AUTORES
- Inés Ariza Lafaja. Fisioterapeuta MAZ Zaragoza. España.
- Raquel Burillo Nebra. Fisioterapeuta Clínica E. Sierra Zaragoza. España.
- Ana Badules Sánchez. Fisioterapeuta Clínica V.Abenia Zaragoza. España.
- David Rillo Gil. Fisioterapeuta MAZ Zaragoza. España.
- Marta Fustero Albero. Fisioterapeuta Fadema Zaragoza. España
- Javier Planas Gil. Fisioterapeuta MAZ Zaragoza. España.
RESUMEN
La fractura de clavícula es una lesión musculoesquelética frecuente, especialmente en población joven y activa que afecta principalmente al tercio medio del hueso. Su diagnóstico se basa en la anamnesis, exploración física y pruebas de imagen como radiografía, tomografía computarizada, resonancia magnética y ecografía. El tratamiento puede ser conservador o quirúrgico, dependiendo del tipo de fractura, desplazamiento y características del paciente. La fisioterapia cumple un papel fundamental en la recuperación funcional, proponiendo una intervención estructurada en tres fases según el estadio de la lesión. Esta incluye el control del dolor, mejora de la movilidad, fortalecimiento progresivo y recuperación de la autonomía. Se emplean técnicas como el ejercicio terapéutico, electroestimulación, movilización precoz, terapia manual, agentes físicos y vendajes funcionales, adaptadas a cada fase de recuperación. Una intervención fisioterápica adecuada mejora los resultados clínicos, previene complicaciones y favorece la reintegración del paciente a sus actividades diarias.
PALABRAS CLAVE
Fracturas óseas, fisioterapia, rehabilitación, ejercicio terapéutico.
ABSTRACT
Clavicle fractures are a common musculoskeletal injury, particularly affecting young and physically active individuals, with the midshaft being the most frequently involved segment. Diagnosis is based on clinical evaluation, including patient history, physical examination, and imaging techniques such as X-ray, CT scan, MRI, and ultrasound. Management strategies range from conservative to surgical, depending on fracture type, degree of displacement, and patient-specific factors. Physiotherapy plays a pivotal role in functional recovery through a phased approach tailored to the healing stage. This structured rehabilitation includes pain control, restoration of joint mobility, progressive strengthening, and the re-establishment of independence in daily activities. Core physiotherapeutic methods involve therapeutic exercise, neuromuscular electrical stimulation, early mobilization, manual therapy, physical agents, and supportive taping techniques. A well-implemented rehabilitation program enhances clinical outcomes, minimizes the risk of complications, and supports the patient’s reintegration into normal functional roles.
KEY WORDS
Bone fracture, physical therapy, rehabilitation, exercise therapy.
DESARROLLO DEL TEMA
La fractura de clavícula es una lesión musculoesquelética muy frecuente que afecta principalmente a población jóven y activa1. Aproximadamente el 80% de los casos se localizan en el tercio medio de la clavícula2,3.
Esta lesión representa entre el 2% y el 10% de todas las fracturas óseas, con una incidencia anual de 1 por cada 1000 personas1,2. Es la fractura más común en niños y adolescentes, con una prevalencia del 70% en varones3,4, observándose un segundo pico de incidencia en adultos mayores de 55 años1.
En el 87% de los casos, el mecanismo lesional es la caída lateral sobre el hombro. Otras causas incluyen traumatismos directos sobre la clavícula, accidentes de tráfico y caidas con impacto sobre el miembro superior1,3,4. Los deportes con mayor riesgo son el ciclismo, el fútbol y el fútbol americano1,3.
La localización superficial de la clavícula, junto con las fuerzas musculares y ligamentosas que actúan sobre ella, la hacen especialmente vulnerable a fracturas1. La clasificación de Robinson propuesta en 1998 basada en la localización anatómica de la fractura y en características como el desplazamiento, conminución y afectación articular permite tener una descripción más detallada sobre la fractura, facilitando así la elección de tratamiento5.
Clasificación de Robinson para fracturas de clavícula:
- Tipo 1: Fracturas del tercio medial:
- 1A: No desplazadas, extraarticulares (1A1) o intraarticulares (1A2).
- 1B: Desplazadas, extraarticulares (1B1) o intraarticulares (1B2).
- Tipo 2: Fractura del tercio medio (diafisarias):
- 2A: Sin desplazamiento significativo, sin conminución (2A1) o con conminución (2A2).
- 2B: Desplazadas, con conminución en cuña (2B1) o segmentarias o conminutas (2B2).
- Tipo 3: Fracturas del tercio distal:
- 3A: No desplazadas, extraarticulares (3A1) o intraarticulares (3A2).
- 3B: Desplazadas, extraarticulares (3B1) o intraarticulares (3B2).
La mayoría de las fracturas de clavícula ocurren en el tercio medio (entre el 69-82%) dado que la diáfisis de este hueso es el segmento más delgado y carece de inserciones ligamentosas lo que la hace más vulnerable. Con menor frecuencia se afecta el tercio distal (12-28%) y, en menor medida, se observan fracturas en el tercio proximal (alrededor del 3%)1,4.
DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico de esta lesión se basa en una anamnesis detallada, exploración física minuciosa y en un uso adecuado de pruebas de imagen. En la exploración física, los pacientes suelen referir dolor localizado en la región clavicular, deformidad visible, crepitación, equimosis, edema y limitación funcional del hombro afectado, siendo especialmente dolorosa la palpación en el foco de fractura1.
Debido a la proximidad anatómica de la clavícula con el plexo braquial y la vena subclavia, es fundamental realizar una evaluación neurovascular. Para valorar una posible afectación de la vena subclavia se deben tener en cuenta signos como la disminución de frecuencia de pulso distal, decoloración y edema de la extremidad afectada. En cuanto a la afectación del plexo braquial, es importante valorar la función neurológica distal del miembro superior. Además, aunque ocurre con menor frecuencia, se puede producir una lesión en el vértice pulmonar, pudiendo derivar en un neumotórax o hemotórax. Por lo tanto, se debe valorar la integridad ósea de la caja torácica y la presencia de disnea o afectación respiratoria1.
La radiografía simple en proyección anteroposterior es la prueba de imagen principalmente utilizada pues permite visualizar la localización, el trazado y el grado de desplazamiento de la fractura. En ocasiones, se complementa con una radiografía en proyección oblicua de 45º, lo que facilita una mejor valoración de la posición de fragmentos óseos o la afectación del tercio lateral o medial. En casos en los que hay una sospecha de afectación de la articulación esternoclavicular o acromioclavular, está indicada la realización de una tomografía computarizada (TC) pues ofrece imágenes de mayor resolución que facilitan tanto la planificación quirúrgica como la evaluación de la extensión de la fractura1,6.
La resonancia magnética (RM) también representa una herramienta útil al permitir evaluar lesiones asociadas de tejidos blandos, como del manguito rotador o plexo braquial, que pueden coexistir con las fracturas de clavícula6.
Por otro lado, la ecografía musculoesquelética ha demostrado ser instrumento eficaz para el diagnóstico, especialmente en poblaciones pediátricas y neonatales, al constituir una alternativa libre de radiación, muy recomendable para estos pacientes7.
TRATAMIENTO:
El tratamiento de la fractura de clavícula puede ser conservador o quirúrgico en función del tipo de fractura, el grado de desplazamiento, las comorbilidades del paciente y su nivel de demanda funcional.
En las fracturas no desplazadas o mínimamente desplazadas, con menos de 2cm de acortamiento y con contacto residual entre fragmentos óseos, el tratamiento conservador mediante inmovilización con cabestrillo, continúa siendo la primera opción terapéutica, cursando con un pronóstico funcional generalmente favorable. La literatura científica y las guías clínicas respaldan el abordaje conservador en las fracturas del tercio medio de la clavícula que no presentan desplazamiento significativo8.
Por otro lado, las guías clínicas actuales de la American Academy of Orthopaedic Surgeons (AAOS) recomienda el tratamiento quirúrgico en fracturas del tercio medio con notable desplazamiento (más de 2cm de acortmiento o más del 100% de desplazamiento) y/o conminución, dado que esta opción muestra mejores tasas de consolidación ósea y resultados funcionales en comparación con el tratamiento conservador2,9. En estos casos, la cirugía de reducción abierta y fijación interna (ORIF, por sus siglas en inglés, Open, Reduction, Internal, Fixation) es la técnica más utilizada, especialmente en fracturas conminutas o con desplazamiento significativo, ya que permite una estabilización eficaz y facilita la unión ósea10.
INTERVENCIÓN FISIOTERÁPICA:
El abordaje fisioterápico varía en función del tratamiento médico recibido y del estadío de recuperación en el que se encuentre el paciente. Tiene como principal objetivo mejorar el dolor y la función y favorecer una adecuada consolidación ósea. El inicio precoz del tratamiento fisioterápico, tras un breve periodo de inmovilización, es fundamental. Previene complicaciones como la atrofia muscular o la rigidez articular11,12.
Se propone estructurar el tratamiento en 3 fases, atendiendo al estado de la lesión, de forma que cada etapa presenta unos objetivos terapéuticos específicos en función de la situación clínica y funcional del paciente tras la fractura.
Durante la primera fase del tratamiento (0-4 semanas), los objetivos se basan en aliviar el dolor y mejorar la función. Es recomendable comenzar con una intervención educativa que permita al paciente comprender su lesión, conocer posibles complicaciones, aportar estrategias preventivas y marcar objetivos de la intervención fisioterápica11,12. A pesar del periodo de inmovilización, se sugiere introducir ejercicios de respiración diafragmática para preservar la capacidad respiratoria que se puede haberse visto comprometida en esta lesión. Asimismo, los ejercicios de movilidad cervical y retracción escapular están indicados con el fin de prevenir complicaciones secundarias a la inmovilización prolongada, mejorar la estabilidad escapular y facilitar la reeducación motora y sinergia funcional del complejo hombro-escapula11. Además, se puede recurrir al uso de electroestimulación (TENS e interferenciales) pues son corrientes eléctricas analgésicas que permiten comenzar o continuar con el trabajo activo desde etapas tempranas12.
En la fase 2 de la intervención (4-8 semanas), los objetivos se fundamentan en controlar el dolor y mejorar la función. Se ha demostrado que el ejercicio terapéutico constituye una herramienta indispensable para el abordaje fisioterápico pues permite mejorar la funcionalidad, el estado físico y psicológico del paciente y favorece una recuperación progresiva tras la lesión. Tras la inmovilización, se aconseja comenzar a realizar ejercicios autoasistidos y activos de la extremidad superior para ganar rango de movilidad y trabajar la activación muscular11,12.
A lo largo de esta fase, si hay una respuesta a la carga favorable y siempre respetando la seguridad del paciente, se recomienda aumentar progresivamente la intensidad de los ejercicios introduciendo resistencias externas o cargas. De esta manera, se permite orientar al paciente a realizar actividades funcionales y de la vida diaria, permitiéndole ser más autónomo e independiente. Se ha evidenciado que la electroestimulación es una terapia efectiva para favorecer la contracción muscular y activación neuromuscular, lo que contribuye a una recuperación muscular y nerviosa precoz 11,12.
La fase 3 del tratamiento (8-12 semanas) tiene como objetivo mejorar la función, conseguir la independencia completa y volver a la actividad. En esta fase, los ejercicios progresan en complejidad para mejorar las capacidades físicas y funcionales del paciente. Se enfocan en el fortalecimiento, la coordinación y la estabilidad de la extremidad, incrementando la carga según la evolución clínica del paciente. De este modo, se dota al paciente de herramientas necesarias para recuperar su autonomía y alcanzar el estado físico previo a la lesión11,12.
Además, la literatura destaca la utilidad de terapias físicas como la tecarterapia y el láser, como aliadas terapéuticas eficaces destinadas a favorecer la consolidación ósea, la analgesia y la regeneración tisular de la zona afectada11,12. El vendaje estabilizador y neuromuscular son herramientas que ofrecen soporte externo, aportando mayor seguridad al paciente durante la ejecución del ejercicio terapéutico12.
Cabe destacar que, si hay algún tipo de lesión del plexo braquial, hay que realizar un tratamiento específico basado en la reeducación sensorial y electroestimulación neuromuscular, con el fin de restablecer la función nerviosa afectada11.
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