Ejercicio físico como parte del tratamiento oncológico

27 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Paula López Pérez. Enfermera en Consultas Externas del Hospital Infantil Miguel Servet. Zaragoza, España.
  2. Aldara Cornejo Robles. Enfermera de Urgencias en el Hospital Clínico Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  3. Julio Carabantes Bautista. Enfermero Consultas Externas Materno Infantil Miguel Servet. Zaragoza, España.
  4. Paula Narro Hernández. Enfermera Hospital Clínico Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  5. Pilar Navarro Palacios. Enfermera de Atención Primaria en el Seminario/ Romareda. Zaragoza, España.
  6. Julia Pérez Adiego. Enfermera Consultas Externas Hospital Materno Infantil Miguel Servet. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

El ejercicio físico se ha demostrado como un complemento esencial en el tratamiento oncológico, mitigando efectos secundarios, mejorando la calidad de vida y reduciendo la recurrencia tumoral. Estudios indican que distintos tipos de ejercicio, ajustados a cada etapa del tratamiento, tienen beneficios significativos tanto en el ámbito físico como psicosocial, sin efectos negativos sobre el sistema inmunológico.

PALABRAS CLAVE

Ejercicio físico, tratamiento oncológico, calidad de vida, efectos secundarios y recurrencia tumoral.

ABSTRACT

Physical exercise has been demonstrated as an essential complement in cancer treatment, mitigating side effects, improving quality of life, and reducing tumor recurrence. Studies indicate that different types of exercise, tailored to each stage of treatment, have significant benefits both physically and psychosocially, without negative effects on the immune system.

KEY WORDS

Physical exercise, cancer treatment, quality of life, side effects, and tumor recurrence.

INTRODUCCIÓN

Los tratamientos oncológicos actuales han mejorado significativamente la supervivencia y el pronóstico de los pacientes, pero suelen acompañarse de efectos adversos persistentes. En este contexto, la actividad física se ha investigado como un valioso complemento al tratamiento oncológico. La evidencia científica, a través de revisiones de metaanálisis y ensayos clínicos, ha demostrado una relación positiva entre los tratamientos antineoplásicos y la actividad física, tanto durante como después del tratamiento1.

La prescripción de programas de ejercicio físico beneficia la rehabilitación psicosocial y física de los pacientes, sin efectos negativos en el sistema inmunológico. Sin embargo, es crucial adaptar el tipo e intensidad de los ejercicios a cada etapa del tratamiento para garantizar la adherencia y maximizar los beneficios. Ejercicios aeróbicos combinados con fuerza y resistencia son especialmente efectivos para mitigar la fatiga relacionada con el cáncer (FRC), mejorar la calidad del sueño y contrarrestar los efectos secundarios de la quimioterapia y radioterapia6. Además, el ejercicio físico, incluyendo prácticas como el Tai Chi, ofrece una opción viable para pacientes debilitados, proporcionando mejoras en la calidad de vida, sueño y fatiga. La personalización de los programas de ejercicio, adaptados a cada paciente y su etapa de tratamiento, es fundamental para optimizar los resultados7.

 

OBJETIVOS

OBJETIVO GENERAL:

  • Explorar y analizar los beneficios del ejercicio físico como complemento en el tratamiento oncológico, destacando su impacto en la mejora de la calidad de vida y la reducción de efectos secundarios en pacientes con cáncer.

 

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

  • Evaluar la relación entre distintos tipos de ejercicio físico y la mitigación de efectos secundarios de tratamientos oncológicos.
  • Analizar el impacto del ejercicio físico en la calidad de vida y bienestar psicosocial de los pacientes oncológicos.
  • Identificar las recomendaciones óptimas de ejercicio físico para diferentes etapas del tratamiento oncológico.
  • Investigar la seguridad y viabilidad de implementar programas de ejercicio físico en pacientes oncológicos durante y después del tratamiento.

 

METODOLOGÍA

Este trabajo se basa en una revisión bibliográfica narrativa centrada en la importancia del ejercicio físico como parte integral del tratamiento oncológico. Se ha realizado una búsqueda exhaustiva de artículos científicos en bases de datos como PubMed, Scielo, y Google Scholar. Para la búsqueda, se utilizaron palabras clave relacionadas con el tema, tales como «ejercicio físico», «tratamiento oncológico», «calidad de vida», «efectos secundarios», y «recurrencia tumoral».

Los criterios de inclusión se establecieron para aceptar únicamente estudios en inglés o español, disponibles en texto completo y de acceso gratuito. Además, se incluyeron estudios que abordaran la intervención del ejercicio físico en diferentes etapas del tratamiento oncológico, desde el diagnóstico hasta la recuperación. Se excluyeron artículos que no abordarán de manera directa la relación entre el ejercicio físico y el tratamiento oncológico, así como aquellos que fueran resúmenes de conferencias o publicaciones no revisadas por pares.

La selección final de los estudios se basó en su relevancia, rigor metodológico, y contribución al conocimiento sobre los beneficios del ejercicio físico en pacientes oncológicos, con especial énfasis en los aspectos físicos y psicosociales, así como en su impacto sobre el sistema inmunológico.

RESULTADOS

Actualmente, los tratamientos que se utilizan para tratar el cáncer son cada vez más eficaces y han ayudado a mejorar la supervivencia y el pronóstico. No obstante, llevan consigo una serie de efectos adversos que pueden permanecer en el tiempo e incluso perdurar tiempo después de superar la enfermedad, es por ello, que hace años que se investiga la actividad física como soporte al tratamiento oncológico1.

La actividad física juega un papel muy importante tanto durante la enfermedad como posterior al tratamiento de quimioterapia, siendo un elemento que debe implementarse en el tratamiento oncológico. Varias revisiones de metaanálisis y ensayos clínicos han demostrado que existen una relación positiva entre los tratamientos antineoplásicos y la actividad física, ya sea durante o después de ellos1.

Algunos estudios revelan que la prescripción de programas de ejercicios a pacientes que se encuentran en tratamiento por algún tipo de cáncer ayuda a la rehabilitación tanto en el ámbito psicosocial como físico y, además, indican que no existe ningún efecto negativo en el sistema inmunológico2.

Aunque se ha demostrado por numerosos estudios que la práctica de ejercicio físico mejora en aspectos tanto físicos como psicológicos al paciente oncológico, debemos tener en cuenta qué tipos de ejercicios se pueden llevar a cabo y en qué etapa del tratamiento, ya que la implementación de ejercicios de alta intensidad puede influir en la adherencia al tratamiento por parte de los pacientes3.

En cuanto a la radioterapia adyuvante, la actividad física de tipo aeróbica combinada con ejercicios de fuerza y resistencia, disminuye la FRC que provoca este tratamiento. Por otra parte, este tipo de ejercicio resulta beneficioso para mejorar la calidad de sueño de los pacientes oncológicos4.

Existen beneficios clínicamente significativos y relevantes en cuanto a la asociación de la quimioterapia adyuvante y la realización de actividad física de tipo fuerza-resistencia dirigida de forma progresiva, sugiriendo un comienzo de forma precoz para evitar un círculo negativo en el que la fuerza muscular disminuye, se realiza menos actividad física y se experimente fatiga. Respecto al tipo de actividad física para paliar síntomas de la quimioterapia, se ha observado que el ejercicio físico de mayor intensidad es más eficaz para reducir la disminución de la fuerza muscular y de la capacidad cardiorrespiratoria, lo que conlleva a una disminución de la fatiga y demás síntomas relacionados, evitando así, la necesidad de reducir las dosis de quimioterapia. En contraste, el ejercicio de menor intensidad se relaciona como una opción viable para aquellos pacientes incapacitados para realizar actividad física más intensa1.

Debido a que el cáncer se desarrolla de forma distinta en cada persona, no existe un programa de ejercicio físico predeterminado, sino que éste debe adaptarse a cada paciente, pudiendo implementarse durante la enfermedad, para los que la han superado o incluso de forma preventiva5.

Existen una serie de programas de salud que se basan en promover la realización de actividad física con el fin de paliar o aumentar la supervivencia de enfermos de cáncer. Estos programas incluyen una serie de ejercicios estructurados que pueden realizar los pacientes en el domicilio con el fin de mejorar su calidad de vida o ejercicios supervisados por personal cualificado6.

Existen otros métodos para la realización de ejercicio físico basados en la práctica de artes marciales como el Tai Chi, el cual consiste en un ejercicio originario de China que combina cuerpo-mente y cuya intensidad puede ir de ligera a moderada, siendo un tipo de ejercicio factible para aquellos pacientes oncológicos que están más debilitados y no pueden realizar actividades de mayor intensidad7.

Aunque aún se necesitan más estudios sobre el Tai Chi y sus efectos, ya hay hallazgos que muestran la existencia de una mejora de la calidad del sueño y disminución de la fatiga relacionada con el cáncer8.

Según un ensayo realizado a pacientes de cáncer rectal, la realización de ejercicios de tipo aeróbico mejoró en estos pacientes la fuerza muscular, masa muscular, rendimiento físico y por consiguiente una mejora de la calidad de vida6. Otros estudios a pacientes de cáncer de cuello y cabeza nos indican que el ejercicio de resistencia mejoró el nivel físico y funcional de los pacientes y además se obtuvo beneficios a nivel mental, mejorando la conducta de estos6.

Un estudio realizado por la Universidad Autónoma de Madrid a pacientes con cáncer de mama que finalizaron su tratamiento de quimioterapia y/o radioterapia y que previamente fueron intervenidas quirúrgicamente nos muestra un descenso de dolor, fatiga y discapacidad cuanto mayor es su nivel de actividad física, obteniendo una relación del Índice de Masa Corporal (IMC) con la fatiga, siendo esta mayor cuanto mayor es el IMC del paciente, por lo que expresan indispensable el ejercicio físico para abordar esta enfermedad9.

Se ha observado que la realización de mínimo 150 minutos a la semana de ejercicio físico de tipo moderado a vigoroso, disminuye la fatiga y aumenta la calidad de vida en aquellos pacientes que lo realizan. Por lo tanto, es necesaria la recomendación de la realización de actividad física por parte de los profesionales de la salud desde que se diagnostica la enfermedad y realizando además un seguimiento de este para asegurar la adherencia por parte del paciente3.

La prescripción de ejercicio físico debe ser amplia y variada, abarcando diversos tipos de ejercicios, entre los que se incluyen los de tipo aeróbico, con efectos beneficiosos en la fatiga e inflamación, así como los ejercicios de resistencia muscular para combatir la caquexia. Por otro lado, el ejercicio mejora la movilidad de los brazos, siendo especialmente beneficioso para pacientes con linfedema, y, además, mejora la percepción de su cuerpo y con ello, su autoestima10.

En cuanto al tipo de actividad física, se ha demostrado que la realización de ejercicio físico de intensidad de leve a moderada fue más efectiva en cuanto a la mejora de la ansiedad, calidad de vida, aptitud cardiorrespiratoria y función física, emocional y social que aquellos de intensidad de moderada a alta. Estos beneficios también se obtuvieron con la realización de ejercicio físico de tipo aeróbico como caminar, danza, equitación, bicicleta o ejercicio acuático entre otros11.

Por otro lado, los ejercicios de fuerza sirven para aumentar la fuerza tanto de la parte inferior como superior del cuerpo, que, combinados con ejercicios aeróbicos contribuyen a la disminución de la fatiga11.

El ejercicio físico, además de proporcionar beneficios como la mejora de calidad de vida, sueño, estado físico, fuerza y disminución de grasa corporal y depresión, también es considerado factible y seguro de realizar incluso durante el tratamiento con quimioterapia, independientemente de la duración o modo de ejercicio que se realice, como hemos descrito anteriormente12.

• Complicaciones postoperatorias

Existen investigaciones que demuestran que la capacidad funcional del paciente en el momento previo a la intervención quirúrgica está íntimamente relacionada con las complicaciones postoperatorias, obteniéndose resultados que muestran que, con 4 semanas de ejercicio físico previas a la cirugía, se obtuvieron beneficios en la capacidad física del paciente y se disminuyeron las complicaciones postoperatorias13.

Una buena capacidad funcional se refleja en una adecuada resistencia al esfuerzo, lo que influye directamente en la capacidad del paciente para resistir a la agresión asociada con la intervención quirúrgica, ya que esto conlleva una disminución en la activación del sistema simpático, fundamental para mitigar las complicaciones postoperatorias y aumentar las probabilidades de supervivencia del paciente13.

Teniendo en cuenta estos beneficios, se deberían de introducir programas de ejercicio físico en la prehabilitación de forma paulatina, colaborando un equipo multidisciplinario de sanitarios en el que se encuentran las enfermeras, con el fin de obtener en los pacientes buenos resultados en su estado físico, y, por consiguiente, conseguir una disminución de la morbilidad postoperatoria y un menor tiempo de recuperación post intervención13.

 

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

La evidencia recopilada en este artículo subraya la importancia del ejercicio físico como un componente integral del tratamiento oncológico, tanto durante como después del tratamiento. Diversos estudios han demostrado que la actividad física no solo ayuda a mitigar los efectos secundarios de los tratamientos antineoplásicos, como la fatiga, el dolor y la disminución de la capacidad funcional, sino que también juega un papel crucial en la mejora de la calidad de vida de los pacientes oncológicos. Estos beneficios son consistentes a lo largo de diferentes tipos de cáncer y etapas del tratamiento, destacando la necesidad de personalizar los programas de ejercicio para maximizar su efectividad y adherencia.

La prescripción de ejercicio físico debe ser cuidadosamente adaptada a las necesidades individuales de cada paciente, considerando el tipo de cáncer, el tratamiento recibido y el estado general de salud. La implementación de ejercicios aeróbicos y de resistencia, en particular, ha mostrado resultados prometedores en la reducción de la fatiga y el mantenimiento de la masa muscular, lo que es fundamental para prevenir complicaciones postoperatorias y mejorar la supervivencia a largo plazo. Además, la integración de modalidades menos intensas, como el Tai Chi, ofrece opciones viables para pacientes con limitaciones físicas, sin comprometer los beneficios obtenidos.

En conclusión, el ejercicio físico se posiciona como una herramienta terapéutica efectiva y segura que debería ser incorporada en el tratamiento oncológico de manera rutinaria. Los profesionales de la salud tienen un rol clave en la recomendación y supervisión de estos programas, asegurando que los pacientes reciban un enfoque multidisciplinario que abarque tanto su bienestar físico como emocional. Fomentar la actividad física desde el diagnóstico hasta la recuperación puede no solo mejorar la calidad de vida, sino también aumentar las tasas de supervivencia y reducir las complicaciones relacionadas con la enfermedad y sus tratamientos.

 

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