Ganancia de peso gestacional como factor asociado a complicaciones obstétricas y neonatales en un hospital de segundo nivel

22 diciembre 2025

 

 

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.17.68.003

 

 

 

AUTORES

  1. Daniela Huerta Medina. Médico Residente de Tercer Año de Medicina Familiar. Unidad de Medicina Familiar No. 1 Orizaba, Veracruz, Órgano de Operación Administrativa Desconcentrada Veracruz Sur, Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), México. ORCID: https://orcid.org/0009-0009-8976-9572
  2. Alfredo Cervantes Suárez. Médico Familiar. Unidad de Medicina Familiar No. 1 Orizaba, Veracruz, Órgano de Operación Administrativa Desconcentrada Veracruz Sur, Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), México. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5234-3599

 

RESUMEN

La ganancia de peso gestacional (GPG) fuera de lo recomendado constituye un factor modificable asociado con desenlaces maternos y perinatales adversos. En contextos de alta prevalencia de sobrepeso y obesidad, la vigilancia del incremento ponderal durante el embarazo adquiere relevancia clínica y operativa, particularmente en unidades de segundo nivel.

Objetivo: Evaluar la asociación entre la GPG y la presencia de complicaciones obstétricas y neonatales en un hospital de segundo nivel.

PALABRAS CLAVE

Aumento de peso gestacional, índice de masa corporal, diabetes gestacional, restricción del crecimiento fetal, complicaciones del embarazo.

ABSTRACT

Gestational weight gain (GWG) outside recommended ranges is a modifiable factor linked to adverse maternal and perinatal outcomes. In settings with a high prevalence of overweight and obesity, systematic monitoring of GWG is clinically relevant, especially in secondary-level hospitals.

Objective: To evaluate the association between GWG and obstetric and neonatal complications in a secondary-level hospital.

KEY WORDS

Pregnancy weight gain, body mass index, diabetes, gestational, fetal growth retardation, pregnancy complications.

INTRODUCCIÓN

El embarazo es un proceso fisiológico complejo que implica adaptaciones anatómicas, hemodinámicas, metabólicas y endocrinas destinadas a sostener el crecimiento fetal y preparar al organismo materno para el parto y la lactancia. Estas modificaciones, aunque esperables en la gestación normal, pueden revelar predisposición a trastornos cardiometabólicos y a complicaciones propias del embarazo cuando coexisten factores de riesgo como sobrepeso u obesidad previos a la concepción1.

En paralelo, el incremento ponderal durante el embarazo constituye un marcador integrado de múltiples componentes: expansión del volumen plasmático, crecimiento uteroplacentario y fetal, incremento de tejido materno (graso y magro) y retención de líquidos. Por ello, la ganancia de peso gestacional (GPG) no debe entenderse como un número aislado, sino como un parámetro clínico que refleja la interacción entre la biología materno-fetal, el patrón alimentario, la actividad física, el estado socioeconómico y la calidad del seguimiento prenatal2.

La evidencia internacional ha mostrado que la GPG por debajo o por encima de las recomendaciones se asocia con un mayor riesgo de desenlaces adversos. En metaanálisis de gran tamaño, el desvío de la GPG respecto a las guías se relaciona con complicaciones como diabetes gestacional, parto por cesárea, preeclampsia, macrosomía, restricción del crecimiento fetal y prematuridad, entre otras. En un metaanálisis que incluyó más de un millón de gestantes, se reportó una proporción considerable de mujeres con GPG excesiva e insuficiente, y ambos extremos se asociaron con incrementos en el riesgo de eventos maternos y neonatales3.

Desde una perspectiva fisiopatológica, la GPG excesiva puede potenciar la resistencia a la insulina propia del tercer trimestre, incrementar la inflamación de bajo grado y favorecer un entorno hiperglucémico que condiciona alteraciones del crecimiento fetal y el metabolismo neonatal. Por otro lado, la GPG insuficiente puede asociarse con aporte energético y proteico inadecuado, menor expansión del volumen plasmático y limitación del crecimiento fetal, lo cual se traduce en mayor riesgo de recién nacidos pequeños para la edad gestacional o con restricción del crecimiento intrauterino (RCIU)4.

En México, la carga de enfermedad asociada a exceso de peso y trastornos metabólicos representa un desafío relevante para los sistemas de salud. En el ámbito obstétrico, la diabetes gestacional y los trastornos hipertensivos del embarazo son causas frecuentes de morbilidad materna y de utilización de recursos en segundo nivel, incluyendo vigilancia fetal intensiva, inducción del trabajo de parto, cesárea y hospitalización neonatal. En este contexto, identificar la magnitud y los patrones de GPG fuera de rango y su asociación con desenlaces específicos puede orientar estrategias de mejora en la atención prenatal5.

La medición seriada del peso en cada visita prenatal es una intervención de bajo costo que, cuando se acompaña de consejería estructurada en alimentación y actividad física, puede contribuir a reducir la GPG excesiva y mejorar resultados. No obstante, para que estas acciones sean efectivas es necesario conocer la realidad local: distribución de categorías de GPG, prevalencia de complicaciones y la fuerza de asociación entre ambas en la población atendida6.

El presente estudio se enfoca en embarazadas adultas atendidas en un hospital general regional de segundo nivel, con el objetivo de explorar la asociación entre la GPG (clasificada por rangos recomendados) y la presencia de complicaciones obstétricas y neonatales. La información busca aportar evidencia local útil para el diseño de intervenciones de control prenatal y educación nutricional, especialmente en mujeres con sobrepeso u obesidad pregestacional.

La importancia de la GPG trasciende el periodo gestacional inmediato. La retención de peso posparto y la transición a obesidad materna son fenómenos ampliamente descritos y se relacionan con la cantidad de peso ganado durante la gestación, especialmente cuando la ganancia supera los rangos recomendados. En términos de salud de curso de vida, una trayectoria de GPG excesiva puede incrementar la probabilidad de obesidad en embarazos subsecuentes y contribuir al riesgo cardiometabólico de la mujer a mediano y largo plazo, incluyendo síndrome metabólico y diabetes tipo 2. De manera paralela, el ambiente intrauterino expuesto a hiperglucemia y a exceso de nutrientes se ha asociado con mayor riesgo de adiposidad infantil y alteraciones metabólicas posteriores, lo que refuerza la noción de un ciclo intergeneracional7.

En la práctica clínica, el control de la GPG exige un equilibrio: garantizar un aporte suficiente para el crecimiento fetal sin promover un exceso de adiposidad materna. Este balance se ve influido por determinantes como disponibilidad de alimentos, patrones culturales, salud mental, nivel educativo y oportunidades para actividad física. En muchos entornos, la asesoría nutricional en el embarazo se limita a recomendaciones generales, sin metas cuantitativas ni seguimiento de trayectoria, ello dificulta la detección temprana de desviaciones y reduce la oportunidad de intervenir cuando el cambio de conducta es más factible (primer y segundo trimestre).

Las guías del IOM, aunque ampliamente utilizadas, fueron elaboradas con evidencia predominante de países de altos ingresos. Distintos autores han planteado que, aun manteniéndose como un referente útil, su aplicación debe contextualizarse y evaluarse en función de perfiles poblacionales específicos. Por ejemplo, en poblaciones con alta prevalencia de obesidad, la proporción de mujeres que exceden las metas puede ser particularmente elevada, en contraste, en contextos con inseguridad alimentaria, puede observarse un mayor porcentaje de ganancia insuficiente. Por ello, además de aplicar rangos, resulta relevante describir el comportamiento local de la GPG y su asociación con desenlaces clínicos concretos8.

En el segundo nivel de atención, la GPG adquiere valor adicional por su vínculo con la demanda de servicios. Complicaciones como diabetes gestacional y RCIU implican mayor uso de consultas de alto riesgo, ultrasonidos seriados, vigilancia fetal y, en ciertos casos, hospitalización. Así, la prevención de desviaciones en GPG puede contribuir no solo a mejorar desenlaces clínicos, sino también a optimizar recursos y reducir costos, lo que es especialmente pertinente en instituciones con alta carga asistencial.

En el contexto del Hospital General Regional de Orizaba, la atención obstétrica se caracteriza por atender tanto embarazos de bajo riesgo como pacientes referidos por comorbilidades o complicaciones. Este perfil mixto ofrece una oportunidad para explorar cómo se comporta la GPG y cuáles son los desenlaces más vinculados a desviaciones del peso. La identificación de asociaciones específicas —por ejemplo, con diabetes gestacional o con RCIU— puede orientar intervenciones focalizadas y facilitar el diseño de rutas clínicas para detección temprana y referencia oportuna.

La literatura ha documentado que tanto la GPG insuficiente como la excesiva, en comparación con una GPG dentro de los rangos, se asocian con mayor riesgo de eventos adversos maternos y neonatales9. Las guías del IOM/National Academies proponen rangos de GPG por categoría de IMC pregestacional, y revisiones clínicas enfatizan la necesidad de monitoreo y consejería individualizada en cada visita prenatal10. Adicionalmente, el IMC pregestacional se ha relacionado con desenlaces perinatales en diversos contextos, incluidos países de ingresos bajos y medios11.

OBJETIVO

Evaluar la asociación entre la GPG y la presencia de complicaciones obstétricas y neonatales en un hospital de segundo nivel.

MATERIAL Y MÉTODO

Variables y definiciones: Se recolectaron variables sociodemográficas (edad, escolaridad, estado civil, ocupación) y clínicas (IMC pregestacional, categoría de GPG, vía de término y duración del trabajo de parto cuando aplicó). El IMC pregestacional se calculó como peso (kg) / talla (m)² y se clasificó conforme a puntos de corte internacionales. La GPG se definió como la diferencia entre el peso al final del embarazo (último control prenatal o ingreso al evento obstétrico) y el peso pregestacional registrado en expediente. La clasificación de la GPG (por debajo, dentro o por encima) se realizó en función del IMC pregestacional, siguiendo los rangos recomendados por el IOM. En la práctica, esto permitió una categorización clínicamente interpretable y comparable con la literatura.

Diseño del estudio: Observacional, transversal y retrospectivo, basado en revisión de expedientes clínicos. Se eligió este diseño para aprovechar información disponible en registros asistenciales, estimar prevalencias de desenlaces y explorar asociaciones entre exposición (categorías de GPG) y resultados materno-neonatales. Se siguieron criterios de reporte acordes con estudios observacionales, procurando describir de manera transparente el proceso de selección y las variables utilizadas.

Lugar y período: Hospital General Regional de Orizaba, Veracruz (segundo nivel de atención). Se incluyeron embarazos concluidos entre septiembre de 2023 y septiembre de 2024. El hospital atiende embarazos de bajo y alto riesgo, y funge como unidad de referencia regional, lo que implica una población heterogénea en cuanto a condiciones basales y desenlaces.

Población y criterios de selección: Se revisaron expedientes de mujeres embarazadas adultas en rango de 20 a 40 años con control prenatal y con información suficiente para calcular IMC pregestacional, ganancia total de peso y desenlaces del embarazo. Se excluyeron expedientes sin controles prenatales documentados, embarazos fuera del rango de edad y registros con variables críticas incompletas. Se eliminaron expedientes con datos insuficientes para clasificar GPG o desenlaces de interés. Cuando existieron discrepancias entre registros, se priorizó la fuente con mayor consistencia temporal (p.ej., registro prenatal seriado).

Tamaño de muestra y estrategia de muestreo: Se analizó una muestra final de 280 expedientes que cumplieron criterios de inclusión. La selección fue consecutiva con base en la disponibilidad de expedientes y el cumplimiento de criterios, debido a la naturaleza retrospectiva del estudio. El tamaño de muestra permitió estimar prevalencias con precisión aceptable para desenlaces frecuentes y explorar asociaciones mediante tablas de contingencia.

Desenlaces: Se registraron como complicaciones obstétricas la presencia de diabetes gestacional, hipertensión gestacional, preeclampsia y eclampsia, con base en diagnóstico asentado en el expediente por el equipo tratante. Como complicaciones neonatales se incluyeron restricción del crecimiento intrauterino (RCIU), macrosomía y malformaciones congénitas, según registro clínico y/o reporte neonatal. Debido a la naturaleza del registro clínico, el estudio no buscó reclasificar diagnósticos sino utilizar el diagnóstico documentado como reflejo de la práctica asistencial real.

Procedimiento de recolección y control de calidad: La información se obtuvo de expedientes electrónicos y/o físicos disponibles en el hospital. Se diseñó una ficha de recolección para estandarizar el proceso y reducir variabilidad. Se verificó coherencia interna en variables antropométricas (p.ej., pesos plausibles y consistencia con semanas de gestación), y se revisaron campos críticos cuando existieron valores faltantes. Los datos se anonimizaron previo al análisis para garantizar confidencialidad.

Análisis estadístico: Se empleó estadística descriptiva mediante frecuencias y porcentajes. Para evaluar asociación entre categorías de GPG y desenlaces, se utilizó la prueba chi cuadrado, se consideró significancia estadística p<0.05. Los resultados se reportan con valores de p y se presentan tablas de contingencia. De manera complementaria, se graficaron frecuencias para facilitar la interpretación clínica. El análisis se realizó en GraphPad Prism v10.

Consideraciones éticas: Se utilizaron datos secundarios de expedientes, sin intervención directa sobre pacientes. La información se manejó de forma confidencial y anonimizada. El proyecto fue sometido a revisión institucional conforme a la normativa vigente, número de registro/folio: R-2024-3101-086. Al tratarse de revisión documental sin contacto con pacientes, el riesgo se consideró mínimo, aun así, se aplicaron medidas estrictas de protección de datos.

RESULTADOS

Se incluyeron 280 expedientes de mujeres embarazadas adultas. La distribución por rango de edad mostró predominio de mujeres de 20 a 29 años (n=159, 56.8%) y, en segundo lugar, de 30 a 40 años (n=121, 43.2%).

En cuanto al IMC pregestacional, la categoría más frecuente registrada fue sobrepeso (n=89, 31.8%). La GPG se clasificó en tres categorías: por debajo de lo recomendado (n=53, 18.9%), dentro de lo recomendado (n=133, 47.5%) y por encima de lo recomendado (n=94, 33.6%) (Figura 1).

Respecto a complicaciones obstétricas, se identificó diabetes gestacional en 46 pacientes (16.4%), hipertensión gestacional en 23 (8.2%), preeclampsia en 21 (7.5%) y eclampsia en 7 (2.5%) (Tabla 1 y Figura 2).

En el apartado neonatal, se documentó restricción del crecimiento intrauterino en 26 productos (9.3%), macrosomía en 14 (5.0%) y malformaciones congénitas en 2 (0.7%) (Tabla 2 y Figura 3).

Al evaluar asociaciones entre categorías de GPG y desenlaces, se observó asociación estadísticamente significativa entre GPG y diabetes gestacional (p=0.0120) (Tabla 3 y Figura 4). En términos absolutos, la diabetes gestacional se registró con mayor frecuencia en la categoría de GPG por encima (24 casos), seguida de GPG dentro (17 casos) y GPG por debajo (5 casos).

Asimismo, la GPG se asoció significativamente con restricción del crecimiento intrauterino (p=0.0003) (Tabla 4 y Figura 5). La RCIU se observó con mayor frecuencia en la categoría de GPG por debajo (12 casos), comparada con GPG dentro (5 casos) y por encima (9 casos).

No se identificó asociación significativa entre GPG e hipertensión gestacional (p=0.4541), preeclampsia (p=0.1772) o eclampsia (p=0.1064). De manera similar, no se encontró asociación con macrosomía (p=0.3114) ni con malformaciones congénitas (p=0.1363).

En la Tabla 3 se muestran las frecuencias de complicaciones obstétricas por categoría de GPG. En diabetes gestacional se observó un gradiente de mayor frecuencia absoluta en la categoría de ganancia por encima (n=24), mientras que hipertensión gestacional, preeclampsia y eclampsia no mostraron diferencias estadísticamente significativas. En la Tabla 4 se presentan las complicaciones neonatales: la RCIU se concentró en mayor proporción dentro de la ganancia por debajo, lo que concuerda con la interpretación de que la ganancia insuficiente puede representar un marcador de riesgo para crecimiento fetal subóptimo. Los casos de macrosomía y de malformaciones fueron escasos y se distribuyeron de manera limitada entre categorías, con ausencia de significancia estadística.

Discusión

En esta población atendida en un hospital de segundo nivel, casi la mitad de las embarazadas presentó una GPG dentro de lo recomendado, sin embargo, aproximadamente una de cada tres tuvo GPG excesiva y casi una de cada cinco tuvo GPG insuficiente. Este patrón coincide con la literatura internacional que describe una alta proporción de gestantes fuera de los rangos sugeridos, especialmente en contextos donde el sobrepeso y la obesidad pregestacional son frecuentes. En el metaanálisis de Goldstein y colaboradores, un porcentaje importante de mujeres excedió o no alcanzó las metas de GPG, y ambos extremos se asociaron con desenlaces adversos.

La asociación entre GPG y diabetes gestacional observada en nuestro estudio es congruente con modelos fisiopatológicos y con reportes previos. La gestación se caracteriza por un estado progresivo de resistencia a la insulina, mediado en parte por hormonas placentarias (lactógeno placentario, progesterona, cortisol) y por adaptaciones del tejido adiposo. Cuando la ganancia ponderal es excesiva, el incremento de adiposidad puede amplificar la resistencia a la insulina y favorecer hiperglucemia, elevando el riesgo de diabetes gestacional. Desde la perspectiva clínica, este hallazgo refuerza el valor de la vigilancia sistemática del peso como un indicador temprano que puede activar intervenciones nutricionales y conductuales antes de que se establezca la disglucemia.

En términos operativos, la diabetes gestacional implica una mayor carga asistencial: mayor número de consultas, necesidad de pruebas confirmatorias, vigilancia fetal y, en algunos casos, tratamiento farmacológico. La identificación de GPG excesiva como un factor asociado en esta cohorte sugiere que la consejería temprana en alimentación y actividad física podría tener un impacto relevante en la prevención y el control de la diabetes gestacional, particularmente en mujeres con sobrepeso u obesidad pregestacional. Revisiones clínicas han señalado que la consejería individualizada y el monitoreo del avance hacia metas de peso en cada visita prenatal son estrategias recomendadas para prevenir desviaciones importantes.

El segundo hallazgo principal fue la asociación entre GPG y restricción del crecimiento intrauterino. En nuestro estudio, la RCIU se observó con mayor frecuencia en mujeres con GPG por debajo de lo recomendado, lo cual es coherente con la hipótesis de que una ganancia insuficiente puede reflejar aporte energético/proteico limitado, menor expansión plasmática y menor disponibilidad de nutrientes para el feto. Este resultado es clínicamente relevante porque la RCIU se asocia con mayor morbilidad neonatal, necesidad de vigilancia estrecha y, en algunos casos, nacimiento pretérmino iatrogénico. En estudios multicéntricos y análisis de cohortes, la GPG insuficiente se ha vinculado con mayor riesgo de recién nacidos pequeños para la edad gestacional y otras complicaciones relacionadas con crecimiento fetal.

En contraste, no se observó asociación significativa entre categorías de GPG y trastornos hipertensivos del embarazo (hipertensión gestacional, preeclampsia, eclampsia). La ausencia de asociación puede explicarse por varios factores: s prevalencias relativamente bajas de algunos desenlaces (p.ej., eclampsia), lo cual limita potencia estadística, la heterogeneidad etiológica de los trastornos hipertensivos, donde influyen antecedentes maternos, comorbilidades, disfunción placentaria y factores genéticos, y la posibilidad de misclasificación diagnóstica inherente al uso de registros. No obstante, otros estudios han señalado asociaciones variables entre exceso de GPG y preeclampsia, por lo que este resultado debe interpretarse con cautela y en el contexto del diseño retrospectivo.

Tampoco se identificó asociación entre GPG y macrosomía en esta cohorte, a pesar de que en la literatura se describe con frecuencia un vínculo entre GPG excesiva, hiperglucemia y mayor peso al nacer. Una explicación plausible es que la macrosomía depende no solo de la GPG total, sino del momento en el que ocurre la ganancia (por ejemplo, ganancia temprana vs tardía), del control glucémico, del IMC basal y de factores fetales. Además, en unidades de segundo nivel es común que las pacientes con riesgo metabólico reciban intervención y vigilancia más intensa, lo que podría modificar el desenlace.

Respecto a malformaciones congénitas, el número de casos fue muy bajo, lo que limita cualquier inferencia. Aunque existen hipótesis sobre la relación entre obesidad, alteraciones metabólicas y riesgo de defectos congénitos, el presente estudio no fue diseñado para evaluar asociaciones causales de baja frecuencia. Para este desenlace, se requieren muestras mayores o diseños específicos (p.ej., estudios de casos y controles).

Desde la perspectiva de salud pública y de mejora de procesos, nuestros hallazgos apoyan la incorporación de algoritmos sencillos de seguimiento de GPG en la consulta prenatal: registro del peso en cada visita, comparación con trayectoria esperada según IMC, señalización temprana de desviación y consejería breve estructurada. Estas acciones pueden integrarse a programas de control prenatal sin requerir equipamiento adicional, y su impacto puede ser mayor si se vincula con educación alimentaria, acceso a dietas saludables y promoción de actividad física segura durante el embarazo.

Además, el estudio aporta evidencia local que puede ayudar a priorizar intervenciones en mujeres con sobrepeso u obesidad pregestacional, categoría que fue la más frecuente en la cohorte. El IMC pregestacional es un predictor importante de riesgo cardiometabólico y se ha asociado con desenlaces perinatales en distintos contextos. Por ello, el abordaje integral debe considerar tanto el IMC basal como la trayectoria de ganancia de peso durante la gestación, y no limitarse a una medición aislada.

Finalmente, la interpretación de estos resultados debe situarse en el marco de guías existentes. Las recomendaciones del IOM de 2009 siguen siendo una referencia central para definir metas de GPG, aunque diversos autores han explorado rangos óptimos y variaciones por población. En este sentido, disponer de datos locales permite evaluar la aplicabilidad de dichas recomendaciones y diseñar estrategias adaptadas al perfil epidemiológico del hospital y su población usuaria.

Implicaciones clínicas: Los resultados sugieren que la GPG puede utilizarse como un indicador de alarma temprana dentro del control prenatal. En mujeres que muestran una trayectoria de ganancia rápida en el primer o segundo trimestre, una intervención breve basada en objetivos (p. ej., educación sobre porciones, sustitución de bebidas azucaradas, incremento gradual de actividad física segura) podría ayudar a reducir la probabilidad de alcanzar una GPG excesiva al término. De igual manera, en mujeres con ganancia insuficiente, la evaluación nutricional y la búsqueda de causas (náusea persistente, inseguridad alimentaria, trastornos gastrointestinales, estrés, depresión) pueden ser esenciales para corregir el curso y reducir el riesgo de RCIU.

Implicaciones para procesos de atención: Una estrategia práctica consiste en incorporar en el expediente prenatal una gráfica de trayectoria de peso por semanas de gestación ajustada a la categoría de IMC pregestacional. Al comparar el peso medido con el rango esperado, el personal clínico puede identificar desviaciones sin necesidad de cálculos complejos y registrar intervenciones estandarizadas. Este enfoque es consistente con recomendaciones de seguimiento continuo y consejería individualizada descritas en revisiones clínicas y puede adaptarse a la realidad de unidades con alta carga de consulta.

Perspectivas de investigación: El diseño retrospectivo limita el análisis de factores conductuales y temporales. Estudios prospectivos podrían evaluar la ganancia por trimestre, la calidad de la dieta, la actividad física y la adherencia a recomendaciones, además de explorar el efecto de intervenciones estructuradas (p. ej., sesiones grupales, recordatorios digitales, derivación a nutrición). Asimismo, sería pertinente analizar la interacción entre IMC pregestacional, GPG y desenlaces, ya que el riesgo asociado a una misma cantidad de ganancia puede diferir entre mujeres con bajo peso, normopeso u obesidad.

Relevancia para políticas de salud: En instituciones que atienden grandes volúmenes de embarazos, la estandarización del monitoreo de GPG y la consejería nutricional podría integrarse como un indicador de calidad del control prenatal. Por ejemplo, se podría medir el porcentaje de pacientes con registro de peso en cada consulta, el porcentaje con trayectoria dentro de rango y el porcentaje referido oportunamente a nutrición o alto riesgo. Estos indicadores permitirían retroalimentar a los equipos de salud y priorizar recursos hacia intervenciones costo-efectivas.

En conjunto, la evidencia generada en este trabajo apoya el fortalecimiento de acciones preventivas centradas en el control prenatal temprano y continuo, con una visión integral que combine evaluación antropométrica, educación nutricional, promoción de actividad física y vigilancia de complicaciones. La GPG, al ser un parámetro simple, puede convertirse en un elemento clave para articular la atención primaria y el segundo nivel, con rutas de referencia y contrarreferencia que favorezcan desenlaces materno-neonatales más seguros.

Consideraciones sobre el seguimiento del peso: En la consulta prenatal, el peso materno suele registrarse como rutina, sin embargo, el valor clínico de ese registro depende de su interpretación dentro de una trayectoria esperada. Cuando el peso se anota sin compararlo con metas, se pierde una oportunidad de detección temprana. Una práctica factible es calcular el incremento acumulado y la ganancia semanal aproximada, y confrontarla con el rango sugerido según el IMC basal. Esto permite comunicar metas claras a la paciente y establecer objetivos realistas. En nuestra experiencia, este enfoque también facilita la toma de decisiones compartidas, pues traduce el parámetro numérico en acciones concretas (p. ej., ajustar porciones, planificar colaciones, incrementar caminata).

Intervenciones basadas en estilos de vida: En la literatura, los programas de intervención que combinan educación alimentaria, actividad física y acompañamiento conductual han mostrado reducción modesta pero relevante en la GPG excesiva, especialmente cuando se inician temprano. Aun cuando el efecto promedio pueda parecer pequeño, en poblaciones de alto riesgo puede traducirse en disminución de complicaciones metabólicas y en menor necesidad de intervenciones obstétricas. Para el segundo nivel, un modelo escalonado podría ser útil: consejería breve para todas las gestantes, intervención intensiva para quienes se desvían de la trayectoria, y referencia a nutrición y medicina materno-fetal cuando existan factores de riesgo adicionales.

Interpretación clínica de la asociación con RCIU: La relación entre GPG insuficiente y RCIU no necesariamente implica causalidad directa. En algunos casos, la ganancia insuficiente puede ser un marcador de condiciones subyacentes: hiperémesis gravídica, infecciones, consumo de tabaco, estrés psicosocial, o problemas placentarios. Por tanto, cuando se detecta una ganancia por debajo de lo esperado, la recomendación no debe limitarse a “comer más”, sino a una evaluación integral que incluya síntomas, estado nutricional, condiciones médicas y bienestar psicosocial. Asimismo, la vigilancia fetal debe intensificarse cuando coexisten señales de crecimiento restringido o disminución de movimientos fetales.

Aplicación de los hallazgos a la mejora continua: A partir de estos resultados, el hospital podría implementar ciclos de mejora en control prenatal (p. ej., Planificar-Hacer-Verificar-Actuar). En la etapa de planificación, se definirían metas como aumentar el porcentaje de embarazadas con registro de peso y cálculo de trayectoria por IMC. En la ejecución, se capacitaría al personal y se incorporaría una hoja de seguimiento (digital o impresa). En la verificación, se auditaría el cumplimiento y se mediría la proporción de GPG dentro de rango y la frecuencia de derivación a nutrición. En la actuación, se ajustarían estrategias según barreras detectadas (tiempo de consulta, disponibilidad de educación alimentaria, o adherencia). Este enfoque puede traducir hallazgos de investigación en acciones clínicas sostenibles.

Aspectos de comunicación y adherencia: La consejería sobrepeso en el embarazo puede ser sensible, especialmente en mujeres con historia de estigma por peso. Una comunicación empática, centrada en la salud y no en apariencia, incrementa la probabilidad de adherencia. Es recomendable usar lenguaje neutral, validar dificultades (p. ej., náuseas, horarios laborales, inseguridad alimentaria) y ofrecer alternativas prácticas. También puede ser útil establecer metas pequeñas y medibles por semana, y acordar un plan de seguimiento. La participación de la pareja o familia, cuando es posible, puede apoyar cambios sostenibles en el entorno alimentario.

Consideraciones sobre el tamizaje metabólico: Aunque el presente estudio no evaluó estrategias de tamizaje, la asociación observada entre GPG excesiva y diabetes gestacional sugiere que las mujeres que ganan peso rápidamente podrían beneficiarse de vigilancia metabólica más estrecha. Esto incluye reforzar indicaciones sobre el tamizaje oportuno, revisar factores de riesgo y, cuando corresponda, intervenir antes del diagnóstico formal. No obstante, es importante evitar la medicalización excesiva y priorizar intervenciones de estilo de vida basadas en evidencia, que además tienen beneficios generales para la salud materna.

Equidad y determinantes sociales: La capacidad de una mujer para lograr una GPG adecuada depende de condiciones estructurales. Alimentación saludable puede ser costosa o de difícil acceso, y la actividad física puede verse limitada por inseguridad, largas jornadas laborales o falta de espacios adecuados. Por ello, las recomendaciones deben adaptarse al contexto real: opciones de alimentos disponibles localmente, preparación sencilla, porciones apropiadas y actividad física segura como caminatas en casa o rutinas leves. Incorporar perspectiva de equidad puede mejorar la efectividad de las intervenciones y reducir brechas en desenlaces perinatales.

Síntesis: En conjunto, los hallazgos resaltan la utilidad de la GPG como variable integradora en el control prenatal. Además de servir como un resultado en sí mismo, la GPG puede guiar decisiones clínicas: intensificar consejería, priorizar evaluación nutricional, y reforzar la vigilancia de complicaciones metabólicas o de crecimiento fetal. Al articular acciones preventivas desde el primer trimestre, se abre una ventana de oportunidad para mejorar los desenlaces con intervenciones relativamente simples y de bajo costo.

Para futuras publicaciones, sería valioso complementar el análisis con medidas continuas de peso al nacer, edad gestacional exacta al término, y la diferenciación entre pequeños para edad gestacional y RCIU diagnosticada por criterios ecográficos. De igual forma, incorporar variables como paridad, antecedente de diabetes gestacional, y ganancia ponderal por trimestre permitiría modelar el riesgo con mayor precisión. Estos elementos podrían integrarse en un diseño prospectivo o en una cohorte institucional, aprovechando herramientas digitales para registro y seguimiento.

Limitaciones y fortalezas

Limitaciones: El diseño retrospectivo basado en expedientes puede introducir sesgos de información (registro incompleto o variabilidad diagnóstica). No fue posible analizar con detalle el patrón temporal de la ganancia de peso (por trimestre) ni variables conductuales (dieta, actividad física) o determinantes sociales con precisión. Algunos desenlaces de baja frecuencia (p.ej., malformaciones) tuvieron pocos casos, lo que reduce la potencia para detectar asociaciones.

Fortalezas: Se utilizó una muestra amplia de expedientes de un hospital de segundo nivel, con desenlaces clínicamente relevantes y una clasificación estandarizada de GPG. El estudio aporta evidencia local útil para la mejora del control prenatal y para orientar intervenciones de consejería y vigilancia del peso en la práctica asistencial.

CONCLUSIONES

La ganancia de peso gestacional fuera de los rangos recomendados fue frecuente en esta cohorte. La GPG se asoció significativamente con diabetes gestacional y con restricción del crecimiento intrauterino, mientras que no se encontró asociación con trastornos hipertensivos del embarazo, macrosomía ni malformaciones. Se recomienda fortalecer el seguimiento sistemático del peso y la consejería nutricional desde etapas tempranas del embarazo, con énfasis en mujeres con sobrepeso u obesidad pregestacional.

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ANEXOS

Tablas

Tabla 1. Presencia de complicaciones obstétricas (n=280).

 

Tabla 2. Presencia de complicaciones neonatales (n=280).

 

Tabla 3. Asociación entre la ganancia de peso gestacional y complicaciones obstétricas (n=280).

 

Tabla 4. Asociación entre la ganancia de peso gestacional y complicaciones neonatales (n=280).

Figuras:

Figura 1. Distribución de categorías de ganancia de peso gestacional (GPG) (n=280).

 

Figura 2. Frecuencia de complicaciones obstétricas (n=280).

 

Figura 3. Frecuencia de complicaciones neonatales (n=280).

 

Figura 4. Diabetes gestacional según categoría de GPG.

 

Figura 5. Restricción del crecimiento intrauterino según categoría de GPG.

 

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