Nº de DOI: 10.34896/RSI.2024.62.36.001
AUTORES
- Kimberly Estefanía Dorantes Bernal. Licenciada en Medicina General. Maestra en Salud Pública. Doctorante en Salud Pública, Residente en la Especialidad de Medicina Familiar, Instituto Mexicano del Seguro Social. México. Orcid: https://orcid.org/0009-0004-0006-5231
- Luis Alfredo Dorantes Álvarez. Licenciado en Medicina General, Maestro en Salud Pública. Doctorante en Salud Pública, Instituto Mexicano del Seguro Social, México. Orcid: https://orcid.org/0009-0003-3421-5843
- Cindy Elizabeth Peña Moreno. Licenciada en Medicina General, Especialista en Medicina de Urgencias, Instituto Mexicano del Seguro Social, México. Orcid: https://orcid.org/0009-0003-8129-6412
- María Rosario Isabel Robles Rosas. Licenciada en Medicina General, Especialista en Medicina Familiar, Instituto Mexicano del Seguro Social, México. Orcid: https://orcid.org/0000-0003-1248-6100
- Jesús Gerardo Bernal Sapien. Maestro en Psicología Clínica, Servicios de Salud de Sinaloa, México. Orcid: https://orcid.org/0009-0006-2966-7492
RESUMEN
La Diabetes Mellitus y la Depresión son dos enfermedades crónicas interrelacionadas que comparten múltiples factores de riesgo, mecanismos fisiopatológicos y consecuencias para la salud. Un enfoque integrado y multidisciplinario para el manejo de estas condiciones es esencial para mejorar los resultados clínicos y la calidad de vida de los pacientes. Además, se requiere más investigación para comprender completamente la naturaleza de esta relación bidireccional y desarrollar estrategias de prevención y tratamiento más efectivas. Objetivo: Ejecutar una intervención educativa que se base en la evaluación tanto individual como familiar de un paciente que padece diabetes mellitus y depresión.
Metodología: Se llevó a cabo un análisis de salud familiar en un paciente adulto, abordando la evaluación familiar en cuatro fases. En la primera fase se procedió a la identificación del paciente, seguida por el examen de la estructura familiar y la revisión del historial médico en la segunda fase. La tercera fase consistió en la identificación de los riesgos para la salud familiar y el análisis de la dinámica familiar. Finalmente, en la cuarta fase del análisis de salud familiar, se emplearon herramientas de evaluación familiar y se diseñaron intervenciones educativas basadas en los enfoques de Doherty y Baird.
Resultados: La intervención educativa, surgida de la evaluación integral de la familia y la ejecución de planes de cuidado, provocó un aumento notable en la asistencia del paciente a las consultas de medicina familiar, lo que se tradujo en una reducción de los niveles de glucosa.
PALABRAS CLAVE
Diabetes mellitus, depresión, Estudio de salud familiar, Niveles de intervención.
ABSTRACT
Diabetes Mellitus and Depression are two interrelated chronic diseases that share multiple risk factors, pathophysiological mechanisms and health consequences. An integrated and multidisciplinary approach to the management of these conditions is essential to improve clinical outcomes and quality of life for patients. Additionally, more research is required to fully understand the nature of this bidirectional relationship and develop more effective prevention and treatment strategies.
Objective: To carry out an educational intervention that is based on both individual and family evaluation of a patient suffering from diabetes mellitus and depression.
Methodology: A family health analysis was carried out in an adult patient, addressing the family evaluation in four phases. In the first phase, patient identification was carried out, followed by examination of the family structure and review of the medical history in the second phase. The third phase consisted of identifying family health risks and analyzing family dynamics. Finally, in the fourth phase of the family health analysis, family assessment tools were used and educational interventions were designed based on the Doherty and Baird approaches.
Results: The educational intervention, arising from the comprehensive evaluation of the family and the execution of care plans, caused a notable increase in patient attendance at family medicine consultations, which translated into a reduction in glucose levels.
KEY WORDS
Mellitus diabetes, depression, family health study, levels of intervention.
INTRODUCCIÓN
La Diabetes Mellitus (DM) y la Depresión son dos condiciones crónicas prevalentes que afectan a millones de personas en todo el mundo. La relación bidireccional entre estas dos enfermedades ha sido objeto de estudio en las últimas décadas, ya que se ha demostrado que la presencia de una puede aumentar el riesgo de desarrollar la otra, y viceversa1.
La Diabetes Mellitus es un trastorno metabólico caracterizado por la hiperglucemia crónica debido a la deficiencia en la producción de insulina, la resistencia a la insulina o ambas. Se clasifica en varios tipos, siendo los más comunes la Diabetes Mellitus tipo 1 (DM1) y la Diabetes Mellitus tipo 2 (DM2). En la DM1, el páncreas produce poca o ninguna insulina, mientras que, en la DM2, las células del cuerpo no responden adecuadamente a la insulina o el páncreas no produce suficiente insulina para mantener niveles normales de glucosa en sangre2.
La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por una sensación persistente de tristeza, desesperanza, pérdida de interés en actividades placenteras y otros síntomas como cambios en el apetito, alteraciones del sueño, fatiga y dificultad para concentrarse. Es una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo y puede tener un impacto significativo en la calidad de vida y el funcionamiento diario de los individuos que la padecen1.
La DM y la Depresión comparten varios mecanismos fisiopatológicos subyacentes, incluyendo la inflamación crónica, el estrés oxidativo, la disfunción endotelial y la alteración del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal (HPA). Estos procesos pueden actuar de manera sinérgica para aumentar el riesgo de desarrollar ambas condiciones y pueden contribuir a su progresión y complicaciones3.
La presencia de DM puede aumentar el riesgo de desarrollar Depresión debido al estrés crónico asociado con el manejo de la enfermedad, la preocupación por las complicaciones a largo plazo y los cambios en el estilo de vida necesarios para controlar la glucosa en sangre2.
Por otro lado, la depresión puede influir en el desarrollo y la progresión de la DM a través de comportamientos poco saludables como la alimentación desequilibrada, la falta de ejercicio, el incumplimiento del tratamiento médico y el abuso de sustancias. Además, los factores sociales, como el apoyo social deficiente, el aislamiento social y las dificultades económicas, pueden aumentar el riesgo de desarrollar tanto DM como Depresión, así como complicar su manejo y tratamiento4.
La presencia simultánea de DM y Depresión se asocia con peores resultados de salud, mayor riesgo de complicaciones crónicas, mayor mortalidad y utilización de servicios de salud1.
El tratamiento óptimo de ambas condiciones requiere un enfoque integral que aborde tanto los aspectos médicos como los psicosociales. Esto puede incluir la combinación de medicamentos para controlar la glucosa en sangre y mejorar el estado de ánimo, así como intervenciones psicológicas, educación sobre el manejo de la enfermedad, apoyo social y cambios en el estilo de vida3.
La Diabetes Mellitus y la Depresión son dos enfermedades crónicas interrelacionadas que comparten múltiples factores de riesgo, mecanismos fisiopatológicos y consecuencias para la salud. Un enfoque integrado y multidisciplinario para el manejo de estas condiciones es esencial para mejorar los resultados clínicos y la calidad de vida de los pacientes. Además, se requiere más investigación para comprender completamente la naturaleza de esta relación bidireccional y desarrollar estrategias de prevención y tratamiento más efectivas4.
METODOLOGÍA
Con el fin de alcanzar el objetivo establecido, se llevó a cabo un estudio de salud familiar5 en una paciente adulta que experimentaba disfunción familiar, lo que contribuía a una depresión subyacente. Esta paciente fue identificada a través de la consulta de medicina familiar en una unidad médica familiar de una institución pública en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, México. El estudio de salud familiar se dividió en cuatro fases, desarrolladas en un período aproximado de seis meses. En la primera fase, se procedió a la identificación del paciente y a la programación de la visita, durante la cual se explicó el propósito del estudio al paciente. Una vez que aceptó participar, firmó el consentimiento informado, lo que permitió la recopilación de su historial familiar. En la segunda fase, se abordó el estudio de la estructura familiar, incluyendo el análisis de la tipología familiar, la etapa del ciclo vital en la que se encontraba, las funciones y la dinámica familiar 6, así como la revisión de su expediente clínico. La tercera fase se dedicó a identificar los riesgos para la salud familiar. Finalmente, en la cuarta fase del estudio de salud familiar, se aplicaron instrumentos de evaluación familiar 7, los cuales incluyen Apgar familiar8, Faces III9, Escala de Reajuste Social de Holmes10 y Escala de depresión de Hamilton11. En cuanto a la escala de Apgar familiar, se reconoce como una herramienta valiosa para comprender la situación familiar y su posible influencia en la aparición y resolución de conflictos. Por otro lado, la escala Faces III ha sido diseñada para evaluar la cohesión y la flexibilidad dentro de la familia. La Escala de Reajuste Social de Holmes es ampliamente utilizada para medir el nivel de estrés experimentado por una persona en un período determinado. En lo que respecta a la escala de depresión de Hamilton, es una herramienta útil para evaluar los síntomas depresivos en los pacientes5. Además, se llevaron a cabo intervenciones educativas basadas en los enfoques de Doherty y Baird, que abarcan distintos niveles de intervención, desde un mínimo énfasis en la información y consejería hasta la terapia familiar planificada12.
Criterios de selección:
La investigación se fundamentó en las disposiciones establecidas en el Reglamento correspondiente a la Ley General de Salud (LGS) en el ámbito de Investigación para la Salud. Específicamente, se basó en el Título Segundo, Capítulo 1, y en los Artículos 13, 14, 16 y 17 de dicho reglamento. En congruencia con el Artículo 13, se garantizó la prioridad de los derechos y el bienestar de los participantes del estudio. Siguiendo la directriz del Artículo 14, se obtuvo una aprobación positiva por parte del Comité de Ética e Investigación de la unidad médica de adscripción de los investigadores, reafirmando así el cumplimiento de los aspectos éticos y de protección en la investigación. Se atendió la salvaguardia de la privacidad de los individuos sometidos a estudio, de acuerdo con lo establecido en el Artículo 16. Asimismo, en conformidad con el Artículo 17, la naturaleza de la investigación fue categorizada como de bajo riesgo. Adicionalmente, en concordancia con las disposiciones de los Artículos 20, 21 y 22, el procedimiento de obtención de consentimiento informado fue llevado a cabo por escrito, respetando los requisitos estipulados por la Ley General de Salud. Este proceso se llevó a cabo de manera voluntaria, sin presiones indebidas, y con una comprensión completa por parte de los participantes respecto a las actividades contempladas en el estudio de investigación. Por último, en consonancia con el Capítulo 2, los Artículos 28 y 29, se obtuvo la debida autorización tanto de las instancias de salud competentes como de las autoridades civiles de la comunidad involucrada en la investigación y familia del sujeto en estudio.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Paciente de sexo femenino de 58 años de edad, asistente médica, jubilada, casada, se presenta a consulta de medicina familiar para controlar su reciente diagnóstico de diabetes mellitus. Actualmente, está bajo tratamiento con metformina tabletas de 850 mg 1 cada 12 horas y una dieta estricta. Sin embargo, posterior al tratamiento farmacológico se diagnostica una depresión severa relacionada con disfunciones familiares, lo que ha resultado en su ausencia a citas médicas. Ante esta situación, se decide realizar un seguimiento domiciliario.
Después de coordinar con los familiares, se lleva a cabo la visita domiciliaria planificada. Durante esta visita, se realiza una evaluación del entorno familiar y su dinámica mediante entrevistas directas. Durante estas conversaciones, se identifican crisis familiares no resueltas, alteraciones en la dinámica y funcionamiento familiar, así como dificultades en el control de la glucosa y otras enfermedades cronicodegenerativas.
De acuerdo a su tipología familiar en base a su desarrollo es moderna, en base a su demografía urbana, en base su integración es una familia semi- integrada, en base a la conformación es nuclear, ocupación del jefe es profesional, de acuerdo a las complicaciones en su desarrollo: familia reconstruida, con base a su nivel económico es sin pobreza familiar.
De acuerdo con el ciclo vital de Geyman6 en fase de independencia, de acuerdo con el ciclo vital de la OMS 2en fase de extensión completa, Huerta/ PAC 6en etapa de dispersión desprendimiento, Duvall 3 se encuentra en etapa VI, de acuerdo con Lauro Estrada Inda 7 en fase de reencuentro y según Salvador Minuchin 7 en familia con hijos adultos. En la escala del ciclo psicosocial de Erick Erickson 6 se encuentra en integridad vs desesperanza y en base al ciclo de pareja según Mariano Barragán 6 en estabilización.
Las funciones familiares básicas son desempeñadas de manera parcial por uno de los cónyuges, aunque cada uno tiene roles definidos en la familia. La jerarquía está completamente establecida por el esposo, mientras que la centralidad recae en su esposa, quien ocupa un espacio preponderante en términos afectivos y de mantenimiento del orden y cuidado dentro del hogar. Las reglas familiares son claras y flexibles, pero los límites son difusos y flexibles también, ya que, a pesar de que la esposa tiene un rol central en el hogar, los límites intergeneracionales no se respetan completamente. Esto resulta en una fusión de roles entre padres e hijos, lo que permite acciones que pueden afectar la integridad e identidad familiar. Se observan alianzas y coaliciones dentro de la familia, siendo notable la alianza entre la esposa y su hijo, así como una coalición entre el hijo y el padre.
Las crisis normativas o intrasistémicas se encuentran parcialmente superadas, exceptuando la etapa constitutiva, donde siguen permaneciendo problemas de celotipia y rencores por su separación pasada. Las crisis paranormativas se encuentran en su mayoría superadas, salvo las económicas, pues aún continúan con múltiples problemas de deudas e hipotecas.
Cuentan con casa propia, de 1 piso, que cuenta con sala, cocina, comedor, con todos los servicios básicos, muebles indispensables y otros, la casa cuenta con 2 recamaras, cada una con cama, 1 1/2 Baño, piso de vitropiso, cuentan con todos los electrodomésticos indispensables.
Su estado socioeconómico según el índice de pobreza familiar es de una familia sin evidencia de pobreza.
Presentan hábitos dietéticos familiares de 3 veces al día, bueno en calidad y cantidad, con variedad en alimentos de acuerdo con el plato del buen comer y cuentan con buena actividad recreativa.
Al cuestionar sobre el apego a su tratamiento farmacológico comenta que en ocasiones lo omite debido a que las citas mensuales en el instituto no alcanzan a cumplir el mes, o simplemente lo olvida o no lo consume por sus cambios repentinos de humor, por lo que sus niveles de glucosa suelen mantenerse fuera de metas.
En la actualidad la paciente refiere llanto fácil, cambios en el apetito, síntomas digestivos, cefaleas recurrentes e insomnio, niega poliuria, polidipsia, visión borrosa ni entumecimiento.
Dado que se trata de un análisis de salud familiar, la evaluación se centró en examinar el entorno y la dinámica familiar. Aunque al momento de la entrevista el paciente estaba recibiendo un tratamiento farmacológico adecuado, se descubrió que el descontrol de la glucosa se debe a factores contextuales y emocionales. Estos factores se reflejan en un bajo apego al tratamiento y la presencia de síntomas depresivos.
Plan de Manejo Integral:
- Diabetes Mellitus:
OBJETIVO: Corto plazo: Educación clínica, comprender y manejar las posibles complicaciones agudas de la diabetes como la hipoglucemia, aprender a contar carbohidratos y hacer ajustes farmacológicos si es necesario, realizar actividad física regularmente, monitorizar los niveles de glucosa en sangre y llevar un registro de los resultados. Mediano plazo: Establecer y mantener un plan de alimentación saludable y equilibrado, lograr un peso corporal saludable, mantener niveles de presión arterial y colesterol dentro de límites recomendados, participar en educación continua sobre diabetes y desarrollar habilidades para el autocuidado. Largo plazo: Prevenir o retrasar la progresión de las complicaciones crónicas de la diabetes, como enfermedades cardiovasculares, neuropatía, nefropatía y retinopatía. Mantener un estilo de vida saludable a largo plazo, incluyendo una alimentación balanceada, ejercicio regular y manejo del estrés. Integrar la diabetes de manera efectiva en la vida diaria, sin que afecte negativamente la calidad de vida.
ACTIVIDADES: Nivel de intervención 1 y 2 de Doherty y Baird12. Apoyo con el servicio de nutrición para modificar dieta en base a sus requerimientos nutricionales, acudir de manera oportuna a las citas correspondientes con su médico familiar. Apoyo en psicología para psicoterapia de apoyo.
RESPONSABLES: Paciente, médico familiar, nutrición, endocrinología, psicología.
- Depresión:
OBJETIVO: Corto plazo: Informar sobre este padecimiento, otorgándole herramientas e intervenir oportunamente para poder superar este episodio de depresión por la disfuncionalidad de su hogar. Establecer una rutina diaria con actividades estructuradas y placenteras, aprender y practicar técnicas de relajación y manejo del estrés, abordar pensamientos negativos a través de la terapia cognitivo- conductual, iniciar medicación antidepresiva en caso de ser necesario bajo la supervisión de un profesional de la salud, establecer una red de apoyo que incluya amigos, familiares o grupos externos. Mediano plazo: Mejorar la calidad del sueño, desarrollar estrategias de afrontamiento, participar activamente en la terapia individual, fomentar las actividades recreativas y el sentido de pertenencia. Largo plazo: Mantener la adherencia a la terapia o medicación, desarrollar habilidades de enfrentamiento resilientes, cultivar relaciones significativas, adoptar un estilo de vida saludable, establecer un plan de acción con estrategias específicas para reconocer y abordar los síntomas de la depresión si reaparecen en el futuro.
ACTIVIDADES: Nivel de intervención 1, 2 y 3 de Doherty y Baird12. Proporcionar información continua y consejería familiar con apoyo emocional y consejería dirigida a la crisis familiar. Control y orientación por médico familiar, Canalización al servicio de Psicología.
RESPONSABLES: Paciente, médico Familiar, redes de apoyo y psicólogo.
RESULTADOS
En base a los instrumentos de evaluación familiar se obtuvieron los siguientes resultados: Actualmente los miembros que componen la estructura familiar presentan un Apgar familiar8 altamente disfuncional lo que representa una familia flexiblemente semirelacionada según Faces III9. La familia presenta un evento crítico moderado en base a la escala Thomas Holmes10. En la clasificación triaxial de la familia se encuentra una disfunción en los subsistemas familiares, se encuentra con depresión acorde a la escala de Hamilton11 la cual ya se encuentra en tratamiento con un equipo integral. Al ver los resultados obtenidos se ejecutaron las intervenciones de Doherty y Baird 12 basadas en la jerarquización de sus problemas, con lo que se logró el control de sus cifras de glucosa y el manejo oportuno de su depresión6.
DISCUSIÓN
La relación entre la depresión y la diabetes mellitus es ampliamente reconocida en la literatura científica. Investigaciones han sugerido una conexión bidireccional, donde la depresión puede aumentar el riesgo de desarrollar diabetes, y viceversa. Este vínculo se atribuye a una variedad de factores subyacentes, incluyendo predisposiciones genéticas, influencias hormonales y patrones de estilo de vida.
Diversos estudios, como el llevado a cabo por Di Lorenzi y colaboradores13 han destacado la importancia de intervenir en pacientes hospitalarios con diabetes mellitus, implementando estrategias de intervención familiar y métodos de detección temprana debido al alto riesgo que presentan, incluso más elevado que la población general. Este hallazgo coincide con la investigación realizada por Garces Vidal y colaboradores14 en 2024, quienes, a través de una revisión sistemática y metaanálisis, también encontraron que la asociación entre ambas condiciones se explica por una combinación de factores biológicos y conductuales que dificultan la reversión o contribuyen a perpetuar los riesgos asociados.
Adicionalmente, Minerva López15, en su trabajo, respalda la idea de que los pacientes con diabetes mellitus experimentan una carga emocional significativa que puede predisponer a la depresión. Este impacto emocional puede afectar negativamente el autocuidado y la adherencia al tratamiento, resultando en un control deficiente de la enfermedad.
En resumen, la gestión integral de la depresión y la diabetes mellitus es esencial para prevenir complicaciones a largo plazo, destacando la importancia de abordar tanto los aspectos médicos como los emocionales en el cuidado de estos pacientes.
CONCLUSIONES
La asociación entre la diabetes mellitus y la depresión es compleja y multidireccional, con impactos significativos tanto a nivel individual como familiar. La evidencia sugiere que las personas con diabetes tienen un riesgo más alto de desarrollar depresión, y viceversa. Esta relación puede estar influenciada por una variedad de factores biológicos, psicológicos y sociales.
Un entorno familiar disfuncional puede agravar esta relación. La falta de apoyo emocional y práctico dentro del hogar puede dificultar la gestión adecuada de la diabetes y aumentar el riesgo de depresión. Además, los conflictos familiares, la falta de comunicación efectiva y los estilos de crianza negativos pueden contribuir al estrés crónico y a la sensación de aislamiento, exacerbando los síntomas depresivos y dificultando el autocuidado de la diabetes.
Por otro lado, la presencia de diabetes en un miembro de la familia puede generar tensiones adicionales y cambios en la dinámica familiar. Las demandas relacionadas con el tratamiento y la adaptación a un estilo de vida saludable pueden generar estrés adicional en el hogar, especialmente si no se abordan de manera adecuada y colaborativa.
En conclusión, la asociación entre la diabetes mellitus y la depresión se ve influenciada por una variedad de factores, incluido el entorno familiar. Es crucial abordar tanto la diabetes como la depresión de manera integral, reconociendo y tratando los factores familiares y sociales que puedan estar contribuyendo a la situación. El apoyo emocional, la comunicación abierta y la colaboración en el manejo de la enfermedad pueden ayudar a mitigar los efectos negativos tanto de la diabetes como de la depresión en el contexto familiar.
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