AUTORES
- Sandra Oliver Hernández. Unidad Psiquiatría Hospital Reina Sofía Tudela. Navarra, España.
- Rocío Esteve Ibáñez. Centro de Salud Mental Lezkairu. Pamplona, Navarra, España.
- Paula García Ozcoz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
- Ana Guajardo Iguaz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
- Laura Llovera García. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica A del Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- María Camats Artaso. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica A del Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
RESUMEN
Se presenta el caso de una enfermera de 35 años que desarrolló un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) con temática de contaminación tras su actividad asistencial durante la pandemia de COVID-19. La paciente manifestaba pensamientos intrusivos relacionados con contagio y muerte de familiares, acompañados de rituales de lavado prolongados y conductas de evitación social y laboral. El cuadro generó deterioro significativo, insomnio y ansiedad intensa, requiriendo tratamiento combinado con sertralina, terapia cognitivo-conductual con prevención de respuesta (TCC-EPR) y seguimiento enfermero centrado en la exposición gradual y la gestión del estrés. Tras doce semanas, se observó mejoría funcional y disminución notable de compulsiones. Este caso subraya la relevancia del TOC post-pandemia y la necesidad de un abordaje multidisciplinar.
PALABRAS CLAVE
Trastorno obsesivo-compulsivo, contaminación, personal sanitario, COVID-19, enfermería covid.
ABSTRACT
We describe the case of a 35-year-old nurse who developed obsessive-compulsive disorder (OCD) with contamination-related obsessions after her frontline work during the COVID-19 pandemic. The patient presented intrusive fears of infection and transmitting disease to family members, associated with compulsive washing rituals and social avoidance. The clinical picture led to functional decline, insomnia, and marked anxiety, requiring combined treatment with sertraline, cognitive-behavioral therapy with exposure and response prevention (CBT-ERP), and nursing support focused on graded exposure and stress management. After twelve weeks, significant functional improvement and reduction of compulsions were achieved. This case highlights the emergence of post-pandemic OCD and the importance of multidisciplinary care.
KEY WORDS
Obsessive-compulsive disorder, contamination, healthcare worker, COVID-19, nursing covid.
INTRODUCCIÓN
El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracteriza por pensamientos intrusivos, recurrentes y angustiantes (obsesiones) y conductas repetitivas destinadas a reducir la ansiedad (compulsiones). La temática de contaminación es una de las más frecuentes, representando hasta el 50% de los casos1,2.
Durante la pandemia de COVID-19, la exposición constante a riesgo biológico y la implementación de medidas extremas de higiene y aislamiento contribuyeron a un aumento significativo de síntomas obsesivo-compulsivos en población general y especialmente en profesionales sanitarios. El estrés prolongado, el temor al contagio y la responsabilidad de proteger a terceros actuaron como factores desencadenantes3,4.
El tratamiento de elección combina inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y terapia cognitivo-conductual con exposición y prevención de respuesta (EPR)⁵. La enfermería desempeña un papel central en la educación, supervisión de la exposición, control de estrés y mantenimiento de adherencia⁶.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
La paciente es una mujer de 35 años, enfermera diplomada, que trabajaba en una unidad hospitalaria de alta complejidad. No presentaba antecedentes psiquiátricos personales ni familiares relevantes, y previo a la pandemia refería un adecuado ajuste emocional, social y laboral. Mantenía una vida activa, con buen funcionamiento interpersonal y sin rasgos obsesivos previos clínicamente significativos.
Durante la primera ola de la pandemia por COVID-19, la paciente fue destinada a una unidad de críticos, donde permaneció varios meses expuesta de forma continuada a pacientes infectados, fallecimientos frecuentes y elevada presión asistencial. Inicialmente, adoptó medidas estrictas de higiene y prevención, en consonancia con los protocolos sanitarios vigentes. Sin embargo, con el paso del tiempo, estas conductas comenzaron a intensificarse y a perder su carácter adaptativo.
Meses después, la paciente empezó a experimentar pensamientos intrusivos recurrentes relacionados con la posibilidad de contagiarse y, especialmente, de transmitir el virus a familiares cercanos. Describía imágenes mentales persistentes en las que visualizaba a sus padres o sobrinos enfermos o falleciendo como consecuencia directa de su contacto con ellos. Estos pensamientos eran vividos como egodistónicos, generando intensa ansiedad y sentimientos de culpa.
Para neutralizar dicha ansiedad, desarrolló rituales de lavado de manos cada vez más prolongados y repetitivos, llegando a emplear más de una hora diaria en conductas de higiene. Asimismo, realizaba desinfecciones compulsivas de superficies domésticas, ropa y objetos personales, y evitaba el contacto físico con familiares y amigos. Progresivamente, comenzó a aislarse socialmente y a evitar espacios públicos, incluso cuando las restricciones sanitarias se relajaron.
La paciente refería además insomnio de conciliación, irritabilidad, fatiga persistente y dificultad para desconectar mentalmente del trabajo. Tras un episodio de ansiedad intensa acompañado de hiperventilación, temblor y sensación de pérdida de control, solicitó baja laboral y acudió a consulta de salud mental.
En la valoración inicial, se mostró muy angustiada, con llanto fácil y discurso centrado en el miedo a “hacer daño sin querer”. Reconocía parcialmente la irracionalidad de sus pensamientos, pero manifestaba una marcada incapacidad para resistirse a los rituales. No se objetivaron síntomas depresivos mayores ni ideación autolítica. Se estableció el diagnóstico de trastorno obsesivo-compulsivo con temática de contaminación, desencadenado en el contexto post-pandémico.
Se inició tratamiento con sertralina 50 mg/día, junto con psicoeducación sobre el TOC y registro de obsesiones y compulsiones. Desde enfermería se trabajaron técnicas de respiración diafragmática, higiene del sueño y manejo inicial de la ansiedad. En semanas posteriores se incorporó terapia cognitivo-conductual con exposición y prevención de respuesta (TCC-EPR).
Durante las semanas 2 a 4, la paciente comenzó exposiciones graduadas a estímulos evitados, como tocar superficies consideradas “contaminadas” y retrasar el lavado posterior. Estas intervenciones generaron picos de ansiedad, que fueron abordados mediante acompañamiento clínico, validación emocional y evitación de tranquilización excesiva. Se aumentó la dosis de sertralina a 100 mg/día.
Entre las semanas 5 y 8, se observó una reducción progresiva de los rituales, que pasaron a ocupar menos de 20 minutos diarios. La paciente recuperó parcialmente la vida social, inició actividad física regular y participó en un grupo de apoyo para personal sanitario afectado por estrés post-pandemia. Se trabajó la reincorporación laboral gradual y la tolerancia a la incertidumbre.
En las semanas 9 a 12, la paciente refirió un mayor control sobre las obsesiones, mejoría del sueño y disminución significativa de la ansiedad basal. Retomó su actividad laboral de forma parcial y expresó sentirse “capaz de convivir con el miedo sin que dirija su vida”. Finalizó el protocolo intensivo de EPR, manteniendo seguimiento ambulatorio.
DISCUSIÓN
La pandemia por COVID-19 ha supuesto un acontecimiento estresante de magnitud excepcional, especialmente para los profesionales sanitarios, expuestos de forma continuada a riesgo biológico, sobrecarga emocional y toma de decisiones críticas. Este contexto ha actuado como factor precipitante o agravante de diversos trastornos mentales, entre ellos el trastorno obsesivo-compulsivo, particularmente en su modalidad de contaminación.
La temática de contaminación es una de las más frecuentes en el TOC y se caracteriza por una hipervigilancia patológica frente al riesgo de infección, acompañada de rituales de limpieza y evitación. En el caso presentado, las conductas inicialmente adaptativas y acordes a las recomendaciones sanitarias evolucionaron progresivamente hacia un patrón obsesivo-compulsivo, manteniéndose incluso cuando el riesgo objetivo disminuyó.
La exposición prolongada a entornos de alta mortalidad, la responsabilidad percibida de proteger a terceros y la normalización social de conductas extremas de higiene durante la pandemia constituyeron un caldo de cultivo para la cronificación de los síntomas. Este fenómeno plantea importantes retos diagnósticos, ya que la línea entre conducta preventiva y compulsión patológica puede resultar difusa en contextos de emergencia sanitaria1,2.3. Desde el punto de vista terapéutico, el abordaje combinado farmacológico y psicoterapéutico es el tratamiento de elección. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, como la sertralina, han demostrado eficacia en la reducción de la intensidad obsesiva mediante la modulación de los circuitos cortico-estriatales implicados en el TOC. No obstante, la terapia cognitivo-conductual con exposición y prevención de respuesta constituye el pilar fundamental del tratamiento, al permitir la habituación a la ansiedad y la ruptura del ciclo obsesión-compulsión5.6.
La evolución favorable de la paciente pone de manifiesto que una intervención precoz y estructurada permite no solo la reducción sintomática, sino también la recuperación funcional y laboral. Reconocer el impacto psicológico de la pandemia en el personal sanitario y ofrecer recursos especializados resulta esencial para prevenir la cronificación del malestar y favorecer la resiliencia profesional4.6
CONCLUSIÓN
El caso presentado evidencia cómo el trastorno obsesivo-compulsivo con temática de contaminación puede desarrollarse en profesionales sanitarios tras una exposición prolongada a situaciones de elevado estrés y riesgo biológico, como la vivida durante la pandemia de COVID-19. La persistencia de conductas de higiene más allá del contexto adaptativo inicial generó un deterioro funcional significativo.
La intervención combinada mediante tratamiento farmacológico, terapia cognitivo-conductual con exposición y prevención de respuesta y seguimiento enfermero permitió una evolución clínica favorable. El acompañamiento enfermero resultó clave para la adherencia terapéutica, el manejo de la ansiedad y la recuperación progresiva de la funcionalidad. Este caso subraya la importancia de la detección precoz y del abordaje multidisciplinar en la atención a la salud mental del personal sanitario.
BIBLIOGRAFÍA
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