AUTORES
- Paula Nasarre Grasa. Enfermera Especialista en Salud Mental. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Natalia Sierra Arcos. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Alba Millán Elvira. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Marcos Mené Gálvez. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Noelia Núñez Descalzo. Graduada en Enfermería. Aragón, España.
- María Merino Maestro. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El suicidio en la adolescencia se ha consolidado como una de las principales causas de mortalidad en jóvenes de 15 a 19 años a nivel mundial, con una tendencia al alza en los últimos años, especialmente tras la pandemia de COVID-19.
Se trata de un fenómeno complejo, multifactorial y prevenible, en el que influyen factores individuales, familiares, escolares, comunitarios y sociales. Entre los factores de riesgo más relevantes se encuentran los trastornos de salud mental, el consumo de sustancias, el acoso escolar, las dinámicas familiares disfuncionales y el uso problemático de redes sociales. A su vez, factores protectores como el apoyo familiar, la participación social y la adecuada atención en salud mental actúan como barreras frente al riesgo suicida. El impacto psicológico del suicidio adolescente afecta no solo a la persona afectada, sino también a su entorno familiar, educativo y social. La detección precoz, la intervención terapéutica oportuna y la coordinación de recursos sanitarios, escolares y comunitarios resultan esenciales para su prevención.
En este contexto, la enfermería en salud mental desempeña un papel fundamental en la identificación de factores de riesgo, la educación para la salud y el acompañamiento emocional, siendo imprescindible su capacitación continua y la existencia de protocolos específicos de actuación.
PALABRAS CLAVE
Suicidio adolescente, factores de riesgo, salud mental, enfermería psiquiátrica, prevención del suicidio.
ABSTRACT
Adolescent suicide has become one of the leading causes of mortality among individuals aged 15 to 19 worldwide, with a growing trend in recent years, particularly following the COVID-19 pandemic.
It is a complex, multifactorial, and preventable phenomenon influenced by individual, family, school, community, and social factors. Major risk factors include mental health disorders, substance use, bullying, dysfunctional family dynamics, and problematic social media use. Conversely, protective factors such as family support, social participation, and proper mental health care act as buffers against suicidal behavior. The psychological impact of adolescent suicide extends beyond the individual, affecting family, educational, and community environments. Early detection, timely therapeutic intervention, and the coordination of healthcare, educational, and community resources are essential for effective prevention.
In this regard, mental health nursing plays a key role in identifying risk factors, promoting health education, and providing emotional support, requiring continuous training and specific intervention protocols.
KEY WORDS
Adolescent suicide, risk factors, mental health, psychiatric nursing, suicide prevention.
INTRODUCCIÓN
El suicidio en la adolescencia se ha consolidado como una de las principales causas de muerte entre jóvenes de 15 a 19 años a nivel global, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Este fenómeno, complejo, multifactorial y prevenible, ha captado el interés creciente de profesionales de la salud, educadores, familias y políticos debido a su grave impacto en las personas, las comunidades y los sistemas sanitarios1.
Diversos estudios han identificado múltiples factores asociados al suicidio adolescente, entre los que destacan los trastornos de salud mental, especialmente la depresión, los trastornos de ansiedad y los trastornos de la conducta alimentaria1,2. Asimismo, el consumo de sustancias psicoactivas, las experiencias de abuso físico, emocional o sexual, el acoso escolar, las dinámicas familiares disfuncionales y los factores socioeconómicos también juegan un papel determinante en el riesgo suicida1,3.
En los últimos años, el uso excesivo de redes sociales y la exposición constante a contenidos negativos, discursos de odio o la idealización de la autolesión han cobrado especial relevancia como factores emergentes de riesgo, sobre todo en una etapa caracterizada por la búsqueda de identidad y la elevada vulnerabilidad emocional4.
En España, se ha reportado un alarmante incremento de casos de ideación suicida y conductas autolesivas en jóvenes tras la pandemia de COVID-19. El confinamiento, el aislamiento social y la incertidumbre sobre el futuro afectaron notablemente la salud mental de esta población, poniendo de manifiesto la necesidad urgente de implementar acciones preventivas integrales y multidisciplinarias5. Desde el ámbito sanitario, y particularmente desde la Enfermería especializada en Salud Mental, se reconoce la importancia de la detección precoz, la contención emocional y la intervención terapéutica como pilares esenciales en la prevención del suicidio adolescente2.
MARCO TEÓRICO:
Para comprender de forma integral las causas del suicidio en adolescentes, el modelo ecológico de Bronfenbrenner se presenta como una herramienta teórica especialmente útil. Este modelo permite analizar los factores de riesgo y protección desde múltiples niveles de influencia que interactúan de manera dinámica: individual, familiar, escolar, comunitario y social6:
A nivel individual, se identifican factores como la presencia de trastornos del estado de ánimo, la baja autoestima, las dificultades para regular emociones intensas y la escasa tolerancia a la frustración. Asimismo, ciertas características temperamentales, como la impulsividad o la introversión extrema, pueden predisponer al adolescente a conductas autolesivas.
En el entorno familiar, las dinámicas disfuncionales, el abandono emocional, la violencia intrafamiliar, las relaciones afectivas deterioradas o la presencia de enfermedades mentales en algún miembro de la familia incrementan significativamente el riesgo de conductas suicidas3,7. El hogar debería constituir un espacio seguro y de apoyo, pero cuando esto no ocurre, la vulnerabilidad emocional del adolescente se intensifica.
El entorno escolar, por su parte, representa un espacio decisivo en la vida del adolescente. Situaciones de acoso escolar, exclusión social, bajo rendimiento académico o falta de adaptación al grupo pueden potenciar el malestar psicológico y el riesgo suicida. Además, en contextos educativos donde no se cuenta con personal capacitado en salud mental ni protocolos de intervención, se dificulta la detección y el abordaje precoz de estas situaciones1.
A nivel comunitario, la carencia de recursos de atención psicológica accesibles, el estigma persistente asociado a los trastornos mentales y la escasa formación específica del personal educativo y sanitario en temas de salud mental en los adolescentes obstaculizan la prevención efectiva6.
IMPACTO PSICOLÓGICO:
El suicidio en la adolescencia tiene un impacto devastador, no solo en la vida del joven afectado, sino también en su familia, su grupo de amigos, la comunidad escolar y la sociedad en su conjunto. Las tentativas suicidas que no llegan a consumarse pueden dejar secuelas físicas graves, además de aumentar considerablemente el riesgo de reincidencia y de cronificación del sufrimiento emocional si no se brinda una atención adecuada.
Los adolescentes que sobreviven a un intento suicida suelen presentar síntomas depresivos persistentes, trastornos de ansiedad, sentimiento de desesperanza y aislamiento social. Además, en muchos casos se experimenta un deterioro del proyecto vital y de las expectativas futuras, lo que dificulta su reintegración social y académica.
En cuanto a las familias, estas suelen atravesar un duelo complejo caracterizado por sentimientos de culpa, impotencia, frustración y temor a nuevos intentos. En numerosas ocasiones, este duelo no recibe el acompañamiento profesional ni social adecuado, lo que propicia dinámicas de silencio, negación y aislamiento emocional. La falta de recursos específicos para atender a las familias tras un intento o un suicidio consumado agrava el sufrimiento y perpetúa los riesgos para otros miembros vulnerables del núcleo familiar7.
El entorno escolar también se ve afectado, especialmente cuando el suicidio ocurre en comunidades pequeñas o se difunde en redes sociales. El impacto emocional en compañeros y docentes puede generar estados de ansiedad, miedo, inseguridad o culpabilidad. Por ello, la intervención oportuna y profesional en estos entornos es crucial para contener el malestar y prevenir efectos en cadena4.
CUIDADOS DE ENFERMERÍA:
El papel de la enfermería en la prevención del suicidio adolescente resulta esencial, dado que los profesionales de enfermería suelen ser uno de los primeros puntos de contacto de los jóvenes y sus familias con el sistema sanitario. Las enfermeras no solo se encargan de la identificación de signos de alarma y factores de riesgo, sino que también engloban la educación sanitaria, el acompañamiento emocional, la intervención en crisis y la coordinación con los servicios de salud mental especializados2.
Entre las intervenciones más efectivas desde enfermería se encuentran la entrevista motivacional, que permite explorar las razones para vivir y promover el compromiso con la vida, y la escucha activa, indispensable para generar un espacio de confianza y comprensión. La validación emocional, entendida como el reconocimiento sin juicio de las emociones del adolescente, resulta clave para disminuir la intensidad del malestar6.
Asimismo, se debe trabajar en la promoción de factores de protección, como el fortalecimiento del vínculo familiar, la participación en actividades recreativas y deportivas, el desarrollo de habilidades sociales y la inserción en grupos de apoyo. La enfermería también debe actuar como nexo entre el adolescente, su familia, el entorno escolar y los recursos comunitarios1.
La formación continua del personal de enfermería en prevención del suicidio, manejo del riesgo suicida, y habilidades comunicativas resulta indispensable para brindar una atención competente, humana y eficaz. Del mismo modo, se recomienda que las unidades de atención primaria y de salud mental cuenten con protocolos de actuación específicos ante situaciones de ideación o conducta suicida en adolescentes2.
CONCLUSIONES
El suicidio adolescente constituye una problemática alarmante que afecta de manera directa al sistema sanitario, a las instituciones educativas y a la sociedad en su conjunto. Identificar de forma temprana los factores de riesgo y actuar sobre ellos de manera integral y coordinada es esencial para reducir su incidencia. Desde la Enfermería de Salud Mental se promueve un enfoque biopsicosocial, centrado en el adolescente y en su entorno, que combina la vigilancia clínica con el acompañamiento terapéutico y emocional.
Resulta prioritario implementar programas educativos sobre salud mental en los centros escolares, formar equipos interdisciplinares en atención primaria y fomentar la colaboración entre familias, instituciones educativas y servicios de salud mental.
Finalmente, visibilizar esta problemática desde el ámbito académico permite generar conocimiento actualizado, sensibilizar a la comunidad y promover cambios en las prácticas clínicas y en las políticas públicas. Los profesionales de enfermería deben ser reconocidos como agentes clave en esta tarea, dotados de recursos, formación y respaldo institucional adecuados para proteger la salud mental y emocional de los adolescentes.
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