Humanización y sensibilización quirúrgica

30 diciembre 2023

 

AUTORES

  1. Lucía Aranda Sarvisé. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  2. María Teresa Novellón Sobreviela. Enfermera EAP María de Huerva, Zaragoza, España.
  3. Paula Falces Castillo. Enfermera EAP María de Huerva, Zaragoza, España.
  4. Ángela Cadena Pla. Enfermera EAP María de Huerva, Zaragoza, España.
  5. Elena Dobón Sánchez. Enfermera EAP María de Huerva, Zaragoza, España.
  6. Berta Susín Nieto. Enfermera EAP María de Huerva, Zaragoza, España.

 

RESUMEN

La humanización y sensibilización en el ámbito quirúrgico son conceptos esenciales para el bienestar completo del paciente, se debe enfatizar la importancia de adaptar la atención a las necesidades individuales de cada paciente. Se destaca la relevancia de superar barreras que puedan afectar la calidad de la atención, especialmente en el quirófano. El documento analiza detalladamente la comunicación entre el personal quirúrgico y los pacientes en diversas fases, como el preoperatorio, intraoperatorio y postoperatorio. Se resalta la necesidad de una comunicación efectiva y asertiva para reducir la ansiedad del paciente y fortalecer la relación terapéutica. En última instancia, se concluye enfatizando la importancia de tratar a cada paciente de manera individualizada, brindando una atención y comunicación adaptada a sus necesidades específicas, y se destaca el impacto positivo que pequeños gestos pueden tener en la experiencia global del paciente en el entorno quirúrgico.

 

PALABRAS CLAVE

Humanización de la atención, análisis de sentimientos, enfermería de quirófano.

 

ABSTRACT

Humanization and sensitization in the surgical setting are essential concepts for the complete wellbeing of the patient, and the importance of adapting care to the individual needs of each patient should be emphasized. The relevance of overcoming barriers that may affect the quality of care, especially in the operating room, is highlighted. The document discusses in detail the communication between surgical staff and patients in various phases, such as preoperative, intraoperative and postoperative. It highlights the need for effective and assertive communication to reduce patient anxiety and strengthen the therapeutic relationship. Ultimately, it concludes by emphasizing the importance of treating each patient individually, providing care and communication tailored to their specific needs, and highlights the positive impact that small gestures can have on the patient’s overall experience in the surgical environment.

 

KEY WORDS

Humanization of assistance, sentiment analysis, operating room nursing.

 

DESARROLLO DEL TEMA

La humanización según la R.A.E, es hacer humano, familiar y afable a alguien o algo; por lo tanto, la humanización quirúrgica en relación con los cuidados de enfermería es la correlación entre los conocimientos teórico-prácticos de la profesión y los valores propios que caracterizan al ser humano1.

Por otro lado, la sensibilización es la acción y efecto de sensibilizar, es decir, ser capaz de apreciar algo o de reaccionar emocionalmente ante ello2.

Dentro del quirófano, en muchas ocasiones, la atención al paciente que va a ser operado es impersonal, por lo que uno de los errores más comunes es la generalización del mismo protocolo para diferentes pacientes. Cada uno de estos usuarios reacciona de distintas formas a una misma atención sanitaria, por ello la humanización y sensibilización quirúrgica en parte es promover la adaptación de los sanitarios a cada uno de los pacientes, proporcionando así una atención más individualizada.

 

Comunicación en quirófano:

Para la prestación de una atención humanizada, basada en el bienestar o el concepto positivo de la salud, se precisa superar una serie de barreras arraigadas en el concepto negativo y desactualizado anterior (salud como ausencia de enfermedad). Entre estas barreras se encuentra la tecnificación, medicalización de la vida, burocratización, el exceso de demanda y utilización de los servicios sanitarios, el lenguaje tecnificado incomprensible, la falta de formación en comunicación y relación de ayuda de los profesionales y de coordinación entre estos y los servicios. El Consejo Internacional de Enfermería (CIE) en el año 2002 dictó, en la “Declaración sobre Seguridad en los Pacientes” lo siguiente: «las enfermeras se ocupan de la seguridad de los pacientes en todos los aspectos de los cuidados que prestan»3.

Comunicaciones de enfermería con el resto del personal quirúrgico:

La comunicación en el bloque quirúrgico goza de especial relevancia, ya que la incertidumbre inherente a la cirugía y la condición cambiante del paciente obligan a los profesionales sanitarios a transmitir rápida y correctamente información crítica entre sí. El desconocimiento de las necesidades del paciente, del procedimiento o fallas en la comunicación multi e interdisciplinar pueden provocar el empeoramiento de la calidad de los cuidados y el incremento de la morbimortalidad4.

La buena comunicación (escucha activa, empatía y autenticidad) hace más inteligible la labor del equipo quirúrgico. No obstante, en varios estudios4,5,6 se señala una percepción, por parte de los profesionales de Enfermería, de una comunicación insuficiente e ineficaz (pérdida de la función emisor-receptor) derivadas del propio entorno (presión asistencial, tiempos quirúrgicos, constantes nuevas técnicas, rotaciones en distintas especialidades), como una suma de las inquietudes individuales. Por todo ello, la expresión de los sentimientos puede no resultar sencilla en absoluto, lo que motiva una respuesta basada en el silencio que, progresiva e irrevocablemente, desemboca en respuestas de sufrimiento, pena, dolor o angustia en los profesionales. Así lo manifiesta una enfermera6: «estresada, la faena sale, pero yo me estreso. Hay que correr mucho, sobre todo a primera hora. La comunicación es más agresiva».

Puede ocurrir que los profesionales no hablen por miedo a las represalias, a ser estigmatizadas como conflictivas o, por el extremo contrario, que se expresen abusando de su poder (confundiendo el cargo con la persona) en base a una jerarquía o los años de experiencia, entre otras razones. Todo ello evidencia la necesidad de reducir estas deficiencias y carencias en la comunicación. La actitud más adaptativa es la más asertiva, es decir, aquella que precisa una expresión y escucha recíprocas y adaptativas. Como bien se ha indicado anteriormente, la comunicación fluida, transparente y bidireccional genera un entorno personal de seguridad, y ello requiere interés y dedicación5.

Comunicaciones del paciente con los profesionales de quirófano:

El contenido del mensaje y la forma de expresarlo impactan a gran escala en la percepción de la situación patológica del paciente. Es de vital trascendencia conocer sus conocimientos, temores y creencias, de manera que el profesional sea capaz de aportar honesta y adaptativamente la información necesaria, sin caer en una respuesta paternalista. Para ello, deberá tener un buen manejo de las habilidades sociales (empatía, comunicación, asertividad, etc.) en lo verbal y paraverbal (tono, énfasis, contacto ocular, gesticulación, postura corporal, etc.). La incoherencia entre estas dos formas de lenguaje puede causar confusión en el paciente y transmitir un mensaje alterado, hasta el punto de retroalimentar su ansiedad y/o sus temores. Entre los profesionales sanitarios se utilizan códigos que facilitan la comunicación entre sus interlocutores. Sin embargo, las personas ajenas a dicho ámbito, al escucharlos, pueden interpretar el mensaje de modo diferente o, incluso, contrariamente al esperado (“…posibles complicaciones, como infección, reintervención o la muerte…”, “…paciente terminal…”, “…el órgano proviene de un donante cadavérico…”)4,5.

Las dificultades en la comunicación con el paciente en el ámbito quirúrgico pueden ser intrínsecos a la intervención (complejidad del caso clínico, instrumental de precisión, logística de soporte) o extrínsecos (agendas quirúrgicas sobrecargadas, falta de personal, relación tensa entre los miembros del equipo). Todos ellos llevan al incremento de la ansiedad quirúrgica desencadenando una serie de consecuencias: mayor estimulación adrenérgica, arritmias, taquicardias, aumento de la agregación plaquetaria, mayor demanda de oxígeno miocárdico, elevaciones de tensión arterial, respuestas inadecuadas (llanto, negación, agresividad, etc.), mayor dolor postoperatorio, estancia hospitalaria prolongada y mayor vulnerabilidad a infecciones4.

Una comunicación fluida, honesta y asertiva entre el paciente y los profesionales, disminuye los malestares y crea un vínculo en la relación terapéutica confiable y seguro, lo que motiva al paciente a expresar sus temores, dudas, dolores y angustias (actuales y futuras). Está en la mano de los profesionales ayudarle en el manejo de todos ellos y llevar a cabo estrategias que fomenten su empoderamiento y resiliencia (capacidad potencial de una persona a salir enriquecida de una experiencia dificultosa) y refuercen, en la medida de lo posible, sus redes de apoyo (familia, amigos, equipo quirúrgico, etc.), de manera que pueda adoptar una actitud progresivamente más saludable que le permita sobrellevar el evento traumático6.

Comunicación en el preoperatorio:

El paciente que se somete a una intervención quirúrgica suele acudir al quirófano con falta de información y desconocimiento sobre el proceso quirúrgico. Se trata de una situación novedosa, potencialmente peligrosa, dolorosa y con poca o ninguna vestimenta, condiciones que, en mayor o menor grado, retroalimentarán una sensación creciente de vulnerabilidad. Para reducir su efecto, los profesionales deberán hacer uso de una comunicación efectiva y humanizadora (ej. el contacto de una mano en su hombro acompañado de un gesto facial acorde puede acrecentar su tranquilidad), evitar, en la medida de lo posible, el exceso de ruido y disponer de una temperatura agradable, entre otras actividades.

Una atención de calidad debe dirigirse al alivio de la ansiedad del paciente y a transmitirle informaciones que faciliten su enfrentamiento a la intervención con más seguridad y menor miedo (ej. presentación de la enfermera y su comunicación de que va a estar cuidándolo durante toda la intervención). Para ello, se hace uso de herramientas o recursos tanto materiales como personales. En cuanto a las primeras, es ejemplo la entrega de un folleto informativo con los principales aspectos de la cirugía, así como una encuesta de satisfacción (escala con formato tipo Likert) que el paciente hará llegar a los profesionales de este espacio, finalizada la intervención, a través de las enfermeras de la planta. De esta manera, evitamos que se sienta coaccionado en sus respuestas. Otro ejemplo, consiste en preguntar acerca de su temor (ej. al resultado de la cirugía, al dolor físico o la muerte) y/o ansiedad, valorada en una escala del 0 al 10, siendo 10 la expresión máxima de estas emociones. Ello se ve relacionado con el proceso de valoración en la hoja de visita preoperatoria de Enfermería, donde se tienen en cuenta diferentes aspectos: edad, dolor (presencia, intensidad y tipo), tolerancia al estrés, higiene personal, nerviosismo, orientación, problema con el idioma, falta de conocimientos y tratamiento farmacológico5,6,7.

Un estudio señala una tendencia donde los pacientes, a pesar de manifestar haber recibido una asistencia “muy acogedora”, no conocían el nombre del profesional de Enfermería que les había atendido («La recepción fue buena, la enfermera conversó conmigo, me ha tranquilizado», «Una señora me ha recibido muy bien. El nombre de ella, no lo sé, pero es enfermera»). Este mismo estudio incide en que, a través del nombre, se hace posible establecer una relación de mayor proximidad. El nombre significa afirmar nuestra identidad y tener más confianza en nosotros mismos, lo que nos permite un desarrollo más efectivo de nuestra labor profesional, requisito esencial para el profesional de Enfermería6.

Comunicación en el intraoperatorio:

El intraoperatorio comprende el tiempo desde el traslado del paciente al quirófano hasta la unidad de asistencia postanestésica. Es el momento culminante del estrés, ansiedad o temores del paciente. Conociendo este hecho, Enfermería –y también otros miembros del equipo– deben adquirir la capacidad de realizar intervenciones que humanicen los cuidados: mantener el equipo de tratamiento fuera de la vista, explicarle los procedimientos y sensaciones que experimentará con un lenguaje adecuado y adaptado a su nivel de conocimientos (ej. efectos de la anestesia subaracnoidea o ante un bloqueo del miembro superior) o , permanecer con él promoviendo la seguridad y reduciendo el miedo, entre otras actividades.

Como ocurría en el apartado anterior, existe también una tendencia en el intraoperatorio y es que los pacientes no saben distinguir siquiera el personal que los atiende (enfermero, auxiliar, celador o anestesista). De nuevo, se trata de una conducta por parte de los profesionales que únicamente se centra en la correcta realización de las técnicas, sin tener en cuenta que un paciente no es un simple número de habitación o una zona anatómica8,9.

En los minutos previos a la intervención, generalmente, la angustia, el miedo y la ansiedad protagonizan el estado de la psique interna del paciente, que pueden llevarlos a respuestas de bloqueo, búsqueda del máximo apoyo y afirmación de que todo va a salir bien. De hecho, a pesar de haber sido atendidos en la consulta de preanestesia previamente, entre los temores que más suelen repetirse es aquel relacionado con el mantenimiento y el despertar anestésico. Otro aspecto especialmente relevante en el intraoperatorio es la preservación de la intimidad del paciente. Desde el ámbito profesional, debido a la mecanización de las técnicas y la habitualidad a tratar con multitud de pacientes en la misma situación, puede no percibirse en absoluto el pudor como sí puede sentirlo quien va a ser intervenido. Cada paciente es único, con sus dolencias, temores e inseguridades y, por lo tanto, también la situación lo es. Una posición ginecológica puede resultar muy incómoda y violenta, al igual que la administración de anestesia epidural al mantenerlo consciente de lo que ocurre a su alrededor en todo momento8.

Comunicación en el postoperatorio:

Los pacientes que han sido sometidos a una intervención quirúrgica mediante anestesia general, regional o local esperan, y es lo más usual, despertar tranquila y suavemente. Ello define al periodo postoperatorio, como un periodo de recuperación de las funciones fisiológicas normales (alimentación, micción, deambulación, consciencia, etc.) y del bienestar. Dicho periodo puede clasificarse en postoperatorio inmediato, de una duración aproximada de 24 a 48 horas en la unidad de recuperación postanestésica (URPA); mediato, desde que el paciente no precisa vigilancia intensiva (UCI, URPA o REA) hasta el alta domiciliaria; y tardío, periodo donde se incide en la implicación del paciente en el autocuidado y se lleva a cabo un seguimiento en el ámbito de atención primaria9,10.

Una vez realizada la síntesis en la sala de operaciones, el anestesiólogo, en colaboración con la enfermera, deben lograr la recuperación de la conciencia y de los restantes signos vitales del paciente. No es infrecuente que, en este momento, el equipo se distiende, hable a viva voz o suba el volumen de la música ambiental. Los pacientes postoperados, generalmente, salen de la cirugía con temor, ansiedad y muchas dudas sobre su situación presente. Entre las cuestiones más frecuentes, se encuentran10:

  • Sentir incomodidad y malestar, traducidos en dolor físico o psíquico.
  • Sufrir una falta de autonomía que impida o dificulte la realización de actividades de la vida diaria.
  • Aislamiento, como respuesta psicológica (cognitiva, emocional y conductual) a la enfermedad.
  • Temor (ej. miedo a desarrollar sus aspiraciones, propósitos y acciones vitales en el futuro) y ansiedad.

 

CONCLUSIONES

En este estudio sobre la humanización y sensibilización en el ámbito quirúrgico, se destaca la importancia de abordar la atención médica con un enfoque individualizado y compasivo. A lo largo del análisis, se han identificado varios aspectos clave:

Necesidad de Personalización: La adaptación de la atención a las características individuales de cada paciente es esencial. La humanización quirúrgica implica reconocer las diferencias entre los pacientes y ajustar la atención en consecuencia.

Barreras en la Comunicación: Se subraya la presencia de barreras en la comunicación dentro del quirófano, incluyendo presiones asistenciales, tiempos quirúrgicos ajustados y falta de coordinación entre los profesionales. Superar estas barreras es crucial para garantizar una atención de calidad.

Importancia de la Comunicación Efectiva: La comunicación fluida, transparente y bidireccional entre el personal quirúrgico y los pacientes se presenta como un pilar fundamental. La escucha activa, la empatía y la autenticidad son elementos clave para construir una relación terapéutica sólida.

Impacto en la Experiencia del Paciente: Pequeños gestos, como una sonrisa o una palabra amable, pueden tener un impacto significativo en la experiencia del paciente. La humanización no sólo se trata de procedimientos médicos, sino también de proporcionar apoyo emocional y tranquilidad.

Fases Cruciales del Proceso Quirúrgico: La atención personalizada y comunicación efectiva son esenciales en todas las fases del proceso quirúrgico, desde el preoperatorio hasta el postoperatorio. Cada etapa requiere un enfoque específico para abordar las necesidades y preocupaciones del paciente.

Promoción del Bienestar postoperatorio: La atención postoperatoria juega un papel crucial en el proceso de recuperación. La comunicación continua y la consideración de aspectos psicológicos, como el miedo y la ansiedad, son fundamentales para el bienestar del paciente.

 

BIBLIOGRAFÍA

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