- Laura López Nolasco. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza (España).
- Cristina Pérez Villalba. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza (España).
- Inés Zarralanga Izaga. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza (España).
- Inés Postigo Herrero. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza (España).
- Marta Leza Gracia. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza (España).
RESUMEN
El envejecimiento de la población mundial plantea un reto creciente para los sistemas de salud, al aumentar la vulnerabilidad de los adultos frente a enfermedades prevenibles mediante vacunación. Aunque la inmunización ha sido clave en la reducción de la morbilidad y mortalidad, la mayoría de los programas se han centrado en la infancia, mientras que la cobertura en adultos sigue siendo insuficiente. Factores biológicos como la inmunosenescencia, la acumulación de comorbilidades y los cambios en el microbioma incrementan el riesgo de complicaciones graves, al que se suman barreras sociales y la reticencia vacunal, influida por la desinformación y la confianza en el sistema sanitario.
Este trabajo analiza la importancia de la vacunación en adultos, las principales barreras de aceptación y las estrategias para abordarlas. Se destaca el papel esencial de la enfermería en la comunicación, la educación y el acompañamiento al paciente. Finalmente, se concluye que incrementar la cobertura vacunal en adultos mejora la calidad de vida, previene muertes evitables y optimiza la sostenibilidad de los sistemas de salud.
PALABRAS CLAVE
Vacunación, adultos, salud pública, profesionales de enfermería, promoción de la salud.
ABSTRACT
The aging of the global population poses an increasing challenge for health systems, as it heightens adults’ vulnerability to vaccine-preventable diseases. Although immunization has been key in reducing morbidity and mortality, most vaccination programs have traditionally focused on childhood, while adult coverage remains insufficient. Biological factors such as immunosenescence, the accumulation of comorbidities, and microbiome changes increase the risk of severe complications, compounded by social barriers and vaccine hesitancy, often influenced by misinformation and trust in healthcare systems.
This paper analyzes the importance of adult vaccination, the main barriers to acceptance, and strategies to address them. It highlights the essential role of nursing in communication, education, and patient support. Finally, it concludes that increasing adult vaccination coverage improves quality of life, prevents avoidable deaths, and strengthens the sustainability of healthcare systems.
KEYWORDS
Vaccination, adults, public health, nurses, health promotion.
DESARROLLO DEL TEMA
La población mundial está envejeciendo rápidamente, un fenómeno impulsado tanto por la disminución de las tasas de natalidad como por las mejoras sostenidas en la esperanza de vida. La vacunación ha sido un factor clave en este proceso, al reducir las muertes por complicaciones de enfermedades crónicas coexistentes y por infecciones prevenibles. Sin embargo, la mayoría de los programas de vacunación se han centrado históricamente en la infancia, a pesar de que la mayor carga de enfermedades prevenibles recae actualmente en la población adulta1.
A pesar de las recomendaciones oficiales, la mejora en el acceso a las vacunas y la cobertura mediante reembolsos, la vacunación en adultos sigue siendo insuficiente. Esta baja cobertura, combinada con el envejecimiento de la población y la mayor vulnerabilidad a enfermedades prevenibles, genera discapacidades y muertes que podrían evitarse, sobrecargando innecesariamente los sistemas de salud2.
A medida que envejecemos, la disminución progresiva de la respuesta inmunitaria —conocida como inmunosenescencia— aumenta nuestro riesgo frente a ciertas infecciones. Este riesgo se ve acentuado por otros factores, como cambios en el microbioma, la acumulación de comorbilidades y la disminución de la efectividad de algunas terapias antimicrobianas, lo que puede derivar en enfermedad grave o incluso en la muerte por enfermedades prevenibles mediante vacunación (EPV)1. Además, factores sociales, como la mayor movilidad de las personas mayores o la vida en comunidades cerradas o centros de atención a largo plazo, pueden amplificar estos riesgos1.
La reticencia a la vacunación, definida como un “retraso en la aceptación o rechazo de vacunas a pesar de su disponibilidad”, es un fenómeno complejo influenciado por factores ideológicos y prácticos. Entre ellos se incluyen la falta de información, la confianza en los profesionales sanitarios y las experiencias previas, y puede variar a lo largo del tiempo. Un aumento en la reticencia reduce la aceptación y cobertura de las vacunas, representando un riesgo significativo para la salud de millones de personas y aumentando la propagación de enfermedades prevenibles3.
Existen también factores no estructurales que afectan la vacunación, como la heterogeneidad de la población, el temor o la percepción de escasez de vacunas, los incentivos o la obligación de vacunarse, la comprensión de la carga de la enfermedad y de los riesgos personales, y la disponibilidad de tiempo para que los profesionales de la salud discutan y administren las vacunas durante las consultas. Para abordar estas barreras, se requieren estrategias que atraigan a los pacientes y potencien el desempeño de los profesionales sanitarios. Entre los pacientes, el enfoque debe centrarse en la prevención a lo largo de la vida, los beneficios para la calidad de vida y la confianza en los servicios de salud2.
A pesar de los esfuerzos continuos, las muertes prevenibles por vacunación en adultos siguen siendo un problema de salud pública. La implementación de enfoques alternativos para la administración de la inmunización puede contribuir a superar la infravacunación en esta población4.
Nociones básicas sobre las vacunas:
Las vacunas protegen frente a infecciones virales y bacterianas, simulando una infección que activa la inmunidad natural del organismo. Muchas vacunas requieren dosis múltiples para generar una protección duradera y, en ocasiones, dosis de refuerzo periódicas para mantener la inmunidad a lo largo del tiempo. La vacunación protege tanto a la persona inmunizada como a quienes la rodean, al reducir la propagación de la enfermedad.
Cuando un porcentaje suficiente de la población está vacunado, se alcanza la inmunidad colectiva, limitando la reproducción del patógeno. Este umbral varía según la enfermedad, pero generalmente se sitúa entre el 80 % y el 90 % de cobertura. Cuando la cobertura cae por debajo de este límite, pueden surgir brotes que consumen recursos importantes y generan enfermedades e incluso muertes. Los beneficios de la vacunación han dado lugar a directrices que recomiendan la administración rutinaria de vacunas desde el nacimiento hasta la vejez5.
Enfermería y la vacunación:
El personal sanitario, especialmente las enfermeras, desempeña un papel crucial en la decisión de vacunarse de los adultos. Para apoyar decisiones informadas, los profesionales deben identificar lagunas de conocimiento, necesidades y preocupaciones de los pacientes, así como proporcionar información clara sobre el riesgo y la gravedad de las enfermedades, la seguridad y eficacia de las vacunas, y los pasos prácticos para acceder a ellas. Esto requiere habilidades de comunicación sólidas y una actualización constante de la evidencia científica6.
Algunos puntos clave para impulsar la vacunación de adultos incluyen:
- Presentar riesgos de manera integral y personalizada: Mostrar los riesgos concretos que se pueden evitar, no solo la enfermedad específica, sino también posibles consecuencias en la vida diaria, como pérdida de ingresos, riesgo de hospitalización o muerte, considerando las particularidades de cada grupo etario1.
- Enfatizar los beneficios directos para la persona: Mejor calidad de vida, autonomía, mejoras económicas y aumento de la esperanza de vida. Presentar los beneficios como prevención de pérdidas concretas puede ser más persuasivo que centrarse únicamente en beneficios sociales1.
- Abordar la eficacia de forma positiva: Formulaciones que resalten la reducción del riesgo personal suelen ser más efectivas que aquellas que muestran porcentajes de efectividad que podrían percibirse como bajos1.
- Facilitar vías de acción concretas: Una vez motivada la persona, el proceso de vacunación debe ser sencillo. La combinación de campañas educativas con recursos e incentivos ha demostrado mejorar la cobertura vacunal, como evidencian algunas experiencias en el Reino Unido1.
CONCLUSIONES
La vacunación en adultos mejora significativamente la salud y la calidad de vida, especialmente en personas mayores1. Aunque la mayoría confía en las vacunas, persisten dudas en ciertos grupos, particularmente en relación con la información disponible y la confianza en los proveedores de salud3.
A pesar de los beneficios comprobados, la cobertura de vacunación en adultos sigue siendo insuficiente incluso en países con acceso gratuito1. La implementación de sistemas de recordatorio y seguimiento en atención primaria ha demostrado ser efectiva para aumentar la proporción de población vacunada7. En última instancia, mejorar la cobertura de vacunación en adultos no solo protege a quienes se vacunan, sino que fortalece la salud de toda la comunidad y la eficiencia de los sistemas sanitarios.
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