La disentería bacilar y sus características

30 septiembre 2024

 

AUTORES

  1. Elisa Piquer Álvarez. Enfermera de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  2. Juan Vanegas Cifuentes. Enfermero Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza.
  3. Diego López Arana. Enfermero de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  4. Raquel Sancho. Enfermera de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  5. Ana Pérez Reyes. Enfermera de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.

 

RESUMEN

La disenteria bacilar es una infección bacteriana del intestino, común en poblaciones hacinadas con malas condiciones sanitarias. Causada principalmente por Shigella sonnei, aunque otras especies también pueden ser responsables.

Se transmite fácilmente debido a la baja dosis infectiva, principalmente por vía fecal-oral, alimentos contaminados, y fómites. Las moscas pueden actuar como vectores. También se puede transmitir sexualmente por vía anal-oral.

Afecta a personas de todas las edades, siendo más común en niños menores de 5 años. El principal foco de infección son los portadores crónicos y personas con diarrea aguda.

Shigelosis, la forma bacteriana de disentería, es altamente infecciosa, con complicaciones graves si se disemina fuera del intestino.

Las infecciones pueden causar síntomas graves como meningitis, síndrome urémico hemolítico, y más.

Los síntomas incluyen diarrea intensa, fiebre elevada, y en algunos casos, complicaciones como el síndrome hemolítico-urémico. La diarrea puede durar de 5 a 7 días, pero algunos casos pueden tardar meses en resolverse completamente.

El diagnóstico se basa en la exploración física y el coprocultivo para detectar la presencia de Shigella. Se pueden utilizar pruebas adicionales como PCR y exámenes de proctoscopia en casos más graves.

El tratamiento se enfoca en la rehidratación, dieta adecuada, y en algunos casos, el uso de medicamentos antidiarreicos y antibióticos. Los antibióticos se recomiendan en casos graves o complicados. El tratamiento de la amebiasis incluye metronidazol para eliminar el parásito y paromomicina para erradicar los quistes.

La prevención es clave, con énfasis en la higiene y el consumo de alimentos y agua seguros. Se debe gestionar la hidratación, controlar la fiebre y el dolor, y prevenir la desnutrición. El aislamiento puede ser necesario debido a la alta contagiosidad de la disentería bacilar, y se recomienda un apoyo emocional durante el tratamiento.

PALABRAS CLAVE

Infección, transmisión, diarrea, fecal, bacteria.

 

ABSTRACT

Bacillary dysentery is a bacterial infection of the intestine, common in crowded populations with poor sanitary conditions. Mainly caused by Shigella sonnei, although other species may also be responsible.

It is easily transmitted due to the low infectious dose, mainly through the fecal-oral route, contaminated food, and fomites. Flies can act as vectors. It can also be transmitted sexually through the anal-oral route.

It affects people of all ages, being more common in children under 5 years of age. The main source of infection is chronic carriers and people with acute diarrhea.

Shigellosis, the bacterial form of dysentery, is highly infectious, with serious complications if it spreads outside the intestine.

Infections can cause serious symptoms such as meningitis, hemolytic uremic syndrome, and more.

Symptoms include severe diarrhea, high fever, and in some cases, complications such as hemolytic-uremic syndrome. Diarrhea can last 5 to 7 days, but some cases may take months to resolve completely.

Diagnosis is based on physical examination and stool culture to detect the presence of Shigella. Additional tests such as PCR and proctoscopy examinations may be used in more severe cases.

Treatment focuses on rehydration, proper diet, and in some cases, the use of antidiarrheal medications and antibiotics. Antibiotics are recommended in severe or complicated cases. Treatment of amebiasis includes metronidazole to eliminate the parasite and paromomycin to eradicate the cysts.

Prevention is key, with an emphasis on hygiene and the consumption of safe food and water. Hydration must be managed, fever and pain controlled, and malnutrition prevented. Isolation may be necessary due to the high contagiousness of bacillary dysentery, and emotional support is recommended during treatment.

KEY WORDS

Infection, transmission, diarrhea, fecal, bacteria.

 

INTRODUCCIÓN

La disentería bacilar o shigelosis es una infección bacteriana en el revestimiento de los intestinos que ocurre generalmente en poblaciones hacinadas con condiciones sanitarias inadecuadas. Es una EDO en España.

Los síntomas varían desde una infección entérica suave, caracterizada por una diarrea acuosa a veces sanguinolenta, dolor abdominal y vómitos hasta síntomas muy graves como fiebre alta, calambres abdominales, perforación intestinal y fallo renal.

La mayoría de casos se produce por Shigella sonnei aunque el agente causal también puede ser la Shigella dysenteriae, Shigella flexneri, Shigella boydii. La dosis infectiva es muy baja por lo tanto, la transmisión de la misma resulta ser muy sencilla.

La fuente de infección son las heces de personas infectadas o portadores convalecientes, el ser humano es el único reservorio de la Shigella. La diseminación directa ocurre por vía fecal-oral y la diseminación indirecta se lleva a cabo mediante alimentos contaminados o fómites. Cabe destacar que las moscas actúan como vectores.

Por último, puede suceder a cualquier edad. Sin embargo, se observa más comúnmente en las guarderías puesto que los niños menores de 5 años tienen mayor probabilidad de contraer la infección1.

Epidemiología:

El método de transmisión de la disentería es fundamentalmente fecal-oral, ya que sus formas infectantes, denominadas quistes, se ingieren cuando se llevan a la cavidad bucal bebidas, alimentos, las manos, tierra o fómites que contengan materia fecal infectada. Estos quistes pueden permanecer viables durante 10 minutos en la piel seca y hasta 45 minutos en debajo de las uñas. Por ello la transmisión es más fácil en poblaciones que

no disponen de unas instalaciones sanitarias adecuadas que aseguren que el agua de consumo humano sea inocua. También en aquellas en las que las aguas utilizadas para los cultivos son residuales no tratadas o que utilizan heces humanas como abono. También se puede transmitir de forma sexual, por la vía anal- oral. 1

Otra forma de transmisión, pero muy excepcional, puede ser la introducción del parásito a través de discontinuidades en la piel, por rascarse con los dedos contaminados o por lesiones perigenitales.

El principal foco de transmisión de la infección es el enfermo crónico o portador sano, que excreta con las heces formadas los quistes, mientras que el enfermo con diarrea aguda elimina con las heces diarreicas2.

No existen evidencias de que la transmisión se pueda llevar a cabo de animales a humanos, pero los artrópodos facilitan su dispersión mediante la contaminación de alimentos.

La amebiasis se diagnostica en viajeros que regresan de todas las regiones afectadas. La tasa más elevada se da entre misioneros y voluntarios, aunque también se diagnostican en turistas o personas que visitan a familiares.

Los viajeros de largo plazo (6 meses) son significativamente más propensos que los de corta estancia ( para el desarrollo de diarreas por E. histolytica3.

En los paises menos desarrollados la prevalencia de amebiasis está relacionada con la capacidad de disponer de las adecuadas redes de agua y saneamiento, mientras que en los países más desarrollados la prevalencia es mayor en hombres que tienen sexo con hombres, viajeros, inmigrantes recientes, inmunocoprometidos y población institucionalizada.

La cantidad de parasitados en el mundo se estima que es de 500 millones de personas y se producen de 50.000 a 100.000 muertes anuales debidas a esta causa, siendo África el continente más afectado. En América Central y en América Latina el parásito se comporta de forma endémica, especialmente en México,

Brasil y Ecuador. En México, por ejemplo, la tasa de incidencia de la amebiasis intestinal desde 1995 hasta 2000 fue de entre 1000 y 5000 casos/100.000 habitantes/año.

En los últimos años el riesgo de infección ha aumentado también en los países asiáticos, Japón, Taiwán y Corea del Sur, en particular en HSH probablemente debido al contacto sexual oral-anal.

En España esta enfermedad ha sido erradicada casi por completo, debido a las mejoras de las infraestructuras de agua potable y residual del siglo pasado, siendo la mayoría de los casos importados por viajeros e inmigrantes de zonas endémicas2.

 

Patogenia:

La disentería es un trastorno intestinal inflamatorio caracterizado por dolor y diarrea severa, a menudo acompañada de sangre y moco en las deposiciones. Mayormente causada por infecciones bacterianas, virales, protozoarias o parasitarias, también puede resultar de irritantes químicos y ciertos medicamentos

La disentería se clasifica en tipos como bacilar, asociada a bacterias, y amebiana, vinculada a la ameba Entamoeba histolytica, siendo una forma grave de la amebiasis

La enfermedad es prevenible mediante prácticas de higiene, purificación del agua y manipulación segura de alimentos, con especial atención a evitar el contacto con personas infectadas y prácticas sexuales de riesgo.

La disentería bacilar está asociada principalmente con tres grupos bacterianos: Shigella, Campylobacter y Salmonella enterica (serovar Typhimurium). La shigelosis, también conocida como disentería bacilar, es causada por diversas cepas de Shigella. Los síntomas incluyen diarrea, fiebre, pérdida de líquidos y calambres

abdominales5.

Las complicaciones incluyen la propagación a áreas fuera del intestino, como el sistema nervioso y los riñones, con consecuencias graves como meningitis, encefalitis y síndrome urémico hemolítico.

La forma más grave, conocida como disentería, presenta diarrea acuosa con sangre y mucosas, dolor rectal, fiebre y calambres. Shigella es altamente infecciosa, transmitiéndose principalmente de persona a persona a través de la vía fecal-oral, con una baja cantidad de organismos suficiente para causar enfermedad grave5.

A nivel mundial la Shigella causa millones de casos anualmente siendo así responsable de brotes en países en desarrollo y afectando a viajeros y personal militar en países industrializados.

 

Clínica:

El síndrome disentérico o shigelosis es un conjunto de síntomas gastrointestinales caracterizados por diarrea intensa y presencia de sangre en las heces. Para la mayoría de las personas, estos síntomas suelen durar entre 5 y 7 días.

En algunos casos, pueden pasar varios meses antes de que las deposiciones de la persona vuelvan completamente a la normalidad Este síndrome suele ser causado por ciertas bacterias, parásitos o amebas que infectan el intestino. Puede estar asociado con una variedad de complicaciones de leves a graves o incluso potencialmente mortales6.

  • Diarrea Intensa y Continua: La diarrea suele ser intensa y continua.
  • Fiebre Elevada: La fiebre puede ser más elevada y persistente.
  • Síndrome Hemolítico-Urémico (SHU): Algunas infecciones bacterianas, como la causada por Escherichia coli O157:H7, pueden llevar al síndrome hemolítico-urémico, una condición que afecta los glóbulos rojos y los riñones.

 

Diagnóstico:

La disentería bacilar es también conocida como Shigellosis, debido a las bacterias que la provocan, pertenecientes al grupo de bacterias Shigella8.

Lo primeros que haremos será la exploración del paciente, tanto física (síntomas: diarrea, tenesmo, vómitos, náuseas y fiebre; dolor abdominal al tacto…) como en cuanto a dónde

ha podido contraer la enfermedad (comida ingerida y proveniencia, viajes y movimientos…).

La técnica elegida es la del Coprocultivo, y el posterior análisis del mismo en busca de bacterias pertenecientes al grupo Shigella o en su defecto, toxinas de las mismas.

El diagnóstico de shigelosis se ve facilitado por el alto índice de sospecha durante los brotes y en las regiones endémicas, y por la presencia de leucocitos fecales en los frotis teñidos con azul de metileno o tinción de Wright7.

Los cultivos de heces son diagnósticos y deben realizarse; para los pacientes gravemente enfermos o en situación de riesgo, se hacen pruebas de sensibilidad a los antibióticos.

El diagnóstico mediante PCR también estaría disponible, y la prueba mediante proctoscopio es también significativa por las características que se pueden observar en las mucosas.

 

Tratamiento:

La mayoría de las disenterías no precisan tratamiento etiológico por lo que las guías se centran en el tratamiento sintomatológico. Los principales síntomas de la disentería son la deshidratación y diarrea9.

  • Rehidratación y recomendaciones dietéticas:

 

Para contrarrestar la deshidratación provocada por las diarreas se prima la rehidratación y recomendaciones dietéticas. Por cada deposición líquida se debe administrar 200 ml de agua y entre 40 y 70 mmol de sodio por litro de heces.

En casos de deshidratación leve la reposición se realizará por vía oral mediante preparaciones de tipo OMS o soluciones reconstituidas, sin embargo, en las deshidrataciones graves o si el paciente presenta vómitos se administra por vía IV, solución Ringer-lactato enriquecida con ClK.

Algunas recomendaciones dietéticas son la implementación de bebidas isotónicas y alimentos sólidos enriquecidos en sal (arroz, puré de patatas). En niños está contraindicada la dieta absoluta. Las características generales de la dieta han de ser: baja en fibra insoluble, baja en grasa, exenta en lactosa sin alimentos irritantes y flatulentos.

  • Medicamentos antidiarreicos:

 

Existen algunos preparados cuya finalidad es detener la diarrea causada por el cuadro infeccioso. Los provenientes de los opiáceos como la loperamida son capaces de disminuir la cantidad de las heces y su volumen hasta en un 80%. En caso de que la sintomatología presente elevada fiebre mantenida o presencia de sangre en heces, se desaconseja su uso pues podrían encubrir una patología más grave. (Bouhnik, 2004).

Otro tipo de antidiarreicos como el racecadotril puede presentar unos efectos deseados igualmente efectivos, siendo recomendable en diarreas infecciosas como la disentérica.

  • Tratamiento antibiótico:

 

El tratamiento antibiótico sólo está recomendado en pacientes cuyos cuadros disentéricos se ven agravados por su patología de base o cuando las recomendaciones dietéticas fracasan.

En el caso de la disentería bacilar, a pesar de que suela remitir en un plazo de 7 días, los antibióticos de elección son: fluoroquinolonas (ciprofloxacino y norfloxacino) y el cotrimoxazol.

Por otro lado, puede ser necesario el uso de farmacología para mitigar los efectos de la amebiasis9.

Principalmente el tratamiento se realiza en 2 fases: Metronidazol para la destrucción microbiana y Paromomicina para la eliminación de posibles secuelas generadas por los quistes secundarios que se puedan formar. Aunque estos fármacos consigan una evolución favorable del paciente, es preciso encontrar nuevos preparados que sustituyan el a medicamentos como el metronidazol (su alta toxicidad reduce de capacidad de acción y mantenimiento en el tiempo)9.

 

Cuidados de enfermería:

En primer lugar, la labor enfermera más destacable es la prevención de la enfermedad. Recomendar buenas prácticas higiénico-sanitarias como el lavado de manos después de ir al aseo, después de cambiar un pañal o antes de comer. Asimismo, hay que enfatizar la importancia de consumir alimentos y agua potable en buen estado para evitar contraer una infección.

En caso de que el paciente sea diagnosticado de Síndrome Disentérico, los cuidados de enfermería están centrados en aliviar los síntomas, prevenir complicaciones y facilitar la recuperación del paciente. Es fundamental la administración de medicamentos antiparasitarios en la disentería de tipo amebiano, como el metronidazol o tinidazol; y antibióticos específicos para tratar la infección por bacilos10.

La hidratación y el equilibrio electrolítico son dos de los aspectos más relevantes a vigilar, ya que la amebiasis, concretamente, puede provocar deshidratación debido a su sintomatología diarreica. Se deben controlar la frecuencia y la consistencia de las deposiciones, así como la presencia de sangre en ellas o el dolor que pueden producir. El tratamiento recomendado para aliviar estas complicaciones consiste principalmente en la administración de líquidos intravenosos.

Se debe hacer hincapié en prevenir la desnutrición, especialmente si hay pérdida significativa de peso.

Además, están recomendadas las dietas blandas y fáciles de digerir para disminuir la irritación intestinal.

Para el control de la fiebre y el dolor se deben administrar medicamentos antipiréticos y analgésicos según sea necesario. De igual modo, hay que monitorizar las constantes vitales del paciente continuamente.

Se debe proporcionar información al enfermo y a su familia sobre la importancia de la adherencia al tratamiento hasta completar el curso de antibióticos y educar sobre las prácticas de higiene adecuadas para prevenir la reinfección y la propagación de la infección. En el caso de la disentería bacilar estaría recomendado el aislamiento ya que es altamente contagiosa. En estos casos, la repercusión psicológica de un aislamiento o de la enfermedad como tal puede afectar a la patología puramente física del paciente, por ello, el apoyo emocional es de vital importancia a lo largo de todo el proceso10.

Incluso tras el alta, se debe hacer un seguimiento estrecho del paciente para asegurarse de que está evolucionando correctamente y para prevenir recaídas. Es fundamental seguir las indicaciones específicas del plan de tratamiento para cada paciente. La atención de enfermería integral es esencial para manejar ambos síndromes. La atención específica variará según la gravedad de la condición y las necesidades individuales del paciente4.

 

CONCLUSIONES

La disentería bacilar, es una infección intestinal grave que afecta a poblaciones en condiciones de hacinamiento y con saneamiento inadecuado. Su transmisión fácil y rápida, a través de vías fecal-oral, alimentos contaminados y contacto directo, representa un desafío importante en áreas con infraestructura sanitaria deficiente. Aunque los síntomas pueden variar desde diarrea leve hasta complicaciones severas como síndrome urémico hemolítico, la mayoría de los casos se resuelven con un tratamiento adecuado centrado en la rehidratación y, en casos más graves, el uso de antibióticos.

La prevención mediante buenas prácticas de higiene, acceso a agua potable y manejo seguro de alimentos es crucial para controlar la diseminación de la enfermedad. En contextos donde la disentería es endémica, es fundamental una vigilancia constante y el tratamiento oportuno, especialmente en poblaciones vulnerables como niños pequeños y viajeros a zonas de riesgo. Además, los cuidados de enfermería desempeñan un papel vital en la recuperación del paciente, desde la gestión de síntomas hasta el apoyo emocional y la educación para prevenir recaídas y la propagación de la infección.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Amebiasis. (s/f). Bmj.com. Recuperado el 21 de noviembre de 2023, de https://bestpractice.bmj.com/topics/es-es/553
  2. Fica Cubillos, A. (2001). Manejo ambulatorio del síndrome diarreico agudo en adultos. Revista Chilena de Infectología, 18(2), 108–126. https://doi.org/10.4067/s0716-10182001000200005
  3. INSST. (2022, febrero 3). Entamoeba histolytica. Portal INSST.
  4. https://www.insst.es/agentes-biologicos-basebio/parasitos/entamoeba-histolytica
  5. Centros para el control y la prevención de enfermedades [CDC] (2019, mayo 14). Cdc.gov. https://www.cdc.gov/shigella/esp/general-information.html
  6. Tratamiento de la Amebiasis. (s/f). Clínic Barcelona. Recuperado el 6 de noviembre de 2023, de https://www.clinicbarcelona.org/asistencia/enfermedades/amebiasis/tratamiento
  7. Shigella – ELIKA Seguridad alimentaria. (2021). ELIKA Seguridad Alimentaria. https://seguridadalimentaria.elika.eus/fichas-de-peligros/shigella/
  8. Fleta Zaragozano, J., Bueno Lozano, O. y Bueno Lozano, M. (2000). Amebiasis intestinal y absceso hepático amebiano. Medicina Integral, 36(3), 96-101. https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-
  9. integral-63-articulo-amebiasis-intestinal-absceso-hepatico-amebiano-15325
  10. Park, M.-S., Kim, K. W., Ha, H. K., & Lee, D. H. (2007). Intestinal parasitic infection. Abdominal Imaging, 33(2), 166–171. https://doi.org/10.1007/s00261-007-9324-z

 

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