- Marta Pastor Sanz. Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Máster en Salud Pública por la Universidad de Zaragoza. Centro de Salud María de Huerva, Zaragoza, España.
- Víctor Gracia Alonso. Graduado en Enfermería. Enfermero de Atención Continuada en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- M. Inmaculada Muniesa Navarro. Enfermera Especialista en Familiar y Comunitaria. Enfermera de Atención Primaria en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- Alberto Salesa Albalate. Enfermero Especialista en Familiar y Comunitaria. Enfermero de Atención Primaria en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- Lorena Chaves Bermejo. Graduada en Enfermería. Enfermera de Atención Continuada en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- Óscar Fernández Alquezar. Graduado en Enfermería. Graduado en Fisioterapia. Enfermero en Urgencias y Emergencias de la Gerencia 061 Aragón, España.
RESUMEN
El golpe de calor es un síndrome caracterizado por la elevación extrema de la temperatura corporal central acompañada de alteraciones neurológicas, resultado de una exposición prolongada al calor ambiental o de una producción endógena excesiva de calor. Se trata de una urgencia médica, que puede derivar en fracaso multiorgánico o incluso en la muerte. La instauración temprana de medidas de soporte es esencial para prevenir dichas complicaciones, de forma coordinada entre los centros de salud y el ámbito hospitalario. El objetivo de esta revisión es conocer la fisiopatología del golpe de calor, su reconocimiento temprano, y proponer estrategias terapéuticas actualizadas en el ámbito de la Atención Primaria.
PALABRAS CLAVE
Golpe de calor, hipertermia, fracaso multiorgánico.
ABSTRACT
Heat stroke is a syndrome characterized by an extreme elevation of core body temperature accompanied by neurological alterations, resulting from prolonged exposure to environmental heat or excessive endogenous heat production. It is a medical emergency that can lead to multi-organ failure or even death. Early implementation of supportive measures is essential to prevent such complications, requiring coordination between primary care centers and hospital settings. The aim of this review is to understand the pathophysiology of heat stroke, facilitate its early recognition, and propose updated therapeutic strategies within the scope of Primary Care.
KEY WORDS
Heat stroke, hyperthermia, multiple organ failure.
DESARROLLO DEL TEMA
El golpe de calor es un síndrome de fracaso multiorgánico debido a un aumento de la temperatura corporal por encima de los 40ºC, que supone un fallo de los mecanismos termorreguladores del organismo. Es la condición más peligrosa en un espectro de enfermedades por aumento de temperatura, que van desde el agotamiento por calor hasta el golpe de calor.
Aunque históricamente se ha asociado a deportistas y trabajadores expuestos al sol, cada vez es un cuadro más frecuente en población sana, pero sobre todo en personas mayores, con patologías crónicas y en entornos urbanos1.
El cambio climático, ha supuesto un aumento global de la temperatura, con un incremento en frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor. Ello ha supuesto el aumento de los casos de golpe de calor, así como de las muertes atribuibles al calor. En nuestro país, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) ha registrado un importante aumento de las muertes por ambas causas en los últimos años, y es previsible que la evolución siga la misma tendencia en el futuro2,3.
En este contexto, los profesionales de la salud debemos adoptar un papel activo que ayude a concienciar a nuestra sociedad sobre la gravedad del problema, y que haga que los sistemas sanitarios estén suficientemente preparados para afrontar el incremento de enfermedades relacionadas con el calor.
Fisiopatología:
El principal mecanismo del golpe de calor implica la transición de una fase termorreguladora compensable en la que la pérdida supera la ganancia de calor, a una fase con compensable en la que la ganancia de calor es mayor que su pérdida. En consecuencia, la temperatura corporal central sigue aumentando, lo que provoca un efecto citotóxico directo y una respuesta inflamatoria desmesurada que finalmente causa un fracaso multiorgánico4.
Tras una exposición a temperaturas elevadas, se produce un incremento del gasto cardíaco con vasodilatación cutánea, aumento de la frecuencia respiratoria y de la sudoración para aumentar la pérdida de calor. Cuando el estímulo es excesivo o prolongado o el organismo tiene peor capacidad de respuesta (edades avanzadas, enfermedades crónicas basales), dicha respuesta es insuficiente y se produce una acumulación progresiva de calor endógeno, elevando la temperatura corporal y desencadenando disfunción celular5.
Clínica:
El cuadro comienza con la tríada de piel seca y caliente (por fracaso de la sudoración), elevación de la temperatura corporal por encima de los 40ºC y alteraciones del nivel de conciencia (desde somnolencia a coma), delirio y convulsiones. A ello habría que añadir afectación del sistema circulatorio (insuficiencia cardíaca por shock cardiogénico, taquicardia e hipotensión), respiratorio (hiperventilación, distrés respiratorio), renal (insuficiencia renal aguda por hipovolemia), digestivo (insuficiencia hepática, hemorragias digestivas, isquemia intestinal), hematológicas (coagulación intravascular diseminada) y osteomuscular (rabdomiólisis)6.
Existen dos tipos principales de golpe de calor:
-Clásico/pasivo: por sobrecarga térmica exógena ante aumento de la temperatura ambiental. Es típica de las olas de calor y adquiere un carácter epidémico afectando a población vulnerable (ancianos, lactantes, niños y personas con enfermedades crónicas). En este caso la sintomatología se desarrolla de forma insidiosa.
-Activo/por esfuerzo: típica de personas jóvenes y sanas, sobre todo deportistas (ciclismo, corredores) o trabajadores al aire libre, en los sectores de la construcción y agricultura. El factor desencadenante más importante es la deshidratación en exceso, de hecho, pueden desarrollarse sin exposición a altas temperaturas ambientales. Son factores predisponentes el abuso de alcohol y otras drogas7. Los síntomas aparecen de manera súbita, durante o tras la actividad física.
El diagnóstico es puramente clínico, y su gravedad se apoya en alteraciones analíticas en distintos grados.
La medición más precisa para la temperatura corporal es la rectal; termómetros timpánicos u orales pueden subestimar la temperatura central.
Los hallazgos más comunes en las pruebas disponibles en Atención Primaria son:
Pruebas de laboratorio: Trastornos del equilibrio ácido-base, con acidosis metabólica. En la bioquímica destaca la elevación de glucosa, hipernatremia-hipokaliemia, aumento de la enzima creatincinasa (CK) por rabdomiólisis, y de las transaminasas y lactato deshidrogenasa (LDH) por necrosis hepática. El hemograma muestra anemia con hematocrito normal o elevado (según el grado de deshidratación), leucocitosis y trombocitopenia. Afectación de la coagulación con elevación del tiempo de protrombina y tromboplastina parcial, y descenso de las proteínas C y S, fibrinógeno y antitrombina III. Elevación de D-dímero por activación de la fibrinólisis8,9. La LDH y la CK tienen valor pronóstico10. En el sedimento urinario se observa hematuria y proteinuria.
El electrocardiograma muestra aumento de la frecuencia cardíaca con alteraciones de la repolarización (inversión de onda T, depresión del segmento ST, alargamiento del QT) por isquemia miocárdica y alteraciones de la conducción con bloqueos de rama11.
Tratamiento:
El tratamiento del golpe de calor debe iniciarse lo antes posible ante cualquier sospecha clínica. La mortalidad puede alcanzar el 60% en casos no tratados a tiempo, pero el pronóstico mejora si se actúa con rapidez y eficacia.
El enfriamiento rápido y efectivo es la pieza angular del tratamiento, junto con medidas de soporte multiorgánico. Por ello la asistencia inicial desde los centros de salud es clave para mejorar el pronóstico. La rapidez del enfriamiento se correlaciona con la disminución de complicaciones. El objetivo es reducir la temperatura central por debajo de 39 °C en la primera hora12, para disminuir el riesgo de deterioro clínico.
En primer lugar, se alejará al paciente de la fuente de calor, colocándolo en un lugar fresco, ventilado, sombreado, y sin ropa para aumentar la pérdida de temperatura por evaporación.
En caso de insolación por esfuerzo, el tratamiento de elección es la inmersión en agua fría (1-15ºC). Si no es posible, se utilizarán compresas húmedas frías en la frente, el cuello, las axilas y las ingles, así como cobertura corporal con hielo triturado o mantas hipotérmicas.
En personas mayores con golpe de calor pasivo, el tratamiento de elección consiste en la administración de sueroterapia intravenosa fría (manejo de la temperatura intravascular), la aplicación de compresas frías y la ventilación. Estos métodos, aunque menos eficaces que la inmersión en agua fría, son mejor tolerados además de más accesibles y fáciles de aplicar.
La mayor parte de los pacientes requerirán la continuidad de medidas terapéuticas en ámbito hospitalario, con sueroterapia y fármacos frente a las complicaciones derivadas.
Pese a su uso generalizado en muchos casos, las siguientes medidas son injustificadas y por lo tanto su uso no está recomendado en un golpe de calor:
- Fármacos antipiréticos: Ningún agente farmacológico acelera el enfriamiento, ya que utilizan distintas vías fisiopatológicas que las del golpe de calor (no mediado por prostaglandinas). Además pueden aumentar el riesgo de hemorragia gastrointestinal, agravar el fallo hepático y la coagulopatía13.
- Baños de alcohol, por el peligro de absorción.
- Atropina y fármacos anticolinérgicos, ya que disminuyen la sudoración.
Prevención:
La prevención del golpe de calor es más eficaz que el tratamiento, y sin duda mucho más sencilla. A nivel poblacional deben tomarse medidas de protección para mitigar el riesgo de un golpe de calor clásico como el uso de aire acondicionado, ventiladores, nebulizadores de agua en el exterior, duchas frecuentes y accesibilidad a piscinas o lugares refrigerados de forma generalizada, sobre todo en las poblaciones con mayor susceptibilidad14; todo ello forma parte de los “refugios climáticos”. Por otro lado, institucionalmente se debe proteger a los trabajadores expuestos a un golpe de calor por esfuerzo, con medidas de salud pública que eviten el trabajo/entrenamiento en las horas más cálidas del día, programen períodos frecuentes de hidratación y descanso, y promuevan el uso de vestimenta que favorezca la evaporación del sudor.
Desde los Centros de Salud, nuestro papel es clave tanto en la prevención de las patologías producidas por altas temperaturas, así como en la atención inicial de un golpe de calor. Son necesarias campañas de prevención comunitaria dirigidas especialmente a población vulnerable y a sus cuidadores, con educación sobre reconocimiento de signos de alarma que requieran de una asistencia sanitaria.
CONCLUSIONES
El golpe de calor representa una urgencia médica cuyo manejo eficaz depende de un diagnóstico rápido y un tratamiento precoz. En el contexto del cambio climático, el papel del personal de atención primaria se vuelve aún más relevante en la prevención, educación comunitaria, identificación de grupos de riesgo y tratamiento inicial. Se requiere mayor conciencia pública para enfrentar esta condición con una estrategia de salud integral.
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