, donde se valora la presencia de lesiones sugestivas de ITS. También tenemos la palpación abdominal, donde nos encontramos un dolor a la palpación en abdomen inferior, con presencia o no de defensa. En cuanto al meato uretral, la existencia de derrame anormal a la compresión de la uretra es un signo de gonococia. Por otro lado, está el tacto bimanual donde se observa un dolor importante a la movilización cervical con hipersensibilidad anexial bilateral, pudiendo palparse masas anexiales. Y por último tenemos la especuloscopia donde se valora signos de inflamación, presencia de leucorrea y salida de exudado por el orificio cervical externo (OCE)3.
Por último, tenemos las Pruebas Complementarias que en primer lugar vamos a hablar de las pruebas de imagen que destaca la ecografía transvaginal que constituye el método de elección. Por otro lado, también tenemos la tomografía computarizada (TC) y resonancia magnética (RM) que pueden ser útiles ante dudas diagnósticas, aunque por su elevado coste no suelen realizarse.
En cuanto a la Ecografía transvaginal, en los casos de EIP leve por ecografía suele ser normal. Por lo que la ausencia de hallazgos no excluye el diagnóstico ni debe retrasar el tratamiento. La imagen varía según el momento de la infección. Las trompas normales raramente son visibles por ecografía, pero en una EIP inicial hay un grosor de la pared de la trompa mayor de 5mm con aumento de la vascularización por lo que la trompa se visualiza. Posteriormente aparece contenido purulento en su interior y presencia de septos incompletos en el interior de la trompa, con signo de la “rueda dentada”. En una EIP de larga duración aparecen abscesos tuboováricos que es una masa anexial sólido-quística con septos gruesos, burbujas de gas alrededor y presencia de líquido en el fondo de saco de Douglas3,4.
En cuanto a las pruebas complementarias, además de las pruebas de imagen también encontramos la analítica donde se pide hemograma ya que en la mayoría de los casos hay leucocitosis con desviación izquierda, PCR y/o velocidad de sedimentación globular ya que se eleva, test de gestación para descartar embarazo ectópico, estudio de coagulación ya que puede alterarse si hay infección grave con sepsis y enzimas hepáticas si hay dolor en hipocondrio6.
También se realizará un cultivo de exudados tanto vaginal como endocervical para descartar la presencia de vaginosis bacteriana e ITS. Y por último, también está la laparoscopia diagnóstico terapéutica aunque actualmente está en desuso al ser una técnica invasiva salvo en caso de dudas en pacientes seleccionados3.
Es fundamental el diagnóstico diferencial en una mujer joven con dolor abdominal incluyendo tanto patología del aparato genital interno como procesos extragenitales como por ejemplo gestación ectópica, endometriosis severa, apendicitis, diverticulitis o cistitis debido a que el síntoma cardinal de la EIP es muy inespecífico4,7.
CONCLUSIÓN
El diagnóstico de la EIP sigue siendo un desafío significativo en la práctica clínica debido a la variabilidad de sus manifestaciones clínicas y la falta de pruebas diagnósticas específicas y sensibles. La EIP es una afección seria que puede llevar a complicaciones graves como infertilidad, embarazo ectópico y dolor pélvico crónico si no se trata adecuadamente. Por tanto, un alto índice de sospecha clínica, basado en una anamnesis detallada y un examen físico minucioso, es esencial para el diagnóstico temprano.
El uso de herramientas de imagen, como la ecografía transvaginal y la resonancia magnética, junto con pruebas de laboratorio, incluyendo la detección de patógenos específicos, puede mejorar la precisión diagnóstica. La implementación de estas estrategias combinadas en la práctica clínica puede conducir a una mejor identificación y manejo de la EIP, reduciendo así el riesgo de complicaciones a largo plazo y mejorando los resultados para las pacientes.
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