AUTORES
- Berta Artigas Laucia. Enfermera en el Hospital Nuestra. Señora De Gracia de Zaragoza. España.
- Ainhoa Baranco Ramírez. Enfermera en el Hospital Materno Infantil de Zaragoza. España.
- María Marquina González. Enfermera en el Hospital General de La Defensa de Zaragoza. España.
- Leticia López Sierra. Enfermera en el Hospital Clínico Lozano Blesa de Zaragoza. España.
- Mireya Piñol Mendía. Enfermera en el Hospital General de La Defensa de Zaragoza. España.
- María Torre Portella. Enfermera en Hospital Clínico Lozano Blesa de Zaragoza. España.
RESUMEN
La humidificación activa es esencial en pacientes bajo ventilación mecánica invasiva (VMI) en unidades de cuidados intensivos (UCI). En condiciones normales, las vías respiratorias superiores calientan, humidifican y filtran el aire inspirado; sin embargo, en pacientes críticos, esta función se pierde debido a patologías respiratorias, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o el síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA). La VMI asume la oxigenación y la eliminación de CO₂, siendo una intervención clave en casos de insuficiencia respiratoria, postoperatorios de cirugía mayor y sedación profunda.
La falta de humidificación natural en la VMI puede provocar complicaciones, como sequedad de mucosas, obstrucción de tubuladuras, infecciones respiratorias y neumonía asociada a la ventilación mecánica (NAVM). Los sistemas de humidificación activa reproducen las condiciones fisiológicas del aire inspirado, ofreciendo beneficios como prevención de infecciones, estabilidad de temperatura y humedad, y mejoría del confort del paciente. Entre los dispositivos principales destacan los humidificadores de paso, cascada y mecha, los cuales aseguran una humidificación constante y eficiente.
A pesar de los avances tecnológicos, estos sistemas requieren monitorización estricta para prevenir riesgos asociados, como sobrecalentamiento, condensación o contaminación del agua. Aunque los sistemas de humidificación activa son ampliamente utilizados, la evidencia no concluye cuál modalidad es más efectiva, destacando la necesidad de estudios adicionales para optimizar su uso y mejorar la atención de los pacientes en UCI.
PALABRAS CLAVE
Ventilación mecánica, humidificación, unidad de cuidados intensivos.
ABSTRACT
Active humidification is essential for patients undergoing invasive mechanical ventilation (IMV) in intensive care units (ICUs). Under normal conditions, the upper airways heat, humidify, and filter inspired air. However, in critically ill patients, this function is lost due to respiratory conditions such as chronic obstructive pulmonary disease (COPD) or acute respiratory distress syndrome (ARDS). IMV takes over the functions of oxygenation and CO₂ elimination, becoming a crucial intervention in cases of respiratory failure, major surgery recovery, and deep sedation.
The loss of natural humidification during IMV can lead to complications such as mucosal dryness, tube obstruction, respiratory infections, and ventilator-associated pneumonia (VAP). Active humidification systems mimic the physiological conditions of inspired air, providing benefits like infection prevention, temperature and humidity stability, and improved patient comfort. Key devices include pass-over, cascade, and wick humidifiers, which ensure consistent and efficient humidification.
Despite technological advancements, these systems require strict monitoring to prevent associated risks such as overheating, condensation, or water contamination. Although active humidification systems are widely used, evidence is inconclusive regarding the most effective modality. This highlights the need for further research to optimize their use and enhance patient care in ICUs.
KEY WORDS
Mechanical ventilation, humidification, intensive care unit.
DESARROLLO DEL TEMA
Durante una respiración normal, las vías aéreas, son las encargadas de humidificar, calentar y filtrar los gases inhalados, llegando a nuestros pulmones a una temperatura de 37ºC y a 44mg/L de humedad absoluta, realizando, a su vez, el filtrado de posibles contaminantes, mejorando así el intercambio gaseoso y protegiendo el tejido pulmonar1,2.
En circunstancias normales, el sistema respiratorio humano calienta y humedece el aire inspirado al pasar por las vías respiratorias superiores, un proceso esencial para proteger la mucosa respiratoria y optimizar el intercambio gaseoso en los alvéolos. Sin embargo, ciertos pacientes, particularmente aquellos con enfermedades respiratorias graves como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), en exacerbación, pierden esta capacidad natural de acondicionamiento del aire3.
La EPOC y otras enfermedades respiratorias crónicas causan inflamación y daño a las vías respiratorias y al tejido pulmonar. Perjudica la función de los alvéolos y reduce la capacidad general del sistema respiratorio para manejar el volumen de aire requerido, así como la temperatura. Durante una exacerbación aguda, el aumento de las secreciones y la obstrucción de las vías aéreas, junto con la pérdida de elasticidad pulmonar, favorecen la aparición de hipoxemia e hipercapnia. Esto conduce a un mayor esfuerzo respiratorio que puede progresar hacia la aparición de insuficiencia respiratoria3.
En muchos de estos casos, la ventilación mecánica invasiva (VMI) asume las funciones de oxigenación y eliminación de dióxido de carbono (CO2), suministrando un volumen de aire con una fracción inspirada de oxígeno (FiO2) determinada. Sin embargo, no garantiza el intercambio adecuado de gases (oxígeno y dióxido de carbono), ya que dicho intercambio ocurre en los alveolos pulmonares, y su efectividad depende de la funcionalidad de estos; en definitiva, asume las funciones que el paciente es incapaz de realizar adecuadamente por sí mismo debido a la falta de acondicionamiento natural del aire y el deterioro del intercambio gaseoso. La ventilación mecánica es uno de los procedimientos básicos de cuidados intensivos, el cual se lleva a cabo mediante la inserción de un tubo endotraqueal o traqueotomía que conecta al individuo a un ventilador mecánico para proporcionar aire directamente a los pulmones, evitando la resistencia en las vías respiratorias superiores2–5.
Entre las indicaciones de la VMI se encuentra principalmente en los casos de síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA), una condición en la que los pulmones sufren un daño grave caracterizado por una inflamación y líquido en los alvéolos. Este soporte ventilatorio ayuda a la ventilación del paciente, permitiendo que el cuerpo reciba oxígeno y elimine dióxido de carbono cuando los pulmones no pueden hacerlo por sí solos de manera eficaz. Asimismo, desempeña un papel vital en un paciente que sufre una neumonía grave en la que hay una oxigenación insuficiente inducida por la inflamación y el bloqueo de las vías respiratorias. También, se lleva a cabo en el postoperatorio de cirugías mayores o en aquellos pacientes que requieren sedación profunda, ya que en estas condiciones la función respiratoria se suprime temporalmente, y asegura el aporte de la cantidad debida de oxígeno al paciente durante su reanimación2,4-6.
Sumado a sus aplicaciones en patologías específicas, otra ventaja importante de la VMI es que reduce el esfuerzo respiratorio del paciente. De esta manera, los esfuerzos reducidos permiten el descanso de los músculos respiratorios y, por lo tanto, hacen que las condiciones sean más favorables para el proceso de destete. Al mismo tiempo, la VMI permite el suministro de oxígeno a órganos vitales como el cerebro y el corazón, lo que a su vez reduce la cantidad de oxígeno que consume la ventilación de los músculos respiratorios. Esto es de suma importancia en pacientes con descompensación cardíaca o inestabilidad hemodinámica, donde el objetivo principal es reducir la carga de trabajo que soportan el corazón y otros órganos7,8.
Históricamente, la ventilación mecánica se ha utilizado desde el siglo XX y ha demostrado tener un enorme crecimiento a través del tiempo. La historia de la creación de la ventilación mecánica actual tiene un comienzo con el invento de Philip Drinker, en 1929, de un pulmón de metal. Su utilización fue habitual durante el brote de polio de la década de 1950 debido a que la pieza de acero ejercía una fuerza de atracción alrededor del cuerpo del paciente, esto hacía que los pulmones del mismo se incurrieran y se ablandaran de manera pasiva, esto en verdad le permite respirar en su lugar. La primera invención, en concordancia con la tecnología, facilitó el desarrollo de herramientas más avanzadas basadas en la presión positiva en forma de ciclo, las cuales reemplazaron a los respiradores de presión negativa, como el caso del pulmón de metal. Estos nuevos ventiladores resultaban indispensables en las unidades de cuidados intensivos, donde se podía ejercer un mayor control sobre las características de la respiración, beneficiando a los pacientes con dificultades respiratorias9,10.
En la práctica clínica actual, la VMI es una intervención común en las unidades de cuidados intensivos (UCI) para pacientes con insuficiencia respiratoria aguda. Aproximadamente, entre el 30% y el 50% de los pacientes ingresados en UCI requieren algún tipo de soporte ventilatorio, y de ellos, una gran parte necesita VMI. Según los estudios, se estima que cada año, millones de personas a nivel mundial son sometidas a ventilación mecánica, lo que representa un porcentaje significativo de las intervenciones en UCI4,11.
Estos datos subrayan la prevalencia de la VMI en el manejo de pacientes críticos, en especial aquellos con patologías respiratorias graves, como la neumonía y el SDRA. Además, el uso de la VMI está relacionado con una mayor mortalidad en comparación con la VMNI, por lo que su implementación se reserva para pacientes con fallos respiratorios más severos que no pueden ser tratados de manera no invasiva11.
La VMI es una intervención fundamental en los cuidados intensivos, pero también presenta contraindicaciones importantes que deben evaluarse cuidadosamente antes de su implementación. No se recomienda en pacientes con alto riesgo de barotrauma, como aquellos con lesiones pulmonares que puedan agravar la distensión pulmonar. Asimismo, su uso en pacientes con ciertas patologías cardíacas descompensadas puede ser contraproducente, ya que la presión positiva puede reducir el retorno venoso y afectar el gasto cardíaco, exacerbando la inestabilidad hemodinámica12.
Otras complicaciones asociadas a la VMI incluyen efectos sobre las vías aéreas cuando un paciente crítico es sometido a una intubación endotraqueal prolongada. En estas circunstancias, las vías aéreas se ven directamente afectadas con la imposibilidad de poder realizar dicha función como órgano acondicionador del aire inspirado. Todo ello, conlleva graves riesgos y consecuencias para el paciente tales como disminución en la capacidad de retención de agua, disfunción mucociliar, inflamación, ulceración y necrosis del epitelio respiratorio, así como un aumento de la viscosidad de las secreciones respiratorias, aumento de la incidencia de obstrucción del tubo endotraqueal, de la resistencia al flujo aéreo, de atelectasias e infecciones respiratorias asociadas a la ventilación mecánica como la neumonía asociada a la ventilación mecánica (NAVM) entre otras13,14.
Además, es importante mencionar que, dentro del contexto de la ventilación mecánica, existe una modalidad conocida como ventilación mecánica de larga duración, la cual se refiere a los pacientes que permanecen conectados al ventilador durante más de 21 días por más de 6 horas al día. Esta prolongación del soporte ventilatorio se observa en pacientes con insuficiencia respiratoria crónica o en aquellos que no logran ser destetados de la ventilación de manera rápida. La ventilación mecánica de larga duración presenta un reto particular en cuanto al manejo de complicaciones, como el incremento del riesgo de infecciones, el deterioro muscular y la necesidad de mantener la humidificación adecuada a lo largo del tiempo4,15,16.
Una de las complicaciones que más preocupan a nivel hospitalario, es la posible relación con la aparición de neumonía asociada a la ventilación mecánica, que, según la OMS (Organización Mundial de la Salud), se define como “infecciones asociadas a la atención sanitaria”. La NAVM es adquirida 48 horas después de la intubación endotraqueal en un paciente sometido a soporte ventilatorio, la cual es producida por la infección del parénquima pulmonar. Según un estudio realizado por Luis Coelho et al., es una infección muy común en las Unidades de Cuidados Críticos (UCI) que sufren más del 50% de los pacientes ingresados con VMI. A pesar de que algunos autores sugieren que la humidificación activa podría estar relacionada con la aparición de NAVM como una posible complicación adicional, cabe destacar que hay otros que respaldan una menor incidencia de la enfermedad gracias al uso de la humidificación activa (HH)8,12,15.
Para combatir la NAVM, el programa Neumonía Zero surgió precisamente por el objetivo de disminuir su incidencia, estandarizando la atención que se le da a los pacientes que están bajo VMI. El programa, contempla una serie de medidas prácticas que comprenden entre ellas la higiene rigurosa de manos, la limpieza de boca con clorhexidina, el control de la presión del neumotaponamiento y el mantenimiento de la posición de la cabecera de la cama por encima de 30º, todo ello para reducir el peligro de NAV. La puesta en marcha del plan de seguridad integral (PSI) y del paquete de medidas STOP-NAV ha demostrado disminuir la magnitud de los casos de neumonía en estas instalaciones, esto ha producido una mejora en la predicción y el estado de salud de los pacientes en VMI17.
Uno de los componentes esenciales para la prevencion de NAV es la correcta administración de HH tanto en la VMI como en la ventilación mecánica no invasiva (VMNI). La pérdida de la capacidad fisiológica para calentar y humidificar el aire inspirado en los pacientes puede desencadenar una serie de complicaciones respiratorias adversas, que, para contrarrestarlas y reproducir los comportamientos naturales de las vías respiratorias superiores, se han desarrollado diversas modalidades de humidificación activa. Estos sistemas avanzados de humidificación devuelven los niveles ideales de humedad y temperatura en el aire administrado; también son fundamentales para prevenir la deshidratación de las mucosas y otras dificultades asociadas a la respiración prolongada. Estas acciones son cruciales para garantizar la seguridad y la comodidad del paciente, al mejorar significativamente la fiabilidad del soporte respiratorio dentro de las unidades de terapia intensiva. Evitar cambiar o renovar las tabuladoras de forma rutinaria así como los humidificadores, excepto en casos de mal funcionamiento, es una recomendación fundamental en el protocolo Neumonía Zero, basado en la evidencia de que puede acarrear un aumento de la probabilidad de contaminación cruzada17–20.
El empleo de los sistemas de humidificación en los sistemas de ventilación se empezó a investigar a partir del siglo XIX, cuando se percibió la necesidad de disminuir los efectos dañinos de la administración de gases condensados durante la VMI. Estos sistemas se han ido mejorando con el fin de aumentar la calidad y fiabilidad de los dispositivos. Al inicio, los sistemas de humidificación eran sencillos y solo tenían la capacidad de controlar la temperatura y la humedad de los gases administrados. Con el avance de la tecnología, se han generado sistemas más complejos y efectivos, como los sistemas de humidificación activa, que posibilitan un mayor control de las condiciones de la ventilación asistida del paciente19.
En la actualidad, los sistemas de humidificación activa, especialmente aquellos capaces de proporcionar un amplio rango de temperaturas y niveles de humedad, se emplean ampliamente en las UCI. Los sistemas se pueden clasificar como humidificadores de flujo continuo, en cascada y de mecha según su método de proporcionar calefacción y humidificación. Además, el progreso tecnológico ha hecho posible equipar estos sistemas con alarmas y sondas de temperatura, lo que los hace más seguros y eficientes19.
Los sistemas de humidificación activa se crearon utilizando diferentes componentes, como los calentadores, los depósitos de agua y los sistemas de control de temperatura, con el fin de conseguir una humificación más efectiva. Con estos dispositivos, no solo se incrementa la humidificación, sino que además se abre la posibilidad de establecer con exactitud la temperatura y la humedad de los gases inhalados, esto es fundamental para evitar la manifestación de daños en la mucosa respiratoria y el mantenimiento de la funcionalidad del aparato mucociliar19.
Estos sistemas incorporan una interfaz gas-líquido que amplía la superficie de evaporación y están controlados por un servomecanismo para mantener la temperatura incluso si ocurren cambios en el flujo de gas o en el nivel de agua. Las fluctuaciones en la temperatura del gas también se eliminan mediante sistemas de llenado automatizados; por lo tanto, se obtiene una humidificación constante y segura19.
Las principales categorías de humidificación activa son las siguientes:
Humidificadores de Paso
Estos dispositivos permiten que el gas inspirado pase a través de una cámara con agua calentada, lo que asegura que el gas se humedezca y caliente antes de ser administrado al paciente. Esta modalidad es especialmente eficaz para prevenir la sequedad de las vías respiratorias y garantizar que el aire suministrado esté a la temperatura adecuada18,19.
Humidificadores de cascada.
Funcionan haciendo pasar el gas inspirado a través de varias capas de agua, lo que incrementa la superficie de contacto entre el gas y el agua, optimizando así la cantidad de humedad absorbida. Esta modalidad es útil para garantizar una humidificación constante y eficiente del gas suministrado al paciente18,19.
Humidificadores de Mecha
En esta categoría, el gas pasa a través de una mecha empapada de agua, lo que aumenta la superficie de evaporación del líquido. Este sistema proporciona un nivel constante de humedad, lo que es crucial para mantener la estabilidad del paciente bajo ventilación prolongada18,19.
Las herramientas avanzadas, como los sistemas de humidificación con cables calefactados, han disminuido la condensación dentro de las tubuladuras del sistema, esto ha aumentado la comodidad del paciente y disminuido el peligro de infecciones debido a la ventilación14.
Esta forma activa de humidificación posibilita un control exacto de la temperatura y la humedad del gas que se respira, lo cual es fundamental para evitar riesgos de complicaciones en la respiración asociadas a la VMI, en particular para pacientes que requieren soporte de respiración de larga duración. Cada uno de estos tipos ofrece provechos específicos que se adaptan a las necesidades del paciente en términos de medicina, de esta manera se proporciona un tratamiento individualizado y efectivo en las unidades de cuidados intensivos18,19.
Sin embargo, a pesar de sus ventajas, los sistemas de humidificación activa requieren una monitorización constante debido a los riesgos de sobrecalentamiento, contaminación del agua, así como la condensación en las tubuladuras. Esto último puede aumentar el peligro de contaminación y la resistencia del flujo de aire, provocando que el paciente realice una mayor labor respiratoria. Además, los sistemas de humidificación son susceptibles de ser costosos y complicados de manejar, esto requiere una atención constante por parte de los especialistas en medicina para garantizar que la magnitud de humidificación sea la adecuada para el paciente14,19.
Para finalizar, es importante mencionar que existe una debate entre los investigadores respecto a la manera correcta de humidificar y la utilidad de estos métodos en la lucha contra las dificultades asociadas a la ventilación mecánica. A pesar de que los distintos tipos de humidificación presentan características específicas, la evidencia no es concluyente respecto a cuál de ellos proporciona mejores resultados en la prevención de riesgos como lesiones en las vías respiratorias o infecciones. Esta falta de consenso evidencia la necesidad de estudios adicionales que posibiliten la dirección de la práctica médica hacia métodos más seguros y eficaces, contribuyendo así a mejorar la calidad del cuidado de los pacientes que están bajo ventilación mecánica21,22.
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