Fractura cerrada no desplazada de la base del quinto metatarsiano tras traumatismo por torsión: abordaje inicial en un servicio de urgencias.

23 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Lorena Cano González. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
  2. Alba Bernad Notivol. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
  3. Clara Belenguer Pascual. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
  4. Cristina Georgiana Ungureanu Ungureanu. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
  5. Virginia Ortiz Castán. Enfermera. Clínica Viamed Montecanal, Zaragoza, España.

RESUMEN

Las fracturas del quinto metatarsiano constituyen una lesión frecuente del pie y pueden aparecer tras mecanismos aparentemente banales de torsión. Su relevancia clínica radica en que el pronóstico y el tratamiento dependen de la localización exacta de la fractura, el grado de desplazamiento y la capacidad de carga. Se presenta el análisis monográfico de un caso atendido en un servicio hospitalario de urgencias: persona adulta joven que consulta tras una torcedura de pie-tobillo, con dolor y edema localizados en la región correspondiente al quinto metatarsiano. La exploración no evidenció deformidad y la movilidad del tobillo estaba conservada. La radiografía confirmó una fractura no desplazada de la base del quinto metatarsiano. Se instauró tratamiento conservador mediante férula de yeso, descarga del miembro afectado con ayuda de muletas, analgesia según necesidad y profilaxis antitrombótica con enoxaparina, programándose revisión traumatológica y control radiográfico. El caso permite revisar la valoración clínica y radiológica, los principios del tratamiento conservador, la vigilancia neurovascular y el papel del personal de Enfermería en la educación sanitaria y la detección precoz de complicaciones. La adecuada clasificación anatómica y el seguimiento resultan esenciales, ya que determinadas fracturas proximales presentan mayor riesgo de retraso de consolidación o pseudoartrosis1–4.

PALABRAS CLAVE

Fracturas del metatarso, quinto metatarsiano, inmovilización, urgencias, cuidados de Enfermería, tromboembolismo venoso.

ABSTRACT

Fifth metatarsal fractures are common foot injuries that can occur following seemingly minor twisting mechanisms. Their clinical significance lies in the fact that prognosis and treatment depend on the exact location of the fracture, the degree of displacement, and weight-bearing status. This paper presents a case study of a young adult treated in a hospital emergency department following a foot and ankle twist, presenting with pain and swelling localized to the fifth metatarsal region. Physical examination revealed no deformity, and ankle mobility was preserved. Radiography confirmed a non-displaced fracture of the base of the fifth metatarsal. Conservative treatment was initiated, consisting of a plaster splint, non-weight-bearing status for the affected limb (using crutches), analgesia as needed, and antithrombotic prophylaxis with enoxaparin; an orthopedic follow-up appointment and repeat radiography were scheduled. This case allows for a review of clinical and radiological assessment, principles of conservative treatment, neurovascular monitoring, and the role of nursing staff in patient education and the early detection of complications. Accurate anatomical classification and follow-up are essential, as certain proximal fractures carry a higher risk of delayed union or non-union1–4.

KEY WORDS

Metatarsal fractures, fifth metatarsal, immobilization, emergency department, nursing care, venous thromboembolism.

INTRODUCCIÓN

Las fracturas metatarsianas se encuentran entre las lesiones óseas más habituales del pie, y el quinto metatarsiano es una localización especialmente relevante por sus particularidades anatómicas y vasculares. Las lesiones proximales pueden dividirse en distintas zonas anatómicas, con diferente capacidad de consolidación y, por tanto, con necesidades terapéuticas distintas. La denominada fractura de Jones, situada en la unión metafisodiafisaria, merece especial atención por el mayor riesgo de retraso de consolidación y pseudoartrosis respecto a las avulsiones más proximales1,2.

El mecanismo lesional suele incluir inversión, aducción o torsión del pie. Clínicamente son frecuentes el dolor localizado, el edema, la sensibilidad ósea y la dificultad para la carga. Las reglas de Ottawa constituyen una herramienta clínica validada para seleccionar a las personas con traumatismos de pie y tobillo que precisan estudio radiográfico; la presencia de dolor en mediopié asociado a dolor óseo en la base del quinto metatarsiano es uno de los criterios que apoyan la realización de radiografías2,3.

En urgencias, además de confirmar la lesión, es necesario valorar la integridad cutánea, el estado neurovascular distal, la existencia de deformidad y la posible asociación con otras lesiones. El personal de Enfermería participa de forma relevante en la vigilancia de la extremidad inmovilizada, el control del dolor, la educación para el uso seguro de ayudas técnicas y la identificación de signos de alarma. Cuando la inmovilización reduce de forma importante la movilidad, debe considerarse también el riesgo individual de tromboembolismo venoso y de sangrado antes de indicar profilaxis farmacológica5,6.

OBJETIVOS

Objetivo general: analizar el abordaje clínico, terapéutico y de cuidados de una fractura cerrada no desplazada de la base del quinto metatarsiano atendida en un servicio de urgencias.

Objetivos específicos: describir los hallazgos clínicos y radiológicos del caso; revisar los fundamentos del tratamiento conservador de las fracturas del quinto metatarsiano; identificar las principales complicaciones y criterios de seguimiento; valorar la prevención del tromboembolismo venoso en situaciones de inmovilización del miembro inferior; y destacar las intervenciones educativas y de vigilancia atribuibles al personal de Enfermería.

MÉTODOS

Se realizó un trabajo monográfico descriptivo basado en un informe clínico de urgencias aportado para su análisis, complementado mediante revisión narrativa de literatura científica y recomendaciones clínicas sobre fracturas del quinto metatarsiano e inmovilización del miembro inferior. Se priorizaron revisiones clínicas, revisiones sistemáticas y guías de práctica clínica. La información del documento se utilizó exclusivamente para reconstruir los aspectos clínicos pertinentes al caso, omitiéndose deliberadamente cualquier dato identificativo. La síntesis se redactó de forma original y se contrastaron el diagnóstico, la inmovilización, la descarga, el seguimiento y la profilaxis antitrombótica con la evidencia disponible1–6.

RESULTADOS

El caso corresponde a una persona adulta joven que acudió a urgencias tras una torcedura de pie-tobillo. En la valoración clínica se objetivó edema en el dorso del pie a nivel del quinto metatarsiano y dolor selectivo en esa región. El tobillo conservaba la movilidad y no se describió deformidad. La temperatura registrada fue normal y no constaban antecedentes clínicos de interés ni alergias medicamentosas conocidas.

El estudio radiográfico mostró una fractura no desplazada de la base del quinto metatarsiano. Ante la estabilidad aparente de la lesión se optó por tratamiento conservador. En urgencias se colocó una férula de yeso y se administró enoxaparina por vía subcutánea. Al alta se mantuvo la inmovilización, se indicó evitar el apoyo mediante el uso de muletas y se pautó analgesia con ibuprofeno si aparecía dolor. Asimismo, se estableció revisión en Traumatología y control radiográfico aproximadamente a los quince días, junto con la recomendación de regresar a urgencias ante cualquier incidencia.

La conducta conservadora es coherente con el manejo habitual de numerosas fracturas no desplazadas del quinto metatarsiano, aunque el tipo exacto de fractura proximal debe determinarse radiológicamente porque condiciona el tiempo de descarga, la duración de la inmovilización y la necesidad eventual de valoración quirúrgica1–4.

DISCUSIÓN

La principal cuestión clínica en las fracturas de la base del quinto metatarsiano es su correcta localización anatómica. Las fracturas de la zona 1, generalmente por avulsión de la tuberosidad, suelen evolucionar favorablemente con tratamiento funcional o conservador. Las lesiones de las zonas 2 y 3 presentan características biológicas diferentes y pueden asociarse a un mayor riesgo de retraso de consolidación o pseudoartrosis, por lo que requieren un seguimiento más estrecho y, en determinados perfiles de actividad o patrones radiológicos, puede considerarse tratamiento quirúrgico1,4.

En el caso analizado, la ausencia de desplazamiento y deformidad apoya inicialmente un manejo no quirúrgico. La inmovilización con férula permite limitar el movimiento y proteger el foco de fractura durante la fase aguda. La descarga indicada mediante muletas reduce las fuerzas transmitidas al borde lateral del pie. No obstante, la literatura actual señala que el tratamiento debe individualizarse según la zona concreta de fractura; por ejemplo, determinadas lesiones por avulsión pueden tolerar carga progresiva precoz, mientras que las fracturas tipo Jones clásicas suelen requerir períodos más prolongados sin apoyo1–3.

El seguimiento radiológico es importante para comprobar que se mantiene la alineación y valorar la progresión de la consolidación. Entre las complicaciones descritas se encuentran el dolor persistente, la consolidación retardada, la pseudoartrosis y la refractura. El riesgo es especialmente relevante en determinadas fracturas proximales por la existencia de una región con vascularización menos favorable en la transición metafisodiafisaria1,4. La persistencia del dolor, la incapacidad funcional desproporcionada o la ausencia de signos de consolidación obligan a reevaluar el diagnóstico y el plan terapéutico.

Otro aspecto destacable del caso es la profilaxis antitrombótica durante la inmovilización. Las recomendaciones del National Institute for Health and Care Excellence establecen que las personas dadas de alta con inmovilización de un miembro inferior deben ser valoradas individualmente respecto al riesgo de tromboembolismo venoso. La heparina de bajo peso molecular puede considerarse cuando el riesgo trombótico supera al riesgo hemorrágico; por tanto, la inmovilización por sí sola no sustituye a una valoración individual del balance beneficio-riesgo5,6.

Desde la perspectiva enfermera, los cuidados no finalizan con la colocación de la férula. Debe comprobarse el estado neurovascular distal y ofrecer educación sobre signos de compromiso circulatorio o neurológico, como aumento progresivo del dolor, cambios de coloración, frialdad, parestesias o inflamación marcada. También es relevante explicar cómo mantener la inmovilización seca e íntegra, evitar introducir objetos bajo el yeso y utilizar correctamente las muletas. La educación sanitaria mejora la capacidad de la persona para detectar complicaciones y cumplir las medidas de descarga y seguimiento2,3.

Por último, el caso pone de manifiesto la importancia de una comunicación clara al alta. La información sobre analgesia, profilaxis antitrombótica, restricción de apoyo, citas de revisión y criterios de reconsulta debe transmitirse de manera comprensible y verificarse siempre que sea posible. La continuidad asistencial entre urgencias, Traumatología, Radiología y atención ambulatoria favorece un manejo seguro y permite adaptar progresivamente la inmovilización y la carga a la evolución clínica y radiográfica.

CONCLUSIONES

La fractura no desplazada de la base del quinto metatarsiano puede tratarse de forma conservadora en numerosos casos, pero su pronóstico depende de la localización anatómica exacta y de las características de la persona afectada. La valoración inicial debe integrar exploración clínica, estado neurovascular y estudio radiográfico. La inmovilización, la restricción o progresión de la carga según el patrón de fractura, el control del dolor y el seguimiento traumatológico constituyen pilares del tratamiento. Cuando existe inmovilización del miembro inferior, la profilaxis antitrombótica debe sustentarse en una valoración individual del riesgo trombótico y hemorrágico. El personal de Enfermería desempeña un papel esencial en la vigilancia de la extremidad, la educación sanitaria, el manejo de las ayudas para la marcha y la identificación de signos de alarma. Un alta estructurada y un seguimiento clínico-radiológico adecuado contribuyen a prevenir complicaciones y favorecer la recuperación funcional.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Chloros GD, Kakos CD, Tastsidis IK, Giannoudis VP, Panteli M, Giannoudis PV. Fifth metatarsal fractures: an update on management, complications, and outcomes. EFORT Open Rev. 2022;7(1):13-25. doi:10.1530/EOR-21-0025.
  2. Bica D, Sprouse RA, Armen J. Diagnosis and management of common foot fractures. Am Fam Physician. 2016;93(3):183-191.
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  4. Herterich V, Baumbach SF, Kaiser A, Böcker W, Polzer H. Fifth metatarsal fracture: a systematic review of the treatment of fractures of the base of the fifth metatarsal bones. Dtsch Arztebl Int. 2021;118:587-594. doi:10.3238/arztebl.m2021.0231.
  5. National Institute for Health and Care Excellence. Venous thromboembolism in over 16s: reducing the risk of hospital-acquired deep vein thrombosis or pulmonary embolism. NICE guideline NG89. London: NICE; 2018 [updated 2025].
  6. National Institute for Health and Care Excellence. Venous thromboembolism in adults. Quality standard QS201. London: NICE; 2021.

 

NOTAS ACLARATORIAS EXTRAÍDAS DE LA PÁGINA 1:

• El documento clínico original registra una fractura no desplazada de la base del quinto metatarsiano tras un mecanismo de torcedura de pie-tobillo.

• Se documentan edema y dolor selectivo sobre la región del quinto metatarsiano, sin deformidad y con movilidad del tobillo conservada.

• El tratamiento registrado incluye férula de yeso, enoxaparina subcutánea, descarga evitando el apoyo con muletas y analgesia con ibuprofeno si dolor.

• Se indica revisión por Traumatología y control radiográfico en aproximadamente quince días, además de reconsulta en urgencias ante incidencias.

• Para preservar la confidencialidad, no se reproducen nombre, domicilio, teléfono, números administrativos, número de historia clínica ni otros identificadores personales visibles en el informe.

 

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