AUTORES
- Sara Marquina Martín, MsC. Óptico-Optometrista. Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón, Zaragoza, España. Biotech Vision SLP Spin off, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, España.
- Carla Sierra Santamaría. Óptico-Optometrista. Liince Óptica, Universidad de Zaragoza, España.
- Marta Sancho Larraz, MsC. Óptico-Optometrista. Biotech Vision SLP Spin off, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, España.
- Aser Cebollada Martínez, MsC. Óptico-Optometrista. Biotech Vision SLP Spin off, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, España.
- Blanca Montori Lacámara, MsC. Óptico-Optometrista. Departamento de Farmacología y Fisiología, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, España. Departamento de Oftalmología, Hospital Real y Provincial de Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza, España.
RESUMEN
El uso prolongado de mascarilla durante la pandemia de COVID-19 ha generado una serie de efectos secundarios, entre los cuales se destaca el aumento de los síntomas relacionados con el ojo seco. Esta condición, caracterizada por la insuficiencia de la película lagrimal para mantener la superficie ocular adecuadamente humectada, ha experimentado una prevalencia mayor debido al cambio en las condiciones ambientales causadas por el uso de mascarillas. La fisiopatología del ojo seco, en este contexto, se debe principalmente a la alteración en la distribución del aire al respirar, lo que provoca una evaporación acelerada de la lágrima y un impacto directo sobre la estabilidad de la película lagrimal.
Diversos estudios han documentado la relación entre el uso de mascarilla y el ojo seco, observando que la sequedad ocular se intensifica en personas que utilizan mascarilla de forma continua, especialmente en aquellos con antecedentes de enfermedades oculares. Aunque el impacto varía según el tipo de mascarilla utilizada, las de mayor ajuste, como las N95, parecen generar mayores síntomas de incomodidad ocular. Los síntomas más comunes incluyen ardor, irritación, visión borrosa y sensación de cuerpo extraño, lo que afecta considerablemente la calidad de vida de los afectados.
La evidencia científica respalda la prevalencia de estos efectos adversos, pero también sugiere que, con intervenciones adecuadas, los síntomas pueden mitigarse. Se proponen medidas de prevención y manejo, como el uso de lágrimas artificiales, la modificación del diseño de las mascarillas y el establecimiento de pausas periódicas para disminuir la irritación ocular. Estas estrategias pueden ser clave en la mejora de la salud ocular mientras se continúa con el uso de mascarilla en situaciones de riesgo.
PALABRAS CLAVE
Ojo seco, mascarilla, COVID-19, evaporación lagrimal, prevención ocular.
ABSTRACT
Prolonged use of facemasks during the COVID-19 pandemic has led to a number of side effects, most notably an increase in symptoms related to dry eye. This condition, characterised by the failure of the tear film to keep the ocular surface adequately moisturised, has experienced an increased prevalence due to the change in environmental conditions caused by the use of facemasks. The pathophysiology of dry eye in this context is mainly due to altered air distribution when breathing, resulting in accelerated tear evaporation and a direct impact on tear film stability.
Several studies have documented the relationship between mask use and dry eye, noting that dry eyes are more pronounced in people who wear masks continuously, especially those with a history of eye disease. Although the impact varies according to the type of mask used, higher-fitting masks, such as N95 masks, appear to generate greater symptoms of eye discomfort. The most common symptoms include burning, irritation, blurred vision and foreign body sensation, which significantly affect the quality of life of those affected.
Scientific evidence supports the prevalence of these adverse effects, but also suggests that, with appropriate interventions, symptoms can be mitigated. Prevention and management measures are proposed, such as the use of artificial tears, modification of mask design and the establishment of periodic breaks to reduce eye irritation. These strategies may be key in improving ocular health while continuing to use masks in at-risk situations.
KEY WORDS
Dry eye, face mask, COVID-19, tear evaporation, ocular prevention.
DESARROLLO DEL TEMA
La pandemia de COVID-19 ha generado cambios significativos en la vida cotidiana, incluyendo el uso generalizado de mascarillas faciales como medida de prevención contra la transmisión del virus. Sin embargo, esta práctica ha tenido efectos colaterales sobre la salud ocular, con un aumento en la prevalencia de síntomas de sequedad ocular y otras alteraciones de la superficie ocular1-4.
El uso prolongado de mascarilla puede alterar la estabilidad de la película lagrimal debido a la dirección del flujo de aire exhalado, lo que favorece la evaporación de la lágrima y predispone al desarrollo de ojo seco. Esta condición, denominada Mask-Associated Dry Eye (MADE), ha sido objeto de múltiples estudios que han evidenciado una relación entre el uso de mascarilla y el deterioro de la superficie ocular. Además, el síndrome de ojo seco no solo afecta a la calidad de vida de los pacientes, sino que también puede incrementar el riesgo de infecciones oculares y comprometer la salud visual a largo plazo3-6.
Además de la sequedad ocular, se han reportado otras manifestaciones oftalmológicas relacionadas con el uso de mascarilla, como el aumento en la incidencia de chalazión (Figura 1), episodios de conjuntivitis, y lesiones corneales accidentales derivadas de su uso inadecuado. Estas complicaciones han despertado un creciente interés en la comunidad científica, dado su impacto en la salud pública y la necesidad de establecer estrategias para su prevención y manejo7-11.
El presente artículo tiene como objetivo analizar las principales alteraciones oculares asociadas al uso de mascarillas faciales, con énfasis en su fisiopatología, impacto clínico y estrategias de prevención. Para ello, se revisará la evidencia científica disponible con el fin de proporcionar una visión integral sobre este fenómeno y sus implicaciones en la salud ocular12-14.
FISIOPATOLOGÍA DEL OJO SECO:
El síndrome de ojo seco es una enfermedad multifactorial de la superficie ocular caracterizada por la pérdida de homeostasis de la película lagrimal, asociada con síntomas de incomodidad ocular, alteraciones visuales e inflamación de la superficie ocular. Su etiología puede estar relacionada con una deficiencia en la producción de lágrima o con una evaporación excesiva de la película lagrimal, lo que altera su estabilidad y funcionalidad13,15.
El uso prolongado de mascarillas ha sido identificado como un factor contribuyente en el desarrollo y exacerbación del ojo seco. Esto se debe a la alteración del flujo aéreo exhalado, que redirige el aire caliente y seco hacia la superficie ocular, incrementando la tasa de evaporación de la película lagrimal. Este fenómeno provoca una reducción en el tiempo de ruptura lagrimal (BUT, por sus siglas en inglés), lo que predispone a la sequedad ocular y a la inflamación de la superficie ocular2-5,12.
Desde un punto de vista fisiopatológico, el daño inducido por el uso de mascarillas se relaciona con varios mecanismos3,4,13-16:
- Aumento de la evaporación lagrimal: La exposición prolongada al flujo de aire exhalado reduce la estabilidad de la película lagrimal, favoreciendo la hiperosmolaridad del epitelio corneal y conjuntival, lo que desencadena una respuesta inflamatoria.
- Inflamación de la superficie ocular: Se ha descrito que la hiperosmolaridad lagrimal induce la activación de mediadores inflamatorios como citoquinas y metaloproteinasas, lo que contribuye al daño de las células epiteliales corneales y a la disrupción de las glándulas de Meibomio.
- Disfunción de las glándulas de Meibomio: La inadecuada protección de la película lipídica de la lágrima puede agravar la evaporación lagrimal, dando lugar a un ciclo de inflamación crónica y exacerbación de los síntomas.
Estudios recientes han evidenciado que los pacientes que usan mascarillas de forma prolongada, especialmente en entornos clínicos o de trabajo, presentan una mayor prevalencia de síntomas relacionados con el ojo seco en comparación con aquellos que no utilizan mascarillas. Asimismo, se ha observado que ciertos tipos de mascarillas, como las N95, pueden generar un mayor impacto en la estabilidad de la película lagrimal debido a su ajuste hermético y menor ventilación4-6,16.
La fisiopatología del ojo seco asociado al uso de mascarillas es un proceso complejo que involucra alteraciones en la película lagrimal, inflamación de la superficie ocular y disfunción de las glándulas de Meibomio. Comprender estos mecanismos es fundamental para el desarrollo de estrategias de prevención y tratamiento dirigidas a minimizar su impacto en la salud visual.
RELACIÓN ENTRE EL USO DE LA MASCARILLA Y EL OJO SECO:
Desde el inicio de la pandemia por COVID-19, el uso de mascarilla se ha convertido en una medida esencial para la reducción de la transmisión del virus. Sin embargo, su uso prolongado ha sido asociado con el desarrollo y exacerbación del síndrome de ojo seco, fenómeno conocido como Mask-Associated Dry Eye (MADE). Esta relación ha sido ampliamente documentada en estudios recientes, que han demostrado un aumento en los síntomas de sequedad ocular en individuos que utilizan mascarilla durante periodos prolongados.
El mecanismo principal por el cual el uso de mascarilla contribuye al ojo seco radica en la alteración del flujo de aire exhalado. Cuando una mascarilla no está bien ajustada, el aire caliente y seco se dirige hacia la superficie ocular, lo que incrementa la tasa de evaporación de la película lagrimal y disminuye su estabilidad. Esta alteración conduce a una mayor hiperosmolaridad lagrimal, activación de procesos inflamatorios y daño epitelial en la córnea y la conjuntiva (Figura 2)2-4,12,14.
Además del aumento en la evaporación lagrimal, el uso prolongado de mascarilla ha sido vinculado con otros factores que agravan la sintomatología del ojo seco5,12-14,16:
- Reducción del parpadeo: El uso de mascarilla puede provocar una menor frecuencia de parpadeo, especialmente en entornos laborales donde se requiere atención visual prolongada, como en el uso de pantallas digitales. Esta disminución en la tasa de parpadeo contribuye a la desestabilización de la película lagrimal y al desarrollo de síntomas de sequedad ocular.
- Compresión de las glándulas de Meibomio: Algunos estudios han sugerido que el ajuste prolongado de la mascarilla, particularmente en la región superior del rostro, puede ejercer presión sobre las glándulas de Meibomio, afectando a la secreción lipídica y favoreciendo la evaporación lagrimal.
- Aumento de la inflamación ocular: Se ha identificado que la hiperosmolaridad inducida por la evaporación lagrimal excesiva desencadena la liberación de citoquinas proinflamatorias, contribuyendo a la inflamación crónica de la superficie ocular y exacerbando los síntomas del ojo seco.
La prevalencia de MADE varía en función del tipo de mascarilla utilizada. Se ha observado que las mascarillas quirúrgicas, al no tener un ajuste hermético, pueden provocar una menor alteración en la película lagrimal en comparación con las mascarillas N95, que redirigen de manera más pronunciada el aire exhalado hacia la superficie ocular16,17.
Dado el impacto del uso de mascarillas en la salud ocular, diversos estudios han sugerido estrategias para mitigar sus efectos adversos. Entre ellas se incluyen un ajuste adecuado con el fin de minimizar la fuga de aire hacia los ojos, el uso de lágrimas artificiales para mantener la estabilidad de la película lagrimal y la implementación de descansos visuales para reducir la fatiga ocular4,6.
HALLAZGOS CIENTÍFICOS:
En los últimos años, diversos estudios han investigado la asociación entre el uso prolongado de mascarilla y el desarrollo o empeoramiento del síndrome de ojo seco. La creciente evidencia científica ha confirmado que el fenómeno MADE es una condición real que afecta a un número significativo de personas, especialmente en poblaciones de alto riesgo como trabajadores sanitarios y usuarios de pantallas digitales4,6,16.
Uno de los primeros estudios que abordaron este problema fue realizado por Giannaccare et al. 2, quienes describieron cómo las medidas de prevención durante la pandemia, incluido el uso de mascarillas, afectaron la superficie ocular y exacerbaron la sequedad ocular en pacientes con predisposición previa. Posteriormente, Boccardo 4 llevó a cabo un estudio de encuesta en el que evaluó la prevalencia de síntomas de ojo seco en 3.605 personas que utilizaban mascarillas regularmente. Los resultados indicaron que un alto porcentaje de los participantes experimentaban irritación ocular, sensación de cuerpo extraño y aumento de la incomodidad ocular tras un uso prolongado.
Además, estudios clínicos han demostrado que la estabilidad de la película lagrimal se ve afectada en usuarios de mascarillas. Arriola-Villalobos et al.3 analizaron el impacto del uso de mascarilla en pacientes con ojo seco de moderado a severo y encontraron una disminución significativa en el tiempo de ruptura lagrimal (BUT), indicando una mayor evaporación de la lágrima. Resultados similares fueron reportados por Mastropasqua et al.12, quienes utilizaron microscopía confocal in vivo e inmunocitología para evidenciar cambios en la superficie ocular y un aumento en marcadores inflamatorios en personas que usaban mascarilla durante períodos prolongados.
El impacto del tipo de mascarilla también ha sido estudiado. Azzam et al.16 compararon el desarrollo de síntomas de ojo seco entre usuarios de mascarillas quirúrgicas y mascarillas N95. Los resultados mostraron que los participantes que utilizaban mascarillas N95 experimentaban una mayor inestabilidad lagrimal y síntomas más severos, lo que sugiere que el ajuste hermético de estas mascarillas puede intensificar la evaporación lagrimal y la incomodidad ocular.
En términos epidemiológicos, Krolo et al.5 realizaron un estudio observacional en el que se analizó la incidencia de ojo seco en personas con y sin uso habitual de mascarillas. Los hallazgos indicaron que la prevalencia de síntomas de ojo seco fue significativamente mayor en el grupo de usuarios de mascarillas, confirmando la relación entre el uso de este dispositivo y la disfunción de la película lagrimal.
Adicionalmente, estudios en poblaciones específicas, como el realizado por Martinez-Perez et al.17, han señalado que el uso de mascarilla también afecta a los usuarios de lentes de contacto, quienes reportan una mayor incomodidad ocular y necesidad de lubricación adicional (Figura 3). Por otro lado, Silkiss et al.7 documentaron un aumento en la incidencia de chalazión asociado al uso de mascarilla, lo que sugiere que las alteraciones en la película lagrimal pueden contribuir a la disfunción de las glándulas de Meibomio.
La evidencia científica revisada confirma que el uso de mascarilla representa un factor de riesgo para el desarrollo y la exacerbación del síndrome de ojo seco. Esta información es relevante para la implementación de estrategias preventivas y el desarrollo de recomendaciones para minimizar el impacto ocular de las mascarillas en la población general y en grupos vulnerables.
MEDIDAS DE PREVENCIÓN Y MANEJO DEL OJO SECO ASOCIADO AL USO DE MASCARILLA:
Dado el creciente reconocimiento del MADE como un problema clínico relevante, diversas estrategias han sido propuestas para mitigar sus efectos y mejorar la salud ocular en personas que utilizan mascarilla de manera prolongada. Estas medidas se enfocan en la correcta adaptación de la mascarilla, la optimización del ambiente ocular y el uso de terapias complementarias para preservar la integridad de la película lagrimal.
Ajuste adecuado de la mascarilla:
Una de las principales recomendaciones para reducir el impacto de la mascarilla en la superficie ocular es asegurar un ajuste adecuado de la misma. Un mal sellado de la mascarilla en la parte superior dirige el flujo del aire exhalado hacia los ojos, favoreciendo la evaporación de la película lagrimal y contribuyendo a la sintomatología del ojo seco. Para evitar este problema, se recomienda3,5,16:
- Ajustar bien la parte superior de la mascarilla utilizando el clip nasal para minimizar la fuga de aire.
- Utilizar cinta adhesiva hipoalergénica en el borde superior de la mascarilla para mejorar el sellado, especialmente en usuarios de gafas o en ambientes de ventilación forzada.
- Optar por mascarillas con bordes flexibles o diseños ergonómicos que se adapten mejor a la anatomía facial.
Control del ambiente y condiciones externas:
El ambiente en el que se usa la mascarilla también influye en la severidad de los síntomas de ojo seco. Para minimizar el impacto ambiental, se recomienda2,4,14:
- Evitar la exposición prolongada a corrientes de aire directo, como aire acondicionado o calefacción intensa, que pueden aumentar la evaporación lagrimal.
- Aumentar la humedad ambiental mediante el uso de humidificadores en espacios cerrados, especialmente en entornos laborales donde el uso de mascarilla es obligatorio durante largos periodos.
- Reducir el tiempo de exposición a pantallas digitales, ya que el parpadeo disminuye significativamente durante el uso de dispositivos electrónicos, exacerbando la inestabilidad lagrimal.
Uso de lágrimas artificiales y tratamiento farmacológico:
El tratamiento sintomático del ojo seco inducido por mascarillas es fundamental para mejorar la comodidad ocular y prevenir complicaciones. Entre las estrategias más utilizadas se encuentran4,7,13,17:
- Lágrimas artificiales sin conservantes, recomendadas para mantener la lubricación ocular y reducir la sensación de sequedad y ardor. Se sugiere su uso regular, especialmente antes y después de períodos prolongados de uso de mascarilla.
- Geles o pomadas oftálmicas en casos más severos, para proporcionar una mayor retención de humedad en la superficie ocular durante la noche.
- Uso de compresas tibias y masaje palpebral para mejorar la función de las glándulas de Meibomio y optimizar la calidad de la película lagrimal.
- Fármacos antiinflamatorios tópicos, como ciclosporina o corticosteroides de baja potencia, en pacientes con ojo seco severo o con signos de inflamación ocular persistente.
Alternativas y recomendaciones adicionales:
Otras estrategias pueden complementar la prevención y el manejo del ojo seco asociado al uso de mascarilla, tales como4,5,14:
- Uso de gafas protectoras o escudos oculares, que ayudan a reducir la evaporación de la lágrima al bloquear el flujo de aire exhalado.
- Intercalar periodos de descanso en el uso de la mascarilla, siempre que sea seguro hacerlo, para permitir la recuperación de la película lagrimal.
- Parpadeo consciente y ejercicios de relajación ocular, especialmente en usuarios de pantallas digitales, para mejorar la distribución de la lágrima y evitar la sequedad ocular.
Educación y concienciación del paciente:
El reconocimiento temprano de los síntomas de ojo seco y la educación de los pacientes sobre las medidas preventivas son esenciales para reducir la incidencia de MADE. Se recomienda que profesionales de la salud informen a sus pacientes sobre los riesgos asociados al uso de mascarilla y proporcionen recomendaciones personalizadas para el manejo del síndrome de ojo seco2,17.
CONCLUSIONES
El uso prolongado de mascarilla ha sido una medida esencial para la prevención del COVID-19, sin embargo, su impacto en la salud ocular ha cobrado relevancia en la literatura científica. En particular, se ha identificado el MADE como un factor contribuyente en el desarrollo y agravamiento del síndrome de ojo seco, especialmente en personas con predisposición a disfunción lagrimal.
Diversos estudios han evidenciado que la fuga de aire exhalado hacia la superficie ocular acelera la evaporación de la película lagrimal, altera su estabilidad y provoca síntomas de irritación, enrojecimiento y visión borrosa, lo que puede afectar la calidad de vida de los individuos. Además, la combinación del uso de mascarilla con otros factores como el ambiente seco, el uso prolongado de pantallas y la reducción en la frecuencia del parpadeo incrementa el riesgo de desarrollar complicaciones oftálmicas.
A pesar de estos hallazgos, existen estrategias efectivas para mitigar los efectos adversos del uso de mascarilla sobre la salud ocular. Medidas como el ajuste adecuado de la mascarilla, el uso de lágrimas artificiales, el incremento de la humedad ambiental y la protección ocular complementaria han demostrado ser útiles en la prevención y el manejo del MADE. Además, la educación y concienciación de los pacientes respecto a la sintomatología del ojo seco y su adecuado manejo resultan fundamentales para minimizar su impacto.
Si bien la evidencia disponible respalda la asociación entre el uso de mascarilla y el ojo seco, se requieren estudios adicionales para profundizar en los mecanismos fisiopatológicos subyacentes, evaluar estrategias terapéuticas más específicas y determinar los efectos a largo plazo del MADE en diferentes grupos poblacionales. El reconocimiento temprano de este fenómeno por parte de los profesionales de la salud permitirá una mejor adaptación de las recomendaciones clínicas y contribuirá al bienestar ocular de la población.
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Figura 1. Paciente joven con chalaziones multiples7.
Figura 2. Signos de alteración ocular valorados con fluoresceína sódica (izquierda) y verde lisamina (derecha)12.
Figura 3. Presencia de síntomas oculares en usuarios de LC tras uso de la mascarilla. Figura adaptada de Martínez-Pérez et al. 17.


