Esclerosis múltiple. Definición y epidemiología.

11 septiembre 2022

AUTORES

  1. Sofía Arnaudas Sancho. Enfermera en CS Bombarda, Zaragoza.
  2. Elena Cegoñino Giral. Enfermera de Urgencias en Hospital Royo Villanova, Zaragoza.
  3. Alejandro Candala Ramírez. Enfermero en CS Romareda, Zaragoza.
  4. Sergio Bueno Meléndez. Enfermero Hospital Infantil Miguel Servet, Zaragoza.
  5. Miriam Gracía Bueno. Enfermera Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
  6. Rubén Oriol Herrero. Enfermero CS Romareda, Zaragoza.

 

RESUMEN

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica del Sistema Nervioso Central, la cual se caracteriza por la destrucción de la mielina. Está presente en todo el mundo y es una de las enfermedades neurológicas más comunes entre la población de 20 a 30 años. El curso de la EM no se puede pronosticar, es una enfermedad caprichosa que puede variar mucho de una persona a otra. No es contagiosa, ni hereditaria, ni mortal. Hasta ahora, no se conoce su causa ni su cura, pero podemos hacer que el proceso sea más lento y ayudar a controlar sus síntomas.

 

PALABRAS CLAVE

Esclerosis múltiple, sistema nervioso central, epidemiología, síntomas.

 

ABSTRACT

Multiple sclerosis is a chronic disease of the Central Nervous System, which is characterized by the destruction of myelin. It is present throughout the world and is one of the most common neurological diseases among the population aged 20 to 30 years. The course of MS can’t be predicted, it is a capricious disease that can vary greatly from one person to another. It is not contagious, nor hereditary, nor mortal. So far, the cause and cure of this disease aren’t known, but we can make the process slower and help control its symptoms.

 

KEY WORDS

Multiple sclerosis, central nervous system, epidemiology, symptoms.

 

DESARROLLO DEL TEMA

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad crónica y autoinmune que afecta a la mielina o materia blanca del cerebro y de la médula espinal, provocando la aparición de placas escleróticas que impiden el funcionamiento normal de esas fibras nerviosas. La mielina es una sustancia grasa que rodea y aísla los nervios, actuando como la cobertura de un cable eléctrico y permitiendo que los nervios transmitan sus impulsos rápidamente. La velocidad y eficiencia con que se conducen estos impulsos permiten realizar movimientos suaves, rápidos y coordinados con poco esfuerzo consciente1.

Los problemas sintomáticos de la esclerosis múltiple, a pesar de las mejoras en el control de esta enfermedad, tienen un impacto muy negativo en la calidad de vida del paciente2.

Los signos y síntomas son muy variados, puesto que dependen de la localización de las lesiones, es decir, varían según la zona del sistema nervioso central afectada, aunque suelen tener predilección por ciertas partes. En esta enfermedad, suelen aparecer síntomas más o menos reversibles, que se repiten cada cierto tiempo y van dejando secuelas3.

A los síntomas que aparecen sin previo aviso se los denomina “brotes”, son manifestaciones clínicas, que aparecen bruscamente y se mantienen por un plazo variable, con una duración mínima de 24 horas y luego desaparecen4.

En aproximadamente el 85% de los pacientes, la enfermedad comienza con una etapa de recaída. Las recaídas están asociadas con focos de inflamación en la sustancia blanca. En la fase inicial, son generalmente seguidas de recuperación clínica completa o casi completa. Después de esta fase de recaída, la mayoría de los pacientes entran en una fase progresiva secundaria y acumulan déficits neurológicos irreversibles4.

La mayoría de casos de esclerosis múltiple combinan síntomas y signos que afectan a varias zonas del SNC, facilitando así su diagnóstico, más aún si se presentan entre los 25-30 años del paciente (aunque puedan hacerlo a cualquier edad)3.

Según en qué momento de la enfermedad aparezcan los síntomas y signos podemos clasificarlos en dos grandes categorías: al comienzo de la enfermedad y durante el transcurso de esta.

Al comienzo de la enfermedad lo más frecuente (45%) es sufrir una alteración en la sensibilidad: parestesias (hormigueo, acorchamiento) de los miembros o del tronco, hipoestesias (táctil, térmica, dolorosa) o signo de Romgerg alto (dificultad para mantener el equilibrio)3.

Otro síntoma frecuente es la alteración motora (40%), observándose pérdida de fuerza y torpeza en los miembros. Algunos de los signos de esta lesión son parálisis o ausencia de reflejos3.

Las disfunciones del tronco cerebral, son síntomas menos frecuentes (25%), como pueden ser: disartria, diplopía, disfagia, vértigo. Los signos clínicos que se observan son histagmo (espasmos oculares) y oftalmoplejía3.

Las alteraciones visuales por afectación del nervio o quiasma óptico, son también algo característico, aunque algo más infrecuente (20%), producen un escotoma central con pérdida parcial de la agudeza visual, se observa una disminución del reflejo pupilar3.

Lo menos frecuente es la afectación del cerebelo (10-20%), que ocasiona disartria cerebelosa e incoordinación motora (ataxia)3.

Mientras que durante el transcurso de la enfermedad se ven afectados casi todos los sistemas funcionales neurológicos, siendo más comunes las perturbaciones motoras, sensitivas y cerebelosas (90%, 77% y 75% respectivamente), luego les siguen las lesiones en el tronco cerebral, esfinterianas, mentales y visuales2.

Además de estos síntomas y signos hay otras alteraciones clínicas que se presentan con frecuencia en la enfermedad.

 

La fatiga es la más frecuente (80%), se suele manifestar de general y debilitante, que es excesiva con respecto a la actividad, además la fatiga aumenta con el calor. Es diferente para cada uno de los afectados: a algunos les provoca un cansancio insoportable, a otros les hace empeorar otros síntomas propios de la EM. Dificulta el desarrollo de las actividades diarias. Podemos distinguir dos tipos de fatiga: fatiga primaria (resultado directo del daño al sistema nervioso central y fatiga secundaria (a consecuencia de otros factores no directamente relacionados con la EM)3,4.

La espasticidad es también muy común (60%), se trata de contracciones involuntarias y rigidez. Afecta a las extremidades inferiores en mayor medida que a las superiores2,4.

Los pacientes de esclerosis múltiple a menudo sufren dolor (50%). Este dolor puede clasificarse en cuatro categorías: dolor neuropático central contínuo (sensación de ardor o dolor profundo), dolor neuropático central intermitente (se suele expresar en forma de neuralgia del trigémino), dolor musculo esquelético y neuropatía mixta (provoca espasmos tónicos dolorosos que afectan a las extremidades inferiores y suelen ocurrir durante la noche) y dolor no neuropático (dolor asociado a neuritis óptica, espasmos tónicos dolorosos, lumbalgia y cefalea)2,5.

Otros síntomas frecuentes son la depresión (75%), puede tener un efecto negativo en la función cognitiva (deterioro neuropsicológico) y las relaciones; y las alteraciones esfinterianas (90%), que producen hiperreflexia del músculo de la vejiga, rebosamiento y vaciado vesical incompleto, y el esfínter externo se contrae de forma involuntaria. Además el estreñimiento es frecuente3.

Las alteraciones sexuales también son habituales (70%), en las mujeres pueden causar disminución de la lubricación vaginal, pérdida de la libido y anorgasmia. Los hombres también sufren anorgasmia y además disfunción eréctil y eyaculatoria2.

El signo de Lhermite es un síntoma menos común pero que también aparece (20-40%), en ausencia de un traumatismo previo hace sospechar de una EM, es una sensación de calambre eléctrico desde la espalda hasta los miembros inferiores3.

Los signos y síntomas que pueden ocurrir con menor frecuencia son: trastornos del habla (habla lenta, palabras arrastradas, cambios de ritmo), epilepsia, narcolepsia, cuadros pseudotumorales, síntomas paroxísticos, afectación del sistema nervioso periférico, neuritis óptica y movimientos anormales3. Dentro de la esclerosis múltiple hay que destacar que encontramos varias formas de desarrollarla, que pueden variar en la aparición aguda de los síntomas o episodios, patrones diferentes en relación con el curso de la enfermedad:

En primer lugar, encontramos la esclerosis benigna que es la forma más leve. Las personas que la sufren tienen cantidad mínima de discapacidad después de unos diez años desde el inicio de la enfermedad. Es decir, solo se hace evidente con el paso del tiempo6,7.

Por otro lado, existe la esclerosis múltiple remitente-recurrente, que se caracteriza por exacerbaciones impredecibles, durante las cuales aparecen nuevos síntomas o los existentes es agravan6,7.

Otro tipo es la esclerosis múltiple progresiva primaria que se caracteriza por falta de ataque o recaídas, pero con inicio lento y empeoramiento de manera constante.

También se diferencia la esclerosis múltiple progresiva secundaria, esta se inicia como remitente-recurrente, pero empeora de forma progresiva.

Y por último, está la esclerosis múltiple con recaídas o progresiva recurrente es el subtipo menos común (5%), produce una disminución neurológica progresiva con más de una recaída6,7.

 

EPIDEMIOLOGÍA DE LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE Y FACTORES DE RIESGO:

Entre los trastornos del sistema nervioso central, la esclerosis múltiple (EM) es la causa más frecuente de discapacidad permanente en los adultos jóvenes (8,9). Alrededor de 47.000 personas en España padecen esta enfermedad, 600.000 en Europa, y 2.500.000 en todo el mundo, según la Federación de Esclerosis Múltiple (FEM) de España.

Las numerosas investigaciones realizadas indican que para padecer EM es preciso que las personas genéticamente predispuestas entren en contacto antes del final de la adolescencia con algún factor que se encuentra en el ambiente10, por ello se está estudiando aquellos factores internos o genéticos y externos o ambientales que influyen en la prevalencia e incidencia de esta enfermedad.

En cuanto a los factores internos o genéticos destaca el sexo del individuo pues se ha comprobado que la esclerosis múltiple afecta a más mujeres que a hombres. La proporción mujer/hombre estima que la incidencia de EM es aproximadamente 2:111. Sin embargo, en los últimos años esta proporción ha variado y según sostiene el Doctor Xavier Montalbán, director del Centro de Esclerosis Múltiple de Cataluña (Cemcat) y jefe de Neurología-Neuroinmunología del Hospital Universitario de Vall d’Hebron,»El aumento sucede más en las mujeres (cuatro por cada hombre diagnosticado), tanto en España, como en el resto del mundo».

El sexo es también un factor que determina la edad media de inicio de la EM. Varios estudios han publicado que la edad media de inicio oscila entre 28 y 31 años siendo para las mujeres de unos años antes que para los hombres12. Por tanto, tras varios estudios se sabe que la EM es una enfermedad que afecta más frecuentemente a mujeres jóvenes, de edades comprendidas entre los 20 y los 40 años.

Por otro lado, está demostrado que la EM es más frecuente en ciertas razas que, en otras, lo que puede justificar en parte la variación geográfica de esta enfermedad. Hay quienes opinan que la EM inicialmente solo la padecían los nórdicos, y que fueron los vikingos quienes durante sus correrías por Europa diseminaron la predisposición a la enfermedad, pues las poblaciones blancas, especialmente las del norte de Europa, parecían ser las más susceptibles, sin embargo, estudios posteriores en los Estados Unidos demostraron una mayor incidencia de EM en adultos negros13,14 y en niños15, lo que sugiere que esta susceptibilidad racial puede estar cambiando.

El 80% del sistema inmunitario reside en el tracto gastrointestinal, y hay algunas pruebas del microbioma de los pacientes con EM que difiere de los controles sanos. Sin embargo, se precisa de más investigaciones para aclarar el papel de las bacterias intestinales y la relación de esto con la dieta34,35.

 

La EM no es una enfermedad hereditaria en el sentido popular del término. Sin embargo, existe una predisposición genética a padecer esta enfermedad. Estudios genéticos parecen haber encontrado un factor genético que aumenta el riesgo de padecer EM, especialmente la variación que involucra el locus HLA-DRB116,17. Investigaciones realizadas recientemente con gemelos10 (es decir con personas genéticamente idénticas, en los que uno de los hermanos padece EM) han demostrado que apenas el 24% de las parejas de gemelos padecen ambos la enfermedad. Es decir, aunque existe un componente genético en el origen de la EM, parece aún más importante el componente ambiental.

La literatura apoya un posible estímulo infeccioso del sistema inmunológico como un desencadenante de la EM18,19. Aunque muchos virus y particularmente el virus de Epstein-Barr se han asociado con la EM (20), no se ha informado de ninguna evidencia específica que vincule estos virus directamente al desarrollo de la EM, y requiere un mayor estudio.

Hay una creencia generalizada de una asociación entre la latitud y la esclerosis múltiple21,22, pues el riesgo de padecer EM parece indicar que aumenta de sur a norte a partir de la línea del ecuador23. Sin embargo, esta asociación entre la latitud y el riesgo ha sido cuestionada recientemente (24). Por tanto, el gradiente latitudinal observado de la prevalencia de EM podría explicarse por otros factores, como el tiempo de supervivencia, la precisión diagnóstica y la luz solar – vitamina D.

Una explicación propuesta para la posible asociación de la EM con la latitud es que la exposición a la luz solar puede ser protectora, ya sea debido a un efecto de la radiación ultravioleta o de la vitamina D (25). Varios estudios han encontrado una relación inversa entre la exposición al sol, la exposición a la radiación ultravioleta o los niveles séricos de vitamina D y el riesgo o prevalencia de la EM26-32.

También existen otros desencadenantes externos como el tabaquismo33. En estudios observacionales se ha demostrado que el tabaquismo incrementa de forma significativa el riesgo de padecer Esclerosis Múltiple (1,5 veces respecto al de la población general). El tabaco es un factor de riesgo por sí mismo independiente. Sin embargo, la Esclerosis Múltiple es una enfermedad compleja y el aumento de riesgo por el tabaco puede diferir en función de la interacción con otros factores genéticos y ambientales menos conocidos.

Respecto al mecanismo por el que aumenta el riesgo de padecer la enfermedad sigue siendo desconocida en la actualidad.

 

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