Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.50.43.001
AUTORES
- Mayra Anayelly Sumba Ramón. https://orcid.org/0009-0002-7887-0148, Universidad Técnica de Machala. Ecuador.
- Saira Alexandra Ullaguari Cuenca. https://orcid.org/0009-0004-2376-0173, Universidad Técnica de Machala. Ecuador.
- Franklin Benjamín Paladines Figueroa. https://orcid.org/0000-0002-7493-4602, Facultad de Ciencia Químicas y de la Salud, Universidad Técnica de Machala, Ecuador.
RESUMEN
La fractura de cadera (FC) en adultos mayores es una causa muy frecuente de morbilidad y representando un mayor índice de mortalidad en pacientes que tienen fractura de cadera a comparación de la misma población sin FC. Los largos periodos de inmovilización provocan consecuencias negativas tanto en la calidad de vida como en su salud, causando un deterioro significativo de la capacidad para realizar de forma independiente actividades básicas
Objetivo: analizar el impacto de la fractura de cadera en la movilidad y supervivencia del adulto mayor, mediante la revisión de evidencia científica reciente, para contribuir con la actualización en el manejo geriátrico.
Metodología: Se realizó una revisión bibliográfica estructurada, utilizando bases de datos como PubMed, Scopus, Web of Science y Google Scholar. Se seleccionaron estudios originales y revisiones publicados entre 2020 y 2025, en inglés o español, que abordan el impacto de la fractura de cadera en adultos mayores (>65 años), excluyendo investigaciones en otras poblaciones o con enfoques no clínicos ni funcionales.
Resultados: 11 estudios confirman que la fractura de cadera en adultos mayores eleva la mortalidad (5-8 veces en >85 años a tres meses; 20-30% al año) y la dependencia (33-40% recupera actividades básicas a seis meses) influida por demoras quirúrgicas, deterioro cognitivo, depresión y sarcopenia. Cirugía en 48 horas mejora 40% la deambulación; programas como PaLMe optimizan recuperación, requiriendo enfoques con cirugía precoz, rehabilitación intensiva y manejo neuropsicológico.
Conclusión: La evidencia disponible respalda que la fractura de cadera no solo representa un evento traumático, sino el inicio de un proceso multifactorial que condiciona la autonomía y la calidad de vida. Se propone un enfoque que combina cirugía temprana, rehabilitación especializada y atención integral para mejorar la funcionalidad y reducir la mortalidad.
PALABRAS CLAVE
Fractura de cadera, adulto mayor, rehabilitación, movilidad, calidad de vida.
ABSTRACT
Hip fracture (HF) in older adults is a very common cause of morbidity and represents a higher mortality rate in patients with hip fracture compared to the same population without HF. Long periods of immobilization have negative consequences on both quality of life and health, causing a significant deterioration in the ability to perform basic activities independently.
Objective: To analyze the impact of hip fractures on the mobility and survival of older adults by reviewing recent scientific evidence to contribute to the updating of geriatric management.
Methodology: A structured literature review was conducted using databases such as PubMed, Scopus, Web of Science, and Google Scholar. Original studies and reviews published between 2020 and 2025, in English or Spanish, addressing the impact of hip fracture in older adults (>65 years) were selected, excluding research in other populations or with non-clinical or non-functional approaches.
Results: Eleven studies confirm that hip fractures in older adults increase mortality (5–8 times in those over 85 years of age at three months; 20–30% at one year) and dependence (33–40% recover basic activities at six months), influenced by surgical delays, cognitive impairment, depression, and sarcopenia. Surgery within 48 hours improves ambulation by 40%; programs such as PaLMe optimize recovery, requiring approaches with early surgery, intensive rehabilitation, and neuropsychological management.
Conclusion: The available evidence supports the notion that hip fracture is not only a traumatic event, but also the beginning of a multifactorial process that affects autonomy and quality of life. An approach combining early surgery, specialized rehabilitation, and comprehensive care is proposed to improve functionality and reduce mortality.
KEYWORDS
Hip fracture, elderly person, rehabilitation, mobility, quality of life.
INTRODUCCIÓN:
La fractura de cadera tiene varias consecuencias para los adultos mayores, a menudo que pierden fuerza muscular y función física esto conlleva a una pérdida de independencia por ende mayor riesgo de fracturas secundarias hasta la muerte1.
La incidencia anual de fracturas de cadera en la población de 65 años es de 646/100.000, el mayor score de American Society of Anesthesiologists es en esta población2. Según un estudio realizado en el año 2005 en Ecuador muestra que existe una baja incidencia de fractura de cadera debido al envejecimiento de la población en ecuador, la tasa de incidencia anual es de 49,5/100 000, por lo general, las fracturas de cadera y su incidencia se incrementaron de manera exponencial con la edad en ambos géneros, no obstante, el incremento fue más significativo en el sexo femenino3.
En América latina la incidencia por edad osciló entre un mínimo de 15,1 por cada 100 000 de sexo femenino y un máximo de 6,7 por cada 100 000 de sexo masculino en Sobral, Brasil y un máximo de 499,0 por cada 100 000 en Argentina (La plata)3.
Las fracturas de cadera conlleva una notable reducción en la capacidad funcional para realizar actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, y, según datos disponibles, aproximadamente el 40% de los pacientes son trasladados directamente a centros de atención prolongada o residencia geriátrica tras el alta, en vez de regresar a su hogar anterior, entre el 20% y el 60% de los adultos mayores que eran autónomos en tareas de autocuidado, como bañarse o vestirse, necesitan ayuda para llevarlas a cabo de un año4.
Existen múltiples sistemas de evaluación para determinar el resultado funcional tras una fractura de cadera, destacando el índice de Barthel (BI) y la escala de Lawton-Brody como las herramientas más empleadas y reconocidas por su amplitud y detalle5.
El índice de Barthel mide el grado de autonomía e independencia, enfocándose en las actividades básicas de la vida diaria (ABVD), como la movilidad, la continencia y el cuidado personal. No obstante, la evaluación de las ABVD presenta un efecto suelo, que no detecta con precisión variaciones en niveles bajos de discapacidad, y las limitaciones leves suelen no reflejarse en estas actividades básicas5
Pocos estudios vinculan la recuperación intrahospitalaria con resultados funcionales tras cirugía de fractura de cadera, y ninguno usa la escala de Lawton-Brody, que es clave para detectar deterioros tempranos en la autonomía, destacando la necesidad de identificar sus predictores para intervenciones4.
La pérdida de la movilidad en la fractura de cadera, ya sea intracapsular o extracapsular constituyen una lesión grave que afecta profundamente la movilidad, sobre todo en personas de edad avanzada. Este problema, tratado habitualmente con procedimientos quirúrgicos como la artroplastia o la fijación interna, deja secuelas funcionales significativas, caracterizadas por dolor crónico, perdida de fuerza muscular y miedo generalizado a sufrir nuevas caídas, lo que limita a los pacientes para desplazarse de forma independiente6.
A corto plazo los pacientes dependen de un dispositivo de apoyo, como andadores muletas, o además necesitan de una persona que les ayude a movilizarse1. Según investigaciones un 33-40% recuperan su habilidad para realizar actividades básicas de la vida diaria, la recuperación ocurre dentro de los primeros seis meses tras la fractura, mientras que a largo plazo solo entre el 14 y el 21% recupera la calidad para llevar a cabo actividades instrumentales de la vida diaria, debido a que la atrofia y la rigidez articular contribuyen a esta limitación1.
El Deterioro cognitivo y psicológico en especial la depresión impacta significativamente la recuperación de los pacientes después de una cirugía por fractura de cadera, a corto plazo dificultan la recuperación, generando retrasos y complicaciones que incrementan las tasas de readmisión a los 30 días y la mortalidad, especialmente con varias comorbilidades y menor movilidad. Aproximadamente el 42 % presentan este deterioro cognitivo, lo que eleva el riesgo de fracturas, mientras que la depresión agrava estos efectos7.
A largo plazo la recuperación funcional no se restablece plenamente, resultando en dependencia e institucionalidad en el 50% y el 25% de los casos con deterioro cognitivo respectivamente, junto con una reducción en la velocidad de caminata asociada a la depresión. El programa PalMe presenta promesas, aunque se requiere investigaciones más efectivas8.
Los pacientes que presentan esta fractura exhiben una mortalidad de cinco a ocho veces superior durante los primeros tres meses en comparación con quienes no tienen fractura, y este riesgo incrementado puede extenderse hasta por una década8.
La debilidad en la fuerza de presión manual entre los pacientes adultos mayores con fractura de cadera destaca como un indicador de mayor discapacidad funcional y un incremento en la mortalidad a largo plazo. Aquellos con menor fuerza de presión presentaron una tasa de mortalidad intrahospitalaria notablemente más elevada (6.5% frente a 1.2% en el grupo con mayor fuerza), y aun año tras la fractura, la mortalidad continuó siendo significativamente mayor es este grupo (30.4% frente 8.8%)9.
Estudios previos mencionan que un control efectivo de dolor podría reducir la mortalidad a un año, un estudio evaluó si el uso preoperatorio de paracetamol intravenoso influía en la mortalidad donde se demostró que no revela diferencias significativas en las tasas de mortalidad bruta a los 30 días, 90 días y 12 meses entre un grupo que recibió IVP y los que no, se encontró que las tasas de mortalidad a los 12 meses son de 7.3% en el grupo sin IVP y del 7.0% en el grupo con IVP10.
El manejo y tratamiento de fractura de cadera destaca un enfoque multidisciplinario para optimizar la recuperación funcional y la supervivencia. El tratamiento quirúrgico es el estándar de oro, con la cirugía precoz (dentro de las 48 horas) recomendada para reducir la mortalidad y mejorar la movilidad (40% mayor probabilidad de deambulación independiente a 6 meses11.
OBJETIVOS de la investigación
Objetivo General:
- Analizar el impacto de la fractura de cadera en la movilidad y supervivencia del adulto mayor, mediante la revisión de evidencia científica reciente, para contribuir con la actualización en el manejo geriátrico.
Objetivos Específicos:
- Describir el deterioro de la movilidad en adultos mayores con fractura de cadera, considerando la pérdida de independencia en actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.
- Determinar las tasas de mortalidad en adultos mayores con fractura de cadera durante los primeros tres meses y el primer año post-fractura.
- Identificar los factores de riesgo asociados con peores resultados funcionales y mayor mortalidad en adultos mayores con fractura de cadera.
El presente estudio de diseño no experimental, de tipo no prospectivo y enfoque exploratorio, basado en una revisión de alcance. Se empleó un marco metodológico estructurado que permite un mapeo sistemático y transparente de la literatura existente, con el objetivo de recopilar evidencia científica actual sobre el impacto de la fractura de cadera en la movilidad y la supervivencia de los adultos mayores.
La revisión se guio por la siguiente pregunta de investigación: ¿Cuál es el impacto de la fractura de cadera en la movilidad y la supervivencia del adulto mayor según la evidencia científica actual? Para responder esta cuestión, se llevó a cabo una búsqueda exhaustiva en bases de datos académicos reconocidas, como PubMed, Scopus, Web of Science y Google Scholar. La búsqueda incluyó términos clave y combinación en inglés y español, tales como “Hip fracture AND elderly mobility”, “survival AND hip fracture AND seniors”, y “fractura de cadera AND movilidad AND adultos mayores”.
Se establecieron criterios de inclusión y exclusión definidos. Se seleccionaron estudios publicados en los últimos cinco años (2020-2025) y disponibles en inglés o español, que abordan el impacto de la fractura de cadera en la movilidad y supervivencia de adultos mayores (mayores de 65 años) desde enfoques clínicos o funcionales. Se descartaron investigaciones no relacionadas con esta población, publicaciones no revisadas por pares o no académicas, y artículos en otros idiomas.
La extracción de datos se realizó mediante una tabla estructurada diseñada específicamente, donde se registraron aspectos clave de cada estudio, como autor, año, país objetivo, características de población, metodología, resultados principales y conclusiones relevantes. Posteriormente, se llevó a cabo un análisis descriptivo y temático para identificar patrones recurrentes, metodologías predominantes y vacíos en la literatura científica.
RESULTADOS
La evidencia actual revela que la fractura de cadera en el adulto mayor constituye uno de los eventos más críticos en el curso de la fragilidad geriátrica, por su impacto directo en la movilidad, la autonomía funcional y la supervivencia. Este desenlace no solo condiciona complicaciones tempranas, sino que también determina la trayectoria funcional y vital del paciente en los meses y años posteriores, configurando un desafío clínico y social de alta magnitud12.
Impacto en la supervivencia:
Los estudios recientes confirman una relación consistente entre la fractura de cadera y el incremento significativo en la mortalidad temprana y tardía. Benchimol et al.3 documentaron que en adultos mayores de 85 años la probabilidad de fallecimiento durante los tres primeros meses posteriores a la fractura se multiplica entre cinco y ocho veces en comparación con personas sin esta lesión, y el riesgo persiste, aunque atenuado, hasta por una década. Este hallazgo se correlaciona con la coexistencia de comorbilidades cardiovasculares, sarcopenia y deterioro funcional previo, lo que refuerza la necesidad de intervenciones quirúrgicas y rehabilitadoras oportunas13.
El estudio de Gallardo y Clavel 4 señala que, además del periodo inmediato posoperatorio, la mortalidad a un año continúa siendo elevada, alcanzando tasas del 20% al 30% en series contemporáneas, a pesar de los avances en técnicas quirúrgicas y cuidados postoperatorios. Esta mortalidad se asocia de manera directa con la demora en la cirugía, la presencia de deterioro cognitivo, la depresión y la pérdida de masa muscular, factores que, en conjunto, actúan como determinantes pronósticos adversos14.
Alteraciones funcionales y pérdida de autonomía:
Desde el punto de vista funcional, la fractura de cadera conlleva una disminución drástica en la independencia del paciente. Valero-Chillerón et al.1 mediante la validación del índice de Barthel en población hospitalaria, evidenciaron que solo entre el 33% y el 40% de los pacientes recupera la capacidad para realizar actividades básicas de la vida diaria durante los primeros seis meses posteriores al evento. Esta proporción desciende aún más en el ámbito de las actividades instrumentales, con tasas de recuperación que oscilan entre el 14% y el 21% al año, reflejando el impacto sostenido de la fractura sobre la funcionalidad global15.
El deterioro funcional no responde únicamente a la lesión ósea, sino que se ve amplificado por factores como la inmovilización prolongada, la atrofia muscular y el temor a nuevas caídas, que contribuyen a una espiral de dependencia y limitación motora. Incluso tras el alta hospitalaria, un porcentaje importante de pacientes no retorna a su domicilio habitual y requiere institucionalización en centros de cuidados prolongados, lo que implica una carga económica y social considerable16.
Factores pronósticos determinantes:
Entre los factores predictivos de desenlaces adversos destacan el estado cognitivo, la presencia de síntomas depresivos y la fuerza de prensión manual. Pérez-Rodríguez et al.9 demostraron que la disminución en la fuerza de prensión se asocia a un incremento sustancial en la mortalidad intrahospitalaria (6,5% vs. 1,2%) y a largo plazo (30,4% vs. 8,8% al año), posicionando este parámetro como un indicador clínico útil para estratificación de riesgo.
Asimismo, la depresión y el deterioro cognitivo, presentes en un porcentaje elevado de esta población, se han relacionado con peores resultados en rehabilitación, mayor institucionalización y reducción en la expectativa de vida9. Estos hallazgos ponen de relieve la necesidad de incorporar la evaluación neuropsicológica temprana como parte integral del manejo postoperatorio.
Estrategias de intervención y programas de rehabilitación:
La literatura coincide en señalar que la cirugía temprana constituye un determinante esencial para mejorar la recuperación funcional y la supervivencia. El consenso recogido por Orthogeriatrics et al.11 establece que la intervención quirúrgica dentro de las primeras 48 horas incrementa hasta en un 40% la probabilidad de recuperar la deambulación independiente a seis meses, en comparación con cirugías diferidas17.
Por otra parte, los programas de rehabilitación multidisciplinaria muestran beneficios significativos frente a protocolos convencionales. El ensayo descrito por Yaacobi et al.8 con el programa PaLMe, basado en ejercicios combinados y entrenamiento progresivo, evidenció una mejora en la funcionalidad y una reducción en el tiempo de recuperación, lo que subraya la importancia de intervenciones intensivas, personalizadas y orientadas a la autonomía temprana. Sin embargo, se requiere mayor evidencia a largo plazo para consolidar su eficacia en términos de supervivencia y reintegración social.
En conjunto, los hallazgos disponibles reafirman que la fractura de cadera no constituye un evento aislado, sino el punto de inflexión en un proceso multifactorial que compromete la independencia, incrementa la mortalidad y demanda estrategias integrales que abarquen desde la cirugía precoz y la optimización del control del dolor hasta la rehabilitación intensiva y el abordaje de factores cognitivos y emocionales18.
CONCLUSIONES
La presente revisión confirma que la fractura de cadera en el adulto mayor constituye un evento crítico que impacta de forma significativa en la movilidad y la supervivencia, consolidándose como un marcador de fragilidad y un determinante pronóstico adverso. La mortalidad es especialmente elevada en los tres primeros meses posteriores al evento, con riesgo persistente durante el primer año, según lo documentado por Benchimol et al.3 y Gallardo y Clavel4, lo que se relaciona con la coexistencia de comorbilidades, la sarcopenia y la demora en la intervención quirúrgica.
Según Valero-Chilleron et al.1 En el plano funcional, los datos muestran que menos del 40% de los pacientes recupera independencia para actividades básicas a seis meses, y solo entre el 14% y el 21% logra retomar actividades instrumentales. Este déficit se asocia a inmovilización prolongada, atrofia muscular y temor a nuevas caídas, configurando un ciclo de dependencia que incrementa la institucionalización. Factores como el deterioro cognitivo, la depresión y la debilidad muscular, en especial la baja fuerza de prensión, predicen peor evolución y mayor mortalidad Pérez-Rodríguez et al.9.
Las estrategias actuales enfatizan la cirugía precoz como medida fundamental, asociada a mejor recuperación funcional y menor mortalidad cuando se realiza dentro de las primeras 48 horas (Orthogeriatrics et al., 2025). De igual forma, programas de rehabilitación intensiva y personalizados, como el PaLMe, han mostrado beneficios en la recuperación motora Yaacobi et al.8, aunque se requieren estudios que evalúen su impacto a largo plazo.
En síntesis, la fractura de cadera no solo representa un evento traumático, sino el inicio de un proceso multifactorial que condiciona la autonomía y la calidad de vida. La evidencia disponible respalda un abordaje integral basado en intervención quirúrgica temprana, rehabilitación especializada y atención a factores físicos y psicológicos, con el objetivo de interrumpir el círculo adverso entre pérdida funcional y aumento de la mortalidad.
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