Fragmentación, cuidados omitidos y calidad. El coste oculto del trabajo por tareas en enfermería de atención primaria. Revisión narrativa

30 diciembre 2025

 

AUTORES

  1. Umayma Beni Abdellah El Mohammadi. Enfermera Familiar y Comunitaria. Centro de Salud de Caspe. Zaragoza, España.
  2. Carla Cantero Lumbreras. Graduada en Enfermería. Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  3. Erick Enrique Murillo Valdez. Graduado en Enfermería. Procesos Quirúrgicos del Hospital General de la Defensa. Zaragoza, España.
  4. Alba Blasco Celma. Enfermera Familiar y Comunitaria. Centro de Salud de Fuentes de Ebro. Zaragoza, España.
  5. Sara Nasser Sarto. Diplomada en Enfermería. Servicio de Cirugía Coloproctológica del Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  6. Miriam Carmena del Viso. Enfermera Familiar y Comunitaria. Centro de Salud de Valderrobres. Teruel, España.

 

RESUMEN

Objetivo: Analizar cómo la organización del trabajo por tareas en enfermería de Atención Primaria (AP) afecta a la calidad asistencial, y sintetizar los mecanismos y la evidencia disponibles.

Método: Revisión narrativa de literatura científica y documentos marco (2010–2025) sobre longitudinalidad, métodos de organización de cuidados, missed nursing care, y marcos de calidad (Donabedian e IOM). Se priorizaron revisiones, estudios observacionales y guías internacionales relevantes para AP.

Resultados: La longitudinalidad —relación mantenida con los mismos profesionales— se asocia con mejores resultados clínicos y menor utilización evitable de recursos, además de una experiencia de paciente superior. Los modelos por tareas (funcional/task-based) fragmentan el proceso, diluyen la responsabilidad clínica y aumentan los cuidados omitidos, un mecanismo vinculado a peores desenlaces de seguridad, efectividad y experiencia. Aunque gran parte de la evidencia de missed care procede del ámbito hospitalario, los mecanismos (troceado del trabajo, traspasos, accountability difusa) son plausibles y transferibles a AP, donde el valor depende de procesos integrados y del mantenimiento del vínculo.

Conclusiones: En AP, organizar la actividad enfermera por tareas comporta riesgos estructurales para la calidad. Se recomienda priorizar modelos relacionales con enfermera referente, proteger tiempos longitudinales en agenda y monitorizar indicadores de valor (porcentaje de contactos con referente, cuidados omitidos y experiencia del paciente). Cuando sea necesario el task shifting, debe aplicarse gobernanza clara de roles, supervisión y circuitos de información para evitar fragmentación y preservar la calidad asistencial.

PALABRAS CLAVE

Atención primaria de salud, continuidad de la atención al paciente, calidad de la atención de salud, seguridad del paciente, enfermería, atención dirigida al paciente.

ABSTRACT

Objective: To examine how task-based work organization in primary care nursing impacts care quality, and to synthesize underlying mechanisms and current evidence.

Method: Narrative review of scientific literature and framework documents (2010–2025) on longitudinality, nursing care delivery methods, missed nursing care, and quality frameworks (Donabedian and IOM). Priority was given to reviews, observational studies, and international guidance relevant to primary care.

Results: Longitudinality—a sustained relationship with the same professionals—is associated with better clinical outcomes, lower avoidable utilization, and superior patient experience. Task-based (functional) models fragment care processes, blur clinical accountability, and increase missed care, a mechanism linked to worse safety, effectiveness, and experience outcomes. Although much missed-care evidence comes from hospital settings, the mechanisms (work segmentation, handovers, diffuse accountability) are plausible and transferable to primary care, where value depends on integrated processes and on maintaining relational continuity.

Conclusions: In primary care, organizing nursing activity by tasks entails structural risks to quality. Relational models with a named nurse should be prioritized, with protected longitudinal time in schedules and monitoring of value indicators (proportion of visits with the named nurse, missed care, and patient experience). Where task shifting is required, strong governance of roles, supervision, and information circuits is essential to prevent fragmentation and safeguard care quality.

KEY WORDS

Primary health care, continuity of patient care, quality of health care, patient safety, nursing, patient-centered care.

INTRODUCCIÓN

La Atención Primaria (AP) se sustenta en el primer contacto, la longitudinalidad, la integralidad y la coordinación, rasgos ligados a mejores resultados y a mayor eficiencia del sistema1. La longitudinalidad refuerza el conocimiento acumulado y la toma de decisiones alineada con los valores de pacientes y familias²,³. En este contexto, el modo de organizar el trabajo enfermero no es neutro: puede apoyar ese vínculo o fragmentarlo4.

Las presiones por demanda creciente y escasez de recursos han impulsado en algunos entornos modelos de trabajo por tareas (functional/task-based nursing), que segmentan la actividad enfermera por procedimientos (p. ej., curas, inyectables, técnicas). Aunque pueden parecer eficientes a corto plazo, la literatura describe fragmentación, difuminación de la responsabilidad clínica y riesgos para la calidad cuando el cuidado se trocea4. Un mecanismo explicativo es el fenómeno de los cuidados omitidos (missed nursing care), es decir, necesidades que se retrasan u omiten total o parcialmente5. Las revisiones muestran que una organización que favorece el troceado y altas cargas asistenciales se asocia con más omisiones y peores desenlaces de seguridad y experiencia6,7.

Si la longitudinalidad se vincula a mejores resultados clínicos —incluida menor mortalidad— y a menor utilización evitable de recursos en AP⁸,⁹, y el trabajo por tareas promueve fragmentación y cuidados omitidos4-7, entonces su implantación amenaza dimensiones clave de la calidad asistencial (seguridad, efectividad y experiencia). Este trabajo monográfico recopila y sintetiza la evidencia sobre cómo la organización enfermera por tareas impacta la calidad en AP.

OBJETIVO

Sintetizar la evidencia disponible sobre cómo la organización del trabajo por tareas en enfermería de Atención Primaria (AP) afecta a la calidad asistencial.

RESULTADOS

Conviene distinguir con precisión longitudinalidad y continuidad asistencial. En este trabajo usaremos longitudinalidad para designar la relación mantenida en el tiempo con los mismos profesionales, que permite conocimiento acumulado del paciente y de su contexto familiar y comunitario1-3. Reservamos continuidad asistencial para la conexión y coherencia del proceso de atención entre dispositivos y niveles, que exige buena transferencia de información y coordinación clínica3. La literatura anglosajona emplea con frecuencia continuity of care para englobar ambas dimensiones, en castellano, separar longitudinalidad (vínculo interpersonal estable) de continuidad (flujo entre recursos) evita ambigüedades2,3.

Desde la organización del trabajo enfermero, el modelo funcional o trabajo por tareas distribuye la actividad por procedimientos (p. ej., curas, inyectables, técnicas). La evidencia comparativa sobre métodos de trabajo en enfermería describe, entre sus desventajas sistemáticas, la fragmentación del cuidado, la difuminación de la responsabilidad clínica y la erosión del enfoque holístico y el vínculo terapéutico con las personas y familias4. En AP —donde la longitudinalidad es un atributo definitorio— esta fragmentación puede romper el hilo clínico y debilitar la coordinación con el resto del equipo, afectando la efectividad de intervenciones preventivas y de seguimiento1-4. En el extremo opuesto, los modelos relacionales (p. ej., primary nursing o enfermera referente) asignan responsabilidad identificable y promueven la longitudinalidad, facilitando coordinación y toma de decisiones centrada en la persona2,4. Estos modelos son coherentes con los marcos de calidad (Donabedian e IOM), al alinear estructura (equipos y roles), proceso (plan de cuidados integrado) y resultados (seguridad, efectividad, experiencia)10,11.

La calidad de la atención se entiende aquí en dos marcos complementarios: el modelo estructura–proceso–resultado de Donabedian, que organiza determinantes y efectos de la calidad10, y las seis metas del Institute of Medicine (segura, efectiva, centrada en la persona, oportuna, eficiente y equitativa), que orientan la evaluación y la mejora11.

En AP, la longitudinalidad favorece procesos de cuidado más pertinentes y coordinados y se asocia a mejores resultados clínicos y de utilización, incluyendo menor mortalidad y menor utilización evitable de servicios1,2,8-9,12. Además, la relación estable favorece decisiones clínicas alineadas con valores y preferencias, y una experiencia de paciente superior, un hallazgo descrito de forma consistente en la literatura2-3,13. En términos del marco de la calidad (IOM), la longitudinalidad contribuye simultáneamente a la seguridad, la efectividad y la atención centrada en la persona11.

El fenómeno de los cuidados omitidos (missed nursing care) conecta de forma plausible la fragmentación del trabajo con el deterioro de la calidad y desenlaces adversos5,7. Las revisiones muestran: (i) alta prevalencia de omisiones en tareas fundamentales y psicosociales6, (ii) asociación consistente entre carga de trabajo/organización por tareas y mayor probabilidad de omisiones6,7, y (iii) vínculos de las omisiones con peor seguridad, inefectividad (p. ej., educación no realizada) y peor experiencia del paciente7,8.

Aunque el trabajo por tareas puede dar una sensación de mayor productividad, la aparente ganancia en actos por unidad de tiempo no siempre se traduce en valor, la fragmentación incrementa reconsultas, duplicidades y riesgos que encarecen el sistema4,10-11. La evidencia macro sobre recursos humanos en enfermería indica que la presión de carga y la desagregación del trabajo se asocian con peores resultados de seguridad y potencial aumento de costes aguas abajo14. En AP, donde gran parte del valor se produce por prevención y continuidad longitudinal, la eficiencia sostenible depende menos del número de actos y más de la calidad del proceso y del mantenimiento del vínculo1,9,12.

 

DISCUSIÓN

La síntesis sugiere que organizar el trabajo de enfermería por tareas en Atención Primaria (AP) entra en tensión estructural con los atributos que producen valor en este nivel: longitudinalidad, integralidad y coordinación1.

La longitudinalidad se asocia a mejores resultados clínicos y de utilización, incluida menor mortalidad y menos hospitalizaciones evitables2,8-9,12. En cambio, el troceado del trabajo en microprocesos estandarizados debilita el hilo clínico, difumina la responsabilidad y favorece omisiones de cuidados (missed care), un mecanismo repetidamente vinculado a peores desenlaces de seguridad, efectividad y experiencia4,6-7,10-11. Desde el marco de Donabedian, la estructura (quién es responsable) condiciona el proceso (cómo se presta el cuidado) y, en consecuencia, los resultados10.

Para la enfermería comunitaria, sostener la longitudinalidad no es un “extra”, sino una condición de calidad: permite conocimiento acumulado, planificación centrada en valores y educación terapéutica eficaz1-3,13. Las agendas y protocolos deben proteger tiempos relacionales (seguimiento de crónicos, consejería, coordinación), que son especialmente vulnerables cuando predominan módulos de tareas (curas/inyectables) desconectados del plan de cuidados4. Adoptar un modelo relacional (referente/enfermera nominal) refuerza la accountability y facilita el cierre de bucles de comunicación y de seguridad1,4,11.

En términos de gestión, la productividad aparente del modelo por tareas (más actos por hora) puede ocultar ineficiencias aguas abajo: reconsultas, duplicidades y eventos adversos6-7,10-11. La evidencia de AP indica que la longitudinalidad se asocia a menores costes y uso más apropiado de recursos9,12. Por ello, los indicadores deberían desplazarse de contar actos a monitorizar valor clínico: porcentaje de contactos con profesional referente, tasa de cuidados omitidos y medidas breves de experiencia del paciente6-7,10-11,13.

Además, la longitudinalidad aporta beneficios diferenciales en personas con multimorbilidad, salud mental y en colectivos con barreras de acceso, el vínculo estable mitiga la pérdida de información y mejora la confianza clínica1-3,13. Los modelos por tareas, al multiplicar traspasos y voces, pueden amplificar brechas de equidad (idioma, alfabetización en salud), especialmente si la educación y el seguimiento —frecuentemente omitidos bajo presión— recaen en “huecos” del proceso6,7.

Gran parte de esta evidencia procede del ámbito hospitalario, y aunque los mecanismos son transferibles y particularmente problemáticos en AP, donde el valor de la longitudinalidad es central, faltan estudios primarios específicos4,6-7,14. Además, la relación entre organización del trabajo y resultados es multifactorial (dotación, mezcla competencial, TI, liderazgo), por lo que las inferencias deben interpretarse con cautela10-11,14. Pese a ello, es cierto que la coherencia entre los beneficios bien establecidos de la longitudinalidad, los perjuicios de la fragmentación descritos por los modelos funcionales y el mecanismo de cuidados omitidos, sostiene la plausibilidad y la relevancia de estos efectos en enfermería comunitaria1-3,6-9,12.

 

CONCLUSIÓN

En Atención Primaria, donde el valor surge de la relación mantenida en el tiempo y de procesos integrados, la organización enfermera por tareas introduce fragmentación, diluye la responsabilidad clínica y favorece cuidados omitidos, con impacto negativo en seguridad, efectividad y experiencia del paciente4,6-7. Frente a esa productividad solo aparente, los modelos relacionales con enfermera referente ofrecen eficiencia sostenible y mejores resultados clínicos y organizativos1,8-9,12. De forma práctica, recomendamos: (i) asignación nominal de pacientes a una enfermera referente y protección de tiempo longitudinal en agenda, y (ii) medir lo que importa (porcentaje de contactos con referente, cuidados omitidos, experiencia del paciente).

 

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