Impacto del uso de pantallas en el desarrollo infantil: revisión bibliográfica de la evidencia científica posterior a la pandemia por COVID-19

5 julio 2026

 

AUTORES

  1. Amaia Ros Maiz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
  2. Sara Chocarro Arróniz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
  3. Leyre Lecumberri Alzueta. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.

 

RESUMEN

Introducción: El uso de dispositivos con pantalla se ha consolidado como una práctica cotidiana durante la infancia. La pandemia por COVID-19 modificó de manera significativa los hábitos digitales infantiles debido al confinamiento, el cierre de centros educativos y el incremento de actividades recreativas y educativas mediadas por tecnología. Diversos estudios han analizado el posible efecto de esta exposición sobre el desarrollo cognitivo, emocional, conductual y social.

Objetivo: Analizar la evidencia científica publicada desde 2020 sobre el impacto del uso de pantallas en el desarrollo infantil e identificar los principales efectos asociados al incremento del tiempo de exposición observado durante y después de la pandemia.

Metodología: Revisión bibliográfica narrativa basada en literatura científica publicada entre 2020 y 2026. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis y estudios observacionales localizados en bases biomédicas y literatura científica internacional. La selección se orientó a investigaciones sobre población infantil y exposición a pantallas digitales.

Resultados: La evidencia señala una asociación entre exposición elevada a pantallas y alteraciones en áreas del desarrollo infantil como lenguaje, regulación emocional, atención, calidad del sueño, conducta y actividad física. No obstante, los resultados muestran heterogeneidad y sugieren que variables como edad, contenido consumido, acompañamiento parental y contexto de uso modifican el impacto observado.

Conclusiones: El efecto de las pantallas sobre el desarrollo infantil no depende exclusivamente del tiempo de exposición, sino también de la calidad del contenido y de la mediación familiar. Las recomendaciones actuales se orientan hacia un uso equilibrado y contextualizado más que hacia la eliminación completa de la tecnología.

PALABRAS CLAVE

Tiempo frente a pantallas, desarrollo infantil, niño, salud infantil, conducta infantil, tecnología digital.

ABSTRACT

Introduction: Screen-based device use has become an increasingly common practice during childhood. The COVID-19 pandemic substantially changed children’s digital habits through lockdown measures, school closures and greater reliance on technology for education and recreation.

Objective: To analyze scientific evidence published since 2020 regarding the impact of screen use on child development and identify the main effects associated with increased exposure during and after the COVID-19 pandemic.

Methodology: Narrative bibliographic review based on scientific literature published between 2020 and 2026. Priority was given to systematic reviews, meta-analyses and observational studies focused on children and screen exposure.

Results: Current evidence suggests associations between excessive screen exposure and alterations in language acquisition, emotional regulation, attention, sleep quality, behavior and physical activity. However, findings remain heterogeneous and indicate that age, content quality, parental mediation and context of use strongly influence outcomes.

Conclusions: The effects of screens on child development are determined not only by duration of use but also by contextual and relational factors. Current recommendations support balanced and supervised technology use rather than complete restriction.

KEY WORDS

Screen time, child development, child, child health, child behavior, digital technology.

INTRODUCCIÓN

La expansión de la tecnología digital ha transformado profundamente los hábitos de ocio, aprendizaje y comunicación durante la infancia. Teléfonos inteligentes, tabletas, ordenadores y televisores forman parte del entorno cotidiano de niños cada vez más pequeños, generando nuevas oportunidades educativas, pero también interrogantes respecto a sus posibles efectos sobre el desarrollo infantil¹.

Antes de 2020 ya existía preocupación internacional por el aumento progresivo del tiempo frente a pantallas. Organismos sanitarios habían comenzado a recomendar límites adaptados a la edad y promover actividades alternativas vinculadas al juego libre, el descanso y la interacción social. Sin embargo, la irrupción de la pandemia por COVID-19 modificó de manera abrupta estos patrones de exposición².

Las medidas de confinamiento, la suspensión de actividades presenciales y la implementación de educación a distancia produjeron un incremento global del uso de dispositivos digitales entre niños y adolescentes. Un metaanálisis que evaluó más de 29.000 participantes menores de 18 años identificó un aumento promedio del tiempo de pantalla de aproximadamente 84 minutos diarios durante la pandemia, equivalente a un incremento cercano al 52 % respecto al periodo previo³.

Este aumento generó una intensificación del interés científico por comprender las consecuencias del uso continuado de pantallas sobre distintas dimensiones del desarrollo infantil. Entre las áreas más estudiadas destacan el desarrollo cognitivo, el lenguaje, el rendimiento académico, la regulación emocional, la calidad del sueño, el comportamiento y la salud física⁴.

La evidencia disponible muestra resultados complejos. Algunos trabajos describen asociaciones entre exposición prolongada y mayor frecuencia de dificultades atencionales, alteraciones emocionales y reducción de la actividad física⁵. Asimismo, se han observado relaciones entre mayor tiempo de pantalla y menor duración del sueño, aspecto especialmente relevante durante etapas críticas del neurodesarrollo⁶.

No obstante, investigaciones recientes han señalado que interpretar el fenómeno exclusivamente desde una perspectiva cuantitativa puede resultar insuficiente. Factores como el tipo de contenido consumido, la edad del niño, la interacción con cuidadores y el propósito del uso tecnológico parecen modificar significativamente los efectos observados. El uso educativo supervisado y la interacción digital compartida muestran resultados diferentes respecto al consumo pasivo o prolongado de contenido audiovisual⁷.

En menores de cinco años, el debate adquiere especial relevancia debido a que este periodo representa una etapa crítica para la adquisición del lenguaje, el desarrollo socioemocional y la consolidación de funciones ejecutivas. Revisiones recientes han identificado tanto beneficios potenciales especialmente vinculados al aprendizaje interactivo como riesgos relacionados con exposición excesiva o sin acompañamiento adulto⁸.

Actualmente, la comunidad científica coincide en que el impacto del uso de pantallas no puede entenderse como un fenómeno exclusivamente negativo o positivo. Más bien, se reconoce como una interacción compleja entre tecnología, contexto familiar, características individuales y calidad de las experiencias digitales.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Analizar la evidencia científica publicada desde el año 2020 acerca del impacto del uso de pantallas en el desarrollo infantil.

Objetivos específicos:

Identificar los efectos del tiempo de exposición a pantallas sobre el desarrollo cognitivo, conductual y socio emocional infantil.

Describir los cambios observados en los hábitos digitales infantiles durante y después de la pandemia por COVID-19.

Examinar el papel del contexto familiar y del tipo de contenido digital como variables moduladoras del impacto observado.

Sintetizar recomendaciones basadas en evidencia para promover un uso saludable de las tecnologías durante la infancia.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa con el objetivo de identificar, analizar y sintetizar la evidencia científica disponible sobre el impacto del uso de pantallas en el desarrollo infantil, prestando especial atención a los cambios observados desde el inicio de la pandemia por COVID-19.

La búsqueda bibliográfica se desarrolló entre enero y mayo de 2026 y se limitaron los resultados a publicaciones comprendidas entre enero de 2020 y mayo de 2026, con el fin de incluir investigaciones correspondientes al periodo pandémico y post pandémico.

Para la identificación de estudios se consultaron bases de datos científicas internacionales ampliamente utilizadas en el ámbito sanitario y biomédico:

  • PubMed/MEDLINE.
  • Scopus.
  • Web of Science.
  • Literatura científica complementaria especializada en salud infantil y desarrollo humano

 

La estrategia de búsqueda se construyó mediante la combinación de Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS) y términos equivalentes del sistema Medical Subject Headings (MeSH).

Entre los descriptores utilizados destacaron:

  • Screen Time.
  • Child Development.
  • Child.
  • Digital Media.
  • COVID-19.
  • Mental Health.
  • Language Development.
  • Sleep.
  • Executive Function.

 

Para optimizar la recuperación de resultados se emplearon operadores booleanos:

  • AND → para combinar conceptos y restringir resultados.
  • OR → para incluir sinónimos o términos relacionados.
  • NOT → para excluir términos no pertinentes.

 

Se utilizaron estrategias de búsqueda como las siguientes:

  • Ejemplo 1 (búsqueda principal): (“screen time” AND “child development” AND “COVID-19”).
  • Ejemplo 2 (desarrollo cognitivo y lenguaje): (“digital media” AND child AND (“language development” OR cognition)).
  • Ejemplo 3 (sueño y salud emocional): (“screen exposure” AND children AND (“sleep” OR “mental health”)).
  • Ejemplo 4 (refinamiento por edad): (“screen time” AND child NOT adolescent).

 

Tras la búsqueda inicial se realizó una revisión por título y resumen para eliminar publicaciones duplicadas y estudios que no respondían al objetivo del trabajo. Posteriormente se efectuó una lectura completa de los artículos potencialmente elegibles.

Los criterios de inclusión fueron:

  • Artículos publicados entre 2020 y 2026.
  • Estudios realizados en población infantil (0–12 años).
  • Revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios longitudinales y observacionales.
  • Investigaciones centradas en el impacto del uso de pantallas sobre el desarrollo infantil.

 

Los criterios de exclusión fueron:

  • Estudios centrados exclusivamente en población adolescente.
  • Publicaciones sin medición específica del uso de pantallas.
  • Artículos duplicados o con acceso insuficiente para evaluar metodología y resultados.
  • Estudios con enfoque exclusivamente tecnológico sin variables relacionadas con desarrollo infantil.

 

Finalmente, los estudios seleccionados fueron organizados mediante síntesis narrativa y agrupados según las dimensiones del desarrollo analizadas: desarrollo cognitivo, lenguaje, regulación emocional, sueño, conducta y factores contextuales asociados.

RESULTADOS

Los estudios seleccionados muestran resultados heterogéneos respecto al impacto del uso de pantallas sobre el desarrollo infantil.

1. Incremento del tiempo de pantalla tras la pandemia por COVID-19:

La literatura publicada desde 2020 coincide en señalar que la pandemia produjo una modificación profunda de los hábitos digitales infantiles. El cierre de centros educativos, el aislamiento social y el incremento del tiempo en el hogar favorecieron una exposición significativamente mayor a dispositivos electrónicos.

Un metaanálisis internacional describió incrementos superiores a una hora diaria de tiempo frente a pantallas respecto al periodo prepandémico³. Este aumento fue especialmente pronunciado en menores de edad escolar y en hogares donde las actividades educativas se trasladaron temporalmente al entorno digital.

Diversos autores señalaron que este incremento no se limitó al uso académico, sino que incluyó entretenimiento audiovisual, videojuegos y comunicación digital⁹.

La exposición prolongada durante etapas sensibles del desarrollo generó interés por comprender si existían efectos persistentes más allá del periodo de confinamiento.

 

2. Uso de pantallas y desarrollo cognitivo:

El desarrollo cognitivo constituye uno de los ámbitos más investigados. La evidencia reciente muestra resultados heterogéneos, aunque numerosos estudios encuentran asociaciones entre exposición excesiva y menor rendimiento en determinadas funciones neurocognitivas.

Entre las áreas más estudiadas destacan:

  • atención sostenida.
  • memoria de trabajo.
  • velocidad de procesamiento.
  • funciones ejecutivas.

 

Algunas investigaciones longitudinales observaron que tiempos elevados de exposición diaria se relacionaban con mayores dificultades atencionales y menor desempeño en tareas que requerían control inhibitorio¹⁰.

No obstante, la literatura más reciente introduce una diferenciación importante entre exposición pasiva y experiencias digitales interactivas. Actividades educativas estructuradas o contenidos diseñados para favorecer el aprendizaje muestran resultados menos negativos e incluso potencialmente beneficiosos cuando existe supervisión adulta¹¹.

Los investigadores coinciden en que el tiempo de pantalla por sí solo no explica completamente el fenómeno y debe analizarse junto con el entorno familiar y educativo.

3. Impacto sobre el desarrollo del lenguaje:

El desarrollo del lenguaje durante los primeros años de vida aparece como uno de los dominios más sensibles al incremento de exposición digital.

Diversos estudios publicados después de la pandemia identificaron asociaciones entre mayor tiempo frente a pantallas y retrasos en adquisición de vocabulario, menor frecuencia de interacción verbal y menor calidad comunicativa entre cuidadores e hijos¹².

La hipótesis predominante sostiene que el problema principal no sería la tecnología en sí misma, sino el desplazamiento de experiencias interpersonales fundamentales para el aprendizaje lingüístico.

Las investigaciones muestran que el lenguaje infantil se desarrolla especialmente mediante:

  • conversación cara a cara.
  • lectura compartida.
  • juego simbólico.
  • respuesta emocional recíproca.

 

Cuando el tiempo de pantalla sustituye estas actividades, puede reducirse la estimulación lingüística.

Sin embargo, algunos trabajos recientes indican que contenidos educativos interactivos utilizados junto a cuidadores pueden favorecer adquisición de conceptos y participación comunicativa¹³.

4. Consecuencias sobre regulación emocional y conducta:

Otra línea ampliamente estudiada ha sido la relación entre exposición digital y salud emocional infantil.

La evidencia posterior a COVID-19 señala asociaciones entre mayor tiempo de pantalla y:

  • incremento de irritabilidad;
  • mayor frecuencia de síntomas ansiosos;
  • dificultades conductuales;
  • peor autorregulación emocional¹⁴.

 

Los estudios longitudinales sugieren además una relación bidireccional: los niños con mayor malestar emocional pueden recurrir más al consumo digital y, al mismo tiempo, determinados patrones de uso pueden intensificar las dificultades existentes.

Respecto al comportamiento social, se ha observado que la sustitución de actividades presenciales puede disminuir oportunidades de entrenamiento en habilidades sociales, especialmente en edades tempranas.

Aun así, la literatura destaca que el acompañamiento parental y la calidad de la interacción familiar mantienen un efecto protector relevante.

5. Relación entre pantallas, sueño y salud física:

Uno de los hallazgos más consistentes de la evidencia reciente es la asociación entre exposición elevada a pantallas y alteraciones del sueño.

Los estudios describen:

  • retraso en la hora de conciliación.
  • reducción del tiempo total de sueño.
  • peor calidad subjetiva del descanso.

 

Se han propuesto varios mecanismos:

  1. estimulación cognitiva previa al sueño.
  2. desplazamiento del tiempo de descanso.
  3. exposición a luz emitida por dispositivos electrónicos¹⁵.

 

La reducción del sueño durante la infancia se ha relacionado con efectos secundarios sobre aprendizaje, regulación emocional y rendimiento escolar.

Asimismo, varios trabajos observaron una disminución de actividad física y aumento del sedentarismo en niños con mayor exposición digital durante el periodo pandémico y pospandémico¹⁶.

DISCUSIÓN

La presente revisión bibliográfica permitió analizar la evidencia científica publicada desde el inicio de la pandemia por COVID-19 acerca del impacto del uso de pantallas sobre el desarrollo infantil. Los resultados obtenidos muestran que el aumento de exposición digital observado durante este período constituyó un fenómeno global que modificó significativamente los hábitos cotidianos de niños y familias³.

Uno de los principales hallazgos identificados es que el efecto de las pantallas sobre el desarrollo infantil no puede interpretarse desde una relación lineal entre mayor tiempo de uso y peores resultados. Aunque numerosos estudios describen asociaciones entre exposición elevada y alteraciones en áreas como atención, regulación emocional, calidad del sueño y desarrollo de lenguaje¹⁰–¹⁵, la evidencia más reciente señala que intervienen múltiples factores contextuales que condicionan el impacto final.

En relación con el desarrollo cognitivo, los estudios revisados sugieren que el consumo prolongado de contenido pasivo puede asociarse con menor estimulación de funciones ejecutivas y procesos atencionales. Sin embargo, cuando el uso digital se integra en experiencias educativas estructuradas y existe acompañamiento adulto, algunos trabajos describen efectos neutros o incluso potencialmente beneficiosos sobre determinados aprendizajes¹¹.

Respecto al lenguaje, la evidencia disponible respalda que los primeros años de vida constituyen una etapa especialmente sensible. Las dificultades observadas parecen relacionarse principalmente con la sustitución de interacciones humanas esenciales para el desarrollo comunicativo más que con la tecnología como elemento aislado¹². Este hallazgo refuerza la importancia de mantener actividades presenciales como lectura compartida, juego simbólico y conversación cotidiana.

La dimensión emocional también ocupa un lugar central en la literatura reciente. El incremento de síntomas conductuales y dificultades de autorregulación observado en algunos estudios parece responder a una interacción compleja entre tiempo de exposición, condiciones familiares, estrés ambiental y hábitos establecidos durante el confinamiento¹⁴. En este sentido, diversos autores proponen abandonar enfoques exclusivamente restrictivos y avanzar hacia modelos de educación digital acompañada.

Otro aspecto especialmente consistente corresponde al sueño infantil. La evidencia revisada mantiene una asociación relativamente estable entre mayor exposición digital —especialmente en horarios cercanos al descanso nocturno— y reducción de calidad y duración del sueño¹⁵. Considerando el papel del sueño en el neurodesarrollo, este hallazgo adquiere relevancia clínica y preventiva.

Las recomendaciones internacionales más recientes han comenzado a evolucionar desde límites rígidos de tiempo hacia enfoques centrados en la calidad del contenido, la supervisión parental y el equilibrio entre experiencias digitales y actividades presenciales. Este cambio resulta coherente con la realidad tecnológica actual y con la creciente integración de herramientas digitales en contextos educativos.

Entre las limitaciones de esta revisión debe señalarse la heterogeneidad metodológica de los estudios incluidos, la diversidad de instrumentos utilizados para medir tiempo de pantalla y la dificultad para establecer relaciones causales definitivas. Además, gran parte de la evidencia disponible procede de estudios observacionales.

CONCLUSIÓN

Como conclusión, puede afirmarse que el uso de pantallas constituye actualmente un componente habitual del entorno infantil y que sus efectos sobre el desarrollo dependen de una interacción compleja entre duración, contenido, contexto familiar y etapa evolutiva. La evidencia posterior a la pandemia por COVID-19 no respalda una visión exclusivamente negativa de la tecnología, pero sí señala la necesidad de promover hábitos digitales saludables, especialmente durante los primeros años de vida. El acompañamiento parental, la selección de contenidos adecuados y el mantenimiento de experiencias sociales y de juego continúan siendo elementos fundamentales para favorecer un desarrollo infantil equilibrado.

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